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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - James Lovelock]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/james-lovelock/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - James Lovelock]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una persona de interés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/persona-interes_129_8397164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e52f5f4-3198-4170-a378-416386c1b0ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una persona de interés"></p><p class="article-text">
        <strong>James Lovelock </strong>es una persona de inter&eacute;s. Su primer rasgo de inter&eacute;s es estar vivo, teniendo en cuenta que naci&oacute; hace 102 a&ntilde;os, el 26 de julio de 1919. Se cri&oacute; en una familia obrera de fe cu&aacute;quera en la ciudad jard&iacute;n de Letchworth, en el sudeste ingl&eacute;s. Estudi&oacute; qu&iacute;mica en M&aacute;nchester y medicina en Londres, para luego trabajar como investigador. A &eacute;l le debemos el perfeccionamiento del horno microondas (originalmente pensado para &ldquo;resucitar&rdquo; hamsters criogenizados) y el detector de captura de electrones, empleado para medir fen&oacute;menos como el agujero de ozono o la contaminaci&oacute;n del aire. En 1961 fue reclutado por la NASA para un programa de investigaci&oacute;n sobre la posible vida en Marte. Eran los a&ntilde;os en que la URSS enviaba las sondas <em>Venera-3</em> a Venus (primer artefacto humano en estrellarse en otro planeta, 1966) y <em>Mars-2</em> (primer artefacto humano en estrellarse en Marte, 1971).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lovelock decidi&oacute; encarar el problema desde las condiciones atmosf&eacute;ricas y concluy&oacute; que la vida en Marte era inviable. Estudiar a la atm&oacute;sfera como condici&oacute;n de vida lo llev&oacute; a entenderla como extensi&oacute;n de la bi&oacute;sfera, ya no como un entorno fijo y externo sino como un veh&iacute;culo din&aacute;mico capaz de reducir la entrop&iacute;a. As&iacute; arrib&oacute; a la hip&oacute;tesis de que &ldquo;el conjunto de los seres vivos de la Tierra, de las ballenas a los virus, de los robles a las algas, puede ser considerado como una entidad viviente capaz de transformar la atm&oacute;sfera del planeta para adecuarla a sus necesidades globales&rdquo;. En suma, que la vida en este planeta funciona como un todo integrado. La bi&oacute;sfera es un sistema autorregulado, cuyos ciclos se calibran cibern&eacute;ticamente, mediante el <em>feedback</em> de informaci&oacute;n, para mantener las condiciones de desequilibrio f&iacute;sico qu&iacute;mico que hacen posible esa anomal&iacute;a c&oacute;smica que es la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lovelock pase&oacute; su hip&oacute;tesis por diferentes congresos cient&iacute;ficos con poca suerte. Hasta que consigui&oacute; a una socia intelectual: Lynn Margulis (la bi&oacute;loga que discuti&oacute; al darwinismo en nombre de la simbiogen&eacute;tica o &ldquo;evoluci&oacute;n por cooperaci&oacute;n&rdquo;); y luego, que Carl Sagan la publicara en su revista <em>Icarus</em>. En busca de un nombre con gancho para su hip&oacute;tesis, Lovelock acept&oacute; la propuesta que le hizo su vecino William Golding en un pub de Wiltshire y la llam&oacute; <em>Gaia</em>, como la diosa griega de la Tierra. &ldquo;Ha sido ocasionalmente dif&iacute;cil, sin acudir a circunlocuciones excesivas evitar hablar de Gaia como si fuera un ser consciente: deseo subrayar que ello no va m&aacute;s all&aacute; del grado de personalizaci&oacute;n que a un barco le confiere su nombre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lovelock era consciente de que no solo su hip&oacute;tesis sino el tema mismo era un objeto caliente: &ldquo;Cuando se trata de asuntos ambientales, la comunidad cient&iacute;fica parece estar dividida en grupos beligerantes, en tribus enfrentadas cuyos miembros sufren fuertes presiones por parte de los dogmas oficiales respectivos para que se adecuen a ellos&rdquo;. &Eacute;l mismo qued&oacute; atrapado en esa polarizaci&oacute;n, como un sospechoso eterno al que no se puede acusar de nada. No solo por el hippismo de nombrar <em>Gaia</em> a su hip&oacute;tesis, tampoco por el antihippismo de aceptar el mecenazgo de la petrolera Shell para financiar sus investigaciones. Sino, y sobre todo, porque<strong> la hip&oacute;tesis Gaia alent&oacute; dos lecturas diametralmente opuestas de la cuesti&oacute;n ambiental.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Él mismo quedó atrapado en esa polarización, como un sospechoso eterno al que no se puede acusar de nada (...) Sobre todo, porque la hipótesis Gaia alentó dos lecturas diametralmente opuestas de la cuestión ambiental.</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>De la ecolog&iacute;a profunda al pachamamismo</strong></h3><p class="article-text">
        En 1970 Walt Disney Productions consigui&oacute; autorizaci&oacute;n del gobierno para construir un complejo tur&iacute;stico en el valle de Mineral King, California. La asociaci&oacute;n ambientalista <em>Sierra Club</em> apel&oacute; a la Corte contra el proyecto porque afectaba una zona salvaje. Pero la jurisprudencia norteamericana contempla la protecci&oacute;n de intereses concretos, no de principios abstractos, y los magistrados no encontraron a ninguna persona f&iacute;sica o jur&iacute;dica afectada por Disney. Al profesor Christopher D. Stone se le ocurri&oacute; entonces una salida legal: &ldquo;atribuir derechos a los bosques, los oc&eacute;anos, los r&iacute;os y todos los objetos que llamamos naturales, incluso al medio ambiente entero&rdquo;. Suponemos que el profesor Stone tambi&eacute;n contempl&oacute; a las piedras, al menos para honrar su her&aacute;ldica. En 1972 public&oacute; un libro titulado <em>&iquest;Los &aacute;rboles tienen derechos?</em> Nac&iacute;a un nuevo tipo de ecologismo, al que Bill Devall llamar&iacute;a en 1985 &ldquo;ecolog&iacute;a profunda&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del ambientalismo (v&aacute;stago del viejo conservacionismo),<strong> la ecolog&iacute;a profunda no busca proteger al entorno </strong><em><strong>para</strong></em><strong> las personas que lo habitan, sino protegerlo </strong><em><strong>de </strong></em><strong>esas personas, entendiendo al ambiente mismo como otra persona</strong>. La ecolog&iacute;a profunda reconoce antecedentes como Aldo Leopold invit&aacute;ndonos a &ldquo;pensar como una monta&ntilde;a&rdquo;; el libro <em>Primavera silenciosa</em> de Rachel Carson; y, muy a pesar de su autor, la hip&oacute;tesis Gaia.
    </p><p class="article-text">
        La posibilidad de concebir a la Tierra como una persona (o, peor, como una diosa) permiti&oacute; actualizar a otra deidad tel&uacute;rica cargada de sentido en medio del giro antioccidental de los a&ntilde;os 70: la Pachamama. Pensadores como Jos&eacute; C. Mari&aacute;tegui, Luis E. Valc&aacute;rcel o Rodolfo Kusch ya hab&iacute;an buscado una alternativa amerindia al pensamiento occidental. Con el tiempo, esa voluntad mell&oacute; su filo originario para devenir en lo que Pablo Stefanoni llam&oacute; <a href="https://www.revistatabularasa.org/numero15/adonde-nos-lleva-el-pachamamismo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pachamamismo</a>: &ldquo;Un discurso ind&iacute;gena (new age) global con escasa capacidad para reflejar las etnicidades realmente existentes&rdquo;, una &ldquo;pose de autenticidad ancestral, &uacute;til para seducir a los turistas revolucionarios en busca del 'exotismo familiar' latinoamericano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La intersecci&oacute;n de la ecolog&iacute;a profunda con el pachamamismo dio lugar a una pl&eacute;tora de primitivismos</strong>, perspectivas amerindias, &ldquo;miradas del jaguar&rdquo;, filosof&iacute;as de un &ldquo;buen vivir&rdquo; previo a la penicilina, ancestralidades inventadas anteayer. En todas esas propuestas sobrevuela una fascinaci&oacute;n rayana en la misantrop&iacute;a por decrecer y replegarnos ante una Naturaleza con may&uacute;sculas, que es &ldquo;sabia&rdquo;, que sabr&aacute; regenerarse sola, encontrar su equilibrio y un rinc&oacute;n para nosotros, miserables humanos modernos que ofendimos a la Madre Tierra.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Geoingenier&iacute;a y terraformaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s alejado de la hip&oacute;tesis Gaia que ese primitivismo. Para Lovelock la Tierra no es un templo sagrado y est&aacute;tico que el humano vino a perturbar, sino un circuito efervescente de gases y microbios que mantiene el desequilibrio constante que hace posible la vida, y se retroalimenta con cada especie que la habita, inclusive la movediza humanidad. El calentamiento global es parte de las posibilidades. El problema no es encontrar un culpable sino atajarlo con el propio sistema. Intervenir esa cibern&eacute;tica, hackear a Gaia, no solo es posible, sino a esta altura necesario. Es la propuesta de la llamada geoingenier&iacute;a. Los humanos han venido alterando los ciclos naturales desde su irrupci&oacute;n en el planeta. El Antropoceno es el costo de la independencia humana de la Naturaleza, tan destructiva como cualquier emancipaci&oacute;n. Es hora, dicen, de reconstruir al planeta conquistado, poner todo el poder&iacute;o humano al servicio de &ldquo;un buen Antropoceno&rdquo;: remover el carbono de la atm&oacute;sfera, reemplazar al ganado con carne sint&eacute;tica, eventualmente <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/proxima-frontera_129_8233135.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">alterar nuestro propio cuerpo</a> para adaptarnos a este mundo cruel.
    </p><p class="article-text">
        Benjamin Bratton propone &ldquo;terraformar&rdquo; la Tierra, redise&ntilde;arla como un artificio total en donde haya un lugar seguro para la naturaleza y una tecnocracia global que administre los recursos con un algoritmo. Michael Schellenberger, por su parte, rechaza el alarmismo ambientalista, no porque niegue el cambio clim&aacute;tico, sino porque est&aacute; seguro de que vamos a gestionarlo bien. Si el viejo ambientalismo apelaba a la &eacute;tica utilitaria (cuidar el ambiente nos conviene); y la ecolog&iacute;a profunda apela a la empat&iacute;a y la ciudadan&iacute;a ampliada (los &aacute;rboles tienen derechos); <strong>la &eacute;tica de Schelenberger es una deontolog&iacute;a del amo: no debemos salvar a las ballenas porque sean necesarias ni porque sean personas, sino sencillamente porque podemos hacerlo. El planeta es nuestro</strong>. En este punto, la geoingenier&iacute;a traiciona el principio cibern&eacute;tico de Gaia: conf&iacute;a en una plasticidad total de la Tierra, en la capacidad de una gesti&oacute;n unilateral sin <em>feedback</em> alguno. El planeta es nuestro y nos obedecer&aacute;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lovelock y su hija Christine                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, Lovelock ofreci&oacute; una <a href="https://elpais.com/cultura/2007/03/07/actualidad/1173279600_1173282223.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista abierta</a> a los foristas del diario espa&ntilde;ol <em>El Pa&iacute;s</em>. &ldquo;Este supuesto 'calentamiento global' con el que nos est&aacute;n entreteniendo los pol&iacute;ticos, &iquest;no es nada nuevo, verdad? Por otra parte, la Tierra ha estado cambiando de clima muchas veces, &iquest;no es cierto?&rdquo;, pregunt&oacute; un tal charly. &ldquo;No son los pol&iacute;ticos los que dicen que est&aacute; ocurriendo un calentamiento global - respondi&oacute; Lovelock sin soltar su pocillo de caf&eacute;-, sino los cient&iacute;ficos, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Clim&aacute;tico. S&iacute;, la tierra ha pasado por muchos cambios clim&aacute;ticos en el pasado, y &eacute;stos han sido devastadores. Tal vez seamos el &uacute;nico planeta en esta galaxia con vida y con internet. Debemos hacer todo lo que podamos para que siga&rdquo;. Pese a gestos provocativos como aceptar el pasaje que le regal&oacute; Richard Branson para volar en su nave espacial en caso de que la Tierra colapse, Lovelock nunca perdi&oacute; su compromiso con la humanidad y el planeta, como dos cosas distintas pero integradas, &ldquo;unidas en la diversidad&rdquo;. El optimismo bravuc&oacute;n de Schelenberger no colabora con ese plan.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En 2019 Lovelock festej&oacute; sus 100 a&ntilde;os publicando <em>Novaceno, </em>un libro en el que afirma que ya es demasiado tarde para el &ldquo;desarrollo sustentable&rdquo;, hay que operar una &ldquo;retirada sustentable&rdquo;: emplear todo nuestro potencial tecnol&oacute;gico para replegar a la humanidad en ciudades medianas y bien equipadas, y despejar espacios silvestres; acelerar el reemplazo de energ&iacute;as f&oacute;siles por energ&iacute;a at&oacute;mica; inyectar aerosol en la estrat&oacute;sfera para enfriar el aire y refractar los rayos solares; y automatizar todas las funciones productivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&ndash;Sr. Lovelock &iquest;no teme que la Inteligencia Artificial tome el control y destruya a la Humanidad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&ndash;No, la IA necesitar&aacute; vida org&aacute;nica para mantener la temperatura planetaria. Cuando sea la especie superior deber&aacute; comportarse con nosotros como nosotros debimos comportarnos con la Tierra. Y ella es m&aacute;s inteligente, concluye Lovelock con una risita.
    </p><p class="article-text">
        Sin dudas, una persona de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Galliano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/persona-interes_129_8397164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Oct 2021 04:12:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,James Lovelock,Ecología]]></media:keywords>
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