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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Horror]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/horror/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Horror]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Relatos desde el horror: el testimonio de la mujer que pasó 23 años cautiva en una casa de Rosario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/relatos-horror-testimonio-mujer-paso-23-anos-cautiva-casa-rosario_1_8183046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a87d9e8d-6f18-4133-97e2-b851b512d7f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Relatos desde el horror: el testimonio de la mujer que pasó 23 años cautiva en una casa de Rosario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su ex novio la separó de sus padres y de sus hijos. Pasó dos años encadenada, sufrió palizas y violaciones. Pudo escapar porque él se descompuso y no cerró los candados. “Pensé que tenía que sufrir todo esto para que él dejara en paz a mi familia”, explica la víctima. El caso está en juicio y la fiscal pidió 18 años para el captor.</p></div><p class="article-text">
        La meti&oacute; de prepo desde la calle porque se sent&iacute;a descompuesto. Se apur&oacute; para entrar al ba&ntilde;o. Ella mir&oacute; los candados y se le aceler&oacute; el coraz&oacute;n. En el apuro &eacute;l los hab&iacute;a dejado sin llave. Ella se acerc&oacute; a la puerta del ba&ntilde;o y escuch&oacute; que el hombre se hab&iacute;a levantado del inodoro. Sinti&oacute; que encend&iacute;a la ducha. El se iba a afeitar la cabeza y la barba como todos los d&iacute;as. Tendr&iacute;a unos minutos para recoger sus cosas. <strong>Ella agarr&oacute; una carta de su pap&aacute;, las fotos de su hijo, un tel&eacute;fono sin cr&eacute;dito y 600 pesos.</strong> Sac&oacute; los candados, abri&oacute; la puerta y corri&oacute;. Dice que miraba para todos lados, que no quer&iacute;a que un vecino la viera y se lo contara a su captor. Se puso detr&aacute;s de un volquete hasta que pas&oacute; un taxi y se lo tom&oacute;. Sab&iacute;a que ese ser&iacute;a su &uacute;ltimo d&iacute;a de encierro y no ten&iacute;a felicidad sino miedo. <strong>Despu&eacute;s de 23 a&ntilde;os no volver&iacute;a a esa casa en la que hab&iacute;a estado encadenada y en la que sufri&oacute; violaciones y castigos espantosos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        M.E.G. tiene 44 a&ntilde;os y se escap&oacute; el 8 de mayo de 2019 y llev&oacute; a juicio a su ex novio, Oscar Alberto Racco (59), <strong>por privaci&oacute;n ileg&iacute;tima de la libertad agravada, reducci&oacute;n a la servidumbre y por haberla violado todos esos a&ntilde;os. </strong>El proceso se est&aacute; realizando en este momento en Rosario y la fiscal pidi&oacute; que al acusado <strong>le dieran 18 a&ntilde;os de prisi&oacute;n por esos delitos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre Racco y M.E.G comenz&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s de que ella se separara de su ex marido y padre de su hijo. Desde el comienzo fue un v&iacute;nculo tormentoso. &ldquo;Pens&eacute; que era demasiado cari&ntilde;oso pero luego &eacute;l fue cel&aacute;ndome todo el tiempo. &Eacute;l era m&aacute;s grande, ten&iacute;a 36 y yo 19. Me fue alejando de mis amigos, despu&eacute;s de mi familia&rdquo;, explica la mujer. <strong>Ella ya no quer&iacute;a verlo m&aacute;s pero &eacute;l no la dejaba. Tuvo una crisis y un intento de suicidio. </strong>Hasta que el 6 de mayo de 1996, &eacute;l la cruz&oacute; en la calle y la llev&oacute; a los golpes hasta la casa de su familia luego de golpearla. &ldquo;Estaban mi mam&aacute;, mi t&iacute;a, sobrinos y mi hijo, que ten&iacute;a dos a&ntilde;os. Les gritaba que los iba a matar a todos&rdquo;, dijo la v&iacute;ctima al canal C5N. La familia llam&oacute; a la Polic&iacute;a e hizo la denuncia, los agentes que llegaron lo conoc&iacute;an y se llevaron detenidos a Racco y a M.E.G. &ldquo;En la seccional, le dijeron: &lsquo;Llevate a la piba que en cuanto levanten la denuncia est&aacute; todo arreglado'. Ah&iacute; sent&iacute; que si yo acced&iacute;a a quedarme con &eacute;l mi familia iba a estar a salvo. Pens&eacute; que me ir&iacute;a por un tiempo&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cuenta, los primeros meses Racco estaba obsesionado con que la familia levantara esa denuncia. &ldquo;<strong>Me obligaba a llamar a mi casa para decirles que levantaran la denuncia. Escrib&iacute;a en un papel lo que les ten&iacute;a que decir.</strong> Pero cuando mi mam&aacute; o mi pap&aacute; quer&iacute;an hablarme y nos pon&iacute;amos a llorar, &eacute;l cortaba la llamada&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Algunos de los padecimientos de la víctima en los 23 años de cautiverio.                            </span>
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        Los relatos en el expediente y en el juicio est&aacute;n plagados de detalles de abuso psicol&oacute;gico y palizas feroces. All&iacute; aparece el relato de lo que sucedi&oacute; una noche. El comenz&oacute; a insultarla y a pegarle. Hac&iacute;a fr&iacute;o y la llev&oacute; debajo de la canilla de un tanque. Abri&oacute; el agua, la empap&oacute; y la arrastr&oacute; a un cuarto en la terraza. All&iacute; le cort&oacute; el pelo, le dio una gorra. &ldquo;As&iacute; parec&eacute;s un hombre y nadie te va a reconocer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M.E.G explic&oacute; en el proceso que &eacute;l la encerr&oacute; en ese cuarto y que empapel&oacute; las ventanas, puso un cart&oacute;n en el taparrollos de la persiana, para que no pudiera mirar hacia afuera. &ldquo;Una vez dijo que yo hab&iacute;a intentado espiar y vino con una cadena y un candado. Me dijo que para no golpearme de nuevo ten&iacute;a que hacer eso&rdquo;. <strong>Ella estuvo encadenada a la cama cerca de dos a&ntilde;os.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mientras todo esto suced&iacute;a en la casa, los padres de ella segu&iacute;an adelante con la causa judicial, pero siempre se encontraban con alg&uacute;n problema por el cual la causa no avanzaba. Hasta que su propio abogado les dijo que hab&iacute;a sufrido denuncias y que no los iba a representar m&aacute;s. <strong>Su pap&aacute; le escribi&oacute; decenas de cartas que dej&oacute; en la puerta de la casa y que nunca le entregaron a su hija</strong>. Su madre fue a tocar un par de veces la puerta y la pudo ver, pero dice que M.E.G estaba silenciada por la presencia de Racco. &ldquo;Una vez mi mam&aacute; fue hasta all&iacute; para decirle por qu&eacute; no regresaba a ver a la familia. Estaban en el living. El ten&iacute;a un repasador y un arma debajo. &Eacute;l hablaba y mi hermana solo callaba&rdquo;, le cont&oacute; a la fiscal la hermana de la v&iacute;ctima.&nbsp;
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                El extracto cuando menciona la complicidad de la familia del captor.                            </span>
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        &ldquo;Para sobrevivir hice todo lo que &eacute;l quer&iacute;a, me duchaba si &eacute;l se duchaba, iba al ba&ntilde;o si &eacute;l lo hac&iacute;a. Era como un perrito adiestrado. Pens&eacute; que era el costo que ten&iacute;a que pagar para que no le pasara nada a mi familia. &Eacute;l ten&iacute;a siempre informaci&oacute;n de qu&eacute; hac&iacute;an mis familiares. Me dec&iacute;a el recorrido del reparto de mi pap&aacute;, d&oacute;nde estaba mi hermana, que mi hijo estaba yendo a una escuela a tres cuadras. Lo hac&iacute;a para demoler psicol&oacute;gicamente, para que sienta que &eacute;l ten&iacute;a el control de todo&rdquo;, relata M.E.G.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todos esos a&ntilde;os, la v&iacute;ctima tuvo dos embarazos perdidos, tres intentos de fuga. Lleg&oacute; a tirarse de un techo y a lastimarse. &ldquo;Otra de las veces, cuando lleg&oacute; una citaci&oacute;n porque mi ex marido me ped&iacute;a el divorcio, fuimos a los tribunales. A &eacute;l los polic&iacute;as no lo dejaron pasar a la sala de audiencias. As&iacute; que le dije a la abogada de mi marido lo que estaba pasando. Hablamos con el juez y escap&eacute; por la puerta de atr&aacute;s. Al poco tiempo &eacute;l volvi&oacute; a aparecer amenaz&aacute;ndome con mi hijo. Yo estaba muy sometida, le ten&iacute;a terror, y ten&iacute;a miedo de que cumpliera su promesa. Volv&iacute; cuando me dijo que si no lo matar&iacute;a. Es dif&iacute;cil de entender pero yo sent&iacute;a que no pod&iacute;a confiar en nadie, que nadie me iba a defender de &eacute;l. El dec&iacute;a que era amigo de los jueces y yo sab&iacute;a que era amigo de muchos polic&iacute;as&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La familia de &eacute;l sab&iacute;a lo que suced&iacute;a y nunca hizo nada. Su madre me ven&iacute;a a soltar cuando yo quer&iacute;a ir al ba&ntilde;o. Golpeaba con un palo para que me escuchara. Me llevaba, se quedaba en la puerta y despu&eacute;s me volv&iacute;a a encadenar&rdquo;. La madre muri&oacute; y en sus &uacute;ltimos meses estaba postrada y M.E.G la cuidaba. No era la &uacute;nica tarea que le hac&iacute;an hacer. <strong>Limpiaba los autos que Racco vend&iacute;a, barr&iacute;a la vereda, cocinaba, limpiaba, cos&iacute;a y confeccionaba ropa, todo siempre bajo la vigilancia de &eacute;l.</strong> En el escrito de acusaci&oacute;n declaran al menos ocho vecinos que cuentan que siempre que la ve&iacute;an &eacute;l estaba a su lado. Que si iban al supermercado &eacute;l se quedaba en la puerta y que ella estaba en silencio.<strong> &ldquo;Me presentaba a los vecinos como Luc&iacute;a Puccio. Como la familia de secuestradores, repet&iacute;a&rdquo;, cuenta la v&iacute;ctima, que tuvo s&oacute;lo una visita al m&eacute;dico en esos 23 a&ntilde;os.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que escap&oacute;, ella lleg&oacute; a una estaci&oacute;n de servicio y pidi&oacute; que le dieran una gu&iacute;a de tel&eacute;fonos. La mayor&iacute;a de los que iba llamando hab&iacute;an muerto o se hab&iacute;an mudado. Hab&iacute;an cambiado muchas cosas en todo ese tiempo. Su pap&aacute; hab&iacute;a muerto, su mam&aacute; y su hermana hab&iacute;an decidido mudarse. M.E.G. ahora vive con ellas en otra provincia que no quiere mencionar por miedo a que &eacute;l pueda hacerles algo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada d&iacute;a que soy libre lo agradezco. Pude recuperar a mi hijo. Poco a poco me ir&eacute; recuperando pero me llena de tristeza lo que les pas&oacute; a mis viejos. El se muri&oacute; despu&eacute;s de una fuerte depresi&oacute;n por lo que me pasaba a m&iacute; y mi mam&aacute; tambi&eacute;n tuvo un linfoma&rdquo;. En estos d&iacute;as asiste de manera presencial a las audiencias en los tribunales de Rosario. La pr&oacute;xima semana deber&iacute;a haber sentencia. &ldquo;Pidieron 18 a&ntilde;os para &eacute;l, quisiera que al menos le hubieran pedido 23 para que equipare el tiempo en el que me hizo pasar ese infierno&rdquo;, concluy&oacute;,
    </p><p class="article-text">
        <em>AM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Marinelli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/relatos-horror-testimonio-mujer-paso-23-anos-cautiva-casa-rosario_1_8183046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 01:19:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Relatos desde el horror: el testimonio de la mujer que pasó 23 años cautiva en una casa de Rosario]]></media:title>
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