<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marolio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/marolio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marolio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1034453/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Marolio, pampa e industria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/marolio-pampa-e-industria_129_8162347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab6bfd30-8723-4734-8414-16a17d495709_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marolio, pampa e industria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una viaje al mundo Marolio, la empresa familiar de alimentos que pretende combinar tecnología de punta y precios accesibles. Los conflictos con los grandes supermercados y la automatización de la producción.</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de media hora sobre la Autopista del Oeste, el remis baja la velocidad y hace un rulo para tomar la salida en el kil&oacute;metro 47. En esa parte de General Rodr&iacute;guez, la ruta provincial 24 se abre como un tajo en un terreno que combina lo buc&oacute;lico con un &aacute;nimo algo m&aacute;s que suburbano. Descampados, camiones con acoplado, tinglados, estructuras a medio levantar que m&aacute;s tarde ser&aacute;n galpones y un rosario de baches, todo bajo el mismo cielo plomizo. Luego de un cruce sin sem&aacute;foros, ya sobre Corrientes, el verde de los &aacute;rboles y ligustrinas se levanta a los lados del camino, escolta casas bajas, algunas quintas y una construcci&oacute;n, que resalta por el color rosa de las paredes y unas esculturas at&iacute;picas, que es sede de la Fundaci&oacute;n Argentina Africanista de Intercambio Cultural. &ldquo;Debe ser por ac&aacute;&rdquo;, decimos cuando el GPS indica que falta poco para llegar a destino, mientras aguzamos la vista a trav&eacute;s de las ventanillas, primero a un lado, despu&eacute;s a otro. Entonces, de golpe, con todo el poder de la verdad, sobre la izquierda, se recorta un gigante blanco con las letras rojas de la ic&oacute;nica Marolio. <strong>La imagen: pampa e industria.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/277e3359-5122-4493-ab8e-3fda94915d8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La planta de Marolio en General Rodríguez"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La planta de Marolio en General Rodríguez                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En un predio de 100 hect&aacute;reas, son 8.300 metros cuadrados los que lleva levantados la familia Fera, propietaria del holding, oriunda del conurbano oeste. Despu&eacute;s de atravesar la caseta de seguridad, advertimos una cuadrilla de obreros que desaf&iacute;a al fr&iacute;o de junio y trabaja en la construcci&oacute;n de lo que luego nos enterar&iacute;amos ser&aacute; un vestuario, un comedor y un segundo laboratorio, destinado a materia prima y desarrollo de producto. Es que<strong> el proyecto de una de las productoras alimenticias de mayor crecimiento de la Argentina es forjar un parque industrial propio, </strong>con la integraci&oacute;n de algunas de sus otras plantas &mdash;molino arrocero, procesamiento de tomates, producci&oacute;n de vinagre, por decir&mdash; y el traslado del centro de distribuci&oacute;n que hoy se ubica en Moreno. <strong>Acortar distancias, reducir costos, optimizar la producci&oacute;n, igual que una multinacional. Pero argentina.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la recepci&oacute;n una mujer nos da la bienvenida, se le nota la sonrisa por debajo del barbijo. Nos pide que aguardemos unos minutos a la persona que nos va a mostrar lo que fuimos a ver, y vuelve a sus tareas administrativas. Hace m&aacute;s amenos los correos electr&oacute;nicos, los llamados y el planilleo con m&uacute;sica, que adem&aacute;s mitiga el ruido de fondo que se anuncia por el pasillo. Es que a pocos metros, despu&eacute;s de atravesar la zona de lockers, se abre la nave principal que aloja dos m&aacute;quinas de dimensiones monstruosas que fabrican fideos. Son italianas, al igual que Daniele, el jefe de planta que hace algunos a&ntilde;os dej&oacute; Padua, en la regi&oacute;n de V&eacute;neto, para venir a armarlas y que, cuando termin&oacute;, un a&ntilde;o y medio despu&eacute;s, quiso quedarse. Ingeniero electromec&aacute;nico por vocaci&oacute;n, conocedor de la pasta por tradici&oacute;n, luego nos dir&aacute; que &ldquo;en Argentina se pueden hacer muchas cosas&rdquo;. Una decisi&oacute;n de vida que desmiente uno de los mensajes m&aacute;s resonantes en estas latitudes, sobre todo en per&iacute;odos de crisis, cuando el periodismo mainstream se ensa&ntilde;a en hacer noticia las &eacute;picas migratorias que se&ntilde;alan al Aeropuerto de Ezeiza como puerta de salida pero nunca de entrada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b660f8b0-f8d2-47b5-8c4d-40422d4503b3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Daniele, el jefe de planta de Marolio"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Daniele, el jefe de planta de Marolio                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Es tecnolog&iacute;a de punta, la m&aacute;s importante en Sudam&eacute;rica&rdquo;, se&ntilde;ala Daniele al comienzo del recorrido. Lo dice con orgullo y el sentido de pertenencia que impregna a quienes son parte de una empresa familiar, por m&aacute;s grande que sea. Es que son solamente seis en el mundo las f&aacute;bricas de estas caracter&iacute;sticas, un salto cualitativo que se hizo posible gracias al R&eacute;gimen de Grandes Proyectos de Inversi&oacute;n con un desembolso de 8,7 millones de euros, que aument&oacute; la capacidad de producci&oacute;n en 115% y redujo costos en 20%. Llev&oacute; tiempo la puesta a punto, pero hoy las m&aacute;quinas funcionan a toda hora y toda la semana, con m&aacute;s de una veintena de trabajadores en cada uno de los dos turnos (con 70% de empleo local, gracias a un convenio firmado con el municipio). A la pregunta de cu&aacute;nto produce cada m&aacute;quina por hora, la respuesta es imponente: 6.000 kilos la l&iacute;nea de pasta corta, 4.500 kilos la de pasta larga. Algo dif&iacute;cil de dimensionar pero m&aacute;s sencillo si lo ponemos en una perspectiva que conocemos todos: 40.000 y 30.000 platos llenos cada 60 minutos. Mucho mejor si se los imagina humeando y con salsa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;orgullosos de ser argentinos&rdquo; que escribe en su cuenta de Twitter Juan Nicol&aacute;s Fera, director de Marolio y presidente de la Uni&oacute;n Industrial de General Rodr&iacute;guez, parece ajustarse no solo al 100% de capital nacional del holding sino tambi&eacute;n traducirse a la materia prima que utilizan para elaborar los productos: las harinas y s&eacute;molas de trigo candeal que ingresan a las m&aacute;quinas son locales, y se alojan de a 125 toneladas en media docena de silos de acumulo. Ellos suministran las dos grandes hacedoras de pastas secas de acuerdo a los planes de la oficina de producci&oacute;n, en obediencia a f&oacute;rmulas y proporciones estrictas que, de igual manera, son supervisadas por el &aacute;rea de control de calidad en las etapas iniciales del proceso. Humedad, textura, consistencia, nada escapa al c&aacute;lculo o a las pruebas del laboratorio.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ccdd6bb0-dba9-4f9f-b495-65adc3deb805_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Las máquinas son altas, en varios puntos superan los 6 metros de altura. "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Las máquinas son altas, en varios puntos superan los 6 metros de altura.                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las m&aacute;quinas son altas, en varios puntos superan los 6 metros de altura. As&iacute; que usamos las escaleras para ver, por primera vez, c&oacute;mo el ingrediente seco se encuentra con la humedad. Entonces, la masa: hallazgo milenario de etruscos y romanos que aliment&oacute; civilizaciones enteras y hoy sacia el hambre de las mayor&iacute;as. La primera fase del amasado es liviana, la masa todav&iacute;a es algo parecido a un arenado grueso cuando cae por las bocas distribuidoras hacia el extrusor. All&iacute; el trabajo es de fuerza y compactaci&oacute;n, la materia necesita ser uniforme para pasar por los moldes de corte y adquirir su forma. Hay cuatro tipos distintos para la pasta larga, que luego es recogida en barras rotativas de 2,5 metros de ancho, y diez para la corta (de rigatti a caracol, todo en el medio), depositada en porciones en unos peque&ntilde;os canastos met&aacute;licos que tambi&eacute;n los transportan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De vuelta en la planta baja, Daniele agarra un pu&ntilde;ado de fideos coditos reci&eacute;n extrusados y nos lo ofrece para que sintamos su textura. Despu&eacute;s manotea unos spaguettis, que a esa altura tienen 55 cent&iacute;metros de largo, y hace su magia: los dobla, no se quiebran. La pasta est&aacute; blanda pero no como cuando se come. La espera el proceso de presecado, bajo flujos de aire muy calientes, y el secado.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ee97628a-4649-4619-9017-ac0a7ac5fe99_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Daniele dobla los spaguettis, que no se quiebran"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Daniele dobla los spaguettis, que no se quiebran                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Lo que sucede dentro de los enormes hornos es un misterio &mdash;las paredes son ciegas, de acero inoxidable&mdash;, pero sabemos que cuentan con diferentes niveles (o zonas clim&aacute;ticas termoactivas) donde las temperaturas var&iacute;an para controlar la humedad en cada instante del secado r&aacute;pido, la estabilizaci&oacute;n y el descanso. En dos horas y media un fideo mostachol y en cuatro horas y media un bavette est&aacute;n listos para el enfriado, un proceso m&aacute;s corto que los lleva de los 80 grados a los 24. En ese punto, el mago repite su truco: la pasta s&iacute; se quiebra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una de las pol&iacute;ticas de producci&oacute;n de la empresa es no hacer stock, </strong>no solo porque sus productos tienen una alta rotaci&oacute;n &mdash;&ldquo;producimos para vender&rdquo;, dicen&mdash; sino <strong>porque es una decisi&oacute;n que da por tierra con una pr&aacute;ctica demasiado com&uacute;n en el sector alimenticio: la especulaci&oacute;n de precios.</strong> Es com&uacute;n escuchar a V&iacute;ctor Fera, el patriarca que adquiri&oacute; Marolio en 1984, renegar contra los propios cuando se dan a conocer los &iacute;ndices de inflaci&oacute;n y la preocupaci&oacute;n vuelve a caer sobre los valores de la canasta b&aacute;sica. Porque conoce las maniobras y las padece como competidor, sabe que el mayor m&eacute;rito de su marca es tambi&eacute;n, en un mercado cartelizado, su limitaci&oacute;n. Son varias las grandes cadenas de supermercados que eligen dejarlos afuera de las g&oacute;ndolas: los precios populares exhibidos junto a las primeras marcas ponen en evidencia m&aacute;rgenes prohibitivos que, en tiempos de ca&iacute;da sostenida del poder adquisitivo, tuercen la mano del consumidor. Por eso, las 32 sucursales de Maxiconsumo son la boca de expendio principal para las m&aacute;s de media docena de marcas y m&aacute;s de 800 productos que comercializa la familia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ceaec562-6045-4a04-9d25-5e1704ef8501_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="En las cintas transportadoras pasan 100 paquetes por minuto"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                En las cintas transportadoras pasan 100 paquetes por minuto                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Marolio produce y vende sus pastas secas en continuo. Solo cuenta con peque&ntilde;os silos de acopio &mdash;de entre 8 y 10 horas de producci&oacute;n&mdash; previo a la fase de envasado. Mientras que la pasta corta est&aacute; lista para empaquetarse desde el enfriamiento, a la pasta larga le hace falta pasar por la cortadora, un aparato de movimientos &aacute;giles que deja tiras de 26 cent&iacute;metros. Luego, s&iacute;, el empaquetado. El ritmo de 100 paquetes por minuto pasa en cintas transportadoras frente a nuestros ojos con un poder hipn&oacute;tico. En esta parte del proceso, la presencia de trabajadores fideeros que realizan tareas de supervisi&oacute;n de calidad rompe con la ajenidad de la automatizaci&oacute;n impuesta por la tecnolog&iacute;a que, hasta ahora y no metaf&oacute;ricamente, ocupaba todo el lugar. Son muchas las instancias en las que no hay intervenci&oacute;n humana y muchos los interrogantes acerca de la relaci&oacute;n paradojal entre productividad y empleo. &iquest;Es posible producir semejante cantidad de alimentos de otra forma? &iquest;Cu&aacute;nta mano de obra se lleva puesta el dios de la eficiencia? &iquest;Sue&ntilde;an los hombres con m&aacute;quinas que todav&iacute;a deben operar? Tiempos modernos. En eso pensamos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/17a0c037-d18c-40cf-8776-924743c446f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La automatización de la producción"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La automatización de la producción                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hacia el final del recorrido, los paquetes de medio kilo de fideos se transforman en bultos. Esos bultos son dispuestos sobre pallets por obra y gracia de un brazo rob&oacute;tico antropom&oacute;rfico &mdash;enorme por cierto&mdash; que nos recuerda al imaginario de Aldous Huxley en <em>Un mundo feliz</em>. Los pallets se deslizan por unos rodillos dentados sobre una plataforma que se mueve por unos rieles a trav&eacute;s del gran galp&oacute;n para que sean recogidos por los operarios, a bordo de montacargas que manejan con la destreza de los conocedores y la gracia de la que carecen las maquinarias. Los muchachos clasifican de acuerdo a los pedidos, ordenan, agrupan, optimizan tambi&eacute;n su fuerza de trabajo. Vemos que varios de los pallets llevan la leyenda &ldquo;Precios cuidados&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/99d0243a-4ae7-4348-b22f-a443ddec24b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Parte de la producción que va a precios cuidados"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Parte de la producción que va a precios cuidados                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El calor que emiten los hornos es compensado por el fr&iacute;o rodriguense que entra por las bocas para cargar los camiones, que esperan en fila para distribuir en nuestro territorio o llevar a pa&iacute;ses vecinos. No quedan dudas, pero Daniele nos dice: &ldquo;Esto no es una planta que hace fideos nada m&aacute;s&rdquo;. Nos suelta los planes a futuro y nos deja espiar un poco la nave donde una cuadrilla est&aacute; en pleno proceso de instalaci&oacute;n de una maquinaria de producci&oacute;n nacional para hacer pan rallado. Otra, que vino de afuera, quiz&aacute;s tan grande como las primeras, aguarda en partes envuelta en pl&aacute;stico azul. En un tiempo no muy lejano, producir&aacute; galletitas.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia demor&oacute; algunos planes, pero llev&oacute; a Marolio a alcanzar un nivel &oacute;ptimo de producci&oacute;n. Crisis o cambio de percepci&oacute;n, lleg&oacute; a m&aacute;s cantidad de hogares y dej&oacute; de ser alternativa o segunda marca para ser consumida como primera opci&oacute;n &mdash;oh, &iexcl;la mano invisible del mercado! <strong>El mix de empresa familiar, tecnolog&iacute;a de punta y precios accesibles hacen del holding un modelo fuera de serie que lo convierte en el elegido del pueblo y en objeto de cr&iacute;ticas de los grandes actores de la producci&oacute;n alimenticia con los que disputa mercado.</strong> Algunos acusan a la marca de &ldquo;competencia desleal&rdquo; por la doble condici&oacute;n de productor y supermercadista. Otros, como Alfredo Coto, el empresario con alto blindaje medi&aacute;tico que asegura &ldquo;yo te conozco&rdquo;, piensan que los productos Marolio son &ldquo;demasiado baratos&rdquo;. Bronca parecida a la que debe circular en las mesas de la familia Perez Companc, due&ntilde;os de Molinos R&iacute;o de La Plata, o de la familia Pagani, propietarios de Arcor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Puebla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/marolio-pampa-e-industria_129_8162347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jul 2021 04:54:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ab6bfd30-8723-4734-8414-16a17d495709_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="615947" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ab6bfd30-8723-4734-8414-16a17d495709_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="615947" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Marolio, pampa e industria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ab6bfd30-8723-4734-8414-16a17d495709_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Industria,Marolio]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
