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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Desamor]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/desamor/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Desamor]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Escribir el insomnio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribir-insomnio_129_8207783.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3f0fd43-506b-420e-b416-ac90728c33a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escribir el insomnio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Beneficio para socias y socios de elDiarioAR - Sorteo de dos becas para el taller de Alexandra Kohan sobre el cuerpo y sus variaciones</p></div><p class="article-text">
        <em>&nbsp;Para Virginia Cosin</em>
    </p><p class="article-text">
        Son much&iacute;simas las veces que tengo insomnio y esas veces nunca son iguales. Si hay algo que se sucede distinto cada vez, son las propias noches, tanto aquellas en las que no dormimos como aquellas en las que s&iacute;. Si hay algo que escapa estrepitosamente a la rutina, es la noche; nunca una es igual a otra. Cuando dormimos, porque no sabemos qu&eacute; sue&ntilde;os van a irrumpir, si es que irrumpen. Pero cuando no dormimos, dir&iacute;a que esa diferencia, la diferencia entre una noche y otra, es m&aacute;s estridente, m&aacute;s pronunciada.<strong> Los insomnios, entonces, tampoco son todos iguales.</strong> Cuando el insomnio se atiborra de preocupaciones se me viene a la cabeza una frase del narrador de <em>Familia de palabras,</em> un cuento de Mart&iacute;n Kohan que le&iacute; hace much&iacute;simos a&ntilde;os: &ldquo;todo el mundo sabe que en las noches de insomnio se insin&uacute;an fantasmas sombr&iacute;os que con los albores se diluyen&rdquo;. Casi siempre me calma esa apelaci&oacute;n a la generalidad, a la totalidad: &ldquo;todo el mundo sabe&rdquo;, por fin. Lo sombr&iacute;o es efecto del insomnio, no del asunto, lo sabe todo el mundo, yo no estoy afuera del mundo. Y entonces me calma saber que la primera claridad va a disipar esos asuntos que me impiden dormir. La literatura como refugio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Todo el mundo sabe, como en esa parte del poema <em>Caz&oacute;n</em>, de Mary Oliver -incluido en <em>El trabajo del sue&ntilde;o</em>, Caleta Olivia-:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n quise
    </p><p class="article-text">
        ser capaz de amar. Y todos sabemos
    </p><p class="article-text">
        c&oacute;mo funciona eso
    </p><p class="article-text">
        &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Lento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es que a veces las generalidades sirven para calmarnos. Para poder empezar a dormir, o a amar.</strong> Pero no siempre el insomnio est&aacute; lleno de preocupaciones. A veces tambi&eacute;n la felicidad provoca insomnio. Y a veces se trata de otra cosa. De provocar una soledad, de hacer audible un silencio. De habitar sin inquietud la p&eacute;rdida de s&iacute;. &iquest;De qu&eacute; est&aacute;n hechos los insomnios? No falta el sue&ntilde;o, no falta nada. A veces el insomnio recorta presencias, olvidos imposibles, ausencias que insisten.
    </p><p class="article-text">
        <em>Insomnio</em>, el precioso libro de Marina Benjamin, traducido por Florencia Parodi y editado por Chai, empieza se&ntilde;alando que durante el desvelo &ldquo;el mundo cobra otra tonalidad. Es m&aacute;s silencioso y m&aacute;s cercano. Empiezo a prestar atenci&oacute;n a&nbsp; las texturas de las sombras&rdquo;. El libro no pretende ense&ntilde;ar qu&eacute; es el insomnio, el libro no ense&ntilde;a nada, tampoco es el testimonio de c&oacute;mo se combate el insomnio porque no lo patologiza, no pretende curarlo. Es, m&aacute;s bien, la escritura de esa otra tonalidad del mundo que aparece en las distintas noches. La pregunta que preciso despu&eacute;s de leerlo es &iquest;c&oacute;mo est&aacute; hecho el insomnio? 
    </p><p class="article-text">
        Me intereso menos por el contenido que por la forma. Me interesa c&oacute;mo se escribe el insomnio. Marina Benjamin lo hace de a cachos, fragmentariamente. Disipa los sentidos, impide certezas. Y su propio procedimiento literario dice mucho del insomnio: dispersi&oacute;n, devaneo, subrayados, intensidades, luces, sombras, familiaridad, extra&ntilde;eza; referencias literarias algunas, personales otras. Y apela a la figura del <em>collage</em>, que es tambi&eacute;n la forma en la que se escribe, tanto el libro como el insomnio. Dice que la alegra darse cuenta de que &ldquo;al excavar las efusiones nocturnas del cerebro y exponerlas a la luz, el psicoan&aacute;lisis es b&aacute;sicamente una pr&aacute;ctica insomne&rdquo; (me hace acordar a lo que dijo una vez Constanza Michelson: &ldquo;el psicoan&aacute;lisis es una teor&iacute;a de la noche&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        A la autora no le agrada mucho el <em>mindfulness</em> como t&eacute;cnica para tratar el insomnio porque dice que es como ordenar la casa: &ldquo;focalizado y satisfactorio durante un rato&rdquo;. En las ant&iacute;podas: &ldquo;el devaneo mental hace asociaciones libres e innovaciones. Sobrepasa sus l&iacute;mites y te arrastra impaciente para que le sigas el ritmo. Es veloz y ligero. Abre puertas y hace pasar pensamientos a trav&eacute;s de prismas de colores. Da vueltas, se tropieza, ruge. Y deambula, sin respetar l&iacute;mite alguno, transgrede. Tal vez esto sea algo que la conciencia podr&iacute;a tomar del insomnio&rdquo;. A veces me pregunto si el insomnio no es la puesta en pr&aacute;ctica de ese ejercicio, el del devaneo, ese que posibilita, siempre despu&eacute;s, una escritura in&eacute;dita. &ldquo;Todos los versos se escriben siempre el d&iacute;a siguiente&rdquo;, dice Pessoa en el poema Insomnio.
    </p><p class="article-text">
        Si el <em>mindfulness</em> ordena la casa, supone que cada cosa tiene su lugar, el psicoan&aacute;lisis est&aacute; ah&iacute; para mostrar el modo en que ese orden no hace sino evitar que nos perdamos de nosotros mismos y de esos sentidos que insisten apremiantes, agobiantes, insoportables, repetitivos. <strong>Desordenar la casa </strong><em><strong>para </strong></em><strong>poder perderse.</strong> 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si el mindfulness ordena la casa, supone que cada cosa tiene su lugar, el psicoanálisis está ahí para mostrar el modo en que ese orden no hace sino evitar que nos perdamos de nosotros mismos y de esos sentidos que insisten apremiantes, agobiantes.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como cuando<strong> Walter Benjamin </strong>sugiere que &ldquo;importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje&rdquo;. Me pregunto si el insomnio no est&aacute; ah&iacute;, a veces, para dibujar una cartograf&iacute;a de lo incierto, para hacer de la incertidumbre algo no tan temible. O como cuando <strong>Juan Jos&eacute; Saer </strong>dice: &ldquo;algunas noches no es el sue&ntilde;o lo que sucede al insomnio sino una lucidez ciega, una vigilia incandescente, que no es lucidez de nada ni vigilia para nada, y que me deja inm&oacute;vil, fascinado. Llegado a ese punto, me siento como vac&iacute;o de recuerdos (...) y sin nada en qu&eacute; pensar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; <em>pasa </em>en los insomnios? Pero por &ldquo;pasar&rdquo; no s&oacute;lo pienso en acciones, sino en pasajes, en fronteras. Dice Marina Benjamin: &ldquo;me dejo retener por la noche porque estoy convencida de que el misterio secreto de nuestra existencia podr&iacute;a estar en sus entra&ntilde;as. Busco una revelaci&oacute;n, alg&uacute;n dato valioso para llevar conmigo cuando cruce la frontera entre la noche y el d&iacute;a&rdquo;. Ese pasaje, acaso sea el pasaje entre el desamparo y el refugio. Pero tambi&eacute;n pienso si eso que <em>pasa</em> no es una p&eacute;rdida, la posibilidad de que pase una p&eacute;rdida. Porque duelo e insomnio muchas veces est&aacute;n cerca, sus bordes se tocan: mientras la autora dice &ldquo;estar sin dormir es desear y ser descubierto deseando&rdquo;, pienso en <strong>Jean Allouch </strong>cuando dice &ldquo;tambi&eacute;n quien est&aacute; de duelo es en primer lugar un deseante que no quiere serlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me acordaba de que <strong>Anne Dufourmantelle</strong> hab&iacute;a escrito sobre el insomnio. Fui a buscar la referencia a <em>Inteligencia del sue&ntilde;o</em> y no la encontr&eacute;. Entonces fui a revisar <em>Elogio del riesgo</em> y tampoco. Para mi sorpresa,&nbsp;la encontr&eacute; en <em>En caso de amor</em>. Lo primero que dice Dufourmantelle es: &ldquo;el insomnio pertenece por derecho al amor&rdquo;. Y tambi&eacute;n se pregunta &ldquo;&iquest;y si el insomnio fuera deseable?&rdquo;. Ya lo cant&oacute; Charly Garc&iacute;a en <em>Curitas</em>: &#8203;&#8203;Hay veces que no puedo dormir/Hay veces que no quiero&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Acoger el insomnio, sigue Dufourmantelle, darle hospitalidad, &ldquo;nos da acceso, como la escucha anal&iacute;tica, a una otra soledad, ni agobiante ni culpable&rdquo;. Y agrega: &ldquo;consentir al insomnio, el espacio interior es a ese precio. El amor puede serlo tambi&eacute;n&rdquo;. Y entonces tambi&eacute;n revis&eacute; los subrayados y las notas que hice en los m&aacute;rgenes de <em>Insomnio</em> y not&eacute; que escrib&iacute; &ldquo;amor&rdquo; en much&iacute;simas partes. Hay mucho de amor en el libro, con el insomnio y <em>entre</em> un insomnio y otro, porque est&aacute; Zzz, el partenaire amoroso de la autora. Hay insomnios que s&oacute;lo pueden irrumpir desde el amor. Y entonces tambi&eacute;n se me ocurre si el insomnio no es a veces la escritura de ese <em>entre</em> para que algo de ese amor <em>pase</em>.
    </p><p class="article-text">
        La noche del d&iacute;a que muri&oacute; <em>Tamara Kamenszain</em> tuve insomnio. Y me acord&eacute; de <em>El libro de Tamar</em>, ese libro sobrecogedor que escribe el amor y el desamor a partir de una sutil y amorosa torsi&oacute;n de letras:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando &eacute;l se fue, las noches se me complicaron. En la soledad de la cama matrimonial, una serie de ruidos extra&ntilde;os que antes nunca hab&iacute;a percibido empezaron a emerger del techo y de las paredes como si hubieran estado desde siempre agazapados en el adn de la casa esperando esa oportunidad para hacerse presentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribir-insomnio_129_8207783.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Aug 2021 10:16:38 +0000]]></pubDate>
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