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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Erotismo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/erotismo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Erotismo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El erotismo plateado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-plateado_129_12843368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8d0dc82-c0b4-4b21-a042-06b95be7300f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El erotismo plateado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al contrario del éxtasis y el desasosiego que la sexualidad suele producir en los años tempranos, durante la vejez la sexualidad resulta más gozosa, suave y serena. </p></div><p class="article-text">
        <em>Eroto&ntilde;al</em> se instala en la paradoja habitual de haber querido ser mayor en la juventud y desear volver a la din&aacute;mica de aquel tiempo. Se trata de un libro sobre el erotismo y la vejez, escrito por <strong>Elena de la Aldea</strong>, autora de <em>Los cuidados en tiempos de descuido</em> y <em>Lo com&uacute;n, la comuna y lo comunitario</em>.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en Barcelona en 1938, la psic&oacute;loga y psicoterapeuta de grupos contextualiza los lugares de esta etapa en la historia y la cultura, escribiendo sin pudor sobre el placer, el goce y la sexualidad en el oto&ntilde;o de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario del torbellino de desasosiego y &eacute;xtasis que el erotismo provoca en el despertar, la presencia del amor en los d&iacute;as plateados no desaparece, sino que resulta menos acuciante, m&aacute;s suave, descansada y serena.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s sobre el tema en la autora, de orgullosos y alegres 85 a&ntilde;os, se activ&oacute; ya hace tiempo con la salida de <strong>Nelson Mandela</strong> de la prisi&oacute;n y su casamiento con <strong>Samora Machel</strong>, la viuda del presidente de Mozambique. &ldquo;Con ella reverdec&iacute; como una flor&rdquo;, dijo entonces el l&iacute;der de la lucha contra el apartheid.
    </p><p class="article-text">
        El genial <strong>Charles Chaplin</strong> se enamor&oacute; de <strong>Oona O&rsquo;Neill</strong>, 36 a&ntilde;os menor que &eacute;l y adem&aacute;s de tener ocho hijos, mantuvieron una relaci&oacute;n intensa hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as juntos.
    </p><p class="article-text">
        La cantante y actriz <strong>Cher</strong> encontr&oacute; a los 76 a&ntilde;os un amor en <strong>Alexander Edwards</strong>, de 40. <strong>Catherine Zeta Jones</strong>, veintinco a&ntilde;os menor que Michael Douglas, desafi&oacute; las normas y permance a su lado. La diferencia de edad y el hecho de que uno sea un adulto mayor no es un obst&aacute;culo cuando hay amor.
    </p><p class="article-text">
        El libro aborda la importancia de romper con el silencio, lo inspiradora que provoca la experiencia er&oacute;tica ajena, los detalles sutiles de los encuentros afectivos en esta etapa de la vida avanzada, el placer pese al inevitable deterioro del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que no hab&iacute;a previsto en absoluto en aquel cuerpo terso y liviano eran los pliegues, las arrugas y las partes que cuelgan. Sin embargo, tampoco hab&iacute;a previsto la gran adquisici&oacute;n de estos tiempos: la impunidad, la libertad de hacer y decir lo que deseo&rdquo;, dice una de sus entrevistadas, profesional de 84 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l es sabio y paciente, me da tiempo para ir llegando&rdquo;, comenta&nbsp;una mujer de 80 sobre su pareja de 76. Su compa&ntilde;ero desde hace cuarenta a&ntilde;os destaca: &ldquo;ella me provoca con todo su cuerpo, y valora todo lo que hago&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otra mujer, de89 a&ntilde;os, cuenta que ha tenido amantes con momentos de plenitud y disfrute y otros en que la pasi&oacute;n se desvanec&iacute;a. Esas situaciones no se diferenciaban de lo que le pasa en la actualidad, ya que como le sucede al resto de los mortales cada experiencia ha tenido sus luces y sombras.
    </p><p class="article-text">
        Una entrevistada se preocupa por la disminuci&oacute;n del deseo sexual en la posmenopausia y se&ntilde;ala que a pesar de haberse sentido siempre bella y atractiva, teme ser invisible y poco valorada. Y otra construye con su cuidadora una relaci&oacute;n amorosa, con relaciones sexuales incluidas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Simone de Beauvoir</strong> escrut&oacute; las ramificaciones emocionales, sociales y filos&oacute;ficas del proceso de envejecimiento. Eso s&iacute;, opt&oacute; por una actitud negadora en lo personal: sac&oacute; todos los espejos de su casa para no enfrentarse a los cambios de la edad.
    </p><p class="article-text">
        Desafiando clich&eacute;s y estereotipos, De la Aldea escribe para darle palabras relucientes, con consciencia y respeto, a realidades ocultas, prohibidas, castigadas, vividas en silencio y con verg&uuml;enza. Como si diera permiso, la lectura de <em>Eroto&ntilde;al</em><strong> </strong>es una llave que se abre a la plenitud y cierra los temores.
    </p><p class="article-text">
        Si en el pasado las relaciones anales y la masturbaci&oacute;n eran lo m&aacute;s pecaminoso, hoy parece esencial tener un cuerpo de dise&ntilde;o, ser joven o aparentarlo y consumir siempre los productos elaborados por las industrias de la belleza y farmac&eacute;utica. La cultura cosm&eacute;tica y m&eacute;dico-c&eacute;ntrica nos quiere capturar como bot&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esas subjetividades moldeables y mod&eacute;licas se imponen desde el poder para que se reproduzcan a escala global, pero es imposible alcanzarlas y nos percibimos fracasados. De ser dependientes nos convertimos en nuestros propios explotadores: esclavos y amos a la vez. Son las formas m&aacute;s sofisticadas de la dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cada uno es &uacute;nico y el deseo no se extingue, ni con los a&ntilde;os ni con el ejercicio de la opresi&oacute;n, que nunca es omnipotente. Es posible explorar nuevas formas de alcanzar sensaciones satisfactorias y nuevas formas de expresarlas. &ldquo;Mi abuela, cuenta una joven, &rdquo;disfruta de la piel y el olor de su marido, porque dice que huele a pan tostado&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Gestos sutiles como los que ofrecen las manos con sus caricias, la lentitud en los movimientos, las palabras tiernas o una mirada profunda pueden ser fuente de hedonismo, de reconocimiento, de orgasmos, de vitalidad. Siempre atendiendo a lo que la otra parte del binomio amoroso requiere y no encerr&aacute;ndose en la idea obstinada del &ldquo;yo lo s&eacute;&rdquo; y &ldquo;no hace falta que me expliques&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las actividades creativas son alternativas para el deleite. Por eso, en&nbsp;<em>Ringtone</em>, de la bailarina <strong>Brenda Angiel</strong>, de sesenta a&ntilde;os, conviven la danza como lenguaje y la propia biograf&iacute;a de una mujer que cierra los a&ntilde;os de su juventud. Esta artista del movimiento toma las tem&aacute;ticas del paso del tiempo y los l&iacute;mites en su carrera para coreografiarlas.
    </p><p class="article-text">
        Son hechos que los espectadores del espect&aacute;culo en A&eacute;rea Teatro no registrar&iacute;an si la protagonista no lo dijera a modo de una catarsis, como si fuera una terapia esc&eacute;nica en la que se sacude, se estiliza, se expande, se empeque&ntilde;ece, r&iacute;e, abraza y se agiganta. Angiel baila sola y con su hija de 21 a&ntilde;os,&nbsp;<strong>Sara Becker</strong>, adem&aacute;s de incluir a sus alumnos <strong>Guillermo P&eacute;rez</strong>, <strong>Agust&iacute;n Farf&aacute;n</strong>, <strong>Celina Rodr&iacute;guez</strong>, <strong>Agust&iacute;n Salinas</strong> y <strong>Giselle Pezoa</strong>, convirtiendo la obra danzada en un espect&aacute;culo de profunda conexi&oacute;n entre generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Con potencia, humor y delicadeza, el <em>Para Elisa</em>, de Beethoven, y la versi&oacute;n de Sandro como fondo sonoro, vence el estereotipo de la edad y expone sus placeres y padecimientos. La pionera de la danza a&eacute;rea cuenta que sufre una hernia discal y una artrosis de cadera, que la obligan a estar medicada en forma cr&oacute;nica para poder soportar el dolor.
    </p><p class="article-text">
        Angiel hab&iacute;a interrumpido su rol de int&eacute;rprete para dedicarse a dirigir, pero volvi&oacute; a bailar por un impulso vital pos-pandemia, que la sac&oacute; del estado de imposibilidad para goce propio y agradecimiento del p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El contexto es fascinante y aterrador, dice De la Aldea. Se refiere a las amenazas de riesgo nuclear, los genocidios que vemos por la tele sin que el mundo entero grite y los denuncie, el consumo abusivo, sin l&iacute;mites a la vista. Sin embargo, la invitaci&oacute;n al disfrute y el descubrimiento de la &uacute;ltima etapa de la vida est&aacute;n disponibles. Se potencian con la apertura y participaci&oacute;n en los colectivos. Son los grupos que se organizan, conversan, se apoyan y son ejemplo de que es posible vivir en mayor armon&iacute;a, cuando se tejen redes afectivas que nos conectan.
    </p><p class="article-text">
        LH/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-plateado_129_12843368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Dec 2025 14:15:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El erotismo plateado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Erotismo,Vejez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La moral del cuerpo liso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moral-cuerpo-liso_129_11237291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/144efd08-d6af-45f7-b68c-56fb78f0debc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La moral del cuerpo liso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni una falla ni una vergüenza, la vejez es una etapa de plenitud, realizaciones y erotismo. Aunque también es causa de un tipo de discriminación llamada edadismo que reivindica la ética de la lisura. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Es el cuerpo viejo un cuerpo fallado?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Porqu&eacute; las arrugas dan verg&uuml;enza?
    </p><p class="article-text">
        No es sencillo ser viejo en el mundo actual, menos que menos ser vieja. Sobe todo, cuando la &eacute;tica de la lisura en la piel se pretende dominante.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, una fuerza antag&oacute;nica avanza: la de los adultos mayores. No s&oacute;lo son un grupo etario apto para gastar, sino un sector en&eacute;rgico que celebra la vida y resiste contra toda forma de discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>Me olvid&eacute; cu&aacute;ntos a&ntilde;os tengo, a veces pienso que 75, otras 70, total uno puede pensar lo que se le antoje. Lo &uacute;nico libre son los pensamientos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Una licuadora es un buen premio, muchos jubilados comen la comida licuada.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A los viejos nadie nos da pelota.</em>
    </p><p class="article-text">
        Lo dice el personaje de Dorita, encarnado por <strong>Gabriela Villalonga</strong>, coprotagonista junto a <strong>Luciana Procaccini</strong>, de la obra <em>P&aacute;jaros que anidan en cualquier parte</em>, de <strong>Miriam Russo</strong>, dirigidas por <strong>Alfredo Martin</strong> (Itaca Complejo Teatral).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estoy de acuerdo con usar eufemismos como <em>Hay que morir joven lo m&aacute;s tarde posible</em>, <em>Los 60 son los nuevos 40</em> o <em>Soy una joven en un cuerpo de vieja</em>&rdquo;, dice la activista de la longevidad positiva, <strong>Flora Proverbio</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Autora del libro <em>Tri&aacute;ngulos plateados. Inteligencia sexual para vivir el deseo en la madurez</em>, Proverbio considera que con la vejez &ldquo;se van perdiendo funcionalidades porque el paso del tiempo le pasa factura al cuerpo y a la cabeza. Negarlo tambi&eacute;n es un tab&uacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El viejismo o edadismo -la discriminaci&oacute;n relacionada con la edad- es la tercera forma m&aacute;s usual de segregaci&oacute;n despu&eacute;s del machismo y el racismo. &ldquo;Y aunque no nos damos cuenta, nosotros mismos nos lo infringimos cuando, por ejemplo, decimos <em>me siento una vieja rid&iacute;cula</em> o <em>c&oacute;mo voy a hacer x cosa a esta edad</em>. Cuando nos tratamos as&iacute;, se deber&iacute;an encender unas luces rojas&rdquo;, advierte Proverbio, quien entrevist&oacute; a unas setenta mujeres y encuest&oacute; a otras 1500 en su libro, que incluye fotograf&iacute;as que materializan las fantas&iacute;as er&oacute;ticas de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el protagonista masculino de la serie <em>Grey&acute;s Anatomy,</em> <strong>Patrick Dempsey</strong>, de 58 a&ntilde;os, fue considerado por la revista People el hombre m&aacute;s sexy del mundo durante 2023, la modelo <strong>Cindy Crawford</strong>, de la misma edad, apareci&oacute; en las revistas diciendo que est&aacute; envejeciendo en paz.&nbsp;&ldquo;Las mujeres envejecen y los hombres maduran&rdquo;, hab&iacute;a dicho con iron&iacute;a <strong>Susan Sontag</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ten&eacute;s muchos a&ntilde;os? Sos vieja o viejo y est&aacute; todo bien. Si lo entendemos as&iacute;, podremos transitar esta etapa en paz. Lo importante es qu&eacute; pod&eacute;s hacer con tu cuerpo y con tu cabeza. Los cortes cronol&oacute;gicos se han ido corriendo, esta es una conversaci&oacute;n muy actual y est&aacute; bueno mantener el debate&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como ser joven no es un piropo ni un halago, ser viejo tampoco deber&iacute;a ser un insulto &ldquo;y no hay que buscar met&aacute;foras ni palabras que la reemplacen. La vejez tiene un correlato con la edad, con los a&ntilde;os se van apagando ciertas funciones. De todos modos, tener experiencia, haber vivido mucho no te hace m&aacute;s sabio, m&aacute;s bueno, ni mejor&rdquo;, agrega la especialista.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en que la menopausia est&aacute; dejando de ser un tema del que no se habla, &ldquo;muchas cosas est&aacute;n cambiando y muchas tienen que cambiar. Los espacios a los que las mujeres podemos aspirar, los roles y las maneras de ser felices est&aacute;n cambiando. Disfrutar de nuestro trabajo y de hacer lo que nos gusta son signos posibles de esta &eacute;poca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contra la narrativa estereotipada, Proverbio sostiene que &ldquo;el rol m&aacute;s importante de la mujer no es la maternidad, no desaparecemos si no tenemos hijos, la menopausia ya no es una patolog&iacute;a sino una etapa m&aacute;s, gracias a las publicaciones de muchas influencers o divulgadoras que nos ense&ntilde;an a gestionar los cambios en nuestros cuerpos. En la edad plateada tom&aacute;s conciencia de que la vida pasa r&aacute;pido, que el tiempo es finito y que el momento para hacer lo que quer&eacute;s es ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si los seres humanos somos sexuales, lo somos no s&oacute;lo para reproducirnos sino para el placer y hay tantas sexualidades como personas. &ldquo;Cada uno es un universo, con su erotismo, su goce, su morbo, su fantas&iacute;a. Entre un est&iacute;mulo y su respuesta todo es m&aacute;s lento, sola o con alguien que te da ganas. Incluso, si no te interesa el sexo, tampoco es una obligaci&oacute;n, pod&eacute;s bajar la persiana y es s&uacute;per v&aacute;lido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Tri&aacute;ngulos plateados,</em> publicado por editorial Galerna, se despliegan variantes del deseo en la madurez, las respuestas, las acciones para erotizarse para tener el cuerpo listo para una situaci&oacute;n sexual en procesos m&aacute;s lentos, tal como ocurre cuando trat&aacute;s de correr el colectivo o hac&eacute;s la digesti&oacute;n. Si hay menos erecciones en los varones, no importa porque se pueden hacer muchas otras cosas y en es reside la inteligencia sexual, en incorporar los cambios necesarios para seguir disfrutando.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es una de las mejores etapas de mi vida, por la estabilidad emocional y por el deseo de&nbsp;transmitir cosas y seguir aprendiendo. A mis 85 a&ntilde;os, me resulta muy importante estar rodeada de mis afectos, me da mucha felicidad la presencia de mis cinco nietes. Por otra parte, las fantas&iacute;as y los deseos siguen funcionando a pleno&rdquo;, dice la actriz e infuencer Martha Spivak quien encarna todas las semanas el personaje virtual de Abuela TV.
    </p><p class="article-text">
        Para seguir leyendo sobre la vejez, Proverbio recomienda el &uacute;ltimo libro de <strong>Pacho O&acute;Donnell</strong>, <em>Elogio de la vejez</em> de <strong>Carl Honor&eacute;</strong> y los textos de la antrop&oacute;loga brasile&ntilde;a <strong>Mirian Goldenberg</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El viejo poeta que interpreta <strong>V&iacute;ctor Laplace</strong> en<em> El sentido de las cosas </em>(Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n) le dice al bardo joven, que interpreta <strong>Gast&oacute;n Ricaud</strong>: &ldquo;Yo no muestro nada, para eso me intern&eacute; en la isla, me intern&eacute; en mi adentro y m&aacute;s profundo. La poes&iacute;a duele, me hace llaga ac&aacute;. Me vine a curar y estoy cada vez m&aacute;s enfermo de poemas, me brotan por todos los agujeros, como gusanos de las heridas. Dame m&aacute;s papel, pibe, dame m&aacute;s papel que quiero escribir. Lo mejor ser&iacute;a que yo muriera, as&iacute; ustedes los buitres pueden hacer museo con mis cosas. Es eso lo que andan buscando, &iquest;no?&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El joven que ha ido a visitarlo le responde: &ldquo;No maestro, queremos hacerle saber lo mucho que lo admiramos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Patra&ntilde;as, antes de que nos llegue el agua a los sobacos sinc&eacute;rese, la sinceridad limpia la sangre, la hace correr m&aacute;s fluida, bombea el bobo y no hace embolia. La verdad siempre sana, frase de perogrullo si las hay, hasta b&iacute;blica es. Otra frase de perogrullo: en vida no saben qu&eacute; escrib&iacute;s,&nbsp;no importa mucho porque no vale ni una guita. Enfermo te empiezan&nbsp;a averiguar, muerto hacen n&uacute;meros y cagadas, ning&uacute;n pariente sabe qu&eacute; carajo hacer con la obra del deudo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese encabalgamiento y galope de palabras, el escriba veterano que arrima el verso al di&aacute;logo, &ldquo;apretadito y picoso como ramito de abrojo&rdquo;, instala una er&oacute;tica rica, compleja y contradictoria. Ha podido convertir en sabidur&iacute;a su vasta experiencia, dulce y furiosa. &ldquo;Pessoa meti&oacute; todo en su ba&uacute;l y prohibi&oacute; que lo editen, lo jorobaron, Kafka se lo dio todo a su amigo Max Brod para que lo traicione, Borges se cas&oacute;. &iquest;Usted qu&eacute; va a hacer, poeta? Viste qu&eacute; linda la flor del lapacho, Josecito. Tambi&eacute;n tiene espinas. Para el lado que se mira, la naturaleza ense&ntilde;a, si es que se quiere ser un buen aprendido. Si no, no ense&ntilde;a una mierda. &iquest;Qu&eacute; te importa lo que voy a hacer pibe? &iquest;Qu&eacute; carajo te importa?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moral-cuerpo-liso_129_11237291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Mar 2024 03:05:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La moral del cuerpo liso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vejez,Erotismo,Sexualidad,Corporalidades]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/030409a7-8e04-4081-9a51-ee9d8b6757c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El que ama desde el eros, entendido eros como deseo erótico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que aún se muestra a la distancia justa. El deseo erótico sería entonces la tensión que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. </p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hace seis años que salgo con la misma persona, muchas veces entramos en modo fusión, acabamos siendo como hermanas. ¿Cómo mantener la distancia/separación necesaria para mantener el eros vivo, cuando da tanto placer la fusión?
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Chatin Legrande</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay muchas formas de nombrar, pensar y vivir el deseo. Uno de los caminos que ha tomado la tradici&oacute;n occidental invoca a Eros como portador de una experiencia ambigua, que tanto ofrece momentos de plenitud y goce como revela la necesidad, la inseguridad y la angustia. No hay posibilidad de eros sin contacto o conciencia de la vulnerabilidad y la falta. Anne Carson, en su ensayo <em>Eros dulce y amargo</em>, lo define con seguridad:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quiz&aacute; haya muchas maneras de responder a esto. Una se ve con m&aacute;s claridad en griego: la palabra griega eros denota &laquo;necesidad&raquo;, 'carencia', 'deseo por lo que falta'. El que ama desea lo que no tiene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El que ama desde el eros, entendido eros como deseo er&oacute;tico, busca en el afuera lo que no tiene. Elige con la mirada aquello que representa un mundo con el que quisiera fusionarse, pero que a&uacute;n se muestra a la distancia justa. El deseo er&oacute;tico ser&iacute;a entonces la tensi&oacute;n que produce la diferencia entre los seres, una diferencia que se percibe como irreductible cuando, gracias a la perspectiva, admiramos las cualidades de otra con la que ansiamos fusionarnos. Para seguir desarrollando esta l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n, Carson se apoya en un texto de Emily Dickinson, bajo el t&iacute;tulo <em>Tuve hambre.</em>
    </p><p class="article-text">
        Durante tantos a&ntilde;os tuve hambre&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que lleg&oacute; mi mediod&iacute;a &ndash;mi hora de comer&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Temblando me acerqu&eacute; a la mesa&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y prob&eacute; el vino extra&ntilde;o&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Era lo que hab&iacute;a visto sobre otras mesas&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Cuando volv&iacute;a, hambrienta, a casa
    </p><p class="article-text">
        y ve&iacute;a por las ventanas la opulencia
    </p><p class="article-text">
        que no pod&iacute;a pretender para m&iacute;&ndash;
    </p><p class="article-text">
        No reconoc&iacute; la abundancia del pan&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Tan diferente de las migajas
    </p><p class="article-text">
        que los p&aacute;jaros y yo compart&iacute;amos
    </p><p class="article-text">
        en el comedor de la naturaleza&ndash;
    </p><p class="article-text">
        La plenitud me lastim&oacute; &ndash;era algo tan nuevo&ndash;
    </p><p class="article-text">
        Que me sent&iacute; enferma &ndash;y rara&ndash;
    </p><p class="article-text">
        como un fruto del &aacute;rbol monta&ntilde;&eacute;s&ndash;
    </p><p class="article-text">
        trasplantado al camino.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estaba hambrienta ya &ndash;descubr&iacute;
    </p><p class="article-text">
        Que el hambre &ndash;es algo que sienten
    </p><p class="article-text">
        aquellos que miran por las ventanas desde afuera&ndash;
    </p><p class="article-text">
        y que, entrando, lo pierden.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el uso que le da Carson, en el poema de Dickinson es el hambre, la falta, la condici&oacute;n del deseo. Lo ansiado se desea si se contempla situ&aacute;ndonos a una justa lejan&iacute;a y con cierta percepci&oacute;n de un obst&aacute;culo. La imagen de la ventana representa el obst&aacute;culo, una mediaci&oacute;n que nos permite ver a trav&eacute;s, enfocar nuestra atenci&oacute;n, pero no llegar a ocupar el lugar de fusi&oacute;n completa. Tambi&eacute;n en el texto queda reflejada una divergencia entre la relaci&oacute;n del hambre con la migaja y del hambre con la abundancia. La migaja sustenta, al mismo tiempo, la supervivencia y el ansia de la poeta &ndash;comparable a la de los p&aacute;jaros que incansables picotean&ndash; actuando de est&iacute;mulo que sostiene el ritmo de la b&uacute;squeda. Mientras, la plenitud y la abundancia generan un aletargamiento, una sensaci&oacute;n de rareza y de enfermedad (&iquest;tal vez enfermedad del deseo?).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tensión, el exceso de energía que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar la atención, los sentidos y hasta la memoria</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n, el exceso de energ&iacute;a que el eros produce en nuestros cuerpos suele despertar los sentidos y hasta la memoria. Con todas las sensibilidades desplegadas y preparadas para captar infinitos matices, cuando no hay frustraci&oacute;n las deseantes nos sentimos en una especie de versi&oacute;n excelente de la vida (me imagino que esto no me pasa s&oacute;lo a m&iacute; jaja). Nuestras capacidades se multiplican y activan, en un baile de seducci&oacute;n que busca caminos para resolver la distancia hasta llegar a la otra. Nuestros los colores y las plumas, nuestro tambi&eacute;n el canto: una proyecci&oacute;n del deseo que toma la justa mesura de la distancia que buscamos atravesar para llegar junto aquella a quien ansiamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No todo es gloria en el &ldquo;Eros dulceamargo&rdquo; que cantaba Safo, maestra en las artes del amor. Pensarlo <em>dulceamargo</em> implica reconocer que la b&uacute;squeda tambi&eacute;n puede angustiarse, truncarse. Que la vulnerabilidad de la apertura radical a la otra tiene consecuencias y que estas no han de ser necesariamente felices. Si el deseo precisa la aceptaci&oacute;n de la diferencia entre yo y la otra, de su libertad y libre albedr&iacute;o al margen de nuestra voluntad, entregarnos al eros comporta un riesgo, el del contacto frontal con el v&eacute;rtigo de la posibilidad de abandono y rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Duffourmantelle describe la posibilidad del abandono como un miedo que, activo o latente, constituye una parte fundamental de nosotrxs &ldquo;ese miedo agazapado en el fondo de nosotros, que nos acecha sin nunca soltar prenda&rdquo;. Quiz&aacute;s la fusi&oacute;n, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepci&oacute;n de que el abandono es posible. Incluso puede llevarnos a un lugar de satisfacci&oacute;n de las necesidades que se parece a la relajaci&oacute;n infantil de sentir que hay otra vida que se hace cargo de la nuestra. Ese placer no ha de subestimarse, es una fuerza brutal que motiva a elegir un camino u otro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizás la fusión, el hermanamiento con la pareja es tan placentero porque por un tiempo suspende la percepción de que el abandono es posible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El placer de la fusi&oacute;n tambi&eacute;n es er&oacute;tico, pero eventualmente puede adormecer el ciclo del deseo, el ciclo del hambre y de la b&uacute;squeda. Parece la mala broma de alg&uacute;n demonio burl&oacute;n: &iquest;Por qu&eacute; algo que temporalmente nos proporciona tranquilidad y satisfacci&oacute;n termina por adormecer lo que inicialmente nos ha reunido? Tal vez porque se fragua en el escurridizo principio de que dos pueden ser uno, y de que siendo uno es posible seguir deseando dentro de esa unidad creada. El placer de la fusi&oacute;n promete por un tiempo la satisfacci&oacute;n completa de todos nuestros anhelos al ofrecer una intimidad colmada con la otra. Cuando se da una ruptura despu&eacute;s de haber vivido un proceso de fusi&oacute;n los duelos nos sorprenden por su tremenda dureza.
    </p><p class="article-text">
        Celebramos el subid&oacute;n del deseo, pero la exposici&oacute;n al ciclo del hambre, al ciclo del deseo, tambi&eacute;n es agotadora. En contextos donde falta una bella &eacute;tica de las amantes, nos desgasta la superficialidad de la b&uacute;squeda, la exposici&oacute;n al rechazo, la incomprensi&oacute;n. El sufrimiento er&oacute;tico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez m&aacute;s cortos, para favorecer as&iacute; la velocidad del consumo. Extenuadas por la velocidad del deseo obligatorio, a veces buscamos la suspensi&oacute;n total de esa b&uacute;squeda, &ldquo;nos retiramos&rdquo;, retiramos la atenci&oacute;n, para tambi&eacute;n retirarnos del &ldquo;mercado&rdquo; y sus violencias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sufrimiento erótico ocurre hoy en un tiempo donde los ciclos del deseo se fuerzan hasta ser cada vez más cortos, para favorecer así la velocidad del consumo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como bichitos deseantes, creo que no hay soluci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del entendimiento de las distintas etapas que atravesamos en la vida, y las necesidades muchas veces misteriosas que nos mueven. &iquest;C&oacute;mo no tener miedo a la distancia con la otra, si la ruptura de la fusi&oacute;n evidencia la posibilidad natural de la p&eacute;rdida? Y, por otro lado, &iquest;c&oacute;mo no echar de menos el estado del cuerpo deseante? Cuando la memoria de los momentos en los que la realidad no parec&iacute;a plana, sino que se curvaba y ofrec&iacute;a su &eacute;xtasis, pertenecen al periodo donde eros animaba nuestra vitalidad&hellip; Por presencia, o por apreciaci&oacute;n de su ausencia, el deseo siempre acompa&ntilde;ar&aacute; a los cuerpos que lo hemos conocido. Es una suerte de intensidad con la que tal vez lleguemos a aprender a convivir.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras amamos, &iquest;c&oacute;mo mantener la distancia? Yo dir&iacute;a que la distancia est&aacute; siempre entre nosotras, s&oacute;lo que a veces la promesa del amor incondicional y las pr&aacute;cticas amorosas de la rutina mon&oacute;gama nos hacen olvidar que no es posible sostener en el tiempo una fusi&oacute;n total con la otra. Que cualquier d&iacute;a la otra puede girar su rostro y su deseo hacia una direcci&oacute;n donde no nos encontramos. Del reconocimiento de esta realidad, puede resurgir, tal vez, la perspectiva que anime a un Eros adormecido en una rutina de abundancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El texto es parte de &ldquo;Est&aacute; bien sentir&rdquo;, un espacio de conversaci&oacute;n con la poeta y escritora </em><a href="https://www.eldiario.es/autores/sara-torres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sara Torres</em></a><em> ('Lo que hay', Reservoir Books) en </em><a href="https://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a><em> donde recibe reflexiones y preguntas de los lectores, &ldquo;sus deseos de indagar sobre una realidad, un v&iacute;nculo, un placer o un duelo&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/como-mantener-deseo-pareja-relacion-larga_1_10480862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 11:46:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Llevo seis años con la misma pareja y muchas veces terminamos siendo como hermanas, ¿cómo mantener el erotismo vivo?”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mirada-homoerotica-cine-tiempos-instagram-onlyfans_1_10188537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5669585a-2d83-4770-bd9b-81811d214e8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alberto Mira analiza en el ensayo 'Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas' cómo los directores han mirado y creado erotismo a través del cuerpo masculino.</p></div><p class="article-text">
        Una de las cl&aacute;sicas preguntas del quesito rosa del Trivial es qu&eacute; pel&iacute;cula gan&oacute; el primer <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/coda-rompe-estadisticas-gana-oscar-mejor-pelicula_1_8867046.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Oscar de la historia</a>. Cualquier cin&eacute;filo responder&iacute;a r&aacute;pidamente que <em>Alas,</em> la pel&iacute;cula de William A. Wellman sobre dos j&oacute;venes que comparten inter&eacute;s rom&aacute;ntico por la misma chica y que acabar&aacute;n alistados juntos para convertirse en pilotos de combate. Lo que no suele preguntar el Trivial y muchos no saben es que <em>Alas</em>, estrenada en 1927, ya inclu&iacute;a el que se considera el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/beso-lesbico-lightyear-excepcion-cine-familiar-esconde-diversidad-sexual_1_9125096.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">primer beso gay de la historia del cine</a>. Esos dos hombres, rivales por el amor de una mujer, acababan compartiendo una amistad que con el paso de los a&ntilde;os ha sido estudiada como una de las primeras representaciones homosexuales en pantalla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final del filme, con uno de los j&oacute;venes a punto de morir, el otro le besar&aacute; en la boca mientras le acaricia el pelo consol&aacute;ndole en sus &uacute;ltimos instantes. No es un beso pasional, y muchos consideran que ah&iacute; solo hay una amistad, pero en un momento en el que la representaci&oacute;n del amor y la pasi&oacute;n entre personas del mismo sexo estaba oculta o prohibida, aquella escena se convirti&oacute; en algo liberador y er&oacute;tico para muchos hombres que ve&iacute;an su propia fantas&iacute;a plasmada en una sala de cine. &iquest;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/fuego-fatuo-delicioso-cuento-queer-erotico-musical-heredero-real-bombero_1_10085078.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Hay algo homoer&oacute;tico</a> en aquella escena? &iquest;Puede alguien sentir deseo al ver aquel beso que hoy nos parece inocente?
    </p><p class="article-text">
        Hollywood siempre ha usado a la mujer como reclamo er&oacute;tico, como mercanc&iacute;a para vender fantas&iacute;as sexuales y fetichistas a los consumidores y fruto de la mente de los directores. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/primeros-planos-camaras-lentas-lenguaje-machista-cine-normaliza-depredador-sexual_1_10012732.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">El cine crea un lenguaje que est&aacute; basado en esas fantas&iacute;as</a>. La mirada de arriba a abajo, el plano corto de las piernas&hellip; Tambi&eacute;n narrativamente. Pero en alg&uacute;n momento, el deseo homoer&oacute;tico entra en juego. Ya no son solo ellas las que se convierten en objetos mirados, sino que son ellos los que lo son. Un deseo homoer&oacute;tico que tambi&eacute;n avanza con el paso del tiempo y que se va despojando de ataduras seg&uacute;n se consiguen derechos para la comunidad LGTBI. Aquel beso de 1927 hoy no se rodar&iacute;a as&iacute;. Hoy el deseo homoer&oacute;tico puede estallar en pantalla en obras como<em> El poder del perro </em>o incluso en una escena aparentemente nimia como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/top-gun-maverick-tom-cruise-pone-gafas-chupa-aviador-salvar-cine_129_9022388.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">el juego de v&oacute;ley playa en</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/top-gun-maverick-tom-cruise-pone-gafas-chupa-aviador-salvar-cine_129_9022388.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em> Top Gun</em></a> y su secuela o en pel&iacute;culas que son cl&aacute;sicos entre el p&uacute;blico heterosexual como <em>Le llaman Bodhi.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Visto ahora, aquella escena es timorata. En una &eacute;poca donde todo se mira y se vende es dif&iacute;cil construir un deseo basado en el misterio, en el suspense cinematogr&aacute;fico. &iquest;Qu&eacute; es deseable en tiempos de mostrar el culo en Instagram? &iquest;Qu&eacute; hay de misterioso cuando todos los cuerpos adolescentes salen sin camiseta en cualquier serie en <em>prime time? </em>&iquest;Qu&eacute; puede excitar las bajas pasiones cuando el cuerpo es algo que se observa en Onlyfans pagando un m&oacute;dico precio? Todas esas preguntas son las que se hace Alberto Mira en su ensayo <em>Entre la c&aacute;mara y la carne. El cine homoer&oacute;tico en 25 pel&iacute;culas </em>(Editorial Egales).
    </p><h3 class="article-text">Lo er&oacute;tico nos posiciona</h3><p class="article-text">
        No es solo un compendio de pel&iacute;culas con escenas homoer&oacute;ticas, sino un ensayo concienzudo y minucioso sobre la evoluci&oacute;n en la construcci&oacute;n del deseo homoer&oacute;tico a trav&eacute;s de la historia del cine y si ese concepto tiene alg&uacute;n sentido en el momento actual. Lo hace, primero, pregunt&aacute;ndose qu&eacute; es el erotismo y dejando claro que todo depende de la mirada y que toda mirada est&aacute; &ldquo;invadida de ideolog&iacute;a&rdquo;. &ldquo;Aunque el deseo es personal y fluido, la ideolog&iacute;a hace que se prefieran ciertas manifestaciones y actualmente la ideolog&iacute;a que determina las formas del deseo en el arte comercial occidental es capitalista. Otras tradiciones er&oacute;ticas en torno al hombre implican otras preferencias. Lo er&oacute;tico siempre nos posiciona. Est&aacute;n quienes contemplan y est&aacute; lo contemplado. El espectador es el v&eacute;rtice de un tri&aacute;ngulo; los otros dos son la c&aacute;mara y el cuerpo representado&rdquo;, dice el autor en su libro.
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n del cuerpo masculino deseado tambi&eacute;n es clara. Poco tienen que ver Paul Newman o Robert Redford con aquellos a&ntilde;os 80 donde el cuerpo culturista de Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone era el que se pon&iacute;a como centro de la mirada homoer&oacute;tica. Y nada tienen que ver ellos con el gusto por la figura griega y cercana a los efebos que se ve en series como<em> &Eacute;lite</em> o en el &eacute;xito de actores como Timoth&eacute;e Chalamet, aunque la t&oacute;nica dominante siempre responde a la belleza grecolatina que hemos visto desde tiempos inmemoriales en cuadros y esculturas.
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                    alt="José Luis Manzano en &#039;Navajeros&#039;, una de las películas analizadas en el libro."
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                José Luis Manzano en &#039;Navajeros&#039;, una de las películas analizadas en el libro.                            </span>
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        25 pel&iacute;culas que van desde aquella<em> Alas </em>que dio comienzo a todo a<em> Beachrats</em>, la m&aacute;s reciente, pero pasando por ejemplos capitales como el cine de Almod&oacute;var, <em>The Rocky Horror Picture Show</em>, Pasolini o Eloy de la Iglesia. Un trabajo que es la condensaci&oacute;n de d&eacute;cadas de lectura sobre &ldquo;representaciones del cuerpo masculino como objeto er&oacute;tico&rdquo;. De esas lecturas sali&oacute; una idea que provoc&oacute; este libro. &ldquo;Todos estos libros sobre cine gay, incluyendo los m&iacute;os, muestran que el deseo, nuestras obsesiones er&oacute;ticas, muchas veces en lugar de liberarnos nos esclavizan&rdquo;, asegura el autor, que cree que hablar sobre &ldquo;la cuesti&oacute;n er&oacute;tica como fantas&iacute;a&rdquo; era algo que no hab&iacute;a sido tan transitado. Especialmente en el cine. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto en parte es porque durante mucho tiempo no se pod&iacute;a representar el cuerpo masculino como objeto er&oacute;tico en el cine. T&uacute; pod&iacute;as ver objetos er&oacute;ticos, pod&iacute;as ir al cine y ver a William Holden, o quien fuera, como algo er&oacute;tico, pero la c&aacute;mara no hac&iacute;a nada al respecto. Me interesaba mucho ver c&oacute;mo, en realidad, aunque no se hac&iacute;a mucho, s&iacute; que hab&iacute;a un mont&oacute;n de directores que fueron buscando esto y a veces hay algunos casos muy sorprendentes. Por ejemplo, me di cuenta de que quien hace esto mucho es Andy Warhol, que ten&iacute;a una gran fama de ser alguien como muy distante, de ser alguien que no hablaba mucho de carne, y sin embargo realmente fue de los primeros que mir&oacute; el cuerpo masculino er&oacute;tico de una manera expl&iacute;cita, era el objeto de la mirada&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La mirada del director</h3><p class="article-text">
        Ese deseo homoer&oacute;tico no tiene que ver con la trama, ni con la imagen positiva o negativa de la homosexualidad, sino que tiene que ver con c&oacute;mo el director rueda y transmite el cuerpo masculino al espectador y qu&eacute; provoca en ellos. &ldquo;El cine s&iacute; que establece miradas, y estas miradas pueden ser miradas de placer que no siempre son liberadoras y no siempre son pol&iacute;ticamente correctas&rdquo;, apunta Alberto Mira, que cuenta c&oacute;mo cuando inici&oacute; su investigaci&oacute;n y compart&iacute;a sus dudas en Facebook muchos acusaban al cine de erotizar &ldquo;siempre a los mismos cuerpos&rdquo;. Algo que &ldquo;es verdad&rdquo; y que une al cine con las esculturas griegas, donde tambi&eacute;n hay siempre &ldquo;el mismo tipo de cuerpo&rdquo;. &ldquo;El mismo que est&aacute; en las pinturas del Renacimiento, el mismo que hay en los anuncios de Calvin Klein, el mismo tipo de cuerpo en el cine. El cuerpo erotizado masculino tiene unas determinadas caracter&iacute;sticas. Entonces me interesaba mucho c&oacute;mo la c&aacute;mara lo captaba, qu&eacute; aporta el cine a esto&rdquo;.
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                &#039;Le llaman Bodhi&#039;, clásico heterosexual con mirada homoerótica.                            </span>
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        Cuando se habla de la &lsquo;mirada&rsquo; en el cine <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/laura-mulvey-mujer-trozo-carne_1_3343497.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">siempre se menciona a Laura Mulvey</a>, la te&oacute;rica que mostr&oacute; c&oacute;mo siempre responde a una mirada masculina y machista. &iquest;Ocurre lo mismo cuando esa c&aacute;mara patriarcal trata a otro hombre como objeto de deseo? Para Alberto Mira, el simple hecho de que sea un hombre quien es mirado ya supone &ldquo;un cambio&rdquo; y &ldquo;un gesto radical&rdquo;. &ldquo;Esta ser&iacute;a mi respuesta personal. Que s&iacute;, que tiene algo radical, que va a contracorriente, que va un poco a contrapelo. Ahora bien, al dedicarnos a ensalzar la figura del hombre como como objeto de deseo, en realidad estamos dando m&aacute;s poder al hombre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En<em> Entre la c&aacute;mara y la carne</em>, el autor esboza en su introducci&oacute;n y conclusi&oacute;n los cambios en el homoerotismo en la actualidad, donde en las series &ldquo;los hombres son bellos y tienen m&aacute;s protagonismo en series como<em> &Eacute;lite</em>&rdquo; donde &ldquo;suelen ser hombres cis que, generalmente, tienen unos cuerpos privilegiados&rdquo;. Pide tiempo para valorar si lo que est&aacute; pasando es bueno o malo, y ser&aacute;n otros los que lo juzguen, pero para &eacute;l tiene una parte positiva que &ldquo;de repente haya cuerpos a los que se puede mirar sin tener que pedir permiso y sin tener que pagar consecuencias&rdquo;. Pero tambi&eacute;n piensa en la parte negativa. &ldquo;Tener ahora 20 a&ntilde;os tiene que ser muy, muy complicado, porque hay un &eacute;nfasis en el cuerpo que en mi &eacute;poca no estaba. En mi &eacute;poca se nos dec&iacute;a aquello de &lsquo;el hombre y el oso, cuanto m&aacute;s feo, m&aacute;s hermoso&rsquo;. No ten&iacute;amos ninguna obligaci&oacute;n de ser guapos y ahora para hacer cine y televisi&oacute;n hay que serlo, y eso tiene que generar una competitividad muy grande dentro de los chavales&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Casi todos los artistas homosexuales eran burgueses que utilizaban cuerpos proletarios para sus fantasías porque al proletario se le podía pagar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alberto Mira</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa liberalizaci&oacute;n del erotismo ha hecho que tambi&eacute;n pierda parte de su atractivo y su misterio el hecho de mirar desde la butaca del cine. Un momento en el que &ldquo;sin ning&uacute;n tipo de fantas&iacute;a, todo se exhibe y no tiene nada que ver con el lugar donde t&uacute; est&aacute;s&rdquo; como espectador. Antes era como &ldquo;mirar a trav&eacute;s del ojo de la cerradura&rdquo;. &ldquo;Esto ser&iacute;a una cuesti&oacute;n para soci&oacute;logos, pero es verdad que ha habido un cambio y que estos nuevos fen&oacute;menos, como Onlyfans, son una cosa muy distinta a la elaboraci&oacute;n de la fantas&iacute;a por parte del espectador. Antes hab&iacute;a una mirada de la c&aacute;mara sobre el cuerpo de los actores. Ahora, de repente, lo que tienes es que los propios chavales se miran al espejo y hacen sus propios v&iacute;deos sobre su propio cuerpo. Esto es una din&aacute;mica totalmente nueva y totalmente distinta a la del libro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el libro hablamos de pel&iacute;culas donde alguien mira un cuerpo y lo introduce en una narrativa. Ahora es alguien que exhibe un cuerpo y lo emite por todas partes. Estamos en un nuevo periodo, pero yo creo que esto s&iacute; que ser&iacute;a otro libro, porque este nuevo periodo no tiene narrativas. Para m&iacute; es muy importante que la mirada conduzca hacia una narrativa. Ahora no hay ning&uacute;n obst&aacute;culo, y por lo tanto toda la teor&iacute;a que yo tengo de que hab&iacute;a que vencer ciertos obst&aacute;culos para ejercer una mirada democr&aacute;tica, toda esa teor&iacute;a se va a pique con el momento actual&rdquo;, subraya.
    </p><h3 class="article-text">Cuerpos fascistas y proletarios</h3><p class="article-text">
        Entre los 25 ejemplos, algunos rompen con lo establecido. Alberto Mira cuestiona tambi&eacute;n esa fascinaci&oacute;n por el cuerpo obrero que muchos artistas burgueses han tenido a lo largo de la historia. La que ten&iacute;a Gil de Biedma y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/romance-abertzale-guardia-civil-eloy-iglesia-rodo_1_8914165.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la que ten&iacute;a Eloy de la Iglesia</a> cuando captaba con su c&aacute;mara el erotismo del cuerpo de Jos&eacute; Luis Manzano en pel&iacute;culas como <em>Navajeros</em> o <em>Colegas</em>. Un cap&iacute;tulo donde el autor muestra &ldquo;que el deseo a veces no tiene correcci&oacute;n pol&iacute;tica en absoluto&rdquo;. &ldquo;Casi todos los artistas homosexuales eran burgueses que utilizaban cuerpos proletarios para sus fantas&iacute;as porque al proletario se le pod&iacute;a pagar. Y entonces hab&iacute;a un tema que era y es inc&oacute;modo, pero me gusta entrar en terrenos inc&oacute;modos y Eloy de la Iglesia lo es. Me parece que es un gran cineasta y me parece que no es incompatible el hecho de que sea alguien radical, el hecho de que sea alguien claramente de izquierdas en sus pel&iacute;culas, y que al mismo tiempo estuviera ejerciendo un tipo de mirada que el activismo contempor&aacute;neo lo ve problem&aacute;tico, porque es problem&aacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n dedica un art&iacute;culo a <em>300</em>, donde califica lo que hace Zack Snyder como &ldquo;fascismo corporal&rdquo;. Aqu&iacute; se demuestra que &ldquo;cierto tipo de pel&iacute;culas, a pesar de nuestra fascinaci&oacute;n, est&aacute;n hechas desde una ideolog&iacute;a que es muy reaccionaria y muy conservadora&rdquo;. &ldquo;En esta pel&iacute;cula, la frase clave que creo que est&aacute; citada en el art&iacute;culo es cuando el director dijo que puso este tipo de cuerpos porque esta pel&iacute;cula era para adolescentes y a un adolescente nada le da m&aacute;s p&aacute;nico que que alguien le penetre. Quer&iacute;a que estuviera toda la fantas&iacute;a de la penetraci&oacute;n para un adolescente y que esto le diera terror o que se tratase de imponer a esto. Entonces s&iacute; que es verdad que esa pel&iacute;cula para m&iacute; ideol&oacute;gicamente es muy problem&aacute;tica. Otra cosa es que cuando la veo est&eacute;ticamente me parece muy interesante&rdquo;, zanja. 25 formas de mirar el cuerpo masculino que sirven para entender c&oacute;mo una c&aacute;mara puede provocar los deseos m&aacute;s salvajes en el espectador.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/mirada-homoerotica-cine-tiempos-instagram-onlyfans_1_10188537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 May 2023 13:26:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cortos eróticos de Bigas Luna vuelven a la clandestinidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cortos-eroticos-bigas-luna-vuelven-clandestinidad_1_9057895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18ab2776-3dde-48de-a9cd-0466b4572cc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Erotismo de venta por correo para acabar dinamitando el cine del destape"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las "Historias impúdicas" se rodaron en Super-8 y solo se vendieron por correo en plena Transición a la democracia con el objetivo de financiar el perturbador filme "Bilbao": "Fue algo muy estético, en la antítesis de lo cutre, algo erótico de lujo".</p></div><p class="article-text">
        Tenemos que trasladarnos a 1976. En el futuro, el barcelon&eacute;s <a href="https://www.eldiario.es/vertele/videos/actualidad/muere-bigas-luna-elegante-cazatalentos_1_7685273.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Jos&eacute; Juan Bigas Luna</a> se convertir&iacute;a en un cineasta (y artista multidisciplinar) que ganar&iacute;a premios en los festivales de Donosti o Venecia y que recibir&iacute;a varias nominaciones a los premios Goya. Por aquel entonces, era un joven dise&ntilde;ador que se estaba iniciando en el s&eacute;ptimo arte. Acababa de estrenar su primera pel&iacute;cula, una adaptaci&oacute;n de una novela de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n llamada <em>Tatuaje</em>.
    </p><p class="article-text">
        Su &oacute;pera prima fue un fracaso econ&oacute;mico, pero Bigas quer&iacute;a continuar rodando. El realizador y los productores Fernando Amat y Pep Cuxart definieron un plan: rodar alrededor de una docena de cortometrajes er&oacute;ticos y vender copias en formato Super-8 por correo, para que los interesados los vieran con un proyector en sus casas. Si se generaban beneficios, se afrontar&iacute;a un nuevo largometraje: <em>Bilbao</em>. El intento result&oacute; lucrativo, y Bigas y Cuxart continuar&iacute;an colaborando en varias pel&iacute;culas m&aacute;s, hasta que sus caminos profesionales se separaron; &ldquo;pero la amistad continu&oacute; hasta el final&rdquo;, afirma el productor a este diario.
    </p><p class="article-text">
        Estos primer&iacute;simos trabajos del realizador catal&aacute;n se han convertido en obras de dif&iacute;cil acceso. <em>Tatuaje</em>, que lleg&oacute; a comercializarse en soporte VHS, no ha dado el salto a la era digital, ni a trav&eacute;s de ediciones videogr&aacute;ficas ni de difusiones en <em>streaming</em>. Despu&eacute;s de su primera explotaci&oacute;n comercial a trav&eacute;s de la distribuci&oacute;n de copias mediante paquetes postales, el programa de cortos (que recibir&iacute;a el nombre com&uacute;n de <em>Historias imp&uacute;dicas</em>) emerger&iacute;a de nuevo en v&iacute;deo anal&oacute;gico, pero ir&iacute;a quedando fuera de los circuitos habituales de consumo audiovisual. 
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                    alt="El primer largometraje de Bigas Luna, &#039;Tatuaje&#039;, solo se puede encontrar a través de vídeos de segunda mano"
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                El primer largometraje de Bigas Luna, &#039;Tatuaje&#039;, solo se puede encontrar a través de vídeos de segunda mano                            </span>
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        Una nueva edici&oacute;n iba a llenar este vac&iacute;o. Con ocasi&oacute;n del lanzamiento en soporte blu-ray e imagen en alta definici&oacute;n de la rotunda <em>Bilbao</em>, la tienda de coleccionismo expandida a sello videogr&aacute;fico Ediciones 79 apost&oacute; por incluir en el mismo disco una versi&oacute;n digital de <em>Historias imp&uacute;dicas</em>. No se trataba de una iniciativa de restauraci&oacute;n, sino de una digitalizaci&oacute;n modest&iacute;sima que facilitar&iacute;a el visionado de un material olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Como si el destino de estas obras fuese permanecer como una nota al pie casi clandestina dentro de la filmograf&iacute;a de su autor, este momento de visibilidad est&aacute; condenado a tener una duraci&oacute;n escasa. Los ejemplares de esta edici&oacute;n de <em>Bilbao</em> se han ido retirando de la circulaci&oacute;n y ser&aacute;n sustituidos por una nueva tirada sin el programa de cortometrajes (ni un peque&ntilde;o libreto con la historia original escrita por Bigas), que incluir&aacute; el largometraje y el resto de materiales a&ntilde;adidos: una charla con el cineasta y docente Xavi Puebla <em>(A puerta fr&iacute;a).</em>
    </p><h3 class="article-text">Escribiendo una historia oral, irrumpe una discusi&oacute;n legal</h3><p class="article-text">
        La noticia de la recuperaci&oacute;n de <em>Historias imp&uacute;dicas</em> parec&iacute;a un motivo suficiente para recuperar la historia de su confecci&oacute;n. Bigas falleci&oacute; en 2013, pero este diario encontr&oacute; testimonios dispuestos a hablar de esos rodajes, como el mencionado Cuxart o el prestigioso director de fotograf&iacute;a Tom&agrave;s Pladevall. El tambi&eacute;n reputado director de fotograf&iacute;a Jaume Peracaula <em>(Tras el cristal</em>, <em>El mar),</em> que ha sido err&oacute;neamente acreditado en algunos art&iacute;culos como participante en los cortos, se ofreci&oacute; a recordar las historias que Bigas le explic&oacute; sobre el proyecto cuando fue operador de c&aacute;mara en <em>Bilbao</em> y <em>Caniche</em>. Escribir una peque&ntilde;a historia oral del proyecto era posible.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, contactado por elDiario.es para la confecci&oacute;n de este reportaje, el coproductor Pep Cuxart mostr&oacute; su sorpresa y enfado al descubrir de esta manera la publicaci&oacute;n de los cortos, lo cual desconoc&iacute;a y sobre los cuales afirma poseer los derechos. Quien firma estas lineas puso en contacto, por primera vez, a Ediciones 79 con Cuxart. El responsable de la editora, Joan Castell&oacute;, explic&oacute; que la empresa productora de los filmes estaba fuera de actividad, que su equipo de colaboradores no hab&iacute;a localizado a ning&uacute;n detentor de los derechos y que hab&iacute;a recabado el permiso de la viuda del realizador para publicarlos. Castell&oacute; se mostr&oacute; dispuesto a llegar a alg&uacute;n tipo de acuerdo con el productor.
    </p><p class="article-text">
        En posteriores conversaciones con este diario, Cuxart explic&oacute; que exig&iacute;a la retirada de la edici&oacute;n de <em>Bilbao</em>, frustrado tambi&eacute;n por la baja calidad de imagen con la que se presentaban los cortos. Existen, de mejor calidad, unos materiales preservados por la Filmoteca de Catalunya. Dos responsables del archivo de la instituci&oacute;n explicaron que se hab&iacute;a realizado un telecinado digital de <em>Historias imp&uacute;dicas</em> en el contexto de diversas medidas de conservaci&oacute;n del legado f&iacute;lmico de Bigas. La editora afirm&oacute; que inici&oacute; la retirada de ejemplares de las cadenas de distribuci&oacute;n y venta, como gesto de buena fe, desde el inicio de las conversaciones con el productor. 
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                La Filmoteca de Catalunya ha llevado a cabo acciones de preservación y difusión de la obra cinematográfica de Bigas                            </span>
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        Hasta un cierto momento, las partes se mostraron esperanzas de colaborar en futuros lanzamientos: quiz&aacute; una versi&oacute;n mejorada de <em>Historias imp&uacute;dicas</em> que partiese del telecinado de la Filmoteca de Catalunya, quiz&aacute; una edici&oacute;n de la casi invisible <em>Tatuaje</em>. Castell&oacute;, que ha editado varias decenas de pel&iacute;culas con las correspondientes licencias y est&aacute; trabajado con diversos hist&oacute;ricos del cine espa&ntilde;ol para una meritoria colecci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/sangre-nueva-digital-vampiros-licantropos-tardofranquismo_1_8401030.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">ediciones videogr&aacute;ficas de fantaterror estatal</a>, afirm&oacute; que siempre hab&iacute;a llegado a acuerdos satisfactorios para todas las partes y que era la primera vez que ten&iacute;a un problema de este tipo. Por su parte, Cuxart mantuvo diversas charlas con este diario que evidenciaban momentos de tensi&oacute;n y distensi&oacute;n variable en la relaci&oacute;n con Ediciones 79.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, las conversaciones no llegaron a buen fin. El editor, molesto porque, seg&uacute;n &eacute;l, Cuxart llamase a proveedores e instituciones para acusarle de hacer una edici&oacute;n sin permiso, adujo que su trabajo es perfectamente legal (comenzando por el correspondiente acuerdo para publicar <em>Bilbao</em> con Mercury Films) y que los cortometrajes no est&aacute;n registrados en la Entidad de Gesti&oacute;n de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA). Ante la ruptura, ambas partes declinaron hacer nuevas declaraciones para este art&iacute;culo. Con todo, desde la editora han seguido atendiendo a las peticiones de nueva informaci&oacute;n por parte de este medio. Han anunciado que retirar&iacute;an de su propia tienda la tirada original de <em>Bilbao</em> en cuanto dispusiesen de los ejemplares de la segunda edici&oacute;n, cuya llegada se esperaba para finales de mayo. 
    </p><h3 class="article-text">Los vericuetos de los derechos de autor</h3><p class="article-text">
        EGEDA ha confirmado que en sus bases de datos no aparece el registro de las <em>Historias imp&uacute;dicas</em>, ni bajo su t&iacute;tulo colectivo ni bajo los t&iacute;tulos de los cortos que componen el ciclo. Por otra parte, la Filmoteca de Catalunya confirma que dispone de materiales fotoqu&iacute;micos de los cortometrajes, depositados por &ldquo;el se&ntilde;or Pep Cuxart, que manifiesta que ostenta los derechos de este t&iacute;tulo&rdquo;. Este dep&oacute;sito se puede considerar indiciario de los derechos del productor, aunque la instituci&oacute;n no los confirme ni los desmienta.
    </p><p class="article-text">
        Un profesional de larga trayectoria en la distribuci&oacute;n cinematogr&aacute;fica y la edici&oacute;n videogr&aacute;fica, que prefiere mantenerse en el anonimato, rechaza que una obra no registrada en EGEDA se convierta casi de facto en una obra libre de derechos. Y discrepa con la idea de que la base de datos de esta entidad de gesti&oacute;n sea una referencia tan insoslayable: &ldquo;He lanzado centenares de t&iacute;tulos y no he hablado nunca con EGEDA&rdquo;, afirma.
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                    alt="Portada de la edición en blu-ray &#039;Bilbao&#039;, según aparece en varias tiendas online, con un texto en su contraportada que anuncia la inclusión de las &#039;Historias impúdicas&#039;"
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                Portada de la edición en blu-ray &#039;Bilbao&#039;, según aparece en varias tiendas online, con un texto en su contraportada que anuncia la inclusión de las &#039;Historias impúdicas&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Al distribuidor se le hace dif&iacute;cil imaginar que <em>Historias imp&uacute;dicas</em> est&eacute; libre de derechos, m&aacute;s all&aacute; de posibles descuidos, desactualizaciones en la formalizaci&oacute;n de estos o litigios entre diversas partes implicadas: &ldquo;Cualquier creaci&oacute;n, aunque sea un v&iacute;deo que cuelgas en internet, est&aacute; protegida. Otra cosa es que tengas que hacer papeles, o que tengas que buscarlos, para demostrarlo. No s&eacute; si los responsables registraron los cortos cuando los comercializaron en Super-8, pero imagino que los licenciaron a alguien cuando se lanz&oacute; el VHS comercial&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        En opini&oacute;n de este distribuidor, el problema inicial (la inclusi&oacute;n de los cortos sin acordarlo con sus principales impulsores vivos) se podr&iacute;a haber visto agravado por una divergencia de puntos de vista: &ldquo;Por mi experiencia, s&eacute; que hay gente de una cierta edad que no ha seguido el proceso de deterioro del sector videogr&aacute;fico. Se genera una diferencia de percepci&oacute;n que puede haber complicado mucho las cosas. Quiz&aacute; Cuxart piensa que unos cortometrajes de Bigas Luna valen 10.000 o 15.000 euros, cuando en realidad hablamos de negocios muy peque&ntilde;os&rdquo;. Efectivamente, en algunas conversaciones con este diario, el productor mencionaba cantidades que parec&iacute;an alejadas de la realidad del sector.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera, Ediciones 79 trabajaba sobre una ausencia (que los cortometrajes no aparezcan en algunas bases de datos de registro), en lugar de hacerlo sobre una certeza. Aunque las obras se presentasen como un material a&ntilde;adido, como una curiosidad de calidad subest&aacute;ndar (y proveniente de una copia comercial mantenida en un archivo privado) que no cerraba el camino de ulteriores explotaciones comerciales, su inclusi&oacute;n inclu&iacute;a algunos interrogantes y supon&iacute;a un riesgo como m&iacute;nimo reputacional. El mundo de los derechos de autor y editor tiene muchos vericuetos. Incluso una entidad con tantos recursos como el British Film Institute incluye una advertencia en algunas ediciones: &ldquo;El BFI da la bienvenida a las comunicaciones de cualquier tenedor de <em>copyrights </em>cuyo permiso inadvertidamente no haya recabado&rdquo;. De esta manera, se asume la dificultad de estar seguro de cosechar todos los permisos necesarios para reproducir todo el material que recoge en sus publicaciones m&aacute;s archiv&iacute;sticas.
    </p><h3 class="article-text">Pero hablemos de los cortos</h3><p class="article-text">
        Con la retirada de la edici&oacute;n videogr&aacute;fica que las incluye, <em>Historias imp&uacute;dicas</em> quedar&aacute; de nuevo fuera del circuito comercial. Volver&aacute;n a resultar de dif&iacute;cil acceso piezas como <em>El desayuno</em> o <em>C&oacute;ctel internacional,</em> que nos descubren a un Bigas en peque&ntilde;o formato (los cortos se rodaron en 16 mil&iacute;metros) y de proximidad (algunos rodajes tuvieron lugar en su propio domicilio) que comenzaba a introducirse en el mundo er&oacute;tico sin la tenebrosidad de obras posteriores. Vemos estriptises, observaciones fetichistas de mujeres haciendo deporte y otras historias m&aacute;s o menos p&iacute;caras. En un texto incluido en la edici&oacute;n videogr&aacute;fica, el divulgador Carlos Ben&iacute;tez cita unas declaraciones que su autor realiz&oacute; en 1979: &ldquo;Ahora los veo como pel&iacute;culas c&oacute;micas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, Cuxart considera que la iniciativa fue inhabitual, pero no ins&oacute;lita: &ldquo;No creo que fuese algo que invent&aacute;semos nosotros. Supongo que se hac&iacute;an otras cosas parecidas, pero tampoco deb&iacute;an ser muchas porque nos cost&oacute; que Correos entendiese nuestro modelo de negocio&rdquo;. &ldquo;Lo que s&iacute; que hab&iacute;a era productoras de cine er&oacute;tico, porque con la muerte de Franco hab&iacute;a surgido ese camino diferente de ganar dinero con el cine&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Cuxart recuerda que trabajaron con dos laboratorios diferentes para hacer copias de los cortometrajes porque &ldquo;se vendieron a montones&rdquo;. &ldquo;Hac&iacute;amos doscientas copias, trescientas copias, mil copias, y las vend&iacute;amos&rdquo;, declara. De esta manera, se consigui&oacute; el objetivo: &ldquo;Ganar dinero para rodar <em>Bilbao</em>, una pel&iacute;cula que no entend&iacute;a nadie y que nadie quer&iacute;a producir&rdquo;. Apareci&oacute; tambi&eacute;n la figura de Pep&oacute;n Coromina, que produjo pel&iacute;culas de Bigas, del rey del cine quinqui Eloy de la Iglesia <em>(</em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ultraderecha-mata-transicion-quinquis-destapes_1_5957900.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El diputado</em></a><em>)</em> o del editor y cineasta Gonzalo Herralde <em>(El asesino de Pedralbes)</em> en una d&eacute;cada de dedicaci&oacute;n al audiovisual de autor truncada por una muerte prematura.
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                Linda Lay, una de las actrices de &#039;Historias impúdicas&#039;, apareció en películas de la época como &#039;Los violadores del amanecer&#039;                            </span>
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        En los cortos pod&iacute;an verse tanto a actrices del cine comercial de la &eacute;poca (Linda Lay, Rosa Raich) como a vedetes de espect&aacute;culos de variedades. O, dicen, al productor Amat ejerciendo de actor accidental. Los directores de fotograf&iacute;a fueron Pedro Aznar, que despuntar&iacute;a a ra&iacute;z de la fotograf&iacute;a cruda y agresiva de <em>Bilbao</em>, y Tom&agrave;s Pladevall, que ha recibido recientemente un premio honor&iacute;fico de la Academia del Cine Catal&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        A petici&oacute;n de este diario, Pladevall consult&oacute; sus archivos para determinar que trabaj&oacute; en dos de los cortos <em>(El desayuno </em>y <em>El &iacute;dolo).</em> Declara que no guarda demasiados recuerdos de los rodajes, y menos a&uacute;n del especial m&eacute;todo de distribuci&oacute;n de los filmes, pero s&iacute; evoca el cuidado empleado en el maquillaje y el vestuario. Y explica que, aunque se rodase en un soporte modesto como la pel&iacute;cula de 16 mil&iacute;metros, &ldquo;se intentaba hacer algo muy est&eacute;tico, en la ant&iacute;tesis de lo cutre. La copia de la edici&oacute;n videogr&aacute;fica est&aacute; muy degradada y eso dificulta que se perciban los detalles, pero se intent&oacute; conseguir algo muy esteticista, algo er&oacute;tico de lujo. Y muy suave, en el fondo&rdquo;. Cuxart tambi&eacute;n insiste en la idea de que no se trataba de &ldquo;pel&iacute;culas pornogr&aacute;ficas, sino de erotismo&rdquo;. En algunos momentos, quiz&aacute; a causa de la relaci&oacute;n de Bigas y de Aznar con el dise&ntilde;o y los anuncios, los cortos parecen acercarse al lenguaje publicitario.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, la sexualidad y el desnudo (b&aacute;sicamente femenino) fueron dos elementos principales de la propuesta. A diferencia de las tensiones vividas durante el rodaje de <em>Bilbao</em>, Cuxart y Pladevall no recuerdan ning&uacute;n momento problem&aacute;tico. &ldquo;Muchas actrices se hab&iacute;an acostumbrado a los desnudos por el destape. Era como quitarse la ropa para una sesi&oacute;n de dibujo en una escuela de arte. Nos lo tom&aacute;bamos con mucha calma y con mucha alegr&iacute;a, no era una cosa t&eacute;trica&rdquo;, afirma Cuxart. &ldquo;Hab&iacute;amos normalizado estas cosas incluso antes del destape&rdquo;, indica Pladevall, &ldquo;porque se hac&iacute;an dobles versiones de escenas con desnudos destinados a los mercados internacionales&rdquo;. Sobre la manera de afrontar la intimidad en el rodaje, el director de fotograf&iacute;a no recuerda ninguna sistematolog&iacute;a, pero considera que todo fue &ldquo;muy profesional y muy tranquilo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Camino a 'Bilbao'</h3><p class="article-text">
        Ahora el mayor inter&eacute;s de estas obras es su componente hist&oacute;rico. Forman parte de la filmograf&iacute;a de alguien que se convertir&iacute;a en un autor relevante del cine mediterr&aacute;neo. Presagian, en detalles concret&iacute;simos y desde un enfoque mucho m&aacute;s ligero, las futuras trituradoras de tab&uacute;es que ser&iacute;an <em>Bilbao</em> y <em>Caniche</em> (que tambi&eacute;n ha sido recuperada en alta definici&oacute;n por Ediciones 79).
    </p><p class="article-text">
        Cuxart considera que <em>Historias imp&uacute;dicas</em> fue una escuela de cine tanto para Bigas como para &eacute;l mismo. Las limitaciones en la cantidad de pel&iacute;cula disponible y en el presupuesto que dedicar al laboratorio implicaron un gran esfuerzo de planificaci&oacute;n. &ldquo;Ten&iacute;amos que tener muy claro lo que quer&iacute;amos, porque no se pod&iacute;an hacer veintisiete tomas de cada cosa&rdquo;, explica. Para Pladevall, fueron &ldquo;unas primeras elaboraciones del elemento m&aacute;s morboso de la creaci&oacute;n de Bigas. <em>Tatuaje</em> fue una pel&iacute;cula bastante p&uacute;dica, aunque en ese momento ya asomaba el destape&rdquo;.
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                &#039;Bilbao&#039; exploraba, entre otros fetichismos, la obsesión por capturar y coleccionar imágenes                            </span>
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        El rodaje de los cortometrajes tambi&eacute;n se convirti&oacute; en una manera de crear un equipo. Peracaula evoca que Bigas le habl&oacute; de algunas malas experiencias vividas con miembros del equipo t&eacute;cnico durante la filmaci&oacute;n de su &oacute;pera prima. Cuxart recuerda que tanto &eacute;l mismo como el director conoc&iacute;an a poca gente del mundo del cine, &ldquo;as&iacute; que los cortos tambi&eacute;n nos sirvieron para conocer a otras personas que pod&iacute;an encargarse del vestuario, de las localizaciones... Muchas de estas personas trabajaron tambi&eacute;n en los filmes que hicimos posteriormente&rdquo;. A lo largo de estos primeros a&ntilde;os de dedicaci&oacute;n, se ir&iacute;a reuniendo un grupo en el que tambi&eacute;n participaron el montador Anastasi Rinos o Consol Tura, primera esposa de Bigas, que trabaj&oacute; con el realizador en roles diversos (como actriz o dise&ntilde;adora de vestuario) hasta consolidarse como una prestigiosa directora de c&aacute;sting. El fot&oacute;grafo Pedro Aznar brillar&iacute;a en sus trabajos para <em>Bilbao </em>y <em>Caniche</em>. Posteriormente, volver&iacute;a al mundo de la publicidad y de la realizaci&oacute;n de v&iacute;deos musicales.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, unos cortos con vocaci&oacute;n erotizadora financiar&iacute;an esa perturbadora <em>Bilbao</em> que invertir&iacute;a la l&oacute;gica supuestamente er&oacute;tico-festiva (y tambi&eacute;n desatadamente androc&eacute;ntrica) del destape. El segundo largometraje de Bigas supondr&iacute;a una tenebrosa inmersi&oacute;n en unas obsesiones sexuales que derivan en actos criminales, una mirada con tintes <em>underground </em>a una historia que podr&iacute;a haberse convertido en un convencional <em>thriller </em>de terror psicol&oacute;gico. Junto con <em>Arrebato</em>, se convertir&iacute;a en un referente del cine de autor m&aacute;s transgresor de la Espa&ntilde;a en transici&oacute;n a la democracia parlamentaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cortos-eroticos-bigas-luna-vuelven-clandestinidad_1_9057895.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jun 2022 15:14:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cortos eróticos de Bigas Luna vuelven a la clandestinidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Erotismo,Bigas Luna]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Orenstein, dueño del erotismo clandestino en Argentina:  “Lo que me gusta del material erótico-pornográfico es que te iguala”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/eduardo-orenstein-dueno-erotismo-clandestino-argentina-gusta-material-erotico-pornografico-iguala_128_9054041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdb91006-025e-4f3e-a39c-5878ffeaf539_16-9-discover-aspect-ratio_default_1049403.jpg" width="3000" height="1688" alt="Eduardo Orenstein, dueño del erotismo clandestino en Argentina:  “Lo que me gusta del material erótico-pornográfico es que te iguala”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Coleccionista de arte popular y marginal de erotismo y pornografía, acaba de publicar el libro Cojer, La pornografía clandestina en el Río de la Plata durante el siglo XX. Una charla que va de la primera película porno de 1907 al museo virtual de Orenstein.</p></div><p class="article-text">
        Pornograf&iacute;a marginal, literatura iconoclasta y un museo er&oacute;tico virtual. En esas tres l&iacute;neas existenciales parece transcurrir la vida y los d&iacute;as del escritor, periodista, pintor, coleccionista, documentalista y adicto a los pal&iacute;ndromos Eduardo Orenstein (1957, Uruguay). Dice en su b&uacute;nker de Flores, donde tiene toda su colecci&oacute;n de materiales de sexualidad que circularon de manera subterr&aacute;nea y oculta: &ldquo;A m&iacute; lo que me interesan no son las grandes obras, sino aquello que los franceses definen como <em>Erotisme du dimanche</em>, es decir: erotismo del domingo, el erotismo popular porque es ah&iacute; donde se pueden perfilar los resquicios de la mente humana, los meandros del cerebro en la percepci&oacute;n er&oacute;tica&rdquo;. Habla con tranquilidad y calma entre mu&ntilde;ecas sin ropa, m&aacute;scaras, posters de pel&iacute;culas de todas las &eacute;pocas, consoladores de diversos tama&ntilde;os, <em>merchandising</em> de Isabel Sarli, preservativos antiguos, pilas de historietas pornogr&aacute;ficas y revistas picarescas, monta&ntilde;as de fotos clandestinas con fotos de desnudos an&oacute;nimos, dos computadoras y una asistente joven. Hay caos y orden por partes iguales. Orenstein est&aacute; en el centro mismo del mundo que arm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        																							***
    </p><p class="article-text">
        Orenstein lleg&oacute; a la Argentina en 1974. En esa &eacute;poca, recuerda, si quer&iacute;as ver <em>La naranja mec&aacute;nica</em> o las pel&iacute;culas de Isabel Sarli (&ldquo;un &iacute;cono del erotismo argentino por generaciones con proyecci&oacute;n de cine de autor important&iacute;simo&rdquo;) ten&iacute;as que ir a Montevideo. Pero desde antes hab&iacute;a encendido el fuego de un amor duradero por el coleccionismo de arte popular y marginal en relaci&oacute;n a lo er&oacute;tico y la pornograf&iacute;a. Lo sedujo aquello que era despreciado: &ldquo;Siempre he tenido la tara de juntar. No me enorgullece ya que soy cr&iacute;tico de los coleccionistas. Es por eso que a mis colecciones les quiero dar otra dimensi&oacute;n. No me interesa el costado fetichista y proyectarme en el objeto que poseo.&rdquo; Le gusta, m&aacute;s que nada, ir recolectando cosas y sistematizarlas, darles un orden. De alg&uacute;n modo, significa organizar el desconcierto que es la vida, la existencia, encontrar un sentido y una cronolog&iacute;a. A partir de ah&iacute; busca dar una devoluci&oacute;n. Esta necesidad lo llev&oacute; directamente a su proyecto actual: el Museo Er&oacute;tico de la Ciudad de Buenos Aires, que por ahora solo tiene una existencia virtual donde hay una advertencia: &ldquo;El ingreso de menores de 18 a&ntilde;os no es considerado conveniente&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        																							***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe Georges Bataille en <em>El erotismo</em>: &ldquo;Tomado en su conjunto, el erotismo es una infracci&oacute;n a la regla de las prohibiciones: es una actividad humana.&rdquo; Y en <em>La felicidad, el erotismo y la literatura</em> dice: &ldquo;El erotismo es lo propio del hombre. Al mismo tiempo es aquello que lo abochorna. Pero nadie conoce el medio para escapar a la verg&uuml;enza que el erotismo impone. El erotismo es la ratonera donde el m&aacute;s prudente se deja atrapar. Quien piensa que est&aacute; afuera, como si la trampa no le concerniera, desconoce el fundamento de esa vida que lo anima hasta en la muerte. Y quien piensa dominar ese horror asumi&eacute;ndolo, no est&aacute; menos enga&ntilde;ado que el abstinente. Desconoce la condena sin la cual la fascinaci&oacute;n del erotismo, a la que pretende responder, dejar&iacute;a de fascinar. No podemos sustraernos a ese horror hasta el punto de que ya no tengamos que abochornarnos, no podemos gozar sino a condici&oacute;n de seguir sintiendo verg&uuml;enza.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Dice Orenstein: &ldquo;Para m&iacute; el erotismo y la sexualidad es un misterio. Y al estar tan condenado y censurado m&aacute;s me provoca conocerlo. Eso es inevitable: mientras m&aacute;s proh&iacute;bas m&aacute;s curiosidad genera e inter&eacute;s. En m&iacute; funcion&oacute;. Y creo que el erotismo est&aacute; metido en todos los estratos, dial&eacute;cticas y entra&ntilde;as de la sociedad. A pesar de esto, en la actualidad, esencialmente sigue siendo un misterio que va desde fantasmas, fetichismos, emociones y dem&aacute;s. Eso es lo que me gusta, lo que es misterioso, lo que no puedo explicar. La pulsi&oacute;n er&oacute;tica no la pod&eacute;s eliminar.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        																							***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada del 90, Orenstein estaba de viaje de trabajo por Barcelona y vio que se inauguraba un Museo Er&oacute;tico: le pareci&oacute; una novedad absoluta porque nunca hab&iacute;a estado en uno: &ldquo;Me fui corriendo a verlo. Y me dije que si hac&iacute;an un museo con ese material pobr&iacute;simo que ten&iacute;an y sin ninguna curadur&iacute;a, yo me pod&iacute;a hacer otro ni bien llegue a casa&rdquo;, recuerda. Esa causalidad fue el <em>big bang</em> de la idea. El azar define destinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Decidi&oacute; que con su colecci&oacute;n de &ldquo;cierta envergadura&rdquo; se pod&iacute;a ofrecer una visi&oacute;n del erotismo y la pornograf&iacute;a clandestina bajo la forma del museo, que todav&iacute;a no se pudo instalar y salir de la web por razones presupuestarias (&ldquo;soy un simple mortal&rdquo;). Sin embargo, Orenstein no se qued&oacute; quieto y busc&oacute; un punto de fuga a esa imposibilidad: &ldquo;Me surge la chance real de mostrar el museo er&oacute;tico a trav&eacute;s de libros. Y <em>Cojer, La pornograf&iacute;a clandestina en el R&iacute;o de la Plata durante el siglo XX</em> es el primer libro. Y sale por mi editorial El Rayo Rojo.&rdquo; Una editorial que tambi&eacute;n es librer&iacute;a y tiene su local en la galer&iacute;a Bond Street. Luego de muchas vidas y profesiones, Orenstein vive de vender y revender memorabilia cinematogr&aacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        																										***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Museo Er&oacute;tico, que por ahora es virtual (aunque lleva a a cabo gestiones &ldquo;infructuosas&rdquo; para que alguna vez sea concreto, f&iacute;sico y presencial), tiene varias salas: Erotismo y arte popular; El cine o el ojo del voyeur; Historieta; Etnograf&iacute;a; Fotograf&iacute;a; Fetichismo; M&aacute;quinas y herramientas del erotismo, entre otras. Cada una de estas salas exhibe, b&aacute;sicamente, una historia que no hab&iacute;a sido contada de manera oficial. De esta manera, cumple una funci&oacute;n antropol&oacute;gica y arqueol&oacute;gica sobre usos, pr&aacute;cticas y costumbres que siempre pasaron por debajo de los radares masivos de aceptaci&oacute;n institucional e incluso social. Ahora esa informaci&oacute;n, ese terciopelo subterr&aacute;neo, se pone al alcance de todos los que quieran acercarse y descubrirlo. &ldquo;Es un&nbsp; museo <em>pesado</em> en cuanto a su contenido, no se encuentras unos desnuditos cuidados. Hay, por ejemplo, una colecci&oacute;n de vellos p&uacute;bicos (la serie &rdquo;Pendejos&ldquo;, lo que m&aacute;s orgullo me da tener) o un equipo para hacer abortos porque es parte de la actividad sexual. Me interesa la intensidad y mi visi&oacute;n particular&rdquo;, explica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La asistente de Orenstein se llama Macarena Russo y cuenta lo siguiente: &ldquo;La gente que se acerca al museo es muy diversa porque son desde curiosos que pasan y preguntan qu&eacute; es lo que tenemos adentro, coleccionistas, m&uacute;sicos, y dem&aacute;s. De todas maneras creo que si m&aacute;s gente supiese que el museo existe vendr&iacute;an todo el tiempo. A m&iacute; me pasa que todos mis amigos quieren venir. Es muy atractiva la propuesta.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        	Hubo un antecedente. <em>El libertino</em> era una revista que sali&oacute; durante los 80 y comienzo de los 90. Ten&iacute;a erotismo y a veces performance de arte. Por ejemplo, en el N&deg; 8 de 1993 sali&oacute; a doble p&aacute;gina la fotoperformance &ldquo;Maresca se entrega todo destino&rdquo;. La informaci&oacute;n dec&iacute;a: &ldquo;La escultora Liliana Maresca don&oacute; su cuerpo a Alex Kuropatwa &ndash;fot&oacute;grafo-, Sergio De Loof &ndash;tred setter-, y Sergio Avello &ndash;maquilladora- para este maxi aviso donde se dispone a todo.&rdquo; Este desnudo secuenciado de Maresca fue una obra de arte que luego se expuso en galer&iacute;as. En esta revista escrib&iacute;a Orenstein. Y en los 90 se hicieron dos exposiciones llamadas <em>Erotizarte</em>, a las que le fue muy bien. Subido a esta ola, Orenstein quiso abrir su propio museo pero la idea no prosper&oacute;. Mientras tanto, &eacute;l sigui&oacute; juntando material. Ni en su mirada ni en su tono de voz no hay ni un &aacute;pice de nostalgia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una vez que vos le das rienda suelta a tu fantas&iacute;a o tu realidad er&oacute;tica o sexual ya no ten&eacute;s freno. A partir de ah&iacute; sos todo lo expl&iacute;cito, escatol&oacute;gico, sodomita que quer&eacute;s&rdquo;, dice Orenstein sobre el material que fue recopilando en todos estos a&ntilde;os. Despu&eacute;s dice: &ldquo;Hay poca homosexualidad. La homosexualidad es como un chiste o una agresi&oacute;n que generalmente le hace o le sugiere un personaje a otro. Hay poco material as&iacute;. Yo tengo algunas fotos homosexuales de esa primera &eacute;poca. No hay ese material de consumo homosexual que a m&iacute; se me haya cruzado.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ves el papel de la mujer en esos materiales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Eso es muy interesante porque la mujer no era sometida. Opina, pide, exige, burla, vapulea. En las historias escritas, sobre todo, tienen un&nbsp; rol activo y en&eacute;rgico y para nada sumiso. No obstante, eran productos para consumo masculino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; diferencia hac&eacute;s entre erotismo y pornograf&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No hay. Hay un concepto equivocado de pornograf&iacute;a. La pornograf&iacute;a se relaciona com&uacute;nmente con lo obsceno y eso no es as&iacute;. En el origen de la palabra &ldquo;pornograf&iacute;a&rdquo; est&aacute; el hecho de escribir relatos sobre prostitutas. Es un t&eacute;rmino que inventaron los franceses para los libros que eran historia de la prostituci&oacute;n. Luego se hizo extensivo a las obras que proponen estimular er&oacute;tica o sexualmente a los individuos. A partir de que sale de un proceso intelectual es er&oacute;tico porque el erotismo es la fase siguiente al instinto gen&eacute;sico animal. El hombre es un animal plusbiol&oacute;gico. El hombre elabora casi todos sus actos de subsistencia en otro nivel. Todos tenemos capacidad er&oacute;tica por m&aacute;s bestias que seamos. No hay diferencia entre erotismo y pornograf&iacute;a. Tampoco me parece que cabe la palabra &ldquo;obscenidad&rdquo; en relaci&oacute;n a lo er&oacute;tico y lo pornogr&aacute;fico. Para m&iacute; es obsceno es presenciar la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero como soy un c&iacute;nico nada me ofende.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Es cierto que que la primera pel&iacute;cula pornogr&aacute;fica de la historia del cine se film&oacute; en Argentina y se llam&oacute; </strong><em><strong>El s&aacute;tiro</strong></em><strong> (1907)?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Yo no lo s&eacute; si es cierto. Es una posibilidad. La vi y escuch&eacute; la justificaci&oacute;n. Es muy caprichoso lo que se dice y creo que es muy dif&iacute;cil de saber si es cierto eso. Ahora bien, no me cabe la menor duda, conociendo lo que son los seres humanos, que a partir de que existi&oacute; la imagen en movimiento se film&oacute; gente cogiendo. No tengo dudas al respecto. Lo que me gusta de todo el material er&oacute;tico pornogr&aacute;fico es que te iguala.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No hay nada extremo para vos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no hay nada extremo. &iquest;Qui&eacute;n soy yo para juzgar? No creo en el pecado, ni en el bien ni el mal absoluto. Todo se pone en funci&oacute;n de lo relativo. No me interesa el rol de juez. Me interesan los asesinos y s&iacute; las conductas extremas de ciertos seres humanos. Me interesan los torturadores, no lo defiendo para nada pero me interesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Nunca quisiste producir tu propio material er&oacute;tico pornogr&aacute;fico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para nada, yo soy muy pudoroso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>WL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Walter Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/eduardo-orenstein-dueno-erotismo-clandestino-argentina-gusta-material-erotico-pornografico-iguala_128_9054041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jun 2022 03:03:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo Orenstein, dueño del erotismo clandestino en Argentina:  “Lo que me gusta del material erótico-pornográfico es que te iguala”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[pornografía,Erotismo,Eduardo Orenstein]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Masturbarse es un ejercicio saludable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/masturbarse-ejercicio-saludable_129_8249989.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/32956710-c9a6-4abe-b87e-02c85f1eaa4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Masturbarse es un ejercicio saludable"></p><p class="article-text">
        En el supermercado suelo comprar unas galletitas que me gustan mucho, cuyo sabor no conozco del todo (creo que algarroba o algo as&iacute;), pero lo que me impresiona m&aacute;s que nada es el envoltorio, que pone en primer plano todo lo que no tienen: sin az&uacute;car ni grasas, sin harinas y no s&eacute; qu&eacute; otras cosas m&aacute;s, en fin, son un producto ideal (para el capitalismo) que se vende por algo diferente a lo que es.
    </p><p class="article-text">
        Estas galletitas son m&aacute;s caras que las otras, que las comunes, que las que tienen todo eso que nos da&ntilde;a. No voy a debatir la alimentaci&oacute;n, s&iacute; llamar la atenci&oacute;n sobre este punto:<strong> en este caso, pagamos m&aacute;s por lo que a este consumo le falta que por lo que tiene</strong>. Es un tipo de pago negativo; pagamos por nada y esa &ldquo;nada&rdquo;, adem&aacute;s, tiene un precio alto. <strong>No se me ocurrir&iacute;a mejor ejemplo para ilustrar c&oacute;mo funciona el mundo capitalista, el fetichismo de la mercanc&iacute;a o incluso la noci&oacute;n de plusval&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es un an&aacute;lisis socio-econ&oacute;mico el que quisiera realizar. Hay otros que lo har&iacute;an mucho mejor. Aunque s&iacute; me interesa hacer una consideraci&oacute;n de econom&iacute;a libidinal. Eventualmente esa &ldquo;nada&rdquo; por la que pagamos tiene un nombre espec&iacute;fico; de un tiempo a esta parte se llama &ldquo;salud&rdquo;. Esa nada suprasensible &ndash;ya que no se encuentra en ninguno de los aspectos del objeto&ndash; es una determinaci&oacute;n importante del deseo.
    </p><p class="article-text">
        De un tiempo a esta parte, la salud se volvi&oacute; un denominador com&uacute;n de nuestros deseos. En la alimentaci&oacute;n, reprime el placer de los sentidos; hace poco un ni&ntilde;o suger&iacute;a que comer verduras era rico porque &ldquo;es sano&rdquo;. Desde ya que no a&ntilde;oro la infancia ah&iacute;ta de esos dulces que tambi&eacute;n implicaban un sabor uniforme (y excitante); digo m&aacute;s bien que el desarrollo de la sensibilidad requiere la diferenciaci&oacute;n o, mejor dicho, que donde hay homogeneidad no hay placer.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no quiero hablar de la alimentaci&oacute;n -ya lo dije-. Parto de este caso en la medida en que lleva al punto que me importa: &iquest;no ocurre lo mismo con la sexualidad? Slavoj &#381;i&#382;ek&nbsp;tiene una f&oacute;rmula muy divertida para hacer este paralelismo: as&iacute; como hoy existe el caf&eacute; descafeinado, la cerveza sin alcohol, &iquest;no podr&iacute;a haber tambi&eacute;n un sexo sin erotismo? Esta l&iacute;nea de pensamiento la encontramos en sus libros desde <em>Bienvenidos al desierto de lo real</em> al recientemente traducido <em>Chocolate sin grasa</em>.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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function isEmpty(value){return/^\s*$/.test(value);}
function isEmail(value){return/^[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*@[a-z0-9_-]+(?:\.[a-z0-9_-]+)*\.[a-z]{1,15}$/i.test(value);}
function validar() {
  el5 = document.getElementById('email');
  var isOk = true;
  if (isEmpty(el5.value)){
    isOk = false;
  }
  if (isOk){
    var elements = document.getElementsByClassName("formVal");
    var formData = new FormData();
    for(var i=0; i<elements.length; i++) {
      formData.append(elements[i].name, elements[i].value);
    }
    console.log(formData);
    var xmlHttp = new XMLHttpRequest();
    var url = 'https://eldiarioar.ar/mchimp';
    xmlHttp.open('POST', url, true);
    // xmlHttp.setRequestHeader('Content-type', 'application/x-www-form-urlencoded');
    xmlHttp.onreadystatechange = function() {
      if(xmlHttp.readyState == 4 && xmlHttp.status == 200) {
        var r = JSON.parse(xmlHttp.responseText);
        if ('result' in r) {
          console.log(r.result);
          el1 = document.getElementById('form1');
          el2 = document.getElementById('success1');
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el1.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el2.style.display = 'block';
        } else {
          el3 = document.getElementById('error1');
          el4 = document.getElementById('error2');
          el5 = document.getElementById('msg2');
          el5.style.display = 'none';
          el4.style.display = 'none';
          el3.style.display = 'block';
        }
      }
    }
    xmlHttp.send(formData);
	} else {
    el4 = document.getElementById('error2');
    el4.style.display = 'block';
	}
}
</script>
    </figure><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, proliferan las notas period&iacute;sticas que cuentan la cantidad de calor&iacute;as que se pueden quemar con tan solo un acto sexual (depende su duraci&oacute;n, claro); el tipo de activaci&oacute;n card&iacute;aca que produce el sexo matinal; incluso hay algunos sobre las funciones prote&iacute;nicas del semen (parece que tambi&eacute;n tiene vitamina C) y otros m&aacute;s que configuran toda una agenda de nutrici&oacute;n sexual. <strong>El sexo dej&oacute; de ser er&oacute;tico, necesita que le demos nuevas justificaciones.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La nueva ecuaci&oacute;n ser&iacute;a: comer es sano, coger es parecido a comer, entonces &iexcl;coger es sano! Sin embargo, no quiero referirme aqu&iacute; a los art&iacute;culos relativos a la higiene del acto sexual, sino fundamentalmente a los que le&iacute; sobre la masturbaci&oacute;n. Porque es cierto que ya no vivimos en un mundo que condene el onanismo como un pecado, pero &iquest;no se trata de una nueva hipoteca la que hace de este acto &iacute;ntimo una forma del viejo aforismo socr&aacute;tico &ldquo;Con&oacute;cete a ti mismo&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que pasamos de la teolog&iacute;a a una especie de pedagog&iacute;a. La masturbaci&oacute;n es hoy, seg&uacute;n diferentes art&iacute;culos: 1. Una v&iacute;a para &ldquo;aprender&rdquo; (sic) a &ldquo;familiarizarse&rdquo; (sic) con el &ldquo;propio cuerpo&rdquo; (sic); 2. Un recurso de &ldquo;descarga&rdquo; (sic) para evitar tensi&oacute;n y &ldquo;nervios&rdquo; (sic) (aunque aqu&iacute; se nota que los autores no leyeron nada sobre la etiolog&iacute;a de la neurastenia); 3. Hay art&iacute;culos que plantean que se la debe &ldquo;validar&rdquo; (sic) como un fin en s&iacute; mismo y no asociarla necesariamente al coito, porque es preciso cuestionar el &ldquo;coitocentrismo&rdquo; (sic); 4. Encontr&eacute; un art&iacute;culo que habla de las virtudes digestivas de la masturbaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Did&aacute;ctica, ansiol&iacute;tica, t&oacute;nica, nutritiva, el elogio contempor&aacute;neo de la masturbaci&oacute;n logr&oacute; sepultar su car&aacute;cter maldito. </strong>Nos hemos vuelto una sociedad que necesita celebrar este acto, justificarlo, incluso visibilizarlo, pero &iquest;qu&eacute; se vuelve invisible al hacer visible algo? La visibilizaci&oacute;n no es un acto sin consecuencias, tambi&eacute;n compromete con cierto punto ciego y crea sus propios prejuicios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Didáctica, ansiolítica, tónica, nutritiva, el elogio contemporáneo de la masturbación logró sepultar su carácter maldito. Nos hemos vuelto una sociedad que necesita celebrar este acto, justificarlo, incluso visibilizarlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En su libro <em>Sexo solitario</em>, Thomas Laqueur esboza la hidr&aacute;ulica del cuerpo que se pone en juego en la idea de la masturbaci&oacute;n como descarga. Esta idea moderna, que se desarroll&oacute; sobre todo a partir del cuerpo entendido como m&aacute;quina, permanece a&uacute;n en el ejemplo del punto 3. Por esta v&iacute;a, entonces, tampoco lo nuevo suele ser nuevo y con otros ropajes reproduce mitos e ideas del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, un punto de debate actual es el relativo a la masturbaci&oacute;n de las mujeres. El argumento habitual es que hist&oacute;ricamente este acto fue prohibido con mayor &eacute;nfasis y que, por eso, hoy necesita ser reconocido. A veces se acusa al psicoan&aacute;lisis de haber sido c&oacute;mplice de la condena femenina. Se critica que Freud habr&iacute;a dicho que el cl&iacute;toris es una especie de pene peque&ntilde;o. Sin embargo, &iquest;a qu&eacute; apunta esta afirmaci&oacute;n freudiana?
    </p><p class="article-text">
        Freud sab&iacute;a que las mujeres se masturbaban, esto es claro, pero desde su punto de vista la masturbaci&oacute;n era un placer masculino. Freud dice esto porque no piensa en la masturbaci&oacute;n como un acto (la manipulaci&oacute;n genital); sino en un tipo de placer, que se obtiene de los m&aacute;s diversos actos. La masturbaci&oacute;n es un placer siempre id&eacute;ntico a s&iacute; mismo, eso lo hace f&aacute;lico, independientemente de qui&eacute;n se masturbe. Ese placer f&aacute;lico, en serie (y serial), es el que hace que alguien pueda dedicarse durante horas a una tarea (o a varias). La masturbaci&oacute;n es un placer que, por ejemplo, va muy bien con el trabajo o, mejor dicho, con ese hacer compulsivo que, a veces, se parece al trabajo, pero no es tal.<strong> Nuestra sociedad es eminentemente masturbatoria. Se dice que es &ldquo;individualista&rdquo;, pero este t&eacute;rmino es la traducci&oacute;n social de una relaci&oacute;n con el erotismo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        A veces tambi&eacute;n se dice que es una sociedad &ldquo;ego&iacute;sta&rdquo;. Sin embargo, el ego&iacute;smo es un tipo de actitud que busca aumentar el placer, diversificarlo, que no se satisface siempre de la misma manera. Un romano era ego&iacute;sta y se tomaba algunas horas para almorzar. En nuestra sociedad de pajeros se come de parados en la mesa de la cocina, en minutos; comer se volvi&oacute; una masturbaci&oacute;n m&aacute;s. Por eso nuestra sociedad no es ego&iacute;sta, es m&aacute;s bien narcisista, es decir, una sociedad en la que se padece por &ldquo;baja&rdquo; autoestima &ndash;de la misma manera, cuando alguien dice &ldquo;me la baja&rdquo; habla de su relaci&oacute;n con ese placer: si no es masturbatorio, no le interesa.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestra sociedad es eminentemente masturbatoria. Se dice que es “individualista”, pero este término es la traducción social de una relación con el erotismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La masturbaci&oacute;n es un placer prefabricado, reproducible, que no incorpora nuevas metas, que no se ampl&iacute;a con el del otro. Un acto copulatorio puede ser masturbatorio. Muchas veces lo es. La masturbaci&oacute;n es un placer que viene de adentro, que no quiere el afuera, que transforma el afuera en corte y demanda. &ldquo;Afuera no hay placer&rdquo;, dice el masturbador; nada de afuera, nada de otro, es causa de placer. El masturbador siempre se vive quejando de que lo interrumpen. Vive la vida como interrupci&oacute;n de ese goce &uacute;nico. <strong>Esto es la masturbaci&oacute;n: la creencia en un &uacute;nico goce; es poner el goce en lugar del placer y aplastarlo completamente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, cuando Freud plantea que el cl&iacute;toris es un pene en miniatura no es porque busque negar el erotismo femenino; m&aacute;s bien lo que desarrolla es que puede quedar atrapado por un goce f&aacute;lico, como le ocurre m&aacute;s directamente al var&oacute;n. En otro libro de estos d&iacute;as, <em>El placer borrado. Cl&iacute;toris y pensamiento</em>, Catherine Malabou explica ciertas ideas del pensamiento de Luce Irigaray, en particular que el placer femenino no se fija en un &oacute;rgano, mucho menos supondr&iacute;a &ndash;como s&iacute; pensaba Freud&ndash; que la vagina tiene que ir al lugar del cl&iacute;toris, con una especie de sustituci&oacute;n y, por eso mismo, no hay sede para el orgasmo femenino. Este goce queda des-localizado, sin que esto implique un d&eacute;ficit. De ah&iacute; que pueda pensarse en que haya mujeres que requieran tocarse durante un acto de penetraci&oacute;n (o sin ella) sin que estas caricias cumplan una funci&oacute;n onanista. Este s&iacute; fue un prejuicio t&iacute;pico entre psicoanalistas: plantear que esa era una dependencia m&aacute;s o menos masturbatoria, un resabio de inmadurez autoer&oacute;tica que no hab&iacute;a sido superado y que deb&iacute;a ser curado.
    </p><p class="article-text">
        La masturbaci&oacute;n es un tema de mucha complejidad (no dir&eacute; con facilismo que es un tema de nunca acabar), no creo que se pueda resolver con la nueva moral progresista de autorizaci&oacute;n y validaci&oacute;n saludable &ndash;que m&aacute;s bien tiende hacia el falicismo, para hacer el chiste tonto. Llevo m&aacute;s de un a&ntilde;o dedicado a la lectura del <em>Manifiesto pornol&oacute;gico</em> de Daniel Mundo que, en unas pocas p&aacute;ginas, desaf&iacute;a muchas de las interpretaciones que hoy nos hacemos de la sexualidad reducida a performance, a beneficio yoico, a atributo narcisista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No siempre que alguien se toca, se masturba. Es posible masturbarse con los m&aacute;s diversos actos. Puede tratarse de un acto er&oacute;tico, pero tambi&eacute;n puede hacer del cuerpo un instrumento sometido al mecanicismo. Las loas que hoy se cantan a la manipulaci&oacute;n de los propios genitales, lejos de ser un himno de liberaci&oacute;n, son parte de un dispositivo de p&eacute;rdida de erotismo que, en nombre de habilitarnos, nos esclaviza a mandatos que tal vez ya no sean disciplinarios, pero que no dejan de plantear el mismo rechazo respecto del deseo. Un rechazo cada d&iacute;a m&aacute;s sutil.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/masturbarse-ejercicio-saludable_129_8249989.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Aug 2021 10:36:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Masturbarse es un ejercicio saludable]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Masturbación,Erotismo,Sexualidad]]></media:keywords>
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