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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Antonio Berni]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/antonio-berni/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Antonio Berni]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El niño proletario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nino-proletario_129_9865677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bfc8883-cf6f-44e6-92d8-a615a8ecb43a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El niño proletario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El video de la patada que marcó la muerte de Fernando sigue reproduciéndose en todas las pantallas. La sociedad mira una y otra vez y, con repulsión, condena a esos bárbaros que resultan tan ajenos a quien mira.  ¿De dónde aprendieron el desprecio por la vida que se les atribuye? ¿Qué tan lejanos a los demás son? Una mirada desde el arte y la obra del niño proletario.</p></div><p class="article-text">
        Mi t&iacute;o les dec&iacute;a &ldquo;maricong&rdquo; a mis primos si no se animaban a algo o si, acaso, se les ocurr&iacute;a llorar. Pero por mucho menos tambi&eacute;n. Era &ldquo;maric&oacute;n&rdquo; lo que les dec&iacute;a, pero la violencia en su tono hac&iacute;a que a la ene se le agregara una g, maricong. No era una palabra que estuviera acostumbrada a escuchar por fuera de eso, no sab&iacute;a tampoco qu&eacute; significaba pero s&iacute; pod&iacute;a percibir su poder de da&ntilde;o en las caras de mis primos, que empezaban a patear la pelota con los ojos cada vez m&aacute;s rojos y los hombros cada vez m&aacute;s hundidos. El dolor de ellos era tra&iacute;do por esa palabra y la violencia con la que era dicha, esa palabra nos cargaba a todos de dolor.
    </p><p class="article-text">
        A mi prima, las pocas ocasiones en las que me qued&eacute; a dormir, le dec&iacute;a cosas del orden de &ldquo;mir&aacute; como se peina ella, vos siempre con ese pelo as&iacute;&rdquo;, comparaciones a las que tampoco estaba acostumbrada con una carga que tampoco: &iquest;por qu&eacute; me usaban a m&iacute; de excusa para herir a alguien m&aacute;s? Y otra vez, el poder del da&ntilde;o de una palabra en el rostro de los dem&aacute;s. La cara de mi prima, el clima de mierda instalado para todos, esto no puede estar bien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es posible que a esos chicos a los que les pareci&oacute; una buena idea matar a patadas a un muchacho que no conoc&iacute;an tambi&eacute;n les hayan dicho mucho &ldquo;maricong&rdquo; o cosas peores cuando mostraban sensibilidad o s&oacute;lo porque s&iacute;. Tambi&eacute;n es posible que hayan escuchado mucho el &ldquo;negro de mierda&rdquo; dentro de sus propias casas. Tambi&eacute;n es probable que tuvieran a una se&ntilde;ora trabajando dentro de la casa a la que trataran bien o no tanto pero que nunca fuera como ellos, incluso viviendo bajo el mismo techo, que nunca ser&iacute;a el de ella, claro.
    </p><p class="article-text">
        Y acaso los trataron muy mal en sus casas pero acaso no y siempre tuvieron -y bastante- de comer, y tuvieron piletas en sus jardines en las que se zambulleron en largas tardes de verano y cumplea&ntilde;os en salones y play stations y vacaciones en costas de este pa&iacute;s o de otro. Y si as&iacute; fue y no tuvieron un padre que dijera &ldquo;negro de mierda&rdquo; o &ldquo;maricong&rdquo;, seguramente tampoco tuvieron un padre que les hiciera darse cuenta o sentir que el otro, por m&aacute;s que no sea de su familia, tiene un valor, por esa rid&iacute;cula idea, tambi&eacute;n patriarcal, de que la familia es lo m&aacute;s importante y vale m&aacute;s que lo dem&aacute;s. Porque si la vara es que la vida de los propios, de los de sangre, vale m&aacute;s que la de los dem&aacute;s, vamos fritos y no hay empat&iacute;a posible y lo psicop&aacute;tico pasa a ser la sociedad y no cada caso individual.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de veinte a&ntilde;os en el Sportivo Teatral, la sala de teatro que ten&iacute;a Ricardo Bart&iacute;s en el barrio de Palermo, se pod&iacute;a asistir a una velada que se llamaba <em>Teatro proletario de c&aacute;mara</em>. Eran mon&oacute;logos con textos de Osvaldo Lamborghini dichos por un selecto grupo de actrices y actores. Todo suced&iacute;a en un espacio no m&aacute;s grande que una habitaci&oacute;n no demasiado grande. El espectador estaba confinado, expuesto a una intimidad aterradora con esos actores, con esas palabras. Uno de los mon&oacute;logos ten&iacute;a ese poder que a veces tiene el teatro de trascenderlo todo y dejar de ser teatro y pasar a ser (la) vida y sufrir como si eso que se est&aacute; contando sucediera y no dejara de suceder en todos lados todo el tiempo. Luis Mach&iacute;n, de smoking negro y camisa blanca impecables, con un cigarrillo en la mano si no me equivoco, &iquest;encendido, apagado? &iquest;Era un cigarrillo? Algo ten&iacute;a en su mano, Luis Mach&iacute;n y sus ojos color de hielo, que acaso ni siquiera lo sean pero en ese mon&oacute;logo s&iacute;, para ese mon&oacute;logo s&iacute;, Luis Mach&iacute;n en esa habitaci&oacute;n, dec&iacute;a &ldquo;El ni&ntilde;o proletario&rdquo;. Era insoportable de ver, era insoportable de o&iacute;r. Recuerdo el dolor de cada una de esas palabras, lo revulsivo, la impresi&oacute;n. En estos d&iacute;as de seguir el juicio a los victimarios de Fernando B&aacute;ez Sosa, el cuento de Lamborghini encarna una vez m&aacute;s, y en palabras de Borges en su &ldquo;Emma Sunz&rdquo;, aunque las circunstancias, la hora, y uno o dos nombres propios sean otros, es el insoportable relato de El ni&ntilde;o proletario, una y otra vez, solo que esto, lo de Gesell, no es alegor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En su libro <em>Ante el dolor de los dem&aacute;s</em>, Susan Sontag trabaja, m&aacute;s que nada, sobre la fotograf&iacute;a: el instante que detiene y recorta el, en este caso, sufrimiento o muerte de alguien, y c&oacute;mo el que mira, consume esa informaci&oacute;n, ese hecho, esa verdad. Pienso, cuando la leo, que el juicio por este asesinato en grupo se monta sobre varios videos que existen desde el momento del hecho hasta el d&iacute;a de hoy y que absolutamente todos hemos visto una y otra vez. De hecho, son pruebas a las que se recurren en el juicio, y que la justicia obtuvo de los medios, es decir: fue (material) antes p&uacute;blico que de la justicia. Y ahora lo que se hace o debe hacer en el juicio, por lo que entiendo, es no darle entidad de &ldquo;verdad&rdquo; a esos videos, sino tomarlo como prueba pero no condenatoria, donde hasta puede ponerse en duda la identidad de cada qui&eacute;n, aunque la mayor&iacute;a estar&iacute;amos de acuerdo en que algunas cosas de las que se ven son muy claras, mientras que otras para nada, y se pierden en el universo del pixel. Ahora esas im&aacute;genes en el juicio se convierten en palabras y en ret&oacute;rica y acaso lo que creemos haber visto no sea lo que nos digan que estamos o deber&iacute;amos estar viendo. Lo que deber&iacute;a juzgar &ldquo;los hechos&rdquo; va montado sobre la palabra y la representaci&oacute;n. Tan fascinante como doloroso. Y enloquecedor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso, tambi&eacute;n, y siguiendo la l&iacute;nea de Sontag que, a diferencia de la fotograf&iacute;a del partisano en el momento de ser ejecutado, el video es un documento infinitamente m&aacute;s doloroso en la medida en que cubre un lapso de tiempo en que esa muerte podr&iacute;a de alg&uacute;n modo ser evitada y sin embargo no. Me refiero a la de Fernando, pero tambi&eacute;n a la de George Floyd: en ambos casos no s&oacute;lo alguien est&aacute; filmando la secuencia, sino que hay varios testigos en torno al hecho pero nadie hace nada para evitarlo, porque no terminan de entender, de leer, que es eso lo que est&aacute; por suceder, por par&aacute;lisis, o por vaya uno a saber qu&eacute;, nadie detiene a los victimarios, y el crimen se perpetra, frente a sus ojos, los de la c&aacute;mara, y los nuestros, una y otra vez. Y esos segundos de tensi&oacute;n entre lo inevitable y lo implacable, son segundos ateridos de p&aacute;nico, de dolor.
    </p><p class="article-text">
        En su libro, Sontag, en referencia a una muestra de fotos de v&iacute;ctimas negras linchadas en peque&ntilde;os pueblos en Estados Unidos, y en torno a la pol&eacute;mica de cu&aacute;n necesario era exponer y consumir esas fotos, dice que &ldquo;Se argument&oacute; adem&aacute;s que someternos a la penosa experiencia deber&iacute;a ayudarnos a entender que aquellas atrocidades no eran las acciones de &lsquo;b&aacute;rbaros&rsquo; sino el reflejo de un conjunto de creencias, el racismo, las cuales, al definir a un pueblo como menos humano que otro, legitiman la tortura y el asesinato. Pero quiz&aacute;s s&iacute; fueron b&aacute;rbaros. Quiz&aacute;s as&iacute; se nos aparecen los b&aacute;rbaros. (Se parecen a todos los dem&aacute;s.)
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;alando lo anterior, lo que es &lsquo;b&aacute;rbaro&rsquo; para unos es el &lsquo;s&oacute;lo estoy haciendo lo que hacen todos los dem&aacute;s&rsquo; para otros. (&iquest;De cu&aacute;ntos podemos esperar que obrar&aacute;n mejor?) La pregunta es: &iquest;a qui&eacute;n queremos culpar? Con m&aacute;s exactitud, &iquest;A qui&eacute;n creemos que tenemos derecho a culpar?
    </p><p class="article-text">
        El narrador de &ldquo;El ni&ntilde;o proletario&rdquo; se presenta como el paroxismo de alguien sin empat&iacute;a para qui&eacute;n los dem&aacute;s no son m&aacute;s que cosas, de las que puede disponer. &ldquo;Con el correr de los a&ntilde;os el ni&ntilde;o proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa&rdquo;, dice el narrador despiadado en el cuento de Lamborghini. Creo, con fe, en que hay que tratar de evitar o combatir la maldad por la maldad. Creo, tambi&eacute;n, que el monstruo siempre est&aacute; mucho m&aacute;s cerca o adentro de lo que nos atrevemos a admitir. Creo que la empat&iacute;a no puede ser selectiva y si se decide empatizar y ponerse en el lugar del otro, esto tiene que ser v&aacute;lido en todos los casos. Creo que la empat&iacute;a es un ejercicio, que como tal nunca est&aacute; sencillamente conquistada. Creo que la empat&iacute;a se ejerce y tambi&eacute;n, se ense&ntilde;a. Que es un modo de mirar, primero, de sentir luego y de actuar, despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nino-proletario_129_9865677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jan 2023 03:16:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Romina Paula,Antonio Berni,Fernando Báez Sosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Malba se suma a la red de museos de Google Arts & Culture]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/malba-suma-red-museos-google-arts-culture_1_9236733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48321586-da78-4b1f-a54b-e3a03ada045f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Malba se suma a la red de museos de Google Arts &amp; Culture"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Google anunció la incorporación del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires a su plataforma "Google Arts & Culture", una aplicación que recopila imágenes en alta resolución de obras de arte expuestas en varios museos del mundo, así como un recorrido virtual por sus galerías.</p></div><p class="article-text">
        El <strong>Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires</strong> (Malba), del barrio porte&ntilde;o de <strong>Palermo </strong>formar&aacute; parte de las m&aacute;s de <strong>20 instituciones locales con visibilidad en la plataforma</strong>, que tiene como meta dar a conocer el <strong>legado hist&oacute;rico y cultural</strong> de cada pa&iacute;s al mundo. <strong>Google</strong>, a trav&eacute;s de su aplicaci&oacute;n &ldquo;<strong>Arts &amp; Culture</strong>&rdquo; trabaja con m&aacute;s de 2.000 instituciones culturales de 80 pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luis Sigal</strong>, l&iacute;der de Ingenier&iacute;a de la plataforma destac&oacute;: &ldquo;como parte de nuestro objetivo de poner a disposici&oacute;n del mundo el arte y la cultura local, pr&oacute;ximamente <strong>sumaremos al Malba a Google Arts and Culture</strong>. Trabajaremos junto al museo en la <strong>digitalizaci&oacute;n del patrimonio </strong>de la <strong>Colecci&oacute;n Malba</strong> a trav&eacute;s de la Art Camera, que pronto podr&aacute; visualizarse en nuestra plataforma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El anuncio se realiz&oacute; como parte de las celebraciones del <strong>15&ordm; aniversario de Google en Argentina</strong>. <strong>V&iacute;ctor Valle</strong>, director general de Google Argentina, incluy&oacute; un compromiso de inversi&oacute;n de <strong>700.000 d&oacute;lares para proyectos sociales </strong>en nuestro pa&iacute;s, caracterizados por &ldquo;la innovaci&oacute;n, el talento y el esp&iacute;ritu emprendedor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La iniciativa de digitalizaci&oacute;n comenzar&aacute; por &ldquo;<strong>Manifestaci&oacute;n</strong>&rdquo;, la c&eacute;lebre obra del <strong>artista rosarino Antonio Berni</strong>,<strong> </strong>para colaborar con la propuesta &ldquo;<strong>Manifestaci&oacute;n en Foco</strong>&rdquo;, un nuevo proyecto online del Malba, en homenaje a una de las creaciones <strong>m&aacute;s emblem&aacute;ticas </strong>del artista, fundacional del <strong>Nuevo Realismo</strong> y <strong>pieza central del arte argentino del siglo XX</strong>. El propio Berni la llamaba familiarmente como &ldquo;<strong>La huelga</strong>&rdquo;.
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                Manifestación, por Antonio Berni, 1934. Temple sobre arpillera                            </span>
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        La plataforma &ldquo;Manifestaci&oacute;n en foco&rdquo; del Malba propone un <strong>di&aacute;logo entre presente y pasado</strong>, a trav&eacute;s de una investigaci&oacute;n profunda sobre los aspectos materiales, hist&oacute;ricos y culturales de la obra de Berni, para analizar su impacto en la <strong>cultura argentina</strong> a trav&eacute;s de testimonios, fotograf&iacute;as de &eacute;poca, correspondencias y publicaciones.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de <strong>instituciones argentinas</strong> en Arts &amp; Culture incluye al <strong>Museo Nacional de Bellas Artes</strong>, el <strong>Museo de Arte Moderno de Buenos Aires</strong>, Museo De Arte Popular Jos&eacute; Hern&aacute;ndez, Museo Pallarols, la Colecci&oacute;n de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Buenos Aires Graffiti, y el Museo Hist&oacute;rico y Numism&aacute;tico H&eacute;ctor Carlos Janson del Banco Central de la Rep&uacute;blica Argentina, entre otros. Este a&ntilde;o <strong>se sumaron</strong> tambi&eacute;n el Museo Regional Municipal Palacio Arruabarrena de Concordia, Entre R&iacute;os, y el Mus&eacute;e International d'Art Post-Contemporain en R&eacute;sistance, de la ciudad de Rosario.
    </p><p class="article-text">
        <em>LC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/malba-suma-red-museos-google-arts-culture_1_9236733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Aug 2022 18:13:31 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El Mayo Francés, según Antonio Seguí: "Ese París de los sueños se acabó un poco a finales de ese año”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/mayo-frances-antonio-segui-paris-suenos-acabo-finales-ano_1_8788183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f1acd7a-a5c6-40ea-848e-5c4c4a80c6dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Mayo Francés, según Antonio Seguí: &quot;Ese París de los sueños se acabó un poco a finales de ese año”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pintor argentino murió el sábado. Ivan Schuliaquer lo entrevistó para un libro que publicó Capital Intelectual y que, en parte, reproducimos en este artículo.</p></div><p class="article-text">
        Segu&iacute; no hab&iacute;a cumplido 30 a&ntilde;os cuando Par&iacute;s consagr&oacute; su obra. Su producci&oacute;n se transform&oacute;, como dice el cr&iacute;tico y amigo del cordob&eacute;s Edward Shaw, en ic&oacute;nica de los 60. Esa d&eacute;cada fue escenario del contacto cotidiano de Segu&iacute; con el ambiente art&iacute;stico de la ciudad; y su taller fue muchas veces lugar de trabajo compartido con otros artistas y muchas otras, sal&oacute;n de fiesta. Mayo del 68 marc&oacute; las vivencias m&aacute;s intensas de un estilo de vida que para Segu&iacute; se termin&oacute; inmediatamente despu&eacute;s de esa rebeli&oacute;n, cuando decidi&oacute; que su lugar no ser&iacute;a m&aacute;s el caf&eacute;, sino el taller.
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            <span class="title">
                Tapa del libro Antonio Seguí de Ivan Schuliaquer de Capital Intelectual                            </span>
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        -Hasta ese momento, todos &iacute;bamos a los caf&eacute;s. Vos entrabas al Caf&eacute; de Flore y estaban Sartre y Simone de Beauvoir, y en otra mesa dos o tres poetas, y despu&eacute;s ibas al Old Navy, donde a veces se junta ban los argentinos, y estaba Samuel Beckett, Arthur Adamov: todo el d&iacute;a estaban ah&iacute;. Cuando ellos desaparecen, ese Par&iacute;s desapareci&oacute;. Por ejemplo, todos los pl&aacute;sticos cenaban en La Coupole, un caf&eacute; enorme y muy lindo que est&aacute; en Montparnasse. Hoy sigue igual, lleno de gente, pero no encontr&aacute;s un solo artista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y con qu&eacute; otros artistas se cruzaba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con todos. En La Coupole pod&iacute;as encontrar a Brigitte Bardot, a Alain Delon. Bueno, la gente que circulaba en el medio art&iacute;stico, del cine o de la literatura. Yo era muy pr&oacute;ximo de Copi y durante a&ntilde;os hemos ido todas las noches a comer ah&iacute;. Yo cort&eacute; con ese medio en el 69. Les
    </p><p class="article-text">
        pas&oacute; a todos, no s&oacute;lo a m&iacute;. En ese momento se empez&oacute; a construir mi familia, y pensaba que el tiempo pasaba muy r&aacute;pido y que lo que ten&iacute;a que hacer lo ten&iacute;a que hacer en el taller y no en la calle.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l fue su primer taller en Par&iacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me cruc&eacute; con otro personaje generoso que fue Antonio Berni. Cuando me fui a Par&iacute;s, Berni me dijo: &ldquo;Mir&aacute;, yo tengo un taller en Par&iacute;s, en el que ahora est&aacute;n trabajando unos chicos&rdquo;. Eran el pintor Jack Vanarsky y su mujer, y un chico que era asistente de Berni: Alejandro Marcos. &ldquo;And&aacute;, te van a hacer un lugar y trabaj&aacute;. Cuando consigas algo, lo dej&aacute;s.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n hab&iacute;a tenido antes con Berni?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda mi generaci&oacute;n se entusiasm&oacute; mucho con Juanito Laguna y Ramona Montiel. Era un se&ntilde;or grande ya con una tradici&oacute;n moderna, pero no tanto, que hasta ese momento hac&iacute;a una pintura con mucho menor riesgo que cuando se enfrent&oacute; con Juanito Laguna. Si a eso le agreg&aacute;s la frescura del ni&ntilde;o que ten&iacute;a Berni, todos nos quedamos muy sorprendidos con su evoluci&oacute;n. En ese momento hubo una b&uacute;squeda de &ldquo;lo latinoamericano&rdquo;, y &eacute;l miraba m&aacute;s a los mexicanos. Yo pens&eacute; lo mismo, pero si te cre&eacute;s que sos latinoamericano porque pint&aacute;s y listo, est&aacute;s equivocado. Por eso, cuando estuve enfrente de toda esa gente en M&eacute;xico vino mi reacci&oacute;n y me dije: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no hacer una pintura con car&aacute;cter latinoamericano pero de hoy?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era el taller de Berni de Par&iacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estaba en un barrio de artesanos muy humildes en esa &eacute;poca. El primer piso lo hab&iacute;a comprado Le Parc, y la planta baja se la hab&iacute;a quedado Berni. &Eacute;l me dijo:&ldquo;Mir&aacute;, cuando vaya a Par&iacute;s te aviso,as&iacute; te vas buscando otro taller&rdquo;. Yo me qued&eacute; ah&iacute; meses. Ha pasado cantidad de gente por
    </p><p class="article-text">
        lo de Berni en Par&iacute;s: era el centro neur&aacute;lgico para los que llegaban a Par&iacute;s con un poco de desamparo. Y un buen d&iacute;a, estando en el taller, recibo una carta de Berni que me dec&iacute;a: &ldquo;Llego el 15 de este mes&rdquo;. Y la habr&eacute; recibido el 12, porque &eacute;l mandaba las cartas por barco. Con lo cual tuve ese mismo d&iacute;a que salir corriendo a buscar taller. Esa noche hice una cena en casa, a la que vino el pintor Jacques Grinberg que me cont&oacute;: &ldquo;Ayer estuve dando una vuelta por Arcueil y vi un gran dep&oacute;sito que alquilan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Su taller actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Exacto. Y para m&iacute; Arcueil era la m&uacute;sica de Erik Satie, por quien yo siempre he tenido una enorme admiraci&oacute;n, que vivi&oacute; a 200 metros del taller. Fui a ver el lugar y lo alquil&eacute; inmediatamente. Y vino Lea Lublin despu&eacute;s. Trabajamos juntos un tiempo, despu&eacute;s ella se fue, porque la ciudad de Par&iacute;s le consigui&oacute; un taller en el norte. Era un lindo personaje y creo que fue una de las primeras pintoras conceptuales argentinas. Me acuerdo de que hac&iacute;a una cosa con vidrio de parabrisas de autos con fotos de Belgrano, de San Mart&iacute;n, y el agua ca&iacute;a y el limpiaparabrisas se mov&iacute;a y ah&iacute; tuvimos una disputa porque yo trabajaba y me llegaba un chorro de agua cada vez que ella pon&iacute;a en funcionamiento su aparato. Y por ese taller ha pasado cantidad de gente, porque han trabajado pintores americanos, Mario Gurfein, Carlos Alonso,
    </p><p class="article-text">
        muchos. Todo el que pasaba, se quedaba un poco de tiempo y no ten&iacute;a taller, paraba ah&iacute;. Y no era tan grande.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y la primera inversi&oacute;n del taller fue la parrilla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro. Es un taller quincho, y fue lo primero que hice cuando entr&eacute; en el 63.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ah&iacute; es donde se armaban las guitarreadas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, exactamente. Y bueno, es el lugar que qued&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n tocaba la guitarra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo era muy amigo de Don Atahualpa y &eacute;l ven&iacute;a: le hac&iacute;a un asadito, y &eacute;l tra&iacute;a la guitarra. O no, a veces no la tra&iacute;a. Piazzolla vino muchas veces tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue su relaci&oacute;n con Atahualpa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, yo lo conoc&iacute;a de C&oacute;rdoba, por supuesto. Del Cerro Colorado. Y ac&aacute; nos segu&iacute;amos viendo, dos o tres veces por a&ntilde;o com&iacute;amos juntos. A veces &iacute;bamos a un restaurante que est&aacute; por Al&eacute;sia, donde &eacute;l viv&iacute;a en Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y las charlas con &eacute;l c&oacute;mo eran?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre estaba C&oacute;rdoba presente. O&iacute;me, como cuando te encontr&aacute;s con un cordob&eacute;s, &iexcl;y &eacute;l era m&aacute;s cordob&eacute;s que los yuyos! Adem&aacute;s, el viejo ten&iacute;a unos cuentos de la vieja sociedad cordobesa, que a &eacute;l lo cobij&oacute; en un determinado momento, que eran para matarse de risa. Te pod&iacute;as quedar horas. Y esos chistes me los ten&iacute;a que hacer a m&iacute; y no a otros, porque era yo el que conoc&iacute;a la traducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo conoci&oacute; a Piazzolla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue porque &eacute;l iba caminando por la Concorde en Par&iacute;s, y dos chicos que paraban en mi casa estaban dando vueltas en un autito y lo vieron. Se pararon y le gritaron: &ldquo;&iexcl;Piazzolla!&rdquo;. Ac&aacute; nadie lo conoc&iacute;a. Le dieron la direcci&oacute;n, se vino al taller, nos comimos un asadito y nos empezamos a ver muy seguido. Eso fue en los 60 tambi&eacute;n. &Eacute;l fue uno de los argentinos a los que en Francia se conoci&oacute; bien, junto con la Mecha Sosa y el viejo Atahualpa.
    </p><p class="article-text">
        <em>IS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ivan Schuliaquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/mayo-frances-antonio-segui-paris-suenos-acabo-finales-ano_1_8788183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Feb 2022 03:01:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Antonio Seguí,Antonio Berni,Astor Piazzolla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/ojos-vida-pasion-antonio-berni_1_8464986.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9dd7efe-b3ca-45a0-bfd0-565dcbf24282_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni" (Paidós, 2021), de Fernando García, muestra al artista en sus múltiples facetas: su obsesión por crear un arte de idiosincrasia argentina, su abierta actitud de crítica social, su sensibilidad al impacto causado por cada una de sus aventuras artísticas. Aquí, un fragmento del primer capítulo.</p></div><p class="article-text">
        Pasaron veintitr&eacute;s a&ntilde;os y lo est&aacute; contando con una urgencia tal que cada silencio se vuelve extra&ntilde;o y temerario. Bajo los techos altos de este departamento de estilo en el centro de Buenos Aires, da la sensaci&oacute;n de que el murmullo asordinado de la cinta magn&eacute;tica que se impregna de esta historia puede romperse ya mismo con esa llamada que vuelve aqu&iacute;, a su memoria, una y otra vez desde entonces, desde que la llam&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me dijo que se sent&iacute;a muy mal, que estaba pintando &ldquo;mi cuadro&rdquo;, &eacute;l dec&iacute;a as&iacute; pero en realidad el cuadro no era m&iacute;o, era de &eacute;l. Entonces dijo: &ldquo;Estaba pintando tu cuadro y he sabido que no lo voy a terminar, que me voy a morir primero&rdquo;. &Eacute;l estaba muy asustado, muy asustado y nervioso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo notaste eso?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque la voz estaba crispada. Entonces yo le dije: &ldquo;bueno, bueno, calmate porque voy para all&aacute;&rdquo;. Pens&eacute; que esa era la mejor manera de calmarlo. Saqu&eacute; el autito del garaje y lo fui a ver, llegu&eacute; enseguida. &Eacute;l estaba en la mesa del comedor, en el primer piso de Lezica, con las manos agarradas y ten&iacute;a la piel fr&iacute;a, estaba helado&hellip; entonces yo lo agarr&eacute; y empec&eacute; a hablarle para que se calmara. Y &eacute;l se calm&oacute; pero qued&oacute; serio. Cosa que no era tan com&uacute;n porque yo le hac&iacute;a chistes y &eacute;l se re&iacute;a, generalmente, pero qued&oacute; serio. Yo le dije: &ldquo;Son tonter&iacute;as, Antonio, no vas a creer que esas cosas que pensaste son ciertas, che&rdquo;. Y &eacute;l me dijo: &ldquo;Lo sent&iacute;, lo sent&iacute;, lo s&eacute;, s&eacute; que no voy a terminar&rdquo;. Entonces yo le dije que la soluci&oacute;n era ponernos a trabajar en el cuadro para que eso no pasara. Y toda la semana siguiente pos&eacute; para &eacute;l porque despu&eacute;s ten&iacute;a que viajar a Corrientes por una serie de asuntos que ten&iacute;a pendientes. Y apareci&oacute; esa luz de la luna, color plata, sobre el cuerpo. Esa semana &eacute;l empalideci&oacute; el cuadro y le dio una luz muy nocturna, el cuadro no era nocturno, era diurno. Todo de d&iacute;a, y ese cuadro ahora no se sabe bien si es nocturno o diurno, est&aacute; a la luz de la luna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;El avi&oacute;n ya estaba?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, el avi&oacute;n estuvo desde el principio. Me acuerdo que me dijo: &ldquo;mir&aacute;, voy a poner un avioncito, porque vos siempre est&aacute;s distra&iacute;da y nunca se sabe qu&eacute; est&aacute;s pensando&rdquo;. Claro, &eacute;l siempre me dec&iacute;a &ldquo;enigm&aacute;tica Graciela&rdquo; pero en realidad era que yo ten&iacute;a una relaci&oacute;n de mucha libertad con Antonio. Yo sent&iacute;a que pod&iacute;a hacer con &eacute;l lo que yo quer&iacute;a sin necesidad de tener una relaci&oacute;n protocolar. Entonces por ah&iacute; yo me pon&iacute;a a pensar otra cosa y no sent&iacute;a la necesidad de atender estrictamente a la conversaci&oacute;n. Entonces, estaba con &eacute;l pero a la vez pensando en mis hijas y por eso puso el avioncito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He sabido que no voy a terminar el cuadro&rdquo;, le hab&iacute;a dicho Antonio Berni, y eso era en 1981, poco despu&eacute;s de que el pintor &mdash;largamente llamado &ldquo;maestro&rdquo; por los diarios, los semanarios de inter&eacute;s general y aun la televisi&oacute;n&mdash; hubiera estrenado su &uacute;ltima y asombrosa serie de pinturas en la Galer&iacute;a Vel&aacute;zquez de Buenos Aires. Berni ten&iacute;a ya setenta y seis a&ntilde;os pero trabajaba como siempre, como si el d&iacute;a tuviera acaso cuarenta y ocho o setenta y dos horas, y una siesta, religiosa, ritual y reparadora en el medio. Llevaba m&aacute;s de un a&ntilde;o viviendo en el mismo lugar donde pintaba, un taller de tres pisos en el cruce de las calles Lezica y Rawson, una esquina sepia en Almagro, rodeada de restos de la arquitectura de la vieja Buenos Aires, que da contra las v&iacute;as del Ferrocarril Sarmiento. Llevaba m&aacute;s de un a&ntilde;o all&iacute; Berni, solo, despu&eacute;s de romper con su tercera mujer, la explosiva tucumana Silvina Victoria, a quien &ldquo;aventajaba&rdquo; por cuarenta a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a aprendido a convivir con la sordera, Berni. Un infarto y una excursi&oacute;n al quir&oacute;fano para poner a punto la pr&oacute;stata tampoco consiguieron arrancarle ni un segundo de sus m&aacute;s exaltadas pasiones: la pintura y la mujer. Viv&iacute;a solo Berni, entonces, pero ah&iacute; estaba contra el ventanal que da a Lezica, por donde entra la luz desde la ma&ntilde;ana, con los acr&iacute;licos y los pinceles tratando de redefinir la forma del deseo. De su deseo por &ldquo;Graciela Amor&rdquo;, la abogada de treinta y cinco a&ntilde;os con quien llevaba una amistad de meses. Una profunda amistad de meses que Berni se empecinaba en torcer &mdash;como &eacute;l hab&iacute;a visto a la sudestada torcer los &aacute;lamos en Rosario&mdash; hacia el amor, el amor real, el amor que si no se expresa con todo el cuerpo, &iquest;qu&eacute; es? Ah&iacute; estaban mujer y pintura, la historia del arte y del deseo seg&uacute;n Berni, confluyendo por &uacute;ltima vez en una tela enorme a la que el pintor le dedicaba un largo rato d&iacute;a tras d&iacute;a. No hab&iacute;a nada que dijera &mdash;ning&uacute;n hisopado, radiograf&iacute;a o punci&oacute;n&mdash; que Berni, el creador de Juanito y Ramona, el campe&oacute;n latinoamericano de la Bienal de Venecia &rsquo;62, el &ldquo;maestro&rdquo;, el viejo pop que recib&iacute;a a una procesi&oacute;n de j&oacute;venes en su taller, el intelectual de izquierda, no pudiera terminar el cuadro que estaba pintando para sublimar su deseo por Graciela Amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a nada, excepto el cuadro y m&aacute;s all&aacute; la pintura, la alquimia misma de los colores. Que hablaron, se despidieron de &eacute;l, y &eacute;l as&iacute; se lo hizo saber a la modelo llam&aacute;ndola por tel&eacute;fono a este mismo lugar, un living a la calle bajo los techos altos de un departamento de estilo en el centro de Buenos Aires.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Atendi&oacute; apurada, siempre parece apurada Graciela Amor y Berni le solt&oacute; la premonici&oacute;n en seco:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Estaba pintando tu cuadro y he sabido que no lo voy a terminar, que me voy a morir primero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como si su imagen fuera manipulada desde una isla de edici&oacute;n remota, este es el exacto momento en que todos los movimientos del pintor comenzaron una microsc&oacute;pica cuenta regresiva. El cuadro inconcluso, este cuadro que qued&oacute; puesto en el caballete mientras el pintor agonizaba, y con el que su hija mayor, Lily, se encontr&oacute; cuando subi&oacute; presurosa por las escaleras del taller semanas despu&eacute;s de su muerte, expresa ese momento crucial en que el pintor se desmaterializa frente a su propia creaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra lo abandona, como la mujer turgente que descansa a orillas del mar abandona el avi&oacute;n que asoma en el horizonte del cuadro. Los pelos de marta del pincel se repliegan en saltos de mil&iacute;metro de la tela y los dedos acatan el contagio de la contraorden; los ojos se disponen a dejar de captar, absorber, licuar y procesar la invisibilidad de las cosas y el pintor sabe que ha llegado el momento en que la obra, por primera vez, lo sobrevivir&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por detr&aacute;s de la &uacute;ltima obra &mdash;quedaron otras tantas sin terminar pero esta es la que qued&oacute; fijada al caballete esperando la luz de Lezica&mdash; est&aacute; esta historia de Graciela Amor, que as&iacute; la nombr&oacute; &eacute;l, y &ldquo;Ant&oacute;n Perulero&rdquo;, que as&iacute; se enmascar&oacute; &eacute;l para llegar lo m&aacute;s cerca posible de ella, como llega ese mar denso y oscuro en la obra, que se le acerca pero no llega, no la toca. Y est&aacute; el avioncito ese, que en el tiempo que dur&oacute; la escaramuza rom&aacute;ntica de Ant&oacute;n Perulero y Graciela Amor habr&aacute; sido una alegor&iacute;a de la &ldquo;enigm&aacute;tica Graciela&rdquo; &mdash;viajando con sus pensamientos a un lugar que el pintor no alcanzaba a vislumbrar&mdash; para luego, desde aquella llamada de alerta en adelante, volverse un vuelo ch&aacute;rter del misterio. As&iacute;, con los a&ntilde;os, la funci&oacute;n de este angustiante paisaje hecho de una mujer desnuda a orillas del mar, la luna trasl&uacute;cida y el avioncito ser&aacute; devolver a Antonio Berni al misterio de donde hab&iacute;a sido arrancado setenta y seis a&ntilde;os y cinco meses atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Primero lo vio su hija, tres pisos arriba en un taller que manten&iacute;a intacto el desorden legendario del artista, y pasaron m&aacute;s de quince a&ntilde;os hasta que una multitud desfil&oacute; frente a Sin t&iacute;tulo, colgado en 1997 en el Bellas Artes de Glusberg. La mayor exhibici&oacute;n de Ant&oacute;n Perulero, ese pintor nuevo, adolescente a los setenta y cinco, alter ego de otro ya consagrado, m&aacute;scara contra el retiro, el sedentarismo del esp&iacute;ritu y el deseo carnal. Ant&oacute;n Perulero, superh&eacute;roe entre zalamero y rom&aacute;ntico, privado, hecho solo a medida de Graciela Amor, la morocha vivaz casi cuatro d&eacute;cadas m&aacute;s nueva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ant&oacute;n Perulero firmaba y era Berni, al fin, el que se deshac&iacute;a en cartas como esta, en plan de un descomunal Quijote del deseo: &ldquo;Desbaratar una utop&iacute;a es traicionarme, es apu&ntilde;alarme. O disfrazarme de normal, de racional, de pat&eacute;tico. [&hellip;] La utop&iacute;a est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del est&iacute;mulo, de las recompensas. Se nutre de ella misma: de sus sue&ntilde;os, de sus amores. La utop&iacute;a es sat&aacute;nica, no se la debe humillar&hellip; (30/7/81)&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y Graciela Amor era la utop&iacute;a de Ant&oacute;n Perulero, avatar que intercedi&oacute; ante el consagrado pintor Berni para arrancarle de sus manos dos espl&eacute;ndidos retratos. Una carbonilla, de dos metros por uno setenta y cinco, fechada acaso en el corte de pelo varonil de la modelo que marca el advenimiento de los a&ntilde;os ochenta. El otro, un pastel, con un secreto en clave: la lustrosa clav&iacute;cula de Graciela que sirve de pared a un graffiti casi invisible. Dice all&iacute;, porque qued&oacute; pintado: &ldquo;Antonio te quiere&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y Graciela Amor vuelve ahora la vista hacia el minuto cero de la obra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En los primeros d&iacute;as de marzo me pidi&oacute; que posara porque quer&iacute;a pintarme. Y pint&oacute; este cuadro en el que estoy parada en el tercer piso de su taller, estas son las ventanas que dan al balc&oacute;n. Siempre que miro este dibujo pienso en qu&eacute; fue lo que vio. Porque en el momento en que &eacute;l me conoci&oacute;, yo me present&eacute; bajo el aspecto de una abogada exitosa que hab&iacute;a logrado varias victorias. Pero cuando &eacute;l pint&oacute; esta muchacha que est&aacute; ac&aacute; en carbonilla, pint&oacute; otra cosa. Ah&iacute;, en el fondo, se ve a una muchacha provinciana un poco asustada y vulnerable: yo cuando lo vi pens&eacute;: &laquo;&iexcl;pero c&oacute;mo Berni se dio cuenta de esto!&raquo;. Cuando &eacute;l me sugiri&oacute; que posara nada m&aacute;s que en bombacha y con la blusa desprendida, yo le pregunt&eacute; un poco en broma: &laquo;Bueno, y atr&aacute;s qu&eacute; vas a pintar, &iquest;una cama?&raquo;. Y entonces &eacute;l me dijo: &laquo;No, eso ser&iacute;a demasiado obvio. Voy a poner una camisa&raquo;. Y puso esa camisa rayada, de modo que sugiere que hay un hombre o que lo hubo pero no se lo ve. Tardamos quince d&iacute;as, m&aacute;s o menos. Yo posaba todas las tardes. Mientras tanto &eacute;l hac&iacute;a muchos retratos. Pasaba que muchas veces yo no iba, o le dec&iacute;a que iba a ir y despu&eacute;s no aparec&iacute;a. Entonces &eacute;l llamaba a alguna vecina para que posara. Y despu&eacute;s me contaba, &laquo;Che, mir&aacute; a qui&eacute;n pint&eacute;&raquo;, a ver si yo me pon&iacute;a celosa. &laquo;Mir&aacute;, pint&eacute; a otra&raquo;, me dec&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo empez&oacute; como un juego, con unas poes&iacute;as en el mes de marzo, donde &eacute;l escrib&iacute;a como &laquo;Ant&oacute;n Perulero&raquo; aparentemente sobre el amor y no sobre m&iacute;, y tiraba onda&hellip; Lo que pasaba es que yo tomaba mucha distancia sobre eso y al mismo tiempo era una cosa como de coqueter&iacute;a porque yo me sent&iacute;a profundamente halagada de que &eacute;l, que era un gran artista, quisiera pintarme. No pod&iacute;a resistir la tentaci&oacute;n realmente&hellip; Alguna vez me persigui&oacute; alrededor de una mesa pero fue una sola vez porque yo le mostr&eacute; que si segu&iacute;a por ese lado no me iba a ver nunca m&aacute;s.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando García]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Nov 2021 10:27:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Antonio Berni]]></media:keywords>
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