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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Antipopulismo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/antipopulismo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Antipopulismo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El antipopulismo no existe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/antipopulismo-no-existe_129_8268528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a76beaa-ec63-4a8c-a190-1b56ecc00909_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El antipopulismo no existe"></p><p class="article-text">
        El 7 de julio pasado, el expresidente Mauricio Macri traz&oacute; en pocas palabras una semblanza de las &uacute;ltimas ocho d&eacute;cadas de historia argentina, anhelando que el pa&iacute;s<a href="https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2021/macri-espana-ultimo-gobierno-populista-historia_1_8117745.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> &ldquo;donde comenz&oacute; el populismo en el mundo sea el primero en deshacerse del populismo&rdquo;</a>. Lo que distingue a la Argentina moderna, en ese pensamiento, es la desgracia de una relaci&oacute;n imperfecta entre las masas y la pol&iacute;tica, cifrada en el surgimiento del peronismo en 1945, una forma pol&iacute;tica que inunda la vida p&uacute;blica de emociones venales, y obstaculiza la libertad econ&oacute;mica con una presencia siempre excesiva del Estado. El antipopulismo es la campa&ntilde;a final contra ese terco estorbo nacional.
    </p><p class="article-text">
        El populismo no &ldquo;comenz&oacute;&rdquo; en Argentina. Pero la hip&eacute;rbole est&aacute; justificada en la l&oacute;gica interna de un discurso compartido por amplios sectores de la poblaci&oacute;n. Una curiosidad argentina es el desbalance entre la abultada producci&oacute;n intelectual sobre el peronismo y la escas&iacute;sima obra enfocada en quienes, en nombre de una lucha contra un populismo huidizo y no siempre definido, construyeron una visi&oacute;n integral del pa&iacute;s. Una historia del antipopulismo argentino tiene que ser, sobre todo, un intento por elucidar cu&aacute;les son esas fuerzas y qu&eacute; mirada tienen sobre la naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, y porque el tema parece estar en la cabeza de muchos, la aparici&oacute;n de <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/breve-historia-antipopulismo_1_8076720.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Breve Historia del Antipopulismo</em></a> aviv&oacute; una saludable discusi&oacute;n acerca de qu&eacute; es el antipopulismo. Dentro de esa conversaci&oacute;n, la Revista &Ntilde; del diario <em>Clar&iacute;n </em>public&oacute; dos notas sucesivas fuertemente cr&iacute;ticas del libro. <a href="https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/sepa-ud-peronista-_0_HrZqcxtmu.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una de ellas</a> fue escrita por Roberto Gargarella y presenta algunos puntos importantes para discutir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gargarella plantea dos problemas cruciales a la hora de escribir una historia del antipopulismo: la necesidad de contar con categor&iacute;as claras para saber de qu&eacute; estamos hablando y evitar as&iacute; el riesgo de que el antipopulismo corra la misma suerte que su objeto de ira -el populismo-&nbsp; y se convierta en un &ldquo;concepto arma&rdquo; m&aacute;s apropiado para atacar adversarios pol&iacute;ticos que para revelar una realidad hist&oacute;rica. Comparto ambas preocupaciones; son parte de lo que impulsaron la escritura de &ldquo;Breve historia...&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gargarella sostiene, sin embargo, que en el libro &ldquo;faltan definir&rdquo; los conceptos de populismo y antipopulismo, lo cual &ldquo;le impide determinar con precisi&oacute;n a qu&eacute; nos estamos refiriendo&rdquo;. El riesgo de esa situaci&oacute;n es que el autor &ldquo;invoque o remueva la categor&iacute;a indefinida, conforme a su voluntad o convicciones o prejuicios&rdquo;. Y para explicarlo, compara el uso de una categor&iacute;a aparentemente tan vaga como &ldquo;antipopulismo&rdquo; con el &ldquo;I know it when I see it&rdquo; con el que el juez norteamericano Potter Stewart se refiri&oacute; a la idea de obscenidad en un caso a mediados de los &lsquo;60: no importa tanto la definici&oacute;n, &ldquo;lo s&eacute; cuando la veo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La analog&iacute;a es desafortunada. No tanto por acercarme a Stewart (al fin y al cabo esa frase la pronunci&oacute; para fundamentar su voto contra la idea de censurar la pel&iacute;cula de Louis Malle <em>Los Amantes</em>), sino porque en la comparaci&oacute;n <strong>Gargarella superpone el derecho con la historia, la evidencia con el archivo, la prueba con la conjetura</strong>. Hay razones varias por las que la historia y la discusi&oacute;n p&uacute;blica se rigen por criterios saludablemente distintos a los de un tribunal: sobre todo, la centralidad expl&iacute;cita de la interpretaci&oacute;n. La historia, la del antipopulismo y cualquier otra, es un espacio conjetural. Lo cual no significa que el archivo sea un desparramo arbitrario de trastos viejos, sino la forma en la que una teor&iacute;a social gu&iacute;a una b&uacute;squeda singular entre materiales del pasado para construir un objeto hist&oacute;rico. Gargarella busca una definici&oacute;n que lo exima de esa tarea y deja pasar el marco interpretativo que nos permite reconstruir su presencia obvia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay razones varias por las que la historia y la discusión pública se rigen por criterios saludablemente distintos a los de un tribunal: sobre todo, la centralidad explícita de la interpretación. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Creo que si la historia del antipopulismo es una falta, esa deuda hoy es urgente. Bien dec&iacute;a Tulio Halper&iacute;n Donghi que &ldquo;lo que lo vuelve a uno hacia el pasado es un inter&eacute;s que surge del presente&rdquo;. Ese presente es el de una identidad pol&iacute;tica anclada desde hace medio siglo en la convicci&oacute;n de disciplinar a los sectores sociales que demandan una expansi&oacute;n de derechos econ&oacute;micos y sociales a trav&eacute;s de sindicatos, organizaciones sociales o interacciones con el Estado, y de reeducar su conducta pol&iacute;tica hacia el esfuerzo individual en la superaci&oacute;n econ&oacute;mica y la producci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute;? Del mismo modo que el populismo es un fen&oacute;meno hist&oacute;rico preciso del siglo XX -aquellos movimientos que hasta los a&ntilde;os &rsquo;60 lideraron procesos de expansi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica y social en Am&eacute;rica Latina, a veces de modo autoritario, y sobre todo para los nuevos sectores obreros-, <strong>el antipopulismo emerge en ese mismo periodo y en la Argentina toma formas definidas en las distintas formas de oposici&oacute;n al peronismo</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no hay antipopulismo sin una fuerte filosof&iacute;a de la historia, sin la creencia, v&aacute;lida o no, en que algunas relaciones fundacionales de la Argentina que emerge en 1810 son parte de un proceso que contin&uacute;a en el tiempo no s&oacute;lo hasta hoy sino hasta el ma&ntilde;ana. En su cap&iacute;tulo sobre la historia del bombo peronista, <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/ezequiel-adamovsky/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ezequiel Adamovsky</a> reconstruye la forma en la que el antiperonismo convirti&oacute; al instrumento en s&iacute;mbolo peronista, representaci&oacute;n que ataba a los obreros de posguerra a los negros que rodeaban a Rosas un siglo atr&aacute;s, y que en su reverberaci&oacute;n llevaba a la Argentina a un tiempo premoderno, medieval, all&aacute; donde&nbsp; los espacios privados y la distancia entre los cuerpos a&uacute;n eran terreno fluido. &iquest;Qu&eacute; cohesiona ese tiempo largo, sino el lamento por una insurgencia permanente y la condena a sus perpetradores? Pensando en el devenir de la Revoluci&oacute;n de Mayo, Jorge Luis Borges advert&iacute;a ese recorrido de desperfectos; suger&iacute;a que &ldquo;si se piensa en los caudillos, en Rosas y sus degollinas, en el radicalismo, en el peronismo, uno se ver&iacute;a tentado a considerar que ninguna ventaja compensa tantos errores y tanto dolor.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No hay antipopulismo sin su prehistoria</strong>, sin un pasado convertido en referencia obsesiva de un presente amenazado. Reconstruir, entonces, su prehistoria, es lo que le otorga densidad al discurso antipopulista y permite identificarlo, para evitar as&iacute; las manipulaciones que con raz&oacute;n teme Gargarella.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        A contramano de esa filosof&iacute;a de la historia, lo que aparece en una reconstrucci&oacute;n del antipopulismo, m&aacute;s que las continuidades aparentes, es una conversaci&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo de movimientos pol&iacute;ticos singulares.<strong> De ah&iacute; que durante el siglo XX no haya antipopulismo sino antipopulismos</strong>. A Gargarella le molesta que sean muchos, a Gonzalo Aguilar, en <a href="https://www.clarin.com/revista-enie/antipopulismos-polemico-libro-seman_0_LmATwXpwD.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una cr&iacute;tica</a> que public&oacute; la semana anterior, le molesta que sea uno solo. Cada lectura es un nuevo texto, y uno no puede menos que celebrarlo, pero he aqu&iacute; tres aclaraciones respecto de aquella nota de Aguilar. El autor pone en duda que &ldquo;el antipopulismo sea tan homog&eacute;neo y ahist&oacute;rico como se pretende&rdquo;. La part&iacute;cula impersonal &ldquo;se&rdquo; deja la esperanza de que est&eacute; hablando de otro libro: &ldquo;Breve historia...&rdquo; dice desde su p&aacute;gina 11 que no hay antipopulismo sino antipopulismos, en plural, dedicando las siguientes 255 a mostrar los distintos filamentos de esa idea cr&iacute;tica sobre la relaci&oacute;n entre masas y pol&iacute;tica, muchos incompatibles entre s&iacute;, y los devenires que hicieron del antipopulismo actual un discurso dominante. Aguilar protesta porque &ldquo;Alfons&iacute;n es arrojado al infierno del antipopulismo&rdquo;. No: Alfons&iacute;n -por cuya trayectoria tengo una admiraci&oacute;n personal que hago clara en el libro y mil otros lugares- es rescatado de ese infierno y repuesto como aquel que busca, creo que con &eacute;xito, la refundaci&oacute;n democr&aacute;tica sobre la base de incorporar legados del peronismo de las cuatro d&eacute;cadas previas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, Aguilar tambi&eacute;n se alarma porque &ldquo;Halper&iacute;n Donghi est&aacute; al lado del ide&oacute;logo de la dictadura Jaime Perriaux&rdquo;. Ignoro en este contexto que significa &ldquo;al lado&rdquo;, pero no: &ldquo;Breve historia...&rdquo; intenta el inc&oacute;modo ejercicio de analizar el rol que las humanidades y las ciencias sociales tuvieron en la Argentina de posguerra en la normalizaci&oacute;n de la idea del peronismo como un elemento ileg&iacute;timo, con las consecuencias que Perriaux y otros llevaron al extremo. Si hay un ejercicio al que no era afecto Halper&iacute;n Donghi era la hagiograf&iacute;a. Si hay un legado de su trabajo, es el mandato de estudiar el lugar de los intelectuales no s&oacute;lo en relaci&oacute;n a la historiograf&iacute;a espec&iacute;fica sino en la escena amplia de la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Escribo sobre el libro que tengo enfrente o sobre el libro que tengo en mente?&rdquo;: Aguilar no lo pens&oacute; dos veces. Y, me temo, ni siquiera una.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a Gargarella: en &ldquo;Breve historia...&rdquo; el antipopulismo aparece como filamentos de ideas que inundan el pensamiento de la izquierda, la derecha , el liberalismo y el conservadurismo, girando alrededor de la impert&eacute;rrita centralidad peronista. Las experiencias antipopulistas que florecieron entre 1955 y 1976 desarrollaron, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/antiperonismo-historia-fondo-tiempo_129_8140592.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como bien se&ntilde;ala Mar&iacute;a Esperanza Casullo</a>, &ldquo;un &lsquo;n&uacute;cleo tir&aacute;nico&rsquo; cada vez m&aacute;s violento, que justificaba el &lsquo;&uacute;ltimo recurso&rsquo; necesario para la eliminaci&oacute;n de la enfermedad nacional&rdquo;, una b&uacute;squeda de purificaci&oacute;n insaciable que toma su forma m&aacute;s tr&aacute;gica y mesi&aacute;nica en la dictadura militar de 1976, que superpone a la ret&oacute;rica de la guerra fr&iacute;a la promesa de erradicar &ldquo;la amenaza marxista populista&rdquo;, con la fe puesta en que un pa&iacute;s sin peronismo ni el &ldquo;excesivo peso de los sindicatos en la vida pol&iacute;tica nacional&rdquo; podr&iacute;a retomar una democracia ordenada.&nbsp;Lo que hoy vemos como antipopulismo -esto es, los actores que como Macri y Juntos por el Cambio organizan su mirada de la naci&oacute;n a partir de una cruzada contra el populismo- es el legado de aquel momento refundacional, una fuerza ubicada a la derecha del espectro pol&iacute;tico, cortejando peligrosamente la violencia pol&iacute;tica y la coerci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se reconstruye la historia de esas ideas?
    </p><p class="article-text">
        Gerardo Aboy Carles lo describi&oacute; como &ldquo;la arqueolog&iacute;a de un concepto&rdquo;. Una historia intelectual es una aproximaci&oacute;n a la sociedad y el tiempo que produce esas ideas, esfuerzo que requiere tanta concentraci&oacute;n como apertura, &ldquo;dispersi&oacute;n te&oacute;rica y pluralizaci&oacute;n de criterios&rdquo;, como dice Carlos Altamirano, quiz&aacute;s el mayor historiador intelectual de la Argentina. Macri y sus afirmaciones, un comisario apaleando gremialistas de izquierda y clamando que dejen de hacer populismo, un periodista tratando de descifrar si, efectivamente, Argentina puede tomar la forma de Venezuela, <strong>escenas de una Argentina crispada que s&oacute;lo dejan de ser vi&ntilde;etas si se integran en una historia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para eso importa menos la precisi&oacute;n anal&iacute;tica de los actores que nuestra inteligencia para escuchar lo que est&aacute;n diciendo. Para entender la Argentina reciente, la Europa medieval o la historia precolombina, el punto central de un trabajo hist&oacute;rico -no de un tribunal- sigue siendo c&oacute;mo entender, en base a los materiales que tengamos a mano, lo que los actores de eventos pasados pensaron que estaban haciendo. Una escucha preferencial que nos permita encontrar en el barullo del presente y el remolino del tiempo, aquellos dos elementos que permanecen: 1) &iquest;Existen a lo largo de la historia fuerzas que concibieron su idea de pa&iacute;s alrededor de una condena al populismo como una deformaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de masas?, y 2) &iquest;Hay en esas visiones elementos estables de la idea de pa&iacute;s que se ofrece como superaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a esas dos preguntas son dos categ&oacute;ricos &ldquo;S&iacute;&rdquo;, desplegados a lo largo de la historia del siglo XX y proyectadas a &eacute;ste. Esas fuerzas existen y conciben sus acciones como una lucha contra algo que llaman populismo. Y m&aacute;s all&aacute; de la confusi&oacute;n que puedan tener, evolucionan a lo largo de la historia en trayectorias que &ldquo;Breve historia...&rdquo; reconstruye. Vuelvo al tema del archivo: la construcci&oacute;n, particular pero no arbitraria, de un recorrido en el tiempo hecho de materiales del pasado que recreen una escena a la que no tenemos acceso, para entender cu&aacute;l era el sentido que un partido mao&iacute;sta, una dictadura de extrema derecha, un obrero o un comisario le daban al t&eacute;rmino y c&oacute;mo elaboraban sus diferencias -muchas veces tr&aacute;gicamente- dentro de un lenguaje com&uacute;n disponible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo que le preocupa la vaguedad, a Gargarella le incomoda que &ldquo;Breve historia...&rdquo; no deje al antipopulismo como un concepto flotante y lo presente anclado a movimientos que marcan a la Argentina reciente. As&iacute; las cosas, en la vaguedad conceptual con la que esos movimientos se paran frente a la relaci&oacute;n entre los sectores populares y la pol&iacute;tica, Gargarella se decepciona, pero de un modo conveniente: sin definici&oacute;n (que la hay) ni sujeto(s) hist&oacute;rico(s) (que los hay), el antipopulismo no existe. <em>Ceci n'est pas un antipopulismo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es un problema grave. Su nota est&aacute; presentada como una revisi&oacute;n de &ldquo;la categor&iacute;a acu&ntilde;ada por Ernesto Sem&aacute;n&rdquo;. &ldquo;Breve historia...&rdquo; introduce la centralidad interpretativa que el antipopulismo puede tener en la historia argentina, pero lejos de haber acu&ntilde;ado nada, &eacute;ste es un objeto de estudio creciente en la ciencia pol&iacute;tica y la historia. La aparici&oacute;n casi simult&aacute;nea en Estados Unidos de <em>La gente, No: Una breve historia del antipopulismo</em>, de Thomas Frank, es una muestra elocuente. La sugerencia de que el t&eacute;rmino fue &ldquo;acu&ntilde;ado&rdquo; para la ocasi&oacute;n invita al lector desprevenido a suponer que el tema ha sido forzado, empujado por un capricho, que el antipopulismo no es un objeto de estudio leg&iacute;timo, que sus actores deben permanecer innombrados, descriptos bajo otra luz.
    </p><p class="article-text">
        Lo que tenemos enfrente, en cambio, es un objeto hist&oacute;rico a la espera de ser discutido. El cuidado para no transformar el an&aacute;lisis del antipopulismo en una mera acusaci&oacute;n pol&iacute;tica es fundamental, siempre que no se convierta en una coartada para mantener a esas fuerzas ocultas en los pliegues de la historia, inexplicadas. <strong>En su trayecto y su presente, el antipopulismo emerge como el elefante blanco de la Argentina</strong>. Y aunque pueda entenderse la incomodidad de quienes ven delante suyo la emergencia de un objeto hist&oacute;rico nuevo que los interpele, cuando las pasiones m&aacute;s ardorosas se aplaquen, la necesidad de esta conversaci&oacute;n ser&aacute; evidente. Quiz&aacute;s no pase mucho tiempo para que nos preguntemos no tanto si existe o no una historia del antipopulismo, sino porqu&eacute; nos demoramos tanto en haberla escrito.
    </p><p class="article-text">
        <em>ES</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ernesto Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/antipopulismo-no-existe_129_8268528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Sep 2021 03:03:56 +0000]]></pubDate>
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