<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - El Aleph]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/el-aleph/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - El Aleph]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1034669/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/diez-lineas-interpretativas-aleph-metaliteratura_132_8189534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df28f462-106f-4f21-988a-58e0a8cd562a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este, uno de sus grandes cuentos, Borges ajustó cuentas con Dante y con Shakespeare, y ficcionalizó su gran derrota amorosa/literaria en el triángulo con Norah Lange y Oliverio Girondo y su derrota en el Premio Nacional de Literatura de 1942.</p><p class="subtitle">Inscripción abierta - Pez Banana invita a la charla gratuita que Santiago Llach dará sobre "El Aleph”. Será este miércoles a las 17:30.</p></div><p class="article-text">
        Borges est&aacute; de moda, quiz&aacute;s porque siempre eludi&oacute; las modas intelectuales y quiz&aacute;s porque la vida se ha vuelto digital, y la vida digital es muy literaria, y nadie pens&oacute; la literatura mejor que Borges; t&oacute;picos actuales como la identidad de g&eacute;nero (&iexcl;qu&eacute; hay en un nombre, Romeo!) pueden ser pensados a la luz de la profundidad con la que Borges oper&oacute; y pens&oacute; el lenguaje y la identidad personal. Su mirada miope, maltrecha, esquinada y orillera sobre el mundo (ladina como la del pulpero Recabarren en el cuento &ldquo;El fin&rdquo;) result&oacute; prof&eacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/30d116e7-9099-442a-bfe2-fe661499e84f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jorge Luis Borges"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jorge Luis Borges                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sus textos est&aacute;n vivos porque son pastillas comprimidas de las que es posible extraer tiras y tiras de interpretaciones, y la maldici&oacute;n del lector de Borges es que todas las lecturas parecen haber sido previstas por &eacute;l. Pillo, Borges se convirti&oacute; en autor siempre parado en el mostrador del lector, y ejerce con picard&iacute;a sobre nosotros su rol de controlador de las aduanas del sentido. Sus textos son como canciones: resisten muchas lecturas y en cada lectura descubrimos una nueva pista que nos descoloca. En las pr&oacute;ximas semanas, la editorial <strong>Ampersand </strong>publicar&aacute; en espa&ntilde;ol &ldquo;El m&eacute;todo Borges&rdquo;, un estudio en el que el estadounidense <strong>Daniel Balderston</strong> --quiz&aacute;s el n&uacute;mero uno de los muchos especialistas en Borges-- analiza algunos de sus manuscritos en busca de los secretos gen&eacute;ticos de su escritura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sus textos están vivos porque son pastillas comprimidas de las que es posible extraer tiras y tiras de interpretaciones, y la maldición del lector de Borges es que todas las lecturas parecen haber sido previstas por él.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El cuento &ldquo;El Aleph&rdquo; es una obra cumbre de Borges</strong>. La historia, como suele ocurrir, es muy simple: un hombre (Borges) visita seguido al primo de su amada muerta; el primo, Carlos Argentino Daneri --escritor como el personaje Borges--, le muestra un d&iacute;a una &ldquo;esfera tornasolada&rdquo; que tiene escondida en el s&oacute;tano, en la que se ven &ldquo;todos los puntos del espacio&rdquo;. Borges, descre&iacute;do, accede a mirarlo, y su maravillosa visi&oacute;n lo deja a la vez asombrado y triste: en ese punto que contiene todos los puntos del Universo ve tambi&eacute;n que su amada Beatriz se mandaba cartas pornogr&aacute;ficas con su primo Carlos Argentino. Para colmo, poco despu&eacute;s Carlos Argentino gana un premio en un concurso al que Borges tambi&eacute;n hab&iacute;a enviado una obra suya, que no recibi&oacute; ni un solo voto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Aleph&rdquo; es la historia de un doble duelo del personaje Borges: duelo dolido por Beatriz Viterbo (la amada muerta) y duelo de masculinidad con Carlos Argentino Daneri por Beatriz Viterbo; es una s&aacute;tira sobre la literatura y la vida literaria; es un cuento fant&aacute;stico en el cual, como en casi todos los cuentos fant&aacute;sticos de Borges, un don aparentemente maravilloso resulta perturbador; y es un texto sobre los l&iacute;mites y las posibilidades del lenguaje y de la mente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“El Aleph” es la historia de un doble duelo del personaje Borges: duelo dolido por Beatriz Viterbo (la amada muerta) y duelo de masculinidad con Carlos Argentino Daneri por Beatriz Viterbo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;Propongo a continuaci&oacute;n algunas l&iacute;neas interpretativas de las que se puede tironear para seguir pensando a Borges:
    </p><p class="article-text">
        1) <em>Forza Italia</em>: &ldquo;El Aleph&rdquo; es una versi&oacute;n de la <em>Divina Comedia</em>: un relato realista y fant&aacute;stico a la vez, narraci&oacute;n de aprendizaje de un escritor, en el que un poeta desciende a los infiernos (s&oacute;tano) guiado por otro poeta (Daneri = Dante Alighieri, que en este caso es gu&iacute;a y no guiado), bajo el recuerdo de su amada (Beatriz en ambas obras) y en procura de la poes&iacute;a/visi&oacute;n divina. El chiste de Borges es que a esa operaci&oacute;n de lectura de la obra cumbre de la literatura italiana le adosa una s&aacute;tira sobre los italianos inmigrados recientemente a la Argentina (Zunini, Zungri y otros apellidos con Z). En la clase alta argentina, cuando un heredero o heredera se pon&iacute;an de novios con alguien de origen italiano, se dec&iacute;a que la familia &ldquo;se manchaba de tuco&rdquo;. Borges, un estratega del pu&ntilde;al y el mimo, eleva a lo italiano y se burla simult&aacute;neamente de &eacute;l, sabiendo que el cocoliche que hablaban los inmigrantes recientes se parec&iacute;a, en tanto lenguaje coloquial, al toscano al que Dante hab&iacute;a llevado a la categor&iacute;a de lengua literaria. Los inmigrantes italianos se quedan con la casa de los Viterbo y, metaf&oacute;ricamente, con la Buenos Aires que hab&iacute;a sido de la aristocracia criolla a la que Borges adher&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        2) <em>El lenguaje exclusivo</em>: Borges maneja intuitivamente los desarrollos te&oacute;ricos que llevan a cabo los ling&uuml;istas de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. Uno de ellos (aludido tambi&eacute;n en el trayecto que va del toscano de Dante al idioma que hablan los inmigrantes italianos) es el hecho de que el lenguaje cambia, de que es una tecnolog&iacute;a viral cuya virtud es el cambio (algo que no advierten quienes objetan el llamado lenguaje inclusivo en nombre de una pureza de la lengua que no existe). El personaje Borges se burla de la solemnidad de Daneri, pero el Borges autor es bien consciente tambi&eacute;n de su propia solemnidad (el comienzo del cuento es a la vez maravilloso y solemne). Lo que en general se denomina &ldquo;solemnidad&rdquo; es el uso de expresiones gastadas por el uso, el registro deficiente del cambio ling&uuml;&iacute;stico. Cuando tiene que describir el Aleph, Borges desespera: no encuentra palabras. Y regala en ese momento la definici&oacute;n m&aacute;s hermosa del lenguaje que conozco: &ldquo;Todo lenguaje es un alfabeto de s&iacute;mbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten&rdquo;. Cada vez que un hablante usa una expresi&oacute;n, en ella est&aacute;n todas las veces en que fue usada, los esfuerzos, las torsiones y los aciertos de cada ser humano en los sucesivos intentos de nombrar los distintos aspectos de lo real. En cada hecho ling&uuml;&iacute;stico, parece decir Borges, est&aacute; como un fantasma la historia de lo que quiso ser expresado, la historia de eso que llamamos humanidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cada hecho lingüístico, parece decir Borges, está como un fantasma la historia de lo que quiso ser expresado, la historia de eso que llamamos humanidad.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        3) <em>Borges in love</em>: Su atrevido bi&oacute;grafo Edwin Williamson subraya el papel crucial que jug&oacute; para Borges su fallida historia de amor con la hermosa escritora pelirroja <strong>Norah Lange</strong>, perdida a manos (usemos esa expresi&oacute;n de antiguo r&eacute;gimen a riesgo de que sea cancelada) de su rival literario Oliverio Girondo, a quien desde entonces Borges vot&oacute; todos los a&ntilde;os como el peor escritor argentino. Beatriz Viterbo es sin duda Norah Lange, pero tambi&eacute;n es la joven Estela Canto, una mujer moderna y desprejuiciada a quien Borges apretaba contra las barandas del mirador del Parque Lezama, y a quien le regal&oacute; un caleidoscopio, ese objeto infantil que lo inspir&oacute; para perge&ntilde;ar &ldquo;El Aleph&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4c28e1a1-1cc1-4cb3-9f1a-a415f6a01dca_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Norah Lange."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Norah Lange.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        4) <em>Carlos Argentino Daneri, autor de </em>En busca del tiempo perdido: Cuatro a&ntilde;os antes de &ldquo;El Aleph&rdquo;, el primer cuento (cuento con muchas comillas) que escribi&oacute; Borges despu&eacute;s del accidente que casi le cuesta la vida fue &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo;. &ldquo;Menard&rdquo; es una bomba neutr&oacute;nica que postula a la literatura como una actividad de colaboraciones f&eacute;rtiles.
    </p><p class="article-text">
        Una de las influencias menos estudiadas de Borges es la de <strong>Marcel Proust</strong>. Es sorprendente la cantidad de recursos y t&oacute;picos de Proust que resuenan en su obra. Proust era el tipo de escritor --franc&eacute;s, autor de una novela extensa, mundano, realista-- que t&iacute;picamente era objeto de los dardos de Borges. No fue as&iacute; en este caso, y aunque en unas pocas oportunidades lo mencion&oacute; elogiosamente,<strong> creo que fue una influencia crucial que Borges tendi&oacute; a ocultar. </strong>En &ldquo;El Aleph&rdquo;, es notable el parecido entre el rimbombante Carlos Argentino Daneri (que como Proust est&aacute; escribiendo una obra literaria interminable) y Bloch, el amigo insoportable del protagonista de <em>En busca del tiempo perdido</em>. El flash lis&eacute;rgico de la visi&oacute;n del Aleph se parece bastante a la descripci&oacute;n de los efectos que produce en el protagonista de la obra de Proust la ingesta de la magdalena. Un dato que pinta tambi&eacute;n esa conversaci&oacute;n entre amigos y ese sistema de pr&eacute;stamos que es la historia de la literatura: Estela Canto traducir&iacute;a de manera notable, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la obra maestra de Marcel Proust (y es la &uacute;nica argentina que lo hizo hasta el momento).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e37099a2-d8c2-4322-8fae-237aaf7de586_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Marcel Proust"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Marcel Proust                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        5) <em>Perder un concurso literario, la mejor manera de convertirse en escritor</em>: Borges, genio del marketing, recrea en &ldquo;El Aleph&rdquo; el Premio Nacional de Literatura en el que fue derrotado. Esa derrota gener&oacute; entre sus amigos una reacci&oacute;n que hoy ser&iacute;a inveros&iacute;mil: un n&uacute;mero especial de la revista <em>Sur </em>en su homenaje, con m&aacute;s de cien vindicaciones de su genio.
    </p><p class="article-text">
        6) <em>El Aleph y una l&iacute;nea de Hamlet</em>: Uno de los ep&iacute;grafes del cuento es una cita de <em>Hamlet</em> (&ldquo;Oh, Dios, podr&iacute;a estar encerrado en una c&aacute;scara de nuez y considerarme el Rey del espacio infinito&rdquo;). Esa l&iacute;nea de Shakespeare parece haberle inspirado la idea de &ldquo;El Aleph&rdquo;: alguien encerrado es capaz de captar la totalidad del universo. La l&iacute;nea est&aacute; en la famosa segunda escena del segundo acto, en la que Hamlet (&ldquo;words, words, words&rdquo;) reflexiona sobre los l&iacute;mites del lenguaje y sobre la vida como puesta en escena, dos t&oacute;picos tambi&eacute;n presentes en el cuento de Borges. Pero adem&aacute;s este subrayado de Borges parece haber influido sobre otro escritor ingl&eacute;s, Ian McEwan, que escribi&oacute; una maravillosa versi&oacute;n de <em>Hamlet</em> llamada justamente <em>C&aacute;scara de nuez</em>. <em>Hamlet</em>, &ldquo;El Aleph&rdquo; y <em>C&aacute;scara de nuez</em> son s&aacute;tiras sobre escritores y reflexiones sobre el poder de la mente y del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        7) <em>La invenci&oacute;n de razones</em>: Antes de ser derrotado por Daneri, el personaje Borges se burla de &eacute;l cuando le recita y la explica el poema que est&aacute; escribiendo basado en la visi&oacute;n de el Aleph que esconde su s&oacute;tano. El malicioso Borges dice de Daneri (que es Borges): &ldquo;Comprend&iacute; que el trabajo del poeta no estaba en la poes&iacute;a; estaba en la invenci&oacute;n de razones para que la poes&iacute;a fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para &eacute;l, pero no para otro.&rdquo; Ese es Borges en la cima de la self-deprecation, del autodesprecio. Borges encontr&oacute; el poder de su po&eacute;tica en la &ldquo;invenci&oacute;n de razones&rdquo;, en la justificaci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n --a trav&eacute;s de pr&oacute;logos, notas y posdatas-- de su propia obra. Borges fue el mejor lector de s&iacute; mismo, el maestro de la metaliteratura del yo.
    </p><p class="article-text">
        8) <em>Daneri engordado</em>: Carlos Argentino Daneri (&ldquo;considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no s&eacute; qu&eacute; cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur&rdquo;) es sin duda Borges. Daneri es tambi&eacute;n Girondo (el poeta que le arrebat&oacute; a Norah Lange). Pero Daneri es, sobre todo, <strong>Roberto Arlt,</strong> un escritor en las ant&iacute;podas est&eacute;ticas de Borges, muerto dos a&ntilde;os antes de la escritura de &ldquo;El Aleph&rdquo;, a quien Borges admir&oacute;. En el cuento, Daneri aprende: su poema florido e interminable se convierte en una frase arltiana que le espeta a Borges cuando emerge mareado de la visi&oacute;n del Aleph: &ldquo;Tarumba habr&aacute;s quedado de tanto curiosear donde no te llaman&rdquo;. Un cross coloquial a la mand&iacute;bula del atribulado Borges.
    </p><p class="article-text">
        9) <em>La casa encantada</em>: &ldquo;El Aleph&rdquo; es tambi&eacute;n una versi&oacute;n del esquema narrativo de la casa encantada, v&iacute;a &ldquo;La ca&iacute;da de la Casa Usher&rdquo; de <strong>Edgar Allan Poe</strong>, una casa de una familia decadente habitada por el pasado que, igual que la casa familiar de los Daneri, es destruida/demolida. El Borges que volvi&oacute; a Buenos Aires tras su exilio adolescente en Europa se encontr&oacute; con una Buenos Aires modernizada y populosa ante la que se sinti&oacute; extra&ntilde;ado. Borges va hacia el sur de la ciudad, que es su pasado; casi diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde Borges completar&aacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/cuento-tomado-sur-borges-version-casa-tomada-cortazar_132_8126173.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el trayecto melanc&oacute;lico hacia el pasado con otro bibliotecario, Juan Dahlmann, que en &ldquo;El sur&rdquo; viaja a la pampa</a>. M&aacute;s influencias de Poe: la repetida menci&oacute;n del nombre de Beatriz frente a su retrato replica la escena del protagonista de &ldquo;El cuervo&rdquo; de Poe ante su amada muerta.
    </p><p class="article-text">
        10) <em>Visi&oacute;n y misi&oacute;n</em>: Daneri derrota a Borges, pero tambi&eacute;n se puede pensar que Borges&nbsp; derrota a Daneri. El poema kilom&eacute;trico que quiere escribir Daneri para reflejar la Tierra est&aacute; contenido dentro de &ldquo;El Aleph&rdquo;: es la enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica encabezada por el verbo &ldquo;ver&rdquo;, uno de los recursos favoritos de Borges. &ldquo;Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de Am&eacute;rica, vi una plateada telara&ntilde;a en el centro de una negra pir&aacute;mide, etc.&rdquo;: en esa maravillosa enumeraci&oacute;n Borges (el autor o el personaje) alcanza a se&ntilde;alar lo inefable, lo irrepresentable, &ldquo;el inconcebible universo&rdquo;. Eso que buscaba Daneri (&iquest;Proust?) mediante la extensi&oacute;n lo obtiene Borges mediante la s&iacute;ntesis.&nbsp;La poes&iacute;a y el misticismo se tocan, ayudados quiz&aacute;s por el co&ntilde;ac &iquest;alucin&oacute;geno? que le sirve Daneri. Borges pierde (retrospectivamente) a Beatriz y pierde la gloria literaria, pero cumple su misi&oacute;n de poeta, encuentra finalmente las palabras para dar cuenta de esta visi&oacute;n sublime.
    </p><p class="article-text">
        <em>SLL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Llach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/diez-lineas-interpretativas-aleph-metaliteratura_132_8189534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Aug 2021 10:09:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/df28f462-106f-4f21-988a-58e0a8cd562a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="10663" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/df28f462-106f-4f21-988a-58e0a8cd562a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="10663" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/df28f462-106f-4f21-988a-58e0a8cd562a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,El Aleph,Marcel Proust]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
