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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marcel Proust]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/marcel-proust/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marcel Proust]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sonata para el fin del tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sonata-tiempo_129_12675336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f6e57d40-1aba-4b1d-9a1d-5aafa74ac96a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sonata para el fin del tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En busca del tiempo perdido", la monumental novela de Marcel Proust, es una obra musical. Una obra imaginaria, escrita para piano y violín, articula el fluir de la memoria. Y otra real, la escrita para esos instrumentos por César Franck, aunque no fue su única fuente dice, con sonidos, lo mismo que sus personajes. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Hay una novela que encierra todas las novelas. Y una sonata que encierra todas las sonatas. La novela menciona una sonata para piano y viol&iacute;n y esa obra, y las reflexiones acerca de lo que la m&uacute;sica produce en los personajes, articula un relato complej&iacute;simo que no sigue otra cosa que el complej&iacute;simo curso de la memoria y que habla de una b&uacute;squeda, la del tiempo perdido. La novela, <em>&Aacute; la recherche du temps perdu</em>, consta de siete tomos y su autor, <strong>Marcel Proust</strong>, comenz&oacute; a publicarla en 1913. 
    </p><p class="article-text">
        Es, m&aacute;s all&aacute; de la menci&oacute;n a esa sonata de un compositor imaginario llamado Vinteuil, una obra musical. Wagneriana, para m&aacute;s detalle. Una heptalog&iacute;a. Y, tambi&eacute;n, un mapa de la sociedad parisina, de los snobs y de sus consumos en los finales del siglo XIX y comienzos del XX. All&iacute; aparecen 80 pintores, 170 escritores y 40 m&uacute;sicos -<strong>Richard Wagner</strong> a la cabeza con 35 menciones, <strong>Ludwig Van Beethoven </strong>con 25, y <strong>Claude Debussy</strong> con 13- y eso sin considerar adjetivos como &ldquo;wagneriano&rdquo; y t&iacute;tulos de obras como <em>Lohengrin</em>, la &oacute;pera de ese autor que habla del pr&iacute;ncipe del cisne y, por primera vez, de la leyenda de Parsifal. 
    </p><p class="article-text">
        Wagner, en su af&aacute;n totalizador, guarda las semillas del antiwagnerismo. O, dicho de otra manera, pocas cosas resultan m&aacute;s wagnerianas que el antiwagnerismo de Debussy, aquel a quien <strong>Erik Satie</strong>, entonces su amigo, reclamaba, en una carta, &ldquo;hagamos m&uacute;sica pero sin choucrut&rdquo;. Y es que el vuelco que dio la m&uacute;sica en ese fin de siglo no hubiera sido el que fue sin los wagnerianos franceses, sin el lazo -&iquest;invisible, como la m&uacute;sica?- del simbolismo, del lenguaje de sombras y reflejos del impresionismo, y sin esa novela que, como <em>El anillo de los nibelungos</em>, transcurr&iacute;a sin transcurso, o edificaba su propio transcurso, fuera del tiempo, en su b&uacute;squeda del que se hab&iacute;a perdido. De ese texto que inventaba como principio rector una sonata imaginaria. 
    </p><p class="article-text">
        Ese nuevo siglo no hubiera sido el mismo sin <strong>Gabriel Faur&eacute;</strong> y sus melod&iacute;as a&eacute;reas, flotantes sobre el tiempo. &ldquo;Conozco tu obra lo suficiente como para escribir un libro de trescientas p&aacute;ginas sobre ella&rdquo;, le dijo Proust en una carta. Y, sobre todo, sin el verdadero eslab&oacute;n perdido: la wagneriana &ndash;y anti wagneriana, y pre debussysta, sin saberlo&ndash; sonata para piano y viol&iacute;n que encerraba todas las sonatas, la de <strong>C&eacute;sar Franck</strong>. La <em>Sonata </em>de Vinteuil y su &ldquo;peque&ntilde;a frase que tanto le gustaba a Swann&rdquo; hacen su aparici&oacute;n en el primero de los siete tomos, <em>Du c&ocirc;te de chez Swann</em> (las traducciones var&iacute;an pero la m&aacute;s cercana en sentido es <em>Por el camino de Swann</em>). Poco importa si la <em>Sonata</em> de Franck fue o no la &uacute;nica fuente. Todo hace suponer que no. Pero ninguna otra obra expresa en sonido, de una manera tan claro, lo mismo que su relato.
    </p><p class="article-text">
        Proust mira (escucha) a Wagner en su monumental novela. La <em>Tetralog&iacute;a</em> brinda a sus siete partes un modelo de organizaci&oacute;n interna y la suspensi&oacute;n del tiempo del operista fluye como r&iacute;o subterr&aacute;neo de la &ldquo;Recherche&hellip;&rdquo; proustiana. Y esa mirada, esa lectura de Wagner, es profundamente personal -y francesa-. Est&aacute; atravesada por la musicalidad de esa lengua, por la idea de los reflejos m&aacute;s que por la de los contornos, por los peque&ntilde;os salones burgueses y no por los grandes teatros imperiales. Esa visi&oacute;n de Wagner y su tiempo sin tiempo es la misma que la articulada en la <em>Sonata en la mayor</em> de Franck, ese organista nacido en B&eacute;lgica y nacionalizado franc&eacute;s &ndash;el Conservatorio de Par&iacute;s no admit&iacute;a extranjeros&ndash; y que pronto asumir&iacute;a la presidencia de la Sociedad Nacional de m&uacute;sica, en reemplazo de Camille Saint-Sa&euml;ns. 
    </p><p class="article-text">
        Su rivalidad con este compositor, que acababa de estrenar all&iacute; su propia <em>Sonata Op 75</em> para ese mismo instrumental, no es, por otra parte, un dato menor. Y su decisi&oacute;n de escribir su propia sonata para piano y viol&iacute;n no fue un hecho inocente. 
    </p><p class="article-text">
        La primera sonata para piano y viol&iacute;n de Saint-Sa&euml;ns aparec&iacute;a con nombre y apellido en <em>Jean Santeuil</em>, una novela inacabada anterior, y tambi&eacute;n en los primeros borradores de <em>&Aacute; la recherche</em> &hellip;Proust la hab&iacute;a escuchado repetidamente, en una reducci&oacute;n para piano, tocada por su amigo y ocasional amante, el venezolano <strong>Reynaldo Hahn</strong>. En la dedicatoria que escribi&oacute; a <strong>Jacques de Lacretelle</strong>, cuando le envi&oacute; una copia de <em>Por el camino de Swann</em>, dice: &ldquo;En la medida en que la realidad me ha sido &uacute;til (que no es mucha, la verdad), la peque&ntilde;a frase de la Sonata -y nunca se lo he contado a nadie- es (para empezar por el final), en la velada de Saint-Euverte, la encantadora pero finalmente mediocre frase de una sonata para viol&iacute;n de Saint-Sa&euml;ns, un m&uacute;sico que no me gusta.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, si se le cree a Proust &ndash;y no hay motivo para no hacerlo&ndash; no hay misterio alguno. Con su amigo <strong>Antoine Bibesco</strong>, hijo de la due&ntilde;a de uno de los salones que frecuentaba, fue detallista al extremo: &ldquo;La sonata de Vinteuil no es de Franck (&hellip;) la peque&ntilde;a frase es una frase de la sonata para piano y viol&iacute;n de Saint-Sa&euml;ns que tararear&eacute; para ti (&iexcl;tiembla!), los tr&eacute;molos incesantes vienen de un preludio de Wagner, la apertura, su pla&ntilde;idero inicio y final son de la sonata de Franck; los pasajes m&aacute;s espaciosos de la <em>Ballade</em> de Faur&eacute;&rdquo;. La pregunta, en realidad, no es tanto qu&eacute; escuch&oacute; Proust para crear a Vinteuil y su sonata sino cu&aacute;l es la m&uacute;sica que esa novela hace escuchar a quien la lee. Cu&aacute;l la que, en su ruptura del <em>tempo</em> rom&aacute;ntico y sus sistemas narrativos m&aacute;s se aproxima a la <em>recherche</em>, una palabra musical, al fin y al cabo, si se piensa en el <em>ricercare</em> de la antig&uuml;edad. Y en otra dedicatoria y otra obra. La que <strong>Johann Sebastian Bach</strong> escribe para <strong>Federico El Grande de Prusia</strong> cuando le env&iacute;a <em>La ofrenda musical</em>, esa composici&oacute;n armada, tambi&eacute;n, a partir de un leit motiv, un peque&ntilde;o tema, como el de Vinteuil. Era el rey quien supuestamente lo hab&iacute;a &nbsp;creado para que el m&uacute;sico improvisara sobre &eacute;l. &ldquo;Regis Iussu Cantio Et Reliqua Canonica Arte Resoluta&rdquo; (el tema dado por el rey, con agregados, resuelto en el arte del canon), dice bajo su t&iacute;tulo. Y ese texto es un acr&oacute;stico. Las primeras letras de cada una de esas palabras forman entre s&iacute; otra palabra: ricercar. Y, en tren de lacanianismos al paso, bien podr&iacute;a pensarse a ese Swann que se enamora de Odette, con esa doble &ldquo;n&rdquo; tan alemana, como una alusi&oacute;n al cisne wagneriano (<em>Schwan</em>). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por debajo de la l&iacute;nea del viol&iacute;n, delgada, resistente, densa y directriz, se elevaba como en l&iacute;quido tumulto, la masa de la parte del piano, multiforme, indivisa, plana y entrecortada, igual que la agitaci&oacute;n malva de las olas, hechizada y bemolizada por la luz de la luna. Pero en un momento dado, sin poder distinguir claramente un contorno ni dar nombre a lo que le agradaba, seducido de golpe, quiso coger una frutilla o una armon&iacute;a -no sab&iacute;a exactamente lo que era- que al pasar le ensanch&oacute; el alma&rdquo;. En efecto, la descripci&oacute;n de las sensaciones de Swann no se refiere a una sola obra sino al sonido de toda una &eacute;poca. A un canto del cisne, el del romanticismo. A algo que proviene de Wagner pero, a la vez, ya se ha extinguido con &eacute;l y renace, como el cisne de <em>Lohengrin</em> (como Swann), con una forma diferente. Otro peque&ntilde;o tema m&aacute;s, la insistente melod&iacute;a de viol&iacute;n de Franck, que surge una y otra vez, con cambios de color pero no de sustancia, y ese piano que lo genera, con un acorde al borde de lo inaudible en el comienzo, pero que luego fluye desde all&iacute;, turbulento. 
    </p><p class="article-text">
        El mundo sonoro de <em>&Aacute; la recherche&hellip;</em> es el de Faur&eacute; y el de Debussy; el de la difuminaci&oacute;n de los trazos y los contornos. 1913, el a&ntilde;o de la publicaci&oacute;n del primer tomo, es el del estreno de <em>Juegos</em>, de Debussy, la obra que rompe de manera radical con el sistema narrativo de la variaci&oacute;n progresiva del Romanticismo. Y hay un elemento m&aacute;s. El arca&iacute;smo que impregna en esos a&ntilde;os la obra de <strong>Pablo Picasso</strong> y que se transparentar&aacute; frecuentemente en la de <strong>Maurice Ravel</strong>. Esa combinaci&oacute;n entre lo nuevo y las relecturas de lo antiguo se manifiesta en los gustos del escritor, de los que queda como documento el programa del concierto que organiz&oacute;, como colof&oacute;n de una cena en el Ritz de Par&iacute;s, el 1 de julio de 1907: <em>Sonata para viol&iacute;n N&ordm; 1</em> de Faur&eacute;, un <em>Andante </em>de Beethoven (no se especifica cu&aacute;l), un <em>Preludio</em> de <strong>Fr&eacute;deric Chopin</strong> (tambi&eacute;n sin especificaci&oacute;n), &ldquo;Des Abends&rdquo; de <strong>Robert Schumann</strong>, el Preludio de&nbsp;<em>Los maestros cantores</em> de Wagner (en reducci&oacute;n al piano), &ldquo;Idylle&rdquo; de <strong>Emmanuel Chabrier</strong>, &ldquo;Les Barricades myst&eacute;rieuses&rdquo; de <strong>Fran&ccedil;ois Couperin</strong>, un <em>Nocturno</em> de Faur&eacute; (no dice cu&aacute;l), la <em>Muerte de amor de Isolda</em> de Wagner, en la versi&oacute;n para piano de <strong>Franz Liszt</strong>, y la <em>Berceuse</em> de Faur&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        La <em>Sonata</em> de Vinteuil es una obra colectiva; es la que imagina, como a los personajes de la novela, con un poco de cada uno de los que conoce &ndash;y esp&iacute;a&ndash;. No obstante, la composici&oacute;n que, a su manera, cuenta la misma historia que <em>&Aacute; la recherche</em>&hellip; es esa sonata c&iacute;clica en dos partes, cada una de ellas formada por dos movimientos, compuesta por Franck en 1886. All&iacute; est&aacute; su juego con el tiempo, desde ya. Pero, lejos del &uacute;ltimo lugar en importancia, la fascinaci&oacute;n con Wagner y su posible traducci&oacute;n al franc&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esos dos polos &ndash;Wagner y Francia&ndash; marcan la oscilaci&oacute;n de las versiones de una de las obras m&aacute;s interpretadas del repertorio. En el primero de esos extremos bien puede situarse la hist&oacute;rica interpretaci&oacute;n de <strong>David Oistrakh</strong> y <strong>Sviatoslav Richter</strong> en el Conservatorio de Mosc&uacute; en 1968. En el otro podr&iacute;a ubicarse a <strong>Joshua Bell</strong> &ndash;cuyo maestro, <strong>Josef Gingold</strong>, fue disc&iacute;pulo de <strong>Eug&egrave;ne Ysa&yuml;e</strong>, que estren&oacute; la obra y fue su dedicatario&ndash;, y que la grab&oacute; junto con el pianista <strong>Jean-Yves Thibaudet</strong>.&nbsp;La <em>Sonata</em>, que inicialmente no hab&iacute;a estado pensada para Ysa&yuml;e sino para <strong>Armand Parent</strong>, que lo hab&iacute;a ayudado a terminarla, fue registrada por todos los grandes violinistas del &uacute;ltimo siglo y no siempre por pianistas a su altura, quiz&aacute;s olvidando que, como las sonatas de Beethoven &ndash;y como la de Vinteuil&ndash; hab&iacute;an sido concebidas &ldquo;para piano y viol&iacute;n&rdquo; y no al rev&eacute;s.&nbsp;La excepci&oacute;n es <strong>Martha Argerich</strong>, desde ya. <strong>Ivry Gitlis</strong> la registr&oacute; con ella dos veces, en estudio, excelente, y en Beppu, en vivo, olvidable. <strong>Itzhak Perlman</strong>, con ella, aparece quiz&aacute;s demasiado pl&aacute;cido y el notable <strong>Renaud Capu&ccedil;on</strong> no logra corresponder del todo la intacta vitalidad de la pianista, en vivo en el Festival de Aix de 2022.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre las grabaciones ejemplares &ndash;por distintos motivos&ndash; resultan imprescindibles la de <strong>Arthur Grumiaux</strong> &ndash;otro heredero de Ysa&yuml;e por l&iacute;nea directa&ndash; con <strong>Gy&ouml;rgy Sebok</strong>, la de <strong>Catherine Courtois</strong> y <strong>Catherine Collard</strong> &ndash;un modelo de contenci&oacute;n&ndash;, la de <strong>Agustin Dumay</strong> con <strong>Jean-Philippe Collard</strong> &nbsp;y la que para m&iacute; resulta, entre las recientes, no solo perfecta sino de una profundidad y un equilibrio admirable, la registrada por <strong>Alina Ibragimova</strong>, una de las grandes violinistas de la actualidad, con el pianista <strong>C&eacute;dric Tiberghien</strong>. La irrupci&oacute;n de la parte solista del piano &ndash;&ldquo;se elevaba como en l&iacute;quido tumulto [&hellip;], multiforme, indivisa, plana y entrecortada, igual que la agitaci&oacute;n malva de las olas, hechizada y bemolizada por la luz de la luna&rdquo;, escrib&iacute;a Proust&ndash;, el exquisito crecimiento del tema del viol&iacute;n, sus peque&ntilde;as diferencias de timbre y de color, la idea del retorno y del tiempo sin tiempo, no podr&iacute;an haber encontrado una traducci&oacute;n mejor. Las obras &nbsp;que completan el disco &nbsp;&ndash;el <em>Po&egrave;me Elegiaque</em> de Ysa&yuml;e, la <em>Sonata en sol menor</em> de <strong>Louis Viern&eacute;</strong> y el <em>Nocturno para viol&iacute;n y piano</em> de <strong>Lili Boulanger</strong>&ndash; aportan, adem&aacute;s, una nueva capa de significado.
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    </figure><p class="article-text">
        Como ap&eacute;ndice, existen tres discos que rondan de manera brillante el mundo de la sonata de Vinteuil y de los salones proustianos. En uno, titulado <em>Proust, le concert retrouv&eacute;</em>, <strong>Th&eacute;otime Langlois de Swarte</strong>, en un viol&iacute;n Stradivari &ldquo;Davidoff&rdquo; con cuerdas de tripa y <strong>Tanguy de Willencourt</strong> en un piano &Eacute;rard del siglo XIX reproducen, en gran medida, aquel concierto de 1907 en el Ritz. El gran cellista <strong>Steven Isserlis</strong>, junto con <strong>Connie Shih</strong> en piano, interpreta la transcripci&oacute;n de la <em>Sonata </em>de Franck para su instrumento en <em>Music from the Proust&rsquo;s Salons</em>, donde incluye adem&aacute;s piezas de Hahn, Faur&eacute;, Saint-Sa&euml;ns, <strong>Augusta Holmes</strong> y <strong>Henri Duparc</strong>. Y en <em>La sonate de Vinteuil</em>, las hermanas <strong>Maria</strong> y <strong>Natalia Milstein</strong> interpretan todas las posibles obras inspiradoras de Proust incluyendo, adem&aacute;s de Hahn, Saint-Sa&euml;ns y Debussy (aunque no a Franck), su propia -e improbable, aunque bella- hip&oacute;tesis: la <em>Sonata en re menor</em> de <strong>Gabriel Piern&eacute;</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sonata-tiempo_129_12675336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2025 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sonata para el fin del tiempo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcel Proust]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Formas de leer a Proust: Una Introducción a En busca del tiempo perdido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/en-busca-del-tiempo-perdido-marcel-proust_1_9724961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb6ae8ef-0f05-4aa6-948e-11666c17f28a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Formas de leer a Proust: Una Introducción a En busca del tiempo perdido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A cien años de la muerte del narrador por excelencia de la Belle Époque francesa, Walter Romero ha compuesto en páginas la más útil, lúcida y noticiosa introducción contemporánea disponible en castellano a los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido: novela ambiguamente histórica, memoria equívocamente novelesca, ficción capital de la literatura del siglo XX </p></div><p class="article-text">
        Es fama que a Marcel Proust (1871-1922) la originalidad y el g&eacute;nero <em>sui generis</em> al que pertenece <em>En busca del tiempo perdido</em> le cre&oacute; serias dificultades para conseguir publicar el primero de sus vol&uacute;menes. Hab&iacute;a empezado a escribir la vasta novela en 1907 y la hab&iacute;a anunciado como proyecto en varias cartas de mayo y agosto de 1908 enviadas a amigos. Ya en 1909 la ofrece sin suerte al peri&oacute;dico y editorial Mercure de France y, en diciembre de 1912, recibe &ndash;con s&oacute;lo un d&iacute;a de diferencia&ndash; tanto el rechazo de la editorial Fasquelle como el de la Nouvelle Revue Fran&ccedil;aise (NRF) por intermedio de Andr&eacute; Gide, quien m&aacute;s tarde le confesar&aacute; en una carta: &ldquo;El rechazo de este libro ser&aacute; para siempre el m&aacute;s grave error de la NRF&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En busca de editor Proust intenta, a trav&eacute;s de amigos e intermediarios, publicar en el sello Ollendorff, que, dirigido por Alfred Humblot, tambi&eacute;n desestima la propuesta en febrero de 1913. Finalmente, por consejo de su amigo Gaston Calmette &ndash;quien trabajaba en <em>Le Figaro</em>, peri&oacute;dico varias veces mencionado por <em>En busca del tiempo perdido</em>&ndash;, Proust se contacta con la peque&ntilde;a editorial Grasset, donde logra editar su obra en 1913 &ldquo;a cuenta de autor&rdquo;. El volumen que inaugura el ciclo, <em>Por el camino de Swann</em>, lleva una sencilla pero elocuente dedicatoria: &ldquo;Al se&ntilde;or Gaston Calmette, como testimonio de mi profundo y afectuoso agradecimiento. Marcel Proust&rdquo;. Este affaire de la edici&oacute;n y su derrotero &ndash;narrado en cartas inolvidables a su amigo escritor Louis de Robert, &ldquo;el primer amigo de Swann&rdquo;&ndash; da cuenta de los no pocos obst&aacute;culos que debi&oacute; vencer. En 1919, cuando el segundo tomo, <em>A la sombra de las muchachas en flor</em>, obtiene el Premio Goncourt, el esforzado emplazamiento de su obra se consolida, a escasos tres a&ntilde;os de su muerte. &iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; a lo largo de esos cinco a&ntilde;os para que se produjera ese cambio en la recepci&oacute;n de la <em>Recherche</em>? 
    </p><p class="article-text">
        Junto al cimbronazo de la Primera Guerra Mundial y las mutaciones en el campo del arte iniciadas en 1913 surgen las denominadas vanguardias hist&oacute;ricas. Proust no formar&aacute; parte de ninguno de los &ldquo;ismos&rdquo; que se gestan en esa &eacute;poca, aunque se lo incluir&aacute; entre los &ldquo;modernistas literarios de la primera d&eacute;cada del siglo&rdquo;. Seg&uacute;n el escritor y cr&iacute;tico Edmund Wilson, los representantes de ese modernismo de las primeras d&eacute;cadas del siglo son James Joyce, Paul Val&eacute;ry, T. S. Eliot, William B. Yeats y, precisamente, Marcel Proust, como figuras que impulsan importantes transformaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro autor naci&oacute; en Auteuil el 10 de julio de 1871, poco despu&eacute;s del fin de la Guerra Franco-Prusiana y de los sucesos del movimiento insurreccional conocido como la Comuna de Par&iacute;s (18 de marzo-28 de mayo de 1871). Hay, asimismo, otros dos acontecimientos que atraviesan no s&oacute;lo la vida del autor sino tambi&eacute;n el ciclo proustiano: en primer lugar, el Affaire Dreyfus, uno de los grandes subtemas de <em>En busca del tiempo perdido</em>, y, en segundo lugar, la Primera Guerra Mundial. 
    </p><p class="article-text">
        El primer tomo aparece, pues, en los albores de la denominada Gran Guerra y forma parte de un magma de transformaciones en el campo del arte cuyos hitos podr&iacute;an ir desde el poema-pintura <em>La prosa del Transiberiano</em> de Blaise Cendrars y Robert Delaunay hasta el ballet <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em> del m&uacute;sico ruso Igor Stravinsky. Podemos suponer que un movimiento disruptivo &ndash;o que no estaba en el horizonte de las expectativas del p&uacute;blico de la &eacute;poca&ndash; ocurri&oacute; tambi&eacute;n en torno a <em>Por el camino de Swann</em>, que a Proust tanto le cost&oacute; publicar. 
    </p><p class="article-text">
        Una interesante atm&oacute;sfera art&iacute;stica se gener&oacute; tambi&eacute;n a partir de la aparici&oacute;n en la escena parisina de los ballets rusos, con obras como el <em>Preludio a la siesta de un fauno</em> del gran bailar&iacute;n Vaslav Nijinsky, que presagi&oacute; muchos cambios est&eacute;ticos y culturales. La llegada de esta compa&ntilde;&iacute;a de ballet &ndash;a cuyas funciones Proust asisti&oacute;&ndash; propicia, por un lado, un verdadero cosmopolitismo desatado y, a la vez, una v&iacute;vida reflexi&oacute;n en torno a una s&iacute;ntesis de las artes (&ldquo;la obra de arte total&rdquo;), ya preconizada en el siglo XIX por el estreno parisino de la &oacute;pera <em>Tannh&auml;user</em> de Richard Wagner en1861 y por el lema de las &ldquo;correspondencias&rdquo; del 'poeta maldito' Charles Baudelaire. 
    </p><p class="article-text">
        En aquel a&ntilde;o de 1913 surgen tambi&eacute;n las primeras producciones pict&oacute;ricas de Vasili Kandinsky y sus teorizaciones sobre la pintura abstracta. En muchos sentidos se ha hecho referencia a la escritura de Proust como una escritura singular e impresionista, en evocaci&oacute;n del movimiento de las artes visuales desarrollado a partir del cuadro de Claude Monet <em>Impres&iacute;&oacute;n, sol naciente</em>, de 1872. Podr&iacute;amos aventurar, a modo de hip&oacute;tesis, que la de Proust no es una &ldquo;escritura figurativa&rdquo;. Su ficci&oacute;n no queda anclada a los recursos y procedimientos de la novela realista decimon&oacute;nica: funciona, en cambio, como un &lsquo;disolvente&rsquo; de algunas categor&iacute;as que la literatura hab&iacute;a acu&ntilde;ado hasta ese momento. El impresionismo fue &ndash;como postul&oacute; John Berger&ndash; el arco triunfal por el que el arte europeo ingres&oacute; en el siglo XX, e impact&oacute; con fuerza en Proust como uno de los modos en que el efecto (la impresi&oacute;n) prevalece en importancia sobre las causas. El cr&iacute;tico italiano Mario Praz, por ejemplo, reconoce a <em>Los nen&uacute;fares </em>de Monet en el coraz&oacute;n de los nen&uacute;fares que Proust describe sobre los remansos del r&iacute;o Vivonne. Incluso, dada la obsesi&oacute;n proustiana por el detalle y la difuminaci&oacute;n de algunas categor&iacute;as narrativas, esta obra varias veces fue calificada de <em>sobreimpresionista</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Julia Kristeva postula que Proust surge en el momento en que esa entidad un poco estatuaria de los personajes retiene a&uacute;n cierta fascinaci&oacute;n, pero ya est&aacute; en franca mutaci&oacute;n. Proust no s&oacute;lo manipula la categor&iacute;a de personaje; tambi&eacute;n revisita con nuevos signos elementos t&eacute;cnicos y expresivos que, al ser constitutivos de la ficci&oacute;n como se la conoc&iacute;a hasta el momento, reconfiguran toda la literatura del siglo XX y lo vuelven un autor fundacional. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los protagonistas de la importante novel&iacute;stica francesa del siglo XIX aparec&iacute;an descritos con una meticulosidad en muchos casos fison&oacute;mica, a la que Proust responde con personajes construidos m&aacute;s bien a partir de la mirada simult&aacute;nea: es decir, a trav&eacute;s de una t&eacute;cnica perspectivista o, dicho en otras palabras, un modo de representar siempre desde un prisma m&uacute;ltiple. El punto de vista y el trabajo del tiempo ejercen sobre los personajes inesperadas modificaciones, adem&aacute;s de que los aspectos de clase, ascensos y alteraciones en su estatus social trastocan en la evoluci&oacute;n del texto ideas primigenias y primeras impresiones. 
    </p><p class="article-text">
        Si todo ese bloque de novelistas y novelas del siglo XIX que conocemos como 'literatura realista' influye en la producci&oacute;n de Proust, el ciclo proustiano podr&iacute;a ponerse en principio bajo la &eacute;gida del gran proyecto de realismo social que muestra <em>La comedia humana. </em>Este conjunto pol&iacute;grafo y monumental de novelas de Honor&eacute; de Balzac intentaba retratar las distintas capas sociales y humanas de Francia hasta 1850. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la sociedad que describe Proust, la mayor&iacute;a de sus personajes son de clase ociosa; viven de rentas y nobles herencias. Incluso podr&iacute;a pensarse que el ocio de esas figuras es una de las condiciones de posibilidad de la novela: es su car&aacute;cter de personas ociosas lo que permite que la narraci&oacute;n &lsquo;funcione&rsquo;. A diferencia de Balzac, quien siempre especifica de qu&eacute; viven los personajes (y aun concretamente cu&aacute;nto ganan), en Proust el universo del trabajo est&aacute; pr&aacute;cticamente ausente. Proust destruye el mito de la educaci&oacute;n aristocr&aacute;tica al concluir que el ocio y el dinero juntos no refinan el gusto sino m&aacute;s bien lo contrario. Resulta c&oacute;mico, y les pedir&iacute;a que retengan este concepto a prop&oacute;sito de la obra de Proust, el modo en que el autor describe a los miembros de las clases altas. Algunos de estos personajes se han educado en el arte y dedican parte de su tiempo a esta actividad, pero nunca llegan a ser grandes artistas: sus obras no se exponen en el Louvre sino en la Galer&iacute;a Charpentier, una galer&iacute;a m&aacute;s reconocida por sus <em>vernissages</em> que por los cuadros que exhibe. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los &ldquo;nuevos ricos&rdquo;, hay en Proust cierta reivindicaci&oacute;n de esos personajes, a quienes les otorga una sensibilidad moral casi mayor que a los arist&oacute;cratas. En todo caso, para el autor la fineza no es hereditaria sino que incluso parece mermar a trav&eacute;s de las generaciones: los hijos ser&iacute;an menos refinados que los padres, y los nietos menos todav&iacute;a. Los &uacute;nicos personajes que manifiestan una necesidad real de arte son los marginales. Las dos figuras de o<em>utsiders</em> m&aacute;s ejemplares de este ciclo son el enigm&aacute;tico Charles Swann (en cuyo nombre resuena la palabra &lsquo;cisne&rsquo; en ingl&eacute;s, con el agregado de una distintiva ene), y el bar&oacute;n de Charlus, esnob y homosexual. Proust rescata a ambos personajes por distintas razones. A Swann, porque combina dinero y gusto art&iacute;stico; al bar&oacute;n, por tratarse de un noble &ndash;cuya aristocracia se funda en su &ldquo;educaci&oacute;n sensorial&rdquo;&ndash; o, tal vez, porque sus inclinaciones sexuales lo han llevado a ese extremo refinamiento. Michel Z&eacute;raffa sostiene la idea de que Swann y Charlus son los otros narradores de este gran relato en primera persona de Marcel, pero que a diferencia de este Narrador son narradores que &ldquo;no comprendieron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Proust compone una s&aacute;tira mundana y una extraordinaria cr&iacute;tica social de los esnobs &ndash;haciendo una suerte de &ldquo;holocausto del esnobismo&rdquo;, seg&uacute;n postula Albert Thibaudet&ndash;, siendo esnob &eacute;l mismo. Todo el sesgo proustiano se ti&ntilde;e por lo tanto de una mundanidad que humaniza pertenencias, deseos de ascensos sociales y contradicciones que, en muchos casos, han definido a la obra de Proust &ndash;generalmente tildada de filos&oacute;fica&ndash; como una obra eminentemente c&oacute;mica, permeada profusamente de v<em>is comica</em>. El concepto de comedia, que ineludiblemente remite al universo delpoeta medieval intaliano Dante Alighieri (<em>Divina Commedia</em>) y al del novelista franc&eacute;s realista y decimon&oacute;nico Balzac (<em>La Comedia Humana</em>), recibe en Proust insospechados afluentes. El chisme, el cotilleo, un min&uacute;sculo e irreverente detalle dispara o libera tensiones humor&iacute;sticas. Lo marca la impronta del di&aacute;logo r&aacute;pido o de la r&eacute;plica ingeniosa del teatro c&oacute;mico de boulevard y de vaudeville, que Proust remedaba de autores como Henri Meilhac, Eug&egrave;ne Labiche o Georges Feydeau. Su construcci&oacute;n caricaturesca absorbe la gran tradici&oacute;n decimon&oacute;nica de la caricatura, o, sin m&aacute;s, la ingeniosidad del <em>Witz</em>, del chiste de o sobre el ghetto, que a Proust, autor de <em>Los placeres y los d&iacute;as</em>,<em> </em>le llega a trav&eacute;s de su familia materna de origen jud&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        En busca del tiempo perdido se trata, en definitiva, de una comedia. Proust se apropia de lleno, por efecto de contacto, de la mundanidad extendida entre los a&ntilde;os 1890 y 1910. Proust vuelve m&aacute;s ontol&oacute;gico a Balzac: el personaje Vautrin, el falso abate Herrera, se convierte en el dudoso pero indudable bar&oacute;n de Charlus. Hay dos movimientos culturales y literarios en los que Proust abrev&oacute; a fines del siglo XIX. Por un lado, el <em>decadentismo</em> esteticista. No en vano se ha definido a Proust como un escritor esteta. Por otro lado, como contracara de este movimiento, y aunque en principio pueda parecer alejado del autor de <em>En busca del tiempo perdido</em>, el naturalismo, en su voluntad de &lsquo;documentar&rsquo; aunque con estro refinado. &ldquo;Proust es naturalismo con microscopio&rdquo;, defini&oacute; J&oacute;zef Czapski.
    </p><p class="article-text">
        <em>AGB</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>T&iacute;tulo:</strong> Formas de leer a Proust: Una introducci&oacute;n a <em>En busca del tiempo perdido</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Autor:</strong> Walter Romero
    </p><p class="article-text">
        <strong>P&aacute;ginas:</strong> 108
    </p><p class="article-text">
        <strong>Editorial: </strong>Malba (Colecci&oacute;n Cuadernos - Malba Literatura)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/en-busca-del-tiempo-perdido-marcel-proust_1_9724961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2022 19:18:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Formas de leer a Proust: Una Introducción a En busca del tiempo perdido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lectura,Literatura,Francia,Novelas,Marcel Proust]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Walter Romero, profesor de Literatura Francesa: "La mayor desgracia para Marcel, morir sin terminar la obra"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/walter-romero-profesor-literatura-francesa-mayor-desgracia-marcel-morir-terminar-obra_128_9724309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d883282a-f279-4a84-bd15-208c64676685_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Walter Romero, profesor de Literatura Francesa: &quot;La mayor desgracia para Marcel, morir sin terminar la obra&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante décadas, el periodismo usó como modelo de entrevista personal las treinta preguntas que en 1890 respondió un muy joven aspirante a escritor. Al morir el 18 de noviembre de 1922, Marcel Proust había concluido la monumental y memoriosa En busca del tiempo perdido. Un siglo después, a pedido de elDiarioAR, Walter Romero repasa con penetración y sagacidad el 'Cuestionario Proust', desde la perspectiva del final de la vida de un autor adulto que ya ha escrito una de las novelas capitales de la cultura occidental del siglo XX.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.	&iquest;Principal rasgo de tu car&aacute;cter?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ser hipersensible. Felizmente nervioso. Curioso de todo. A veces algo caprichoso como un ni&ntilde;o. Un poco neurast&eacute;nico. Un poco ni&ntilde;o mimado. Obseso por los detalles. Con alma preciosista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. &iquest;Qu&eacute; cualidad aprecias m&aacute;s en un hombre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La bondad, ante todo. Y, entre los hombres de la vida de Proust, el desd&eacute;n de su amigo de colegio Jacques Bizet que no le correspondi&oacute; los deseos primeros. Las ternuras de su novio m&aacute;s rom&aacute;ntico, Lucien Daudet. Los cari&ntilde;os de su pareja Reynaldo Hahn, el m&uacute;sico franco-venezolano. Y, entre los amores plat&oacute;nicos, Alfred Agostinelli, secretario y chofer de Proust y acaso su gran amor, muerto tr&aacute;gicamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. &iquest;Y en una mujer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo femenino como encarnaci&oacute;n absoluta del misterio: nunca saber del todo qu&eacute; hay detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. &iquest;Qu&eacute; esperas de tus amigos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. &iquest;Tu principal defecto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dar propinas excesivas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. &iquest;Tu ocupaci&oacute;n favorita?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Voluntario en el servicio militar, la &eacute;poca m&aacute;s feliz de Proust en la milicia y rodeado de hombres sanos, fuertes y j&oacute;venes
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. &iquest;Tu ideal de felicidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivir por siempre junto a su comandante dom&eacute;stica y ama de llaves, C&eacute;leste Albaret.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a tu mayor desgracia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Morir sin haber logrado terminar su obra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. &iquest;Qu&eacute; te gustar&iacute;a ser?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un nen&uacute;far que transporta el r&iacute;o Vivonne.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. &iquest;En qu&eacute; pa&iacute;s desear&iacute;as vivir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la infancia, ese para&iacute;so perdido y siempre recobrado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>11. &iquest;Tu color favorito?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Algo del orden del amarillo. Como ese detalle en el cuadro de Vermeer <em>Vista de Delft</em> en que un trocito de pared amarilla concentra una superposici&oacute;n de capas de color, como quien escribe frases preciosas en s&iacute; mismas, fundidas en un color &uacute;nico, hecho de gamas a&ntilde;adidas, una sobre la otra, hasta lograr una sutilidad &aacute;urea y ambarina. Fue en 1902 que Proust, en uno de los pocos viajes que hace fuera de Francia, contempla en Holanda, por vez primera, este cuadro que lo conmueve. En la <em>Recherche du temps perdu</em>, un personaje, Swann, es especialista en Vermeer. Cuando el cuadro llega de La Haya y se expone en una muestra en el museo Jeu de Paume, Proust puede verlo en Par&iacute;s y se inspira para la famosa escena de la muerte del escritor Bergotte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. &iquest;La flor que m&aacute;s le gusta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las catleyas, esas orqu&iacute;deas ultra sofisticadas. Las muchachas en flor cuya edad es siempre un p&eacute;talo turgente. Los hombres-flores por sus delicadezas. Las flores hermafroditas que abundan entre los invertidos. Las j&oacute;venes como Albertina, esa rosa carnal. Los lirios que le gustan a John Ruskin. Las lilas, tambi&eacute;n. La flor es casi siempre un s&iacute;mbolo de la intimidad femenina, o de los invertidos, esos hombres-mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>13. &iquest;El p&aacute;jaro que prefieres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El p&aacute;jaro sagrado es el poeta, el alma./ Nuestra alma es poes&iacute;a. &iexcl;Ha callado, ay, el p&aacute;jaro!/ Son&aacute;mbulos quejosos, con caricias o a golpes,/ &iquest;hacia d&oacute;nde corremos olvidando nuestra alma?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>14. &iquest;Tus autores favoritos en prosa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los ingleses, por lejos. Y George Sand, un poco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>15. &iquest;Tus poetas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Baudelaire, el pr&iacute;ncipe.
    </p><p class="article-text">
        <strong>16. &iquest;Un h&eacute;roe de ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Stephen Smith en <em>Un par de ojos azules</em> de Thomas Hardy, una de las novelas preferidas de Proust. O cualquiera de los h&eacute;roes de George Eliot. O alguno en las novelas magistrales de George Meredith. O de <em>La casa desolada</em> de Dickens, el encantador pero depresivo John Jarndyce. Todos ingleses.
    </p><p class="article-text">
        <strong>17. &iquest;Una hero&iacute;na?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Madame de Sevign&eacute;, la m&aacute;s grande escritora de siglo XVII.
    </p><p class="article-text">
        <strong>18. &iquest;Tu m&uacute;sico favorito?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Wagner ante todo, y luego Beethoven, el Baudelaire de la m&uacute;sica. Y una pieza de pura y fantasiosa invenci&oacute;n que a&uacute;n no se ha escrito pero &ldquo;suena&rdquo;: la sonata de Vinteuil, el himno del amor de Swann y Odette de Cr&eacute;cy y su frasecita de evocaci&oacute;n que despierta m&uacute;ltiples sensaciones. Esa peque&ntilde;a frase tal vez se base en la Sonata para viol&iacute;n y piano de C&eacute;sar Franck o en la Sonata en re menor de Camille Saint-Sa&euml;ns o en la Sonata para piano de Gabriel Faur&eacute;. O en una <em>m&eacute;lange</em> &uacute;nica surgida de la mente de Proust.
    </p><p class="article-text">
        <strong>19. &iquest;Tu pintor preferido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En este orden: Giotto, Botticelli, Carpaccio, Mantegna y Tiziano. Como si de un mantra se tratase.
    </p><p class="article-text">
        <strong>20. &iquest;Tu h&eacute;roe de la vida real?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El profesor Alphonse Darlu que ense&ntilde;aba en el Liceo Condorcet donde Proust curs&oacute; sus a&ntilde;os de preparaci&oacute;n para producir a&ntilde;os despu&eacute;s su fenomenal filosof&iacute;a del recuerdo en la que mezcl&oacute; teor&iacute;as de su maestro con el pensamiento de Henri Bergson.
    </p><p class="article-text">
        <strong>21. &iquest;Tu nombre favorito?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Albertine es el raro nombre feminizado de Albert con que Proust bautiza a su personaje m&aacute;s enigm&aacute;tico, el m&aacute;s complejo de los personajes del siglo XX, el personaje m&aacute;s nombrado en toda la <em>Recherche</em>. Es fama que Proust acaso lo tom&oacute; de un cuento de Barbey d&rsquo;Aurevilly.
    </p><p class="article-text">
        <strong>22. &iquest;Qu&eacute; h&aacute;bito ajeno no soportas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La avaricia en todas sus formas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>23. &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s detestas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que usen perfumes, la maldici&oacute;n de todo asm&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>24. &iquest;Una figura hist&oacute;rica que te ponga mal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo aquel que se oponga a Georges Clemenceau, primer ministro y adem&aacute;s de jefe de gobierno del r&eacute;gimen de la Tercera Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>25. &iquest;Un hecho de armas que admires?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en que Proust desafi&oacute; a duelo Jean Lorrain por tildarlo de <em>homosexual</em> y mofarse de sus amaneramientos y de sus relaciones &iacute;ntimas con Lucien Daudet. Ocurri&oacute; el 6 de febrero de 1897, una lluviosa ma&ntilde;ana en el bosque de Meudon. Ambos duelistas depusieron las armas pero nadie sali&oacute; ileso, porque la honra qued&oacute; manchada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>26. &iquest;Qu&eacute; virtud desear&iacute;as poseer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pintar como los impresionistas y as&iacute; &ldquo;fijar la sensaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>27. &iquest;C&oacute;mo te gustar&iacute;a morir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como realmente ocurri&oacute;: en su casa, en su habitaci&oacute;n, rodeado de su obra recientemente acabada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>28. &iquest;Cu&aacute;l es el estado m&aacute;s com&uacute;n de tu &aacute;nimo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estar alerta y dispuesto a los cambios imprevistos cual caleidoscopio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>29. &iquest;Qu&eacute; defectos te inspiran mayor indulgencia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La venalidad en todas sus formas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>30. &iquest;Tienes una m&aacute;xima?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Amar es celar.
    </p><p class="article-text">
        <em>AGB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/walter-romero-profesor-literatura-francesa-mayor-desgracia-marcel-morir-terminar-obra_128_9724309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2022 16:07:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Walter Romero, profesor de Literatura Francesa: "La mayor desgracia para Marcel, morir sin terminar la obra"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Literatura,Marcel Proust]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Borges, Proust, Natalia Denegri y el derecho al olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/borges-proust-natalia-denegri-derecho-olvido_129_8742591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Borges, Proust, Natalia Denegri y el derecho al olvido"></p><p class="article-text">
        <strong>Borges, el escritor del olvido, fue el maestro del resumen. </strong>Su renuncia a la novela para no malograr por extensi&oacute;n la intensidad de las ideas, su afici&oacute;n a divulgar la gracia de los lenguajes formales y el inter&eacute;s de lo que a&uacute;n hoy llamamos, como &eacute;l, las tramas, o sea al cabler&iacute;o de acero del que cuelgan las aventuras, alcanz&oacute; dos grandes momentos de fobia: &ldquo;Pierre Menard, autor de El Quijote&rdquo; y &ldquo;Funes, el memorioso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ambos cuentos revelan la monstruosidad del recuerdo, al que para ser m&aacute;s precisos podemos llamar tambi&eacute;n repetici&oacute;n. Un tipo de repetici&oacute;n art&iacute;stica o artesanal, en estos casos expresados como tristes emulaciones de las respectivas experiencias de escribir y vivir. <strong>Escribir exactamente lo que se ley&oacute;, o recordar exactamente lo que se ha vivido es (no nos importan las ex&eacute;gesis triunfantes de esos cuentos) un desplazamiento hacia una zona infernal de la vida.</strong> Se trata del infierno del todo, por no decir del &ldquo;todo de nuevo&rdquo;, una manifestaci&oacute;n insoportable de la totalidad como lo &uacute;nico, como lo mismo. El punto del que no se puede salir. Lo que anula el curso del tiempo, esa bestia alimentada del presente que para Borges &ldquo;bajaba&rdquo; del futuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Funes es la prueba uruguaya de que si se recuerda no se puede vivir.</strong> Los eventos no pasan. Que queden estacionados enloquece la percepci&oacute;n e impone una organizaci&oacute;n no jer&aacute;rquica de la vida. All&iacute;, la banalidad m&aacute;s baja tiene el m&aacute;ximo rendimiento de conservaci&oacute;n. La vida es un museo de criterios indiscriminados. Quiz&aacute;s haya una lecci&oacute;n inesperada en esta falla de experimentar una vida sin p&eacute;rdidas, sin aire que corra entre los hechos: nadie decide sobre sus recuerdos. &iquest;Qu&eacute; es lo que puede recordar uno de s&iacute; mismo? &iquest;Y uno de los dem&aacute;s? &iquest;Y los dem&aacute;s de uno? &iquest;Y los dem&aacute;s de los dem&aacute;s? Y esos recuerdos que caen de la memoria en hilachas retr&aacute;ctiles, que se asoman y se esconden, se extienden y se comprimen, &iquest;cu&aacute;nto tiempo pueden sostener su &ldquo;verdad&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Proust, el escritor de la memoria (de la memoria como regodeo en la muerte), hizo de&nbsp;<em>Vista de Delf</em>, de Veermer (&ldquo;un artista desconocido para siempre&rdquo;) un punto h&iacute;per concentrado de atenci&oacute;n, digamos un memorial fetiche m&aacute;s c&eacute;lebre que sus remanidas madelaines de concha (para 12 unidades: 140 g. de manteca, 2 huevos, 125 g. de az&uacute;car, 140 g. de harina, una cucharada de levadura, una cucharada de esencia de vainilla). <strong>Y es m&aacute;s c&eacute;lebre porque las madelaines son el recuerdo de un hecho de panificaci&oacute;n m&aacute;s o menos subjetivo.</strong> Mientras que la contemplaci&oacute;n de un cuadro de Veermer, del que los maestros de historia del arte nos dicen qu&eacute; es antes de que nazcamos, es un hecho m&aacute;s o menos objetivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De&nbsp;<em>Vista de Delf,&nbsp;</em>de todo el cuadro<em>,&nbsp;</em>Proust nos subraya el inter&eacute;s de un cr&iacute;tico por un detalle: una pared pintada de amarillo. Como su nombre lo indica, el cuadro es una vista de Delf, de la que se ven barcos anclados en su puerto desde la orilla contraria, donde unas personas observan el paisaje mientras son parte del paisaje. Y el paisaje incluye, por supuesto, una nubes holandesas heladas condicionando la luz del cielo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sol cae desparejo, y en esa ambivalencia, un haz da de lleno contra una pared amarilla en la que se hunde la oscuridad de una ventana de &aacute;tico. A Bergotte, el personaje escritor que va a morir en &ldquo;La prisionera&rdquo;, el quinto ladrillo de&nbsp;<em>En busca del tiempo perdido,&nbsp;</em>se le han disparado los n&uacute;meros de la uremia, no obstante lo cual sale de su casa y va a ver el cuadro. Lo ve. Lo ve todo, pero de todo lo que ve se queda con algo: la pared amarilla. Antes, no le hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n. Directamente, ese detalle no estaba en su memoria. Pero s&iacute; en la del cr&iacute;tico, por el que se arriesg&oacute; a salir con su salud deshecha. Entonces vio la pared &ldquo;como la mariposa amarilla que un ni&ntilde;o querr&iacute;a agarrar&rdquo;, se dijo: &ldquo;As&iacute; tendr&iacute;a que haber escrito yo&rdquo;, y muri&oacute;, porque as&iacute; de melodram&aacute;tico es el arte proustiano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quedarse con algo (incluso con lo que antes fue desapercibido) como Bergotte con ese fragmento de pared clareada por el sol, nos recuerda la din&aacute;mica y la estructura cambiantes del recuerdo. &iquest;Por qu&eacute; fijarlo? En honor a la verdad, seguro que no. <strong>La verdad va y viene en al carro del lenguaje que la saque a pasear.</strong> Sin embargo, la tendencia, a&uacute;n hoy en este mar de dispersi&oacute;n, es hacer una memoria que quede fija, sembrar de monumentos el recuerdo y darle a una parte lo que no se podr&iacute;a obtener del todo. Una calamidad policial que le debemos a la tecnolog&iacute;a, que si no es tecnolog&iacute;a del movimiento lo es de la memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta larga introducci&oacute;n con Borges y Proust de adornos de lujo obedece a una causa justa: <strong>recordar que el 17 de marzo, la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n tratar&aacute; en audiencia p&uacute;blica el llamado &ldquo;derecho al olvido&rdquo; por una denuncia de Natalia Denegri contra Google por asociar su nombre con el &ldquo;Caso C&oacute;ppola&rdquo;, por el que la conocimos juntos a otros grandes personajes del teatro de la vida.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Denegri no quiere que se olviden de ella, sino que no la recuerden&nbsp;<em>exclusivamente&nbsp;</em>como una chica de 17 que cantaba &ldquo;&iquest;Quien me la puso?&rdquo; antes o despu&eacute;s de alguna&nbsp;batalla campal organizada por Mauro Viale en los estudios de Am&eacute;rica T.V.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora tiene 43 y desear&iacute;a que cuando escribamos su nombre en el buscador de Larry Page y compa&ntilde;&iacute;a no aparezca asociado a la velocidad del rayo a una caterva de delears de los a&ntilde;os '90. Preferir&iacute;a, con raz&oacute;n, que&nbsp;en &ldquo;noticias destacadas&rdquo; saltara en primer lugar su ficha de Wikipedia: &ldquo;actriz, conductora de televisi&oacute;n, productora y escritora argentina, residente en Miami&rdquo;; &ldquo;ha ganado diecisiete premios Emmy&rdquo; con documentales &ldquo;humanitarios&rdquo; sobre Venezuela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El derecho al olvido es, en realidad, el derecho a no dejar que lo que sea que fuimos o somos se cristalice en una escena. </strong>Hay en esa jibarizaci&oacute;n de sinsentido biogr&aacute;fico una injusticia po&eacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a ser reducido con precisi&oacute;n a una sola escena, a una sola frase, a una sola imagen solamente porque es&nbsp;<em>memorable</em>&nbsp;para los otros? Esta claro que la experiencia de vivir tiene matices selv&aacute;ticos y des&eacute;rticos, por lo general ignorado hasta por sus protagonistas. O se tiene una historia de vida productiva, ese tipo de historia insoportable en la que el h&eacute;roe o el amanuense del h&eacute;roe nos cuenta todo lo que hizo, o sea todo lo que produjo. O se arrea la&nbsp;vida para confinarla en un hecho aislado y representativo en el peor sentido dram&aacute;tico. Salvo que ese hecho aislado sea Er&oacute;strato incendiando Artemisa o Bin Laden Manhattan. <strong>Queda para una literatura del silencio que nadie va a escribir, contar la vida de quienes nunca hicieron nada (los hay, los hay).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Natalia Denegri no es, no puede ser, solamente una chica que se trenza en lucha con otras mujeres desde hace treinta a&ntilde;os y desfila tarde y noche por las pantallas mientras canta una canci&oacute;n, la &uacute;nica que grab&oacute; en su vida, para darle al basural que la contrat&oacute; una chispa m&aacute;s de &ldquo;doble sentido&rdquo;. Eso tiene un l&iacute;mite. Por eso nuestros corazones laten de felicidad al saber que los supremos de la Naci&oacute;n Argentina, esos pr&iacute;ncipes de la jurisprudencia, el secretismo, las acordadas, las coordenadas intrigantes, los trajes de Giesso, los autos blindados, el tributo cero a la oficina de impuestos, el brindis navide&ntilde;o a lo revista Gente, las mesas ovales, las secretar&iacute;as, los conmutadores, las ferias y las masas finas van a obligarse a ver una y otra vez, porque es un gaje del oficio, el video de &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n me la puso?&rdquo; y los archivos en los que Yayo Cozza, Samantha Farjat, el ex Juez Berlusconi y la Momia Demelli redujeron al pa&iacute;s en &ldquo;un caso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Veo en ese futuro que est&aacute; llegando al Doctor Lorenzetti, al Doctor Rosenkrantz y al resto de los otros doctores, absorber hasta el &uacute;ltimo segundo de VHS para impartir el fallo que estamos esperando desde El D&iacute;a del Jarr&oacute;n. Nada hay m&aacute;s importante que este asunto.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; la ceremonia? &iquest;Habr&aacute; risas contenidas, habr&aacute; iron&iacute;as solapadas? &iquest;O imperar&aacute; el ce&ntilde;o fruncido de siempre, la legendaria seriedad sacerdotal, los nervios bajo control?&nbsp;Los esperamos, amigos de la Corte, para hacernos una imagen definitiva de ustedes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/borges-proust-natalia-denegri-derecho-olvido_129_8742591.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Feb 2022 03:04:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Borges, Proust, Natalia Denegri y el derecho al olvido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,Marcel Proust,Derecho al olvido]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/diez-lineas-interpretativas-aleph-metaliteratura_132_8189534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df28f462-106f-4f21-988a-58e0a8cd562a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este, uno de sus grandes cuentos, Borges ajustó cuentas con Dante y con Shakespeare, y ficcionalizó su gran derrota amorosa/literaria en el triángulo con Norah Lange y Oliverio Girondo y su derrota en el Premio Nacional de Literatura de 1942.</p><p class="subtitle">Inscripción abierta - Pez Banana invita a la charla gratuita que Santiago Llach dará sobre "El Aleph”. Será este miércoles a las 17:30.</p></div><p class="article-text">
        Borges est&aacute; de moda, quiz&aacute;s porque siempre eludi&oacute; las modas intelectuales y quiz&aacute;s porque la vida se ha vuelto digital, y la vida digital es muy literaria, y nadie pens&oacute; la literatura mejor que Borges; t&oacute;picos actuales como la identidad de g&eacute;nero (&iexcl;qu&eacute; hay en un nombre, Romeo!) pueden ser pensados a la luz de la profundidad con la que Borges oper&oacute; y pens&oacute; el lenguaje y la identidad personal. Su mirada miope, maltrecha, esquinada y orillera sobre el mundo (ladina como la del pulpero Recabarren en el cuento &ldquo;El fin&rdquo;) result&oacute; prof&eacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Jorge Luis Borges                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Sus textos est&aacute;n vivos porque son pastillas comprimidas de las que es posible extraer tiras y tiras de interpretaciones, y la maldici&oacute;n del lector de Borges es que todas las lecturas parecen haber sido previstas por &eacute;l. Pillo, Borges se convirti&oacute; en autor siempre parado en el mostrador del lector, y ejerce con picard&iacute;a sobre nosotros su rol de controlador de las aduanas del sentido. Sus textos son como canciones: resisten muchas lecturas y en cada lectura descubrimos una nueva pista que nos descoloca. En las pr&oacute;ximas semanas, la editorial <strong>Ampersand </strong>publicar&aacute; en espa&ntilde;ol &ldquo;El m&eacute;todo Borges&rdquo;, un estudio en el que el estadounidense <strong>Daniel Balderston</strong> --quiz&aacute;s el n&uacute;mero uno de los muchos especialistas en Borges-- analiza algunos de sus manuscritos en busca de los secretos gen&eacute;ticos de su escritura.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sus textos están vivos porque son pastillas comprimidas de las que es posible extraer tiras y tiras de interpretaciones, y la maldición del lector de Borges es que todas las lecturas parecen haber sido previstas por él.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El cuento &ldquo;El Aleph&rdquo; es una obra cumbre de Borges</strong>. La historia, como suele ocurrir, es muy simple: un hombre (Borges) visita seguido al primo de su amada muerta; el primo, Carlos Argentino Daneri --escritor como el personaje Borges--, le muestra un d&iacute;a una &ldquo;esfera tornasolada&rdquo; que tiene escondida en el s&oacute;tano, en la que se ven &ldquo;todos los puntos del espacio&rdquo;. Borges, descre&iacute;do, accede a mirarlo, y su maravillosa visi&oacute;n lo deja a la vez asombrado y triste: en ese punto que contiene todos los puntos del Universo ve tambi&eacute;n que su amada Beatriz se mandaba cartas pornogr&aacute;ficas con su primo Carlos Argentino. Para colmo, poco despu&eacute;s Carlos Argentino gana un premio en un concurso al que Borges tambi&eacute;n hab&iacute;a enviado una obra suya, que no recibi&oacute; ni un solo voto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Aleph&rdquo; es la historia de un doble duelo del personaje Borges: duelo dolido por Beatriz Viterbo (la amada muerta) y duelo de masculinidad con Carlos Argentino Daneri por Beatriz Viterbo; es una s&aacute;tira sobre la literatura y la vida literaria; es un cuento fant&aacute;stico en el cual, como en casi todos los cuentos fant&aacute;sticos de Borges, un don aparentemente maravilloso resulta perturbador; y es un texto sobre los l&iacute;mites y las posibilidades del lenguaje y de la mente.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“El Aleph” es la historia de un doble duelo del personaje Borges: duelo dolido por Beatriz Viterbo (la amada muerta) y duelo de masculinidad con Carlos Argentino Daneri por Beatriz Viterbo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;Propongo a continuaci&oacute;n algunas l&iacute;neas interpretativas de las que se puede tironear para seguir pensando a Borges:
    </p><p class="article-text">
        1) <em>Forza Italia</em>: &ldquo;El Aleph&rdquo; es una versi&oacute;n de la <em>Divina Comedia</em>: un relato realista y fant&aacute;stico a la vez, narraci&oacute;n de aprendizaje de un escritor, en el que un poeta desciende a los infiernos (s&oacute;tano) guiado por otro poeta (Daneri = Dante Alighieri, que en este caso es gu&iacute;a y no guiado), bajo el recuerdo de su amada (Beatriz en ambas obras) y en procura de la poes&iacute;a/visi&oacute;n divina. El chiste de Borges es que a esa operaci&oacute;n de lectura de la obra cumbre de la literatura italiana le adosa una s&aacute;tira sobre los italianos inmigrados recientemente a la Argentina (Zunini, Zungri y otros apellidos con Z). En la clase alta argentina, cuando un heredero o heredera se pon&iacute;an de novios con alguien de origen italiano, se dec&iacute;a que la familia &ldquo;se manchaba de tuco&rdquo;. Borges, un estratega del pu&ntilde;al y el mimo, eleva a lo italiano y se burla simult&aacute;neamente de &eacute;l, sabiendo que el cocoliche que hablaban los inmigrantes recientes se parec&iacute;a, en tanto lenguaje coloquial, al toscano al que Dante hab&iacute;a llevado a la categor&iacute;a de lengua literaria. Los inmigrantes italianos se quedan con la casa de los Viterbo y, metaf&oacute;ricamente, con la Buenos Aires que hab&iacute;a sido de la aristocracia criolla a la que Borges adher&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        2) <em>El lenguaje exclusivo</em>: Borges maneja intuitivamente los desarrollos te&oacute;ricos que llevan a cabo los ling&uuml;istas de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. Uno de ellos (aludido tambi&eacute;n en el trayecto que va del toscano de Dante al idioma que hablan los inmigrantes italianos) es el hecho de que el lenguaje cambia, de que es una tecnolog&iacute;a viral cuya virtud es el cambio (algo que no advierten quienes objetan el llamado lenguaje inclusivo en nombre de una pureza de la lengua que no existe). El personaje Borges se burla de la solemnidad de Daneri, pero el Borges autor es bien consciente tambi&eacute;n de su propia solemnidad (el comienzo del cuento es a la vez maravilloso y solemne). Lo que en general se denomina &ldquo;solemnidad&rdquo; es el uso de expresiones gastadas por el uso, el registro deficiente del cambio ling&uuml;&iacute;stico. Cuando tiene que describir el Aleph, Borges desespera: no encuentra palabras. Y regala en ese momento la definici&oacute;n m&aacute;s hermosa del lenguaje que conozco: &ldquo;Todo lenguaje es un alfabeto de s&iacute;mbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten&rdquo;. Cada vez que un hablante usa una expresi&oacute;n, en ella est&aacute;n todas las veces en que fue usada, los esfuerzos, las torsiones y los aciertos de cada ser humano en los sucesivos intentos de nombrar los distintos aspectos de lo real. En cada hecho ling&uuml;&iacute;stico, parece decir Borges, est&aacute; como un fantasma la historia de lo que quiso ser expresado, la historia de eso que llamamos humanidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cada hecho lingüístico, parece decir Borges, está como un fantasma la historia de lo que quiso ser expresado, la historia de eso que llamamos humanidad.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        3) <em>Borges in love</em>: Su atrevido bi&oacute;grafo Edwin Williamson subraya el papel crucial que jug&oacute; para Borges su fallida historia de amor con la hermosa escritora pelirroja <strong>Norah Lange</strong>, perdida a manos (usemos esa expresi&oacute;n de antiguo r&eacute;gimen a riesgo de que sea cancelada) de su rival literario Oliverio Girondo, a quien desde entonces Borges vot&oacute; todos los a&ntilde;os como el peor escritor argentino. Beatriz Viterbo es sin duda Norah Lange, pero tambi&eacute;n es la joven Estela Canto, una mujer moderna y desprejuiciada a quien Borges apretaba contra las barandas del mirador del Parque Lezama, y a quien le regal&oacute; un caleidoscopio, ese objeto infantil que lo inspir&oacute; para perge&ntilde;ar &ldquo;El Aleph&rdquo;.
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                Norah Lange.                            </span>
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        4) <em>Carlos Argentino Daneri, autor de </em>En busca del tiempo perdido: Cuatro a&ntilde;os antes de &ldquo;El Aleph&rdquo;, el primer cuento (cuento con muchas comillas) que escribi&oacute; Borges despu&eacute;s del accidente que casi le cuesta la vida fue &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo;. &ldquo;Menard&rdquo; es una bomba neutr&oacute;nica que postula a la literatura como una actividad de colaboraciones f&eacute;rtiles.
    </p><p class="article-text">
        Una de las influencias menos estudiadas de Borges es la de <strong>Marcel Proust</strong>. Es sorprendente la cantidad de recursos y t&oacute;picos de Proust que resuenan en su obra. Proust era el tipo de escritor --franc&eacute;s, autor de una novela extensa, mundano, realista-- que t&iacute;picamente era objeto de los dardos de Borges. No fue as&iacute; en este caso, y aunque en unas pocas oportunidades lo mencion&oacute; elogiosamente,<strong> creo que fue una influencia crucial que Borges tendi&oacute; a ocultar. </strong>En &ldquo;El Aleph&rdquo;, es notable el parecido entre el rimbombante Carlos Argentino Daneri (que como Proust est&aacute; escribiendo una obra literaria interminable) y Bloch, el amigo insoportable del protagonista de <em>En busca del tiempo perdido</em>. El flash lis&eacute;rgico de la visi&oacute;n del Aleph se parece bastante a la descripci&oacute;n de los efectos que produce en el protagonista de la obra de Proust la ingesta de la magdalena. Un dato que pinta tambi&eacute;n esa conversaci&oacute;n entre amigos y ese sistema de pr&eacute;stamos que es la historia de la literatura: Estela Canto traducir&iacute;a de manera notable, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la obra maestra de Marcel Proust (y es la &uacute;nica argentina que lo hizo hasta el momento).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Marcel Proust                            </span>
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        5) <em>Perder un concurso literario, la mejor manera de convertirse en escritor</em>: Borges, genio del marketing, recrea en &ldquo;El Aleph&rdquo; el Premio Nacional de Literatura en el que fue derrotado. Esa derrota gener&oacute; entre sus amigos una reacci&oacute;n que hoy ser&iacute;a inveros&iacute;mil: un n&uacute;mero especial de la revista <em>Sur </em>en su homenaje, con m&aacute;s de cien vindicaciones de su genio.
    </p><p class="article-text">
        6) <em>El Aleph y una l&iacute;nea de Hamlet</em>: Uno de los ep&iacute;grafes del cuento es una cita de <em>Hamlet</em> (&ldquo;Oh, Dios, podr&iacute;a estar encerrado en una c&aacute;scara de nuez y considerarme el Rey del espacio infinito&rdquo;). Esa l&iacute;nea de Shakespeare parece haberle inspirado la idea de &ldquo;El Aleph&rdquo;: alguien encerrado es capaz de captar la totalidad del universo. La l&iacute;nea est&aacute; en la famosa segunda escena del segundo acto, en la que Hamlet (&ldquo;words, words, words&rdquo;) reflexiona sobre los l&iacute;mites del lenguaje y sobre la vida como puesta en escena, dos t&oacute;picos tambi&eacute;n presentes en el cuento de Borges. Pero adem&aacute;s este subrayado de Borges parece haber influido sobre otro escritor ingl&eacute;s, Ian McEwan, que escribi&oacute; una maravillosa versi&oacute;n de <em>Hamlet</em> llamada justamente <em>C&aacute;scara de nuez</em>. <em>Hamlet</em>, &ldquo;El Aleph&rdquo; y <em>C&aacute;scara de nuez</em> son s&aacute;tiras sobre escritores y reflexiones sobre el poder de la mente y del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        7) <em>La invenci&oacute;n de razones</em>: Antes de ser derrotado por Daneri, el personaje Borges se burla de &eacute;l cuando le recita y la explica el poema que est&aacute; escribiendo basado en la visi&oacute;n de el Aleph que esconde su s&oacute;tano. El malicioso Borges dice de Daneri (que es Borges): &ldquo;Comprend&iacute; que el trabajo del poeta no estaba en la poes&iacute;a; estaba en la invenci&oacute;n de razones para que la poes&iacute;a fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para &eacute;l, pero no para otro.&rdquo; Ese es Borges en la cima de la self-deprecation, del autodesprecio. Borges encontr&oacute; el poder de su po&eacute;tica en la &ldquo;invenci&oacute;n de razones&rdquo;, en la justificaci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n --a trav&eacute;s de pr&oacute;logos, notas y posdatas-- de su propia obra. Borges fue el mejor lector de s&iacute; mismo, el maestro de la metaliteratura del yo.
    </p><p class="article-text">
        8) <em>Daneri engordado</em>: Carlos Argentino Daneri (&ldquo;considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no s&eacute; qu&eacute; cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur&rdquo;) es sin duda Borges. Daneri es tambi&eacute;n Girondo (el poeta que le arrebat&oacute; a Norah Lange). Pero Daneri es, sobre todo, <strong>Roberto Arlt,</strong> un escritor en las ant&iacute;podas est&eacute;ticas de Borges, muerto dos a&ntilde;os antes de la escritura de &ldquo;El Aleph&rdquo;, a quien Borges admir&oacute;. En el cuento, Daneri aprende: su poema florido e interminable se convierte en una frase arltiana que le espeta a Borges cuando emerge mareado de la visi&oacute;n del Aleph: &ldquo;Tarumba habr&aacute;s quedado de tanto curiosear donde no te llaman&rdquo;. Un cross coloquial a la mand&iacute;bula del atribulado Borges.
    </p><p class="article-text">
        9) <em>La casa encantada</em>: &ldquo;El Aleph&rdquo; es tambi&eacute;n una versi&oacute;n del esquema narrativo de la casa encantada, v&iacute;a &ldquo;La ca&iacute;da de la Casa Usher&rdquo; de <strong>Edgar Allan Poe</strong>, una casa de una familia decadente habitada por el pasado que, igual que la casa familiar de los Daneri, es destruida/demolida. El Borges que volvi&oacute; a Buenos Aires tras su exilio adolescente en Europa se encontr&oacute; con una Buenos Aires modernizada y populosa ante la que se sinti&oacute; extra&ntilde;ado. Borges va hacia el sur de la ciudad, que es su pasado; casi diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde Borges completar&aacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/cuento-tomado-sur-borges-version-casa-tomada-cortazar_132_8126173.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el trayecto melanc&oacute;lico hacia el pasado con otro bibliotecario, Juan Dahlmann, que en &ldquo;El sur&rdquo; viaja a la pampa</a>. M&aacute;s influencias de Poe: la repetida menci&oacute;n del nombre de Beatriz frente a su retrato replica la escena del protagonista de &ldquo;El cuervo&rdquo; de Poe ante su amada muerta.
    </p><p class="article-text">
        10) <em>Visi&oacute;n y misi&oacute;n</em>: Daneri derrota a Borges, pero tambi&eacute;n se puede pensar que Borges&nbsp; derrota a Daneri. El poema kilom&eacute;trico que quiere escribir Daneri para reflejar la Tierra est&aacute; contenido dentro de &ldquo;El Aleph&rdquo;: es la enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica encabezada por el verbo &ldquo;ver&rdquo;, uno de los recursos favoritos de Borges. &ldquo;Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de Am&eacute;rica, vi una plateada telara&ntilde;a en el centro de una negra pir&aacute;mide, etc.&rdquo;: en esa maravillosa enumeraci&oacute;n Borges (el autor o el personaje) alcanza a se&ntilde;alar lo inefable, lo irrepresentable, &ldquo;el inconcebible universo&rdquo;. Eso que buscaba Daneri (&iquest;Proust?) mediante la extensi&oacute;n lo obtiene Borges mediante la s&iacute;ntesis.&nbsp;La poes&iacute;a y el misticismo se tocan, ayudados quiz&aacute;s por el co&ntilde;ac &iquest;alucin&oacute;geno? que le sirve Daneri. Borges pierde (retrospectivamente) a Beatriz y pierde la gloria literaria, pero cumple su misi&oacute;n de poeta, encuentra finalmente las palabras para dar cuenta de esta visi&oacute;n sublime.
    </p><p class="article-text">
        <em>SLL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Llach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pez-banana/diez-lineas-interpretativas-aleph-metaliteratura_132_8189534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Aug 2021 10:09:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez líneas interpretativas sobre El Aleph y la metaliteratura del yo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,El Aleph,Marcel Proust]]></media:keywords>
    </item>
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