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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Nathalie Léger]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/nathalie-leger/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Nathalie Léger]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La única justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/unica-justicia_129_10343890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2c803ab-e754-44cd-9395-a4bb86cc124b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La única justicia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muerte del hambre de fantasía y la muerte del hambre de una verdad en común son la misma muerte, dice la autora como síntesis de porque le gusta Nathalie Léger, a la que describe como una "escritora de internet".</p></div><p class="article-text">
        Me gusta <strong>Nathalie L&eacute;ger</strong> porque es una escritora de internet; para m&iacute; es, de hecho, <em>la </em>escritora de internet. Le&iacute; dos libros suyos, uno que acaba de salir, <em>El vestido blanco</em>, que habla sobre una performer asesinada en 2008, y el primero que se public&oacute; de ella en Argentina, <em>Sobre Barbara Loden</em>, una investigaci&oacute;n sobre la actriz, directora y guionista de los 70. Leger no escribe sobre NFTs; digo que es la escritora de internet porque escribir en internet es lo que hace ella, vivir en un presente intenso pero a la vez ancho, un presente que incluye much&iacute;simos tiempos, todos los tiempos, los tiempos de todas las historias y todos los temas de los que nos podemos enamorar por un rato en internet y que para enamorarnos nos tienen que hablar, a la vez, del m&aacute;s angosto de los instantes, de la m&aacute;s actual y personal de las vivencias, porque eso es internet, una vivencia intens&iacute;sima de todo que se consume en soledad, es la lectura de las etiquetas de shampoo pero sin el l&iacute;mite de las etiquetas de shampoo, un razonamiento eterno que nunca se choca con ninguna conclusi&oacute;n y por eso tal vez enloquece pero nunca decepciona. Leger es una escritora de ese universo, es una escritora de las obsesiones con hiperv&iacute;nculos. Lo es en los temas que elige, pero sobre todo en la forma en que los encara.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>El vestido blanco</em> no tiene cap&iacute;tulos, ni subt&iacute;tulos, apenas una l&iacute;nea en blanco cada tanto separando bloques de p&aacute;rrafos. A esos bloques de p&aacute;rrafos los unen la sensaci&oacute;n del clic, el zoom, la palabra azarosa subrayada en azul; as&iacute; pasamos de una cosa a la otra, con pases de magia literarios tomados de la experiencia cibern&eacute;tica. L&eacute;ger arranca el libro con la descripci&oacute;n de un tapiz que colgaba en la casa de su madre:<em> El asesinato de la dama</em>, basado en uno de los paneles que Botticelli pint&oacute; por encargo para un regalo de casamiento. Est&aacute; bien que arranque por ah&iacute;: est&aacute; bien porque va a hablar efectivamente del asesinato de una dama, la performer italiana Pippa Bacca, que recorr&iacute;a Europa a dedo vestida de novia para demostrar que si uno confiaba el mundo le daba bondad, y fue violada y asesinada en el medio de su traves&iacute;a, pero tambi&eacute;n porque el tema central del libro es la pregunta por la potencia para pensar y sentir, si el arte, y c&oacute;mo cada disciplina art&iacute;stica, nos acerca o nos aleja de la experiencia o de la verdad. L&eacute;ger describe el tapiz y me resulta extra&ntilde;&iacute;simo que alguien tenga colgando en su casa algo tan intenso; me parece bien, porque odio el concepto de no rodearse de intensidad, solo me sorprende porque entiendo que rara vez la gente se rodea de obras que pintan el dolor o la muerte en su casa, pero leo la descripci&oacute;n de L&eacute;ger y empiezo a pensar que un poco lo entiendo, porque el arte que se mira no se puede no mirar, no es como los libros que se abren y se cierran, mirar arte es muy dif&iacute;cil pero m&aacute;s dif&iacute;cil todav&iacute;a es no mirarlo; y recuerdo tambi&eacute;n que la relaci&oacute;n de las palabras y la de las im&aacute;genes con la intensidad es muy distinta, que por eso Lolita es la mejor novela del siglo XX y es al mismo tiempo una novela infilmable, porque lo mejor de Lolita se puede escribir pero sencillamente no se puede ver, podemos seguir acompa&ntilde;ando a un narrador que nos cuenta que viol&oacute; a su hijastra de doce a&ntilde;os pero no podemos acompa&ntilde;ar en una pel&iacute;cula a un personaje a quien vimos hacer eso, sencillamente no funcionan as&iacute; los ojos y las emociones. Googleo el cuadro de Botticelli: no es tan intenso como ella lo describe, no es tan intenso para nada. Es una imagen que perfectamente puede colgar en un living burgu&eacute;s sin hacer ruido.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Y todo esto viene a cuento porque L&eacute;ger est&aacute; hablando de una performer, una artista que quer&iacute;a ponerle al arte toda la realidad que pudiera, todo el cuerpo presente que se pudiera. L&eacute;ger se pregunta por el sentido de la performance por la que esa chica dio la vida; la yuxtapone a otras performance c&eacute;lebres que se fueron de control (aunque no tanto), obras de Marina Abramovic, de Yoko Ono. No s&eacute; si ella, en realidad, se pregunta el por qu&eacute; y el para qu&eacute;: m&aacute;s bien ella parece saberlo. Le interesa m&aacute;s el desconcierto del resto, la gente que piensa que se lo busc&oacute;, la gente que cree que todo este asunto es absurdo y pretencioso, que es rid&iacute;culo morir por algo que ya era snob e in&uacute;til en primer lugar, algo que no serv&iacute;a para nada. Es una pregunta importante para hacer en esta &eacute;poca, que no se limita al mundo del arte y los museos. La semana pasada escrib&iacute; sobre la crisis de la verdad; me dio un poco de culpa, sobre todo cuando vi que a la gente le gustaba. Es f&aacute;cil agradar con relatos pesimistas. Pienso en la performance de Pippa Bacca y en lo que a la gente que rodea a Nathalie L&eacute;ger le molesta de ella, que es el gesto autoconsciente: lo que distingue a una performance de una acci&oacute;n com&uacute;n es eso, el gesto de&nbsp;autoconciencia de la experiencia est&eacute;tica, es lo &uacute;nico que hace que lo de Pippa Bacca sea una hecho art&iacute;stico y no unas vacaciones raras. Es l&oacute;gico que a la gente le incomode: es lo mismo que incomoda a la gente de las actuaciones no naturalistas en el teatro. En la vida, como en los negocios y en las series, las demandas de amor est&aacute;n escondidas. En ciertas formas del arte, como en la performance, las demandas de amor se ubican bien adelante. Y eso molesta: nos asoma a un vac&iacute;o, como esa gente que no sigue conversaciones porque s&iacute;, o como los religiosos, o los abuelos, o los locos, o la gente que no es cool y no disimula la falta como una. Pero a lo que iba: la semana pasada escrib&iacute; sobre la crisis de la verdad, y leyendo el libro de Nathalie L&eacute;ger pens&eacute; que la otra cara de esa moneda es la crisis de la ficci&oacute;n. Pienso en los consumos de los hijos de mis amigos: no miran novelas juveniles como miraba yo, miran youtubers, chicos que no cuentan historias, que hacen cosas y juegan a mostrarse como son, no como si fueran. Podr&iacute;an ser performers, pero no lo son, porque no quieren decir que hacen arte: quieren huir de ese gesto autoconsciente, de ese gesto rid&iacute;culo de decir quiero darle al mundo algo que el mundo no necesite. Solo quieren ser ellos mismos. No quieren ser nadie m&aacute;s. Esa muerte del hambre de fantas&iacute;a y la muerte del hambre de una verdad en com&uacute;n son la misma muerte.
    </p><p class="article-text">
        L&eacute;ger mezcla en el libro la historia de Pippa Bacca y la de su madre, que tuvo un divorcio humillante y le pide a su hija que cuente su historia, que la vengue, le pide eso, textual. Al principio no me gust&oacute; que metiera esta historia: me pareci&oacute; que no era interesante, que justamente, como le insiste L&eacute;ger a su madre, la historia de Pippa Bacca es extraordinaria, y la de su madre es una historia com&uacute;n, una mujer que se cas&oacute; con un imb&eacute;cil como tantas otras. Pero fui entendiendo qu&eacute; hac&iacute;a esa historia ah&iacute;: lo &uacute;nico que hizo del sufrimiento de Bacca algo con sentido era la belleza de su gesto. Lo &uacute;nico que diferencia al dolor de una performer del dolor de una persona por fuera del contexto de la performance es esa autoconciencia: hac&eacute; de mi dolor belleza, le estaba pidiendo la madre de L&eacute;ger a su hija, describilo de manera tan elegante que tenga la dignidad del sacrificio de Pippa Bacca, para que tenga un sentido, para que no sea en vano. La expresi&oacute;n &ldquo;estetizar el dolor&rdquo; se usa en general en t&eacute;rminos negativos, para hablar de banalizarlo; para la madre de Nathalie L&eacute;ger, en cambio, convertir el dolor en una experiencia est&eacute;tica parece ser todo lo contrario de restarle importancia. Y es verdad que su dolor fue en vano, igual que el asesinato de Bacca, porque todos los dolores en &uacute;ltima instancia lo son; pero en ese pedido de ficci&oacute;n la madre de Nathalie L&eacute;ger le canta a la poes&iacute;a, y aunque su vida no haya sido una performance sino una realidad triste y cruda, en ese pedido desesperado ella se vuelve performer, porque hace lo mismo que Pippa Bacca, apostar por la belleza como la &uacute;nica esperanza, la &uacute;nica justicia, el &uacute;nico perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/unica-justicia_129_10343890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jul 2023 03:02:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La única justicia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Wanda, un manifiesto contra la frialdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/wanda-manifiesto-frialdad_129_8146530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Wanda, un manifiesto contra la frialdad"></p><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en que no quiero escribir nada que no parezca un poema. En realidad <strong>hay d&iacute;as en que creo que nadie deber&iacute;a escribir nada que no parezca un poema, y en ocasiones puedo llegar a creer esto por semanas enteras</strong>. Cuando una est&aacute; pensando en poes&iacute;a la sensaci&oacute;n es que todas las cosas hablan de lo mismo, aunque no siempre sea f&aacute;cil decir qu&eacute; es eso mismo; y <strong>me pas&oacute; esta semana, pero creo que de verdad Nathalie L&eacute;ger estaba hablando de lo mismo que yo</strong>. Tengo que reconstruir bien esta cadena de obsesiones porque es necesario que se entienda: <strong>Nathalie L&eacute;ger es una escritora francesa a la que le encargan escribir una entrada de enciclopedia sobre Barbara Loden, una actriz y directora que en 1970 escribi&oacute;, dirigi&oacute; y protagoniz&oacute; la que ser&iacute;a su primera y &uacute;ltima pel&iacute;cula como autora, </strong><em><strong>Wanda</strong></em>. La pel&iacute;cula pas&oacute; casi desapercibida en su momento pero se convirti&oacute; en un cl&aacute;sico de culto, y aunque en su momento &mdash;seg&uacute;n L&eacute;ger&mdash; las feministas la despreciaron por contar la historia de una mujer aparentemente privada de toda agencia, en la &uacute;ltima d&eacute;cada no solo se ha revalorizado el talento cinematogr&aacute;fico de Loden sino tambi&eacute;n la inteligencia, profundidad y sutileza con la que encar&oacute; la pregunta sobre una forma de ser mujer en un mundo. La cuesti&oacute;n es que <strong>L&eacute;ger se obsesion&oacute; con Loden</strong>; lleg&oacute; a viajar a los Estados Unidos para ver los paisajes que se ven en<em> Wanda</em>, a hurgar en archivos policiales, a insistirle m&aacute;s de lo conveniente al hijo de Barbara para que le abriera su archivo. L&eacute;ger es consciente del absurdo de embarcarse en semejante investigaci&oacute;n para escribir un p&aacute;rrafo (&ldquo;necesito una rese&ntilde;a, no un autorretrato&rdquo;, le dice en un momento su editor), <strong>y por eso parece escribir este libro que yo le&iacute;, </strong><em><strong>Sobre Barbara Loden</strong></em>, traducido al espa&ntilde;ol por Nathalie Greff-Santamaria y Horacio Maez para Chai Editora. 
    </p><p class="article-text">
        Digo que Nathalie L&eacute;ger estaba pensando lo mismo que yo esta semana porque creo que <strong>su libro se trata entre otras cosas de tratar de hacer de una investigaci&oacute;n un poema</strong>. No se trata solamente de que una rese&ntilde;a enciclop&eacute;dica sea algo corto, sino de algo m&aacute;s estructural: c&oacute;mo se cuenta una vida, c&oacute;mo se cuenta una obra, si se puede contar una vida y obra sin producir en ese relato una vida y una obra. El editor de L&eacute;ger ten&iacute;a raz&oacute;n, <strong>lo que ella escribe es un autorretrato, y L&eacute;ger parece preguntarse tambi&eacute;n, como ensayista, si es posible investigar algo hasta la obsesi&oacute;n sin producir de alguna manera un autorretrato: si es posible obsesionarse sin enamorarse, y si es posible enamorarse sin enamorarse de una misma</strong>. Lo curioso, o lo l&oacute;gico, quiz&aacute;s, es que la historia de Loden es esta misma historia, la de una mujer que se obsesiona con la historia de otra porque encuentra en ella su propia historia aunque los hechos vitales no necesariamente coincidan (una historia de vida, parecen pensar L&eacute;ger y Loden, no se trata de los hechos). <strong>Loden escribe </strong><em><strong>Wanda</strong></em><strong> a partir de algo que lee en un diario sobre una mujer que &mdash;descubrir&aacute; L&eacute;ger despu&eacute;s de mucho esfuerzo&mdash; se llamaba Alma y fue condenada a veinte a&ntilde;os de prisi&oacute;n luego de un robo fallido en el que ella ni siquiera estuvo presente</strong>; el hombre que s&iacute; estaba ah&iacute; era un amante suyo que fue asesinado en la persecuci&oacute;n. Alma hab&iacute;a dejado a su marido y a sus hijos, pero no quedaba claro que los hubiera dejado por un hombre o m&aacute;s bien por nada; esa parece ser la parte que m&aacute;s le interes&oacute; a Loden, que antes de embarcarse en Wanda quiso llevar a la pantalla una novela de Kate Chopin sobre otra mujer que hizo exactamente eso mismo. Pero L&eacute;ger subraya otra cosa, que parece haberle interesado tanto a ella como a Loden sobre esta tal Alma: aparentemente, <strong>cuando el juez la sentenci&oacute;, Alma le dio las gracias</strong>. &iquest;Qu&eacute; pasa por la cabeza de una mujer, se preguntan L&eacute;ger y Loden, que agradece cuando la condenan a veinte a&ntilde;os de prisi&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; tiene que haberle pasado? &iquest;Y por qu&eacute; sienten, dos mujeres tan distintas que no vivieron nada de esto, que la historia de Alma es tambi&eacute;n la suya? &iquest;Por qu&eacute; L&eacute;ger se anima a aventurar incluso que es la historia de todas las mujeres?
    </p><p class="article-text">
        Dos b&uacute;squedas entonces, dos b&uacute;squedas que compartieron L&eacute;ger y Loden: por un lado, la pregunta por los l&iacute;mites de un g&eacute;nero, de un lenguaje. El libro de L&eacute;ger es evidentemente una pregunta por los l&iacute;mites de los g&eacute;neros period&iacute;sticos y acad&eacute;micos, por <strong>hasta d&oacute;nde puede una investigaci&oacute;n volverse un poema</strong>, hasta d&oacute;nde no ser&iacute;a eso m&aacute;s fiel a la verdad de lo que implica obsesionarse con algo. Es casi <strong>un</strong> <strong>manifiesto, yo pensar&iacute;a, a favor de la pasi&oacute;n y en contra de la frialdad</strong> como una forma supuestamente m&aacute;s seria de producir conocimiento. En cuanto a Loden, no se puede creer que <em><strong>Wanda</strong></em> tenga medio siglo, es realmente dif&iacute;cil creerlo: la poes&iacute;a que va a buscar Loden a la crudeza, en la imagen, en la actuaci&oacute;n, en la estructura narrativa, llega a niveles de intensidad que estremecen. Es virtuoso c&oacute;mo le saca la ropa al cine para mostrarnos algo que nunca vimos. Y no es un capricho est&eacute;tico, o m&aacute;s bien, no es una b&uacute;squeda autoral que parezca exceder a la obra, que parezca pararse delante de la obra: es lo que el material le pide a Loden, es un lugar al que ella llega investigando su tema, es la &uacute;nica forma en que pod&iacute;a contarse esa historia, porque <strong>es la historia de una mujer sin tema, de una mujer sin repertorio</strong>. Contando la historia de una mujer sin motivaciones Loden desarma una forma de contar y de actuar demasiado atada a las motivaciones, demasiado atada al sentido; un lenguaje m&aacute;s estilizado solo vendr&iacute;a a explicar eso que Loden no quiere explicar porque no quiere entender, solo quiere habitar. Esa es la segunda b&uacute;squeda: la pregunta por la pasividad, por el qu&eacute; significa ir por el mundo amold&aacute;ndose a los deseos y a los acontecimientos sin imponer una voluntad, pero no haciendo por eso lo que hay que hacer sino aparentemente lo contrario, <strong>siguiendo un deseo - oculto y sin sentido- de solamente fluir</strong>. L&eacute;ger dice que a las feministas de la segunda ola les molest&oacute; justamente que <em>Wanda</em> se tratara de eso: no les habr&iacute;a molestado la historia de una muer que rompe con su rol de esposa y madre porque tiene un deseo desenfrenado, porque tiene un objetivo. Les molest&oacute;, al menos en el relato de L&eacute;ger, que todo parece hacerlo porque s&iacute;, movida por una necesidad de acomodarse a mareas diversas. Entiendo perfectamente por qu&eacute; a Loden y a L&eacute;ger les parece fascinante esto: a m&iacute; tambi&eacute;n me fascina. Me gusta, tambi&eacute;n, la paradoja de dos mujeres que investigaron con hambre, enamoradas de una mujer cuya particularidad parece ser justamente la de no tener hambre. Me gusta que se vean reflejadas, sin embargo, en ella; que vean en ella a la vez un deseo y una pesadilla. 
    </p><p class="article-text">
        Y hay una relaci&oacute;n, de alguna manera, en estas dos b&uacute;squedas, la de los l&iacute;mites de los g&eacute;neros y la de la pregunta por la pasividad: o yo la encuentro, en este fastidio que me dio esta semana pensar en escribir cosas que no se parezcan a poemas, que no sean blandas, que entren en mis estructuras ling&uuml;&iacute;sticas, sociales y laborales. <strong>Qu&eacute; dif&iacute;cil sostener la prosa</strong>, en la escritura y en la vida, cuando <strong>una desear&iacute;a disolverse en la poes&iacute;a</strong> y olvidarse del suelo para siempre. Es una lucha que habla de la femineidad, pero que no es solo femenina. Es la parte de la femineidad que habla de lo humano. Una mujer obsesion&aacute;ndose con otra mujer obsesion&aacute;ndose con una mujer a la que nada la obsesiona, nada la turba, nada la espanta. Son dos tesoros irreconciliables, y los queremos a los dos, la capacidad de obsesionarse con algo hasta la locura y la de no necesitar absolutamente nada, hasta la locura.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/wanda-manifiesto-frialdad_129_8146530.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 03:02:47 +0000]]></pubDate>
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