<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Karl Marx]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/karl-marx/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Karl Marx]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1034480/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Comunismo libertario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/comunismo-libertario_129_12423370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb0f3a0a-c7f6-4b34-aa28-4dad2173ba52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Comunismo libertario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Karl Marx postuló que el capital es trabajo acumulado, quizás una verdad tan evidente que “lo sabe hasta el ser humano más bobo del mundo”. Pierre Bourdieu, corriéndolo por izquierda, propuso que “la vida social no tiene por qué ser contemplada desde un punto de vista exclusivamente economicista”.</p></div><p class="article-text">
        El jueves pasado a primer&iacute;sima hora me dirig&iacute; en mi utilitario de trabajador de la construcci&oacute;n al Sodimac de Gonnet en busca de herramientas y m&aacute;quinas para comenzar el d&iacute;a con la furia productiva que necesita el extraordinario crecimiento econ&oacute;mico de la Argentina, que est&aacute; en su mejor momento seg&uacute;n la unanimidad oficialista. 
    </p><p class="article-text">
        Iba con la idea de aprovechar el boom del rubro que fomenta el gobierno que tanto me gusta por meterle bala a la casta y a la corrupci&oacute;n, y por darme la oportunidad de crecer patrimonialmente en este a&ntilde;o y medio so&ntilde;ado. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d74712ca-2dcc-454e-baa4-72fb1593522c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Ten&iacute;a in p&eacute;ctore lo mismo que ten&iacute;a in mente: traerme un taladro percutor inal&aacute;mbrico de bater&iacute;a de litio de 20 voltios Black and Decker, diez palas de punta y diez anchas (hay que agarrarlas, como mandan los streamers libertarios), una soldadora Inverter de 100 amperes, una amoladora angular inal&aacute;mbrica Barker, tres carretillas, alicates, pinzas de punta, de maza y pico de loro, buscapolos, mazas, martillos bolita, carpintero y tapicero, un set de destornilladores de 49 piezas Hamilton, un andamio portable de aluminio de diecis&eacute;is tablas y -&iexcl;c&oacute;mo no!- una motosierra marca Petri, en homenaje al Ministro de Defensa, del que aprend&iacute; la rudeza viril y el valor guerrero, al que quiero felicitar porque tuvo lo que hay que tener para ponerle un techo de $370 mil al sueldo de las maestras del Instituto D&aacute;maso Centeno. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que iba a gastar, comparado con lo que la misma compra me saldr&iacute;a en Tokio, era car&iacute;simo, pero &iquest;qui&eacute;n mira los precios en la prosperidad? Iba empu&ntilde;ando mis d&oacute;lares, feliz de mi movilidad social m&aacute;s ascendente que pedo de buzo, pero en el camino me detuvieron las fuerzas de seguridad a diez cuadras de mi casa. Hab&iacute;a carros de asalto, escuadras de la polic&iacute;a motorizada, camiones hidrantes, vallas met&aacute;licas, perros adiestrados (no s&eacute; si no hab&iacute;a gatos), patrulleros, polic&iacute;as con cascos y escudos, drones y helic&oacute;pteros.
    </p><p class="article-text">
        Me estaban interrumpiendo el fluir recto hacia mi acto preferido, que tambi&eacute;n es el de mis amigos libertarios digitales con brazotes de goma: agarrar la pala. Protest&eacute;, les grit&eacute; a los responsables de los retenes que para ellos tambi&eacute;n habr&iacute;a motosierras, les dije que les iba a &ldquo;romper el culo&rdquo; y los llam&eacute; &ldquo;casta&rdquo;, &ldquo;wokardos&rdquo;, &ldquo;eunucos&rdquo;, &ldquo;mandriles&rdquo;, &ldquo;domados&rdquo;, &ldquo;meados&rdquo;, &ldquo;cogidos&rdquo;, &ldquo;zurdos de mierda&rdquo; y &ldquo;&ntilde;oquis&rdquo;, y cerr&eacute; mi alocuci&oacute;n invocando la figura, la investidura y hasta la locura presidencial. Un vigilante me dijo: &ldquo;es que est&aacute; por llegar el Presidente&rdquo;. &iquest;El Presidente? &iquest;Al Sodimac de Gonnet? &iquest;&Eacute;l tambi&eacute;n, aun siendo un ser superior, va a agarrar la pala? &iquest;O es que s&oacute;lo va a hablar como el genio que es?
    </p><p class="article-text">
        La emoci&oacute;n de la especulaci&oacute;n no dur&oacute; nada. El Presidente no estaba por llegar al Sodimac de Gonnet sino al sal&oacute;n de fiestas de lujo Vonharv, un planeta de &ldquo;mersa dec&oacute;&rdquo; con cubos l&aacute;seres, tormentas de leds, sillas de acr&iacute;lico transparente, centros de mesas f&uacute;nebres, sillones trono para los homenajeados y decenas de bolas espejadas. &iquest;En esa oscuridad desesperante se va a encerrar? &iquest;El Jefe de Estado va a dar su c&aacute;tedra en ese antro de fiestas de bodas y cumplea&ntilde;os de 15 y roscas corporativas? Dios, si exist&iacute;s, decime que no es cierto. Si exist&iacute;s -&iexcl;exist&iacute; para esto, por Dios!- salvalo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras mi d&iacute;a de emprendedor se esfumaba, le&iacute; que el Presidente (que estaba dando c&aacute;tedra en mi barrio) hab&iacute;a decretado la derogaci&oacute;n del art&iacute;culo 2&deg; de la Ley N&deg; 26.876 para voltear el &ldquo;D&iacute;a del Trabajador del Estado&rdquo; y mandar a trabajar a los empleados de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica Nacional el d&iacute;a que tienen franco desde hace 40 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        El argumento del decreto es que el franco &ldquo;no es adecuado&rdquo;, dado que &ldquo;el resto de la poblaci&oacute;n lleva adelante su jornada laboral con normalidad&rdquo;. Lo que importa es &ldquo;el trabajo productivo, inclusivo y digno, centrado en un contexto social adecuado&rdquo;, que &ldquo;es la principal herramienta de crecimiento para una comunidad que busca la distribuci&oacute;n equitativa de los bienes producidos, dado que sin producci&oacute;n no hay distribuci&oacute;n posible&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;es indispensable restituir el valor de la cultura del trabajo a lo largo de todo el pa&iacute;s, lo cual se logra tanto con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de largo plazo como con peque&ntilde;as decisiones concretas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajo productivo&rdquo; y &ldquo;distribuci&oacute;n equitativa&rdquo; suena medio comunoide, pero si a este programa presocialista lo firman el Presidente y sus ministros, habr&aacute; que concederle raz&oacute;n, y ayudar a su concreci&oacute;n ahora mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Veamos. De los 500 mil empleados de planta permanente y transitoria de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica Nacional, m&aacute;s de 380 mil ganan un sueldo por debajo de los dos millones, lo que no deber&iacute;a llamar a enga&ntilde;o porque el promedio de ese sector (que no es el jer&aacute;rquico ni el de los organismos acomodados) est&aacute; m&aacute;s cerca de un mill&oacute;n que de dos.
    </p><p class="article-text">
        En el ranking de los empleados que m&aacute;s ganan (m&aacute;s de 3 millones en promedio) figuran ARCA, ANSES y Enargas. En el puesto 39 est&aacute; el Hospital Posadas con sueldos promedio de 1.3 millones (29 docenas de empanadas seg&uacute;n el &Iacute;ndice Dar&iacute;n), el CONICET est&aacute; en el puesto 49, el INCUCAI est&aacute; en el puesto 69, el Instituto Malbr&aacute;n en el 70, en el puesto 82 est&aacute; la Agencia de Discapacidad, en el 91 est&aacute; el Instituto Nacional del C&aacute;ncer y en 193 el Hospital Carrillo (16 unidades del &Iacute;ndice Dar&iacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que mi Presidente, seg&uacute;n los argumentos del decreto contra el franco de los estatales de la Naci&oacute;n, se convirti&oacute; al socialismo, voy a tener que dejar en suspenso mi crecimiento econ&oacute;mico exponencial iniciado por el ret&eacute;n que me impidi&oacute; llegar a Sodimac y regresar a la &ldquo;inacci&oacute;n&rdquo; de los libros. 
    </p><p class="article-text">
        Digamos con <strong>Karl Marx</strong>, como dicen los profesores, que el capital es trabajo acumulado. Lo sabe hasta el ser humano m&aacute;s bobo del mundo; y el que no lo sabe, que lo vaya sabiendo. Es una fija de la estructura econ&oacute;mica cuyos argumentos corrieron por la lisura de las interpretaciones sociol&oacute;gicas hasta -como m&iacute;nimo- <strong>Pierre Bourdieu</strong>, que dicho sea de paso lo corre por izquierda a Marx, al que le reclama un &ldquo;faltante&rdquo;, dado que la vida social no tiene por qu&eacute; ser contemplada desde un punto de vista exclusivamente economicista (aunque la econom&iacute;a, &ldquo;el lugar donde caerse muerto&rdquo;, es lo m&aacute;s importante).
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El compa&ntilde;ero libertario Marx habla de la racionalizaci&oacute;n capitalista del tiempo, del tiempo como &ldquo;cosa&rdquo; en el sentido de hora-hombre y de, por a&ntilde;adidura, cu&aacute;ntas horas de trabajo vale un hombre. Dice: &ldquo;un hombre en una hora vale tanto como otro hombre en una hora. El tiempo lo es todo, el hombre no es nada; es, a lo sumo, la cristalizaci&oacute;n del tiempo&rdquo;. Por lo que se entiende perfectamente que, entre los logros anal&iacute;ticos de Marx, donde a esta altura figuran de un modo irrefutable ya no en t&eacute;rminos de conceptos sino de hechos la plusval&iacute;a (del capital) y la alienaci&oacute;n (de la fuerza de trabajo), se agregue sin problemas la sugerencia de que la verdadera revoluci&oacute;n es la revoluci&oacute;n del tiempo, la cual consiste -sencillamente- en trabajar </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>menos</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. &iquest;Qui&eacute;n, que no padezca la adicci&oacute;n al trabajo -que es la versi&oacute;n activa de la fobia al vac&iacute;o- querr&iacute;a trabajar m&aacute;s, regalando su tiempo personal como quien tira margaritas a los chanchos? </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Propongo, como neolibertario &ldquo;wokardo&rdquo;, conforme las nuevas instrucciones del hermano de El Jefe vertidas en su decreto socialista, y aun cuando me est&eacute; agarrando un tremendo pedo ideol&oacute;gico, que, dado que los sueldos estatales cayeron un 25% desde diciembre de 2023, se compense a los agentes de la plantilla p&uacute;blica con tiempo, el verdadero oro. Es decir que se le restituya el franco que se les quiere sustraer, y que hagamos lo posible para decretar feriados nuevos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Hoy estamos en el 5&deg; puesto mundial de los pa&iacute;ses con mayor cantidad de feriados. Tenemos 19. Nos ganan Camboya (27), Ir&aacute;n (27), L&iacute;bano (22) y Sri Lanka (20), y nos est&aacute; pisando los talones Colombia (17). Una verg&uuml;enza. No podemos perder esta batalla, ni la del Big Mac m&aacute;s caro del mundo, donde &ldquo;todo marcha de acuerdo al plan&rdquo; y ya estamos segundos detr&aacute;s de Suiza con un precio &ldquo;promo&rdquo; de U$S 7,37 d&oacute;lares. El a&ntilde;o pasado est&aacute;bamos cuartos, pero por suerte le &ldquo;rompimos el culo&rdquo; a Noruega y a Uruguay, y ahora vamos por Heidi y el abuelito de Heidi. &iexcl;VLLC!            </span>
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/comunismo-libertario_129_12423370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jun 2025 03:47:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bb0f3a0a-c7f6-4b34-aa28-4dad2173ba52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="161984" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bb0f3a0a-c7f6-4b34-aa28-4dad2173ba52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="161984" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Comunismo libertario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bb0f3a0a-c7f6-4b34-aa28-4dad2173ba52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Karl Marx,Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pensar con otros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pensar_1_10639273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8178ab46-fafe-40b5-9ac3-793e89dc65fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pensar con otros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Entender, desde la empatía, el pensamiento de la "víctima" es la única contribución valiosa al pensamiento sobre la opresión y la justicia?</p></div><p class="article-text">
        En este a&ntilde;o que vengo dedic&aacute;ndole a <strong>Virginia Woolf</strong> en los tiempos que puedo robarle a las dem&aacute;s cosas que tengo que hacer me encontr&eacute; con toda clase de libros extra&ntilde;os; la ha estudiado mucha gente, y me atrevo a decir que la ha estudiado gente mucho m&aacute;s l&uacute;cida que a otros autores. Puede no ser accidental: alguien que entiende que Virginia Woolf es uno de los mejores escritores del siglo XX, y no solo un nombrecito para hablar de feminismo de primera oleada, tiene muchas chances de ser una persona inteligente. Hace unos d&iacute;as descubr&iacute; un libro muy curioso, entonces, <em>Mrs. Woolf and the Servants: An Intimate History of Domestic Life in Bloomsbury </em>(&ldquo;La se&ntilde;ora Woolf y los sirvientes: una historia &iacute;ntima de la vida dom&eacute;stica en Bloomsbury&rdquo;). Su autora, <strong>Alison Light</strong>, analiza a partir de diarios y correspondencias la relaci&oacute;n que Virginia Woolf tuvo con las diversas empleadas y cocineras que la atendieron desde la infancia hasta la madurez. 
    </p><p class="article-text">
        El libro es cuidadoso en su tono pero no condescendiente: sin dejar de reponer el suficiente contexto para entender que, en la Inglaterra de Virginia Woolf, todas las mujeres eran o bien empleadas o bien patronas de empleadas, ni de aclarar que, en algunos est&aacute;ndares, Virginia y sus amigos de Bloomsbury eran bastante &ldquo;relajados&rdquo; para la &eacute;poca (los uniformes y las expresiones de deferencia, por ejemplo, eran evitadas), Light no se priva sin embargo de se&ntilde;alar la ceguera total de Woolf a considerar a las mujeres que la atend&iacute;an como individuos igual de complejos y valiosos que ella misma. Esa ceguera se quiebra de a ratos, sobre todo en la demanda amorosa de una psiquis tan fr&aacute;gil como la de Woolf (&ldquo;no le importo en lo m&aacute;s m&iacute;nimo&rdquo;, escribi&oacute; Woolf en su diario sobre la cocinera Nellie, delatando que en el fondo s&iacute; esperaba m&aacute;s del v&iacute;nculo que ten&iacute;an que una relaci&oacute;n puramente instrumental), pero no deja de ser llamativa en el caso de una mujer que estuvo adelantada a su &eacute;poca y varias posteriores en much&iacute;simas otras cosas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La clase alta &quot;verdadera&quot; ya no tiene la capacidad, que tuvo esa misma clase hace cincuenta o quizás más bien cien años, de leer lo que pasa por fuera de sí misma</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El libro es muy interesante m&aacute;s all&aacute; de Woolf, para entender c&oacute;mo funcionaban las relaciones de clase al interior de las casas en esos a&ntilde;os, pero me dej&oacute; pensando en otra cosa. <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>, el ensayo feminista emblem&aacute;tico de Woolf, es un texto profundamente materialista. Por supuesto que es un texto burgu&eacute;s, pero lo es en el mejor de los sentidos: en t&eacute;rminos marxistas podr&iacute;amos decir que Woolf reconoce que, en el capitalismo moderno, el dinero estructura de hecho las libertades (expone, as&iacute;, la ficci&oacute;n ideol&oacute;gica de que se puede ser libre sin disponer de dinero) y que por eso para escribir una mujer necesita, adem&aacute;s de la habitaci&oacute;n propia del t&iacute;tulo, un buen ingreso anual. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que me llama la atenci&oacute;n de todo esto es que Virginia Woolf pertenec&iacute;a (como muchos otros pensadores de izquierda de su generaci&oacute;n, es cierto) a una clase acomodada: el tipo de gente que hoy d&iacute;a tiene muchas m&aacute;s dificultades no solo para hablar p&uacute;blicamente de dinero, sino para siquiera pensar en todo lo que el dinero permite y en lo imposibles que ser&iacute;an sus vidas sin cantidades industriales de &eacute;l. Entiendo que la ayudaba su condici&oacute;n de mujer: es decir, el hecho de que le resultara mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que a otros hombres de su clase disponer de su propio dinero probablemente le dio una perspectiva iluminada sobre el asunto, pero as&iacute; y todo me sorprende lo conectada que pod&iacute;a estar una mujer &ldquo;fina&rdquo;, una mujer que efectivamente se pasaba el d&iacute;a quej&aacute;ndose de la empleada, con una sensibilidad y una serie de demandas que exced&iacute;an por mucho a la de su clase social. Me sorprende, tambi&eacute;n, que en sus escritos p&uacute;blicos (no en sus diarios) casi no encuentro cosas que me resulten elitistas o anacr&oacute;nicas como chica de clase media. Me sorprende, quiz&aacute;s, porque no veo nada parecido hoy, ninguna princesa hero&iacute;na, ninguna hija ni ning&uacute;n hijo de la alcurnia conectando de esa manera con la gente por fuera de su universo.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que el mundo ha cambiado mucho. Los ricos que hoy logran hablarle a la gente son los nuevos ricos, sean traperos, sean artistas, sean pol&iacute;ticos. La clase alta <em>verdadera</em> ya no tiene la capacidad, que tuvo esa misma clase hace cincuenta o quiz&aacute;s m&aacute;s bien cien a&ntilde;os, de leer lo que pasa por fuera de s&iacute; misma; hay algo generacional, quiz&aacute;s, algo que antes se valoraba de la tradici&oacute;n y los apellidos y de lo que hoy ya no quedan ni rastros por fuera de la endogamia en donde eso importa. A veces leo o escucho que se utiliza todav&iacute;a la distinci&oacute;n entre nuevos ricos y <em>old money</em>, pero m&aacute;s como curiosidad que como aspiraci&oacute;n: ya a nadie le importa parecer nuevo rico, de hecho casi que se ostenta con orgullo (y est&aacute; bien, finalmente: desde cu&aacute;ndo tiene m&aacute;s m&eacute;rito heredar el dinero que hacerlo). 
    </p><p class="article-text">
        Me cruzo seguido, por mi trabajo, con obras de arte producidas por personas de alcurnia: las hay buenas y malas, pero es quiz&aacute;s notorio que fuera del arte visual (un mundo todav&iacute;a muy dominado por viejas jerarqu&iacute;as, y en el que no hace falta conectar con un p&uacute;blico masivo para triunfar) es raro que esas obras crucen la vara del &eacute;xito, aunque sus autores tengan los recursos para pretender que lo han hecho.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No me seduce la empatía como único concepto para pensar políticamente con otros, como si la única contribución valiosa que pudiéramos hacer en el pensamiento de la opresión o la justicia fuera intentar entender el pensamiento de la víctima</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me apena, en alg&uacute;n sentido, no solo porque de las &eacute;lites han salido cosas maravillosas, sino porque creo que hab&iacute;a algo valioso y que hace falta recuperar, en esta &eacute;poca identitaria, de la sana costumbre de pensar para otros (hoy le dicen <em>hablar por otros </em>y aparentemente es un pecado grave). Nunca me interpelaron los argumentos del estilo &ldquo;no ten&eacute;s &uacute;tero, entonces no opines&rdquo; sobre el aborto; no me seduce tampoco la empat&iacute;a como &uacute;nico concepto para pensar pol&iacute;ticamente con otros, como si la &uacute;nica contribuci&oacute;n valiosa que pudi&eacute;ramos hacer en el pensamiento de la opresi&oacute;n o la justicia fuera intentar entender el pensamiento de la <em>v&iacute;ctima</em>. Me interesa m&aacute;s la idea de un mundo en el que todos tratamos, efectivamente, de pensar con otros y para otros, sin que haya que tener al d&iacute;a el carnet de oprimido para participar de la discusi&oacute;n democr&aacute;tica. Por supuesto, esto solo funciona cuando hay genuina imaginaci&oacute;n, palabra que ojal&aacute; reemplazara a la empat&iacute;a en estas discusiones: la imaginaci&oacute;n que tuvo el burgu&eacute;s Marx o la se&ntilde;ora Woolf. Se puede, siempre les digo a mis alumnos, hablar desde una posici&oacute;n <em>privilegiada</em> y hablar para otros: por supuesto, m&aacute;s dif&iacute;cil ser&aacute; cuanto m&aacute;s lejos est&eacute;s del com&uacute;n de la gente, pero creo que es posible y necesario reconocer y enfrentar ese desaf&iacute;o para todos los que en alguno de mil clivajes que existen quedamos del lado del opresor. Lo que sale mal, lo que te deja fuera de todas las grietas que siguen importando en el mundo, es hacerlo sin ninguna creatividad. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pensar_1_10639273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Oct 2023 03:01:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8178ab46-fafe-40b5-9ac3-793e89dc65fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39983" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8178ab46-fafe-40b5-9ac3-793e89dc65fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39983" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Pensar con otros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8178ab46-fafe-40b5-9ac3-793e89dc65fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Virginia Woolf,Karl Marx,Feminismos,Grieta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad"></p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros redondos potencian el efecto.&nbsp;Hace 150 a&ntilde;os, en 1871, los trabajadores de Par&iacute;s inventaron la Comuna: primer gobierno obrero y popular directo de la historia. Karl Marx comprendi&oacute; inmediatamente la significaci&oacute;n de <strong>esto que llam&oacute;&nbsp;&ldquo;asalto al cielo&rdquo;</strong>. Como resid&iacute;a en Londres,&nbsp; solo el Estrecho de Calais lo separaba del experimento revolucionario. La eventualidad de que Marx intentara conocer de primera mano la marcha de los acontecimientos puede ser considerada. Pero como no sucedi&oacute;, esta posibilidad admite dos estatutos: el de las preguntas (&iquest;por qu&eacute;, estando tan cerca, no intent&oacute; participar?) o el&nbsp;especulativo-ficcional (&iquest;C&oacute;mo&nbsp; podr&iacute;a haber intervenido?).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ba&ntilde;o ficcional de Comuna, sin que les lectores tengan que desempolvar apolillados documentos, termin&oacute; siendo el camino literario de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot. Conocedores serios del tema, enfrentan las actuales condiciones de retroceso de la izquierda europea mediante un trabajo riguroso, de divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica, armado con instrumentos literarios: imaginan que Marx s&iacute; cruz&oacute; el Estrecho de Calais con su hija Jenny, imaginan un Diario &iacute;ntimo de Jenny recientemente descubierto que relata este viaje. Una buena opci&oacute;n para introducirse a un complejo problema de la teor&iacute;a pol&iacute;tica marxista.
    </p><p class="article-text">
        En la edici&oacute;n francesa del trabajo el car&aacute;cter ficcional queda debidamente destacado. En la argentina (que acaba de publicar Colihue, bajo el t&iacute;tulo <em>Marx en Paris 1871. El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</em>), reci&eacute;n en el Postfacio, al final del libro,&nbsp;nos enteramos que se trata de &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n&rdquo;; en la contratapa leemos, en cambio: &ldquo;A 150 a&ntilde;os de esa espl&eacute;ndida alborada en la que el pueblo parisino, seg&uacute;n las c&eacute;lebres palabras de Marx, se dispuso a crear una nueva sociedad, resplandeciendo de entusiasmo por su iniciativa hist&oacute;rica, la publicaci&oacute;n de este diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot- ofrece una biograf&iacute;a insidiosa de la Comuna, construida a partir de las miradas agudas de Karl Marx y de su hija&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De modo que un lector que no lee el Postfacio cree que est&aacute; ante un &ldquo;diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;. Entonces, <strong>lo que es &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n o de historia imaginaria&rdquo; se presenta como Historia a secas.</strong> Conviene recordar que de un libro, lo primero que se observa es la tapa. Con tipograf&iacute;a fuerte leemos: <strong>Marx en Par&iacute;s 1871</strong>; <strong>El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</strong> se lee en tipograf&iacute;a m&aacute;s leve, abajo. Dos nombres encabezan la tapa: Mich&auml;el L&ouml;wy - Olivier Besancenot. Y la contratapa nos permite saber que&nbsp; este diario fue &ldquo;editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;.&nbsp;De modo que forman parte de la tapa en su car&aacute;cter de editores del documento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guiado por una tapa y contratapa enga&ntilde;osas, al iniciar la lectura&nbsp;pens&eacute; que estaba ante un documento in&eacute;dito. &iexcl;150 a&ntilde;os despu&eacute;s aparece un diario de la visita clandestina de Marx a la Comuna, redactado por su hija Jenny! &iexcl;Incre&iacute;ble! Sin embargo, al adentrarme en <strong>el libro el desagrado fue creciendo.</strong> Un lector avisado no necesita llegar al postfacio para sospechar que no est&aacute; ante un documento hist&oacute;rico. Pero sospechar no es saber. Confieso que el encuentro entre Arthur Rimbaud, Jenny y Karl fue mucho para el precepto de la verosimilitud, francamente no alcanza la mejor de las resoluciones. Que un Rimbaud de 20 a&ntilde;os act&uacute;e como un &ldquo;poeta inmortal&rdquo;, que Jenny lo relate como si fuera perfectamente consciente de su lugar en el canon literario, aunque ni ella ni&nbsp; Karl ten&iacute;an c&oacute;mo saber qu&eacute; pasar&iacute;a con ese muchacho entusiasta militando por la poes&iacute;a en plena Comuna de Par&iacute;s, suena excesivo. En ese punto me sent&iacute; estafado por la tapa y la contratapa: me hab&iacute;an prometido un documento, no ficci&oacute;n literaria. Fui a Google, fui a la edici&oacute;n francesa y ah&iacute; estaba claramente la palabra con la que se presentaba desde la primera letra la edici&oacute;n original del libro: una ucron&iacute;a, una ficci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; la traducci&oacute;n no aporta esa informaci&oacute;n decisiva?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de desconsiderar la erudita labor de L&ouml;wy y Bensancenot -quienes no tienen ninguna responsabilidad en este desaguisado-, sino de entender que este &ldquo;error&rdquo; editorial, no aclarar el car&aacute;cter ficcional del texto,<strong> opera en las condiciones de una sociedad global afectada por la postverdad.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6a421602-7344-402d-9ea1-f046af89dbfc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tapa del libro &quot;Marx en París 1871. El &#039;cuaderno azul&#039; de Jenny&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tapa del libro &quot;Marx en París 1871. El &#039;cuaderno azul&#039; de Jenny&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Cuando tiembla la distancia entre Historia e historieta&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Posverdad&#8203; o&nbsp;mentira emotiva,&nbsp;neologismo que describe una distorsi&oacute;n deliberada; distorsi&oacute;n donde los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones&nbsp;y las creencias personales.&nbsp;&iquest;El objetivo? Modelar la&nbsp;opini&oacute;n p&uacute;blica, influir en el comportamiento social.&#8203; Si el Corto Malt&eacute;s participa del sitio de Petrogrado, sabemos que es un recurso ficcional. Cuando el personaje de Hugo Pratt escribe sus Memorias no se trata de un documento, no es un testimonio directo aunque sea posible leer el impacto del mundo real en esa estructura literaria. No como quien lee estad&iacute;sticas, sino con los instrumentos de la cr&iacute;tica literaria o de la sensibilidad lectora. Interpretando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En rigor,<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Posverdad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> la posverdad es&nbsp;una falsedad</strong></a><strong>. </strong>Una&nbsp;estafa&nbsp;armada&nbsp;como instrumento de&nbsp;manipulaci&oacute;n c&iacute;nica y consciente. El concepto fue elaborado por el bloguero David Roberts en el 2010. Roberts acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;pol&iacute;tica de la posverdad&rdquo; en la revista electr&oacute;nica&nbsp;<em>Grist</em>&nbsp;el 1 de abril de 2010; la defini&oacute; como una cultura pol&iacute;tica en la que la opini&oacute;n p&uacute;blica y la narrativa de los medios de comunicaci&oacute;n se han desconectado.&#8203; Una combinaci&oacute;n producida por la imposici&oacute;n que trae la TV de cable al plantear un&nbsp; ciclo de noticias de veinticuatro horas (rara vez hay reales noticias period&iacute;sticas a cada instante, entonces&hellip;a inventarlas), y por la creciente presi&oacute;n&nbsp;de las redes sociales sobre los contenidos period&iacute;sticos. Por esa ancha avenida comunicacional transita la postverdad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Oxford, un diccionario suficientemente erudito, el t&eacute;rmino &ldquo;posverdad&rdquo; es anterior al bloguero Roberts: fue usado por primera vez en un ensayo de 1992 por el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, en la revista neoyorquina <em>The Nation</em>. Al ocuparse de la&nbsp;Guerra del Golfo, escribi&oacute;: &ldquo;Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en alg&uacute;n mundo de posverdad&rdquo;. Es que una guerra vista en tiempo real por televisi&oacute;n, con largas secuencias de combate, plante&oacute; un problema conceptual: &iquest;c&oacute;mo distinguir ese noticiero de la pel&iacute;cula que viene a continuaci&oacute;n, despu&eacute;s de los avisos? Peor a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo distinguir cuatro adolescentes que juegan en red, por computadora, un juego de guerra, del artillero sentado frente a una pantalla en un portaaviones, mientras dispara y mata? &iquest;Y del que ni est&aacute; en el portaaviones, porque maneja un dron?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, la adrenalina infantil no tiene consecuencias,&nbsp;sigue siendo otro modo de jugar al polic&iacute;a y ladr&oacute;n en la plaza del barrio. En el otro, aunque la persona no est&aacute; en una trinchera ni embarra el uniforme de combate, destroza con fuego preciso a un enemigo militar. Cuando esas diferencias se aplanan, la guerra se transforma en un espect&aacute;culo. El horror se estetiza, desaparece&nbsp; su potencia cr&iacute;tica. Pero cuidado, este &ldquo;espect&aacute;culo&rdquo; mata y adem&aacute;s est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;ximo a la lucha entre gladiadores romanos que a un match de box en el Madison Square Garden. No obstante, los tres &ldquo;shows&rdquo; son consumidos en la misma pantalla, con avisos similares, por iguales espectadores. La confusi&oacute;n, la alienaci&oacute;n, no puede ser mayor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opinión pública termina siendo el modo en que esa opinión desconfía absolutamente de todo. Así la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces de la postverdad nos deslizamos a la <em>Post-democracy.</em>&nbsp;Colin Crouch&nbsp;utiliz&oacute; as&iacute; ese concepto: modelo pol&iacute;tico donde &ldquo;las elecciones ciertamente existen y pueden cambiar los gobiernos&rdquo; pero &ldquo;el&nbsp;debate&nbsp;electoral es un espect&aacute;culo controlado por equipos rivales de profesionales expertos en t&eacute;cnicas de&nbsp;persuasi&oacute;n,&nbsp;considerando una peque&ntilde;a gama de temas seleccionados por esos equipos&rdquo;. Crouch lo atribuye directamente a la industria publicitaria, a una comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica basada en la deshonestidad. Algo permanece en las sombras: &iquest;a qu&eacute; se debe tanta deshonestidad simult&aacute;nea? &iquest;Antes &eacute;ramos m&aacute;s honestos?
    </p><p class="article-text">
        El Oxford declar&oacute;&nbsp;<em>post-truth</em>&nbsp;(posverdad) como la palabra internacional del a&ntilde;o 2016; registra un aumento de 2.000&nbsp;% en su uso, si se compara con el 2015. Los rumores falsos (la supuesta religi&oacute;n musulmana del presidente Barak Obama) se convierten en temas pol&iacute;ticos importantes. &#8203;La etiqueta &ldquo;posverdad&rdquo; fue usada, adem&aacute;s, para describir tanto la&nbsp;campa&ntilde;a presidencial de Donald Trump, como el debate pol&iacute;tico argentino contempor&aacute;neo.&nbsp;Las elecciones presidenciales del 2015 y las del 2019 deben inteligirse desde ese nuevo &aacute;ngulo de lectura. Conviene recordar la siguiente paradoja. Las encuestas, utilizadas para la exitosa construcci&oacute;n de la postverdad, miden la desconfianza absoluta de la audiencia en los medios de comunicaci&oacute;n que las divulgan. El 65% de los lectores de diarios, en la Argentina, desconf&iacute;a de lo que lee. En este punto hemos alcanzado una suerte de curva perfecta y tremenda: lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opini&oacute;n p&uacute;blica termina siendo el modo en que esa opini&oacute;n desconf&iacute;a absolutamente de todo. As&iacute; la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar. Esa es la c&iacute;nica propuesta que atraviesa el mundo de los signos.
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de volver a nuestro punto de partida: la leg&iacute;tima ficci&oacute;n pol&iacute;tica de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot que un editor empuj&oacute; hacia las procelosas aguas del equ&iacute;voco.&nbsp;Basta que un lector confundido asegure que Marx particip&oacute; de la Comuna y su hija Jenny document&oacute; la experiencia, que lo haga de la mejor fe, para que un s&oacute;lido suceso hist&oacute;rico -la Comuna misma- sufra la erosi&oacute;n de la sospecha.&nbsp;Y la sospecha &ndash;qui&eacute;n lo ignora&ndash; no solo termina con la reputaci&oacute;n mejor avalada, sino con la posibilidad misma de disponer de tal cosa. Por eso ahora no se habla m&aacute;s de reputaci&oacute;n, sino de imagen positiva. Es decir: lo que aun sobrevive cuando la reputaci&oacute;n ha sido definitivamente enterrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:02:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="36283" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="36283" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Historia,Karl Marx,Posverdad,Libros]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
