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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - WeWork]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - WeWork]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fiesta interminable, un joven excéntrico y números trucados: el unicornio que pasó de ser la promesa de Wall Street a fundirse en seis semanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fiesta-interminable-joven-excentrico-numeros-trucados-unicornio-paso-promesa-wall-street-fundirse-seis-semanas_1_8293547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e82a3b4-1b53-404f-ae85-29f3c6b42362_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiesta interminable, un joven excéntrico y números trucados: el unicornio que pasó de ser la promesa de Wall Street a fundirse en seis semanas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En cada entrega, perfiles de grandes falsificadores, simuladores, artistas del engaño, infiltrados, estafadores profesionales y otros tramposos audaces.</p><p class="subtitle">Caída y resurrección de la periodista estrella que prefería “retocar” datos de sus crónicas y se convirtió en una destacada poeta</p></div><p class="article-text">
        Hace la pausa en el momento justo, como todas las personas que tienen facilidad para hablar y conquistar multitudes.<strong> Entonces fija la mirada en el horizonte para imprimirle una p&aacute;tina de profundidad a sus palabras, que fluyen de su boca como si fueran espont&aacute;neas, aunque est&aacute;n estudiadas al mil&iacute;metro</strong>: &ldquo;La pr&oacute;xima revoluci&oacute;n ser&aacute; la revoluci&oacute;n del nosotros&rdquo;, dispara y el p&uacute;blico a&uacute;lla encendido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2010 <strong>Adam Neumann</strong>, el CEO de WeWork, era uno de esos personajes a los que buena parte de Wall Street y la &eacute;lite financiera de los Estados Unidos prestaba atenci&oacute;n. Despu&eacute;s de la debacle de 2008, la mirada estaba puesta en las empresas tecnol&oacute;gicas, que luc&iacute;an como una promesa de salvaci&oacute;n, el futuro de una econom&iacute;a global tambaleante, en manos de j&oacute;venes audaces que circulaban entre oficinas vidriadas y cafeter&iacute;as modernas. <strong>La empresa de este hombre carism&aacute;tico y algo exc&eacute;ntrico, que ven&iacute;a a cambiar para siempre la historia de las relaciones laborales del mundo, era supuestamente una de esas elegidas, un unicornio, un faro que lleg&oacute; a valer miles de millones de d&oacute;lares.</strong> Hasta que se revel&oacute; su verdadera naturaleza y se encamin&oacute;, tambi&eacute;n imparable, hacia el derrumbe.
    </p><h3 class="article-text">Los comienzos</h3><p class="article-text">
        Tal como relata el periodista <strong>Derek Thompson</strong> en el documental<em> WeWork Or the Making and Breaking of a $47 Billion Unicorn</em> (Hulu, 2021), <strong>el auge de un personaje como Neumann se dio pasada la crisis de 2008, cuando el universo de los negocios se encandil&oacute; de alguna manera con el llamado &ldquo;tecno-optimismo&rdquo;</strong> que ofrec&iacute;an los gigantes de entonces, con Facebook, Google y otros titanes que tra&iacute;an novedad y tambi&eacute;n un relato tentador sobre sus actividades.
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            </figure><p class="article-text">
        El mercado ten&iacute;a entonces una fe ciega en estos supuestos emprendedores que con inversiones m&iacute;nimas al inicio de sus actividades recaudaban en poco tiempo millones. &ldquo;Ibas a ser recompensado si pod&iacute;as articular una visi&oacute;n de tu empresa que no fuera solamente ganar plata sino cambiar el mundo&rdquo;, analiza Thompson en el largometraje dirigido por <strong>Jed Rothstein</strong>. El experto sintetiza que estas empresas representaban &ldquo;algo hermoso sobre el futuro de la humanidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de WeWork y de Neumann lo que ofrec&iacute;an era <strong>&ldquo;revolucionar la forma en que trabajan las personas y las empresas&rdquo;</strong>, para lo que montaban espacios de coworking modernos, llenos de l&aacute;mparas de dise&ntilde;o, escritorios compartidos y sillones mullidos que alquilaban a peque&ntilde;os y grandes emprendedores cansados de &ldquo;la cultura de la oficina&rdquo; de los &lsquo;80 y los &lsquo;90. Flexibilidad, espacios comunes, idilio freelancista y convivencia aspiracional: <strong>trabajar sin aparentar que se trabaja</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proyecto empez&oacute; con un peque&ntilde;o edificio en el SoHo de Nueva York, que el propio Neumann se encarg&oacute; de elegir y dise&ntilde;ar. <strong>Con el correr de los meses, WeWork lleg&oacute; a tener decenas de espacios en alquiler en Estados Unidos y alrededor del mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Neumann naci&oacute; en Tel Aviv, en 1979. Seg&uacute;n relat&oacute; en numerosas entrevistas, como sus padres se separaron cuando era peque&ntilde;o, lleg&oacute; a vivir en 13 ciudades distintas durante su infancia. Pero, tambi&eacute;n seg&uacute;n cont&oacute; cuando era el hombre del momento, cuando todav&iacute;a llegaba a las tapas de revistas por su exitoso emprendimiento, <strong>la experiencia que m&aacute;s lo marc&oacute; fue la de haber vivido en un kibutz muy cerca de la Franja de Gaza</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Neumann llegó a Nueva York con 23 años y se fascinó con el estilo de vida de la gran ciudad"
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            <span class="title">
                Neumann llegó a Nueva York con 23 años y se fascinó con el estilo de vida de la gran ciudad                            </span>
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        Esa idea de vivir y producir en comunidad fue la inspiraci&oacute;n para WeWork, que lleg&oacute; a definir como &ldquo;un kibutz capitalista&rdquo;<strong>. La idea germinaba en su cabeza hasta que decidi&oacute; establecerse en los Estados Unidos e insertarse en el mundo de los negocios. Prob&oacute; primero con una idea que result&oacute; fallida: dise&ntilde;&oacute; e intent&oacute; comercializar rodilleras acolchonadas para beb&eacute;s que empiezan a gatear a las llam&oacute; Krawlers.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fracaso no lo fren&oacute;. Amante del estilo de vida neoyorkino, fue por m&aacute;s y a comienzos de 2008 se asoci&oacute; con <strong>Miguel McKelvey</strong> otro joven que, como &eacute;l, hab&iacute;a crecido en una comunidad rural, pero en Oregon. Juntos le dieron vuelta al concepto de <em>coworking </em>y se pusieron en acci&oacute;n. En poco tiempo la empresa fue un suceso y por casi una d&eacute;cada fueron sin&oacute;nimo de creatividad y &eacute;xito.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Neumann nació en Tel Aviv, en 1979. Según relató en numerosas entrevistas, como sus padres se separaron cuando era pequeño, llegó a vivir en 13 ciudades distintas durante su infancia.</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Auge</h3><p class="article-text">
        A medida que incorporaban m&aacute;s edificios en alquiler, Adam y su socio contrataban a m&aacute;s trabajadores, que se entusiasmaban por formar parte de una empresa innovadora. Algunos expertos llegaron a comparar el comportamiento de Neumann y sus empleados con el de un culto.<strong> De hecho, con el paso de los a&ntilde;os, el joven fue convirti&eacute;ndose cada vez m&aacute;s en un referente, que brindaba charlas motivacionales y hablaba de su misi&oacute;n en la vida: &ldquo;Elevar la conciencia del mundo&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; entonces el primer WeWork Summer Camp, una fiesta interminable para quienes formaban parte de la empresa, y le siguieron varios. En cada uno de estos eventos, que llegaban a durar 72 horas, no faltaban litros de alcohol, juegos de todo tipo, lujo, DJ&rsquo;s a toda hora, baile cerca de la playa y excesos.
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                Cuando la empresa comenzó a crecer empezaron los célebres WeWork Camps.                            </span>
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        Uno de los asistentes al primer campamento lo define en el documental de Rothstein de manera muy graciosa:<strong> &ldquo;Fue el Fyre Festival, pero bien hecho&rdquo;, </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/fraude-fiesta-vip-isla-bahamas-recuerdo-pablo-escobar-estafa-millonaria_129_8055370.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en referencia a la c&eacute;lebre fiesta VIP que termin&oacute; en desastre</a>. Tambi&eacute;n all&iacute; el ex abogado principal de la empresa asegura: &ldquo;<strong>Pod&iacute;as beber hasta el fin de los d&iacute;as&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, el sector de WeWork dedicado a la organizaci&oacute;n de estas fiestas, que inclu&iacute;an siempre discursos de Neumann, presentaciones distendidas y euforia, lleg&oacute; a tener mucho peso para la empresa.
    </p><p class="article-text">
        Tanto despliegue empez&oacute; a llamar la atenci&oacute;n de los expertos en el tema y de algunos medios. <strong>&iquest;Solamente a partir del subalquiler de espacios de trabajo Neumann y su gente consegu&iacute;an lo millones de d&oacute;lares que aparentaban tener? &iquest;Se trataba de una empresa tecnol&oacute;gica si lo que ofrec&iacute;an estaba m&aacute;s vinculado con el rubro inmobiliario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Neumann se enojaba ante esta pregunta y repet&iacute;a una y otra vez: &ldquo;No somos una empresa del rubro inmobiliario. Somos una comunidad de creadores&rdquo;. A veces tambi&eacute;n optaba por otra expresi&oacute;n curiosa: &ldquo;econom&iacute;a colaborativa para el uso del espacio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En algunas presentaciones lleg&oacute; a afirmar que WeWork no compraba las propiedades en las que se instalaba, sino que las alquilaba y las pon&iacute;a en condiciones para sus clientes. <strong>Hacia 2014, cuando la empresa lleg&oacute; a cotizar 5 mil millones de d&oacute;lares, WeWork se convirti&oacute; en el mayor arrendatario de Nueva York</strong> y su fundador no escatimaba en gastos. Se mov&iacute;a en costos&iacute;simos jets privados, viv&iacute;a de noche, se rodeaba de j&oacute;venes que lo idolatraban, aprovechaba cada ocasi&oacute;n para se&ntilde;alar que su esposa Rebekah era prima de la actriz <strong>Gwyneth Paltrow</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Adam y su esposa Rebekah en pleno auge de WeWork"
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                Adam y su esposa Rebekah en pleno auge de WeWork                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El crecimiento desmedido de WeWork empez&oacute; a ser objeto de estudio de algunos acad&eacute;micos: <strong>los llamados inversores de capital de riesgo se acercaban a la empresa con entusiasmo y no paraban de poner dinero</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2016 WeWork lleg&oacute; a obtener financiaci&oacute;n por 430 millones de d&oacute;lares, mientras que los expertos valuaban a la firma en 16.000 millones. Esto intrigaba al mundo de los negocios: <strong>la valuaci&oacute;n del emprendimiento de Neumann crec&iacute;a como la de una gigante tecnol&oacute;gica, cuando los negocios del rubro inmobiliario suelen tener ciclos mucho m&aacute;s lentos y estables</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como se supo tiempo despu&eacute;s, no hab&iacute;a en la oferta de la empresa ninguna pata innovadora desde sus herramientas tecnol&oacute;gicas: los inquilinos ni siquiera usaban una red interna de contactos que WeWork ofrec&iacute;a y tampoco hac&iacute;an uso de un sistema de oferta de empleos exclusiva. <strong>Apenas usaban las salas para reuniones y con el tiempo la rotaci&oacute;n de los usuarios se hizo cada vez m&aacute;s grande</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n define el experto y profesor de Marketing por la NYU School of Business <strong>Scott Galloway</strong>, WeWork fue &ldquo;la empresa privada m&aacute;s sobrevalorada del mundo&rdquo;. Algo que pocos se animaban a ver en medio del entusiasmo que generaban el carism&aacute;tico Neumann y sus seguidores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las fiestas de la empresa segu&iacute;an, su CEO aseguraba en entrevistas que WeWork era totalmente rentable y hasta lleg&oacute; a encarar un proyecto m&aacute;s ambicioso</strong>: una serie de edificios llamados WeLive con el mismo esp&iacute;ritu comunitario que su iniciativa m&aacute;s preciada, y una futura escuela bajo el nombre de WeGrow, que ofrecer&iacute;a &ldquo;un nuevo enfoque de vida&rdquo; para ni&ntilde;os y tambi&eacute;n para adultos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El crecimiento desmedido de WeWork empezó a ser objeto de estudio de algunos académicos: los llamados inversores de capital de riesgo se acercaban a la empresa con entusiasmo y no paraban de poner dinero. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tal como revela la periodista del Wall Street Journal <strong>Maureen Farrell</strong>, hacia 2017 Neumann debi&oacute; acudir a una sofisticada ingenier&iacute;a financiera y a artima&ntilde;as a la hora de presentar los n&uacute;meros de WeWork ante nuevos inversores. <strong>Algo no terminaba de cerrar, entonces el fundador de la empresa decidi&oacute; inventar sus m&eacute;tricas propias, &ldquo;una especie de alucinaci&oacute;n consensual&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es entonces cuando Neumann decide entrar en contacto la poderosa entidad japonesa SoftBank que inyecta algo de dinero a WeWork. <strong>Entonces, la red de coworking llega a su r&eacute;cord, con una valuaci&oacute;n de 47.000 millones de d&oacute;lares.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pese a esos n&uacute;meros impactantes, las p&eacute;rdidas se multiplicaban y <strong>Neumann le pidi&oacute; a Softbank que invirtiera unos 20 mil millones de d&oacute;lares para convertirse en el socio mayoritario de su empresa</strong>. Seg&uacute;n se calcul&oacute; despu&eacute;s, por estos tiempos WeWork &ldquo;quemaba&rdquo; 100 millones de d&oacute;lares por semana en p&eacute;rdidas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Neumann fue rechazado por Softbank e intentó que su empresa saliera a buscar inversores en la Bolsa                            </span>
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        Mientras se encontraba en una lujosa casa de Hawaii, durante la Nochebuena de 2018 <strong>Adam Neumann se enter&oacute; de la peor de las noticias: Softbank se retiraba de los negocios compartidos y ya no quer&iacute;a invertir m&aacute;s en WeWork.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin acuerdo, el empresario decidi&oacute; entonces que su empresa estaba lista para buscar dinero por otro lado:<strong> volverse p&uacute;blica, como se dice en la jerga o salir a Bolsa. </strong>Pero para esto, tal como exigen las entidades financieras estadounidenses, WeWork deb&iacute;a presentar informaci&oacute;n certera de sus finanzas y de su actividad a sus potenciales inversores.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lejos de eso, Neumann prefiri&oacute; exhibir un material que provoc&oacute; la risa de los expertos. <strong>&ldquo;Nuestra misi&oacute;n es elevar la conciencia del mundo&rdquo;, propon&iacute;a en un texto, que deb&iacute;a ser t&eacute;cnico y lleno de n&uacute;meros.</strong> &ldquo;Ofrecemos a nuestros miembros acceso flexible a espacios bonitos, una cultura de inclusividad y la energ&iacute;a de una comunidad inspirada. Esto va dedicado a la energ&iacute;a del nosotros. M&aacute;s grande que cualquiera de nosotros, pero dentro de cada uno de nosotros&rdquo;, conclu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La presentaci&oacute;n inclu&iacute;a vaguedades y los especialistas concluyeron en que esos papeles eran &ldquo;impresentables&rdquo;.<strong> As&iacute; empez&oacute; la ca&iacute;da, un colapso financiero que no tuvo fin y que dej&oacute; a m&aacute;s de 6 mil personas desempleadas en cuesti&oacute;n de d&iacute;as.</strong>
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                    alt="Neumann intentó convencer a inversores de Wall Street pero no tuvo suerte y debió renunciar a su rol como CEO"
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                Neumann intentó convencer a inversores de Wall Street pero no tuvo suerte y debió renunciar a su rol como CEO                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Entonces comenzaron a salir varios art&iacute;culos period&iacute;sticos sobre el caso de <strong>la empresa que pas&oacute; de una valuaci&oacute;n de 47 mil millones de d&oacute;lares a la bancarrota en apenas seis semanas y la cara de Neumann lleg&oacute; a los principales medios de su pa&iacute;s.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n corporativa fue entonces correr a Neumann de su puesto de CEO y hacer una limpieza total de la compa&ntilde;&iacute;a. <strong>Pero esto implic&oacute; que el empresario se quedara con una importante suma en concepto de compensaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El enojo de los empleados, que antes lo hab&iacute;an admirado como a un gran l&iacute;der, se hizo notar. <strong>Ya no hab&iacute;a &ldquo;we&rdquo; ni la idea de comunidad que antes hab&iacute;an conocido. </strong>Neumann obtuvo su r&eacute;dito mientras que ellos quedaron en la calle.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del notable documental <em>WeWork Or the Making and Breaking of a $47 Billion Unicorn</em>, la historia de la empresa que promet&iacute;a revolucionarlo todo tambi&eacute;n fue relatada en el libro<em> Billion Dollar Loser</em>, de Reeves Wiedeman, y <em>The Cult of We</em>, de los periodistas Maureen Farrell y Eliot Brown.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fiesta-interminable-joven-excentrico-numeros-trucados-unicornio-paso-promesa-wall-street-fundirse-seis-semanas_1_8293547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Sep 2021 18:38:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fiesta interminable, un joven excéntrico y números trucados: el unicornio que pasó de ser la promesa de Wall Street a fundirse en seis semanas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Empresas,Empresarios,Impostores,WeWork,Adam Neumann]]></media:keywords>
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