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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - William Shakespeare]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - William Shakespeare]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una chica "de ahora"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-ahora_129_13069641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36219966-ec0c-4211-9982-1393e92a0aad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una chica &quot;de ahora&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En "Hamnet", la directora Chloé Zhao recrea la vida familiar de William Shakespeare desde una mirada íntima y sensible, centrada en la figura de Agnes. A través de este personaje, la película presenta a una joven que desafía las expectativas de su época y muestra una forma de pensar sorprendentemente cercana a la sensibilidad contemporánea.</p></div><p class="article-text">
        Vi <em>Hamnet </em>en su avant premier en Argentina: desde ese d&iacute;a hasta el d&iacute;a en que saldr&aacute; esta columna, cuando se decidir&aacute; su suerte en los Oscar, siento que la pel&iacute;cula pas&oacute; por much&iacute;simas conversaciones. El privilegio de verla antes de leer casi cualquier cosa fue clave: pude disfrutarla antes de escuchar que <strong>Chlo&eacute; Zhao</strong> no sabe filmar o, peor todav&iacute;a, que la pel&iacute;cula es &ldquo;porno del duelo&rdquo;, lo que sea que eso signifique.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hamnet</em> es una especie de caja china de derivaciones: fue primero una novela de la brit&aacute;nica <strong>Maggie O&rsquo;Farrell</strong>, pero que es a su vez una suerte de ficcionalizaci&oacute;n de la vida de <strong>William Shakespeare</strong> en la que &eacute;l es un personaje completamente lateral y la protagonista es su esposa, particularmente el modo en que ella lidia con la muerte de su hijo Hamnet (que, en esta lectura, ser&iacute;a la inspiraci&oacute;n para la obra maestra <em>Hamlet</em>). Esta novela, que es entonces una especie de adaptaci&oacute;n de la historia de la literatura, es luego adaptada al cine por la cineasta china Chlo&eacute; Zhao. Zhao debut&oacute; en el cine como documentalista, de modo que no es extra&ntilde;a al trabajo con la realidad; y sin embargo, en la pel&iacute;cula se sumerge en la fantas&iacute;a con una libertad refrescante y casi inocente.&nbsp;
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                </figure><p class="article-text">
        Habiendo le&iacute;do el libro, me pareci&oacute; que la pel&iacute;cula no hac&iacute;a tanto &eacute;nfasis en lo que para m&iacute; era lo m&aacute;s notable de la novela original de O&rsquo;Farrell: Agnes, la protagonista (una versi&oacute;n ficcional de la esposa de Shakespeare), es una mujer del siglo XXI atrapada en el siglo XVI. El duelo, y sobre todo el duelo de un hijo, son experiencias intraducibles de una &eacute;poca a la otra. O&rsquo;Farrell intenta todo el tiempo, a lo largo de su texto, mostrarnos la cercan&iacute;a que exist&iacute;a en la &eacute;poca isabelina con la muerte, y quiz&aacute;s sobre todo entre la muerte y los ni&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Los hijos de Agnes y Shakespeare viven sumergidos en la violencia de la naturaleza: sin tutores ni miedos, sin medicina moderna, en una forma de vida cuasi aut&oacute;noma, sucia y salvaje que no se parece en casi nada a lo que hoy entendemos por infancia. La muerte de los hijos, entonces, era ciertamente triste, pero ser&iacute;a raro decir que era tr&aacute;gica: definitivamente no era considerada, como lo es hoy, como &ldquo;lo peor que puede pasarle a una persona&rdquo;. Era m&aacute;s bien, quiz&aacute;s, an&aacute;loga a lo que hoy ser&iacute;a la muerte de un padre, o de una pareja; una de las durezas de la vida, pero de esas que le tocan m&aacute;s o menos a todo el mundo y que se espera que una pueda sobrevivir. Agnes, en cambio, lo trata como lo tratar&iacute;amos nosotros: a ojos de todo su entorno, entonces, enloquece.
    </p><p class="article-text">
        En la novela, este contraste entre lo que se espera de una madre (que siga adelante con su vida) y lo que Agnes de hecho hace es uno de los temas centrales. En la pel&iacute;cula, en cambio, esta diferencia entre Agnes y su entorno est&aacute; mucho menos clara; de alguna manera, la pel&iacute;cula aprovecha el hecho de que su protagonista tenga la sensibilidad de una chica &ldquo;de ahora&rdquo; para sencillamente contarnos la historia como si sucediera &ldquo;ahora&rdquo;. Entonces Agnes no solo es una madre del siglo XXI; es tambi&eacute;n una esposa del siglo XXI. El modo en que Agnes se molesta con la insensibilidad de su esposo, con el hecho de que &eacute;l s&iacute; siga adelante con su vida y su carrera luego de la muerte del peque&ntilde;o Hamnet, es claramente extempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Pocas cosas me producen tanta curiosidad como las emociones de hace siglos: c&oacute;mo era ser mujer, hombre, padre, madre, amigo, amiga, hijo o hija antes de que las familias fueran eso que&nbsp;son hoy. C&oacute;mo era enamorarse; c&oacute;mo era criar; c&oacute;mo era separarse; c&oacute;mo era duelar.<em> Hamnet</em> es una pel&iacute;cula preciosa y sensible; me result&oacute; admirable, sobre todo, el modo en que Zhao narra la naturaleza, y la importancia de los tiempos y los colores de lo silvestre para el personaje de Agnes. Es virtuoso, tambi&eacute;n, el trabajo de <strong>Jessie Buckley</strong> construyendo una protagonista al mismo tiempo opaca y transparente. Pero si la pel&iacute;cula tiene algo imperdonable es su falta de curiosidad por la sensibilidad de la &eacute;poca que retrata: Zhao abraza esas contradicciones que est&aacute;n en el texto de O&rsquo;Farrell, pero un poco para suavizarlas y pararse firmemente de un lado, el lado de nuestra manera de entender los sentimientos. Se pierde, entonces, de preguntarse por lo situado de nuestra manera de sentir, lo contextual y lo temporal del modo en que entendemos cosas supuestamente tan eternas como la vida y la muerte, el duelo y el amor. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que hay un solo v&iacute;nculo en la pel&iacute;cula que escapa a este problema: la relaci&oacute;n entre Agnes y su suegra, la madre de Shakespeare, encarnada por <strong>Emily Watson</strong>. Creo que tanto en lo que ponen las actrices como en el texto, o sobre todo en la falta de &eacute;l, ah&iacute; se construye una camarader&iacute;a femenina antigua en el mejor de los sentidos, una complicidad basada solamente en la suerte compartida, o m&aacute;s bien en la falta de ella, que estaba m&aacute;s a flor de la piel cuando la vida de todas las personas, pero quiz&aacute;s ante todo la de las mujeres, estaba m&aacute;s determinada por la naturaleza. Dos mujeres que en principio se tratan con frialdad y desconfianza se vuelven hermanas no, como lo har&iacute;amos en el siglo XXI, compartiendo experiencias a trav&eacute;s de las palabras, sino comparti&eacute;ndolas porque la gente viv&iacute;a demasiado cerca, porque no exist&iacute;a la privacidad ni la higiene an&oacute;nima de los hospitales tal como hoy la conocemos. En esos pocos momentos que ellas comparten est&aacute; escondida, en mi humilde opini&oacute;n, la pel&iacute;cula que podr&iacute;a haber sido. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-ahora_129_13069641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 11:56:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chloé Zhao,William Shakespeare,Jessie Buckley]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/si-queres-llorar-hamnet-dara-motivos_1_13028377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b499c124-32bf-4467-9c8e-39c3abd59da2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La versión fílmica de la valiosa novela de Maggie O’Farrell –coautora del guion junto a la directora Chloé Zhao– centrada en enaltecer la figura de la denigrada Agnes, esposa de Shakespeare, brinda un convincente retrato de época. El tremendo duelo por la muerte de uno de los hijos da lugar a una conmocionante fusión de cine y teatro.
</p></div><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil encontrar a alguien entre el p&uacute;blico teatrero y/o cin&eacute;filo que a esta altura no sepa nada acerca de <strong>Hamnet</strong>, la muy recomendable novela de <strong>Maggie O`Farrell</strong>, <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/claves-hamnet-historia-siglo-xvi-habla-dolor-siglo-xxi_1_12970733.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicada en 2020 y reeditada por estos d&iacute;as,</a> debido al suceso de la trasposici&oacute;n cinematogr&aacute;fica, que localmente permanece en salas. Y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n resultar&iacute;a dar con personas de ese numeroso p&uacute;blico que no hubieran visto varios de los espect&aacute;culos esc&eacute;nicos y/o f&iacute;lmicos inspirados, directa o indirectamente, en ese supercl&aacute;sico de Shakespeare que tambi&eacute;n ha incentivado a m&uacute;sicos de diversos g&eacute;neros, a escritores y a m&uacute;ltiples ensayistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la citada escritora, nacida en Irlanda (1972) y criada en Gales y Escocia, no centra su novela ni en la pieza teatral ni tampoco intenta proponer una nueva biograf&iacute;a del genial autor que, en su texto, es un personaje secundario que apenas es nombrado como el maestro de lat&iacute;n, el padre, el marido que se va a Londres a desplegar su vocaci&oacute;n alentado por su mujer. En el libro, O&rsquo;Farrell avisa desde el vamos que lo suyo fue tratar de despegarse del retrato desfavorable impuesto por cantidad de bi&oacute;grafos hasta el siglo pasado, que presentaron a la esposa de William Shakespeare como a&ntilde;osa, interesada e ignorante, sin que hubiese suficiente documentaci&oacute;n, o abiertamente manipulando los escasos datos existentes. Entonces, Maggie decidi&oacute; hacer justicia a su manera creando un relato alternativo, poniendo de manifiesto, por ejemplo, que Agnes (como la nombra el padre en su testamento) era, en todo caso, un buen partido para la familia Shakespeare, endeudada con los Hathaway.
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        Por otra parte, la novelista vio una asociaci&oacute;n notoria entre el t&iacute;tulo de la archifamosa tragedia y el nombre de ese hijo de la pareja Hathaway-Shakespeare, Hamnet, que muri&oacute; a los 11 a&ntilde;os de la peste: &ldquo;Trat&eacute; de entender por qu&eacute; este ni&ntilde;o nunca era tenido en cuenta por los especialistas. A m&iacute; siempre me fascin&oacute; la semejanza entre su nombre y el de la pieza, &iquest;c&oacute;mo explicar que se lo tomaran solamente como una simple coincidencia?&rdquo;, coment&oacute; en una reciente entrevista para la radio France Culture. As&iacute; fue que tom&oacute; la decisi&oacute;n de que Hamnet dejara de ser una nota al pie de p&aacute;gina, para lo cual se puso de parte de Agnes, reconoci&eacute;ndole ese perfil de poco letrada pero muy inteligente, rebelde a las convenciones, bastante visionaria, en comuni&oacute;n con la naturaleza, conocedora de las hierbas sanadoras. Un toque druida plebeya por sus habilidades y su misticismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aparte de reivindicar el papel que habr&iacute;a jugado Agnes como persona, esposa, madre, curandera, la tesis de O&rsquo;Farrell es que, al cabo de cuatro a&ntilde;os de su muerte, Hamnet result&oacute; la inspiraci&oacute;n de<strong> Hamlet</strong>. Algo que, desde la verdad literaria, po&eacute;tica queda patentemente demostrado.
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                Jacobi Jupe (Hamnet) jugando con su padre (Paul Mescal)                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Hamlet al por mayor en el cine</h2><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>La tragedia de Hamlet, pr&iacute;ncipe de Dinamarca</strong> (t&iacute;tulo original) casualmente no figura en estos momentos en la cartelera teatral local, que tant&iacute;simas veces la ha solicitado. En consecuencia, acto seguido va un repaso de algunas de las versiones que ha ofrecido el cine desde aquella, cortita y silente, de 1899: <strong>El duelo de Hamlet</strong>, con Sarah Bernhardt, espada en mano diestramente manejada, s&iacute;, en el papel del ciclot&iacute;mico noble.
    </p><p class="article-text">
        Entre las adaptaciones m&aacute;s solemnemente acad&eacute;micas, inevitable la menci&oacute;n de la producci&oacute;n brit&aacute;nica de 1948, encabezada y dirigida por Laurence Olivier, que dura dos horas y media largas, muy premiada. Olivier, para su mayor gloria y r&eacute;dito, asimismo se hizo cargo del guion y de la producci&oacute;n. Este <strong>Hamlet</strong> se deja ver con paciencia y buena voluntad. Pero nada que se equipare con la majestuosa realizaci&oacute;n del ruso Grigori Kozintsev, de 1964, de una grandeza visual que corta el aliento en rutilante blanco y negro, maravillosamente musicalizada por Dmitri Shostakovich. El tan mentado mon&oacute;logo <strong>Ser o no ser</strong> est&aacute; recitado en off, como el pensamiento del pr&iacute;ncipe que se pasea cerca del mar embravecido, entre las &aacute;ridas rocas. Se puede ver en YouTube, restaurada, con subt&iacute;tulos en espa&ntilde;ol, en franc&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gamlet (Hamlet),1964, de Grigori Kotzinsev                            </span>
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        Entre las lecturas f&iacute;lmicas m&aacute;s pr&oacute;ximas en el tiempo, si bien francamente prescindibles aunque ostentosas, se puede nombrar el<strong> Hamlet</strong> de Franco Zeffirelli, 1990, &iexcl;con Mel Gibson al frente!; y, un tanto mejor, la adaptaci&oacute;n dirigida por Kenneth Branagh. Salvo que tuvo la mala idea de protagonizarla, en 1996.
    </p><p class="article-text">
        En 2000, Michael Almereyda trajo a la actualidad el texto de Shakespeare, tom&aacute;ndose algunas l&oacute;gicas licencias -reduciendo, pero respetando el lenguaje y el sentido originales- en el mundo de los negocios, en Manhattan. Con Ethan Hawke liderando y un elenco curiosamente heterog&eacute;neo: Julia Stiles como Ofelia, Kyle MacLachlan en el rol de Claudio, el fantasma a cargo de Sam Shepard, Bill Murray haciendo a Polonio&hellip; Y hace unos d&iacute;as nom&aacute;s, el 6 de febrero pasado, se estren&oacute; en Londres otro <strong>Hamlet</strong> en el siglo XXI, ambientado en la comunidad sudasi&aacute;tica de la capital inglesa. Con Riz Ahmed &ndash;en una interpretaci&oacute;n &ldquo;electrizante&rdquo;, seg&uacute;n la cr&iacute;tica&ndash;, bajo la direcci&oacute;n de Aneil Karia: atormentado por el fantasma apremiante que ya sabemos, este pr&iacute;ncipe relativamente melanco pasa a la clandestinidad, y en su af&aacute;n vengativo empieza a cuestionarse su propia conducta dentro de la corrupci&oacute;n familiar.
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                Hamlet 2026                            </span>
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        En cuanto a <strong>Shakespeare apasionado</strong> (1998), se justifica mentarla porque tiene como figura principal al mism&iacute;simo Bardo de Avon, actuado por el irrelevante Joseph Fiennes, en un episodio amoroso imaginario de su vida, bloqueado en la escritura de <strong>Romeo y Julieta</strong>. En este film, que atrajo a mucho p&uacute;blico, se desacredita a la esposa de WS, de la que est&aacute; &ldquo;muy separado&rdquo;, hablando de su &ldquo;lecho fr&iacute;o&rdquo;. El ingenioso guion lo firma el dramaturgo Tom Stoppard, que se divierte con el intercambio de identidades de g&eacute;nero en una &eacute;poca en que las mujeres ten&iacute;an vedado el escenario: el personaje de Gwyneth Paltrow se hace pasar por var&oacute;n para interpretar el Romeo que ella misma ha inspirado, de acuerdo a esta ficci&oacute;n. En la obra siguiente, <strong>Noche de reyes</strong>, Shakespeare apelar&aacute; una vez m&aacute;s al travestismo: mujeres que se disfrazan de hombres por alguna conveniencia, que en el per&iacute;odo isabelino eran interpretadas por actores varones muy j&oacute;venes.
    </p><h2 class="article-text">Agnes, por una actriz digna de ese rol: Jessie Buckley</h2><p class="article-text">
        Cantante y compositora, adem&aacute;s de actriz, la muy talentosa <strong>Jessie Buckey</strong> se identific&oacute; de modo casi simbi&oacute;tico con el personaje de Agnes. No importa que la int&eacute;rprete tenga unos 10 a&ntilde;os m&aacute;s que la Agnes hist&oacute;rica al casarse -a los 26- con Willy -de 18-. O sea que el actor<strong> Paul Mescal</strong> como el marido escritor tampoco cumple con la edad de su rol, si nos atenemos a los datos de la realidad. Pero en el film, basado fielmente en la novela salvo algunos ajustes, no se alude a esos detalles.
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                Agnes en el estreno de Hamlet, tributo a su hijo Hamnet                            </span>
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        En el arranque, se muestra a una pareja joven que se encuentra, ella le ha dado de comer a un halc&oacute;n amigo, &eacute;l estaba ense&ntilde;ando lat&iacute;n a unos ni&ntilde;os, hermanos de ella que los vigila. El flechazo: a primera vista, al primer di&aacute;logo, al primer roce f&iacute;sico. Agnes denota su condici&oacute;n de vidente cuando le toca la piel entre el pulgar y el &iacute;ndice, y ve &ldquo;un paisaje, espacios, cuevas, acantilados, t&uacute;neles, oc&eacute;anos, pa&iacute;ses por descubrir&rdquo;. &Eacute;l pone de manifiesto sus aficiones personales al contarle el mito de Orfeo y Eur&iacute;dice, esa tragedia de amor y muerte de la mitolog&iacute;a griega.
    </p><p class="article-text">
        El resto no es silencio, exactamente. Agnes, embarazada, encuentra excusa para casarse con Willy (que trabaja a disgusto en el taller de guantes de su padre, villano de una pieza que lo humilla y golpea, hasta que el joven lo enfrenta y corta toda relaci&oacute;n). Agnes tiene a su primera hija, Susannah, a solas, bajo su &aacute;rbol en una escena breve, pero de tremenda fisicalidad. Al marido se lo ve luchando por escribir entre sus papeles, se dir&iacute;a un mantenido de su mujer que queda de nuevo encinta y da a luz gemelos, Judith y Hamnet (esta secuencia puede resultar algo excesiva, sobre todo para un segundo parto).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasan los a&ntilde;os, los chicos crecen, arman juegos teatrales, recitan sonetos, el gemelo y la gemela intercambian ropas. Hamnet practica esgrima con su progenitor antes de que &eacute;l parta a Londres, animado por Agnes que comprende que su marido est&aacute; atrapado sin salida para realizar su deseo en Stratford. Ella entretanto trasmite sus saberes sanadores a sus hijas.
    </p><p class="article-text">
        A los 11, Judith se contagia de la peste, se agrava, ning&uacute;n remedio casero surte efecto. En la noche, el ni&ntilde;o, que ha prometido a su padre ser valiente y cuidar de la familia, acerca su rostro al de la ni&ntilde;a yacente con el fin de enga&ntilde;ar a la muerte que la ronda. Ofrece su vida a cambio. Y muere, para desesperaci&oacute;n absoluta de su madre. El padre que est&aacute; en camino, a caballo, no llega. Muy dolida, resentida, Agnes no perdona esa ausencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La pena colma la habitación del hijo ausente                            </span>
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        Se produce un salto temporal de unos a&ntilde;os (cuatro, durante los cuales WS, en la vida real,&nbsp;escribe comedias divertidas). Agnes viaja a Londres con su hermano llevando un volante en la mano que anuncia la presentaci&oacute;n de la tragedia de Hamlet. En la primera parte de la representaci&oacute;n, ella no entiende nada al ver a su marido hacer el papel del espectro. Indignada, logra llegar hasta el borde del escenario (para el film, se reprodujo, algo achicado y con menos ornamentaci&oacute;n, el reconstruido teatro El Globo). Hasta que el discurso del padre de Hamlet le transfunde a Agnes su enorme dolor. Y en la &uacute;ltima escena, cuando el joven actor que hace de Hamlet (no casualmente hermano de Jacobi Jupe, el extraordinario chico que interpreta a Hamnet) cae desfalleciente sobre las tablas, Agnes se estira y le toma la mano, lo conforta. Un momento m&aacute;s que emocionante donde se fusionan cine y teatro, se traspasa la cuarta pared y asimismo el coraz&oacute;n de los/as espectadores/as con el poder purificador, cat&aacute;rtico que puede brindar el arte.
    </p><p class="article-text">
        No en vano la directora Chlo&eacute; Zhao trabaj&oacute; tan consustanciada con Maggie O&rsquo;Farrell el guion. Del mismo modo, se podr&iacute;a pensar que no existe otra actriz capaz de darle vida al indomable personaje de Agnes. Y vistos los resultados finales, tampoco es de imaginar otra cineasta m&aacute;s apropiada para crear las im&aacute;genes, los ritmos, la atm&oacute;sfera del film <strong>Hamnet</strong>; para dirigir a ese elenco intachable, en especial al citado ni&ntilde;o Jacobi Jupe.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Shakespeare frente al telón del Globo, con el bosque que remite a su esposa"
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            <span class="title">
                Shakespeare frente al telón del Globo, con el bosque que remite a su esposa                            </span>
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        Adem&aacute;s de los logros de la fotograf&iacute;a, por igual en exteriores verdes o tomando fachadas de &eacute;poca, como en interiores con fuentes naturales de luz, la escenograf&iacute;a dise&ntilde;ada por Fiona Crombie trasporta al p&uacute;blico de manera palpable, veros&iacute;mil a fines del XVII, en un pueblo a ciento y pico de kil&oacute;metros de Londres.
    </p><p class="article-text">
        Como bien escribiera Austin Tichenor &ndash;codirector de Reduced Shakespeare Compan&yacute;, coautor de comedias, entrenador de escritura en The Shakespearence&ndash; este film dramatiza exitosamente la gran verdad de la novela: que el arte de WS tiene el mismo valor curativo que las hierbas y pociones de Agnes.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;MS/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/si-queres-llorar-hamnet-dara-motivos_1_13028377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 03:02:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,William Shakespeare,Hamnet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las claves de 'Hamnet': por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/claves-hamnet-historia-siglo-xvi-habla-dolor-siglo-xxi_1_12970733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93e2aab5-07d4-4044-9153-f83160cea989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las claves de &#039;Hamnet&#039;: por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un análisis sobre una novela que, junto a su reciente adaptación cinematográfica que ya está en cines, se ha convertido en un fenómeno de masas</p></div><p class="article-text">
        Cuando se habla de la biograf&iacute;a de Shakespeare y su vida &iacute;ntima, los investigadores y escritores se dan de cara contra un muro. Hay muy poca informaci&oacute;n fidedigna. No se sabe casi nada de qui&eacute;n fue aquel; quiz&aacute; el m&aacute;s famoso entre todos los poetas y dramaturgos del mundo. Tan poco sabemos sobre el genio ingl&eacute;s que elucubramos constantemente. Una de las hip&oacute;tesis m&aacute;s comunes, que cada tanto sale a la luz, sostiene que quiz&aacute; no fue &eacute;l quien escribiera sus obras. Unos afirman que nunca existi&oacute;, otros dicen que William, en realidad, fueron varias personas. Otros, que era cat&oacute;lico y no protestante en una Inglaterra en la que el catolicismo se practicaba en secreto y era perseguido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si de Shakespeare se duda, incluso, de si se tiene un retrato real (los que se le atribuyen son sujeto de debate porque no existen pruebas definitivas de que sea &eacute;l, aunque en algunos hay consenso de que s&iacute; podr&iacute;a ser), de su mujer y sus tres hijos se sabe a&uacute;n menos. Pero, &iquest;y si Shakespeare hubiera dejado alguna pista? &iquest;Y si hubiera puesto al lector frente al espejo del evento que cambi&oacute; su vida? William Shakespeare prest&oacute; a la m&aacute;s famosa de sus obras el nombre de un hijo muerto.
    </p><p class="article-text">
        Escribe la autora <em>bestseller </em>Maggie O&rsquo;Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte, 1972) que, en la d&eacute;cada de 1580, una pareja que viv&iacute;a en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el ni&ntilde;o, muri&oacute; en el verano de 1596 a los once a&ntilde;os. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, su padre escribi&oacute; una obra de teatro titulada <em>Hamlet</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/59ed4d3f-ddbe-48e2-9893-36b8014c235b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hamnet, Hamlet, dos nombres que son el mismo. Apenas var&iacute;a una letra y hoy se sabe que la ortograf&iacute;a era un tanto inestable en el siglo XVI. Lo saben los estudiosos &mdash;son dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre, seg&uacute;n consta en los anales de Stratford de finales del siglo XVI y principios del XVII&mdash; y lo sabe O&rsquo;Farrell, autora de <em>Hamnet </em>(2020; Libros del Asteroide, 2021), que juega con eso en una novela en la que fabula sobre la vida y la muerte del infante que, muy posiblemente, fuera el origen de la teatral <em>Hamlet</em>. Una novela en la que la irlandesa se olvida del genio, al que despoja hasta del nombre, y se centra en los personajes que quedaron al margen. Dos ni&ntilde;os gemelos, una ni&ntilde;a mayor y una mujer sobre la que, hasta hoy, no se hab&iacute;a contado gran cosa. La mujer de Shakespeare, Anne Hathaway, a la que O&rsquo;Farrell decide llamar Agnes porque as&iacute; es como su padre, Richard Hathaway, la llam&oacute; en su testamento.
    </p><p class="article-text">
        O&rsquo;Farrell se alz&oacute; ganadora del Women&rsquo;s Prize for Fiction en 2020 (uno de los galardones literarios m&aacute;s prestigiosos para obras escritas por mujeres) con la novela con la que indaga sobre los retazos biogr&aacute;ficos que, quiz&aacute;, William Shakespeare ocult&oacute; a la vista del gran p&uacute;blico. Un libro en el que la irlandesa rebusca y fabula sobre la verdadera identidad de Agnes y el rol que tuvo en la vida del autor, cu&aacute;l era la posici&oacute;n de las mujeres en la sociedad de la &eacute;poca, la devastaci&oacute;n que dejan tras de s&iacute; las epidemias y, sobre todo, el vac&iacute;o que le sigue a la p&eacute;rdida de un hijo.
    </p><p class="article-text">
        Publicado, precisamente, en plena pandemia, <em>Hamnet </em>no dej&oacute; de cosechar &eacute;xitos y lectores en Occidente. Nombrado como libro del a&ntilde;o, tambi&eacute;n en 2020, por Waterstones (el equivalente brit&aacute;nico a la Casa del Libro) ahora, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/chloe-zhao-conmueve-inteligente-adaptacion-hamnet-medita-duelo-sanador-arte_129_12720171.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llega a la gran pantalla de la mano de la cineasta Chlo&eacute; Zao</a>, que se llev&oacute; el Oscar a la mejor direcci&oacute;n y pel&iacute;cula en 2020 por <em>Nomadland</em>. Adem&aacute;s, ocupa un lugar preponderante en las apuestas de 2026 tras cosechar varios galardones en la 70&ordf; Seminci (Semana Internacional de Cine de Valladolid), el TIFF 2025 y los Globos de Oro 2026.
    </p><h2 class="article-text">Un &eacute;xito cocinado a fuego lento</h2><p class="article-text">
        La gran pregunta a la que atiende esta cr&oacute;nica es qu&eacute; hace que una historia familiar del siglo XVI haya recibido semejante acogida en los lectores del siglo XXI. &lsquo;El marketing&rsquo; es una de las primeras respuestas que da Luis Solano, editor de Libros del Asteroide. &ldquo;En Espa&ntilde;a fue clave el hecho de ser escogido &lsquo;el libro del a&ntilde;o&rsquo; en los principales suplementos literarios&rdquo;, explica Solano para se&ntilde;alar que, para cuando lleg&oacute;, ya se hab&iacute;a convertido en un &eacute;xito en Reino Unido y Estados Unidos. &ldquo;Vimos que era un fen&oacute;meno que se hab&iacute;a replicado en varios pa&iacute;ses. Nosotros hab&iacute;amos publicado ya tres libros de la autora, pero con esta novela dio un gran salto tanto para la cr&iacute;tica como para un p&uacute;blico m&aacute;s amplio&rdquo;, contin&uacute;a el editor.
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                Jessie Buckley en el teatro en el emocionante final de &#039;Hamnet&#039;                            </span>
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        Para Solano, adem&aacute;s, a pesar de que la trama est&eacute; ambientada en el siglo XVI, cuenta una historia desde una perspectiva actual, moderna. &ldquo;Trata temas universales como la enfermedad y la muerte desde lo &iacute;ntimo y pone en el centro a una figura femenina fuerte e independiente&rdquo;, argumenta. Es algo en lo que coincide Concha Carde&ntilde;oso, traductora de O&rsquo;Farrell: &ldquo;<em>Hamnet </em>es una historia muy interesante contada y dosificada con la perfecci&oacute;n de una escritora consumada, inteligente, experta y capaz de comunicar sin alardes, con sencillez, sentimientos y estados de &aacute;nimo dif&iacute;ciles de describir&rdquo;. Insiste, tambi&eacute;n, en que el gran hallazgo de la obra es que, emocionalmente, no hay grandes diferencias con la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese hombre ausente que carece de nombre, aunque el lector sepa perfectamente qui&eacute;n es, y el papel protag&oacute;nico de una mujer que, hist&oacute;ricamente, fue abandonada en una esquina, es lo que cosech&oacute; las loas de la cr&iacute;tica, como la de Rafael Narbona, escritor, cr&iacute;tico literario y profesor de filosof&iacute;a. &ldquo;Ha sido muy importante el hecho de que la novela est&eacute; escrita desde el punto de vista de ella. Una mujer que ten&iacute;a fama de hechicera y de la que apenas se ha registrado nada m&aacute;s all&aacute; de que era la mujer de Shakespeare, que era mayor que &eacute;l y que no se entend&iacute;a con &eacute;l. Una mujer relegada a un pie de p&aacute;gina y sobre la que se dijeron pocas cosas y, en su mayor&iacute;a, peyorativas&rdquo;, apunta Narbona, que se&ntilde;ala que esta perspectiva feminista tambi&eacute;n ha contribuido al &eacute;xito de la obra al acercarse de una manera &ldquo;tan original y novedosa&rdquo; a la vida de Shakespeare.
    </p><h2 class="article-text">A la sombra del mito</h2><p class="article-text">
        La propia O&rsquo;Farrell se&ntilde;al&oacute; en diversas entrevistas en medios que la elecci&oacute;n de ponerla a ella en el centro del relato vino de la curiosidad, s&iacute;, pero tambi&eacute;n de las descripciones y calificaciones que encontr&oacute; de Agnes en publicaciones acad&eacute;micas a lo largo del tiempo. &ldquo;Se la describ&iacute;a de una manera muy mis&oacute;gina y se dec&iacute;a que era una mujer fea cuando no nos han llegado retratos de ella y, por los pocos datos biogr&aacute;ficos que hay, parece que fue m&aacute;s bien todo lo contrario&rdquo;, comentaba la autora en el podcast <em>Not Just The Tudors</em>.
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            <span class="title">
                La escritora Maggie O&#039;Farrell                            </span>
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        &ldquo;Hay que tener en cuenta que Agnes ven&iacute;a de una familia acomodada para la &eacute;poca, mientras que la de &eacute;l estaba endeudada hasta las cejas y, sobre todo, es importante recalcar que, cuando se conocieron, &eacute;l a&uacute;n no era un poeta, no era nadie. El matrimonio resultaba ventajoso para &eacute;l, no para ella, pero estoy segura de que ella vio algo en &eacute;l, de que ella supo encender la chispa que despu&eacute;s ser&iacute;a el Shakespeare que conocemos&rdquo;, explicaba la irlandesa en conversaci&oacute;n con Suzannah Lipscomb, la directora del programa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El personaje de Agnes es fundamental, pues vivimos la p&eacute;rdida del hijo, de la madre y del marido a trav&eacute;s de ella con la fuerza y la viveza de la mujer excepcional que es&rdquo;, insiste, por su parte, Carde&ntilde;oso, quien se&ntilde;ala que el tema de la familia y los hijos es una constante en toda la obra de la irlandesa. &ldquo;Los toca con una fuerza y una profundidad que no puede dejar indiferente a nadie, sobre todo las mujeres&rdquo;, explica. Narbona, por su lado, apunta que &ldquo;es una novela que, adem&aacute;s de poner el foco en un tema que est&aacute; hoy a la orden del d&iacute;a, como es el de las mujeres olvidadas, est&aacute; tan bien escrita, concebida y estructurada que no es de extra&ntilde;ar que se haya convertido en un superventas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Literatura y duelo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Cualquier persona sabe estar con el dolor de otra persona&rdquo;. Son palabras de Mar Cortina, psic&oacute;loga especializada en duelo, en concreto en ni&ntilde;os y muerte, y autora junto a Agust&iacute;n de la Herr&aacute;n de tres ensayos: <em>La muerte y su did&aacute;ctica</em>, <em>Pedagog&iacute;a de la muerte a trav&eacute;s al cine</em> y <em>Educar y vivir teniendo en cuenta la muerte</em>. &ldquo;Sabemos acompa&ntilde;ar, estar ah&iacute;, de manera natural. Est&aacute; en nuestros genes. Es solo que durante muchos a&ntilde;os, culturalmente, hemos barnizado el tema con una p&aacute;tina de especializaci&oacute;n, de tener que seguir determinados rituales, como si hubiera una sola forma correcta de afrontar la p&eacute;rdida&rdquo;, explica Cortina en conversaci&oacute;n con este peri&oacute;dico para se&ntilde;alar que, muchas veces, los dolientes no se tienen que afrontar &uacute;nicamente a la p&eacute;rdida, sino a la expectativa socioecon&oacute;mica que se posa sobra ellos.&nbsp;
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                Jessie Buckley y Paul Mescal en &#039;Hamnet&#039;                            </span>
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        Cortina, que tambi&eacute;n es lectora de <em>Hamnet</em>, opina que tanta gente entr&oacute; en la historia por la forma &ldquo;bella y directa&rdquo; de mirar al dejar de existir de repente, cuando &ldquo;no tocaba&rdquo;. &ldquo;Esa idea del morirse antes de tiempo es un constructo. Puede ocurrir de repente, en cualquier momento, y hay que ser conscientes de ello&rdquo;, contin&uacute;a para recordar una an&eacute;cdota, la de su madre dici&eacute;ndole en las tardes de infancia que dejaran las camas hechas antes de salir de casa, por si pasaba cualquier cosa. &ldquo;Eso es tener conciencia de tu mortalidad, como tambi&eacute;n la ten&iacute;an las abuelas que se desped&iacute;an con un &lsquo;hasta ma&ntilde;ana, si Dios quiere'&rdquo;, ejemplifica Cortina. Y conciencia de mortalidad es tambi&eacute;n lo que despierta <em>Hamnet </em>en sus lectores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al leer o acercarnos a las historias de duelo ajenas enseguida conectamos con los propios. Es una reacci&oacute;n muy humana y normal mirar hacia dentro y ver lo que te conecta o te aleja de la tragedia ajena&rdquo;, contin&uacute;a Cortina, quien leyendo <em>Hamnet </em>volvi&oacute; a la p&eacute;rdida de su sobrina de 5 a&ntilde;os, por leucemia, hace ya una d&eacute;cada. &ldquo;Ver otras perspectivas, otras experiencias, ya sea en forma de ficci&oacute;n o testimonio, nos ayuda much&iacute;simo porque conectamos con lo que les ocurre a los dem&aacute;s&rdquo;, contin&uacute;a la psic&oacute;loga, quien insiste en que duelos hay tantos como personas. &ldquo;Los ni&ntilde;os lo viven de frente, de manera natural. Somos los adultos los que con el tiempo le ponemos capas y capas y acabamos actuando, a veces, como su tuvi&eacute;ramos la vida comprada&rdquo;, zanja la psic&oacute;loga, que qued&oacute; deslumbrada por el relato de una O&rsquo;Farrell que mira a la vida como se mira a la muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Nuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/claves-hamnet-historia-siglo-xvi-habla-dolor-siglo-xxi_1_12970733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 03:01:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las claves de 'Hamnet': por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[William Shakespeare,Hamnet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hijas sanas del patriarcado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hijas-sanas-patriarcado_129_11504426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8540b131-5bd6-48ec-a167-fd2ab63acaa0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijas sanas del patriarcado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La señora Macbeth", de Griselda Gambaro, muestra como la ambición de poder enceguece y fomenta asesinatos. Una obra de 2003, inspirada en la tragedia de Shakespeare, que se asocia de inmediato con las mujeres que hoy ocupan los más altos cargos en la función pública y parecen no tener límites en el ejercicio de la violencia. Los cuerpos que se oponen y resisten son atropellados y castigados.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando vi</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> La se&ntilde;ora Macbeth</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, encarnado por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Valeria Cohen</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en el c&aacute;lido Teatro Azul de Villa Crespo, un fr&iacute;o corri&oacute; por mi cuerpo. Me sorprendi&oacute; y no pude dejar de relacionar el personaje de Shakespeare, en este caso la criatura que habita la dramaturgia de nuestra </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Griselda Gambaro</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con unas cuantas mujeres patol&oacute;gicas que est&aacute;n hoy en el poder pol&iacute;tico de la Argentina.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Decimos patol&oacute;gicas y pareciera que desculpabilizamos a esas sujetas, como si fueran enfermas, No es as&iacute;. Alterado o no su estado mental, les cabe toda la responsabilidad de sus hijaputeces. Son hijas sanas del patriarcado. Psic&oacute;patas, desde el punto de vista de los diagn&oacute;sticos tradicionales de la psiquiatr&iacute;a. A veces germen y siempre aliciente de los asesinatos que perpetra el poder contra les ciudadanes, por ambici&oacute;n, desidia, ignorancia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es dif&iacute;cil encontrar c&oacute;mo llamarlas sin caer en el insulto o el diagn&oacute;stico por la falta de salud en sus cabezas. Son mujeres que manejan con total banalidad los hilos y los destinos de millones de conmatriotas y compatriotas como si fu&eacute;ramos marionetas. Nos contaminan con sus peores venenos, a nosotres y a los territorios donde residimos. Niegan los hechos, acumulan bienes porque s&iacute;, reparten tiros y palos. Reprimen, persiguen, encarcelan. </span>
    </p><p class="article-text">
        Gambaro rearma la historia original para explorar la dependencia femenina en una relaci&oacute;n condicionada por la ambici&oacute;n del poder, el delito y la culpa. La mancha del asesinato reaparece una y otra vez y enloquece de culpa a la protagonista. &iquest;Por qu&eacute; ocurre esto? &iquest;Acaso, por los cr&iacute;menes de su esposo, que mata hijos porque no puede engendrarlos, porque el hombre se confiesa culpable en la intimidad, porque no puede amarla? &iquest;O la hace cargo de la culpa por el deseo de ser mujer y gozar como tal?
    </p><p class="article-text">
        Una met&aacute;fora despiadada de la sumisi&oacute;n c&oacute;mplice frente al poder y de los dispositivos de silencio que intentan imponerse despu&eacute;s para silenciar las voces que buscan sentido, entendimiento, reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La memoria colectiva se revisa desde personal de la Se&ntilde;ora Macbeth: Sus a&ntilde;os de acallar por temor, porque era conveniente, se pulverizan y se rompen los velos del encubrimiento cuando emerge esta se&ntilde;ora Macbeth que trae sus heridas.
    </p><p class="article-text">
        La se&ntilde;ora Macbeth puede equipararse a la sociedad en su lucha por la desmemoria, por asumir el pasado y avizorar que, s&oacute;lo recuperando la conciencia de lo ocurrido, saliendo de la anestesia, se puede construir.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Gambaro le da una vuelta de tuerca a la pieza emblem&aacute;tica y Cohen, junto a un elenco s&oacute;lido y coral, chorrea violencia y exalta las locuras que causa la ambici&oacute;n ilimitada de poder. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con muy pocos elementos en escena, la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Volpin </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">reelabora de un modo m&aacute;s que interesante el cl&aacute;sico brit&aacute;nico. La lucidez de esta creaci&oacute;n explora sin concesiones los aspectos m&aacute;s oscuros de la condici&oacute;n humana. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Un lenguaje delirante, por momentos absurdo, casi surrealista trasluce c&oacute;mo el encierro en las propias ideas, la desarticulaci&oacute;n con lo real, generan un aislamiento peligroso y pueden devenir en la creaci&oacute;n de dispositivos tan&aacute;ticos. La represi&oacute;n sexual y la destrucci&oacute;n parecen estar a disposici&oacute;n de esos poderes nefastos.</span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Cómo no pensar, frente a esta obra canónica, en la hermana del presidente, en la vicepresidenta amiga de los represores de otrora, en la ministra de-capita humanes, y en su colega de (in) seguridad que aplaude y premia a los que disparan, tiran gases y encarcelan inocentes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Vendr&aacute;n &eacute;pocas de cr&iacute;menes felices donde el poder ignorar&aacute; las muertes que ocasiona, las decidir&aacute; sin imaginar y sin perder el sue&ntilde;o&rdquo;, dice la se&ntilde;ora Macbeth.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cualquier semejanza con la realidad argentina no es casual: &ldquo;Que arda el fuego, que hierva el caldero, que aumenten la fatiga y la confusi&oacute;n&rdquo;, se escucha en la escena. &ldquo;Arduo es no dormir cuando el sue&ntilde;o no da aliento a la conciencia&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La psic&oacute;loga e investigadora teatral </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Lydia Di Lello</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, especialista en Gambaro, se&ntilde;ala que Lady M</span>acbeth, protagonista de la tragedia, est&aacute; instalada en el imaginario colectivo &ldquo;casi como un mito. Este personaje teatral ha atravesado cuatrocientos a&ntilde;os para configurar la imagen misma de la mujer f&aacute;lica. El sesgo de ese casi mito es el de la instigaci&oacute;n. No comete el asesinato de Duncan con sus propias manos, pero induce las acciones de Macbeth. Y lo sostiene cuando flaquea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no pensar, frente a esta obra can&oacute;nica, en la hermana del presidente, en la vicepresidenta amiga de los represores de otrora, en la ministra de-capita humanes, y en su colega de (in) seguridad que aplaude y premia a los que disparan, tiran gases y encarcelan inocentes?
    </p><p class="article-text">
        Arp&iacute;as esot&eacute;ricas forman una red, rodean como un coro a la Lady y la confrontan con los gestos y hechos de su esposo. La se&ntilde;ora Macbeth est&aacute; pose&iacute;da por las palabras de su se&ntilde;or, no tiene una voz propia. O, mejor dicho, su voz singular, queda aniquilada o sometida por amor. Habla por su hombre, habla, como tantas otras mujeres de este pa&iacute;s y de este mundo, por el machismo, los medios hegem&oacute;nicos, esos hombres que las convirtieron en objetos para su uso y goce.
    </p><p class="article-text">
        Son las que apoyan la reducci&oacute;n y disoluci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero y de derechos humanos, las que compran el discurso de la corrupci&oacute;n de dichos organismos, las que igualan todas las violencias, las que equiparan femicidios con los eventuales malos tratos o asesinatos de algunos hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, a diferencia de lo que ocurre en la ficci&oacute;n del teatro, ac&aacute; la pasi&oacute;n por el mal no proviene de las acciones de tres brujas, no es un complot de espectros, ni un acto de amor hacia un hombre, sino el resultado de un plan de despojo y entrega de un gran pa&iacute;s para ser convertido en otro peque&ntilde;o y pobre, sin identidad, que ha encontrado en estas mujeres las herramientas para realizarse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como siempre Shakespeare y Gambaro, dos &eacute;pocas, dos realidades. Su arte, adelant&aacute;ndose a su tiempo, nos habla de hoy. &iexcl;Son cl&aacute;sicos! Y est&aacute;n a la vanguardia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La se&ntilde;ora Macbeth&rdquo; estar&aacute; el 31/8 en el Teatro Maip&uacute;, de Banfield, a partir de setiembre vuelve los s&aacute;bados a las 19 horas al teatro Azul y en marzo de 2025 desembarcar&aacute; en el XXII Festival Iberoamericano Cumbre de las Am&eacute;ricas, en Mar del Plata</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hijas-sanas-patriarcado_129_11504426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hijas sanas del patriarcado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Griselda Gambaro,William Shakespeare,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pornografía, Eros y Macbeth]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pornografia-eros-macbeth_129_10834110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4dd08c63-6115-480e-af04-153c331600d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pornografía, Eros y Macbeth"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras el erotismo alude al entrelazamiento amoroso de los cuerpos, la pornografía apela a un consumismo  fragmentario del otro, otra, otre, donde las personas funcionan más como cosas. El teatro, la política y la amistad suelen ser las formas más humanas de formar comunidad. La experiencia de la obra de Pompeyo Audivert, Habitación Macbeth.</p></div><p class="article-text">
        Dicen que la pornograf&iacute;a borra el cuerpo en tanto casa confortable y refugio, despoj&aacute;ndonos de nuestra subjetividad, al convertirnos en partes, pedazos, fragmentos de exhibici&oacute;n y consumo. Nada que ver con el erotismo, que religa y re&uacute;ne.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lo porno entra en escena, lejos de abordar los misterios de la vida, vac&iacute;a el cuerpo/los cuerpos de todo contenido: no se trata de un disfrute ligado al encuentro sino a la pura sensaci&oacute;n animal. No se trata ac&aacute; de dejar sentada una posici&oacute;n inflexible acerca del disfrute f&iacute;sico, no nos subimos a la tarima de los predicadores del bien o del mal, sino que intentamos comprender lo espec&iacute;fico de Eros con relaci&oacute;n a lo propio de lo porno y pensar, acaso, que cuando se invoca al dios griego del amor lo que hay es un a pol&iacute;tica de la uni&oacute;n en lo diverso y que con lo porno el cuerpo se reduce a una mera condici&oacute;n de objeto.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, pregunto, &iquest;No ser&aacute; el erotismo, amplificado, una met&aacute;fora apropiada que puede aludir a la forma en que se entrelazan las comunidades, donde los individuos son fraternos m&aacute;s all&aacute; de sus diferencias y el placer es el del encuentro y el bienestar propio y del otre?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&aacute;, en cambio, el goce de la carne en primer plano, una forma de quedar sometido y someter al semejante a la repetici&oacute;n, a lo mec&aacute;nico, al borramiento de la humanidad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hablar contra los poderes, decir la verdad y prometer el goce; enlazar entre s&iacute; la iluminaci&oacute;n, la liberaci&oacute;n y voluptuosidades multiplicadas; sostener un discurso donde se unen el ardor del saber, la voluntad de cambiar la ley y el esperado jard&iacute;n de las delicias, eso es lo que sostiene en nosotros el encarnizamiento en hablar del sexo en t&eacute;rminos de represi&oacute;n&rdquo;, escribe <strong>Michel Foucault</strong> en el primer volumen de su <em>Historia de la sexualidad</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es frecuente hablar de la falta, a&uacute;n para los que la sociedad gordof&oacute;bica nos supone excedidos. &iquest;no se incita todo el tiempo, a todas, todes y todos a consumir vorazmente: comida, medicaci&oacute;n, bebidas, personas, sexo, cosas, tiempo? Y, vaya paradoja, nos quitan cada vez m&aacute;s, por razones de dinero y tambi&eacute;n para cercenarnos derechos, la posibilidad de elegir qu&eacute; nos llevamos al cuerpo, con qu&eacute; y quienes nos relacionamos. 
    </p><p class="article-text">
        Anhelamos lo que falta, nos ilusionamos, creamos para&iacute;sos (im)posibles que nos incentivan a luchas por un mundo mejor. Una vida. Y, como solemos frustrarnos, el arte, la amistad y la pol&iacute;tica abren un campo de posibilidades enorme.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que hace <strong>Pompeyo Audivert</strong> en su espect&aacute;culo <em>Habitaci&oacute;n Macbeth</em>, que vi el fin de semana pasado en su estreno, en el Teatro Metropolitan, luego de ofrecerse durante varias temporadas en el Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n. Se trata de una versi&oacute;n para un actor que el int&eacute;rprete, dramaturgo y director ide&oacute; durante la pandemia por covid a orillas del mar, en ese extra&ntilde;o encierro que transit&oacute; casi toda la humanidad, a&uacute;n estando (como en el caso del artista) caminando al aire libre. El unipersonal est&aacute; dedicado al maestro de teatro, <strong>Lorenzo Quinteros</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Las Brujas Fat&iacute;dicas del p&aacute;ramo de huesos representan la tragedia por medio del cuerpo de un actor que encuentran en la fosa del teatro. Ellas buscan el goce, deleite y catarsis metaf&iacute;sica del p&uacute;blico. Pero no se trata de una representaci&oacute;n reproductiva, no se presenta una realidad plana, igual a s&iacute; misma, que se representar&aacute; sin variaciones. Es un ser vivo. El artista como el p&uacute;blico crean, algo entre ellos se transforma con distintos grados de emoci&oacute;n y de conciencia. Habitaci&oacute;n Macbeth atraviesa los cuerpos, envuelve, abofetea, es una instancia dial&eacute;ctica diferente a la afirmaci&oacute;n y su negaci&oacute;n..
    </p><p class="article-text">
        Darle un piedrazo al espejo (en el que se mira H&eacute;cate, el P&uacute;blico) en el momento en que la unidad con los asistentes se produce y amenaza cristalizarse no es muy com&uacute;n. &ldquo;Por eso Shakespeare y Beckett son geniales, no quieren reflejar al mundo sino revelar su condici&oacute;n de l&aacute;pida&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El teatro de Audivert no deja tranquilos a los cuerpos. El suyo en escena tiene una versatilidad infrecuente, lo habitan diferentes personajes. Las m&aacute;scaras son m&uacute;ltiples y no permiten llegar nunca al rostro verdadero, pero ese es el prop&oacute;sito: crear una realidad otra, multidimensional, que se despliega frente a la cuarta pared mientras el p&uacute;blico, inc&oacute;modo, se enmascara entre risas, carraspeos, flu&iacute;dos, movimientos, aplausos. Nadie est&aacute; quieto. Todes, inquietos.
    </p><p class="article-text">
        Es que esa piedra que irrumpe &ndash;el texto, la puesta, la actuaci&oacute;n, la totalidad teatral que incluye la m&uacute;sica original de <strong>Claudio Pe&ntilde;a</strong>&ndash; elimina la posibilidad del reflejo, &ldquo;dejando que el espejo revele sus valencias secretas, sus misterios y su profundidad abismal, hasta el punto de volverse pozo ciego, antro que deglute la perspectiva ficcional del frente hist&oacute;rico, para devolver fantasmagor&iacute;as alucinadas, pre&ntilde;adas de delirios y pasiones que dicen ser nosotros (nos otros). En Macbeth es el esp&iacute;ritu del crimen el que se presenta, atizado por una fuerza sobrenatural, H&eacute;cate&rdquo;, dice el programa de mano. &iquest;Ser&aacute; ese esp&iacute;ritu el de la mayor&iacute;a sufragista de las elecciones generales del pasado 19 de noviembre?, &iquest;los que creen que cuanto peor, mejor en ambos extremos del arco pol&iacute;tico?
    </p><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu asesino reclama y despierta a quienes ocupan palcos y platea, lo impele sin r&eacute;plica, &ldquo;a encarnar y manifestarse, a tomar el poder y acendrar su quilate hasta el martirio en el pat&iacute;bulo metaf&iacute;sico del teatro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El bardo ingl&eacute;s dice Audivert, &ldquo;convoca los reflejos infieles que yacen m&aacute;s all&aacute; de la conciencia, la conciencia no es m&aacute;s que un obst&aacute;culo que establece como carnada para pescar un bicho mayor, un asunto sobrehumano o, mejor dicho, infrahumano&rdquo;. Cuando el espejo se rompe, cuando se crea la comuni&oacute;n y estalla aparecen las fuerzas oscuras del crimen social que cre&oacute; la sociedad Macbeth, ese conjunto de voluntades de poder, ese mandato imperativo que , no lo sabemos, quiz&aacute;s se termine fagocitando a s&iacute; mismo. Ni al infinito, ni m&aacute;s all&aacute;. El sistema es hist&oacute;rico, cultural, creado. Pasar&aacute;, pasar&aacute;, pero el &uacute;ltimo &iquest;quedar&aacute;? 
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo tambi&eacute;n arroja su piedra al arrojar su cascote en el nivel de las formas de producci&oacute;n, &ldquo;de transparentar la estructura soporte, la m&aacute;quina teatral y su met&aacute;fora, sin menguar&rdquo; la intensidad y la fuerza de su l&iacute;rica, reivindicando el artificio ritual del v&iacute;nculo con el p&uacute;blico al que atrapa y repele casi en simult&aacute;neo, siempre con afecto, afect&aacute;ndolo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pornografia-eros-macbeth_129_10834110.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2024 03:03:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pornografía, Eros y Macbeth]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[William Shakespeare,Pompeyo Audivert,Lorenzo Quinteros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intensidades que sí, intensidades que no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/intensidades-si-intensidades-no_129_10284574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7257abef-f82a-4b7f-ab4b-7d73526b460d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Intensidades que sí, intensidades que no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre experiencias ardientes que sirven para enriquecer el arte y otras igual de quemantes -la pobreza, la violencia- que restan más de lo que suman.</p></div><p class="article-text">
        A veces siento que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de tener una columna semanal es que yo no creo en hacer una cosa distinta cada semana. Creo en el trabajo, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/calle-duerme_129_10265546.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya lo escrib&iacute; la semana pasada</a>. Creo en el poder el tiempo, en su capacidad de hacer que las cosas pesen y dejar que el viento o el ruido se lleven las que no saben pesar; y creo en las obsesiones, en estar siempre hablando de lo mismo, por eso me termino repitiendo tanto, en esta columna y en todo lo que escribo. No me cuesta la <em>small talk </em>pero, en el fondo, la detesto y as&iacute; termino obligando a cualquier extra&ntilde;o a involucrarse en mis dramas existenciales y compartirme los suyos (tener que estar pensando temas nuevos, por diminutos y livianos que sean, me angustia): prefiero que todas las conversaciones se traten sobre las cuestiones que me importan, que son muy pocas, incluso si son con personas que no conozco bien y que no s&eacute; si van a decirme algo que me importe. No estoy haciendo una defensa de esta manera de posicionarse en el mundo, ni en t&eacute;rminos art&iacute;sticos ni en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos ni en t&eacute;rminos humanos: estoy hablando de lo que me cuesta, de la dificultad de este espacio de los domingos, que para m&iacute; es de los s&aacute;bados, en realidad, que es cuando termino de escribir.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya un mes o dos, por caso, que estoy traduciendo <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> de <strong>Virginia Woolf</strong> y, honestamente, ocupa tanto espacio en mi cabeza que no me resulta tan f&aacute;cil hablar de otra cosa. Traducir es como quedar trabado en un embotellamiento yendo a la costa, o como ir al colegio, o como estar en una sala de espera: te toca estar tan quieta, avanzar tan despacio por un lugar por el que la gente pasa o pasar&aacute; despu&eacute;s a otra velocidad que es inevitable concentrarse en cada telara&ntilde;a, en cada fraseo o en cada idea peque&ntilde;&iacute;sima, en cada plazoleta absurda del camino. La primera vez que le&iacute; el libro no hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n a todo el cap&iacute;tulo que Woolf dedica a la incandescencia de la mente, que en estas &uacute;ltimas semanas me enloqueci&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las partes m&aacute;s famosas de este texto es aquella en la que Woolf imagina qu&eacute; hubiera pasado con una Shakespeare mujer, una hipot&eacute;tica hermana de Shakespeare que tuviera su mismo talento y sus mismas ambiciones. Siento que la parte m&aacute;s c&eacute;lebre, o al menos la que a m&iacute; me hab&iacute;a quedado grabada en la memoria, era la que ten&iacute;a que ver con las obvias dificultades materiales que hubiera encontrado esta hermana de Shakespeare, que hubiera terminado, seg&uacute;n Woolf, muerta por suicidio &mdash;b&aacute;sicamente, como termin&oacute; la propia Woolf&mdash; despu&eacute;s de tantos obst&aacute;culos y burlas. Pero no prest&eacute; atenci&oacute;n la primera vez que le&iacute; este texto, quiz&aacute;s porque era chica, quiz&aacute;s porque todav&iacute;a no me dedicaba a escribir y pensaba que eso no pod&iacute;a estar en mis cartas, a la pregunta no ya por las condiciones materiales sino por las condiciones que la mente necesita para crear. Woolf parece estar en alg&uacute;n sentido en contra del modelo del artista torturado, que precisa de una vida intensa para crear, y en otro sentido a favor. 
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n es que hay intensidades que s&iacute; e intensidades que no, experiencias ardientes que sirven para enriquecer el arte que una puede producir&mdash;como el sexo o la aventura&mdash; y otras igual de quemantes pero que restan m&aacute;s de lo que suman &mdash;la pobreza, o la violencia&mdash;. Para Woolf, el fuego de las segundas es un fuego que hace imposible esto que ella llama la incandescencia de la mente, esa cualidad de la pureza que Shakespeare alcanz&oacute; en un grado m&aacute;ximo: las dificultades de ser mujer produc&iacute;an una ira que, en lugar de ayudar al trabajo, hac&iacute;an que algo de la llama se perdiera al pasar de la mente al papel, que ese traspaso fuera torpe. Eso se ve, dice Woolf, en la obra de muchas escritoras mujeres que parec&iacute;an tener talento pero estaban demasiado distra&iacute;das por la furia para producir poes&iacute;a pura. 
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; pensando en esto en relaci&oacute;n con la otra de mis obsesiones del momento, el asunto del shabat, y la costumbre de prender velas para empezarlo y terminarlo. El fuego tiene un sentido para el misticismo jud&iacute;o, igual que para muchas otras tradiciones: representa el intento de los seres humanos por acercarse a lo divino, por ser dioses, por producir su propia luz. Pero ese mismo fuego puede servir para un sacrificio divino o para una destrucci&oacute;n, para iluminar y para matar; puede pasar por una mente incandescente hacia una obra perfecta, o por una mente dispersa hacia una obra fallida. Aunque Woolf distingue las experiencias de las mujeres y las de los varones, creo que sabe que ese fuego interno que produce poes&iacute;a buena y poes&iacute;a mala es el mismo; y que es el mismo, tambi&eacute;n, que le hace tan dif&iacute;cil vivir a cualquiera que tenga la arrogancia y el arrojo de intentar vivir de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Pero pens&eacute; en esto de las obsesiones y la reiteraci&oacute;n no principalmente por Virginia Woolf ni por mi trabajo de traducirla, ni porque pensaba volver a hablar de shabat por vez n&uacute;mero tres, cuatro o mil, sino porque anoche vi en el Cervantes <em>La gesta heroica</em>, una versi&oacute;n libre de <em>El rey Lear</em> que escribe y dirige <strong>Ricardo Bart&iacute;s</strong>. Bart&iacute;s dio vuelta la Mar&iacute;a Guerrero para achicar el teatro. Lo le&iacute; muchas veces decir que el teatro se ve hasta la fila 10, y entonces all&iacute; estamos, viendo teatro hasta la fila 10 en una de las salas m&aacute;s grandes del pa&iacute;s. All&iacute; estamos, viendo un teatro muy espec&iacute;fico, un teatro en el que Bart&iacute;s insiste desde mucho antes de que yo naciera, desde mucho antes de que yo supiera su nombre. En un momento determinado, el personaje de Mach&iacute;n (an&aacute;logo al rey Lear, y en alg&uacute;n sentido al propio Bart&iacute;s), que est&aacute; siempre mirando la misma pel&iacute;cula, dice que ya no hay nada nuevo para ver: lo dice el personaje y lo dice su autor, pero con una capa tan grande de tristeza y de cr&iacute;tica que no se entiende &mdash;en el mejor de los sentidos&mdash; si el autor est&aacute; poniendo esa afirmaci&oacute;n en boca de un viejo decr&eacute;pito porque sabe que es solo eso, un s&iacute;ntoma de vejez, o porque sabe que es la sabidur&iacute;a, que de verdad nunca hay nada nuevo o no es tan importante; o por las dos cosas, porque est&aacute; viejo y no puede creer otra cosa o porque incluso de joven pensaba lo mismo, que lo &uacute;nico que hab&iacute;a era casarse con un teatro, con un lenguaje, profundizar en una b&uacute;squeda sin dejar que nadie te corra de ella, ni las modas, ni la sensaci&oacute;n de que lo que hac&eacute;s ha quedado viejo o de que deber&iacute;as dejarte inspirar por cosas nuevas.
    </p><p class="article-text">
        Lo veo a Bart&iacute;s profundizar en sus propias obsesiones, a riesgo de repetirse, a riesgo de aburrir e incluso de desencantar, y a riesgo tambi&eacute;n de decir unas verdades salvajes sobre su vida y su obra que si estuviera revoloteando de un tema a otro jam&aacute;s hubiera llegado a decir; y pienso que es mentira que no quiero hacer una defensa de las obsesiones y de insistir por d&eacute;cadas con los mismos temas y la construcci&oacute;n pormenorizada de un lenguaje sin pasear, sin vacaciones est&uacute;pidas, sin excursiones superfluas; que s&iacute; quiero hacerla, que s&iacute; creo que es una forma superior del arte y de la vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/intensidades-si-intensidades-no_129_10284574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jun 2023 03:01:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Intensidades que sí, intensidades que no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Virginia Woolf,William Shakespeare,Ricardo Bartís]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Subrayados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/subrayados_129_8241247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a393b9b-9598-49fe-b895-f3ee72eab2e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Subrayados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué hace que un texto constituya una lengua viva?, se pregunta Alexandra Kohan. Que se lo pueda seguir leyendo, que se lo pueda seguir subrayando, empieza a responder y así habla de Hamlet, de los duelos, del deseo, de Lacan, de las lecturas y recuerda a su profesor, Osvaldo Umérez.</p><p class="subtitle">Por Alexandra Kohan. - Duelos.</p></div><p class="article-text">
        <em>                                                                                                                                                                            Para Osvaldo Um&eacute;rez, in memoriam</em>
    </p><p class="article-text">
        Una obra lo es tambi&eacute;n por los subrayados. Los de otros y tambi&eacute;n los propios y tambi&eacute;n lo que subrayamos en lo que otros subrayaron. Una especie de Mamushka de resaltados, un palimpsesto que no cesa. El texto se hace en y con los subrayados; en definitiva, como dice <strong>Juan Ritvo</strong>, &ldquo;un texto por venir es el &uacute;nico texto de que disponemos&rdquo;. No hablo s&oacute;lo del g&eacute;nero &ldquo;comentario&rdquo; o de los an&aacute;lisis, hablo de subrayados. Los lugares en los que alguien se detiene por <em>algo</em>: una palabra, una idea, una resonancia; esa porci&oacute;n que se decide anotar, escribir al margen, sacar del total del texto o, en rigor, para hacer del texto algo que se resista a la totalidad. Ah&iacute; leer implica un gesto que produce, como se&ntilde;ala Ritvo, un &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de la totalidad, es la singularidad que se impone m&aacute;s all&aacute; de la totalidad. [...] Supone un objeto que se ha excluido de la totalidad, pero a la vez queda excluido de la totalidad el que lee&rdquo;. Ni interpretar ni analizar, leer. Y en esa lectura se produce un efecto: el lector. Ni el texto ni el lector pueden ser dados, siempre son un efecto de la lectura, de esos subrayados. Detenerse en esos subrayados permite que un texto no se cierre sobre s&iacute; mismo, que no rechace nuevas lecturas. Acaso ah&iacute; radique la diferencia entre los distintos modos de leer. &iquest;Qu&eacute; hace que un texto constituya una lengua viva? Que se lo pueda seguir leyendo, que se lo pueda seguir subrayando. Que no se coagule en un dogma. Sobre todo cuando se trata de textos tan le&iacute;dos, comentados y analizados como Haml<em>et,</em> de William Shakespeare.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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function isEmail(value){return/^[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*@[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*\.[a-z]{1,15}$/i.test(value);}
function validar() {
  el5 = document.getElementById('email');
  var isOk = true;
  if (isEmpty(el5.value)){
    isOk = false;
  }
  if (isOk){
    var elements = document.getElementsByClassName("formVal");
    var formData = new FormData();
    for(var i=0; i<elements.length; i++) {
      formData.append(elements[i].name, elements[i].value);
    }
    console.log(formData);
    var xmlHttp = new XMLHttpRequest();
    var url = 'https://eldiarioar.ar/mchimp';
    xmlHttp.open('POST', url, true);
    // xmlHttp.setRequestHeader('Content-type', 'application/x-www-form-urlencoded');
    xmlHttp.onreadystatechange = function() {
      if(xmlHttp.readyState == 4 && xmlHttp.status == 200) {
        var r = JSON.parse(xmlHttp.responseText);
        if ('result' in r) {
          console.log(r.result);
          el1 = document.getElementById('form1');
          el2 = document.getElementById('success1');
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el1.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el2.style.display = 'block';
        } else {
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'block';
        }
      }
    }
    xmlHttp.send(formData);
	} else {
    el4 = document.getElementById('error2');
    el4.style.display = 'block';
	}
}
</script>
    </figure><p class="article-text">
        Las lecturas hacen de un texto algo vivo en la medida en que no pretendan ser una hermeneusis. Nicol&aacute;s Rosa dice que para enfrentar esas lecturas hermen&eacute;uticas, &ldquo;podemos postular una lectura de las ruinas textuales operando sobre la desaparici&oacute;n, fragmentaci&oacute;n y parcelamiento para luego intentar reconstruirlos, lo que Freud llamaba construcci&oacute;n- reconstrucci&oacute;n dando pie para una nueva lectura arqueol&oacute;gica donde el Sujeto- lector contribu&iacute;a a la reconstrucci&oacute;n de los restos&rdquo;. No se trata del sentido &uacute;ltimo del texto. Quiz&aacute;s la pregunta no sea, como sugiere Jacques Lacan, &iquest;qu&eacute; quiere decir eso?, sino &iquest;qu&eacute; es lo que al decir, es<em>o </em>quiere?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R<em>uinas textuales, restos.</em> El subrayado es m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alguna vez Lacan defini&oacute; la literatura como la acomodaci&oacute;n de restos.</strong> Y entonces pienso en <em>Hamlet</em>, no s&oacute;lo en el texto mismo, en su literatura, sino en aquello de lo que se trata a la vez que aquello que trata, <em>eso</em> que queda tratado en la obra. El tratamiento de la cosa. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n se trate de eso: de c&oacute;mo se acomodan los restos, como en un duelo. Esos restos que insisten, que vuelven intocados, que se repiten y se precipitan ineluctables. Esos restos que no descansan. Es que s&iacute;, &ldquo;los restos&rdquo;, dice Eduardo Rinesi, &ldquo;con todos los valores que contiene esa palabra, son un tema fundamental en <em>Hamlet</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando leemos <em>Hamlet</em>, asistimos a una coreograf&iacute;a de la imposibilidad en lo que a los duelos se refiere, los restos se resisten a ser acomodados. Ya en el comienzo leemos a Claudio decir que el recuerdo de su hermano est&aacute; todav&iacute;a fresco -&iexcl;como el cad&aacute;ver!- pero que aunque haya que mantener el luto en el coraz&oacute;n y en el reino, tambi&eacute;n hay que seguir ocup&aacute;ndose de s&iacute; mismos. Que se puede seguir con &ldquo;un ojo esperanzado y el otro sin consuelo/con alegr&iacute;a en el funeral y lamentos en la boda&rdquo; (las citas corresponden a la traducci&oacute;n de Eduardo Rinesi). Claudio y Gertrudis est&aacute;n juntos, se van a casar, Hamlet no disimula su desagrado ante la rapidez de ese casamiento y esa rapidez, ese pasar de uno a otro, va a quedar plasmada as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        Econom&iacute;a, Horacio, econom&iacute;a. Los manjares cocidos&nbsp;
    </p><p class="article-text">
                                                       	[para el funeral&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sirvieron como fiambres en las mesas de la boda.
    </p><p class="article-text">
        (La palabra <em>fiambre</em> en esa traducci&oacute;n lo hace todav&iacute;a m&aacute;s impresionante).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa coreograf&iacute;a de duelos imposibilitados pasa entonces por varios lados a lo largo de la obra: el Rey asesinado que vuelve como espectro y que no logra descansar en paz, Gertrudis que pasa de un marido al otro sin temor y sin temblor, Polonio y su &ldquo;furtivo funeral&rdquo;, como dice Laertes, Ofelia enterrada casi sin ceremonia. Los ritos, dice Lacan, han sido abreviados y clandestinos. Esas muertes, esos duelos impedidos, terminan por desacompasar, descuajeringar, desencajarlo todo. <em>Time is out of joint </em>es tambi&eacute;n la cifra de esa especie de zafarrancho. Un zafarrancho que desorienta a varios, pero sobre todo a Hamlet. Hamlet no encuentra las coordenadas para orientarse en lo que al deseo se refiere. No hay agujero en donde refugiarse porque todos se desviven por taparlos. &#8203;Esas muertes no logran agujerear el macizo estado de cosas, pretendidamente impenetrable, en el que todos saben demasiado y en el que nadie est&aacute; dispuesto a perder nada. Y entonces Hamlet ensaya hasta la desesperaci&oacute;n alg&uacute;n movimiento que pueda al menos rasgar alguna tela.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entr&eacute; a la c&aacute;tedra de Osvaldo Um&eacute;rez en 1998, <em>Hamlet </em>formaba parte del programa de la materia. <strong>Formarse en psicoan&aacute;lisis nunca es sin las marcas subjetivas de aquel que nos ense&ntilde;a, sobre todo cuando el que nos ense&ntilde;a no est&aacute; en el lugar del pedagogo, ni del que sabe. </strong>Osvaldo Um&eacute;rez era un apasionado del psicoan&aacute;lisis y tanto <em>Hamlet</em>, como la lectura que Lacan hace de la tragedia, le encantaban. Fue as&iacute; que yo tambi&eacute;n aprend&iacute; a deleitarme con el texto de Shakespeare. <em>Hamlet </em>es la tragedia del deseo, no un tratado filos&oacute;fico, y as&iacute; aprendimos a leerla con &eacute;l. Y mientras daba clase sobre <em>Hamlet,</em> Um&eacute;rez tambi&eacute;n hac&iacute;a menci&oacute;n a las relaciones amorosas, al lugar que la mujer ocupa para un hombre, a c&oacute;mo se anudan y se desanudan los <em>partenaires</em>, al deseo y sus rodeos. Sus clases eran de antolog&iacute;a. Desbordaban de estudiantes sentados en el piso escuch&aacute;ndolo. Muchos ya hab&iacute;an cursado la materia, pero volv&iacute;an como oyentes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hamlet es la tragedia del deseo, no un tratado filosófico, y así aprendimos a leerla con él.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El 20 de julio de 2008 Osvaldo Um&eacute;rez muere en un accidente de auto. Muchos de mis compa&ntilde;eros y yo seguimos en la c&aacute;tedra. Me gusta contarles a los estudiantes, en cada cuatrimestre que empieza, que entr&eacute; a esa c&aacute;tedra cuando Osvaldo Um&eacute;rez era su titular. <strong>Quiz&aacute;s sea una excusa para seguir pronunciando en voz alta su nombre.</strong> Siempre nos quedar&aacute; <em>Hamlet</em>, pensaba. Pero este a&ntilde;o un nuevo adjunto se hizo cargo de la c&aacute;tedra y sac&oacute; <em>Hamlet</em> del programa. Me entristec&iacute; mucho. Para m&iacute;, <em>Hamlet</em> era lo que a&uacute;n persist&iacute;a de Um&eacute;rez en la transmisi&oacute;n del psicoan&aacute;lisis en esa c&aacute;tedra, era su perfume, ese que nos dejaba impregnado cuando nos saludaba. <em><strong>Hamlet </strong></em><strong>no est&aacute; m&aacute;s en el programa y entonces volv&iacute; a experimentar la p&eacute;rdida. </strong>Una vez m&aacute;s, otra vez. O quiz&aacute;s todav&iacute;a la est&eacute; construyendo, como dice Ritvo: &ldquo;la p&eacute;rdida no es un dato, porque hay que construirla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>The time is out of joint.</em> Me gusta mucho esa frase. Es una de mis preferidas de todo <em>Hamlet.</em> Y por eso me gusta mucho lo que hace Eduardo Rinesi en <em>Actores y soldados. Cinco ensayos hamletianos</em> (UGNS), un trabajo minucioso, sutil en el que la va destejiendo, va desmenuzando la frase. Lo que Rinesi subraya, entre otras cosas, es que <em>The time is out of joint, </em>de Hamlet, es el <em>Something is rotten in the state of Denmark</em>, de Marcelo. &ldquo;Lo que est&aacute; podrido en Dinamarca es el lenguaje. Las palabras y los eslabonamientos de palabras que conforman los discursos que propone el poder pol&iacute;tico estatal para explicar lo que ha pasado, las razones de la muerte del antiguo rey y de la legitimidad del que sigui&oacute;, y que nadie, como descubrimos a poco de andar, cree demasiado que digamos&rdquo;. Se dice cualquier cosa, nadie se entiende, no hay un relato que logre acallar el cuchicheo del populacho. Subrayo lo siguiente: &ldquo;los juegos de palabras, los dobles sentidos, las ambivalencias y las polivalencias, las palabras que se dicen con un significado y que son entendidas (...) con otro, no son una demostraci&oacute;n m&aacute;s o menos pintoresca del genio literario de Shakespeare, no son un decorado de la acci&oacute;n que se desarrolla a lo largo de la pieza, sino que son, en realidad el verdadero tema de la pieza. <em>Hamlet</em> es una pieza sobre el lenguaje y sobre su desquicio&rdquo;. Los cuerpos y el lenguaje desquiciados. Un an&aacute;lisis tambi&eacute;n hace con <em>eso</em>.
    </p><p class="article-text">
        Una vez en una conversaci&oacute;n como cualquier otra, Osvaldo Um&eacute;rez desliz&oacute;, sin estridencias, que el deseo de mi pap&aacute; -que era casi un ingeniero en sonido y fabricaba equipos de audio- ten&iacute;a mucho que ver con mi elecci&oacute;n por la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis. Qued&eacute; at&oacute;nita. Nunca lo hab&iacute;a pensado antes. Fue muy lindo saber, a partir de ese momento, gracias a &eacute;l, que llevo la marca de ese deseo en lo que hago. Fue un hallazgo. Cuando le&iacute; en Jean Allouch que la transmisi&oacute;n se produce por fuera de lo familiar pens&eacute; en eso, en esos padres que hacen que algo de su deseo <em>pase</em> en la medida en que no est&aacute;n aleccionando en el lugar de Padres, esos que creen que saben lo que es bueno para sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era adolescente escuchaba un grupo de m&uacute;sica que se llamaba <em>This Mortal Coil</em>. Me gustaba much&iacute;simo ese grupo. Nunca me pregunt&eacute; qu&eacute; quer&iacute;a decir ese nombre, tampoco busqu&eacute; nunca su significado. Me bastaba experimentar lo que me produc&iacute;an esa m&uacute;sica, esas letras y esas voces: una tristeza amable, una alegr&iacute;a moderada, una peque&ntilde;a sensaci&oacute;n en el pecho, una especie de nostalgia agazapada, una melancol&iacute;a en estado de inminencia. Cuando llegu&eacute; a la lectura que hace Lacan de <em>Hamlet</em> -por primera vez en la c&aacute;tedra-, me encontr&eacute; con que es una expresi&oacute;n de Hamlet<em> </em>y que, adem&aacute;s, Lacan se detiene en ella: <em>This mortal coil</em>. Me acuerdo de la sorpresa, la emoci&oacute;n, la conmoci&oacute;n de leer en el texto esas tres palabras que para m&iacute; significaban tanto: <em>this mortal coil. </em>Me pas&oacute; algo que puede que sea exagerado, esa clase de exageraci&oacute;n de la que habla Alan Pauls, &ldquo;un trance de lectura sublime&rdquo;. Y es que fue un instante en el que todos los fragmentos de un mundo se acomodaron, fue un instante en el que toda la dispersi&oacute;n que implica vivir se reuni&oacute; en un solo sintagma, fue un instante que hizo que el deseo quedara situado. Quiz&aacute;s sea ef&iacute;mero, s&iacute;. Pero eso <em>pas&oacute;</em> y sigue pasando.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Y es que fue un instante en el que todos los fragmentos de un mundo se acomodaron, fue un instante en el que toda la dispersión que implica vivir se reunió en un solo sintagma, fue un instante que hizo que el deseo quedara situado. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La literatura acomoda los restos desquiciados de una vida, esos &ldquo;restos de mundos que se han ido sucediendo y que no por ser incompatibles dejan de hacer buenas migas, demasiado, en el interior de cada uno de nosotros&rdquo;, como dice Lacan. &ldquo;Partir de los restos desperdigados. Producir lo existente como resto&rdquo;, subrayo apenas empieza <em>Quipu</em>, de Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez. Un poco m&aacute;s adelante subrayo: &ldquo;Vivir: romperse. &iquest;Qu&eacute; vida no est&aacute; rota? Aprender a re&iacute;r mientras se rompe (...) Vivir es romperse. En el amor, en el deseo, en el esfuerzo, en el lloro, en la envidia, en los celos, en la p&eacute;rdida y en la victoria&rdquo;. Se trata otra vez, una vez m&aacute;s, de hacer con esos restos, con esos trozos de vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es a partir de Hamlet que Lacan precisa que, para que alguien nos haga falta, antes tuvimos que haber sido para ese alguien la causa de su deseo. No hay deseo sin duelo, no hay deseo sin agujero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es a partir de <em>Hamlet</em> que Lacan precisa que, para que alguien nos haga falta, antes tuvimos que haber sido para ese alguien la causa de su deseo. No hay deseo sin duelo, no hay deseo sin agujero. Allouch lo dice as&iacute;: &ldquo;el duelo no es solamente perder a alguien (...), es perder a alguien perdiendo un trozo de s&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n con ese trozo de s&iacute; que se pierde, que agujerea, se escribe un texto hecho de subrayados, de restos, de trazos en los rodeos de un mapa del deseo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Aug 2021 10:12:56 +0000]]></pubDate>
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