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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alberto Barceló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/alberto-barcelo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alberto Barceló]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Por qué la provincia de Buenos Aires es gobernada por porteños?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/provincia-buenos-aires-gobernada-portenos_1_8268283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/853be649-470a-4a79-b3f8-12f49c0579c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué la provincia de Buenos Aires es gobernada por porteños?"></p><p class="article-text">
        Una r&aacute;pida mirada a los nombres de los candidatos que competir&aacute;n en las pr&oacute;ximas elecciones en la provincia de Buenos Aires &ndash;y, en particular, a los nombres de los que pretender alcanzar la gobernaci&oacute;n en 2023&ndash; confirma algo que todos ya sabemos: el principal distrito del pa&iacute;s no es gobernado por bonaerenses sino por porte&ntilde;os. Hace mucho tiempo que sucede. Eduardo Duhalde fue el &uacute;ltimo mandatario de Buenos Aires (1991-1999) cuya carrera p&uacute;blica se despleg&oacute; casi por entero en el territorio que lo vio nacer y donde forj&oacute;, paso a paso, su carrera pol&iacute;tica. Desde entonces, los dirigentes bonaerenses siempre han ocupado planos secundarios en la vida p&uacute;blica de su propia provincia. <strong>En el siglo XXI, la especie a la que pertenece el caudillo de Lomas de Zamora est&aacute; en extinci&oacute;n.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, los hombres y la mujer que presidieron los destinos del Estado m&aacute;s poblado y m&aacute;s gravitante de nuestra federaci&oacute;n &ndash;Carlos Ruckauf, Felipe Sol&aacute;, Daniel Scioli, Mar&iacute;a Eugenia Vidal, Axel Kicillof&ndash; fueron m&aacute;s porte&ntilde;os que la Avenida de Mayo o los restaurantes de Palermo Soho. Felipe Sol&aacute;, el &uacute;nico que tiene buenas credenciales para hacerse pasar por bonaerense &ndash;resultado, en gran medida, de una historia familiar asociada a la actividad agropecuaria, que le permiti&oacute; imaginar a la provincia desde el campo&ndash;, es, ante todo, un producto del Barrio Norte y el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego, por supuesto, de la UBA y el peronismo. 
    </p><p class="article-text">
        Los dem&aacute;s son a&uacute;n m&aacute;s ajenos a la realidad y, sobre todo, a la vida pol&iacute;tica de esta provincia singular, casi cinco veces m&aacute;s poblada que C&oacute;rdoba y Santa Fe, los dos distritos que le siguen en tama&ntilde;o e importancia. <strong>Ninguno de los gobernadores de Buenos Aires del siglo XXI construy&oacute; su carrera p&uacute;blica en la legislatura platense, en la pol&iacute;tica bonaerense o en la administraci&oacute;n del Estado provincial. Arribaron a la provincia desde afuera, impulsados desde la capital federal.</strong> Reci&eacute;n llegados a ese territorio vasto y complejo, algunos de ellos reci&eacute;n comenzaron a conocer la provincia en las giras de la campa&ntilde;a electoral que termin&oacute; abri&eacute;ndoles el camino a la casa de Dardo Rocha (la residencia que, por cierto, varios de ellos prefirieron no habitar). Buenos Aires es la provincia m&aacute;s importante de la rep&uacute;blica y, a la vez, la &uacute;nica que no tiene una elite dirigente arraigada en su propio territorio y comprometida con su destino.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ninguno de los gobernadores de Buenos Aires del siglo XXI construyó su carrera pública en la legislatura platense, en la política bonaerense o en la administración del Estado provincial. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Se trata de un fen&oacute;meno novedoso, propio de estas &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, que se explica por el influjo cada vez mayor de los votos del empobrecido conurbano en el padr&oacute;n provincial? &iquest;Es la consecuencia de la dependencia fiscal de la provincia frente a la Naci&oacute;n? Para comprender las razones de la debilidad pol&iacute;tica de la dirigencia provincial hay que ir m&aacute;s all&aacute; de estas explicaciones que s&oacute;lo atienden a manifestaciones recientes y aspectos parciales del &ldquo;problema de Buenos Aires&rdquo;. En rigor, es dif&iacute;cil entender por qu&eacute; el principal Estado de nuestra rep&uacute;blica federal no logr&oacute; generar sus propios liderazgos si no prestamos atenci&oacute;n a la manera en que se construy&oacute;, a lo largo de un siglo y medio, el v&iacute;nculo entre la provincia y la capital federal. 
    </p><h3 class="article-text">Un punto de partida</h3><p class="article-text">
        El punto de partida de todo an&aacute;lisis de la cuesti&oacute;n es el veredicto de las armas en la guerra civil de 1880. La derrota de las milicias del gobernador bonaerense Carlos Tejedor frente al ej&eacute;rcito federal que respond&iacute;a al liderazgo de Julio A. Roca oblig&oacute; a la provincia a ceder su capital, que desde entonces qued&oacute; bajo jurisdicci&oacute;n federal. Para Buenos Aires, ese descabezamiento supuso algo m&aacute;s grave que la p&eacute;rdida de su &uacute;nica ciudad de envergadura. Signific&oacute;, ante todo, que la Buenos Aires nacida en 1880 debi&oacute; caminar sus primeros a&ntilde;os sin un polo de poder capaz de organizar y centralizar su vida p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        La Plata fue creada para atenuar el dolor de esa mutilaci&oacute;n. Pero la ciudad fundada por Dardo Rocha el 19 de noviembre de 1882 nunca logr&oacute; desplazar a la capital federal como eje pol&iacute;tico de esa provincia amputada. Tanto es as&iacute; que, durante la era olig&aacute;rquica, la elite dirigente bonaerense no s&oacute;lo continu&oacute; reclut&aacute;ndose sino tambi&eacute;n residiendo en la vieja capital. Ni siquiera sus altos magistrados se mudaron a la capital provincial, y tampoco lo hicieron sus diputados y senadores. &iquest;Para qu&eacute; radicarse en La Plata, una ciudad artificial y poco atractiva, si pod&iacute;an disfrutar de los placeres que ofrec&iacute;a la Reina del Plata que, adem&aacute;s, era su ciudad y, en muchos casos, el espacio en el que trascurr&iacute;a casi toda su actividad profesional? De all&iacute; que, durante d&eacute;cadas, lo &uacute;nico que Buenos Aires logr&oacute; producir en su propio territorio fue una vida pol&iacute;tica local a veces intensa pero en todo caso siempre dominada por disputas de pago chico, que alcanz&oacute; a proyectarse sobre la (ya entonces cara, oscura y opaca) legislatura platense. De hecho, el &aacute;mbito municipal y la legislatura provincial fueron los grandes generadores de reproches contra el monopolio que los arrogantes &ldquo;metropolitanos&rdquo; ejerc&iacute;an sobre las posiciones m&aacute;s apetecibles del gobierno y la administraci&oacute;n provincial. 
    </p><p class="article-text">
        Este panorama se alter&oacute; luego de 1916. La raz&oacute;n es f&aacute;cil de entender. Una vez sancionada la Ley S&aacute;enz Pe&ntilde;a, de sufragio masculino secreto y obligatorio, los votos comenzaron a pesar m&aacute;s que en la era olig&aacute;rquica. Cuando la pol&iacute;tica electoral creci&oacute; en importancia, tambi&eacute;n aument&oacute; la influencia de los hombres que se mostraron capaces de movilizar seguidores y concitar apoyos en cada localidad. Por estas razones, la democratizaci&oacute;n empoder&oacute; a figuras de peso en el territorio y recort&oacute; el poder de las augustas y remotas figuras de la capital federal que no sab&iacute;an jugar el juego electoral. Los &ldquo;provinciales&rdquo; ganaron espacio a expensas de los &ldquo;metropolitanos&rdquo;.
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    </figure><h3 class="article-text">Alberto Barcel&oacute; y la llegada bonaerense a la vida p&uacute;blica nacional</h3><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s evidente de esta redefinici&oacute;n del peso relativo de los distintos actores de la vida p&uacute;blica bonaerense lo ofrece Alberto Barcel&oacute;. La leyenda negra describe al caudillo conservador de Avellaneda como un pol&iacute;tico violento e inescrupuloso, amigo del fraude y del voto venal. Todo esto es cierto, pero Barcel&oacute; fue mucho m&aacute;s que el jefe de una banda de matones que domin&oacute; a fuerza de pistola la tercera secci&oacute;n electoral. Este hombre sin instrucci&oacute;n formal fue el primer pol&iacute;tico bonaerense qu&iacute;micamente puro&nbsp;&ndash;es decir, un hombre cuya carrera se construy&oacute; por entero en territorio provincial&ndash; en romper el techo de cristal que les cerraba a los provincianos el camino al Congreso Nacional. 
    </p><p class="article-text">
        Barcel&oacute; ingres&oacute; al escenario mayor de la pol&iacute;tica nacional a pesar y en contra de los deseos de la elite metropolitana del Partido Conservador que hasta 1912 lo hab&iacute;a confinado al espacio municipal. Gracias a la democracia, este tosco dirigente local, que apenas sab&iacute;a leer y escribir, se impuso a los Luro y los de la Serna, los Santamarina y los Ugarte. Cruz&oacute; el Riachuelo en sentido inverso al hasta entonces prescripto y se sent&oacute; en la C&aacute;mara de Diputados de la Naci&oacute;n. Y dado que el ascenso de Barcel&oacute; se produjo en un per&iacute;odo signado por una competencia electoral m&aacute;s transparente, y en que tanto el gobierno provincial como el nacional estaban en manos de sus opositores radicales, no queda m&aacute;s que concluir que sus triunfos en el comicio reflejan bastante bien las preferencias de los votantes de la tercera secci&oacute;n electoral. 
    </p><p class="article-text">
        Nos guste o no este mensaje de las urnas, no hay duda de que Alberto Barcel&oacute; merece un lugar en la historia de la democracia bonaerense y, en particular, en la historia de la afirmaci&oacute;n de la provincia ya no como un sat&eacute;lite de la capital sino como un distrito pol&iacute;ticamente aut&oacute;nomo por derecho propio. <strong>Pese a todos sus aspectos oscuros, Barcel&oacute; fue parte de la vanguardia pol&iacute;tica bonaerense que abri&oacute; el camino para que los que ten&iacute;an barro provincial &ndash;y, cada vez m&aacute;s, conurbano&ndash; en sus zapatos pudieran hacerse un lugar como representantes de Buenos Aires en la vida p&uacute;blica nacional.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alberto Barceló                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La Plata como centro pol&iacute;tico y cultural</h3><p class="article-text">
        Por supuesto, el empoderamiento de la dirigencia pol&iacute;tica bonaerense no fue el resultado exclusivo de la transformaci&oacute;n del r&eacute;gimen electoral. Su afirmaci&oacute;n tambi&eacute;n fue posible gracias a la mayor cohesi&oacute;n alcanzada por la provincia como espacio pol&iacute;tico. En 1895 La Plata todav&iacute;a era un obrador a cielo abierto, que ning&uacute;n dirigente de peso quer&iacute;a habitar. El paso de las d&eacute;cadas y la inversi&oacute;n p&uacute;blica y privada le fueron dando forma de ciudad y, de este modo, La Plata creci&oacute; en envergadura como centro pol&iacute;tico y cultural y como espacio de interacci&oacute;n social de la burocracia provincial. La Universidad Nacional de La Plata, creada en 1906, tambi&eacute;n contribuy&oacute; a realzar el poder de la ciudad. Gracias a sus aulas universitarias, La Plata acrecent&oacute; su influencia sobre el interior bonaerense, y poco a poco se transform&oacute; en un espacio de sociabilidad y formaci&oacute;n profesional y pol&iacute;tica de la burgues&iacute;a provincial. Para la d&eacute;cada de 1930, la provincia hab&iacute;a dejado de ser ese cuerpo sin cabeza que conocieron Dardo Rocha y Marcelino Ugarte, siempre opacado por la Capital Federal. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cercan&iacute;a entre La Plata y el mayor polo de poder de nuestra rep&uacute;blica, sin embargo, una y otra vez erosion&oacute; los esfuerzos de la provincia de Buenos Aires para adue&ntilde;arse de su destino.</strong> Es lo que se observa al mirar la trayectoria pol&iacute;tica de figuras como Rodolfo Moreno y Domingo Mercante, en las d&eacute;cadas de 1940 y 1950, entre muchos otros que fracasaron en el intento de hacer de la Buenos Aires una base pol&iacute;tica aut&oacute;noma del poder federal afincado al otro lado del Riachuelo. 
    </p><h3 class="article-text">Diarios platenses antes que bonaerenses</h3><p class="article-text">
        Una r&aacute;pida mirada al sistema de medios bonaerense nos permite identificar una de las razones que acentuaron el peculiar estatuto de minoridad que, a&uacute;n con variaciones, signa toda la historia provincial. Ni siquiera en las d&eacute;cadas en las que el influjo de la prensa gr&aacute;fica bonaerense fue m&aacute;s poderoso, los peri&oacute;dicos editados en La Plata lograron interpelar a todos los habitantes de la provincia como integrantes de una &uacute;nica comunidad. Desafiados por una poderosa prensa local bien arraigada en el interior de la provincia, <strong>los diarios de la capital &ndash;comenzando por </strong><em><strong>El D&iacute;a</strong></em><strong>, su matutino de mayor relieve&ndash; siempre fueron platenses antes que bonaerenses. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Los diarios de la capital de la provincia tampoco lograron imponerse a la gran prensa porte&ntilde;a en la tarea de informar a los bonaerenses que aspiraban a tener una visi&oacute;n de conjunto de su provincia y su pa&iacute;s. Iguales limitaciones tuvo la radio y, m&aacute;s tarde, la televisi&oacute;n provincial. Incluso cuando el influjo de La Plata sobre la provincia fue m&aacute;s intenso, los grandes eventos que decid&iacute;an el destino de Buenos Aires no s&oacute;lo ten&iacute;an lugar fuera de su jurisdicci&oacute;n sino que eran narrados por la prensa de la capital federal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; es importante reparar en las debilidades del sistema de medios de la provincia? Porque sirve para constatar que, pese a todos sus esfuerzos, ni siquiera en su momento de apogeo Buenos Aires fue capaz de construir una verdadera esfera p&uacute;blica en la que sus ciudadanos pudieran informarse sobre la marcha de su gobierno, controlaran sus acciones e intercambiaran ideas sobre sus temas de inter&eacute;s com&uacute;n en tanto bonaerenses. La tarea ser&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil en tiempos m&aacute;s recientes, en los que el paso a un r&eacute;gimen de producci&oacute;n de entretenimiento e informaci&oacute;n cada vez m&aacute;s dominado por los medios audiovisuales radicados en la capital federal ya no dejar&iacute;a espacio ni para la existencia de una se&ntilde;al de televisi&oacute;n tan anodina como en su momento fue el platense Canal 2 (que, convertido en Am&eacute;rica TV, termin&oacute; mud&aacute;ndose al porte&ntilde;o barrio de Palermo).
    </p><h3 class="article-text">El ascenso demogr&aacute;fico del conurbano</h3><p class="article-text">
        El factor que termin&oacute; de desbaratar los esfuerzos de la provincia para erguirse sobre sus propios pies fue el ascenso demogr&aacute;fico del conurbano. En las d&eacute;cadas de 1940 y 1950 la poblaci&oacute;n del Gran Buenos creci&oacute; cinco veces m&aacute;s r&aacute;pido que la del resto de la provincia. Ello alter&oacute; definitivamente el equilibro demogr&aacute;fico (y por ende electoral) provincial. Los libros de historia suelen recordar la elecci&oacute;n del 18 de marzo de 1962 porque la victoria que ese d&iacute;a alcanz&oacute; el dirigente sindical peronista Andr&eacute;s Framini dio lugar al derrocamiento del presidente Arturo Frondizi. Vistos a la luz de los dilemas de nuestro tiempo, esos comicios portan un mensaje m&aacute;s importante. Fue entonces cuando, por primera vez en la historia, los votos del Gran Buenos Aires superaron en n&uacute;mero a los del interior bonaerense. Y con ello <strong>el conurbano se consagr&oacute; como el centro de gravedad electoral de la provincia y, cada vez m&aacute;s, de la naci&oacute;n</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La quebrada historia institucional del pa&iacute;s hizo que las implicancias de este cambio demogr&aacute;fico permanecieran en las sombras hasta bien entrado el ciclo democr&aacute;tico inaugurado en 1983. La reforma constitucional de 1994 lo puso en el centro del escenario. A partir de ese momento, el sue&ntilde;o de que, al igual que las dem&aacute;s provincias, Buenos Aires puede gobernarse a s&iacute; misma, qued&oacute; definitivamente enterrado. 
    </p><p class="article-text">
        La reforma constitucional de 1994 incidi&oacute; sobre la provincia de dos maneras. Por una parte, al consagrar el voto directo para presidente y vice, acrecent&oacute; dr&aacute;sticamente el peso electoral del Gran Buenos Aires, que hoy representa un cuarto del padr&oacute;n nacional. Por otro lado, la reforma sancion&oacute; la autonom&iacute;a a la Capital Federal, con lo que la vida p&uacute;blica de este distrito creci&oacute; en relevancia y visibilidad. La escena pol&iacute;tica porte&ntilde;a no s&oacute;lo alcanz&oacute; mayor relieve sino que, gracias al poderoso sistema de medios de medios radicado en la Ciudad Aut&oacute;noma, alcanz&oacute; una vasta proyecci&oacute;n en el conurbano. 
    </p><p class="article-text">
        La principal consecuencia de la creciente integraci&oacute;n del conurbano en la esfera p&uacute;blica porte&ntilde;a es que <strong>los protagonistas y los temas que animan el debate p&uacute;blico al que est&aacute;n expuestos dos tercios de los habitantes de Buenos Aires no s&oacute;lo se definen de espaldas a La Plata sino tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de la provincia</strong>. De all&iacute; que el Estado provincial m&aacute;s importante del pa&iacute;s tenga un debate p&uacute;blico enrarecido y desajustado, en el que sus autoridades ni siquiera son conocidas por el segmento m&aacute;s informado de su ciudadan&iacute;a (&iquest;alguien recuerda el nombre del presidente de la c&aacute;mara de diputados o del ministro de econom&iacute;a?). Por supuesto, el hecho de que Buenos Aires haya sido gobernada por el mismo partido durante 30 de los &uacute;ltimos 34 a&ntilde;os tampoco contribuye a darle brillo o visibilidad a la discusi&oacute;n p&uacute;blica sobre los problemas de la provincia.
    </p><p class="article-text">
        Una historia m&aacute;s que centenaria de disputa entre dos ciudades, una capital opaca y artificial, crecimiento demogr&aacute;fico, sistema de medios, una esfera p&uacute;blica heter&oacute;noma, reforma constitucional: hay que prestar atenci&oacute;n a todos estos planos para encuadrar el problema de la debilidad de la clase dirigente bonaerense. Y, por extensi&oacute;n, para entender el parad&oacute;jico proceso que empoder&oacute; al Gran Buenos Aires y que, a la vez, pone de relieve que ese conurbano que cada vez que vota decide el destino de la provincia m&aacute;s importante del pa&iacute;s es un caleidoscopio de realidades locales cuya identidad depende, ante todo, de su relaci&oacute;n &ndash;a la vez &iacute;ntima y tensa, pol&eacute;mica y parasitaria&ndash; con la capital federal. Un problema que, adem&aacute;s, se acent&uacute;a por cuanto los habitantes de su heterog&eacute;nea geograf&iacute;a social no s&oacute;lo no se sienten bonaerenses sino que tampoco reconocen al conjunto del Gran Buenos Aires como su propio hogar. Demasiado alejado de la fantasmal La Plata y demasiado cercano a la Ciudad Aut&oacute;noma, ese conurbano atrapado en estructuras pol&iacute;ticas e institucionales disfuncionales es un gigante invertebrado que no s&oacute;lo no puede generar sus propios liderazgos sino que &ndash;y esto es much&iacute;simo m&aacute;s perjudicial&ndash; tampoco puede construir su propia agenda de debate y su propia ciudadan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, el problema no es que la dirigencia bonaerense ha fracasado en su tarea frente a la avanzada de los dirigentes porte&ntilde;os sino que tiene ante s&iacute; una misi&oacute;n de cumplimiento imposible. Privada de una esfera p&uacute;blica autocentrada donde los bonaerenses puedan discutir sus temas de inter&eacute;s com&uacute;n, carente de un eje de poder aut&oacute;nomo que unifique las redes pol&iacute;ticas que recorren su extenso y complejo territorio, la provincia de Buenos Aires no tiene manera de gobernarse a s&iacute; misma. Esta minusval&iacute;a pol&iacute;tica tiene muchos aspectos anecd&oacute;ticos pero algunas de sus consecuencias son graves. Pues <strong>la inexistencia de un grupo gobernante bien arraigado en las instituciones de la provincia</strong> &ndash;esto es, la falta de una elite dirigente cuyo destino dependa de un di&aacute;logo fruct&iacute;fero y creativo con su ciudadan&iacute;a, y cuyo proyecto de poder est&eacute; directamente asociado a la promoci&oacute;n de los intereses provinciales&ndash; <strong>ha condenado a Buenos Aires a ser, desde hace muchas d&eacute;cadas, un distrito a la deriva, mal gobernado y peor administrado. </strong>
    </p><p class="article-text">
        En efecto, ser gobernado por dirigentes pol&iacute;ticos que semejan aves de paso tiene costos, y esos costos los pagan los habitantes de Buenos Aires. Ellos son las principales v&iacute;ctimas de un Estado provincial que produce pol&iacute;tica p&uacute;blica de inferior calidad que la que prima en &ndash;para nombrar solo tres ejemplos entre varios posibles&ndash; C&oacute;rdoba, Mendoza o Santa Fe (distritos que han sido gobernados por distintas fuerzas pol&iacute;ticas y que a mediados del siglo XX no eran ni m&aacute;s pr&oacute;speros ni contaban con recursos naturales m&aacute;s abundantes ni con recursos humanos m&aacute;s calificados).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la provincia de Buenos Aires no es gobernada por bonaerenses?&nbsp;A la luz de los argumentos sugeridos en esta nota tal vez sea necesario ir m&aacute;s all&aacute; y hacerse tambi&eacute;n otras preguntas. Quiz&aacute;s haya llegado el momento de discutir abiertamente qu&eacute; tipo de reformas institucionales pueden conectar mejor a los ciudadanos bonaerenses con sus instituciones y sus autoridades y, de este modo, construir un contexto m&aacute;s propicio para enriquecer su vida c&iacute;vica y mejorar la calidad de su pol&iacute;tica p&uacute;blica. &iquest;Dejar las cosas en el lamentable estado en el que est&aacute;n, poner en marcha proyectos de descentralizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n, o dividir esta provincia enorme, atrofiada y cada vez m&aacute;s pobre en distritos m&aacute;s coherentes y m&aacute;s sencillos de gobernar, en los que quiz&aacute;s pueda florecer un Estado m&aacute;s transparente y eficiente, a la vez que m&aacute;s sensible a las demandas ciudadanas? Son preguntas abiertas, no siempre f&aacute;ciles de responder. En todo caso, una vez que la Argentina deje atr&aacute;s la pesadilla de la pandemia y se disponga a mirar hacia adelante, el debate sobre c&oacute;mo construir un mejor Estado en la provincia de Buenos Aires tiene que ingresar de lleno en la discusi&oacute;n sobre el futuro del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>RH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roy Hora]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Sep 2021 04:31:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué la provincia de Buenos Aires es gobernada por porteños?]]></media:title>
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