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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Uso del tiempo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/uso-del-tiempo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Uso del tiempo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hastío, crisis de productividad y Covid: ¿una sociedad crónicamente distraída?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/hastio-crisis-productividad-covid-sociedad-cronicamente-distraida_1_8136700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb6ac170-95eb-4375-a2cf-5ef2f2a3a816_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hastío, crisis de productividad y Covid: ¿una sociedad crónicamente distraída?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La duración de la pandemia contribuye a alterar la percepción del tiempo y junto al estrés y al tedio, entorpece incluso la capacidad para formar nuevos recuerdos significativos. La languidez, como la sensación predominante del 2021.</p></div><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&ldquo;Estoy muy agotada todo el tiempo. Hago mucho menos de lo que hago normalmente &mdash;no viajo, no me entretengo, s&oacute;lo me siento delante de la computadora. Es una din&aacute;mica completamente nueva. Tengo m&aacute;s tiempo y menos obligaciones, pero hago mucho menos&rdquo;, dec&iacute;a<strong> Susan Orlean</strong> en un texto en el <a href="https://www.nytimes.com/es/2021/04/06/espanol/fatiga-pandemica-productividad.html#click=https://t.co/c44nruaXEC" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;New York Times</a> de hace unos meses que atrap&oacute; la atenci&oacute;n de muchos por su sugestivo t&iacute;tulo: &ldquo;Todos estamos bloqueados&rdquo;. El mismo hac&iacute;a referencia a c&oacute;mo el cansancio pand&eacute;mico estaba haciendo estragos en cada uno y c&oacute;mo las&nbsp; facultades cognitivas tambi&eacute;n estaban sufriendo el golpe. &iquest;Concentraci&oacute;n? &iquest;Foco? &iquest;Motivaci&oacute;n? &iquest;Productividad? &iquest;Consistencia? Conceptos que hoy parecen ininteligibles, como si fuera un idioma que perdi&oacute; significado.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1374441410569535495?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Siempre decimos que lograr enfocarse hoy es un superpoder. Eso no es una frase hecha, realmente es as&iacute;.</strong> No solo por el foco en s&iacute; que, en general, te permite realizar una tarea de mayor calidad en menor tiempo, sino tambi&eacute;n porque el cambiar de tareas muy seguido que llamamos multitasking (un mito ya que nuestro cerebro no puede hacer dos cosas a la vez) nos drena la energ&iacute;a y llegamos al final del d&iacute;a con muchas tareas empezadas, pero pocas terminadas. Eso le suma incertidumbre a nuestros d&iacute;as, algo totalmente contraproducente en el medio de una pandemia que ya est&aacute; repleta de falta de certezas. La recomendaci&oacute;n es hacer un trabajo consciente. No va a pasar por arte de magia el reducir las interrupciones y la ansiedad frente a las falsas urgencias como ese chat que puede esperar unas horas para ser respondido pero titila en tu cabeza mientras intentas leer esto con concentraci&oacute;n&rdquo;, sugiere Pablo Fern&aacute;ndez co-autor de <em>C&oacute;mo domar tus pantallas</em> y <em>La f&aacute;brica de tiempo</em> y conductor del podcast hom&oacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Algunos eligen referirse a este cuadro como <strong>crisis pand&eacute;mica de productividad, para otros es el hast&iacute;o existencial con el trabajo </strong>vinculado a la manera en que se vive y trabaja precisamente hoy, con la sensaci&oacute;n de tener &ldquo;aproximaciones poco inteligentes de nuestras antiguas versiones productivas&rdquo;. Lo cierto es que cada vez son m&aacute;s comunes los relatos sobre la imposibilidad creciente para poder focalizarse en una tarea y ni hablar de poder terminarla. Si bien, los sospechosos de siempre son la ubicuidad tecnol&oacute;gica y el multitasking, los casos parecen haberse intensificado durante el 2020. Y no sorprende. Por un lado, aunque hubo que adaptarse -y lo hicimos como pudimos-, nadie estaba preparado para sostener determinadas aptitudes de alerta, reacci&oacute;n y flexibilidad tanto tiempo. La repetici&oacute;n y el agotamiento experiencial causado por la pandemia, se est&aacute; empezando a estudiar ahora m&aacute;s de cerca, y tambi&eacute;n tuvo su impacto en el cerebro.&nbsp;
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                Todos bloqueados, titula un ensayo The New York Times                            </span>
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        Natasha Rajah, profesora de Psiquiatr&iacute;a de la Universidad McGill, especializada en la memoria y el cerebro explica en la misma nota citada que la duraci&oacute;n de la pandemia contribuye a alterar nuestra percepci&oacute;n del tiempo, y junto al estr&eacute;s y el tedio, se entorpece nuestra capacidad para formar nuevos recuerdos significativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Definitivamente hay un cambio en la forma en que la gente relata sus recuerdos y experiencias cognitivas, con menos detalles alegres sobre sus recuerdos personales y m&aacute;s contenido negativo&rdquo;. El v&iacute;nculo entre memoria y productividad puede ser tenue para nosotros, pero seg&uacute;n los neurocient&iacute;ficos a m&aacute;s dificultad para formar recuerdos funcionales, m&aacute;s dif&iacute;cil prestar atenci&oacute;n. O dicho de otro modo, c&oacute;mo experimentamos el paso del tiempo y la manera en que recordamos, afecta la capacidad para retener informaci&oacute;n, manipular los pensamientos y planificar el futuro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Personalmente siento que los periodos de concentraci&oacute;n o de inspiraci&oacute;n cada vez se fueron haciendo m&aacute;s breves. Trabajo escribiendo y guionando, y desde mediados del a&ntilde;o pasado se me fue haciendo cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil tener sesiones largas de escritura. Antes tambi&eacute;n ten&iacute;a otros momentos para pensar: el viaje en bici hasta la oficina, caminatas, deportes, un almuerzo en un bar. Todos estos espacios de pensamiento desaparecieron en mi d&iacute;a a d&iacute;a, sobre todo en etapas de &rdquo;fase 1&ldquo;. Eran momentos donde la cabeza se enfocaba mucho m&aacute;s en una sola actividad. Lo que busco es no estresarme ni angustiarme por esta falta de concentraci&oacute;n&rdquo;, comenta Mat&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En suma, lo que se constitu&iacute;a o sol&iacute;a verse como problem&aacute;tica de &eacute;poca, hoy es le&iacute;do como un estado esperable a ra&iacute;z de esta situaci&oacute;n, e incluso, evoluciona hacia territorios inexplorados de naturaleza cr&oacute;nica. &iquest;Qu&eacute; nos pasa, pero sobre todo, qu&eacute; interpretaciones que nos sirvan pueden hacerse?
    </p><h3 class="article-text"><strong>Distracci&oacute;n... y algo m&aacute;s</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;El comienzo de la pandemia me encontr&oacute; con un corte de relaci&oacute;n afectiva y viviendo sola con mi perra. Decid&iacute; cumplir a rajatabla las recomendaciones para evitar la propagaci&oacute;n del virus. No ve&iacute;a a casi nada excepto por videollamada, solo ten&iacute;a a mi perra y mi trabajo. Me enfoqu&eacute; en el trabajo, mi jefe chocho, mi salud mental, no. Empec&eacute; terapia de nuevo porque me encontraba muy ansiosa, al borde del ataque en mi propia casa, que deb&iacute;a ser el lugar m&aacute;s seguro para m&iacute;. Tambi&eacute;n me encontr&eacute; fanatizada con los rewatch de series y pel&iacute;culas, algo que pens&eacute; ser&iacute;a pasajero, que por el contexto solo quer&iacute;a ver cosas conocidas. Lo sigo sosteniendo hoy en d&iacute;a, no me puedo concentrar en nada nuevo. Lo empiezo y nunca lo termino, aunque me haya enganchado. Hacer esfuerzos mentales me cuesta el triple. Por mi trabajo estoy acostumbrada a estar haciendo mil cosas a la vez y me cuesta mucho cortar con ese acelere mental. Pero es abarcar mucho y no poder hacer casi nada. Estoy al tanto de todo y resuelvo menos de la mitad. El otro d&iacute;a me encontr&eacute; haciendo limpieza profunda en mi casa, casi al terminar me qued&eacute; con el balde en la mano porque no sab&iacute;a que ten&iacute;a que hacer, simplemente me puse en blanco&rdquo;, cuenta Georgina, un relato con el que muchos se pueden identificar.
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                    alt="Una caricatura de la revista New Yorker que muestra la cantidad de dispositivos prendidos a la vez."
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                Una caricatura de la revista New Yorker que muestra la cantidad de dispositivos prendidos a la vez.                            </span>
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        En este contexto parece l&oacute;gico no poder lograr la concentraci&oacute;n y, de hecho, ciertos aspectos naturalizados como el multitasking acoplan con el aislamiento y la ansiedad (o depresi&oacute;n en algunos casos) creando un c&oacute;ctel explosivo. No incidentalmente una caricatura reciente del New Yorker mostraba una pareja sentada frente al televisor y una mujer con una computadora delante y un di&aacute;logo que dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;Est&aacute;s OK? Apenas est&aacute;s prestando atenci&oacute;n a tu libro, tel&eacute;fono, TV, laptop y el crucigrama que empezaste reci&eacute;n&rdquo;. Y por algo tambi&eacute;n ya se habla de &ldquo;ambient TV&rdquo; (televisi&oacute;n ambiente), t&eacute;rmino acu&ntilde;ado durante el 2020 para referirse a los programas que se pueden ver mientras se hacen cinco cosas m&aacute;s a la vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; lo que me pasa es que como trabajo desde mi casa y estoy trabajando todo el d&iacute;a con la computadora y el celular, lo que me sucede es que cuando quiero hacer otra cosa recreativa ya sea mirar una pel&iacute;cula o leer un libro no puedo desconectarme del celular. Entonces es como que no estoy concentrada en la acci&oacute;n principal y estoy todo el tiempo chequeando el celular, incluso si no me sino me suena una notificaci&oacute;n. Antes no me suced&iacute;a y ahora creo que al estar tanto en casa y bueno a laburar con el celu mucho, es como una extensi&oacute;n de mi cuerpo, es muy triste pero pero bueno es un poco as&iacute;&rdquo;, admite Luc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos ok? La respuesta ser&aacute; menos obvia para algunos, pero por momentos pareciera que se hace todo lo posible por no pensar demasiado en eso. La distracci&oacute;n como b&aacute;lsamo, pero tambi&eacute;n casi como un trasfondo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Languidez, un malestar de este tiempo según The New York Times                            </span>
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        Por este motivo es que quiz&aacute;s haya que encontrar nuevas formas de llamar y pensar estos malestares. Y un poco eso es lo que cuenta el conocido psic&oacute;logo Adam Grant en relaci&oacute;n a descubrir que muchos de los s&iacute;ntomas que se est&aacute;n experimentando (la falta de motivaci&oacute;n, sensaci&oacute;n de estancamiento, vac&iacute;o, etc) ten&iacute;an un nombre:<a href="https://www.nytimes.com/es/2021/04/21/espanol/covid-estado-animo.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Languidez. </a>&ldquo;Se siente como si estuvieras arrastr&aacute;ndote para pasar los d&iacute;as, mirando tu vida a trav&eacute;s de un parabrisas empa&ntilde;ado. Y quiz&aacute; sea la emoci&oacute;n dominante de 2021&rdquo;, explica mientras advierte lo que cada vez se repite m&aacute;s y m&aacute;s: podremos estar curando los s&iacute;ntomas f&iacute;sicos del Covid, pero<strong> &ldquo;la longevidad emocional&rdquo; de la pandemia est&aacute; produciendo otros mucho m&aacute;s profundos en nuestra psique.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si la palabra de este a&ntilde;o es languidez, la del a&ntilde;o pasado fue <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Acedia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Acedia</a>, una sensaci&oacute;n de apat&iacute;a caracterizada por el hecho de que pocas cosas importan. Que como <a href="https://theconversation.com/acedia-the-lost-name-for-the-emotion-were-all-feeling-right-now-144058" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos explicaban</a> en su momento, est&aacute; vinculada con la p&eacute;rdida y se da cuando la persona se ve forzada a vivir situaciones de aislamiento espacial y social. El cl&aacute;sico ejemplo que se suele dar en referencia a esta afecci&oacute;n, y que aparece en textos antiguos de literatura m&eacute;dica y religiosa donde se hablaba de acedia, eran los monjes recluidos tanto en la &eacute;poca del imperio bizantino como en la Edad Media. Tambi&eacute;n se sugiere que existe una conexi&oacute;n entre la acedia, la <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Anhedonia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anhedonia</a> (la dificultad para experimentar placer) y la imposibilidad para poder concentrarse.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando las personas est&aacute;n sometidas a un largo periodo de estr&eacute;s cr&oacute;nico e imprevisible, desarrollan anhedonia conductual, se vuelven let&aacute;rgicos, y muestran una falta de inter&eacute;s, y obviamente eso influye much&iacute;simo en la productividad&rdquo;, aclara por si hiciera falta Margaret Wehrenberg, experta en ansiedad y autora del libro Pandemic Anxiety: Fear, Stress, and Loss in Traumatic Times.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea no es marearse con las denominaciones, pero poder nombrar lo que nos pasa es, desde siempre, algo reconocido por los especialistas como un primer paso para poder entender qu&eacute; nos est&aacute; sucediendo y tomar acci&oacute;n. En definitiva, la dificultad para concentrarse puede ser un s&iacute;ntoma emergente de un cuadro m&aacute;s grande en el que otras emociones naturales o problem&aacute;ticas derivadas de estar enfrentando una situaci&oacute;n de gran complejidad como &eacute;sta, juegan un rol importante que no hay que soslayar.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Un problema de ahora o de siempre?</strong></h3><p class="article-text">
        Asimismo es importante poder observar con perspectiva un supuesto malestar de esta era. A&uacute;n desagregando el componente pand&eacute;mico de este agotamiento mental y emocional que parece moneda corriente, &iquest;podemos pensar la falta de concentraci&oacute;n o el<em> burnout </em>como algo caracter&iacute;stico de estos tiempos modernos y tecnol&oacute;gicos? O, como sugiere Anna Katharina Schaffner, autora del libro Exhaustion: A History, algunos de estos fen&oacute;menos son ubicuos y atemporales y, en todo caso, cada &eacute;poca elabora sus propias interpretaciones sobre sus causas, consecuencias y remedios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Es esta la era m&aacute;s agotadora? Muchos soci&oacute;logos y cr&iacute;ticos argumentan que condiciones como la depresi&oacute;n, el estr&eacute;s y el <em>burnout</em> son consecuencia de la modernidad y sus desaf&iacute;os. Mientras que los niveles de energ&iacute;a de los seres humanos han permanecido est&aacute;ticos a trav&eacute;s de la historia, existen ciertos &rdquo;generadores de cansancio&ldquo; resultantes de la aceleraci&oacute;n, las nuevas tecnolog&iacute;as y la transformaci&oacute;n de la econom&iacute;a y las finanzas (...) pero estas ansiedades no son particulares de nuestro tiempo, e imaginar que el pasado fue m&aacute;s simple, m&aacute;s lento y mejor es un error&rdquo;, advierte Schaffner.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es la primera vez que se acusa a un medio o a una tecnolog&iacute;a de comunicaci&oacute;n de producir da&ntilde;os individuales y colectivos. Tal como explican investigadorxs como Ellen Wartella, Frank Furedi o Amy Orben, a lo largo del tiempo han existido ciclos de p&aacute;nico moral sobre los medios, que han pasado de la escritura a los libros de ficci&oacute;n, incluyendo radionovelas, c&oacute;mics, o videojuegos. Si bien el foco de preocupaci&oacute;n de estos discursos muta hist&oacute;ricamente, suele haber una mirada dist&oacute;pica y medio-c&eacute;ntrica que los atraviesa. Para el caso de los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, el discurso de p&aacute;nico moral sobre el tema distracci&oacute;n parece decirnos: &rdquo;puesto que el tel&eacute;fono me ofrece miles de caminos posibles a la vez, va a ser imposible que yo pueda enfocar mi atenci&oacute;n en una sola cosa&ldquo;. Traslada, as&iacute;, una l&oacute;gica atribuida al dispositivo al deseo, cognici&oacute;n y voluntad del usuario&rdquo;, contextualiza Mora Matassi, especializada en Medios, Tecnolog&iacute;a y Sociedad para la Universidad de Northwestern y coordinadora del Center for Latinx Digital Media.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, mientras que el agotamiento o <em>burnout </em>tuvo distintas explicaciones seg&uacute;n su tiempo, desde una somatizaci&oacute;n del individuo, a un desbalance qu&iacute;mico, una enfermedad viral o simplemente una falla personal, tal vez lo mismo suceda con la distracci&oacute;n. Sin subestimar el impacto sobre nuestra concentraci&oacute;n de las nuevas din&aacute;micas de relacionamiento y trabajo mediadas por dispositivos y redes, &iquest;qu&eacute; otras lecturas o desplazamientos podemos encontrar en el presente, que alumbren otros caminos interpretativos?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El miedo a la distracci&oacute;n est&aacute; presente, tambi&eacute;n, en el discurso de quienes utilizan smartphones -aclara Matassi-. A partir de entrevistas que realic&eacute; con adultas/os de entre 21 y 85 a&ntilde;os en Buenos Aires en el a&ntilde;o 2019, encontr&eacute; que la mayor&iacute;a de las/os usuarias/os de dispositivos m&oacute;viles describen una relaci&oacute;n ambivalente respecto de estos; un v&iacute;nculo que oscila entre el amor y el odio y que se figura como dif&iacute;cil de cortar. Se sienten fuertemente unidos a los smartphones, en cuerpo y mente, y, al mismo tiempo, temen por los efectos negativos que pudieran emerger de ese v&iacute;nculo, al que imaginan como excesivo. Lo cierto es que la capacidad de concentraci&oacute;n no parece haber desaparecido sino que tal vez se ha corrido de eje. De lo contrario ser&iacute;a imposible entender por qu&eacute; existe, por ejemplo, el fen&oacute;meno del llamado binge watching, que es una experiencia que, como indica Pablo Boczkowski en su &uacute;ltimo libro Abundance: On the Experience of Living in a World of Information Plenty, muchas veces otorga un gran nivel de disfrute, placer, y/o inter&eacute;s, que suele estar negado en los discursos de p&aacute;nico moral que refer&iacute; antes. Quiz&aacute;s entonces la pregunta que tendr&iacute;amos que hacernos no es tanto si los tel&eacute;fonos &rdquo;distraen&ldquo;, sino de qu&eacute; nos &rdquo;distraen&ldquo; y por qu&eacute; eso nos llama la atenci&oacute;n o nos angustia. &iquest;Qu&eacute; asumimos que debiera ser, por default, el centro de la atenci&oacute;n de una persona y por qu&eacute; nos incomoda si eso cambia? &iquest;Qu&eacute; nos dicen estos discursos de p&aacute;nico moral sobre los modos contempor&aacute;neos del deber ser?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Marajofsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/hastio-crisis-productividad-covid-sociedad-cronicamente-distraida_1_8136700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jul 2021 10:24:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hastío, crisis de productividad y Covid: ¿una sociedad crónicamente distraída?]]></media:title>
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