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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Buenos Aires Herald]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/buenos-aires-herald/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Buenos Aires Herald]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/testimonio-robert-cox-juicio-juntas-pelicula_129_9626426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3d72fd4-bd96-4170-8ca0-2a2d7bb9f891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El exdirector del Buenos Aires Herald brindó una declaración clave el 29 de abril de 1985, que no forma parte de la película de Santiago Mitre. Su participación en el juicio a los represores da cuenta de una gesta épica, conflictos, dramas personales y una densa trama política y periodística.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; suerte tenerlo de vuelta en su pa&iacute;s&rdquo;. Ra&uacute;l Alfons&iacute;n acert&oacute; al saludar con esas palabras a Robert Cox el 8 de diciembre de 1983. El invitado especial a la asunci&oacute;n del presidente radical hab&iacute;a sido un ni&ntilde;o protegido en un refugio de Londres bajo los bombardeos de la Luftwaffe y un joven que combati&oacute; con bandera brit&aacute;nica en la Guerra de Corea. Con Estados Unidos, su lugar de residencia entonces, ten&iacute;a un lazo inquebrantable forjado durante los a&ntilde;os de terror. Pero para Cox, el exdirector del <em>Buenos Aires Herald</em>, el esposo de Maud, el padre de cinco hijos porte&ntilde;os, el hombre que hab&iacute;a desembarcado en Buenos Aires a sus 25 a&ntilde;os sin hablar castellano, su pa&iacute;s, el verdadero pa&iacute;s de su mente y su coraz&oacute;n, era la Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        El Cox de 50 a&ntilde;os que asomaba por pocos d&iacute;as a la primavera alfonsinista ten&iacute;a una mirada sobre la dictadura diferente de la de aqu&eacute;l que hab&iacute;a partido cuatro a&ntilde;os antes junto a su familia, acosado por los represores y la insidia de la mayor&iacute;a de sus colegas editores. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta la escalerilla del avi&oacute;n que lo transport&oacute; al exilio, el 17 de diciembre de 1979, Cox cre&iacute;a que el Proceso hab&iacute;a derivado en un bando portador de intenciones civilizatorias y democr&aacute;ticas, encabezado por Jorge Rafael Videla, que soportaba los embates de los represores despiadados (Emilio Eduardo Massera, Luciano Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez, Carlos Guillermo Su&aacute;rez Mason, Ram&oacute;n Camps). <strong>Los cuatro a&ntilde;os de exilio hab&iacute;an llevado a Cox a construir una mirada cabal, m&aacute;s realista, sobre la dimensi&oacute;n del terrorismo de Estado. </strong>
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                    alt="De izquierda a derecha, Maud Daverio, Robert Cox y sus hijos Ruth, David, Victoria, Peter y Robert. Están en Ezeiza, el 17 de diciembre de 1979, a punto de partir al exilio."
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            <span class="title">
                De izquierda a derecha, Maud Daverio, Robert Cox y sus hijos Ruth, David, Victoria, Peter y Robert. Están en Ezeiza, el 17 de diciembre de 1979, a punto de partir al exilio.                            </span>
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        No bien se fueron, los Cox giraron por casas de su familia y amigos, congresos y becas, hasta que se asentaron en Charleston, Carolina del Sur, donde dirig&iacute;a su imperio econ&oacute;mico Peter Manigault, el accionista mayoritario del <em>Herald</em>. En Estados Unidos, Cox se acerc&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s a la experiencia de otros exiliados, como el exdirector de <em>La Opini&oacute;n</em> Jacobo Timerman, y reforz&oacute; su v&iacute;nculo con organismos de derechos humanos argentinos e internacionales. Le provoc&oacute; repulsi&oacute;n el antisemitismo y el macartismo para desmerecer las denuncias de Timerman, proferidos, entre otros, por varios afiliados a la Asociaci&oacute;n de Entidades Period&iacute;sticas Argentinas (ADEPA). No se dej&oacute; tentar por los cantos de sirena de quienes jugaban a dos bandas, como los jefes de <em>La Prensa</em> Jes&uacute;s Iglesias Rouco y Manfred Sch&ouml;nfeld. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Querido Walter&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Hacia fines de 1983, la figura de Videla estaba desmoronada para Cox, y con igual dureza juzgaba la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del r&eacute;gimen. Bajo una mirada desprovista de autoindulgencia hab&iacute;a ca&iacute;do Guillermo Walter Klein, su ex &iacute;ntimo amigo y segundo de Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;nez de Hoz. Los juicios severos de Cox, expresados en cartas y di&aacute;logos, no eximieron a familiares y allegados que lo hab&iacute;an dejado solo cuando los militares lo acusaban, y hasta periodistas del <em>Buenos Aires Herald</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi gran temor, querido Walter, es que un d&iacute;a seas cuestionado (quiz&aacute;s por uno de tus propios hijos) sobre si sab&iacute;as que miles de personas fueron asesinadas y sus cuerpos desaparecidos de varias maneras por el Gobierno para el que vos trabajabas&rdquo;, le hab&iacute;a escrito el periodista exiliado a Klein un tiempo antes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si Argentina era el pa&iacute;s de Cox, el </strong><em><strong>Herald</strong></em><strong> era su casa.</strong> El primer a&ntilde;o de exilio, 1980, sinti&oacute; que su sucesor interino, James Neilson, hab&iacute;a desdibujado la pol&iacute;tica editorial de defensa de los derechos humanos, sin abandonarla. A fines de 1981, crey&oacute; que los responsables del diario en Buenos Aires directamente lo hab&iacute;an traicionado. Le indign&oacute; que borraran su nombre de la p&aacute;gina ocho, que hasta entonces hab&iacute;a permanecido acompa&ntilde;ado del par&eacute;ntesis &ldquo;(de licencia)&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi gran temor, querido Walter (Klein), es que un día seas cuestionado (quizás por uno de tus propios hijos) sobre si sabías que miles de personas fueron asesinadas y sus cuerpos desaparecidos de varias maneras por el gobierno para el que vos trabajabas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los meses de Malvinas, Cox lleg&oacute; a pensar que los editores a cargo (Daniel Newland, Andrew Mc Leod y Ronald Hansen) estaban haciendo &ldquo;el diario de Massera&rdquo;. <strong>El juicio &mdash;injusto, a la luz del contenido del peri&oacute;dico&mdash; fue compartido grosso modo por Andrew Graham-Yooll, exiliado en 1976 y enviado especial de </strong><em><strong>The Guardian</strong></em><strong> a Buenos Aires desde el 3 de abril de 1982, y Neilson, quien vivi&oacute; en Uruguay durante la guerra</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as de diciembre de 1983 fueron ocasi&oacute;n para que la distancia de Cox con el<em> Herald</em> y con Neilson en particular se tornara abismal. 
    </p><p class="article-text">
        Neilson se defin&iacute;a como un conservador, por lo tanto &mdash;en sus t&eacute;rminos&mdash;, contrario a secuestros nocturnos y picanas, y favorable a los procesos judiciales. Contra viento y marea, defend&iacute;a a Mart&iacute;nez de Hoz en las p&aacute;ginas del <em>Herald </em>de la democracia y apuntaba iron&iacute;as contra Alfons&iacute;n. Y tambi&eacute;n reclamaba el juzgamiento de las Juntas Militares, sin dilaciones ni atajos de impunidad. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lleg&oacute; el <em>Herald</em> a 1985. Con problemas econ&oacute;micos que amenazaban su continuidad &mdash;como casi toda su vida de 141 a&ntilde;os&mdash;, manejo aut&oacute;nomo del accionista local Kenneth Rugeroni y vaivenes editoriales entre enarbolar la gesta de haber denunciado a un r&eacute;gimen cuyo surgimiento hab&iacute;a auspiciado, el retorno a un diario conservador y antiperonista cl&aacute;sico, o el apego a las bases comunitarias. Por lo pronto, de los integrantes de la redacci&oacute;n bajo la dictadura, quedaban pocos. 
    </p><h3 class="article-text">Cita en tribunales</h3><p class="article-text">
        Para Julio C&eacute;sar Strassera y Luis Moreno Ocampo, conseguir el testimonio de Cox era crucial. La meta de los fiscales del Juicio a las Juntas era probar el v&iacute;nculo entre los jerarcas militares y los miles de desaparecidos y torturados, de modo de echar por tierra la excusa de que la masacre hab&iacute;a sido obra de subordinados descarriados. Por ello era de gran valor la palabra de un testigo que hab&iacute;a recorrido despachos oficiales para reclamar por desaparecidos entre 1976 y 1979, al que algunos represores, primero, consideraron propio, y luego intentaron utilizar para difundir la idea de los &ldquo;excesos&rdquo;. 
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                Robert Cox, durante su primera declaración en el Juicio a las Juntas, el 26 de abril de 1985                            </span>
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        <strong>Cox era una prueba caminante.</strong> Hab&iacute;a salvado vidas denunciando desapariciones en coincidencia con visitas internacionales a Buenos Aires; otras veces hab&iacute;a optado por gestiones discretas y confidenciales en despachos oficiales. Un ejemplo: el abogado uruguayo Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de M&aacute;ximo, Victoria y Gabriela, de 3 meses, uno y cuatro a&ntilde;os, recuper&oacute; a sus nietos porque Cox puso la foto de los ni&ntilde;os en tapa, en mayo de 1976. El periodista cosechaba cartas y di&aacute;logos con decenas, cientos de familiares de v&iacute;ctimas que hab&iacute;an acudido a pedirle auxilio. <strong>Hab&iacute;a grabado su reclamo por los desaparecidos en una conversaci&oacute;n desquiciante con el general Albano Harguindeguy, ministro del Interior del r&eacute;gimen</strong>. <strong>Teji&oacute; una red con embajadas, la CIDH y organizaciones como Amnesty que le sirvieron para documentar, denunciar y, al mismo tiempo, salvar su propia vida</strong>. Cox tuvo amables conversaciones con Videla y escuch&oacute; de boca de Massera una amenaza de muerte directa en 1979. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El abogado uruguayo Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de Máximo, Victoria y Gabriela, de 3 meses, uno y cuatro años, recuperó a sus nietos porque Cox puso la foto de los niños en tapa, en mayo de 1976</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El periodista fue citado a declarar en el Palacio de Tribunales el viernes 26 de abril de 1985. Lleg&oacute; a Buenos Aires a comienzos de esa semana y se aloj&oacute; en el domicilio de William Montalbano, amigo cercano, corresponsal de <em>Los Angeles Times</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En esos d&iacute;as, Cox se encontr&oacute; con Moreno Ocampo, pero una reuni&oacute;n sobresali&oacute; sobre otras. <strong>Lo busc&oacute; Patricia Berninsone, hija de Juan Berninsone, un t&eacute;cnico qu&iacute;mico que trabajaba en una subsidiaria de Monsanto y fue asesinado por la dictadura en abril de 1976</strong>. La desaparici&oacute;n seguida de muerte de Berninsone fue la primera que Cox conoci&oacute; de manera directa y es citada, hasta hoy, como el caso que dispar&oacute; su sospecha de que la dictadura hab&iacute;a iniciado un plan de exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        Videla llevaba d&iacute;as como presidente de facto y la suegra escocesa de Berninsone llam&oacute; al<em> Herald</em> para corregir el aviso f&uacute;nebre. La atendi&oacute; Andrew Graham-Yooll. Una voz aterrorizada esboz&oacute; lo que hab&iacute;a ocurrido. Graham-Yooll y Cox se trasladaron a Z&aacute;rate para escuchar el relato en primera persona. Se llevaron el compromiso asumido ante el matrimonio de escoceses y la viuda, Edith Martin, de que nunca revelar&iacute;an la identidad de la v&iacute;ctima. 
    </p><p class="article-text">
        Transcurridos nueve a&ntilde;os, Patricia y Juan, el segundo hijo, quer&iacute;an saber qu&eacute; hab&iacute;a pasado con su padre.<strong> El nombre de Juan Berninsone no formaba parte del informe </strong><em><strong>Nunca M&aacute;s</strong></em><strong> de la Comisi&oacute;n Nacional sobre la Desaparici&oacute;n de Personas, ni del Juicio a las Juntas, ni de ning&uacute;n otro expediente</strong>. Por motivos personales, la viuda y los suegros hab&iacute;an decidido mantener el caso soterrado, y Cox y Graham-Yooll cumplieron el compromiso a rajatabla, para siempre. 
    </p><h3 class="article-text">Pip&iacute; cuc&uacute;</h3><p class="article-text">
        El juez Carlos Arslani&aacute;n encabez&oacute; la audiencia del 26 de abril de 1985. A metros de la silla de Cox se encontraban jerarcas militares con los que hab&iacute;a tenido contacto como pocos testigos que pasar&iacute;an por la sala. El exdirector del<em> Herald</em> comenz&oacute; a contar sobre Berninsone, sin nombrarlo. El castellano se torn&oacute; evasivo para un ingl&eacute;s que llevaba seis a&ntilde;os de exilio; Cox transpiraba en esa noche oto&ntilde;al. A los veinte minutos, se descompens&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo revuelo en la sala y preocupaci&oacute;n de los fiscales de que se les cayera un testimonio clave en un juicio que reci&eacute;n empezaba. Se acerc&oacute; Moreno Ocampo. <strong>&ldquo;&iquest;Este hombre podr&aacute; volver el lunes a declarar?&rdquo;. &ldquo;Qu&eacute;dese tranquilo que se lo traigo pip&iacute; cuc&uacute;&rdquo;</strong>, respondi&oacute; Harry Ingham, amigo &iacute;ntimo de Cox. 
    </p><p class="article-text">
        Ingham, jud&iacute;o alem&aacute;n exiliado en Inglaterra, ni&ntilde;o migrante junto a su familia hacia la Argentina, vecino de Per&oacute;n pared de por medio en la calle Gaspar Campos de Vicente L&oacute;pez, empresario, militante de cuanto partido conservador creara &Aacute;lvaro Alsogaray (excepto la UCD), fue quien llev&oacute; a los Cox a Ezeiza el 17 de diciembre de 1979. No sobraron personas que acudieran a la despedida de la familia. Ingham y Cox ten&iacute;an una relaci&oacute;n de tipo fraternal. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os antes, en 1976, Ingham hab&iacute;a transmitido la acusaci&oacute;n de que Andrew Graham-Yooll y su esposa, Micaela Meyer, manten&iacute;an lazos con &ldquo;terroristas&rdquo;, versi&oacute;n diseminada por Francisco Siracusano, un allegado a Alsogaray y correveidile de los servicios de Inteligencia de la dictadura. Andrew, Micaela y sus tres hijos partieron de la Argentina con riesgo de muerte inminente en septiembre de 1976, en medio de un silencio ensordecedor, incluso de parte del<em> Herald</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Hacia 1985, Ingham estaba tan convencido como Cox de que deb&iacute;a llevarse a cabo el juicio a las Juntas. Tras la fallida declaraci&oacute;n del viernes, el empresario aloj&oacute; al periodista en su casa de Mart&iacute;nez y el s&aacute;bado organiz&oacute; un asado de distensi&oacute;n. El lunes 29 de abril, Cox se sent&oacute; pipi cuc&uacute; ante la C&aacute;mara Federal de la causa 13.  
    </p><p class="article-text">
        El testigo ingl&eacute;s expuso un mar de recuerdos durante cinco horas. Dio cuenta de la contradicci&oacute;n y el dolor vividos al verse compelido a denunciar las atrocidades de la dictadura. Cont&oacute; encuentros, por ejemplo, con Videla. &ldquo;Sent&iacute;amos que era un amigo, y por eso me desconcert&oacute; la primera pregunta que me hizo [el viernes previo, ante la f&oacute;rmula de rigor de si ten&iacute;a amistad con las partes]. La imagen que ten&iacute;a de &eacute;l era la de un amigo, no solamente m&iacute;o, sino un amigo de todo el pueblo argentino&rdquo;, explic&oacute; el exdirector del <em>Herald </em>entre 1969 y 1979.
    </p><p class="article-text">
        Cox repas&oacute; la Masacre de los Palotinos, una congregaci&oacute;n irlandesa-alemana, cometida el 4 de julio de 1976. Cont&oacute; que, al salir de la misa de homenaje a los cinco religiosos en Belgrano, acudi&oacute; al c&oacute;ctel por el Bicentenario de la Independencia de Estados Unidos, y all&iacute; increp&oacute; a Videla. El testigo les atribuy&oacute; a su examigo Klein y a Mart&iacute;nez de Hoz haber &ldquo;presionado constantemente&rdquo; a los comandantes para &ldquo;salvar vidas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de los represores Carlos Tavares, de Videla; Jaime Prats Cardona, de Massera; Jos&eacute; Mar&iacute;a Orgeira, de Roberto Viola, y Fernando Goldaracena, de Armando Lambruschini, se lanzaron a desbaratar el testimonio del cronista. Le pidieron que probara que hab&iacute;a habido un plan masivo de asesinatos. Se la dejaron servida y Cox tom&oacute; carrera. Cit&oacute; casos concretos y abord&oacute; un tema por entonces bastante tab&uacute;, como el robo de hijos de desaparecidos. Se enfrent&oacute; incluso con el juez Guillermo Ledesma, quien presid&iacute;a la audiencia. El magistrado le pregunt&oacute; sobre &ldquo;datos fehacientes&rdquo; de hijos robados por los represores.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No tengo datos concretos. Para eso deber&iacute;a llamar a las Abuelas. En aquel tiempo, ning&uacute;n juez quer&iacute;a aceptar una denuncia de ese tipo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere expresar con eso, que no hab&iacute;a jueces que receptaran denuncias?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No he querido ser agresivo. En ese tiempo, todo el mundo sent&iacute;a miedo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;(Dirigi&eacute;ndose a la traductora) D&iacute;gale que, como juez de ese tiempo, no me hace feliz esa apreciaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Si algo no amilanaba a Cox, ni entonces ni nunca, era una reprimenda de ese tipo.
    </p><p class="article-text">
        En 1979, Massera hab&iacute;a publicado el libro <em>Camino a la democracia</em> como parte de su proyecto presidencial. Cox tradujo ese volumen al ingl&eacute;s. El abogado del exjefe de la Armada, el excamarista Prats Cardona, pregunt&oacute; a Cox si hab&iacute;a trabajado para su representado. El periodista respondi&oacute; que hab&iacute;a aceptado llevar a cabo la traducci&oacute;n en persona y en forma gratuita, para evitar que el represor matara a un miembro de la redacci&oacute;n del <em>Herald</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;De qu&eacute; fecha est&aacute; hablando?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No recuerdo la fecha porque era para m&iacute; completamente sin importancia y lo hab&iacute;a olvidado completamente hasta que, en una entrevista radial, el capit&aacute;n Zari&aacute;tegui lo mencion&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;Pero no puede ubicarnos temporalmente en per&iacute;odos?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Realmente, es un episodio para m&iacute; completamente sin importancia y no puedo recordar la fecha&hellip;, recuerdo otros episodios, como las amenazas de muerte que recib&iacute; personalmente, las amenazas de muerte a mis hijos, las amenazas contra la escuela de mis hijos.</em>
    </p><p class="article-text">
        La evasiva volvi&oacute; a irritar al juez.
    </p><p class="article-text">
        La declaraci&oacute;n de Cox se extendi&oacute; hasta pasadas las 11 de la noche. El 30 de abril de 1985, el<em> Herald</em> llev&oacute; el testimonio del exdirector a tapa con la cita de la amenaza de Massera como t&iacute;tulo. 
    </p><p class="article-text">
        Fueron d&iacute;as en que recrudecieron las intimidaciones telef&oacute;nicas a la familia Berninsone, que se hab&iacute;a mudado en 1979 a un departamento de la avenida Santa Fe de Buenos Aires. La democracia se respiraba en las calles, pero los terroristas de Estado se ensa&ntilde;aban con sus v&iacute;ctimas. <strong>La desaparici&oacute;n y muerte de Juan Berninsone no fue juzgada hasta la reapertura de los juicios en 2003, uno de los tantos ejemplos que deber&iacute;an tener en cuenta los contadores de v&iacute;ctimas con &iacute;nfulas negacionistas</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Cox regres&oacute; a Estados Unidos a los pocos d&iacute;as de su declaraci&oacute;n y no volver&iacute;a a escribir en el <em>Herald</em> hasta 25 a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando se jubil&oacute; en Charleston y comenz&oacute; a pasar algunos meses del a&ntilde;o en su departamento de la Avenida Alvear, en Buenos Aires, junto a Maud. Todo este tiempo, &ldquo;su pa&iacute;s&rdquo;, el verdadero pa&iacute;s de su coraz&oacute;n y su mente, sigui&oacute; siendo la Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula <em>Argentina, 1985 </em>no incluye el testimonio de Cox en el Juicio a las Juntas. Razones m&aacute;s que comprensibles llevaron a Santiago Mitre y Mariano Llin&aacute;s a seleccionar el contenido de un relato cinematogr&aacute;fico de 140 minutos. La figura de Cox, acaso, habr&iacute;a tendido un puente para dar cuenta de la complicidad del periodismo con el terrorismo de Estado. De hecho, est&aacute; avanzado un proyecto de un film sobre la figura del <em>editor-in-chief </em>del <em>Herald</em> a cargo del director Armando Bo, que se detiene, en principio, en la partida al exilio en diciembre de 1979. El guion tiene la anuencia del propio Cox. La pol&eacute;mica ya comenz&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SL</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sebasti&aacute;n Lacunza dirigi&oacute; el </em>Buenos Aires Herald <em>entre 2013 y 2017. Los textuales citados forman parte de testimonios y documentos incluidos en el libro </em>El testigo ingl&eacute;s &mdash; Luces y sombras del <em>Buenos Aires Herald </em>(1876-2017) (Paid&oacute;s, 2021). <em>.</em> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lacunza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/testimonio-robert-cox-juicio-juntas-pelicula_129_9626426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Oct 2022 03:03:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina 1985,Jorge Rafael Videla,Dictadura militar argentina (1976-1983),Buenos Aires Herald,Andrew Graham-Yooll,Robert Cox,Emilio Eduardo Massera,Juicio a las Juntas Militares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El testigo inglés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/testigo-ingles_1_8253467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/044c7327-60b4-4662-8ffb-68c3fcbb14f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El testigo inglés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un adelanto de "El testigo inglés. Luces y sombras del Buenos Aires Herald (1876-2017)" (Paidós, 2021), en el que Sebastián Lacunza, último director del diario, investiga y reconstruye la historia de este periódico escrito en inglés que fue un interlocutor tan singular como privilegiado de la vida de los argentinos. Aquí, un fragmento.</p></div><h3 class="article-text">Introducci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <strong>Un diario universal</strong>
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a la redacci&oacute;n del <em>Buenos Aires Herald </em>el 18 de agosto de 2017, tres semanas despu&eacute;s de que el diario de habla inglesa cerrara sus puertas.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;escena parec&iacute;a congelada a la espera de un forense. Sobre mi escritorio yac&iacute;an libros, pruebas de p&aacute;gina, peri&oacute;dicos, planillas, revistas, sobres de mate cocido y un par de tasas de caf&eacute;. El desorden de mi espacio se repet&iacute;a agravado en otro escritorio y moderado en media docena. Los estantes de la sala estaban poblados por biblioratos con colecciones salteadas, objetos de cortes&iacute;a que nadie quiso, cajas con fotos salvadas de alguna mudanza y pilas de <em>Heralds </em>cosidos a mano, ya descre&iacute;dos de la eterna promesa del presupuesto para ser encuadernados.
    </p><p class="article-text">
        Sin testigos, recorr&iacute; una y otra vez los pasillos del diario que dirig&iacute; los &uacute;ltimos cuatro de sus casi 141 a&ntilde;os de publicaci&oacute;n. Desde el piso inferior, donde funcionaba el sitio <em>online </em>de <em>&Aacute;mbito Financiero</em>, llegaban el murmullo y las risas que suelen generar los canales de noticias que tutelan las redacciones. Revis&eacute; archivos, recog&iacute; cosas personales, rescat&eacute; libros, saqu&eacute; fotos y me emocion&eacute;. Esa misma redacci&oacute;n desde la que proven&iacute;an el ruido de la tele y las risas que restaban dramatismo a mi despedida &iacute;ntima del <em>Herald </em>me hab&iacute;a recibido dos d&eacute;cadas antes, en mi primer empleo period&iacute;stico a tiempo completo.
    </p><p class="article-text">
        Una tarde de fines de julio, la empresa propietaria me inform&oacute; un hecho consumado: el n&uacute;mero del viernes previo hab&iacute;a sido el &uacute;ltimo. No habr&iacute;a tiempo ni p&aacute;ginas para que el <em>Herald </em>se despidiera de sus lectores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La redacción del Herald, después del cierre                            </span>
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        El silencio impuesto por la firma editora contrast&oacute; con los cables de las agencias internacionales de noticias y los obituarios que en los medios de todo el mundo hablaban sobre el &ldquo;&uacute;nico diario argentino que inform&oacute; sobre los cr&iacute;menes de la dictadura militar&rdquo;. Editores y redactores que pasaron por sus p&aacute;ginas escribieron columnas en la prensa local y extranjera. Algunos que desarrollaron carreras de d&eacute;cadas en otros pa&iacute;ses volcaron en las redes sociales su pesar por el cierre del &ldquo;peque&ntilde;o gran diario&rdquo;. Se publicaron an&aacute;lisis sobre el futuro del periodismo gr&aacute;fico y textos enfrentados sobre el papel del peri&oacute;dico durante los a&ntilde;os recientes de la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en la Argentina. Recib&iacute; cientos de <em>e-mails </em>y mensajes. Colegas de otros medios me pidieron que escribiera un texto y editoriales me contactaron para pensar la idea de un libro.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo, no pude dar respuesta. Trabajo de escribir, pero me hab&iacute;a quedado sin palabras.
    </p><p class="article-text">
        (...)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Penumbras y oportunidad</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a concebir este libro mucho antes de la cuenta regresiva. Que un diario escrito en un idioma extranjero y con limitada circulaci&oacute;n fuera objeto de debate p&uacute;blico en a&ntilde;os en que el periodismo parec&iacute;a apostar m&aacute;s a satisfacer prejuicios de creyentes que a informar y analizar me parec&iacute;a de por s&iacute; una experiencia v&aacute;lida para compartir. A ello se sum&oacute; la acusaci&oacute;n de que el <em>Herald </em>se hab&iacute;a convertido en un medio K a ra&iacute;z de la venta a Indalo en 2015. La versi&oacute;n no ten&iacute;a sustento en el contenido informativo, ni en los editoriales, ni en los columnistas, ni en el <em>staff</em>, pero era proclamada con el rigor del escarmiento por quienes consideraban que el destino natural del peri&oacute;dico era su partidizaci&oacute;n en el sentido opuesto al que denunciaban.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;gesta &eacute;pica&rdquo; protagonizada por el <em>Herald </em>durante los a&ntilde;os del terrorismo de Estado &mdash;el tan mentado &ldquo;&uacute;nico diario que inform&oacute; sobre&hellip;&rdquo;&mdash; merec&iacute;a una investigaci&oacute;n que iluminara hechos y tramas con toda su riqueza hist&oacute;rica. Esa &eacute;pica&mdash;que fue real y salv&oacute; vidas&mdash;era aludida con frecuencia como una letan&iacute;a, apta para la divulgaci&oacute;n superficial y la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, o como una herramienta autoindulgente para tergiversar el pasado y operar sobre el presente.
    </p><p class="article-text">
        La simplificaci&oacute;n del papel desempe&ntilde;ado por el <em>Herald </em>en la d&eacute;cada de 1970 requer&iacute;a de un relato canonizado. Seg&uacute;n esta narrativa, en 1876, un inmigrante escoc&eacute;s, William Cathcart, cre&oacute; <em>The Buenos Ayres Herald</em>, una p&aacute;gina de servicios sobre el movimiento portuario. En la pujante Buenos Aires de entonces, un reci&eacute;n llegado estadounidense, D.W. Lowe, tom&oacute; la posta y transform&oacute; la hoja inicial en un peri&oacute;dico que se code&oacute; con el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. Ambos emprendedores &mdash;el escoc&eacute;s y el estadounidense&mdash; plantaron a su turno la semilla de la libertad y el progreso gracias a la cual el diario de los brit&aacute;nicos resistir&iacute;a a los totalitarismos europeos y al autoritarismo de Juan Domingo Per&oacute;n. Como un devenir natural, este medio liberal-conservador &mdash;aunque d&eacute;cadas m&aacute;s tarde ser&iacute;a rebautizado por una vertiente autorizada como &ldquo;liberal de izquierda&rdquo;&mdash;apoy&oacute; el golpe de Estado de 1976. Al confrontar el horror de que la dictadura definida como civilizatoria no ten&iacute;a como meta restaurar la democracia sino desaparecer personas, los editores ingleses se plantaron ante los represores, denunciaron las atrocidades y lo pagaron con el exilio. Otro empresario estadounidense, tan liberal como sus predecesores del siglo XIX, respald&oacute; el rumbo. Ello no fue motivo para que el <em>Herald </em>perdiera de vista que, en esa misma d&eacute;cada, tambi&eacute;n actuaba en la Argentina un demonio de izquierda y que ambas criaturas del mal&mdash;el Estado y la subversi&oacute;n&mdash;merec&iacute;an juicio y castigo. La l&iacute;nea oficial describi&oacute; que el peri&oacute;dico, digno e independiente, avanz&oacute; en democracia con su pr&eacute;dica republicana y observ&oacute; con distancia el v&eacute;rtigo pol&iacute;tico-econ&oacute;mico, hasta que sucumbi&oacute; a empresarios argentinos que lo sometieron a intereses espurios y lo abandonaron. Punto.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n as&iacute; establecida pod&iacute;a contener visos de realidad. Sin embargo, mi experiencia en la redacci&oacute;n me permiti&oacute; conocer de primera mano testimonios y documentos que apuntalaban una trayectoria menos binaria, con matices, conflictos y contradicciones disimulados en las penumbras, lo que no hizo m&aacute;s que aumentar mi inter&eacute;s por investigar la historia del &ldquo;&uacute;ltimo diario de habla inglesa de Iberoam&eacute;rica&rdquo;.
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                Robert Cox junto a su familia en Ezeiza                            </span>
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        Un hecho excepcional ayudar&iacute;a a ese objetivo. Los dos principales protagonistas de la vida del <em>Herald </em>no s&oacute;lo estaban en actividad y pod&iacute;an dar testimonio, sino que segu&iacute;an relacionados con el diario que yo dirig&iacute;a. Con Andrew Graham-Yooll constru&iacute; una relaci&oacute;n cercana, y con Robert Cox&mdash;severo cr&iacute;tico de mi gesti&oacute;n&mdash;mantuve un v&iacute;nculo m&aacute;s distante, pero cordial y frecuente. En cuanto a James Neilson, el di&aacute;logo era exiguo, aunque, parad&oacute;jicamente, fuera el colaborador m&aacute;s asiduo entre los exdirectores, con una columna semanal enviada desde su casa en Pinamar.
    </p><p class="article-text">
        La particular relaci&oacute;n de los padres refundadores entre s&iacute; y con periodistas clave constitu&iacute;a otro cap&iacute;tulo atractivo. Los ingleses Cox y Neilson, y el argentino Graham-Yooll &mdash;nacido en &ldquo;el enclave m&aacute;s anglo de Argentina&rdquo;&mdash; ten&iacute;an mucho en com&uacute;n, pero tambi&eacute;n representaron paradigmas profesionales y culturales distintos. Desde peque&ntilde;o y hasta su primera juventud, Graham-Yooll gir&oacute; por las calles de Ranelagh, Buenos Aires, Montevideo y Londres. Trabaj&oacute; en un frigor&iacute;fico, camin&oacute; suburbios y se subi&oacute; con frecuencia al tren para hacerse atender el asma en el Hospital Brit&aacute;nico. En la d&eacute;cada de 1960, eligi&oacute; vivir a pleno las inquietudes sociales, culturales y pol&iacute;ticas de su generaci&oacute;n. El ingl&eacute;s Cox creci&oacute; en medio del trauma europeo. Se refugi&oacute; de bombardeos nazis y particip&oacute; luego de la Guerra de Corea, a miles de kil&oacute;metros de Londres. Pero era un joven mirando al sudoeste, all&iacute; donde su padre, un marino mercante, hab&iacute;a recalado a principios de siglo. En 1959, se despidi&oacute; de su madre y su hermana, y se embarc&oacute; hacia Buenos Aires. Al poco tiempo, con un castellano precario, comenz&oacute; a codearse con elites de signo antiperonista y personalidades anglohablantes que pasaron por Buenos Aires. Neilson perdi&oacute; a su padre en la Segunda Guerra, fue abandonado por su madre y vivi&oacute; en Ir&aacute;n e Israel antes de afincarse en la capital argentina. Edific&oacute; un atalaya conservador desde el que observ&oacute; con bastante desprecio a esa generaci&oacute;n con la que Graham-Yooll dialogaba a gusto. Rara vez se mezcl&oacute; con las multitudes y los personajes sobre los que ley&oacute; y escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Que personalidades como las de Cox y Graham-Yooll refundaran el <em>Herald </em>durante la dictadura y permanecieran vinculadas al diario hasta los meses finales, cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s, fue&mdash;como dijo el gran cronista de Ranelagh&mdash;&ldquo;no s&oacute;lo interesante sino casi devastador&rdquo;. Con el paso del tiempo cuentas personales y profesionales nunca saldadas trasuntaron en indiferencia y cierta animadversi&oacute;n mutua. Reci&eacute;n avanzada la segunda d&eacute;cada del siglo XXI, convertidos en leyendas del periodismo, Cox y Graham-Yooll reconstruyeron algo de lo que hab&iacute;an vivido cincuenta a&ntilde;os atr&aacute;s como una relaci&oacute;n &ldquo;familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de d&eacute;cadas, libros, notas, blogs y documentales abrevaron en aspectos puntuales de la historia del peri&oacute;dico o abordaron experiencias personales de sus autores. Graham-Yooll, uno de los principales historiadores de la relaci&oacute;n anglo argentina, met&oacute;dico archivista y prol&iacute;fico escritor, apenas roz&oacute; tangencialmente la narraci&oacute;n de la vida del <em>Herald</em>. Cox no se despeg&oacute; del destino del diario tras titular su texto de despedida &ldquo;Au revoir&rdquo;, en diciembre de 1979, pese a que al poco tiempo se sinti&oacute; injustamente segregado. Sin embargo, tampoco se aboc&oacute; a escribir la historia &iacute;ntima que guardaba en sus memorias. Ambos se mostraron complacidos cuando les cont&eacute; que iba a emprender la tarea de investigar los 141 a&ntilde;os del <em>Herald </em>y prestaron su testimonio con generosidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dale flaco, que pasa el tiempo&rdquo;, me dijo Graham-Yooll semanas antes de morir en Londres, en julio de 2019.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Andrew Graham-Yooll (en el centro) junto a la cúpula del ERP: Mario Roberto Santucho, Benito Jorge Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Jorge Molina                            </span>
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        (...)
    </p><p class="article-text">
        <strong>&Uacute;nico</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez recuperada la democracia, el prestigio de haber sobrevivido tras haber dado cuenta de la maquinaria del terror fue una carga de ox&iacute;geno y, a su vez, un desaf&iacute;o para la reinvenci&oacute;n del <em>Herald</em>. Se sumaron cambios en el ciclo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico que pusieron en crisis las rutinas de producci&oacute;n y consumo de los diarios mientras la propiedad del medio afrontaba sucesivas turbulencias. La empresa se volvi&oacute; cada vez m&aacute;s dependiente de los giros de la casa matriz en Charleston y de favores estatales. A la variaci&oacute;n del contrato de lectura surgido a partir de las denuncias de violaciones a los derechos humanos le sigui&oacute; el envejecimiento y la mutaci&oacute;n cultural y sociol&oacute;gica de la comunidad anglohablante. Las familias inglesas de Hurlingham o Acassuso que recibieron durante d&eacute;cadas el diario en la puerta de una casa construida con inspiraci&oacute;n ferroviaria cada vez m&aacute;s se iban transformando en a&ntilde;oranza antes que en realidad. Se impuso la necesidad de encontrar nuevos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de sustentabilidad se agudiz&oacute; con el nuevo siglo. Fue una &eacute;poca de restricciones, despidos y renovaci&oacute;n generacional. Para Evening Post, la empresa de Carolina del Sur en manos de los herederos de Peter Manigault desde 2004, la deficitaria unidad de Buenos Aires perdi&oacute; inter&eacute;s. Llegaron los due&ntilde;os argentinos sin v&iacute;nculos con la comunidad anglohablante. Ni Sergio Szpolski (2008), ni Orlando Vignatti (2009-2015), ni L&oacute;pez-De Sousa (2015-2017) buscaron modificar la l&iacute;nea editorial, b&aacute;sicamente porque el contenido del <em>Herald </em>no estuvo en su radar.
    </p><p class="article-text">
        Durante mis cuatro a&ntilde;os en la direcci&oacute;n, el marco de la polarizaci&oacute;n agreg&oacute; frentes de tormenta, pero la distancia de batallas ajenas tambi&eacute;n se transform&oacute; en un activo, gracias a una plantilla de periodistas apegados a valores y procedimientos profesionales. No se trataba de indagar sobre la veracidad hist&oacute;rica de la epopeya de Homero, sino de que el imaginario sobre el diario liberal e independiente jugara a favor de una concepci&oacute;n humanista en cuanto a derechos civiles, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. El <em>Herald </em>deb&iacute;a ser contrario al capitalismo de amigos y a los monopolios que malversan el mercado, incluidos los informativos. La adhesi&oacute;n al conservadurismo corporativista argentino apenas remozado no era un buen destino para un diario que deb&iacute;a defender las reglas justas de la competencia, pese a las presiones. Incluso por encima de la orientaci&oacute;n editorial, el desaf&iacute;o tecnol&oacute;gico y el lenguaje digital pod&iacute;an representar el salto hacia un p&uacute;blico global, o determinar el final del <em>Herald</em>. Un diario con pocos lectores, alto valor simb&oacute;lico y potencial de llegar a p&uacute;blicos desatendidos estaba llamado a transformarse en el gran narrador de la informaci&oacute;n en ingl&eacute;s desde el Cono Sur, pero el horizonte empresarial para asumir el desaf&iacute;o nunca asom&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Herald </em>sol&iacute;a ser referido como un diario &ldquo;&uacute;nico&rdquo;. Hab&iacute;a motivos. &Uacute;nico por su idioma, por las denuncias sobre los desaparecidos, por su supuesta g&eacute;nesis liberal y por la demograf&iacute;a de su redacci&oacute;n. Al cabo de este trabajo, tambi&eacute;n comprend&iacute; que la suya fue una historia de pasi&oacute;n, rutinas, m&iacute;stica, c&aacute;lculo, talento y desidia, como fiel exponente de una industria que hace tiempo mira el horizonte con temor y escepticismo. La historia de un peque&ntilde;o diario universal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lacunza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/testigo-ingles_1_8253467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Aug 2021 03:05:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El testigo inglés]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Medios,Buenos Aires Herald]]></media:keywords>
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