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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana Rosenfeld]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ana-rosenfeld/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ana Rosenfeld]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ana Rosenfeld:  "Todavía no me siento viuda, me siento sola"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ana-rosenfeld-viuda-marido-covid_130_8445500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14781db6-8ec6-4879-9a7c-5b6a8424d63f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ana Rosenfeld:  &quot;Todavía no me siento viuda, me siento sola&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su marido murió de Covid-19 hace poco más de veinte días, en Miami. La abogada de los famosos repasa su vida, y habla de divorcios y de la deuda de la Justicia con las mujeres. También sobre infidelidad y las conversaciones que mantuvo con Wanda Nara y Mauro Icardi a raíz de su desencuentro.Entre ellos "se quebró la confianza", pero los "perdones están llegando", asegura.</p></div><p class="article-text">
        <strong>El d&iacute;a que despegaron rumbo a Miami dieron por hecho que regresar&iacute;an juntos</strong>. Era un viaje m&aacute;s: visitar a la hija y a los nietos, ir a cenar, descansar al sol. Eran respetuosos del virus. Aqu&iacute;, en Argentina, era junio y atraves&aacute;bamos la segunda ola de <strong>Covid-19</strong>. <strong>Ana Rosenfeld y Marcelo Frydlewski, su marido, ya estaban vacunados</strong>, cada uno con sus dosis de Moderna. As&iacute; que tomaron el avi&oacute;n, con el regreso programado a Buenos Aires en unas semanas. <strong>Ella volvi&oacute;, &eacute;l no</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Marcelo era m&aacute;s que mi compa&ntilde;ero, era todo en mi vida. Todav&iacute;a no me siento viuda, me siento sola. No me doy cuenta de que &eacute;l no va a volver, que no va a entrar por esa puerta, que no est&aacute; m&aacute;s&hellip;&rdquo;</strong>, dice Ana Rosenfeld, abogada, abogada de famosos, abogada y amiga y confidente de famosos. Con el tiempo, a fuerza de trabajo y exposici&oacute;n medi&aacute;tica, Rosenfeld se construy&oacute; a s&iacute; misma bajo el lema <strong>&ldquo;el terror de los maridos&rdquo;</strong>. Y sin embargo ahora, en esta tarde calurosa de octubre, habla una mujer en duelo: <strong>una mujer fr&aacute;gil</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Ana y Marcelo se contagiaron de coronavirus durante la estad&iacute;a en Miami. <strong>Ella tuvo s&iacute;ntomas leves. A Marcelo lo internaron porque la diabetes complic&oacute; el cuadro</strong>. Durante la espera, mientras ped&iacute;an un milagro, Ana poste&oacute; en su cuenta de Instagram algunas fotos. Marcelo pura sonrisa, Marcelo con una camisa a todo color, Marcelo en un<em> jet sky</em>, Marcelo y una mano apoyada en el Muro de los Lamentos&hellip; <strong>Cuarenta d&iacute;as en coma despu&eacute;s, el 8 de octubre, Marcelo muri&oacute;.</strong>
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                Ana y Marcelo, una de las últimas fotos juntos.                            </span>
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        <strong>El estudio de Ana Rosenfeld ocupa un piso en un edificio de Microcentro</strong>. Hay una pecera sin peces amurada a la pared. Hay un imponente arreglo floral en el recibidor, opacado por una luz artificial que disimula su naturaleza de pl&aacute;stico. Hay secretarias que la llaman &ldquo;Doctora&rdquo; y expedientes y tel&eacute;fonos que no paran de sonar. Ana, 66 a&ntilde;os, taconea subida a un par de sandalias rojas. La cara enmarcada en su peinado t&iacute;pico, el pelo que cae, lacio y platinado, a un lado y otro como un techo a dos aguas. Va y viene, menea sin querer su figur&iacute;n y deja una estela de perfume fino. <strong>Conserva, a pesar del duelo, esa chispa tan suya</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>&ldquo;El d&iacute;a que lo entubaron fue todo muy r&aacute;pido. &Eacute;l durmi&oacute;, durmi&oacute; un mes y medio, y yo estaba a su lado y&hellip; Tantas preguntas me quedaron que no tienen respuesta. Si sufri&oacute; o no sufri&oacute;&hellip;&rdquo;</strong>, sigue Rosenfeld, que por fin se sent&oacute; en un silla de su despacho.
    </p><p class="article-text">
        Al lado, justo al lado, est&aacute;, intacta,<strong> la oficina de Marcelo</strong>. El tiempo ah&iacute; est&aacute; en pausa. Un reloj detenido, el calendario de papel fijado en el mes de agosto. El polvo asentado en los muebles. <strong>Marcelo coleccionaba objetos</strong>, cosas viejas m&aacute;s que antig&uuml;edades. Ah&iacute; est&aacute;n las navajas y navajitas. Los ceniceros, todos del mismo tama&ntilde;o, apilados. Cajitas de f&oacute;sforos. Las bicicletas a escala, las m&aacute;quinas de escribir. Una cabeza de Geniol. Y entre todo,<strong> la camisa blanca de repuesto lista para usar, limpia y planchada</strong>, colgada en su percha. <strong>Todo est&aacute; en el lugar de siempre, salvo el cuerpo que vest&iacute;a esa camisa</strong>.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Entre Wanda y Mauro se quebr&oacute; la confianza, que es la base de una familia&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En diciembre de 2018, cuando<strong> la actriz Thelma Fardin denunci&oacute; a Juan Darth&eacute;s por abuso sexual </strong>cuando ella era menor de edad, <strong>Ana Rosenfeld asumi&oacute; la defensa del actor</strong>. Tiempo despu&eacute;s, decidi&oacute; dejar de representarlo. Unos abogados pidieron al <strong>Colegio de Abogados porte&ntilde;o</strong> que la sancionaran. El argumento fue que ella hab&iacute;a hecho declaraciones que perjudicaban la imagen de Darth&eacute;s, es decir, que daban cuenta de cierta culpabilidad cuando a&uacute;n no hab&iacute;a, siquiera, fecha de juicio. <strong>La sanci&oacute;n que le impusieron a Rosenfeld fue la inhabilitaci&oacute;n para ejercer en la Ciudad</strong>. Pero la abogada apel&oacute; y la sanci&oacute;n, al menos hasta que se expida la Corte Suprema, <strong>no tiene efecto.</strong>
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                Ana Rosenfeld en su estudio y al teléfono con una clienta.                            </span>
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        As&iacute; que mientras estuvo en Miami, Ana asesor&oacute; v&iacute;a <em>Zoom </em>a sus clientes. De hecho <strong>cerr&oacute; el acuerdo entre Wanda Nara y su ex, Maxi L&oacute;pez</strong>. El futbolista adeudaba siete a&ntilde;os de cuota alimentaria. <strong>Y ahora, que est&aacute; de vuelta en su estudio de Buenos Aires, est&aacute; al tel&eacute;fono</strong>. Del otro lado hay una clienta que ma&ntilde;ana, viernes, firmar&aacute; el acuerdo por la cuota alimentaria. El proceso lleva cinco a&ntilde;os y todav&iacute;a no hay acuerdo entre las partes por la manutenci&oacute;n de los hijos en com&uacute;n. Una cl&aacute;usula, parece, no est&aacute; clara para la clienta, que est&aacute; ansiosa. <strong>Ana le pide que se calme y le explica</strong>. Y vuelve a explicarle. Y le dice: &ldquo;Tranquila&rdquo;. Y un rato despu&eacute;s corta. Se sienta y suspira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ahora que divorciarse es un tr&aacute;mite expr&eacute;s, &iquest;en qu&eacute; falla la Justicia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La ley es buena, el derecho est&aacute; garantizado y nadie es reh&eacute;n de un matrimonio. Pero el resto del procedimiento es arcaico, muy lento<strong>. Para fijar la cuota alimentaria todav&iacute;a ten&eacute;s que llevar pruebas absurdas para determinar c&oacute;mo viv&iacute;as antes y c&oacute;mo viv&iacute;s ahora</strong>. Y el juez se basa en las cuentitas y los papelitos, y aun as&iacute; determina montos que son il&oacute;gicos. <strong>Tarda dos o tres a&ntilde;os en fijar la cuota y cuando la dicta queda desactualizada por la inflaci&oacute;n y los aumentos de las cosas</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cambiaron los reclamos de las mujeres a la hora de divorciarse?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que diferenciar edad y estatus econ&oacute;mico. <strong>Las que tienen entre 30 y 40 a&ntilde;os, tienen solvencia econ&oacute;mica porque son profesionales</strong>. Las m&aacute;s j&oacute;venes han hecho un convenio con sus parejas en los que dejaron en claro que cada parte tiene su actividad. Incluso sacan plata de su bolsillo y pagan alguna cosa, no est&aacute;n fij&aacute;ndose si le corresponde a &eacute;l. En cambio<strong> las mujeres de 50 para arriba</strong>, que hicieron otro contrato de pareja,<strong> siguen siendo las m&aacute;s vulnerables</strong>. Se ocuparon de la casa, de los hijos, de ser anfitrionas de los socios del marido o se dedicaron a alguna actividad no remunerativa, no s&eacute;, pintura. Esas mujeres cuando se divorcian no est&aacute;n preparadas para responder econ&oacute;micamente. N<strong>o encajan en ning&uacute;n esquema con la falta de trabajo que hay o los niveles de exigencia para conseguir empleo</strong>. A esas mujeres la Justicia tarda mucho en compensarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te conocemos por haber acompa&ntilde;ado divorcios de parejas famosas y heterosexuales. &iquest;Acompa&ntilde;aste a parejas del mismo sexo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si, he hecho ese tipo de divorcios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Encaran de otra forma una separaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El enfoque es distinto. <strong>No suele pasar por lo econ&oacute;mico.</strong> Las veces que me toc&oacute; acompa&ntilde;ar este proceso no hab&iacute;a reclamos econ&oacute;micos porque las partes trabajaban y hab&iacute;a un desarrollo profesional. <strong>Ven&iacute;an m&aacute;s por el da&ntilde;o emocional o moral que hab&iacute;an sufrido, por un desenga&ntilde;o o una traici&oacute;n</strong>, como resarcir una infidelidad que les hab&iacute;a provocado un da&ntilde;o o perjucio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A prop&oacute;sito, sobre el tema de debate de los &uacute;ltimos d&iacute;as. Sos la abogada de Wanda Nara, &iquest;hablaste con ella por su desencuentro con Mauro Icardi?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Habl&eacute; mucho con los dos estas &uacute;ltimas semanas. <strong>Creo que la base de una familia es la confianza, el respeto, y ac&aacute; lo que se quebr&oacute; es eso</strong>. Aunque ahora por suerte lo est&aacute;n restableciendo, los perdones van llegando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El sexting es infidelidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No existe m&aacute;s la infidelidad. La sacaron del C&oacute;digo Civil.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vos me entend&eacute;s, Ana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y&hellip; Aunque solo haya sido un jugueteo virtual, aunque no se haya consumado el encuentro, <strong>encontrar mensajes te hace sentir triste</strong>, te ofende. O te hace ruido, &iquest;no?&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ana Rosenfeld.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El diploma, su primer caso y el reencuentro con Marcelo</h3><p class="article-text">
        <strong>Hija de una ama de casa y de un hombre que tuvo el primer local de venta de televisores de producci&oacute;n nacional,</strong> Ana Rosenfeld creci&oacute; mirando <em>El Club del Clan</em> y a la serie <em>Perry Mason</em>, un abogado que investigaba tan a fondo que lograba reunir prueba suficiente para demostrar la inocencia de su cliente y la culpabilidad del sospechoso.<strong> &ldquo;Yo quiero ser as&iacute;&rdquo;</strong>, repet&iacute;a Ana frente al televisor sin saber que lograr&iacute;a dos cosas: <strong>dedicarse al fuero de Familia y ser amiga &iacute;ntima de Palito Ortega</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Egres&oacute; del <strong>Carlos Pellegrini</strong> y se anot&oacute; en la carrera de <strong>Derecho en la Universidad de Buenos Aires.</strong> Se recibi&oacute; muy r&aacute;pido: a los 19 a&ntilde;os, en 1974. &ldquo;Eran tiempos pol&iacute;ticos muy complicados y la facultad estaba politizada. Mi mam&aacute; odiaba pensar que me ten&iacute;a que levantar a ir a la facultad y estar expuesta a una situaci&oacute;n de peligro. <strong>Rend&iacute; libre toda la cursada. Solo estudiaba, no trabajaba. Promocionaba una o dos materias por mes</strong>&rdquo;, dice Ana. Sin saberlo, Ana logr&oacute; dos cosas: convertirse en <strong>una leyenda en la facultad </strong>y que Marcelo, que era su compa&ntilde;ero, supiera que esa chica era leyenda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ana se cas&oacute; muy joven y se divorci&oacute; muy r&aacute;pido</strong>. &ldquo;En una &eacute;poca donde <strong>divorciarse era una verg&uuml;enza para los padres</strong>. Pero yo me encontr&eacute; con que<strong> ese matrimonio no era lo que esperaba para mi futuro</strong>, porque yo quer&iacute;a trabajar, desarrollarme profesionalmente. No hab&iacute;amos tenido hijos, tampoco. As&iacute; que un d&iacute;a le dije <strong>&lsquo;hasta ac&aacute; llegamos&rsquo;</strong>. Y volv&iacute; a casa de mis padres&rdquo;, sigue Ana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya con el t&iacute;tulo de abogada, alquil&oacute; una oficina sin saber si iba a poder pagarla, puso un aviso en el diario y activ&oacute; una estrategia de m&aacute;rketing rara pero conveniente.<strong> Citaba a todos sus pocos clientes a la misma hora, las dos de la tarde, para que se amontonaran en el ingreso</strong>. La espera generaba un golpe de efecto y de sentido com&uacute;n: <em>si hay tanta gente, entonces la doctora es buena.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, <strong>el primer caso</strong>. A esa oficina lleg&oacute; una mujer que estaba a punto de ser desalojada del conventillo en el que viv&iacute;a. Resulta que <strong>hab&iacute;an comprado la propiedad para levantar un edificio y el nuevo due&ntilde;o les hab&iacute;a pagado a los vecinos muy poca plata para dejar el lugar</strong>. La mujer estaba preocupada, no sab&iacute;an c&oacute;mo ni d&oacute;nde iban a vivir. Rosenfeld, reci&eacute;n egresada, fue al conventillo y convoc&oacute; a una reuni&oacute;n. Y despu&eacute;s fue a ver al empresario que hab&iacute;a comprado la propiedad. Despu&eacute;s de una <strong>argumentaci&oacute;n digna de una defensa de tesis, Ana logr&oacute;</strong> (y esta vez s&iacute; se dio cuenta) dos cosas: que <strong>le pagaran a los vecinos una cifra acorde para mudarse</strong> y que el empresario pasara a formar parte de su cartera de clientes. <strong>&ldquo;Ah&iacute; le perd&iacute; el miedo a los poderosos&rdquo;</strong>, dijo Ana alguna vez.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ana Rosenfeld cuando conoció a Bush padre. &quot;Yo pedí sacarme una foto con él, pero me dijeron que él quería sacarse una foto conmigo&quot;, dice."
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                Ana Rosenfeld cuando conoció a Bush padre. &quot;Yo pedí sacarme una foto con él, pero me dijeron que él quería sacarse una foto conmigo&quot;, dice.                            </span>
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        Pasado el divorcio, al d&iacute;a con el alquiler de su oficina y con una buena cantidad de clientes, Ana se puso de novia. Pero esa historia no importa tanto como el final:<strong> a trav&eacute;s de ese novio conoci&oacute; a Marcelo</strong>. Fue una tarde, en esa oficina. El novio en cuesti&oacute;n hab&iacute;a citado a Marcelo para una reuni&oacute;n de negocios. <strong>Cuando Ana abri&oacute; la puerta reconoci&oacute; en ese hombre corpulento al compa&ntilde;ero de facultad flaquito y medio hippie que hab&iacute;a sido</strong>. Y <strong>Marcelo la reconoci&oacute; a ella: la chica que sacaba una materia tras otras</strong>. El novio de Ana nunca lleg&oacute; a la cita, pero ellos charlaron horas. Y ese, digamos, fue el principio de la historia de amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ana Rosenfeld repasa su vida rodeada de fotos y notas period&iacute;sticas que cuentan, en simult&aacute;neo, su trayectoria</strong>. Ah&iacute; con <strong>Karina Jelinek</strong>, ah&iacute; con <strong>Bush padre</strong>, ah&iacute; con<strong> Luli Salazar</strong>, ah&iacute; con sus hijas, Pamela y Stephanie, y con su marido. &ldquo;<strong>A Marcelo le hubiese encantado estar ac&aacute; ahora. Le encantaba el back de las notas, ver c&oacute;mo me hac&iacute;an fotos&hellip;</strong>&rdquo;. Intervengo con torpeza y digo, como decimos todos cuando no sabemos qu&eacute; decirle a los deudos, que &ldquo;quiz&aacute;s, con el tiempo&hellip;&rdquo;. Ella, tajante: &ldquo;<strong>No. No voy a sentirme mejor. No</strong>. Son a&ntilde;os y a&ntilde;os y a&ntilde;os, 37 a&ntilde;os, donde hemos compartido todo. <strong>Ten&iacute;amos una qu&iacute;mica impresionante</strong>. Marcelo era...&rdquo;. Y otra vez el recuerdo, las formas del duelo, esta pena que lleva su nombre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ana-rosenfeld-viuda-marido-covid_130_8445500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Oct 2021 04:10:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ana Rosenfeld:  "Todavía no me siento viuda, me siento sola"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ana Rosenfeld,Covid-19,Wanda Nara,Mauro Icardi]]></media:keywords>
    </item>
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