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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Posverdad]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[En el imperio de la estadística y la posverdad: contar la Argentina con un lápiz, una goma Dos Banderas y sin app]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/imperio-estadistica-posverdad-contar-argentina-lapiz-goma-banderas-app_1_9009518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62c95b60-7b0e-42cd-a6cb-d0fbe7fb39ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048312.jpg" width="1173" height="660" alt="En el imperio de la estadística y la posverdad: contar la Argentina con un lápiz, una goma Dos Banderas y sin app"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para validarse un artista no presenta su obra, presenta sus views. Un medio digital sus visitantes únicos como si eso hablara de la calidad de su periodismo y el Chino Darín fabrica el meme de “si la defino la limito”. Argentina se define y se limita por el 6 por ciento de su inflación de abril. Frente a este panorama, Alejandro Seselovsky salió a censar. Después escribió esta crónica con los detalles y las reacciones que están detrás de las 47.327.407 personas registradas.</p><p class="subtitle">Primeros datos provisorios - La población argentina es de 47.327.407 personas</p><p class="subtitle">Sigue el censo digital - Tres opciones para las personas que no fueron censadas</p></div><p class="article-text">
        A las siete y media de la ma&ntilde;ana, sentado en el pupitre que ser&aacute; de Olivia o de Santino, frente a un pizarr&oacute;n con restos del abecedario en min&uacute;scula cursiva, me entero que Cens.ar, la aplicaci&oacute;n que estuvimos configurando estas &uacute;ltimas semanas, aprendiendo a usar, leyendo sus tutoriales, bueno, que est&aacute; ca&iacute;da. As&iacute; que, en esta aula con aire a sudor de ni&ntilde;o que vuelve del recreo, se nos reparte una noble bolsita con la que habr&aacute; que salir a la calle y censar. La bolsita te trae: un l&aacute;piz negro, una goma <em>Dos banderas</em> y un sacapuntas de color. Me toc&oacute; amarillo. No me gusta. Le pido al censista de al lado si no me lo cambia. Bien. Ahora mi sacapuntas es rojo. Otra cosa.
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                El kit del censista: planillas, un lápiz, una goma y un sacapuntas                            </span>
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        Despu&eacute;s, los quince que estamos ac&aacute;, como al resto de los censistas que est&aacute;n en el resto de las aulas de esta escuela sobre la calle Moldes, recibimos una bolsa m&aacute;s grande donde te viene: una pechera de papel s&iacute;mil tela, cuadrada, gigante, que te hace las hombreras de Leonardo Simons. Un cartoncito que ten&eacute;s que llenar con tu nombre y tu DNI y ser&aacute; tu credencial. Un mapa de tu recorrido. Una planilla con las casas donde deber&aacute;s tocar el timbre. Y otra planilla donde, a l&aacute;piz, deber&aacute;s anotar provincia, localidad, comuna, secci&oacute;n, radio, segmento, lote, n&uacute;mero de manzana, lado de la manzana, c&oacute;digo de la calle, nombre de la calle, n&uacute;mero de puerta, piso y departamento. Todos estos datos, 40 veces porque a cada uno de nosotros nos tocan 40 hogares.
    </p><p class="article-text">
        Listo, ahora s&iacute;, nos, los censistas de la Juan Bautista Alberdi, munidos de nuestras herramientas, con la insigne dignidad de nuestras pecheras, salimos a contar la Argentina, a contar a los argentinos, de a uno. A golpe de l&aacute;piz, goma y sacapuntas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La reunión previa de censistas antes de salir a la calle                            </span>
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        Llego a mi primer edificio: Ciudad de la paz al 2100. Timbre. Buen d&iacute;a, del Censo. Una voz en el portero el&eacute;ctrico me responde: &ldquo;Disculp&aacute;, esto es un Airbnb, ya ma&ntilde;ana nos vamos&rdquo;. Escucho el crujido latoso del tipo colgando el auricular. Quedo imp&aacute;vido frente al tablero. En el reflejo del bronce puedo ver toda mi desorientaci&oacute;n. Es un poco penoso el sujeto que tengo enfrente: un censista con una planilla que tiene 500 cuadraditos y que no sabe d&oacute;nde meter la cruz. Un censista que quiere estrenar su l&aacute;piz, y despu&eacute;s quiere equivocarse para poder estrenar su goma, pero que qued&oacute; ah&iacute; parado, pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo se censa un Airbnb.
    </p><p class="article-text">
        Me siento en el cord&oacute;n a considerar la situaci&oacute;n. Los nudos de la pechera que me hice a los costados revientan y ahora lo que llevo puesto es un babebro que flamear&aacute; con la ventisca de las esquinas. Pienso en llamar a Susana, mi jefa de radio, que qued&oacute; en la escuela preparando la recepci&oacute;n de datos para enviar al Indec. Le escribo. Me dice que banque porque est&aacute; con otras consultas. Pienso que todos debemos estar llamando a Susana.
    </p><p class="article-text">
        Abro mi planilla, que no es una planilla sino m&aacute;s bien un revist&oacute;n de ocho hojas con una cantidad de opciones para completar que la vuelve un poco ingobernable. Encuentro el punto 4 que dice: <em>marque el motivo por el que no se realiz&oacute; la entrevista</em>. Y abajo te muestra seis opciones. La vivienda es un consultorio, no. La vivienda est&aacute; en construcci&oacute;n, tampoco. La vivienda se usa para vacaciones, fin de semana, como segunda residencia u otro uso temporal, &iexcl;s&iacute;! Listo, me quedan 39 timbres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La credencial de censista de Alejandro Seselovsky                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>El imperio de la estad&iacute;stica</strong></h3><p class="article-text">
        En un mundo donde la Verdad es un artefacto en crisis que ha perdido raz&oacute;n categ&oacute;rica y en una era donde tuvimos que inventar el <em>fact checking</em> de escala industrial porque el sujeto y sus compuestos ha logrado imponerse por sobre la crasa materia, bueno, nos queda el n&uacute;mero, esa cueva donde ir a refugiarse de la posverdad y la muerte de la certidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Para validarse un artista no presenta su obra, presenta sus views. <a href="https://www.infobae.com/sociedad/2021/06/23/infobae-se-consolida-como-el-lider-de-noticias-en-argentina/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Infobae anuncia su n&uacute;mero de visitantes &uacute;nicos</a> como si eso hablara de la calidad de su periodismo y no de, por ejemplo, su n&uacute;mero de visitantes &uacute;nicos. El Chino Dar&iacute;n fabrica el meme de &ldquo;si la defino la limito&rdquo; y hoy la Argentina se define y se limita por el 6 por ciento de su inflaci&oacute;n de abril y el 58 por ciento de su inflaci&oacute;n interanual. Cecilia Todesca puede decir en la ma&ntilde;ana de las radios que ese n&uacute;mero obedece a un contexto inflacionario mundial, pero eso no convierte a 6 en 5, sigue siendo 6.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un mundo donde la Verdad es un artefacto en crisis que ha perdido razón categórica y en una era donde tuvimos que inventar el fact checking de escala industrial, nos queda el número, esa cueva donde ir a refugiarse de la posverdad </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El algoritmo no se equivoca. Stalkeo tuiteros de Rosario Central despu&eacute;s de que le ganamos el cl&aacute;sico en cancha de ellos y un mes despu&eacute;s me llegan todas despedidas de Marco Ruben. El algoritmo no sabe de mi goce &iacute;ntimo, no concibe lo que siento cuando leo al pueblo canalla abriendo fuego sobre la pobre criatura conocida como Killy Gonz&aacute;lez. Solo sabe que leo cosas de un club y me env&iacute;a m&aacute;s cosas de ese club. El aglortimo es est&uacute;pido, pero no se equivoca porque cruza variaciones secuenciales, ordenadas y num&eacute;ricas, y los n&uacute;meros son la Verdad.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda mitad de los noventa, cuando empezamos a conectarnos a Internet, cre&iacute;amos que el boom tecnol&oacute;gico que ya asomaba terminar&iacute;a robotiz&aacute;ndonos, transform&aacute;ndonos en aut&oacute;matas corte &iexcl;meh! Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, las redes son un hervidero de pasiones al pedo, una olla de odios y contraodios -que no debieran ser confundidos con el amor; una democracia boba y sobregirada donde a nadie le importa la verdad, la verdad que se mate, ac&aacute; lo que importa es el Yo.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este panorama desolador, dame los n&uacute;meros, abrigame de estad&iacute;sticas, salgamos a censar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Timbre por timbre, el censo 2022 en Argentina                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>C&oacute;digos</strong></h3><p class="article-text">
        El segundo timbre que toco es el del encargado, que debi&oacute; haber sido el primero para informarle que el Censo ha llegado a su edificio. Pero el encargado no est&aacute; porque, claro, hoy hay un Censo Nacional y para que eso sea posible hay que declarar feriado en todo el territorio. Y como es feriado el encargado no trabaja, pero entonces &iquest;C&oacute;mo cens&aacute;s al encargado? Van dos timbres y esto ya es un pantano.
    </p><p class="article-text">
        Sale la chica de las suplencias, que viene muy de vez en cuando y no conoce a los vecinos. No tiene idea de cu&aacute;ntos consultorios, oficinas comerciales o unidades vac&iacute;as hay distribuidas en estos nueve pisos, lo que hubiera ayudado al tenue proceso de cuantificaci&oacute;n que estoy arrancando. No importa, vamos por los timbres que hagan falta.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hola, del Censo. Hola, s&iacute;, ya bajo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una recomendaci&oacute;n de no entrar ni a los edificios ni a las casas. Parece una recomendaci&oacute;n saludable, pero la se&ntilde;ora que viene caminando desde el fondo del pasillo viene abraz&aacute;ndose sola y con los hombros en la nuca. Me abre y me dice: pas&aacute; que me congelo.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, en el palier, me canta r&aacute;pido sus n&uacute;meros del censo digital que lleva anotados en un papelito. Esta operaci&oacute;n es la ideal porque evita toda la entrevista. Solo hay que hacer dos preguntas m&aacute;s: cantidad de mujeres que habitan el hogar, cantidad de hombres, muchas gracias, que tenga buen d&iacute;a. Siguiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Censo 2022                            </span>
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        Las formas en que las personas entregan su c&oacute;digo de censo digital es amplia y expresa toda nuestra diversidad. Bajan y te abren. Bajan pero pero no te abren, te pegan el tel&eacute;fono al vidrio de la puerta y esperan que lo copies. La pantalla del tel&eacute;fono se oscurece, ten&eacute;s que avisarle que lo vuelva a poner. Te hacen subir y te lo dicen con la puerta entreabierta, en algunos casos sin sacar el pasador. Te hacen subir, te hacen pasar, te invitan a sentarte, van a buscar el c&oacute;digo, escuch&aacute;s ruidos de cajones, vienen, te lo dictan, te acompa&ntilde;an hasta abajo.Te lo cantan directamente por el portero el&eacute;ctrico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo de golpe parece haberse facilitado. Pero no.
    </p><p class="article-text">
        <em>Buen d&iacute;a, del Censo. S&iacute;, pas&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or alquila, tiene 68 a&ntilde;os, es restaurador de muebles y me pregunta si hay preguntas sobre ser gay porque &eacute;l s&iacute; es gay. Le digo que no. Amabil&iacute;simo, me dice: yo no tengo problemas.
    </p><p class="article-text">
        Empiezo mi primera entrevista del d&iacute;a. Las preguntas de mi planilla son las mismas preguntas de la versi&oacute;n digital: si cocina con gas o con electricidad, si usa agua de red p&uacute;blica, si tiene descendencia afroamericana o de raza negra, si ha trabajado m&aacute;s de una hora en la &uacute;ltima semana.
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or es claramente blanco y puede decirse de &eacute;l que fue rubio. Cuando le pregunto si se reconoce parte de alg&uacute;n pueblo originario, con un tono distinto al resto de sus respuestas, una octava por encima digamos, me dice: tengo sangre paraguaya. Frente a la contestaci&oacute;n afirmativa, paso entonces al &iacute;tem siguiente: &iquest;de qu&eacute; pueblo originario se siente parte?
    </p><p class="article-text">
        -Guaran&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Perfecto. Me voy de su casa pensando qu&eacute; habr&aacute; respondido diez a&ntilde;os atr&aacute;s. No recuerdo si en el Censo anterior la pregunta de los pueblos originarios estaba incluida, pero en cualquier caso &iquest;Qu&eacute; curva cultural se ha formado desde entonces hasta hoy, qu&eacute; nuevo paradigma y flujo de conciencia existe sobre este punto y c&oacute;mo ingres&oacute; en este caballero en particular y en las personas en general, que ha sucedido con la comunicaci&oacute;n de ciertos asuntos para que un rubio del barrio de Belgrano se declare Guaran&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Sobre la calle Amen&aacute;bar, o tal vez fuera Echeverr&iacute;a, una casa con jard&iacute;n tiene un changuito de hacer las compras, de los de tela con tapita, que est&aacute; parado justo detr&aacute;s de las rejas. En el frente, una hoja arrancada de una agenda con fecha abril 18 informa el c&oacute;digo del censo digital varias veces repasado en rabiosa birome negra. No hay manera de saber cu&aacute;ntas mujeres ni cu&aacute;ntos varones viven en esa casa, as&iacute; que esos datos no ser&aacute;n transferidos por niguna planilla, pero el censo lo hicieron y como quer&iacute;an irse esta es la forma que encontraron de informarlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En el barrio de Belgrano de Buenos Aires, dejaron el código pegado y nadie atendió."
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            <span class="title">
                En el barrio de Belgrano de Buenos Aires, dejaron el código pegado y nadie atendió.                            </span>
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        Empiezo a ver cantidad de porteros el&eacute;ctricos con papelitos pegados que informan piso, departamento y c&oacute;digo. Para mucha gente esperar al censista no es plan. Para otra, s&iacute;. Una chica baja, me da el c&oacute;digo y me regala un huevito Kinder. Me toc&oacute; el mu&ntilde;equito de un unicornio celeste. Lo atesorar&eacute; por siempre.
    </p><p class="article-text">
        Otro departamento, otra mujer que me hace pasar. Tiene 51 a&ntilde;os, vive con la mam&aacute; y me dice que no tengo por qu&eacute; saber c&oacute;mo se llama. Le digo que es verdad, as&iacute; que solo anoto su nombre de pila o lo que ella me dice que es su nombre de pila. Igual con su se&ntilde;ora madre. C&oacute;mo en el caso anterior, responde todas las preguntas con una llanura monocorde hasta que le pregunto por su eventual pertenencia a los pueblos originarios. Me dice que tiene una t&iacute;a en C&oacute;rdoba. Nos quedamos un segundo en silencio esperando que la respuesta termine de volverse un s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Listo, es un s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Nuevamente, la afirmativa me env&iacute;a a la pregunta de qu&eacute; pueblo originario se siente parte. Me dice que no sabe. Le digo que si es de C&oacute;rdoba ser&aacute;n Comechingones. Debe ser, me dice. Anoto: co. Me. Chin. G&oacute;n. Salgo. Afuera no me esperan las sierras cordobesas me espera la Plaza Noruega. Vale igual.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La etapa final del Censo Nacional 2022.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Fondo</strong></h3><p class="article-text">
        Son las cuatro de la tarde y ya estamos todos de regreso con nuestras planillas completas en la escuela de la que salimos hoy temprano. Empieza, ahora s&iacute;, el trabajo realmente agotador. Con un l&aacute;piz que ha perdido un treinta por ciento de su volumen, hay que corroborar cada casillero, sumar los hombres, las mujeres, establecer los subtotales, sumar todo, establecer el total y preparar el informe por planilla que viajar&aacute; al Indec para que, en unas horas, tengamos un n&uacute;mero provisorio de cu&aacute;ntos somos y, en unos d&iacute;as, un n&uacute;mero definitivo. Contar la Argentina, borrando con un &aacute;ngulo de la goma, bien chiquito, artesanal, donde entr&oacute; el n&uacute;mero que no era, soplando sobre lo reci&eacute;n borrado, volviendo a escribir. Contar argentinos, de a uno, a punta de l&aacute;piz negro, buscando, en el fondo de los n&uacute;meros, un poco de eso que ya no sabemos ni d&oacute;nde buscar. Sol&iacute;amos llamarlo la Verdad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>AS/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Seselovsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/imperio-estadistica-posverdad-contar-argentina-lapiz-goma-banderas-app_1_9009518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 May 2022 04:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el imperio de la estadística y la posverdad: contar la Argentina con un lápiz, una goma Dos Banderas y sin app]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Censo 2022,Argentina,Posverdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad"></p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros redondos potencian el efecto.&nbsp;Hace 150 a&ntilde;os, en 1871, los trabajadores de Par&iacute;s inventaron la Comuna: primer gobierno obrero y popular directo de la historia. Karl Marx comprendi&oacute; inmediatamente la significaci&oacute;n de <strong>esto que llam&oacute;&nbsp;&ldquo;asalto al cielo&rdquo;</strong>. Como resid&iacute;a en Londres,&nbsp; solo el Estrecho de Calais lo separaba del experimento revolucionario. La eventualidad de que Marx intentara conocer de primera mano la marcha de los acontecimientos puede ser considerada. Pero como no sucedi&oacute;, esta posibilidad admite dos estatutos: el de las preguntas (&iquest;por qu&eacute;, estando tan cerca, no intent&oacute; participar?) o el&nbsp;especulativo-ficcional (&iquest;C&oacute;mo&nbsp; podr&iacute;a haber intervenido?).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ba&ntilde;o ficcional de Comuna, sin que les lectores tengan que desempolvar apolillados documentos, termin&oacute; siendo el camino literario de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot. Conocedores serios del tema, enfrentan las actuales condiciones de retroceso de la izquierda europea mediante un trabajo riguroso, de divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica, armado con instrumentos literarios: imaginan que Marx s&iacute; cruz&oacute; el Estrecho de Calais con su hija Jenny, imaginan un Diario &iacute;ntimo de Jenny recientemente descubierto que relata este viaje. Una buena opci&oacute;n para introducirse a un complejo problema de la teor&iacute;a pol&iacute;tica marxista.
    </p><p class="article-text">
        En la edici&oacute;n francesa del trabajo el car&aacute;cter ficcional queda debidamente destacado. En la argentina (que acaba de publicar Colihue, bajo el t&iacute;tulo <em>Marx en Paris 1871. El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</em>), reci&eacute;n en el Postfacio, al final del libro,&nbsp;nos enteramos que se trata de &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n&rdquo;; en la contratapa leemos, en cambio: &ldquo;A 150 a&ntilde;os de esa espl&eacute;ndida alborada en la que el pueblo parisino, seg&uacute;n las c&eacute;lebres palabras de Marx, se dispuso a crear una nueva sociedad, resplandeciendo de entusiasmo por su iniciativa hist&oacute;rica, la publicaci&oacute;n de este diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot- ofrece una biograf&iacute;a insidiosa de la Comuna, construida a partir de las miradas agudas de Karl Marx y de su hija&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De modo que un lector que no lee el Postfacio cree que est&aacute; ante un &ldquo;diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;. Entonces, <strong>lo que es &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n o de historia imaginaria&rdquo; se presenta como Historia a secas.</strong> Conviene recordar que de un libro, lo primero que se observa es la tapa. Con tipograf&iacute;a fuerte leemos: <strong>Marx en Par&iacute;s 1871</strong>; <strong>El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</strong> se lee en tipograf&iacute;a m&aacute;s leve, abajo. Dos nombres encabezan la tapa: Mich&auml;el L&ouml;wy - Olivier Besancenot. Y la contratapa nos permite saber que&nbsp; este diario fue &ldquo;editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;.&nbsp;De modo que forman parte de la tapa en su car&aacute;cter de editores del documento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guiado por una tapa y contratapa enga&ntilde;osas, al iniciar la lectura&nbsp;pens&eacute; que estaba ante un documento in&eacute;dito. &iexcl;150 a&ntilde;os despu&eacute;s aparece un diario de la visita clandestina de Marx a la Comuna, redactado por su hija Jenny! &iexcl;Incre&iacute;ble! Sin embargo, al adentrarme en <strong>el libro el desagrado fue creciendo.</strong> Un lector avisado no necesita llegar al postfacio para sospechar que no est&aacute; ante un documento hist&oacute;rico. Pero sospechar no es saber. Confieso que el encuentro entre Arthur Rimbaud, Jenny y Karl fue mucho para el precepto de la verosimilitud, francamente no alcanza la mejor de las resoluciones. Que un Rimbaud de 20 a&ntilde;os act&uacute;e como un &ldquo;poeta inmortal&rdquo;, que Jenny lo relate como si fuera perfectamente consciente de su lugar en el canon literario, aunque ni ella ni&nbsp; Karl ten&iacute;an c&oacute;mo saber qu&eacute; pasar&iacute;a con ese muchacho entusiasta militando por la poes&iacute;a en plena Comuna de Par&iacute;s, suena excesivo. En ese punto me sent&iacute; estafado por la tapa y la contratapa: me hab&iacute;an prometido un documento, no ficci&oacute;n literaria. Fui a Google, fui a la edici&oacute;n francesa y ah&iacute; estaba claramente la palabra con la que se presentaba desde la primera letra la edici&oacute;n original del libro: una ucron&iacute;a, una ficci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; la traducci&oacute;n no aporta esa informaci&oacute;n decisiva?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de desconsiderar la erudita labor de L&ouml;wy y Bensancenot -quienes no tienen ninguna responsabilidad en este desaguisado-, sino de entender que este &ldquo;error&rdquo; editorial, no aclarar el car&aacute;cter ficcional del texto,<strong> opera en las condiciones de una sociedad global afectada por la postverdad.</strong>
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                Tapa del libro &quot;Marx en París 1871. El &#039;cuaderno azul&#039; de Jenny&quot;                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Cuando tiembla la distancia entre Historia e historieta&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Posverdad&#8203; o&nbsp;mentira emotiva,&nbsp;neologismo que describe una distorsi&oacute;n deliberada; distorsi&oacute;n donde los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones&nbsp;y las creencias personales.&nbsp;&iquest;El objetivo? Modelar la&nbsp;opini&oacute;n p&uacute;blica, influir en el comportamiento social.&#8203; Si el Corto Malt&eacute;s participa del sitio de Petrogrado, sabemos que es un recurso ficcional. Cuando el personaje de Hugo Pratt escribe sus Memorias no se trata de un documento, no es un testimonio directo aunque sea posible leer el impacto del mundo real en esa estructura literaria. No como quien lee estad&iacute;sticas, sino con los instrumentos de la cr&iacute;tica literaria o de la sensibilidad lectora. Interpretando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En rigor,<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Posverdad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> la posverdad es&nbsp;una falsedad</strong></a><strong>. </strong>Una&nbsp;estafa&nbsp;armada&nbsp;como instrumento de&nbsp;manipulaci&oacute;n c&iacute;nica y consciente. El concepto fue elaborado por el bloguero David Roberts en el 2010. Roberts acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;pol&iacute;tica de la posverdad&rdquo; en la revista electr&oacute;nica&nbsp;<em>Grist</em>&nbsp;el 1 de abril de 2010; la defini&oacute; como una cultura pol&iacute;tica en la que la opini&oacute;n p&uacute;blica y la narrativa de los medios de comunicaci&oacute;n se han desconectado.&#8203; Una combinaci&oacute;n producida por la imposici&oacute;n que trae la TV de cable al plantear un&nbsp; ciclo de noticias de veinticuatro horas (rara vez hay reales noticias period&iacute;sticas a cada instante, entonces&hellip;a inventarlas), y por la creciente presi&oacute;n&nbsp;de las redes sociales sobre los contenidos period&iacute;sticos. Por esa ancha avenida comunicacional transita la postverdad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Oxford, un diccionario suficientemente erudito, el t&eacute;rmino &ldquo;posverdad&rdquo; es anterior al bloguero Roberts: fue usado por primera vez en un ensayo de 1992 por el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, en la revista neoyorquina <em>The Nation</em>. Al ocuparse de la&nbsp;Guerra del Golfo, escribi&oacute;: &ldquo;Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en alg&uacute;n mundo de posverdad&rdquo;. Es que una guerra vista en tiempo real por televisi&oacute;n, con largas secuencias de combate, plante&oacute; un problema conceptual: &iquest;c&oacute;mo distinguir ese noticiero de la pel&iacute;cula que viene a continuaci&oacute;n, despu&eacute;s de los avisos? Peor a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo distinguir cuatro adolescentes que juegan en red, por computadora, un juego de guerra, del artillero sentado frente a una pantalla en un portaaviones, mientras dispara y mata? &iquest;Y del que ni est&aacute; en el portaaviones, porque maneja un dron?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, la adrenalina infantil no tiene consecuencias,&nbsp;sigue siendo otro modo de jugar al polic&iacute;a y ladr&oacute;n en la plaza del barrio. En el otro, aunque la persona no est&aacute; en una trinchera ni embarra el uniforme de combate, destroza con fuego preciso a un enemigo militar. Cuando esas diferencias se aplanan, la guerra se transforma en un espect&aacute;culo. El horror se estetiza, desaparece&nbsp; su potencia cr&iacute;tica. Pero cuidado, este &ldquo;espect&aacute;culo&rdquo; mata y adem&aacute;s est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;ximo a la lucha entre gladiadores romanos que a un match de box en el Madison Square Garden. No obstante, los tres &ldquo;shows&rdquo; son consumidos en la misma pantalla, con avisos similares, por iguales espectadores. La confusi&oacute;n, la alienaci&oacute;n, no puede ser mayor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opinión pública termina siendo el modo en que esa opinión desconfía absolutamente de todo. Así la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces de la postverdad nos deslizamos a la <em>Post-democracy.</em>&nbsp;Colin Crouch&nbsp;utiliz&oacute; as&iacute; ese concepto: modelo pol&iacute;tico donde &ldquo;las elecciones ciertamente existen y pueden cambiar los gobiernos&rdquo; pero &ldquo;el&nbsp;debate&nbsp;electoral es un espect&aacute;culo controlado por equipos rivales de profesionales expertos en t&eacute;cnicas de&nbsp;persuasi&oacute;n,&nbsp;considerando una peque&ntilde;a gama de temas seleccionados por esos equipos&rdquo;. Crouch lo atribuye directamente a la industria publicitaria, a una comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica basada en la deshonestidad. Algo permanece en las sombras: &iquest;a qu&eacute; se debe tanta deshonestidad simult&aacute;nea? &iquest;Antes &eacute;ramos m&aacute;s honestos?
    </p><p class="article-text">
        El Oxford declar&oacute;&nbsp;<em>post-truth</em>&nbsp;(posverdad) como la palabra internacional del a&ntilde;o 2016; registra un aumento de 2.000&nbsp;% en su uso, si se compara con el 2015. Los rumores falsos (la supuesta religi&oacute;n musulmana del presidente Barak Obama) se convierten en temas pol&iacute;ticos importantes. &#8203;La etiqueta &ldquo;posverdad&rdquo; fue usada, adem&aacute;s, para describir tanto la&nbsp;campa&ntilde;a presidencial de Donald Trump, como el debate pol&iacute;tico argentino contempor&aacute;neo.&nbsp;Las elecciones presidenciales del 2015 y las del 2019 deben inteligirse desde ese nuevo &aacute;ngulo de lectura. Conviene recordar la siguiente paradoja. Las encuestas, utilizadas para la exitosa construcci&oacute;n de la postverdad, miden la desconfianza absoluta de la audiencia en los medios de comunicaci&oacute;n que las divulgan. El 65% de los lectores de diarios, en la Argentina, desconf&iacute;a de lo que lee. En este punto hemos alcanzado una suerte de curva perfecta y tremenda: lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opini&oacute;n p&uacute;blica termina siendo el modo en que esa opini&oacute;n desconf&iacute;a absolutamente de todo. As&iacute; la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar. Esa es la c&iacute;nica propuesta que atraviesa el mundo de los signos.
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de volver a nuestro punto de partida: la leg&iacute;tima ficci&oacute;n pol&iacute;tica de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot que un editor empuj&oacute; hacia las procelosas aguas del equ&iacute;voco.&nbsp;Basta que un lector confundido asegure que Marx particip&oacute; de la Comuna y su hija Jenny document&oacute; la experiencia, que lo haga de la mejor fe, para que un s&oacute;lido suceso hist&oacute;rico -la Comuna misma- sufra la erosi&oacute;n de la sospecha.&nbsp;Y la sospecha &ndash;qui&eacute;n lo ignora&ndash; no solo termina con la reputaci&oacute;n mejor avalada, sino con la posibilidad misma de disponer de tal cosa. Por eso ahora no se habla m&aacute;s de reputaci&oacute;n, sino de imagen positiva. Es decir: lo que aun sobrevive cuando la reputaci&oacute;n ha sido definitivamente enterrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:02:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Karl Marx,Posverdad,Libros]]></media:keywords>
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