<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Buenos Aires Herald]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/buenos-aires-herald/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Buenos Aires Herald]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1035211/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Un reencuentro entre el editor y la niña de la foto, cincuenta años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/reencuentro-editor-nina-foto-cincuenta-anos-despues_129_13245644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01e9a822-d7b7-4559-adb3-aff591c443ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143686.jpg" width="1105" height="621" alt="Gabriela Schroeder, hija de desaparecidos uruguayos, y Robert Cox, exdirector del Herald, delante de la tapa del diario que denunció el secuestro de la mujer y sus hermanos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de una nota de este diario, una hija de dos uruguayos asesinados por la dictadura y el exdirector del Buenos Aires Herald se volvieron a ver. En mayo de 1976, Gabriela Schroeder y dos hermanos fueron entregados a su abuelo tras una épica edición periodística de Robert Cox. No se habían reencontrado.</p></div><p class="article-text">
        El periodista, 92 a&ntilde;os, bast&oacute;n en mano, espera erguido, con una sonrisa c&aacute;lida, muy propia de su rostro, a metros de la puerta de entrada. Mediod&iacute;a soleado y templado en el inicio del oto&ntilde;o de Buenos Aires. Gabriela baja del auto y camina decidida. Se dan un abrazo sentido y, a la vez, con la distancia propia de dos personas que se vieron una &uacute;nica vez, cincuenta a&ntilde;os atr&aacute;s, el 31 de mayo de 1976. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Me acuerdo perfectamente de tu abuelo, un hombre valiente. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Gracias por todo. </em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gabriela Schroeder </strong>y su t&iacute;o <strong>Dami&aacute;n Schroeder</strong> viajaron desde Montevideo para este encuentro. Es 28 de marzo y <strong>Robert Cox</strong> est&aacute; pr&oacute;ximo a regresar a Charleston, Carolina del Sur, donde vive varios meses al a&ntilde;o. Suele permanecer en Buenos Aires durante los actos de conmemoraci&oacute;n de las v&iacute;ctimas del terrorismo de Estado. 
    </p><p class="article-text">
        En aquella oportunidad de 1976, Gabriela Schroeder y sus dos medios hermanos, <strong>Victoria</strong> y <strong>M&aacute;ximo Whitelaw</strong>, acababan de ser liberados tras girar por casas de represores y el centro clandestino de detenci&oacute;n de la calle Bacacay, en Flores, destinado a v&iacute;ctimas de pa&iacute;ses del Cono Sur. Gabriela ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os, Victoria, uno, y M&aacute;ximo, tres meses. La madre de ellos, <strong>Rosario Barredo</strong>, y el padre de los dos m&aacute;s peque&ntilde;os, <strong>William Whitelaw</strong>, hab&iacute;an sido desaparecidos y luego asesinados junto a dos prominentes pol&iacute;ticos uruguayos, <strong>H&eacute;ctor Guti&eacute;rrez Ruiz</strong> y <strong>Zelmar Michelini</strong>. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_50p_1143694.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_50p_1143694.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_75p_1143694.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_75p_1143694.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_default_1143694.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_default_1143694.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a69dbd61-da6a-4e6f-8eff-c4ee227b7e59_16-9-aspect-ratio_default_1143694.jpg"
                    alt="Gabriela Schroeder y Robert Cox, el 28 de marzo de 2026."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gabriela Schroeder y Robert Cox, el 28 de marzo de 2026.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Juan Pablo Schroeder</strong>, el &ldquo;hombre valiente&rdquo; para Cox, &ldquo;extraordinario&rdquo; para Gabriela, se precipit&oacute; a viajar desde Montevideo a Buenos Aires, al enterarse del secuestro de la pareja Barredo-Whitelaw (ambos tupamaros), y de los tres ni&ntilde;os. Plena tormenta de terror en el R&iacute;o de la Plata. Una persona lo escuch&oacute;: Cox. 
    </p><p class="article-text">
        El director del <em>Buenos Aires Herald</em> volc&oacute; toda la presi&oacute;n period&iacute;stica y personal con la que contaba para que aparecieran los hermanitos. Public&oacute; su foto en tapa del diario y encar&oacute; personalmente al ministro del Interior y jerarca represor, <strong>Albano Harguindeguy</strong>: <strong>&ldquo;Tienen que devolver a los nietos&rdquo;</strong>. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los devolvieron en un hospital de Florida, norte del conurbano, y de all&iacute; fueron trasladados en ambulancia a una comisar&iacute;a, donde fue a buscarlos el abuelo Schroeder, un exitoso abogado de Montevideo, con afinidades por el Partido Nacional y varios hijos de izquierda y/o tupamaros. Gabriela recuerda el encuentro con su abuelo y un saco que, a los ojos de aquella ni&ntilde;a de cuatro a&ntilde;os, le pareci&oacute; enorme.
    </p><p class="article-text">
        Cox escribi&oacute; el reencuentro en una cr&oacute;nica publicada en el <em>Herald</em>, el 31 de mayo de 1976. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Vi a los chicos ayer por la tarde, mientras jugaban con juguetes desparramados en una habitaci&oacute;n en la casa de un primo </em>(en alusi&oacute;n al departamento de <strong>Gustavo Schroeder</strong>, t&iacute;o de Gabriela, frente al Jard&iacute;n Bot&aacute;nico)<em>. Parec&iacute;an estar saludables y felices, a pesar del calvario. Gabrielita, de cuatro a&ntilde;os, no dijo nada acerca de lo que pas&oacute;, pero le cont&oacute; a uno de la familia Schroeder que papi estaba cuidando a su mami, que estaba enferma&rdquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>ElDiarioAR </strong>public&oacute;, el 23 de marzo pasado, la historia de c&oacute;mo un peque&ntilde;o peri&oacute;dico dirigido a la comunidad brit&aacute;nica, los docentes de ingl&eacute;s, las embajadas y los ejecutivos de empresas extranjeras <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/abuelo-extraordinario-tres-hermanos-salvados-tapa-diario-aprendizaje-vivir-platos-rotos_129_13089001.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hab&iacute;a sido decisivo para salvar la vida de los tres ni&ntilde;os de las garras de la coordinacion de las dictaduras del Cono Sur</a>, mientras casi toda la prensa guardaba un silencio c&oacute;mplice. La carta de agradecimiento de Schroeder a Cox, rescatada por <strong>David Cox</strong> a&ntilde;os m&aacute;s tarde, lo explica todo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Al heraldo de la trompeta, y adhiriendo a la causa, su nombre ha quedado para siempre grabado en mi vida y en la de mi familia. Cuando regres&eacute; a Montevideo, iba acompa&ntilde;ado por el retrato de mi hija y las fotograf&iacute;as de los ni&ntilde;os rescatados que aparecieron en la primera plana de su peri&oacute;dico&rdquo;. </em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_50p_1139257.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_50p_1139257.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_75p_1139257.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_75p_1139257.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_default_1139257.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_default_1139257.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2445392d-6eeb-4295-92ef-2146c9834509_16-9-aspect-ratio_default_1139257.jpg"
                    alt="Tapa del Buenos Aires Herald del 28 de mayo de 1976. &quot;Ayúdenme a salvar a los chicos&quot;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tapa del Buenos Aires Herald del 28 de mayo de 1976. &quot;Ayúdenme a salvar a los chicos&quot;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al releer la historia que los tuvo como protagonistas, Cox y Gabriela Schroeder tuvieron ganas de verse, y ac&aacute; est&aacute;n, seis d&iacute;as despu&eacute;s de publicada la nota, en Pilar, en la casa de <strong>Uki Go&ntilde;i</strong>, cronista de aquella redacci&oacute;n del <em>Herald</em> y uno de los sostenedores de la memoria del diario. 
    </p><p class="article-text">
        Go&ntilde;i despleg&oacute; en una gran pantalla de una computadora la tapa del Herald del 27 de mayo de 1976, con el t&iacute;tulo <strong>&ldquo;Ay&uacute;denme a salvar a los chicos&rdquo;</strong>, junto a dos caritas serias de Gabriela y Victoria, y un beb&eacute; de semanas, M&aacute;ximo, con una mano que se posa sobre &eacute;l, probablemente de Rosario Barredo. 
    </p><p class="article-text">
        Quien edit&oacute; ese t&iacute;tulo y la ni&ntilde;a mayor de las fotos miran ahora una portada en blanco y negro que est&aacute; entre las m&aacute;s importantes de la prensa gr&aacute;fica argentina, si es que salvar tres vidas destinadas a desaparecer o ser fraguadas por los represores amerita en alg&uacute;n <em>ranking </em>de relevancia.
    </p><p class="article-text">
        Se ve que Bob y Gabriela no son de l&aacute;grima f&aacute;cil, aunque los abrazos se repiten y se van aflojando. En cambio,<strong> Germ&aacute;n Schroeder </strong>&mdash;el t&iacute;o m&aacute;s joven, el menor de siete hermanos, entre ellos, <strong>Gabriel</strong>, padre de Gabriela, asesinado en un supuesto enfrentamiento en Montevideo, en 1972&mdash; casi no puede hablar sin llorar. &nbsp;
    </p><h2 class="article-text">A&ntilde;os dif&iacute;ciles</h2><p class="article-text">
        Cox vive a&ntilde;os dif&iacute;ciles. En 2023 muri&oacute; su esposa y madre de sus hijos, <strong>Maud Daverio</strong>, mucho m&aacute;s que un apoyo espiritual en la denuncia de las atrocidades de la dictadura c&iacute;vico-militar, que celebraban personas de su entorno social, profesional y familiar. Tambi&eacute;n falleci&oacute; hace poco el hijo mayor de la pareja Cox-Daverio. El periodista apenas soporta que <strong>Donald Trump </strong>gobierne Estados Unidos, el pa&iacute;s que lo recibi&oacute; del exilio argentino en 1980 y al que ahora ve bajo el signo <strong>&ldquo;fascista&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La denuncia de la dictadura y la memoria de sus cr&iacute;menes fueron un pilar de la vida de Cox desde 1976 hasta hoy, tanto como la mirada cr&iacute;tica hacia el <em>Herald</em> de las d&eacute;cadas posteriores, incluido el per&iacute;odo en que lo dirigi&oacute; quien escribe (2013-2017). 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/17a2240a-a2f4-436d-ab74-c588df683014_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gabriela Schroeder, Robert Cox, Uki Goñi y Germán Schroeder, en Pilar, el 28 de marzo de 2026"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gabriela Schroeder, Robert Cox, Uki Goñi y Germán Schroeder, en Pilar, el 28 de marzo de 2026                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cox debi&oacute; lidiar con sus propios prejuicios y equivocaciones. En el momento en que el director recib&iacute;a el pedido de auxilio de Schroeder y tantos otros &mdash;en un comienzo, familias con ascendencia anglo; luego, todo el mundo desamparado&mdash;, estaba convencido de que <strong>Jorge Rafael Videla </strong>era el general probo necesario para reestablecer la democracia y doblegar al &ldquo;terrorismo&rdquo;. Los secuestros y las desapariciones que las p&aacute;ginas del <em>Herald </em>denunciaban eran obra &mdash;a su entender&mdash; de militares radicalizados y herederos de la Triple A. El periodista se afirm&oacute; en esa explicaci&oacute;n hasta el mismo momento en que parti&oacute; el avi&oacute;n que lo llevar&iacute;a a una primera escala del exilio en Par&iacute;s, junto a Maud y sus cinco hijos, en diciembre de 1979. 
    </p><p class="article-text">
        El director del <em>Herald </em>circunscribi&oacute; la responsabilidad de las amenazas recibidas por &eacute;l y su familia a represores &ldquo;duros&rdquo; como <strong>Carlos Guillermo Su&aacute;rez Mason</strong> y <strong>Emilio Eduardo Massera</strong>. Reci&eacute;n en los primeros meses de la d&eacute;cada de 1980, Cox comprender&iacute;a la magnitud cabal del papel de Videla y el exministro de Econom&iacute;a <strong>Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;nez de Hoz</strong> en el terrorismo de Estado. Asimil&oacute; el giro. Desde entonces, nunca ces&oacute; el reclamo de justicia, ni intent&oacute; maquillar su grado de adhesi&oacute;n al golpe de Estado de 1976. Enfrent&oacute; implacablemente a los c&iacute;nicos que apostaron por <strong>&ldquo;dar vuelta la p&aacute;gina&rdquo;</strong>.
    </p><h2 class="article-text">Los silencios</h2><p class="article-text">
        <strong>Gabriela dedic&oacute; los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os a llenar silencios que prevalecieron en sus grupos de pertenencia y su pa&iacute;s</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Ese<strong> &ldquo;consenso&rdquo; </strong>que desde este lado del R&iacute;o de la Plata se vive con cierta admiraci&oacute;n, porque permite la charla civilizada entre expresidentes de signo opuesto, para la hija de Gabriel Schroeder y Rosario Barredo tiene una contracara dolorosa. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque el reclamo de memoria, verdad y justicia de Uruguay tiene presencia y protagoniza marchas masivas cada 20 de mayo &mdash;fecha instaurada en honor a Michelini, Guti&eacute;rrez Ruiz, Barredo y Whitelaw&mdash;, el acuerdo de convivencia incluy&oacute; un cap&iacute;tulo de impunidad y olvido, llevado a cabo por instituciones y cierta nomenklatura pol&iacute;tica, en forma sutil, como quien disimula. 
    </p><p class="article-text">
        No fue s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de extupamaros, blancos, colorados y represores que entendieron que era mejor no juzgar. Dos veces, en 1989 y 2009, una ajustada mayor&iacute;a de los uruguayos vot&oacute; por no derogar la ley de Caducidad de la Pretensi&oacute;n Punitiva del Estado, forma oriental de llamar a una impunidad, que apenas pudo ser sorteada en juicios puntuales en las d&eacute;cadas recientes. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el di&aacute;logo con Cox, Gabriela Schroeder da cuenta de una resistencia desde el fondo de su alma al destino de ser apropiada por los represores. Un integrante de la patota que secuestr&oacute; y rob&oacute; a la familia el 13 de mayo de 1976 &mdash;probablemente el oficial del Ej&eacute;rcito uruguayo <strong>Jos&eacute; Nino Gavazzo</strong>, un coordinador del Plan Condor y jefe de los grupos de tareas&mdash; le llev&oacute; algunos de sus juguetes sustra&iacute;dos de la casa familiar en la calle Matorras 310, Caballito, a uno de los domicilios en los que estuvo alojada. Gabriela se recuerda irascible, rebelde y acusatoria hacia las familias por las que transit&oacute; en esas tres semanas. <strong>&ldquo;Me dieron una mu&ntilde;eca negra que trajeron de mi casa y la descogot&eacute; en el acto&rdquo;</strong>. Escuchado medio siglo m&aacute;s tarde, el acto de resistencia causa una sonrisa. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/955563ae-8aba-4fd9-941f-f5d20a6d7c67_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Rosario Barredo, embarazada de Máximo, con sus hijas Gabriela y Victoria"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rosario Barredo, embarazada de Máximo, con sus hijas Gabriela y Victoria                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El terrorismo de Estado se encontraba en su apogeo y lo que sigui&oacute; se complic&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s para los Schroeder. En cuanto organiz&oacute; los papeles, el abuelo regreso con su nieta y los otros dos hijos de su nuera a Montevideo. All&iacute; siguieron los allanamientos y la persecuci&oacute;n a t&iacute;os de Gabriela. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esteban Schroeder &mdash;</strong>quien viaj&oacute; junto a Gabriela a un homenaje en la Legislatura porte&ntilde;a a los cuatro desaparecidos uruguayos, que impuls&oacute; el legislador <strong>Leandro Santoro </strong>el jueves pasado&mdash; fue la siguiente v&iacute;ctima. En junio de 1976 fue secuestrado por la dictadura y permaneci&oacute; desaparecido 55 d&iacute;as en el centro de detenci&oacute;n 300 Carlos, y luego fue legalizado como preso. En febrero de 1997, sali&oacute; en libertad. Al poco tiempo, su padre, Juan Pablo Schroeder, sufri&oacute; un ataque cerebral y permaneci&oacute; hemipl&eacute;jico hasta su muerte, en 1981. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;ximo y Victoria Whitelaw se exiliaron con su familia paterna en Lyon, Francia. Regresaron a Uruguay con el retorno de la democracia, pero ambos hermanos emigraron ya como adultos a Europa. &Eacute;l reside en Ginebra como ejecutivo de comercializaci&oacute;n del gigante petrolero Total y ella es consultora ambiental radicada en Bruselas. <strong>No se les conocen inquietudes p&uacute;blicas sobre la lucha por la memoria, pese a que la mayor manifestaci&oacute;n pol&iacute;tica anual de Uruguay es en memoria de sus padres.</strong> Gabriela no juzga a sus hermanos, con los que no tiene una relaci&oacute;n fluida. <strong>&ldquo;Hay mil formas distintas de enfrentar un dolor tan grande&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El camino de Gabriela no fue lineal. Terminado el secundario en Montevideo, parti&oacute; a Chile, un pa&iacute;s en el que hab&iacute;a vivido con su madre hasta la ca&iacute;da de<strong> Salvador Allende</strong>, en septiembre de 1973. Se recibi&oacute; de ingeniera en acuicultura y desarroll&oacute; una carrera profesional. Chile, su segunda (o tercera) patria, no era ajena a la impunidad que reinaba en su Uruguay natal. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En Uruguay no prosperó algo parecido a una organización como HIJOS de Argentina, que ayudara a los hijos de desaparecidos a reconstruir una trama para conocer mejor a sus padres</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Reci&eacute;n se asumi&oacute; como v&iacute;ctima cuando ya era madre de tres hijos, hoy en sus veinte. Los procesos y condenas judiciales en Argentina por los campos de concentraci&oacute;n Automotores Orletti y Bacacay, por los que pasaron muchas v&iacute;ctimas extranjeras, y una terapia la ayudaron a comprender que ella misma, secuestrada, con sus juguetes profanados, desaparecida dos semanas, reaparecida una madrugada oscura en un hospital, sus padres asesinados, atormentada junto a sus hermanos, era tambi&eacute;n una v&iacute;ctima de dos dictaduras c&iacute;vico-militares, la uruguaya y la argentina. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_50p_1139292.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_50p_1139292.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_75p_1139292.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_75p_1139292.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_default_1139292.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_default_1139292.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6b25c4ca-b608-48c9-93e1-d73871da1148_source-aspect-ratio_default_1139292.jpg"
                    alt="Gabriela Schroeder, antes de ser secuestrada"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gabriela Schroeder, antes de ser secuestrada                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Uruguay no prosper&oacute; algo parecido a una organizaci&oacute;n como HIJOS de Argentina, que ayudara a los hijos de desaparecidos a reconstruir una trama para conocer mejor a sus padres. Gabriela cree que tambi&eacute;n faltan espacios institucionales consolidados. Aunque importantes sectores del Frente Amplio reivindican la memoria hist&oacute;rica, el m&aacute;ximo l&iacute;der reciente de esa alianza, <strong>Jos&eacute; Mujica</strong>, fue un mentor de los extupamaros que prefirieron &ldquo;no reabrir heridas&rdquo;, otro de los eufemismos de la impunidad. 
    </p><p class="article-text">
        Gabriela Schroeder habla fuerte y claro en la tarde de Pilar: <strong>&ldquo;Para el Estado uruguayo, yo soy un 'familiar' de desaparecidos. No hay una voz ni un reconocimiento a los ni&ntilde;os que fuimos v&iacute;ctimas. Tampoco en la prensa&rdquo;.  </strong>
    </p><p class="article-text">
        Guti&eacute;rrez Ruiz, el &ldquo;Toba&rdquo;, fue presidente de la C&aacute;mara de Diputados por el Partido Nacional. Michelini es un apellido fundacional del Frente Amplio. El Toba y Zelmar aparecieron muertos en el mismo auto Torino junto a Barredo y Whitelaw, en una intersecci&oacute;n del barrio de Flores Sur.  
    </p><p class="article-text">
        Ya de por s&iacute;, la pertenencia a Tupamaros genera distancia en el segmento de Uruguay en el que campea la teor&iacute;a de los dos demonios. En el momento de su desaparici&oacute;n seguida de muerte, la pareja hab&iacute;a salido del MLN- Tupamaros hacia la organizaci&oacute;n Nuevo Tiempo. <strong>Se suma que Whitelaw fue se&ntilde;alado como administrador de los fondos obtenidos de secuestros extorsivos de la organizaci&oacute;n armada</strong>. Ese elemento fue utilizado por el represor Gavazzo y otros personeros de la dictadura para desviar la responsabilidad hacia una disputa por dinero dentro de la guerrilla. 
    </p><p class="article-text">
        Gabriela no tiene certezas sobre el papel de Whitelaw en la tenencia de esos fondos, pero confirma que en la casa de Matorras 310, arrasada por el grupo de tareas, hab&iacute;a dinero escondido. 
    </p><p class="article-text">
        En la tarde del jueves, en el acto de la Legislatura, estuvieron presentes el expresidente <strong>Julio Mar&iacute;a Sanguinetti</strong>, del Partido Colorado &mdash;firme defensor de la ley de Caducidad&mdash;, el presidente <strong>Yamand&uacute; Orsi</strong>, la vicepresidenta <strong>Carolina Cosse</strong> y varios referentes del Frente Amplio, as&iacute; como representantes del peronismo, el PRO y otros bloques, y organismos de derechos humanos. Gabriela, <strong>Facundo Guti&eacute;rrez Ruiz</strong> y <strong>Santiago Guti&eacute;rrez Silva &mdash;</strong>hijo y nieto de H&eacute;ctor Guti&eacute;rrez Ruiz&mdash;, y <strong>Rafael Michelini &mdash;</strong>hijo de Zelmar&mdash; recibieron reconocimientos por sus familiares asesinados. 
    </p><p class="article-text">
        En la en&eacute;sima contradicci&oacute;n, Gabriela Schroeder siente a su <strong>&ldquo;Buenos Aires querido, pero tambi&eacute;n el lugar en el que viv&iacute; los mayores horrores&rdquo;</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        En el atardecer del s&aacute;bado, el Buqueb&uacute;s comienza a moverse hacia Montevideo. Dice al tel&eacute;fono que sinti&oacute; a las calles porte&ntilde;as como propias, y que son su segunda casa, incluso m&aacute;s que las de Santiago, donde vivi&oacute; 25 a&ntilde;os. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f15b42f1-9c14-49a0-848a-62ae2f56106d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Facundo Gutiérrez Ruiz, Gabriela Schroeder, Esteban Schroeder y Santiago Gutiérrez Silva, en la puerta de la Legislatura, el 21 de mayo de 2026. Los Gutiérrez son hijo y nieto de Héctor Gutiérrez Ruiz y los Schroeder, hija y hermano de Gabriel Schroeder."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Facundo Gutiérrez Ruiz, Gabriela Schroeder, Esteban Schroeder y Santiago Gutiérrez Silva, en la puerta de la Legislatura, el 21 de mayo de 2026. Los Gutiérrez son hijo y nieto de Héctor Gutiérrez Ruiz y los Schroeder, hija y hermano de Gabriel Schroeder.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>slacunza@eldiarioar.com</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>SL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lacunza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/reencuentro-editor-nina-foto-cincuenta-anos-despues_129_13245644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 03:02:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/01e9a822-d7b7-4559-adb3-aff591c443ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143686.jpg" length="200090" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/01e9a822-d7b7-4559-adb3-aff591c443ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143686.jpg" type="image/jpeg" fileSize="200090" width="1105" height="621"/>
      <media:title><![CDATA[Un reencuentro entre el editor y la niña de la foto, cincuenta años después]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/01e9a822-d7b7-4559-adb3-aff591c443ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143686.jpg" width="1105" height="621"/>
      <media:keywords><![CDATA[Buenos Aires Herald,Robert Cox,Dictadura,Uruguay,Derechos humanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/testimonio-robert-cox-juicio-juntas-pelicula_129_9626426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3d72fd4-bd96-4170-8ca0-2a2d7bb9f891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El exdirector del Buenos Aires Herald brindó una declaración clave el 29 de abril de 1985, que no forma parte de la película de Santiago Mitre. Su participación en el juicio a los represores da cuenta de una gesta épica, conflictos, dramas personales y una densa trama política y periodística.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; suerte tenerlo de vuelta en su pa&iacute;s&rdquo;. Ra&uacute;l Alfons&iacute;n acert&oacute; al saludar con esas palabras a Robert Cox el 8 de diciembre de 1983. El invitado especial a la asunci&oacute;n del presidente radical hab&iacute;a sido un ni&ntilde;o protegido en un refugio de Londres bajo los bombardeos de la Luftwaffe y un joven que combati&oacute; con bandera brit&aacute;nica en la Guerra de Corea. Con Estados Unidos, su lugar de residencia entonces, ten&iacute;a un lazo inquebrantable forjado durante los a&ntilde;os de terror. Pero para Cox, el exdirector del <em>Buenos Aires Herald</em>, el esposo de Maud, el padre de cinco hijos porte&ntilde;os, el hombre que hab&iacute;a desembarcado en Buenos Aires a sus 25 a&ntilde;os sin hablar castellano, su pa&iacute;s, el verdadero pa&iacute;s de su mente y su coraz&oacute;n, era la Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        El Cox de 50 a&ntilde;os que asomaba por pocos d&iacute;as a la primavera alfonsinista ten&iacute;a una mirada sobre la dictadura diferente de la de aqu&eacute;l que hab&iacute;a partido cuatro a&ntilde;os antes junto a su familia, acosado por los represores y la insidia de la mayor&iacute;a de sus colegas editores. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta la escalerilla del avi&oacute;n que lo transport&oacute; al exilio, el 17 de diciembre de 1979, Cox cre&iacute;a que el Proceso hab&iacute;a derivado en un bando portador de intenciones civilizatorias y democr&aacute;ticas, encabezado por Jorge Rafael Videla, que soportaba los embates de los represores despiadados (Emilio Eduardo Massera, Luciano Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez, Carlos Guillermo Su&aacute;rez Mason, Ram&oacute;n Camps). <strong>Los cuatro a&ntilde;os de exilio hab&iacute;an llevado a Cox a construir una mirada cabal, m&aacute;s realista, sobre la dimensi&oacute;n del terrorismo de Estado. </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1d4abfb4-07c6-4a39-a96b-8f061c959416_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="De izquierda a derecha, Maud Daverio, Robert Cox y sus hijos Ruth, David, Victoria, Peter y Robert. Están en Ezeiza, el 17 de diciembre de 1979, a punto de partir al exilio."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                De izquierda a derecha, Maud Daverio, Robert Cox y sus hijos Ruth, David, Victoria, Peter y Robert. Están en Ezeiza, el 17 de diciembre de 1979, a punto de partir al exilio.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No bien se fueron, los Cox giraron por casas de su familia y amigos, congresos y becas, hasta que se asentaron en Charleston, Carolina del Sur, donde dirig&iacute;a su imperio econ&oacute;mico Peter Manigault, el accionista mayoritario del <em>Herald</em>. En Estados Unidos, Cox se acerc&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s a la experiencia de otros exiliados, como el exdirector de <em>La Opini&oacute;n</em> Jacobo Timerman, y reforz&oacute; su v&iacute;nculo con organismos de derechos humanos argentinos e internacionales. Le provoc&oacute; repulsi&oacute;n el antisemitismo y el macartismo para desmerecer las denuncias de Timerman, proferidos, entre otros, por varios afiliados a la Asociaci&oacute;n de Entidades Period&iacute;sticas Argentinas (ADEPA). No se dej&oacute; tentar por los cantos de sirena de quienes jugaban a dos bandas, como los jefes de <em>La Prensa</em> Jes&uacute;s Iglesias Rouco y Manfred Sch&ouml;nfeld. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Querido Walter&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Hacia fines de 1983, la figura de Videla estaba desmoronada para Cox, y con igual dureza juzgaba la pol&iacute;tica econ&oacute;mica del r&eacute;gimen. Bajo una mirada desprovista de autoindulgencia hab&iacute;a ca&iacute;do Guillermo Walter Klein, su ex &iacute;ntimo amigo y segundo de Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;nez de Hoz. Los juicios severos de Cox, expresados en cartas y di&aacute;logos, no eximieron a familiares y allegados que lo hab&iacute;an dejado solo cuando los militares lo acusaban, y hasta periodistas del <em>Buenos Aires Herald</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi gran temor, querido Walter, es que un d&iacute;a seas cuestionado (quiz&aacute;s por uno de tus propios hijos) sobre si sab&iacute;as que miles de personas fueron asesinadas y sus cuerpos desaparecidos de varias maneras por el Gobierno para el que vos trabajabas&rdquo;, le hab&iacute;a escrito el periodista exiliado a Klein un tiempo antes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si Argentina era el pa&iacute;s de Cox, el </strong><em><strong>Herald</strong></em><strong> era su casa.</strong> El primer a&ntilde;o de exilio, 1980, sinti&oacute; que su sucesor interino, James Neilson, hab&iacute;a desdibujado la pol&iacute;tica editorial de defensa de los derechos humanos, sin abandonarla. A fines de 1981, crey&oacute; que los responsables del diario en Buenos Aires directamente lo hab&iacute;an traicionado. Le indign&oacute; que borraran su nombre de la p&aacute;gina ocho, que hasta entonces hab&iacute;a permanecido acompa&ntilde;ado del par&eacute;ntesis &ldquo;(de licencia)&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi gran temor, querido Walter (Klein), es que un día seas cuestionado (quizás por uno de tus propios hijos) sobre si sabías que miles de personas fueron asesinadas y sus cuerpos desaparecidos de varias maneras por el gobierno para el que vos trabajabas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los meses de Malvinas, Cox lleg&oacute; a pensar que los editores a cargo (Daniel Newland, Andrew Mc Leod y Ronald Hansen) estaban haciendo &ldquo;el diario de Massera&rdquo;. <strong>El juicio &mdash;injusto, a la luz del contenido del peri&oacute;dico&mdash; fue compartido grosso modo por Andrew Graham-Yooll, exiliado en 1976 y enviado especial de </strong><em><strong>The Guardian</strong></em><strong> a Buenos Aires desde el 3 de abril de 1982, y Neilson, quien vivi&oacute; en Uruguay durante la guerra</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as de diciembre de 1983 fueron ocasi&oacute;n para que la distancia de Cox con el<em> Herald</em> y con Neilson en particular se tornara abismal. 
    </p><p class="article-text">
        Neilson se defin&iacute;a como un conservador, por lo tanto &mdash;en sus t&eacute;rminos&mdash;, contrario a secuestros nocturnos y picanas, y favorable a los procesos judiciales. Contra viento y marea, defend&iacute;a a Mart&iacute;nez de Hoz en las p&aacute;ginas del <em>Herald </em>de la democracia y apuntaba iron&iacute;as contra Alfons&iacute;n. Y tambi&eacute;n reclamaba el juzgamiento de las Juntas Militares, sin dilaciones ni atajos de impunidad. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lleg&oacute; el <em>Herald</em> a 1985. Con problemas econ&oacute;micos que amenazaban su continuidad &mdash;como casi toda su vida de 141 a&ntilde;os&mdash;, manejo aut&oacute;nomo del accionista local Kenneth Rugeroni y vaivenes editoriales entre enarbolar la gesta de haber denunciado a un r&eacute;gimen cuyo surgimiento hab&iacute;a auspiciado, el retorno a un diario conservador y antiperonista cl&aacute;sico, o el apego a las bases comunitarias. Por lo pronto, de los integrantes de la redacci&oacute;n bajo la dictadura, quedaban pocos. 
    </p><h3 class="article-text">Cita en tribunales</h3><p class="article-text">
        Para Julio C&eacute;sar Strassera y Luis Moreno Ocampo, conseguir el testimonio de Cox era crucial. La meta de los fiscales del Juicio a las Juntas era probar el v&iacute;nculo entre los jerarcas militares y los miles de desaparecidos y torturados, de modo de echar por tierra la excusa de que la masacre hab&iacute;a sido obra de subordinados descarriados. Por ello era de gran valor la palabra de un testigo que hab&iacute;a recorrido despachos oficiales para reclamar por desaparecidos entre 1976 y 1979, al que algunos represores, primero, consideraron propio, y luego intentaron utilizar para difundir la idea de los &ldquo;excesos&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1058204.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1058204.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1058204.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1058204.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_default_1058204.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_default_1058204.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0c5b68f7-ec6e-4a08-a306-3aa61e6a9a46_16-9-discover-aspect-ratio_default_1058204.jpg"
                    alt="Robert Cox, durante su primera declaración en el Juicio a las Juntas, el 26 de abril de 1985"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Robert Cox, durante su primera declaración en el Juicio a las Juntas, el 26 de abril de 1985                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Cox era una prueba caminante.</strong> Hab&iacute;a salvado vidas denunciando desapariciones en coincidencia con visitas internacionales a Buenos Aires; otras veces hab&iacute;a optado por gestiones discretas y confidenciales en despachos oficiales. Un ejemplo: el abogado uruguayo Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de M&aacute;ximo, Victoria y Gabriela, de 3 meses, uno y cuatro a&ntilde;os, recuper&oacute; a sus nietos porque Cox puso la foto de los ni&ntilde;os en tapa, en mayo de 1976. El periodista cosechaba cartas y di&aacute;logos con decenas, cientos de familiares de v&iacute;ctimas que hab&iacute;an acudido a pedirle auxilio. <strong>Hab&iacute;a grabado su reclamo por los desaparecidos en una conversaci&oacute;n desquiciante con el general Albano Harguindeguy, ministro del Interior del r&eacute;gimen</strong>. <strong>Teji&oacute; una red con embajadas, la CIDH y organizaciones como Amnesty que le sirvieron para documentar, denunciar y, al mismo tiempo, salvar su propia vida</strong>. Cox tuvo amables conversaciones con Videla y escuch&oacute; de boca de Massera una amenaza de muerte directa en 1979. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El abogado uruguayo Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de Máximo, Victoria y Gabriela, de 3 meses, uno y cuatro años, recuperó a sus nietos porque Cox puso la foto de los niños en tapa, en mayo de 1976</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El periodista fue citado a declarar en el Palacio de Tribunales el viernes 26 de abril de 1985. Lleg&oacute; a Buenos Aires a comienzos de esa semana y se aloj&oacute; en el domicilio de William Montalbano, amigo cercano, corresponsal de <em>Los Angeles Times</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En esos d&iacute;as, Cox se encontr&oacute; con Moreno Ocampo, pero una reuni&oacute;n sobresali&oacute; sobre otras. <strong>Lo busc&oacute; Patricia Berninsone, hija de Juan Berninsone, un t&eacute;cnico qu&iacute;mico que trabajaba en una subsidiaria de Monsanto y fue asesinado por la dictadura en abril de 1976</strong>. La desaparici&oacute;n seguida de muerte de Berninsone fue la primera que Cox conoci&oacute; de manera directa y es citada, hasta hoy, como el caso que dispar&oacute; su sospecha de que la dictadura hab&iacute;a iniciado un plan de exterminio. 
    </p><p class="article-text">
        Videla llevaba d&iacute;as como presidente de facto y la suegra escocesa de Berninsone llam&oacute; al<em> Herald</em> para corregir el aviso f&uacute;nebre. La atendi&oacute; Andrew Graham-Yooll. Una voz aterrorizada esboz&oacute; lo que hab&iacute;a ocurrido. Graham-Yooll y Cox se trasladaron a Z&aacute;rate para escuchar el relato en primera persona. Se llevaron el compromiso asumido ante el matrimonio de escoceses y la viuda, Edith Martin, de que nunca revelar&iacute;an la identidad de la v&iacute;ctima. 
    </p><p class="article-text">
        Transcurridos nueve a&ntilde;os, Patricia y Juan, el segundo hijo, quer&iacute;an saber qu&eacute; hab&iacute;a pasado con su padre.<strong> El nombre de Juan Berninsone no formaba parte del informe </strong><em><strong>Nunca M&aacute;s</strong></em><strong> de la Comisi&oacute;n Nacional sobre la Desaparici&oacute;n de Personas, ni del Juicio a las Juntas, ni de ning&uacute;n otro expediente</strong>. Por motivos personales, la viuda y los suegros hab&iacute;an decidido mantener el caso soterrado, y Cox y Graham-Yooll cumplieron el compromiso a rajatabla, para siempre. 
    </p><h3 class="article-text">Pip&iacute; cuc&uacute;</h3><p class="article-text">
        El juez Carlos Arslani&aacute;n encabez&oacute; la audiencia del 26 de abril de 1985. A metros de la silla de Cox se encontraban jerarcas militares con los que hab&iacute;a tenido contacto como pocos testigos que pasar&iacute;an por la sala. El exdirector del<em> Herald</em> comenz&oacute; a contar sobre Berninsone, sin nombrarlo. El castellano se torn&oacute; evasivo para un ingl&eacute;s que llevaba seis a&ntilde;os de exilio; Cox transpiraba en esa noche oto&ntilde;al. A los veinte minutos, se descompens&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo revuelo en la sala y preocupaci&oacute;n de los fiscales de que se les cayera un testimonio clave en un juicio que reci&eacute;n empezaba. Se acerc&oacute; Moreno Ocampo. <strong>&ldquo;&iquest;Este hombre podr&aacute; volver el lunes a declarar?&rdquo;. &ldquo;Qu&eacute;dese tranquilo que se lo traigo pip&iacute; cuc&uacute;&rdquo;</strong>, respondi&oacute; Harry Ingham, amigo &iacute;ntimo de Cox. 
    </p><p class="article-text">
        Ingham, jud&iacute;o alem&aacute;n exiliado en Inglaterra, ni&ntilde;o migrante junto a su familia hacia la Argentina, vecino de Per&oacute;n pared de por medio en la calle Gaspar Campos de Vicente L&oacute;pez, empresario, militante de cuanto partido conservador creara &Aacute;lvaro Alsogaray (excepto la UCD), fue quien llev&oacute; a los Cox a Ezeiza el 17 de diciembre de 1979. No sobraron personas que acudieran a la despedida de la familia. Ingham y Cox ten&iacute;an una relaci&oacute;n de tipo fraternal. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os antes, en 1976, Ingham hab&iacute;a transmitido la acusaci&oacute;n de que Andrew Graham-Yooll y su esposa, Micaela Meyer, manten&iacute;an lazos con &ldquo;terroristas&rdquo;, versi&oacute;n diseminada por Francisco Siracusano, un allegado a Alsogaray y correveidile de los servicios de Inteligencia de la dictadura. Andrew, Micaela y sus tres hijos partieron de la Argentina con riesgo de muerte inminente en septiembre de 1976, en medio de un silencio ensordecedor, incluso de parte del<em> Herald</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Hacia 1985, Ingham estaba tan convencido como Cox de que deb&iacute;a llevarse a cabo el juicio a las Juntas. Tras la fallida declaraci&oacute;n del viernes, el empresario aloj&oacute; al periodista en su casa de Mart&iacute;nez y el s&aacute;bado organiz&oacute; un asado de distensi&oacute;n. El lunes 29 de abril, Cox se sent&oacute; pipi cuc&uacute; ante la C&aacute;mara Federal de la causa 13.  
    </p><p class="article-text">
        El testigo ingl&eacute;s expuso un mar de recuerdos durante cinco horas. Dio cuenta de la contradicci&oacute;n y el dolor vividos al verse compelido a denunciar las atrocidades de la dictadura. Cont&oacute; encuentros, por ejemplo, con Videla. &ldquo;Sent&iacute;amos que era un amigo, y por eso me desconcert&oacute; la primera pregunta que me hizo [el viernes previo, ante la f&oacute;rmula de rigor de si ten&iacute;a amistad con las partes]. La imagen que ten&iacute;a de &eacute;l era la de un amigo, no solamente m&iacute;o, sino un amigo de todo el pueblo argentino&rdquo;, explic&oacute; el exdirector del <em>Herald </em>entre 1969 y 1979.
    </p><p class="article-text">
        Cox repas&oacute; la Masacre de los Palotinos, una congregaci&oacute;n irlandesa-alemana, cometida el 4 de julio de 1976. Cont&oacute; que, al salir de la misa de homenaje a los cinco religiosos en Belgrano, acudi&oacute; al c&oacute;ctel por el Bicentenario de la Independencia de Estados Unidos, y all&iacute; increp&oacute; a Videla. El testigo les atribuy&oacute; a su examigo Klein y a Mart&iacute;nez de Hoz haber &ldquo;presionado constantemente&rdquo; a los comandantes para &ldquo;salvar vidas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de los represores Carlos Tavares, de Videla; Jaime Prats Cardona, de Massera; Jos&eacute; Mar&iacute;a Orgeira, de Roberto Viola, y Fernando Goldaracena, de Armando Lambruschini, se lanzaron a desbaratar el testimonio del cronista. Le pidieron que probara que hab&iacute;a habido un plan masivo de asesinatos. Se la dejaron servida y Cox tom&oacute; carrera. Cit&oacute; casos concretos y abord&oacute; un tema por entonces bastante tab&uacute;, como el robo de hijos de desaparecidos. Se enfrent&oacute; incluso con el juez Guillermo Ledesma, quien presid&iacute;a la audiencia. El magistrado le pregunt&oacute; sobre &ldquo;datos fehacientes&rdquo; de hijos robados por los represores.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No tengo datos concretos. Para eso deber&iacute;a llamar a las Abuelas. En aquel tiempo, ning&uacute;n juez quer&iacute;a aceptar una denuncia de ese tipo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere expresar con eso, que no hab&iacute;a jueces que receptaran denuncias?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No he querido ser agresivo. En ese tiempo, todo el mundo sent&iacute;a miedo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;(Dirigi&eacute;ndose a la traductora) D&iacute;gale que, como juez de ese tiempo, no me hace feliz esa apreciaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Si algo no amilanaba a Cox, ni entonces ni nunca, era una reprimenda de ese tipo.
    </p><p class="article-text">
        En 1979, Massera hab&iacute;a publicado el libro <em>Camino a la democracia</em> como parte de su proyecto presidencial. Cox tradujo ese volumen al ingl&eacute;s. El abogado del exjefe de la Armada, el excamarista Prats Cardona, pregunt&oacute; a Cox si hab&iacute;a trabajado para su representado. El periodista respondi&oacute; que hab&iacute;a aceptado llevar a cabo la traducci&oacute;n en persona y en forma gratuita, para evitar que el represor matara a un miembro de la redacci&oacute;n del <em>Herald</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;De qu&eacute; fecha est&aacute; hablando?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;No recuerdo la fecha porque era para m&iacute; completamente sin importancia y lo hab&iacute;a olvidado completamente hasta que, en una entrevista radial, el capit&aacute;n Zari&aacute;tegui lo mencion&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;Pero no puede ubicarnos temporalmente en per&iacute;odos?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Realmente, es un episodio para m&iacute; completamente sin importancia y no puedo recordar la fecha&hellip;, recuerdo otros episodios, como las amenazas de muerte que recib&iacute; personalmente, las amenazas de muerte a mis hijos, las amenazas contra la escuela de mis hijos.</em>
    </p><p class="article-text">
        La evasiva volvi&oacute; a irritar al juez.
    </p><p class="article-text">
        La declaraci&oacute;n de Cox se extendi&oacute; hasta pasadas las 11 de la noche. El 30 de abril de 1985, el<em> Herald</em> llev&oacute; el testimonio del exdirector a tapa con la cita de la amenaza de Massera como t&iacute;tulo. 
    </p><p class="article-text">
        Fueron d&iacute;as en que recrudecieron las intimidaciones telef&oacute;nicas a la familia Berninsone, que se hab&iacute;a mudado en 1979 a un departamento de la avenida Santa Fe de Buenos Aires. La democracia se respiraba en las calles, pero los terroristas de Estado se ensa&ntilde;aban con sus v&iacute;ctimas. <strong>La desaparici&oacute;n y muerte de Juan Berninsone no fue juzgada hasta la reapertura de los juicios en 2003, uno de los tantos ejemplos que deber&iacute;an tener en cuenta los contadores de v&iacute;ctimas con &iacute;nfulas negacionistas</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Cox regres&oacute; a Estados Unidos a los pocos d&iacute;as de su declaraci&oacute;n y no volver&iacute;a a escribir en el <em>Herald</em> hasta 25 a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando se jubil&oacute; en Charleston y comenz&oacute; a pasar algunos meses del a&ntilde;o en su departamento de la Avenida Alvear, en Buenos Aires, junto a Maud. Todo este tiempo, &ldquo;su pa&iacute;s&rdquo;, el verdadero pa&iacute;s de su coraz&oacute;n y su mente, sigui&oacute; siendo la Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula <em>Argentina, 1985 </em>no incluye el testimonio de Cox en el Juicio a las Juntas. Razones m&aacute;s que comprensibles llevaron a Santiago Mitre y Mariano Llin&aacute;s a seleccionar el contenido de un relato cinematogr&aacute;fico de 140 minutos. La figura de Cox, acaso, habr&iacute;a tendido un puente para dar cuenta de la complicidad del periodismo con el terrorismo de Estado. De hecho, est&aacute; avanzado un proyecto de un film sobre la figura del <em>editor-in-chief </em>del <em>Herald</em> a cargo del director Armando Bo, que se detiene, en principio, en la partida al exilio en diciembre de 1979. El guion tiene la anuencia del propio Cox. La pol&eacute;mica ya comenz&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SL</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sebasti&aacute;n Lacunza dirigi&oacute; el </em>Buenos Aires Herald <em>entre 2013 y 2017. Los textuales citados forman parte de testimonios y documentos incluidos en el libro </em>El testigo ingl&eacute;s &mdash; Luces y sombras del <em>Buenos Aires Herald </em>(1876-2017) (Paid&oacute;s, 2021). <em>.</em> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lacunza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/testimonio-robert-cox-juicio-juntas-pelicula_129_9626426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Oct 2022 03:03:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b3d72fd4-bd96-4170-8ca0-2a2d7bb9f891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="86969" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b3d72fd4-bd96-4170-8ca0-2a2d7bb9f891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="86969" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El testimonio de Robert Cox en el Juicio a las Juntas, una película aparte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b3d72fd4-bd96-4170-8ca0-2a2d7bb9f891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Argentina 1985,Jorge Rafael Videla,Dictadura militar argentina (1976-1983),Buenos Aires Herald,Andrew Graham-Yooll,Robert Cox,Emilio Eduardo Massera,Juicio a las Juntas Militares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El testigo inglés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/testigo-ingles_1_8253467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/044c7327-60b4-4662-8ffb-68c3fcbb14f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El testigo inglés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un adelanto de "El testigo inglés. Luces y sombras del Buenos Aires Herald (1876-2017)" (Paidós, 2021), en el que Sebastián Lacunza, último director del diario, investiga y reconstruye la historia de este periódico escrito en inglés que fue un interlocutor tan singular como privilegiado de la vida de los argentinos. Aquí, un fragmento.</p></div><h3 class="article-text">Introducci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <strong>Un diario universal</strong>
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a la redacci&oacute;n del <em>Buenos Aires Herald </em>el 18 de agosto de 2017, tres semanas despu&eacute;s de que el diario de habla inglesa cerrara sus puertas.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;escena parec&iacute;a congelada a la espera de un forense. Sobre mi escritorio yac&iacute;an libros, pruebas de p&aacute;gina, peri&oacute;dicos, planillas, revistas, sobres de mate cocido y un par de tasas de caf&eacute;. El desorden de mi espacio se repet&iacute;a agravado en otro escritorio y moderado en media docena. Los estantes de la sala estaban poblados por biblioratos con colecciones salteadas, objetos de cortes&iacute;a que nadie quiso, cajas con fotos salvadas de alguna mudanza y pilas de <em>Heralds </em>cosidos a mano, ya descre&iacute;dos de la eterna promesa del presupuesto para ser encuadernados.
    </p><p class="article-text">
        Sin testigos, recorr&iacute; una y otra vez los pasillos del diario que dirig&iacute; los &uacute;ltimos cuatro de sus casi 141 a&ntilde;os de publicaci&oacute;n. Desde el piso inferior, donde funcionaba el sitio <em>online </em>de <em>&Aacute;mbito Financiero</em>, llegaban el murmullo y las risas que suelen generar los canales de noticias que tutelan las redacciones. Revis&eacute; archivos, recog&iacute; cosas personales, rescat&eacute; libros, saqu&eacute; fotos y me emocion&eacute;. Esa misma redacci&oacute;n desde la que proven&iacute;an el ruido de la tele y las risas que restaban dramatismo a mi despedida &iacute;ntima del <em>Herald </em>me hab&iacute;a recibido dos d&eacute;cadas antes, en mi primer empleo period&iacute;stico a tiempo completo.
    </p><p class="article-text">
        Una tarde de fines de julio, la empresa propietaria me inform&oacute; un hecho consumado: el n&uacute;mero del viernes previo hab&iacute;a sido el &uacute;ltimo. No habr&iacute;a tiempo ni p&aacute;ginas para que el <em>Herald </em>se despidiera de sus lectores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/420226d3-aa99-4eba-9e44-094114ff5b64_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La redacción del Herald, después del cierre"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La redacción del Herald, después del cierre                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El silencio impuesto por la firma editora contrast&oacute; con los cables de las agencias internacionales de noticias y los obituarios que en los medios de todo el mundo hablaban sobre el &ldquo;&uacute;nico diario argentino que inform&oacute; sobre los cr&iacute;menes de la dictadura militar&rdquo;. Editores y redactores que pasaron por sus p&aacute;ginas escribieron columnas en la prensa local y extranjera. Algunos que desarrollaron carreras de d&eacute;cadas en otros pa&iacute;ses volcaron en las redes sociales su pesar por el cierre del &ldquo;peque&ntilde;o gran diario&rdquo;. Se publicaron an&aacute;lisis sobre el futuro del periodismo gr&aacute;fico y textos enfrentados sobre el papel del peri&oacute;dico durante los a&ntilde;os recientes de la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en la Argentina. Recib&iacute; cientos de <em>e-mails </em>y mensajes. Colegas de otros medios me pidieron que escribiera un texto y editoriales me contactaron para pensar la idea de un libro.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo, no pude dar respuesta. Trabajo de escribir, pero me hab&iacute;a quedado sin palabras.
    </p><p class="article-text">
        (...)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Penumbras y oportunidad</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a concebir este libro mucho antes de la cuenta regresiva. Que un diario escrito en un idioma extranjero y con limitada circulaci&oacute;n fuera objeto de debate p&uacute;blico en a&ntilde;os en que el periodismo parec&iacute;a apostar m&aacute;s a satisfacer prejuicios de creyentes que a informar y analizar me parec&iacute;a de por s&iacute; una experiencia v&aacute;lida para compartir. A ello se sum&oacute; la acusaci&oacute;n de que el <em>Herald </em>se hab&iacute;a convertido en un medio K a ra&iacute;z de la venta a Indalo en 2015. La versi&oacute;n no ten&iacute;a sustento en el contenido informativo, ni en los editoriales, ni en los columnistas, ni en el <em>staff</em>, pero era proclamada con el rigor del escarmiento por quienes consideraban que el destino natural del peri&oacute;dico era su partidizaci&oacute;n en el sentido opuesto al que denunciaban.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;gesta &eacute;pica&rdquo; protagonizada por el <em>Herald </em>durante los a&ntilde;os del terrorismo de Estado &mdash;el tan mentado &ldquo;&uacute;nico diario que inform&oacute; sobre&hellip;&rdquo;&mdash; merec&iacute;a una investigaci&oacute;n que iluminara hechos y tramas con toda su riqueza hist&oacute;rica. Esa &eacute;pica&mdash;que fue real y salv&oacute; vidas&mdash;era aludida con frecuencia como una letan&iacute;a, apta para la divulgaci&oacute;n superficial y la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, o como una herramienta autoindulgente para tergiversar el pasado y operar sobre el presente.
    </p><p class="article-text">
        La simplificaci&oacute;n del papel desempe&ntilde;ado por el <em>Herald </em>en la d&eacute;cada de 1970 requer&iacute;a de un relato canonizado. Seg&uacute;n esta narrativa, en 1876, un inmigrante escoc&eacute;s, William Cathcart, cre&oacute; <em>The Buenos Ayres Herald</em>, una p&aacute;gina de servicios sobre el movimiento portuario. En la pujante Buenos Aires de entonces, un reci&eacute;n llegado estadounidense, D.W. Lowe, tom&oacute; la posta y transform&oacute; la hoja inicial en un peri&oacute;dico que se code&oacute; con el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. Ambos emprendedores &mdash;el escoc&eacute;s y el estadounidense&mdash; plantaron a su turno la semilla de la libertad y el progreso gracias a la cual el diario de los brit&aacute;nicos resistir&iacute;a a los totalitarismos europeos y al autoritarismo de Juan Domingo Per&oacute;n. Como un devenir natural, este medio liberal-conservador &mdash;aunque d&eacute;cadas m&aacute;s tarde ser&iacute;a rebautizado por una vertiente autorizada como &ldquo;liberal de izquierda&rdquo;&mdash;apoy&oacute; el golpe de Estado de 1976. Al confrontar el horror de que la dictadura definida como civilizatoria no ten&iacute;a como meta restaurar la democracia sino desaparecer personas, los editores ingleses se plantaron ante los represores, denunciaron las atrocidades y lo pagaron con el exilio. Otro empresario estadounidense, tan liberal como sus predecesores del siglo XIX, respald&oacute; el rumbo. Ello no fue motivo para que el <em>Herald </em>perdiera de vista que, en esa misma d&eacute;cada, tambi&eacute;n actuaba en la Argentina un demonio de izquierda y que ambas criaturas del mal&mdash;el Estado y la subversi&oacute;n&mdash;merec&iacute;an juicio y castigo. La l&iacute;nea oficial describi&oacute; que el peri&oacute;dico, digno e independiente, avanz&oacute; en democracia con su pr&eacute;dica republicana y observ&oacute; con distancia el v&eacute;rtigo pol&iacute;tico-econ&oacute;mico, hasta que sucumbi&oacute; a empresarios argentinos que lo sometieron a intereses espurios y lo abandonaron. Punto.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n as&iacute; establecida pod&iacute;a contener visos de realidad. Sin embargo, mi experiencia en la redacci&oacute;n me permiti&oacute; conocer de primera mano testimonios y documentos que apuntalaban una trayectoria menos binaria, con matices, conflictos y contradicciones disimulados en las penumbras, lo que no hizo m&aacute;s que aumentar mi inter&eacute;s por investigar la historia del &ldquo;&uacute;ltimo diario de habla inglesa de Iberoam&eacute;rica&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/efbdcf88-5f53-4c6c-a118-9ef556d05720_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Robert Cox junto a su familia en Ezeiza"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Robert Cox junto a su familia en Ezeiza                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Un hecho excepcional ayudar&iacute;a a ese objetivo. Los dos principales protagonistas de la vida del <em>Herald </em>no s&oacute;lo estaban en actividad y pod&iacute;an dar testimonio, sino que segu&iacute;an relacionados con el diario que yo dirig&iacute;a. Con Andrew Graham-Yooll constru&iacute; una relaci&oacute;n cercana, y con Robert Cox&mdash;severo cr&iacute;tico de mi gesti&oacute;n&mdash;mantuve un v&iacute;nculo m&aacute;s distante, pero cordial y frecuente. En cuanto a James Neilson, el di&aacute;logo era exiguo, aunque, parad&oacute;jicamente, fuera el colaborador m&aacute;s asiduo entre los exdirectores, con una columna semanal enviada desde su casa en Pinamar.
    </p><p class="article-text">
        La particular relaci&oacute;n de los padres refundadores entre s&iacute; y con periodistas clave constitu&iacute;a otro cap&iacute;tulo atractivo. Los ingleses Cox y Neilson, y el argentino Graham-Yooll &mdash;nacido en &ldquo;el enclave m&aacute;s anglo de Argentina&rdquo;&mdash; ten&iacute;an mucho en com&uacute;n, pero tambi&eacute;n representaron paradigmas profesionales y culturales distintos. Desde peque&ntilde;o y hasta su primera juventud, Graham-Yooll gir&oacute; por las calles de Ranelagh, Buenos Aires, Montevideo y Londres. Trabaj&oacute; en un frigor&iacute;fico, camin&oacute; suburbios y se subi&oacute; con frecuencia al tren para hacerse atender el asma en el Hospital Brit&aacute;nico. En la d&eacute;cada de 1960, eligi&oacute; vivir a pleno las inquietudes sociales, culturales y pol&iacute;ticas de su generaci&oacute;n. El ingl&eacute;s Cox creci&oacute; en medio del trauma europeo. Se refugi&oacute; de bombardeos nazis y particip&oacute; luego de la Guerra de Corea, a miles de kil&oacute;metros de Londres. Pero era un joven mirando al sudoeste, all&iacute; donde su padre, un marino mercante, hab&iacute;a recalado a principios de siglo. En 1959, se despidi&oacute; de su madre y su hermana, y se embarc&oacute; hacia Buenos Aires. Al poco tiempo, con un castellano precario, comenz&oacute; a codearse con elites de signo antiperonista y personalidades anglohablantes que pasaron por Buenos Aires. Neilson perdi&oacute; a su padre en la Segunda Guerra, fue abandonado por su madre y vivi&oacute; en Ir&aacute;n e Israel antes de afincarse en la capital argentina. Edific&oacute; un atalaya conservador desde el que observ&oacute; con bastante desprecio a esa generaci&oacute;n con la que Graham-Yooll dialogaba a gusto. Rara vez se mezcl&oacute; con las multitudes y los personajes sobre los que ley&oacute; y escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Que personalidades como las de Cox y Graham-Yooll refundaran el <em>Herald </em>durante la dictadura y permanecieran vinculadas al diario hasta los meses finales, cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s, fue&mdash;como dijo el gran cronista de Ranelagh&mdash;&ldquo;no s&oacute;lo interesante sino casi devastador&rdquo;. Con el paso del tiempo cuentas personales y profesionales nunca saldadas trasuntaron en indiferencia y cierta animadversi&oacute;n mutua. Reci&eacute;n avanzada la segunda d&eacute;cada del siglo XXI, convertidos en leyendas del periodismo, Cox y Graham-Yooll reconstruyeron algo de lo que hab&iacute;an vivido cincuenta a&ntilde;os atr&aacute;s como una relaci&oacute;n &ldquo;familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de d&eacute;cadas, libros, notas, blogs y documentales abrevaron en aspectos puntuales de la historia del peri&oacute;dico o abordaron experiencias personales de sus autores. Graham-Yooll, uno de los principales historiadores de la relaci&oacute;n anglo argentina, met&oacute;dico archivista y prol&iacute;fico escritor, apenas roz&oacute; tangencialmente la narraci&oacute;n de la vida del <em>Herald</em>. Cox no se despeg&oacute; del destino del diario tras titular su texto de despedida &ldquo;Au revoir&rdquo;, en diciembre de 1979, pese a que al poco tiempo se sinti&oacute; injustamente segregado. Sin embargo, tampoco se aboc&oacute; a escribir la historia &iacute;ntima que guardaba en sus memorias. Ambos se mostraron complacidos cuando les cont&eacute; que iba a emprender la tarea de investigar los 141 a&ntilde;os del <em>Herald </em>y prestaron su testimonio con generosidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dale flaco, que pasa el tiempo&rdquo;, me dijo Graham-Yooll semanas antes de morir en Londres, en julio de 2019.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/96485521-9688-46c7-ba4b-cb360c72b084_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Andrew Graham-Yooll (en el centro) junto a la cúpula del ERP: Mario Roberto Santucho, Benito Jorge Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Jorge Molina"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Andrew Graham-Yooll (en el centro) junto a la cúpula del ERP: Mario Roberto Santucho, Benito Jorge Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Jorge Molina                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        (...)
    </p><p class="article-text">
        <strong>&Uacute;nico</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez recuperada la democracia, el prestigio de haber sobrevivido tras haber dado cuenta de la maquinaria del terror fue una carga de ox&iacute;geno y, a su vez, un desaf&iacute;o para la reinvenci&oacute;n del <em>Herald</em>. Se sumaron cambios en el ciclo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico que pusieron en crisis las rutinas de producci&oacute;n y consumo de los diarios mientras la propiedad del medio afrontaba sucesivas turbulencias. La empresa se volvi&oacute; cada vez m&aacute;s dependiente de los giros de la casa matriz en Charleston y de favores estatales. A la variaci&oacute;n del contrato de lectura surgido a partir de las denuncias de violaciones a los derechos humanos le sigui&oacute; el envejecimiento y la mutaci&oacute;n cultural y sociol&oacute;gica de la comunidad anglohablante. Las familias inglesas de Hurlingham o Acassuso que recibieron durante d&eacute;cadas el diario en la puerta de una casa construida con inspiraci&oacute;n ferroviaria cada vez m&aacute;s se iban transformando en a&ntilde;oranza antes que en realidad. Se impuso la necesidad de encontrar nuevos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de sustentabilidad se agudiz&oacute; con el nuevo siglo. Fue una &eacute;poca de restricciones, despidos y renovaci&oacute;n generacional. Para Evening Post, la empresa de Carolina del Sur en manos de los herederos de Peter Manigault desde 2004, la deficitaria unidad de Buenos Aires perdi&oacute; inter&eacute;s. Llegaron los due&ntilde;os argentinos sin v&iacute;nculos con la comunidad anglohablante. Ni Sergio Szpolski (2008), ni Orlando Vignatti (2009-2015), ni L&oacute;pez-De Sousa (2015-2017) buscaron modificar la l&iacute;nea editorial, b&aacute;sicamente porque el contenido del <em>Herald </em>no estuvo en su radar.
    </p><p class="article-text">
        Durante mis cuatro a&ntilde;os en la direcci&oacute;n, el marco de la polarizaci&oacute;n agreg&oacute; frentes de tormenta, pero la distancia de batallas ajenas tambi&eacute;n se transform&oacute; en un activo, gracias a una plantilla de periodistas apegados a valores y procedimientos profesionales. No se trataba de indagar sobre la veracidad hist&oacute;rica de la epopeya de Homero, sino de que el imaginario sobre el diario liberal e independiente jugara a favor de una concepci&oacute;n humanista en cuanto a derechos civiles, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos. El <em>Herald </em>deb&iacute;a ser contrario al capitalismo de amigos y a los monopolios que malversan el mercado, incluidos los informativos. La adhesi&oacute;n al conservadurismo corporativista argentino apenas remozado no era un buen destino para un diario que deb&iacute;a defender las reglas justas de la competencia, pese a las presiones. Incluso por encima de la orientaci&oacute;n editorial, el desaf&iacute;o tecnol&oacute;gico y el lenguaje digital pod&iacute;an representar el salto hacia un p&uacute;blico global, o determinar el final del <em>Herald</em>. Un diario con pocos lectores, alto valor simb&oacute;lico y potencial de llegar a p&uacute;blicos desatendidos estaba llamado a transformarse en el gran narrador de la informaci&oacute;n en ingl&eacute;s desde el Cono Sur, pero el horizonte empresarial para asumir el desaf&iacute;o nunca asom&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Herald </em>sol&iacute;a ser referido como un diario &ldquo;&uacute;nico&rdquo;. Hab&iacute;a motivos. &Uacute;nico por su idioma, por las denuncias sobre los desaparecidos, por su supuesta g&eacute;nesis liberal y por la demograf&iacute;a de su redacci&oacute;n. Al cabo de este trabajo, tambi&eacute;n comprend&iacute; que la suya fue una historia de pasi&oacute;n, rutinas, m&iacute;stica, c&aacute;lculo, talento y desidia, como fiel exponente de una industria que hace tiempo mira el horizonte con temor y escepticismo. La historia de un peque&ntilde;o diario universal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lacunza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/testigo-ingles_1_8253467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Aug 2021 03:05:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/044c7327-60b4-4662-8ffb-68c3fcbb14f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1265823" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/044c7327-60b4-4662-8ffb-68c3fcbb14f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1265823" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El testigo inglés]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/044c7327-60b4-4662-8ffb-68c3fcbb14f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Medios,Buenos Aires Herald]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
