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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - John Ashbery]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/john-ashbery/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - John Ashbery]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una ficción para domesticar el dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ficcion-domesticar-dolor_129_10834068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/edc29c0c-dc6e-483c-86ed-bd99c5d5d34e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ficción para domesticar el dolor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuántas veces pasamos del sueño a la realidad y de la realidad al sueño sin escalas?</p></div><p class="article-text">
        Le digo a Duncan que un momento clave de <em>Match Point</em> de <strong>Woody Allen</strong> se da cuando en el relato el personaje que acaba de asesinar a las dos mujeres (las pel&iacute;culas buenas soportan el spoiler, las malas no: miren <em>Sexto sentido</em> sabiendo que <strong>Bruce Willis</strong> est&aacute; muerto) est&aacute; trabajando en la computadora durante la noche y siente ruidos en la cocina. Cuando va ah&iacute; para ver qu&eacute; pasa, se encuentra con las dos mujeres que aparecen de manera real y lo increpan por lo que les hizo. Esto es un momento ripioso, porque un mal director que trata de explicar todo ante este cambio de registro &ndash;ven&iacute;amos de un realismo minucioso porque &eacute;l personaje principal hab&iacute;a planeado un crimen&ndash; puede hacer una cat&aacute;strofe y no lograr ser veros&iacute;mil. Pero, &iquest;qu&eacute; hace Woody Allen? Muestra esta escena y corta y va al dormitorio donde el detective que investiga el caso se despierta de golpe al lado de su mujer que duerme y dice: &ldquo;Ya s&eacute; c&oacute;mo lo hizo. &Eacute;l las mat&oacute;!&rdquo; Lo que se logra con esta escena es que lo que vimos antes, las mujeres muertas hostigando a su depredador, pueda ser una construcci&oacute;n on&iacute;rica del detective. El director nunca lo explica. Cu&aacute;ntas veces pasamos del sue&ntilde;o a la realidad y de la realidad al sue&ntilde;o sin escalas. En algunos casos entramos en enso&ntilde;aciones mientras estamos despiertos. De hecho, ver una pel&iacute;cula, convencerte de que tal actriz no es esa actriz sino otra persona que encarna en un personaje, es un hecho incre&iacute;ble. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula <em>The Master </em>de <strong>Paul Thomas Anderson</strong> hay otra escena memorable para mostrar estos cruces en los registros on&iacute;ricos. La pel&iacute;cula trata sobre la creaci&oacute;n de la Cienciolog&iacute;a, una rama de la ciencia ficci&oacute;n que cre&oacute; <strong>Ron Hubbard</strong> y que se convirti&oacute; en una secta de gran peso en Estados Unidos y que tiene &ndash;o ten&iacute;a&ndash; a <strong>Tom Cruise</strong> entre sus adeptos m&aacute;s famosos. La pel&iacute;cula muestra que las personas que vuelven de la guerra, como dice <strong>Walter Benjamin</strong>, llegan vac&iacute;as, sin experiencia, y que su vida est&aacute; casi siempre al borde del colapso nervioso. Ah&iacute; tenemos gran parte de los relatos de <strong>J. D. Salinger</strong> para dar cuenta de esta desgracia post traum&aacute;tica. Hay algunas personas que se aprovechan de esto y el creador de la Cienciolog&iacute;a fue uno de ellos. Les dio una ficci&oacute;n a muchas personas para domesticar el dolor. Les militariz&oacute; el &aacute;nimo. La pel&iacute;cula narra libremente este momento hist&oacute;rico de los Estados Unidos encarnados en dos personajes centrales: El maestro (<strong>Philip Seymour Hoffman</strong>) y el disc&iacute;pulo (<strong>Joaqu&iacute;n Phoenix</strong>). 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero lo que quiero contar es una escena magistral que sucede casi sobre el final de la pel&iacute;cula. El disc&iacute;pulo d&iacute;scolo (Phoenix) est&aacute; en un cine de Londres despu&eacute;s de abandonar al maestro. Entre ambos personajes hay una tensi&oacute;n irresuelta, algo de la dial&eacute;ctica del amo y el esclavo mezclada con cierta testosterona bisexual. Phoenix cuando empieza la escena est&aacute; sentado en el medio de un cine vac&iacute;o viendo una pel&iacute;cula y ri&eacute;ndose. Entonces entra un acomodador y le alcanza un tel&eacute;fono y le dice que tiene un llamado. &Eacute;l agarra el tel&eacute;fono y el que est&aacute; del otro lado es el maestro, que lo llama desde Estados Unidos. &iquest;Est&aacute;s en Londres?, le pregunta. S&iacute;, le dice &eacute;l. Quiero que vuelvas, quiero que hablemos, le dice el maestro. El disc&iacute;pulo le dice que va a volver. El maestro le pide que le traiga &ndash;ya que est&aacute; en Londres&ndash; un paquete de cigarrillos mentolados que hay en esa ciudad y a &eacute;l le gustan mucho. El disc&iacute;pulo le dice que s&iacute; a todo. Corta la escena y Phoenix ya est&aacute; en Estados Unidos entrando a la oficina del maestro y le da, antes de ponerse a hablar a solas, el paquete de cigarrillos mentolados. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; ac&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        En principio, la escena anterior en el cine es imposible de aceptar en el plano realista, pero uno ya fue capturado por el veros&iacute;mil de Anderson, que es un director que siempre hace funcionar la realidad a su favor. Y que no trabaja con la maldici&oacute;n lineal (eso se ve todav&iacute;a m&aacute;s en <em>Vicio propio</em>, tal vez su obra maestra), m&aacute;s bien crea escenas que se construyen como constelaciones y que se unen por el peso ontol&oacute;gico de su potencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pensemos otra vez la escena del cine: en esa &eacute;poca, no hab&iacute;a celulares. As&iacute; que el acomodador le tiene que acercar un tel&eacute;fono al disc&iacute;pulo para que reciba la llamada del maestro con un cable largu&iacute;simo ya que &eacute;ste est&aacute; en medio de la sala. Eso es imposible. Por otra parte, el personaje de Phoenix est&aacute; en el cine solo. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; solo? &iquest;C&oacute;mo mierda el acomodador sabe que la llamada es para &eacute;l? &iquest;Es el due&ntilde;o del cine? Por lo que sabemos, el personaje del disc&iacute;pulo es alguien que apenas sobrevive con trabajos precarios. Sin embargo, hay un objeto, un correlato objetivo que une esta escena on&iacute;rica con la otra realista que se da cuando el disc&iacute;pulo va a ver al maestro: los cigarrillos mentolados. Ese paquete de cigarrillos que le fue pedido en sue&ntilde;os es real y aceptado en la vida diurna por el maestro, es una metonimia que se desplaza desde el inconsciente hasta la escena &ldquo;real&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que le dice el maestro despu&eacute;s de agradecer los cigarrillos es una de las reprimendas m&aacute;s geniales que escuch&eacute; en el cine, casi un poema de <strong>John Ashbery</strong>. Me encantar&iacute;a que alguien me habl&eacute; as&iacute; alg&uacute;n d&iacute;a, aunque no me lo merezca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ficcion-domesticar-dolor_129_10834068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2024 03:03:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Woody Allen,Bruce Willis,Paul Thomas Anderson,Joaquin Phoenix,Philipp Seymour Hoffman,John Ashbery]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alguien viaja furiosamente hacia vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_10538395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eba7a1bf-c3c7-4b1a-bd1f-09d6c7bcce6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alguien viaja furiosamente hacia vos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Son cinco cuentos, según dicen, extraordinarios y singulares", escribe el autor. La vida y la muerte de un escritor, Denis Johnson, a partir de la lectura -postergada- de su libro póstumo.</p></div><p class="article-text">
        Cuando termin&eacute; el magn&iacute;fico <em>Los Monstruos que r&iacute;en</em>, empec&eacute; a buscar otro libro de <strong>Denis Johnson</strong> para leer. As&iacute; como Johnson fue adicto a la hero&iacute;na y otras yerbas y termin&oacute; en un hospital psiqui&aacute;trico a los veinti&uacute;n a&ntilde;os, uno se puede volver adicto a su literatura si da con alguno de sus libros. &iquest;C&oacute;mo era Denis Johnson? No dio muchos reportajes y en la foto que ilustra a uno est&aacute; con las manos en los bolsillos de un impermeable ochentoso, lo tiene abierto y se ve una camisa blanca. Su cara est&aacute; lejos de la belleza hegem&oacute;nica: es como las caras de los actores de <em>The Wire</em>, a medida que los ves en acci&oacute;n empiezan a parecerte singulares y hermosos. 
    </p><p class="article-text">
        Johnson naci&oacute; en Munich, Alemania, en 1949. Su padre trabajaba para la USIA (agencia de propaganda americana) y cuando pudo zafar de la casa paterna se meti&oacute; a estudiar en la Universidad de Iowa literatura creativa con <strong>Raymond Carver</strong>. A los diecinueve a&ntilde;os public&oacute; un libro de poemas que caus&oacute; lo que los franceses denominan un suceso de estima (le gusto mucho a pocos, pero certeros cr&iacute;ticos), el libro se llama <em>The man among the seals</em> y no est&aacute; traducido al castellano. Yo lo le&iacute; cuando estuve en Iowa porque en la biblioteca de la universidad hab&iacute;a un ejemplar y es una rara mezcla -lo que recuerdo- de <strong>T.S. Eliot</strong> y el rock and roll. 
    </p><p class="article-text">
        Si bien a los diecinueve la estaba rompiendo y sac&oacute; r&aacute;pidamente otro libro de poemas, &eacute;l tambi&eacute;n podr&iacute;a escribir, como <strong>Paul Nizan</strong> en el comienzo de <em>Aden Arabia</em>: &ldquo;He tenido veinte a&ntilde;os, no permitir&eacute; que nadie diga que es la edad m&aacute;s hermosa de la vida&rdquo;. Johnson -que estaba casado y daba clases en la universidad- se engancha con el alcohol (Carver no era una buena influencia) y con drogas duras, como la hero&iacute;na. Se acaba su primer matrimonio, pierde el trabajo en la universidad y empieza a andar a los tumbos en trabajos peque&ntilde;os hasta que termina internado con brotes esquizofr&eacute;nicos. Se recupera. Se hace cristiano, encuentra cierta paz y tomando toda su experiencia en el corredor de la muerte escribe <em>Hijo de Jes&uacute;s</em>, una colecci&oacute;n de cuentos que se pueden leer como novela, un libro inquietante que parece estar desfasado, corrido en la percepci&oacute;n, por donde se pasean drogadictos, ladrones, m&eacute;dicos falsos y un banco de suplentes en peores condiciones. El libro llama la atenci&oacute;n de la cr&iacute;tica y Johnson se hace un nombre. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras publica varios libros est&aacute; escribiendo uno tremendo: <em>&Aacute;rbol de humo</em>, sobre la guerra de Vietnam. Este libro tiene m&aacute;s de seicientas p&aacute;ginas y una trama con varios personajes pero que a veces se hacen dif&iacute;cil de seguir. Pero no importa, no aspira al realismo de las novelas de Tolstoi; en realidad es un largo poema que trata de entender como pueden existir Dios y ese infierno que es la guerra a la vez. Los libros de Johnson contagian como las esporas de los hongos mientras las mueve el viento del esp&iacute;ritu. 
    </p><p class="article-text">
        Denis Johnson muri&oacute;&nbsp;en 2017 a los sesenta y siete a&ntilde;os. De c&aacute;ncer de h&iacute;gado, como <strong>Carlos Castaneda</strong>. En sus &uacute;ltimo d&iacute;as estuvo terminando un libro que se llama <em>El favor de la sirena</em>. Son cinco cuentos, seg&uacute;n dicen, extraordinarios y singulares. Y que reflexionan sobre la inminencia del fin de la vida. Se public&oacute; p&oacute;stumo. Lo empec&eacute; a buscar, pero no estaba en el pa&iacute;s. Random lo hab&iacute;a publicado en Espa&ntilde;a. Llam&eacute; a <strong>Alejandro Linshespir</strong>, un amigo que vive all&aacute; y le ped&iacute; que me lo comprara y que me lo mandara con alg&uacute;n amigo o amiga que viniera para ac&aacute;. Lo compr&oacute; enseguida. Pero cuando fue un amigo que me lo podr&iacute;a traer se le olvid&oacute; d&aacute;rselo. 
    </p><p class="article-text">
        Una noche me llam&oacute; por tel&eacute;fono y me dijo: Me olvid&eacute; de d&aacute;rselo a X. En cuanto venga alguien de nuevo te lo mando. Otra noche me llam&oacute; y me dijo: Lo estoy leyendo, es genial. Hay un relato sobre una mujer cuyo marido se va a la guerra y ella se queda cuidando al hijo. Todas las noches el hijo le dice que extra&ntilde;a al padre y ella, en la choza donde vive en una zona rural, prende la l&aacute;mpara y en la pared se refleja la sombra del ni&ntilde;o. Ella le dice: esa sombra es tu pap&aacute;. El ni&ntilde;o se duerme todas las noches saludando a la sombra: &ldquo;Buenas noches pap&aacute;&rdquo;. &iquest;Sigo?, me dijo Alejandro. S&iacute;, le dije. Al final el padre vuelve de la guerra, pero el hijo no lo reconoce. Le dice que su padre es la sombra. El padre enloquece y se va de la casa. La mujer se tira al r&iacute;o que corre por detr&aacute;s de donde viven y se ahoga. Cuando el padre se entera, le agarra un remordimiento terrible y vuelve a la casa para cuidar al hijo. Pero todo sale mal. &iquest;Sigo?, me dijo mi amigo. No, le dije. Quiero leerlo yo. Voy a hablar con un vendedor que conozco que me consigue libros. Ok, dice mi amigo y antes de cortar, me dice: Mejor si lo consegu&iacute;s all&aacute; porque me gustar&iacute;a qued&aacute;rmelo. 
    </p><p class="article-text">
        Llamo al vendedor de libros y le pregunto si me puede conseguir <em>El favor de la sirena</em>, de Denis Johnson. A los tres d&iacute;as me informa que tiene un ejemplar en ingl&eacute;s. Yo le digo que no hablo ning&uacute;n idioma, que a veces me cuesta el castellano. Que a veces puedo hablar un idioma que engloba a todos los dem&aacute;s, pero que se asustar&iacute;a si me escuchara. De todas maneras, le digo, ese lenguaje me visita cada vez menos. Entiendo, me dice y corta. Me acuerdo del vendedor de libros, de la vez que fui a buscar una novela a su domicilio y hac&iacute;a un calor demencial. Viv&iacute;a en el barrio de Belgrano y ten&iacute;a un monoambiente repleto de bibliotecas donde hab&iacute;an libros y cds y una mesa donde ten&iacute;a una computadora. Ten&iacute;a tambi&eacute;n un aire acondicionado poderoso y era como entrar a un igl&uacute; del &aacute;rtico entrar a esa habitaci&oacute;n. Hab&iacute;a en un carrito un bebe muy abrigado que estaba de espaldas a m&iacute;, mirando un amplio ventanal y al que el vendedor de libros le acomodaba, mientras buscaba mi encargo, la mamadera. 
    </p><p class="article-text">
        Me llama Andr&eacute;s, otro amigo que vive un tiempo en Espa&ntilde;a y otro en Buenos Aires. Me pregunta ciertas cosas y yo le pregunto, que ya que est&aacute; en Espa&ntilde;a, si me puede comprar <em>El fervor de la sirena</em>, de Denis Johnson. Me dice: Ya, de inmediato. No me sale el Fervor, me sale <em>El favor de la sirena</em>, me dice. S&iacute;, le digo, me equivoqu&eacute;, es el Favor de la sirena. Listo, dice, me compr&eacute; tambi&eacute;n uno para m&iacute;.&nbsp;Me dice que me lo va a mandar con Gabriel, un amigo en com&uacute;n que va a Espa&ntilde;a en unos d&iacute;as y vuelve. Genial, le digo. Pero Gaby vuelve con las manos vac&iacute;as. Andr&eacute;s se olvid&oacute; de d&aacute;rmelo, me dice. Andr&eacute;s al tel&eacute;fono: El &uacute;ltimo cuento del libro de Denis Jonhson es tremendo, me dice. Me imagino, le digo. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que va a empezar a cont&aacute;rmelo, pero me dice: Te lo estoy mandando para all&aacute; con una amiga. Gracias, le digo. &iquest;Cu&aacute;ndo viene? Sale est&aacute; tarde. Calculo en cu&aacute;nto tiempo lo podr&eacute; tener para leer. Pienso en los versos de <strong>John Ashbery</strong> que tanto me gustan: &ldquo;Desde alguna parte alguien viaja furiosamente hacia vos/ a una velocidad incre&iacute;ble/ viaja d&iacute;a y noche/ a trav&eacute;s de la nieve y el calor del desierto, a trav&eacute;s de torrentes/ a trav&eacute;s de gargantas/ aunque &iquest;podr&aacute; encontrarte/ reconocerte cuando te vea?/ &iquest;darte lo que tiene para vos?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_10538395.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Sep 2023 03:37:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Denis Johnson,Raymond Carver,John Ashbery]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la granja del norte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/granja-norte_129_8235799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ef7c4a6-5f29-44b2-8fc3-23451dd0a070_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la granja del norte"></p><p class="article-text">
        Pas&eacute; 56 a&ntilde;os sobre el planeta sin saber el significado de mi nombre. Para m&iacute; era s&oacute;lo un nombre com&uacute;n de los que sol&iacute;an poner los padres a mitad de los a&ntilde;os sesenta: Marcelo, Sergio, Carlos, Juan. Crec&iacute; con esos nombres a mi alrededor. Hasta que hace poco Victoria me dijo que mi nombre ven&iacute;a del lat&iacute;n y derivaba de Fabius, que quiere decir granjero y en algunos casos, granjero de almas. Me gusta m&aacute;s la primera acepci&oacute;n. Granjero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto me llam&oacute; la atenci&oacute;n porque justo esta semana estuve dando en mis clases un poema de John Ashbery que se llama &ldquo;En la granja del norte&rdquo;. Cuando doy un poema lo primero que pregunto es &iquest;de qu&eacute; trata? Con algunos poemas es f&aacute;cil encontrar la historia, pero con los de Ashbery o los de su compatriota George Oppen es m&aacute;s dif&iacute;cil. En el primero porque siempre hay una promesa de sentido que nunca se completa, y uno tiene que surfear el poema aceptando esa peque&ntilde;a frustraci&oacute;n. Los poemas de Ashbery surgen con la arquitectura del sue&ntilde;o, de la molicie de los d&iacute;as, de los caminos que no tomamos pero imaginamos haberlos transitado. Oppen, en cambio, parece escribir el poema completo, la narraci&oacute;n total, para despu&eacute;s borrarla y dejar peque&ntilde;as esquirlas de sentido. En los poemas de Oppen las palabras y los espacios en blanco tienen el mismo valor.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Si bien Ashbery no es un poeta confesional ni trata de emitir sentencias en los versos que se narran con un pronombre que va variando a medida que transcurre el poema (uno dir&iacute;a que a veces el poema se comenta a si mismo mientras sucede) siempre es posible llevarse a casa algo que ilumina el presente. Por ejemplo, a m&iacute; me llam&oacute; la atenci&oacute;n la catarata de obituarios que se hicieron por las lamentables p&eacute;rdidas de la pandemia. <strong>Lo que me impresion&oacute; es c&oacute;mo las personas, en vez de honrar a los muertos, se dedicaban a hablar de ellos mismos a trav&eacute;s de los que se fueron. </strong>Ni hablar de transitar el duelo y esperar para escribir, directamente uno ten&iacute;a ante s&iacute; un derrame egoico de elogios que el muerto en cuesti&oacute;n a&uacute;n ten&iacute;a para decirle al que escrib&iacute;a. Hacer hablar a los muertos no es algo que s&oacute;lo sucede en la Escuela Cient&iacute;fica Basilio. En un extenso poema en prosa de Ashbery llamado &ldquo;El Sistema&rdquo;, se lee: &ldquo;S&oacute;lo consiguen pensar en ellos mismos, cuando todo el tiempo creen que s&oacute;lo est&aacute;n pensando en Dios. Con todo, en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de sus mentes, saben tambi&eacute;n que algo no va bien&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me llamó la atención la catarata de obituarios que se hicieron por las lamentables pérdidas de la pandemia. Lo que me impresionó es cómo las personas, en vez de honrar a los muertos, se dedicaban a hablar de ellos mismos a través de los que se fueron. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Escuch&eacute; leer en vivo a John Ashbery en una librer&iacute;a de San Francisco. Fue en el 98. Ashbery estaba m&aacute;s envejecido que en las fotos donde yo lo hab&iacute;a visto por primera vez. Me pareci&oacute; que ten&iacute;a un aspecto similar al de un actor porno que le&iacute;a en voz muy baja. No pude entender nada de lo que recitaba y me di cuenta que este disc&iacute;pulo de Wallace Stevens era un poeta para leer con los ojos de la mente, con nuestra propia voz interior. Cuando trabajo con sus poemas, les pido a mis alumnos que lean siempre el mismo pero muchas veces, como tantos alumnos haya. <strong>Esa repetici&oacute;n, esa clase m&aacute;ntrica, recupera, creo yo, algo de la multiplicidad de voces que conforman el poema de Ashbery.</strong> Con cada lectura, paramos y hablamos del poema, de qu&eacute; trata, qu&eacute; nos dice, qu&eacute; creemos que dice. La iteraci&oacute;n es clave en la poes&iacute;a de Ashbery. Uno se termina sorprendiendo por la cantidad de posibilidades que tiene el mismo poema para personas tan diferentes. Y escuchado en voces dis&iacute;miles. Cada voz singular tiene una historia, la voz nos habita y nosotros la transitamos y ah&iacute; crece el poema de Ashbery como una especie de comedia melanc&oacute;lica. &ldquo;En la granja del norte&rdquo; es el que elijo siempre para introducir&nbsp; a Ashbery en las clases. Tal vez porque a diferencia de muchos de sus poemas, este sea breve y casi preciso. Los poemas de Ashbery son a veces muy extensos y exigen un lector que los lea de a poco, a veces rebobinando, a veces pasando versos de largo, en busca de la revelaci&oacute;n. Otros poemas tienen estructuras geom&eacute;tricas complejas o est&aacute;n fragmentados, como la pintura abstracta que tanto le gustaba cuando empez&oacute; a escribir en los a&ntilde;os cincuenta. Escuchen &ldquo;En la granja del norte&rdquo;: &ldquo;Desde alguna parte alguien viaja furiosamente hacia vos/A una velocidad incre&iacute;ble, viaja d&iacute;a y noche/A trav&eacute;s de la nieve y el calor del desierto/a trav&eacute;s de torrentes,/a trav&eacute;s de gargantas./Aunque &iquest;podr&aacute; encontrarte,/Reconocerte cuando te vea,/Darte lo que tiene para vos?/ Aqu&iacute; no crece casi nada,/Sin embargo los graneros revientan de comida,/Bolsas de comida amontonadas hasta las vigas del cielorraso, Los arroyos corren dulces engordando a los peces;/los p&aacute;jaros oscurecen el cielo. &iquest;Es suficiente / poner el plato con leche en el zagu&aacute;n todas las noches,/ pensar en &eacute;l a veces,/A veces, siempre, con sentimientos confusos?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El jueves mi hija Ana, mientras merend&aacute;bamos, me cont&oacute; que estaba expectante porque la directora del colegio donde va le inform&oacute; a su clase que la semana pr&oacute;xima iban a tener un nuevo compa&ntilde;ero. Un chico japon&eacute;s que se llama Ao Sasaki y que quer&iacute;a, la directora,&nbsp; que lo recibieran con cari&ntilde;o. Mi hija me dijo que lo esperaba con anhelo y se preguntaba c&oacute;mo ser&iacute;a, qu&eacute; cosas empezar&iacute;an a partir de su presencia entre ellos. Por la noche, antes de que se duerma, le le&iacute; &ldquo;En la Granja del Norte&rdquo; de John Ashbery: &ldquo;Desde alguna parte alguien viaja furiosamente hacia vos/ a una velocidad incre&iacute;ble, viaja d&iacute;a y noche/ a trav&eacute;s de la nieve y el calor del desierto/a trav&eacute;s de torrentes,/a trav&eacute;s de gargantas./Aunque &iquest;podr&aacute; encontrarte,/Reconocerte cuando te vea,/Darte lo que tiene para vos?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Aug 2021 03:33:17 +0000]]></pubDate>
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