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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cartagena de Indias]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El barrio de Cartagena de Indias que se convirtió en "laboratorio" de la especulación inmobiliaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/barrio-cartagena-indias-convirtio-laboratorio-especulacion-inmobiliaria_1_8426485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97f2170c-7b97-41ba-8cfe-2dc1a7c7a541_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El barrio de Cartagena de Indias que se convirtió en &quot;laboratorio&quot; de la especulación inmobiliaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El viejo barrio artesano Getsemaní de Cartagena de Indias es uno de los últimos lugares del país que cambió por la llamada gentrificación y expulsó al 80% de los residentes en apenas 15 años. La transformación amenaza el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.</p></div><p class="article-text">
        Cuando Garc&iacute;a M&aacute;rquez inaugur&oacute; su mansi&oacute;n terracota de la calle del Curato, en 1996, la suerte estaba ya echada. La mayor&iacute;a de las viejas salas de cine hab&iacute;an cerrado y buena parte de los colegios hab&iacute;an abandonado el centro hist&oacute;rico de Cartagena de Indias. Los vecinos, entre incr&eacute;dulos y expectantes, observaban los bandazos del <em>boom</em> inmobiliario que la declaraci&oacute;n de patrimonio de la humanidad hab&iacute;a espoleado en 1984. Y con ello, la <a href="https://www.eldiario.es/economia/colombia-busca-joya-corona-turismo-america-latina_1_8046723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">transformaci&oacute;n del recinto amurallado en una marca tur&iacute;stica</a> muy alejada de aquel entorno popular, en parte derruido, donde a&uacute;n era posible ver gente asomada a los balcones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mira, lleg&oacute; el momento de irnos del centro&rdquo;, le solt&oacute; rotundo el arquitecto Germ&aacute;n Bustamante a su hermana en 2018. A sus 73 a&ntilde;os, cuenta que hab&iacute;a tolerado suficiente la &ldquo;degradaci&oacute;n del ambiente&rdquo;, el ruido de los bares, el estruendo diario de los fuegos de artificio de cualquier fiesta y, sobre todo, el ninguneo de las autoridades para preservar la &ldquo;calidad de vida de los habitantes&rdquo;. En 15 a&ntilde;os la poblaci&oacute;n residente se redujo en un 80%, seg&uacute;n cifras oficiales. Para 2018 quedaban algo m&aacute;s de 2.300 vecinos, de los casi 10.500 que fueron censados en 2005.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como Bustamante tuvo que dejar el que fuera su hogar desde 1966, cuando problemas econ&oacute;micos obligaron a la familia a trasladarse a un lugar &ldquo;menos prestigioso&rdquo;. El desarrollo de la gentrificaci&oacute;n, un anglicismo que define el proceso de sustituci&oacute;n y expulsi&oacute;n urbana de poblaciones locales por vecinos con mayor capacidad adquisitiva, ha sido implacable en Cartagena.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">De barriada a &ldquo;cool&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Getseman&iacute;, barriada de <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/protestas-colombia-estallan-decadas-racismo-soterrado_1_8009440.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ra&iacute;z obrera y poblaci&oacute;n negra</a>, es el &uacute;ltimo laboratorio de la especulaci&oacute;n inmobiliaria del centro. Sus casas discretas de una planta, que albergaron no hace mucho un distrito rojo, son ocupadas por hu&eacute;spedes de plataformas tur&iacute;sticas y bares de copas de martini. El valor del metro cuadrado, el m&aacute;s alto del pa&iacute;s, oscila entre los 2.000 y 4.000 euros, valores equiparables a los de distritos como Latina o Retiro en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der vecinal Florencio Ferrer cuenta que el encarecimiento de los arriendos ha expulsado al grueso de la comunidad getsemanicense. Afirma que en la calle de la Sierpe, por ejemplo, &ldquo;solo quedan dos habitantes&rdquo;. Su esfuerzo se ha centrado en un plan de salvaguardia de la vida de barrio, con el que logr&oacute; exenciones en impuestos prediales y tarifas moderadas en los servicios p&uacute;blicos para unas 200 familias ra&iacute;zales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La revista de negocios <em>Forbes </em>incluy&oacute; a Getseman&iacute; entre los doce barrios m&aacute;s <em>cool</em> del mundo en 2018, junto al barcelon&eacute;s Sants o Amsterdam Noord, entre otros. El arquitecto de la universidad Jorge Tadeo Lozano Rodrigo Arteaga recuerda que, navegando en Internet, se top&oacute; con un hotel<em> boutique </em>que promocionaba una experiencia en el &ldquo;barrio de moda en Cartagena, donde podr&aacute; caminar por las calles y ver a trav&eacute;s de las rejas de las casas la vida cotidiana de los cartageneros&rdquo;. Arteaga exclama indignado: &ldquo;&iexcl;Oye, no somos un zool&oacute;gico!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El turismo masivo es hoy uno de los problemas que m&aacute;s inquietan, en teor&iacute;a, a los responsables del Instituto de Patrimonio Urbano. Desde diversos frentes recalcan su preocupaci&oacute;n por preservar &ldquo;la identidad, la cohesi&oacute;n social y los cambios en la comunidad local&rdquo;. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, los resultados son modestos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El edificio Aquarela</h3><p class="article-text">
        A finales de 2017, salt&oacute; a los medios que la construcci&oacute;n de una torre, cuya edificaci&oacute;n ya iba por la d&eacute;cima planta de 30 proyectadas, se hallaba en una zona de patrimonio hist&oacute;rico. Al d&iacute;a de hoy, el esqueleto gris&aacute;ceo del bautizado edificio Aquarela se mantiene en pie. Desnudo, alterando una de las panor&aacute;micas del fuerte de San Felipe de Barajas, desde donde el marino vasco Blas de Lezo repeli&oacute; un feroz ataque de la flota brit&aacute;nica en 1714.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades ordenaron hace tres a&ntilde;os suspender la obra. A&uacute;n no hay claridad sobre los responsables del incidente. Una de las razones es la enrevesada mara&ntilde;a de circuitos burocr&aacute;ticos que velan por el patrimonio cartagenero. Si las murallas que bordean parte del centro y la fortaleza son responsabilidad del Ministerio de Cultura, el mobiliario urbano del centro y su zona de influencia son funci&oacute;n de la ciudad. La desarticulaci&oacute;n entre Cartagena y Bogot&aacute; es evidente. Y la ligereza de curadores y otros bur&oacute;cratas se presta para las fisuras.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; sonaron las alarmas cuando van diez pisos construidos? &iquest;Acaso nadie del ministerio vio los gigantescos huecos que se abrieron para los cimientos? &iquest;C&oacute;mo se construy&oacute; un monstruo de esa categor&iacute;a en las narices de todo el mundo?, son algunas de las preguntas que se plantea el restaurador y consultor cartagenero Salim Osta Lefranc. 
    </p><p class="article-text">
        La Unesco urgi&oacute; al Gobierno acelerar la demolici&oacute;n del Aquarela, aplazando la fecha l&iacute;mite al primero de diciembre de 2022. De lo contrario, es posible que la ciudad caribe&ntilde;a pierda el r&oacute;tulo de patrimonio de la humanidad, como sucedi&oacute; este a&ntilde;o con el puerto brit&aacute;nico de Liverpool.
    </p><p class="article-text">
        Pero el arquitecto Rodrigo Arteaga es esc&eacute;ptico. El caos pol&iacute;tico que provoc&oacute; el recambio de once alcaldes en la &uacute;ltima d&eacute;cada, en una de las dos ciudades m&aacute;s pobres del pa&iacute;s, complica el panorama. &ldquo;Muchos cartageneros ni siquiera conocen su centro hist&oacute;rico&rdquo;. Y subraya la paradoja que esto supone en un balneario que recibe el r&oacute;tulo de &ldquo;patrimonio de toda la humanidad&rdquo;, dice el historiador Orlando Deavila.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo incidente ocurri&oacute; hace unas semanas en el exclusivo Club de Pesca. La sofisticada bah&iacute;a del centro n&aacute;utico est&aacute; situada en el fuerte colonial de San Sebasti&aacute;n de Pastelillo (1744), un fragmento de muralla que administran desde 1944 sus exclusivos socios. La cuesti&oacute;n es que los responsables decidieron darle una mano de pintura mostaza sin la autorizaci&oacute;n del Ministerio de Cultura.
    </p><p class="article-text">
        El problema fue subsanado y se espera una multa para el club. Pero la debilidad institucional qued&oacute; manifiesta y dio paso a viejos interrogantes sobre qui&eacute;nes son los verdaderos beneficiarios de una de las joyas arquitect&oacute;nicas coloniales del Caribe. De acuerdo con investigaciones del economista cartagenero Aar&oacute;n Espinosa, se trata de una amalgama de firmas hoteleras transnacionales, junto con una red de familias tradicionales, cartageneras y bogotanas, que se han beneficiado de pol&iacute;ticas tributarias nacionales y locales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las exenciones tributarias que adelant&oacute; el Gobierno de &Aacute;lvaro Uribe favorecieron la &uacute;ltima fase de la explosi&oacute;n hotelera&rdquo;, explica Espinosa. &ldquo;Esas tarifas, menores incluso que las correspondientes a la industria y el comercio, han resultado sin duda inequitativas frente a los sectores productivos locales&rdquo;. Asimismo lamenta que estos asuntos no se dan a conocer lo suficiente entre la sociedad civil cartagenera. &ldquo;Probablemente porque solo han beneficiado solo a unos pocos y el control ciudadano ha sido insuficiente&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La quinta fachada</h3><p class="article-text">
        Isabela Restrepo es vocera de la Fundaci&oacute;n Centro Hist&oacute;rico, una asociaci&oacute;n de 200 vecinos entre los que se cuentan banqueros, presidentes de compa&ntilde;&iacute;as energ&eacute;ticas, galeristas de Manhattan y altos ejecutivos. Explica que la misi&oacute;n de la organizaci&oacute;n es ser guardianes de un patrimonio que se llama uso residencial.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n recuerda que hace nueve a&ntilde;os dej&oacute; Bogot&aacute; para buscar en Cartagena un entorno tranquilo y seguro pero que el deterioro reciente en la seguridad, as&iacute; como la proliferaci&oacute;n de prost&iacute;bulos y bares ruidosos, la han llevado a restringir sus paseos nocturnos. &ldquo;Es muy triste, pero el fen&oacute;meno de las viviendas de alquiler tur&iacute;stico han permitido que la prostituci&oacute;n y el micro tr&aacute;fico crezcan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo desgrana de memoria las recomendaciones que la Unesco ha emitido desde 2008 para evitar la destrucci&oacute;n del tejido social, la privatizaci&oacute;n de los espacios p&uacute;blico o&nbsp; el cambio del uso residencial de los inmuebles. El acad&eacute;mico y vecino del centro Rodrigo Arteaga, sin embargo, encuentra inconsistencias en el discurso de la fundaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que los selectos miembros, m&aacute;s de uno ausente durante largas temporadas, son parte integral del problema. El mayor inter&eacute;s de la fundaci&oacute;n se centra de forma rete&ntilde;ida en acabar con el ruido y mejorar la seguridad. Pero en el fondo no existe una preocupaci&oacute;n real por la suerte de la herencia cultural de las comunidades, ni por la importancia de los bienes p&uacute;blicos de la ciudad, el primer motor para la especulaci&oacute;n en el mercado del suelo es la &ldquo;patrimonializaci&oacute;n&rdquo; estimulada desde 1984.
    </p><h3 class="article-text">Casonas</h3><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la faceta m&aacute;s desconocida de la gentrificaci&oacute;n se halla al interior de muchas de las grandes casonas del exclusivo barrio de San Diego, pero tambi&eacute;n de otros m&aacute;s discretos en Getseman&iacute;. El restaurador Salim Osta Lefranc se refiere a la &ldquo;quinta fachada&rdquo;. Estos son espacios donde reinaba cierto esp&iacute;ritu de mesura pero que hoy, seg&uacute;n se&ntilde;ala Rodrigo Arteaga, son lugares donde se multiplican los jacuzzis, piscinas, terrazas y aires acondicionados permitidos por ley.
    </p><p class="article-text">
        Para muchos ciudadanos el resultado es una decorado urbano que bascula entre una serie de recintos de corte aristocr&aacute;tico y algunas pinceladas de parque tem&aacute;tico. Basta con acercarse a cualquiera de las plazas donde se hallan las tradicionales palenqueras, que son pregoneras negras que venden frutas atiborradas sobre una palangana met&aacute;lica. Estas mujeres hoy se encuentran vestidas con trajes coloreados de la bandera colombiana y su mercanc&iacute;a termina siendo aj&iacute;es o los cogollos de las frutas, solo para que se vean. &ldquo;Porque ya lo que importa no es vender la fruta sino vender la foto con ellas&rdquo;, dice Arteaga.
    </p><p class="article-text">
        El turismo se ha convertido en un arma de doble filo. Por eso el historiador Orlando Deavila argumenta que se requiere de un organismo p&uacute;blico que regule y gestione la pr&aacute;ctica del turismo &ldquo;porque lo que hay hoy es una figura p&uacute;blico-privada sin capacidad de Gobierno&rdquo;. Una entidad capaz de gestionar el gran pilar de la econom&iacute;a de Cartagena y que sea capaz  de recuperar el alma extraviada del viejo barrio de zaguanes abiertos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Camilo Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/barrio-cartagena-indias-convirtio-laboratorio-especulacion-inmobiliaria_1_8426485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Oct 2021 15:26:40 +0000]]></pubDate>
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