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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Yugoslavia]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Yugoslavia]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A 20 años del 11-S, el atentado que borró las fronteras del terror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/20-anos-11-s-atentado-borro-fronteras-terror_1_8292346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4f6eeea-9bab-4c39-9007-fa5cc2a03450_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A 20 años del 11-S, el atentado que borró las fronteras del terror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El múltiple ataque terrorista de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono terminó de configuran un cambio de régimen en el que la política exterior de EEUU legitimó la tortura y los campos de concentración como un recurso más de su política pública.</p></div><p class="article-text">
        Los atentados del 11 de septiembre del 2001 terminaron de configurar un cambio de r&eacute;gimen reci&eacute;n ocho a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Fue el 16 de abril de 2009, de forma mucho menos espectacular que la de los aviones estrellados contra las Torres Gemelas y el Pent&aacute;gono, cuando el presidente Barack Obama anunci&oacute; que no impulsar&iacute;a el juicio a los responsables de la represi&oacute;n ilegal en la lucha contra el terrorismo desatada durante la gesti&oacute;n de su predecesor, George W. Bush, dejando en los hechos a la tortura y al despliegue de la red global de campos de concentraci&oacute;n m&aacute;s grande de la historia no como un crimen, sino como un recurso m&aacute;s de la <a href="https://www.hrw.org/news/2015/02/05/obama-counterterror-ignored-record" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;tica p&uacute;blica</a>. &ldquo;Este es un tiempo de reflexi&oacute;n, no de venganza&rdquo;, <a href="https://www.politico.com/story/2009/04/obama-memo-release-weighty-decision-021329" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dijo</a>, enfatizando que en un tiempo de &ldquo;grandes desaf&iacute;os y de una desuni&oacute;n perturbadora, no ganaremos nada en gastar tiempo y energ&iacute;a en culpar a otros por el pasado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La amnist&iacute;a de hecho no dej&oacute; atr&aacute;s la desuni&oacute;n perturbadora</strong>, que en cambio entrar&iacute;a en un espiral delirante y sin l&iacute;mite -como la guerra contra el terrorismo que Obama acababa de condonar- organizada contra &eacute;l mismo, su persona, su raza, su gobierno, la vida en comunidad por sobre los derechos individuales o los fantasmas que todo eso avivaba y que segu&iacute;an vitales hasta enero de este a&ntilde;o, cuando grupos de ultraderecha atacaron el congreso norteamericano: al menos <a href="https://eu.usatoday.com/storytelling/capitol-riot-mob-arrests/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una decena</a> de los acusados por los ataques son Marines que participaron en las guerras desatadas tras la ma&ntilde;ana del 11 de septiembre. Todo vuelve, pero esta vez, la guerra contra el terror -col&eacute;rica y desprovista de las primaveras redentoras fundadas en la visual de la liberaci&oacute;n de Europa durante la Segunda Guerra Mundial- volv&iacute;a a casa como una estaci&oacute;n final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para poder terminarse el 11 de septiembre del 2001, el siglo XX hab&iacute;a tenido que empezar a terminar en 1999 durante el bombardeo a Yugoslavia. A fines de marzo de ese a&ntilde;o, yo caminaba por la explanada de Brooklyn que se vuelca sobre el r&iacute;o frente a las Torres Gemelas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Alguien, un hombre grande cuya vida hab&iacute;a coincidido con los a&ntilde;os de expansi&oacute;n y apogeo de los Estados Unidos, le&iacute;a el <em>New York Post</em> anunciando el bombardeo. &ldquo;Belgrado arde&rdquo;. Los bombardeos a Yugoslavia fueron la &uacute;ltima estaci&oacute;n para subirse al tren de la guerra justa antes de la parada final en Afganist&aacute;n. La masacre de Srebrenica de 1995 contra los musulmanes de Bosnia fue el primer genocidio que vivi&oacute; Europa despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial y la plataforma desde la cual un arco de pensadores e intelectuales alineados con la izquierda norteamericana se volcaron hacia el intervencionismo. Christopher Hitchens, el escritor que ven&iacute;a de oponerse a la intervenci&oacute;n en Nicaragua y que muchos segu&iacute;amos con inter&eacute;s, ve&iacute;a ahora en los neoconservadores a los &uacute;nicos que afirmaban sin ambages que hab&iacute;a que intervenir, impedir otro genocidio y poner fin al r&eacute;gimen desp&oacute;tico de Slobodan Milo&scaron;evi&#263;. La noci&oacute;n de que los Balcanes eran un territorio atrasado lleno de gente demente y salvaje -sobre la cual se montaba no el horror ante el genocidio sino el entusiasmo por la respuesta- era vital, fundacional, un ancestro inmortal del entusiasmo expansionista norteamericano. &ldquo;<em>Belgrade Burns</em>&rdquo;, le&iacute;a un anciano frente a las torres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Nueva Jersey, al otro lado del Hudson, al otro lado de las torres, otros tres ancianos saludaban en esos mismos d&iacute;as el crep&uacute;sculo de una &eacute;poca irrepetible.&nbsp;
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        El final de esa era se sintetiza en el verano del 98, cuando, como escribi&oacute; Philip Roth en el comienzo de <em>La Mancha Humana</em>, &ldquo;de un extremo a otro de Norteam&eacute;rica se desataba una org&iacute;a de religiosidad y pureza, cuando al terrorismo, que hab&iacute;a sustituido al comunismo como la amenaza predominante para la seguridad del pa&iacute;s, le sucedi&oacute; la mamada y un presidente de mediana edad, viril y de aspecto juvenil, y una empleada de veinti&uacute;n a&ntilde;os, temeraria y enamorada de &eacute;l, se comportaron en el Sal&oacute;n Oval como dos adolescentes en un estacionamiento&rdquo;. La moral fue el portaviones desde el que Hitchens y millones de norteamericanos despegaron para siempre de las guerras justas fundadas en la derrota al nazismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y fue el mismo portaviones en el que aterrizaron dos a&ntilde;os despu&eacute;s. En la ma&ntilde;ana del 11 de septiembre del 2001, la caravana que llevaba a Bush a un acto en una escuela primaria en Sarasota, en el estado de Florida, fue recibida con carteles de protesta a lo largo de la ruta: contra la elecci&oacute;n que Bush hab&iacute;a perdido en el voto popular y la Corte Suprema le concedi&oacute; m&aacute;s tarde y contra el da&ntilde;o ambiental de su administraci&oacute;n. Pasado y futuro. Desde la explanada de Brooklyn los aviones estrell&aacute;ndose contra las torres aparec&iacute;an con tanta claridad que uno hubiera jurado que hab&iacute;a visto antes la escena. O quiz&aacute;s esos hierros ardiendo ten&iacute;an alg&uacute;n parecido a la tapa del <em>Post</em> de dos a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando ardi&oacute; Belgrado. O quiz&aacute;s lo que desconcertaba era que los que mir&aacute;bamos con incredulidad, casi con pudor al comienzo, segu&iacute;amos siendo los mismos, no como Hitchens, no como todos los que vendr&iacute;an. Como dec&iacute;a Atahualpa Yupanqui, &ldquo;cada cual cree que no cambia/y que cambian los dem&aacute;s&rdquo;.
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        Horas despu&eacute;s, cuando ya todos estaban muertos y el gobierno se dispon&iacute;a a anunciar el futuro, desde las torres segu&iacute;an cayendo papelitos y cenizas que se agolpaban en la ventana, impresiones de formularios comidos por el fuego, planillas de Excel con cuentas sin terminar.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;ation Program Manager. HNTB&rdquo;, &ldquo;w Jersey&rdquo;, parte de un gr&aacute;fico de la autoridad de transporte de Nueva York y Nueva Jersey con la frecuencia horaria matinal, &ldquo;Investigator O&rsquo;Brian&rdquo;, &ldquo;119.53&rdquo;, &ldquo;Order total: &pound; 1.864 24&rdquo;. Que el fuego estuviera consumiendo las finanzas desde sus entra&ntilde;as pod&iacute;a ser una mala met&aacute;fora, pero de todos modos no dejaban de volcarse desde el cielo consumidas para que todo un pa&iacute;s las viera.
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        En 1952, Roger Vailand inici&oacute; una campa&ntilde;a contra las heladeras. En un art&iacute;culo en <em>La Tribune des Nations</em>, el novelista franc&eacute;s<em> </em>dec&iacute;a que en un pa&iacute;s &ldquo;como Francia donde -salvo durante dos meses al a&ntilde;o y no todos los a&ntilde;os- hace tanto fr&iacute;o que con una hielera en la ventana alcanza para mantener la carne durante el fin de semana o m&aacute;s, la heladera es un s&iacute;mbolo de mistificaci&oacute;n norteamericana&rdquo;. La referencia estaba perdida en un libro infinito, amable: pie de p&aacute;gina 13, p&aacute;gina 338, &ldquo;Postwar&rdquo;, del historiador brit&aacute;nico Tony Judt.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Pero en medio de la Guerra contra el Terror, llegando al 2010, un estudiante m&iacute;o en la New York University empez&oacute; a tirar del hilo de la frase para escribir su trabajo final bajo la pregunta: &ldquo;&iquest;Y si Vailand ten&iacute;a raz&oacute;n?&rdquo; Quiz&aacute;s estaba errado en el largo plazo, como todo el mundo. Quiz&aacute;s Vailand hab&iacute;a visto algo. No respecto al fr&iacute;o franc&eacute;s, pero s&iacute; a las fuerzas que configuraban la cultura moderna desde el final de la guerra hasta el final de las torres. Europa se incorporaba al confort de masas y Jap&oacute;n redactaba bajo la ocupaci&oacute;n norteamericana una constituci&oacute;n moderna y liberal que garantizaba el voto universal para hombres y mujeres y sacud&iacute;a los cimientos de una sociedad tradicional. Escribiendo sobre Woodrow Wilson, el historiador William Appleman Williams dec&iacute;a que &ldquo;el reformista como expansionista ser&iacute;a m&aacute;s exitoso que el conservador como expansionista&rdquo;. La articulaci&oacute;n de las necesidades dom&eacute;sticas norteamericanas con el ideario pol&iacute;tico que el pa&iacute;s buscaba propagar afuera eran dos cosas distintas pero que conflu&iacute;an en algo mucho m&aacute;s altivo que el mero &ldquo;inter&eacute;s nacional&rdquo;. Vencedores, vencidos, clientes, votantes, el combo de heladeras y democracia hab&iacute;a llegado con la misma onda expansiva que la bomba at&oacute;mica, tal como lo imagin&oacute; Vailand, para renovar la faz de la tierra.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Resulta interesante la forma en la que, en inglés, esa guerra se declaraba contra “el terrorismo” [terrorism] pero se denominaba “contra el terror” [the war on terror], una guerra mucho más ambiciosa, retorcida, interna e inacabable, como terminó siendo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s entonces <strong>una nueva cronolog&iacute;a</strong>, una m&aacute;s, arranca en 1945 y termina en 1999, el largo periodo del triunfo moral. La legalizaci&oacute;n de la tortura como parte de la guerra contra el terror posterior al 11 de septiembre es otro terreno, otra cancha en la que el pasto creci&oacute;, sin embargo, sobre tierra conocida. Siempre me result&oacute; interesante la forma en la que, en ingl&eacute;s, esa guerra se declaraba contra &ldquo;el terrorismo&rdquo; [terrorism] pero se denominaba<strong> &ldquo;contra el terror&rdquo;</strong> [the war on terror], una guerra mucho m&aacute;s ambiciosa, retorcida, interna e inacabable, como termin&oacute; siendo. A la hora de encabezar la represi&oacute;n transnacional que dio forma a la primera d&eacute;cada del siglo, el gobierno de Bush no recurri&oacute; a nadie con experiencia en Medio Oriente, o que hablara &aacute;rabe o alguno de los idiomas de la regi&oacute;n o tuviera alg&uacute;n contacto con el mundo musulm&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
         El jefe del Centro Antiterrorista de la CIA durante esos a&ntilde;os, se&ntilde;alado como un actor central en el desarrollo de los programas de torturas, se llamaba Jos&eacute; A. Rodr&iacute;guez. Nacido en Puerto Rico, Rodr&iacute;guez ingres&oacute; a la CIA en 1976 y desde entonces fue miembro de la &ldquo;Divisi&oacute;n Am&eacute;rica Latina&rdquo;, que seg&uacute;n reportaron los medios en ese entonces estuvo a cargo de &ldquo;las tareas m&aacute;s &aacute;speras de la agencia&rdquo;, que colabor&oacute; activamente con el despliegue del terrorismo de Estado en la regi&oacute;n, primero contra organizaciones pol&iacute;ticas durante la Guerra Fr&iacute;a y luego en un espectro social m&aacute;s amplio en la guerra contra las drogas. Su nombre aparece asociado a las pr&aacute;cticas que el mundo conoci&oacute; tras las denuncias sobre las <a href="https://www.thetorturedatabase.org/document/ar-15-6-investigation-800th-military-police-investigating-officer-mg-antonio-taguba-taguba-" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">torturas en la prisi&oacute;n iraqu&iacute; de Abu Ghraib</a>: Inyecci&oacute;n de humus por el recto, fracturas de huesos y otros miembros, acoso sexual, falta de sue&ntilde;o, fr&iacute;o y calor intensos, simulacros de fusilamientos, perros, golpes, muerte. Que el <em>expertise</em> para liderar aquella guerra no tuviera nada que ver con Irak y Afganist&aacute;n y tuviera todo que ver con la construcci&oacute;n de una pesadilla pudo bastar para anticipar el final de la aventura en Kabul hace muy pocas semanas.
    </p><h3 class="article-text">Latinoamerica como laboratorio</h3><p class="article-text">
        Am&eacute;rica Latina, reconstruida tras el paso de los varios Jos&eacute; A. Rodr&iacute;guez que asolaron la regi&oacute;n, fue, que se sepa hasta hoy, el &uacute;nico continente que no particip&oacute; del despliegue de centros clandestinos de detenci&oacute;n (o black holes), ni cedi&oacute; territorio para esos centros ni abri&oacute; su espacio a&eacute;reo para el transporte de detenidos. El 12 de marzo de 2003, el presidente de Chile, Ricardo Lagos, le comunic&oacute; a Bush que <a href="https://www.jstor.org/stable/pdf/24311784.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no dar&iacute;a su voto</a> en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para intervenir en Irak. Sin el voto chileno, la posibilidad de aprobar esa resoluci&oacute;n se desvaneci&oacute;. Apenas siete d&iacute;as despu&eacute;s, una coalici&oacute;n de Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Polonia invadi&oacute; Irak sin la autorizaci&oacute;n de las Naciones Unidas y contra un rechazo masivo alrededor del mundo. Lagos, que no era precisamente el Che Guevara resucitado, hab&iacute;a arriesgado las conversaciones chilenas alrededor de la creaci&oacute;n de un Tratado de Libre Comercio y hab&iacute;a logrado dejar el ataque norteamericano al margen del marco legal del sistema de Naciones Unidas. Fue el anticipo de un cisma que se acentuar&iacute;a dos a&ntilde;os m&aacute;s tardes, cuando los presidentes de la regi&oacute;n reunidos en Mar del Plata rechazaron de forma definitiva la presi&oacute;n de Bush para crear el &Aacute;rea de Libre Comercio Americana (ALCA). Eso fue en el 2005, y faltaban 12 a&ntilde;os para que el comercio de la regi&oacute;n con China (con enormes variaciones por pa&iacute;s y sector) <a href="https://www.hellenicshippingnews.com/in-latin-america-a-biden-white-house-faces-a-rising-china/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">superara al comercio con Estados Unidos</a>, introduciendo a la regi&oacute;n en desaf&iacute;os nuevos. Si Am&eacute;rica Latina es, como bien sostiene Greg Grandin, <a href="https://www.thenation.com/article/archive/misery-made-me-fiend-latin-america-and-torture-report/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el laboratorio de experimentaci&oacute;n</a> de las pol&iacute;ticas imperiales, lo es tambi&eacute;n por el complejo sistema de ideas, tradiciones e historias que ofrecen resistencia. La lejan&iacute;a desinteresada con la que vivi&oacute; la Guerra contra el Terrorismo en las primeras dos d&eacute;cadas de este siglo mostraban algo de aquella terquedad.
    </p><p class="article-text">
        La CIA -creada en 1947 usando en parte como modelo las actividades del FBI en Am&eacute;rica Latina durante la guerra a sugerencia del ex embajador en Argentina, Spruille Braden- colabor&oacute; durante la Guerra Fr&iacute;a en la creaci&oacute;n de aparatos estatales parapoliciales con el foco puesto en la protesta social, considerada como un campo f&eacute;rtil para la expansi&oacute;n del comunismo. Muchos movimientos nacionalistas, incluyendo el peronismo en Argentina, fueron blanco inmediato de ese celo, a&uacute;n si profesaban su propia variante de anticomunismo. Es imposible contar la historia pol&iacute;tica de la regi&oacute;n sin contemplar ese filamento particular de la presencia norteamericana en la regi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el 2016, yo ense&ntilde;aba historia en la Universidad de Richmond. Esa historia. Richmond es la capital del Estado de Virginia, y en un radio de unos 200 kil&oacute;metros alrededor se encuentran todas las agencias de inteligencia del pa&iacute;s. En el aula est&aacute;n los hijos de todas ellas, de modo que result&oacute; natural que cuando lleg&oacute; el turno de hablar de la revoluci&oacute;n nicarag&uuml;ense y de la colaboraci&oacute;n de la CIA con la Contra en el minado de puertos, uno de los estudiantes se acercara al final de la clase para preguntarme si pod&iacute;a hacer su trabajo final sobre este punto, ya que su padre hab&iacute;a participado personalmente del minado: fue un caso singular de historia oral, y uno de los mejores trabajos de ese a&ntilde;o. En una de las &uacute;ltimas semanas del semestre, la clase sobre los atentados del 11 de septiembre del 2001 y Am&eacute;rica Latina nos llevaba a hablar, entre otras cosas, de Jos&eacute; A. Rodr&iacute;guez, de la experiencia hist&oacute;rica, del uso de fuentes primarias. El final de una de esas clases, era un martes, llev&oacute; a una conversaci&oacute;n agitada pero amable sobre el uso de la tortura. Suger&iacute; que la mera posibilidad de discutir los beneficios de m&eacute;todos inhumanos como parte de una pol&iacute;tica p&uacute;blica era un retroceso en la forma de entender una sociedad democr&aacute;tica. Mi interlocutora me dijo algo que ya hab&iacute;amos discutido en un texto anterior: que ese era el costo que hab&iacute;a que pagar afuera para mantener la democracia adentro. Respond&iacute; que ni siquiera ese l&iacute;mite cuestionable estaba tan claro. Asintiendo, y con una elocuencia que exced&iacute;a su propio registro de la magnitud anal&iacute;tica por apuntar, resumi&oacute; el final de una era.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el 11 de septiembre, dijo, &ldquo;el afuera <em>es </em>adentro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;O dijo &ldquo;est&aacute;&rdquo; adentro? Como en el ingl&eacute;s el verbo es el mismo (&ldquo;is&rdquo;), quedar&aacute; para siempre la duda sobre la extensi&oacute;n insondable de esa transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El jueves siguiente, al llegar al aula unos minutos antes de que comenzara la clase, vi que en cada una de las mesas, delante de las sillas de los estudiantes, hab&iacute;a un papel blanco. Tambi&eacute;n hab&iacute;a uno en mi escritorio: Era un folleto de reclutamiento de la CIA. A doble p&aacute;gina color, la agencia enfatizaba la necesidad de recoger informaci&oacute;n sobre &ldquo;pr&aacute;cticamente cualquier cosa que contribuya o tenga un impacto en asuntos mundiales&rdquo;. &ldquo;La inestabilidad puede llevar a la revuelta social&rdquo;, advert&iacute;a por experiencia. &ldquo;Terrorismo&rdquo;, &ldquo;terror&rdquo; o &ldquo;guerra contra el terror&rdquo;, &ldquo;atentados&rdquo;, no aparec&iacute;an en ning&uacute;n lugar del texto.&nbsp; 
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        <em>ES</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ernesto Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/20-anos-11-s-atentado-borro-fronteras-terror_1_8292346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 05:09:32 +0000]]></pubDate>
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