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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Oscars 2021]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Oscars 2021]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La sensibilidad masculina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/sensibilidad-masculina_129_8166691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sensibilidad masculina"></p><p class="article-text">
        La entrega de los premios Oscar es un ritual mercantilista, anacr&oacute;nico, fr&iacute;volo, caro y mersa que acecha <strong>bajo el disfraz descosido del encanto</strong>. Pero la &uacute;ltima, del 25 de abril de 2021, tuvo un episodio de gran poder testimonial. Ocurri&oacute; cuando Thomas Vinterberg recibi&oacute; sus casi cuatro kilos de aleaci&oacute;n de cobre, esta&ntilde;o y antimonio ba&ntilde;ados en oro a cambio de&nbsp;<em>Druk </em>(Otra ronda, en su t&iacute;tulo en espa&ntilde;ol), su &uacute;ltima pel&iacute;cula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Disimulando su oscuridad en un traje blanco hizo un chiste sobre su afici&oacute;n a los discursos, pero de golpe apareci&oacute; el recuerdo de la muerte de su hija Ida, de 19 a&ntilde;os, a los pocos d&iacute;as de empezar el rodaje de la pel&iacute;cula con la que alcanz&oacute; la farsa de la gloria. Ida iba en auto con su madre desde Bruselas a Par&iacute;s y un pelotudo que ven&iacute;a mirando el tel&eacute;fono en el sentido contrario, las embisti&oacute;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Con esa noticia clavada en los trailers de rodaje Vinterberg continu&oacute; la filmaci&oacute;n de <em>Druk</em>, en la que estaba planificado que Ida Vinterberg debutara como actriz. La reacci&oacute;n de su padre fue de una comprensible par&aacute;lisis mental, de la que surgi&oacute; esta frase que puede aplicarse en muchas circunstancias, por no decir en todas: &ldquo;No ten&iacute;a sentido continuar, pero no ten&iacute;a sentido no continuar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Druk </strong></em><strong>es una consecuencia art&iacute;stica de ese dolor,</strong> que quiz&aacute;s estuviera ya en los aprontes del gui&oacute;n pero que a partir de la tragedia va cargando las escenas de una tristeza documental. Es dif&iacute;cil encontrar en nuestros recuerdos cinematogr&aacute;ficos, que como los literarios tambi&eacute;n son vitales, un despliegue dram&aacute;tico tan extensivo como el de los cuatros personajes de <em>Druk</em>. Son unos profesores de secundaria que, empujados por la desesperaci&oacute;n que rompe olas en sus profundidades, conforman una secta experimental dedicada a regular una cuota creciente de alcohol en la sangre como fuente del olvido, el insumo clave de la felicidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea de que ser feliz consiste de alguna manera en no estar, en no ser, los conecta como un ensamble de cuatro cabezas embriagadas en las que hierve la experiencia incierta de lo masculino. Porque lo masculino, como lo femenino, &iquest;qu&eacute; es? <strong>&iquest;Qu&eacute; es un hombre sino un problema de interpretaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l?</strong> No hay representaci&oacute;n del hombre que no derive en una crisis de identidad, de estabilidad y de autocontrol. Es la angustia antigua de la especie lo que representan los personajes de <em>Druk</em>, quienes viajan felices hacia el drama interior en el que se iluminan con luces negras las zonas de desastre. Es una pel&iacute;cula supuestamente sobre el alcoholismo, pero es much&iacute;simo m&aacute;s que eso. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        De las viejas consignas censoras del Dogma &rsquo;95, afortunadamente no ha quedado nada en pie entre los recursos que Vinterberg utiliza en <em>Druk</em>. Excepto la composici&oacute;n org&aacute;nica del drama, nunca formulada como ley, y que viene de las cuevas del teatro escandinavo, especialmente de Ibsen, inventor de lo humano como Shakespeare, al que han recurrido como a los bomberos no s&oacute;lo el propio Vinterberg, Bergman y Lars Von Triers, sino buena parte de la literatura de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, especialmente la que todav&iacute;a sigue cuajando en la novela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea af&iacute;n a la vanguardia, como <em>Ulises</em>, de James Joyce,&nbsp; o al retroclasicismo, como <em>Mi Lucha</em>, de Karl Ove Knausgard, los impactos de la ficci&oacute;n se concentran en las escenas que se descuelgan sobre la generalidad del tedio. Es en las representaciones del teatro de la vida, presente en la revelaci&oacute;n de lo que se ha estado ocultando, o en el incidente que desv&iacute;a el h&aacute;bito hacia lo inesperado, donde podemos ver que el arte se conecta con los hechos cr&iacute;ticos y casi siempre ilegibles de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Hagamos una lista mental de pel&iacute;culas o libros memorables y veremos que la asociamos con escenas, es decir <strong>con la inminencia de alg&uacute;n drama.</strong> &iquest;Para qu&eacute; el novelista y el director de cine o de teatro van a montar sus escenarios si no es para recortar en ellos una escena? Una escena es algo que debe pasar en el espacio de la vida (es lo que <em>tiene</em> que pasar), y <em>Druk </em>es un cat&aacute;logo de escenas, las cris&aacute;lidas de sucesos en los que anida la revelaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La diferencia evidente, incluso contra la propia tradici&oacute;n llam&eacute;mosle fr&iacute;a&nbsp; de Vinterberg, es que aqu&iacute; se filtra la verdad de la tragedia. Hay una transmisi&oacute;n casi plena del estado del autor, y una utilizaci&oacute;n conmovedora de sus variaciones, en cuyos extremos se rozan las terminales de la man&iacute;a y la depresi&oacute;n. <strong>Lo que hace de </strong><em><strong>Druk</strong></em><strong> un documental sobre el duelo en tiempo real, contra el que choca la ficci&oacute;n planificada a la que se le han quemado los papeles.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Del rodaje se sabe que los d&iacute;as posteriores a la muerte de la hija Vinterberg, quien se encarg&oacute; de continuarlo fue <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Tobias_Lindholm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tobias Lindholm</a>, el cerebro detr&aacute;s de <em>Borgen</em>. No fue la &uacute;nica modificaci&oacute;n. Adem&aacute;s de la del cambio de clima sentimental que se desplom&oacute; sobre el equipo, Vinterberg agreg&oacute; a la historia unos ajustes schopenahuerianos, por los que el hundimiento de los profesores borrachos cuenta con el rescate de la voluntad, que no es ellos sino de la naturaleza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las individualidades de Los Cuatros Varones del Fondo Blanco, alentadas por la especificidad de sus c&aacute;tedras (historia, psicolog&iacute;a, m&uacute;sica y educaci&oacute;n f&iacute;sica), se mezclan en la turbulencia cuando descubrimos que lo que est&aacute; queriendo decirnos Vinterberg es que no hay ning&uacute;n plan individual de &eacute;xito sino un plan general de supervivencia en el que, lamentablemente, no hay botes para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por la&nbsp; forma de contener y soltar el llanto (exactamente igual a lo que le ocurri&oacute; a Vinterberg al recibir su Oscar), su embajador en la pel&iacute;cula es Martin, el personaje interpretado por Mads Mikkelsen, aunque no se trate tanto de una interpretaci&oacute;n en el sentido de lograr un parecido a un modelo de conducta humana sino de una trasmutaci&oacute;n del sufrimiento vital en arte cinematogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Mikkelsen arrastra por toda la historia un v&iacute;a crucis en forma de baile contenido. Ese es el drama m&aacute;s extenso de <em>Druk</em>: Martin ya no baila, en el sentido en el que puede decirse de alguien que ya no vive como quiere. El automatismo diario lo ha ensombrecido y silenciado: no est&aacute;. Lo que no es un resultado extraordinario de la presi&oacute;n laboral que tambi&eacute;n sienten sus colegas. Es el efecto m&aacute;s trillado de la realidad productiva, que consiste en no vivir. Por eso, la regresi&oacute;n del cuarteto de borrachos hacia las ceremonias de la masculinidad infantil es la evidencia de que en el presente y en el futuro no hay nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de Vinterberg son hombres de manual. Se los reconoce por el infantilismo sin conciencia del rid&iacute;culo, pero tambi&eacute;n por una variante del sentimentalismo que no ha tenido cabida en el universo masculino, generalmente representado por el idiotismo y el priapismo. Hay un don reservado a &ldquo;lo femenino&rdquo; que &ldquo;lo masculino&rdquo; no pisa sin resbalar. <strong>Porque en la cultura de los afectos, el repertorio sentimental se inclina a favor de las mujeres y la maternizaci&oacute;n de los fen&oacute;menos vinculados al coraz&oacute;n.</strong> Pero en <em>Druk</em>, los hombres son capaces de detectar los matices m&aacute;s refinados y discretos de la sensibilidad. <strong>Act&uacute;an, incluso sienten </strong><em><strong>como </strong></em><strong>mujeres.</strong> Aunque sentir como mujer o como hombre lo mismo da si lo que est&aacute; en juego es la desesperaci&oacute;n humana.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta pel&iacute;cula, la m&aacute;s parecida a un club de hombres que puede&nbsp; encontrarse en una pantalla, hay una sola escena de violencia &ldquo;masculina&rdquo;. La protagoniza Martin cuando discute con su esposa Trine (Mar&iacute;a Bonnevie) sobre su relaci&oacute;n cuesta abajo y termina cargando unas cuantas coronas en vajilla rota a la producci&oacute;n de <em>Druk</em>. Es una violencia fetichista, empleada contra las cosas (las cosas de la familia) que lo deja a Martin en un silencio de impotencia que Trine comparte del otro lado del r&iacute;o delgado que separa los g&eacute;neros, pero con la misma desesperaci&oacute;n. En un mismo punto de un sombr&iacute;o comedor de Copenhague, <strong>el desacuerdo es tambi&eacute;n una comuni&oacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/sensibilidad-masculina_129_8166691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:02:37 +0000]]></pubDate>
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