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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - David Lynch]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/david-lynch/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - David Lynch]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Viaje al centro del misterio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viaje-centro-misterio_129_11975357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ec9cd54-6341-4cae-9623-fec9e90233b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viaje al centro del misterio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">David Lynch desconfiaba de la superficialidad que puebla el mundo de lenguaje sabihondo. Posando su mirada más allá de lo evidente, develó cómo el deseo se convierte en la vergüenza de las personas, oculto bajo un manto de silencio que solo puede romperse a través del chisme.</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de su &uacute;ltima pel&iacute;cula larga, <em>Inland Empire</em> (2006), hasta su muerte, que le lleg&oacute; en la casa de su hija hace unos d&iacute;as, <strong>David Lynch</strong> firm&oacute; dos antolog&iacute;as hechas con las escenas descartadas de <em>Inland Empire</em> (<em>More things that happened</em>, de 2007) y de la saga de Twin Peaks (<em>Twin Peaks: The missing pieces</em>, de 2014), inquietantes piezas de rejunte que producen temblores en las profundidades de las pel&iacute;culas &ldquo;terminadas&rdquo; de las que vienen. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s haya que hablar de un nuevo cine de autocartoneo, inaugurado bajo la apariencia del desd&eacute;n por el gran excursionista del lado oscuro de las cosas, entendi&eacute;ndose por cosas todas las cosas: desde el universo completo hasta los quarks que lo componen, pasando -o m&aacute;s bien deteni&eacute;ndose- en la oscuridad interior de los humanos.
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                </figure><p class="article-text">
        Este mensaje art&iacute;stico de Lynch, que vuelve a insistir de otro modo sobre lo mismo de siempre, que es la presencia masiva de lo desconocido (incluso lo desconocido de las pel&iacute;culas conocidas), fue apart&aacute;ndolo del clasicismo industrial dominado por los c&oacute;digos de duraci&oacute;n, e inclin&aacute;ndolo a un inter&eacute;s cada vez m&aacute;s creciente por el fragmento, es decir por la escena y por la idea.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, desde <em>Inland Empire</em> hasta hoy, film&oacute; diecisiete cortometrajes, de los cuales<span class="highlight" style="--color:white;"><em> What Did Jack Do? </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(2017), que todav&iacute;a puede verse en Netflix, es el m&aacute;s notorio. Dura poco m&aacute;s que un cuarto de hora, en el que David Lynch interroga por el crimen de una gallina a un mono capuchino llamado Jack. Lo hace en un idioma de noir mixto: mitad policial, mitad ontol&oacute;gico. Al final (pero toda la escena es un final y, por supuesto, un principio), la gallina por la que el mono dice haber enloquecido luego de un toqueteo de pechugas pasa por la cabina de interrogatorio y Jack enloquece de pasi&oacute;n, motor y prueba del crimen. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Antes canta en circunstancias de music hall la canci&oacute;n &ldquo;True love flame&rdquo;, compuesta por Lynch y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Dean Harley</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">: &ldquo;Ella y yo encendimos la llama del amor./ La llama del amor verdadero/ arde tan intensamente&hellip;/ Es la delicia del amor. /Hace mucho tiempo bailamos./ Hace mucho tiempo nos arriesgamos,/ y as&iacute; nos enamoramos./Hace mucho tiempo./ Ahora ans&iacute;o ver el brillo./Desear&iacute;a realmente poder estar con ella/ y volver a ver el brillo/ de la llama del amor verdadero&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre durante esa larga escena es que el mono enamorado que la canta, no es un mono sino -seguramente- el interior de un hombre. Hacia esa revelaci&oacute;n principal parece inclinarse el gag; y, tambi&eacute;n, hacia una revelaci&oacute;n secundaria: el amor es la fascinaci&oacute;n de un mono por una gallina que opera el milagro del encuentro profundo entre especies distintas, en este caso simios y aves. Y de fondo, un nuevo y merecid&iacute;simo ataque de Lynch a la percepci&oacute;n fenomenol&oacute;gica, esa trampa tira postas que nos hace creer que entendemos <em>porque</em> vemos, como si fuese posible comprender los hechos a simple vista. 
    </p><p class="article-text">
        El laboratorio de Lynch nos informa que en el interior de todas las cosas hay un misterio. Las posibilidades de acceder a alg&uacute;n tipo de conocimiento que merezca confianza son m&aacute;s o menos nulas. Pero si nada tiene sentido, bien se lo podr&iacute;a inventar por canales de expresi&oacute;n (o impresi&oacute;n) po&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Esa postulaci&oacute;n del misterio en t&eacute;rminos de asunto excluyente de su obra, a la que Lynch le dio mil vueltas, puestos a considerarla en el interior de las personas, tiene un nombre ordinario llamado deseo, fuerza oscura y a menudo secreta de la vida, muchas veces condenada a la contenci&oacute;n por parte de propios y extra&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Para Lynch, el deseo es a sus personajes bestiales lo que el &aacute;tomo a la materia. Es el elemento de lo que est&aacute;n hechos y que, por principio de supervivencia, est&aacute; obligado a ocultarse de las cat&aacute;strofes de la contemplaci&oacute;n y el juicio. Es, para decirlo en el peor sentido sanitarista, una &ldquo;deformaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como <strong>Lord Byron</strong>, David Lynch ten&iacute;a un pie zambo. Por lo que, aunque pueda recrearse con buenos argumentos el mapa de influencias y hermandades art&iacute;sticas que orientaron su obra (que compite cabeza a cabeza con Luis Bu&ntilde;uel en quien de los dos film&oacute; m&aacute;s sue&ntilde;os situados al mismo nivel material de la vigilia), tambi&eacute;n puede considerarse que ese pie fue su primer cine, lo que no dejaba de ver, o lo que evitaba ver, que es la manera supernumeraria de mirar.
    </p><p class="article-text">
        En los personajes de Lynch, la marca es la falla. Los ejemplos del beb&eacute; de <em>Eraserhead</em>&nbsp;(1977) y la recreaci&oacute;n de <strong>Joseph Merrick</strong> en <em>El Hombre Elefante </em>(1980), alcanzan para darle cierto vuelo a la sospecha de que ese pie ten&iacute;a algo que decirle de los misterios ocultos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        El misterio de las cosas, llamado deseo en las personas, ambas luces negras de la naturaleza que despiertan la curiosidad enfermiza del que no es capaz de conformarse con la imagen superficial de los fen&oacute;menos, es lo que lo lleva a Lynch a moverse por caminos alternativos a la raz&oacute;n. Y la paradoja no es que la desconfianza en la imagen venga de un cineasta, sino que esa desconfianza no haya proliferado en sus colegas.
    </p><p class="article-text">
        Su manera de sospechar del encandilamiento que produce la superficialidad, y que puebla el mundo de lenguaje sabihondo (millones de palabras y argumentos descargados detr&aacute;s del &ldquo;yo lo vi&rdquo;), fue girando de las historias m&aacute;s bien &iacute;ntimas de sus primeras pel&iacute;culas, retomadas luego en su obra maestra, <em>Mulhollan drive</em> (2001), hacia la novela visual <em>Twin Peaks </em>(1991),<em> </em>que amplific&oacute; esas maquetas de misterio a la escala de un pueblo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Girando&rdquo; quiz&aacute;s sea una palabra delicada para describir un vuelco. Porque haber amplificado la escala de las historias con <em>Twin Peaks</em>, nos hace pensar que el misterio en el sentido del ocultamiento del deseo (el deseo es la verg&uuml;enza de las personas) es un producto social, cubierto por un manto de silencio que s&oacute;lo puede perforar el chisme. 
    </p><p class="article-text">
        La sociedad con <strong>Mark Frost</strong> explica en parte el boom de la serie. Pero lo explica mejor la relaci&oacute;n de Lynch con la materia social de Missoula, la peque&ntilde;a ciudad de Montana donde naci&oacute;. Tiene monta&ntilde;as, valles, r&iacute;os, un pasado industrial basado en la madera y su situaci&oacute;n es cercana a Canad&aacute;, caracter&iacute;sticas mellizas del Twin Peaks, que por lo visto no parece haber sido <em>tan</em> inventada. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Twin Peaks</em> fue un &eacute;xito televisivo creciente en la medida en que iban creciendo las ramas de su misterio, salidas del tronco en el que se inscribieron simult&aacute;neamente dos preguntas: &iquest;qui&eacute;n mat&oacute; a Laura Palmer? Y, sobre todo, &iquest;qui&eacute;n <em>no</em> mat&oacute; a Laura Palmer? 
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de c&oacute;mo se cuentan las cosas sin observarlas demasiado, <em>Twin Peaks</em> es un policial del subg&eacute;nero &ldquo;&iquest;qui&eacute;n lo hizo?&rdquo;, pero esa identificaci&oacute;n tiene una importancia relativa. La clave, el elemento que Lynch introduce sin que en ese momento se hayan visto con claridad los antecedentes, puede deducirse por contraste con otras grandes series.
    </p><p class="article-text">
        Si, por ejemplo, se somete a <em>The Sopranos</em> (1999) y a <em>The Wire</em> (2002) a una lectura microsc&oacute;pica de su composici&oacute;n, veremos que la calidad dram&aacute;tica de sus personajes -digamos los bueyes de la trama- surge de una emulaci&oacute;n extraordinaria de las conductas humanas. Su modo de captar esa &ldquo;verdad&rdquo; es un naturalismo en estado de m&aacute;ximo refinamiento. Con la salvedad de que se trata de conductas humanas desplegadas en una sociedad acostumbrada a imponer reg&iacute;menes de conductas muy definidos, aun cuando se trate de conductas expresadas en profundidad. Y esos reg&iacute;menes est&aacute;n tan definidos que salirse de ellos implica adscribir tambi&eacute;n a reg&iacute;menes bien definidos (hasta para delinquir hay que tener una conducta). &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Twin Peaks</em>, en cambio, vemos a trav&eacute;s de la mirada de interiores de Lynch sobre sus personajes, qu&eacute; cosa podr&iacute;an ser los seres humanos, o qu&eacute; son <em>en el fondo</em> si se los sabe ver. Lo ayuda su decisi&oacute;n de convertirse en el director que m&aacute;s actos gratuitos film&oacute; en la historia del cine. Escurridos de una personalidad fija, derretidos como los retratos de <strong>George Dyer</strong> de <strong>Francis Bacon</strong>, los personajes de Lynch son informes por proliferaci&oacute;n de identidades. Cada uno es dos, diez, mil. Y nadie sabe nada de nadie.
    </p><p class="article-text">
        Pero se trata de un desconocimiento que conecta con la totalidad, lo que puede verse hasta el enloquecimiento mutuo de director y espectadores, en <em>Twin Peaks: the return</em> (2017), especialmente en la escena en la que el agente Cooper enchufa un artefacto en el tomacorriente y ese acto ordinario de la vida cotidiana deriva en un viaje directo a la negrura del universo. 
    </p><p class="article-text">
        Lynch se fue. Pero estuvo y sigue estando disponible para el mundo que quiera a verlo a la manera en que &eacute;l vio al mundo: como un misterio que, por suerte, nadie va a poder entender del todo por m&aacute;s lejos que llegue. Es que, en el coraz&oacute;n de las cosas, como dir&iacute;a el mono capuchino Jack, &ldquo;habita la incertidumbre&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viaje-centro-misterio_129_11975357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 02:58:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[David Lynch,Twin Peaks,Blue velvet,Eraserhead]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos vamos quedando solos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedando-solos_129_11975314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3fea4c5-1843-49e1-8c13-34ee8c05038d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos vamos quedando solos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Beatriz Sarlo y David Lynch tuvieron la curiosidad y el deseo genuino de involucrar a grandes audiencias en sus conversaciones. Con sus muertes, vamos a perder la última generación de intelectuales que tuvo la suerte, la valentía y el privilegio de hablarnos a tantas personas distintas.</p></div><p class="article-text">
        Cada uno tiene con la idea de la muerte la relaci&oacute;n que puede. Digo con &ldquo;la idea&rdquo; porque la muerte es un hecho tan absoluto que ni siquiera me atrevo a afirmar nada sobre ella sin rebusques ni par&eacute;ntesis. En mi caso, tengo una terquedad involuntaria, una negativa natural a entristecerme por la muerte de una persona grande que hizo lo que quiso y vivi&oacute; en sus t&eacute;rminos. Morirse viejo y realizado, para m&iacute;, est&aacute; mucho m&aacute;s cerca de ser final feliz que de ser tragedia. Pienso entonces en dos fallecimientos recientes, el de <strong>Beatriz Sarlo</strong> y el de <strong>David Lynch</strong>, en los que conect&eacute; m&aacute;s con esa voluntad de recordarlos entre todos, de revisitar sus obras y repetir sus an&eacute;cdotas, que con los lamentos y con la idea repetida de que nos vamos quedando solos, aunque esto &uacute;ltimo siempre sea un poco cierto. 
    </p><p class="article-text">
        No escrib&iacute; sobre la muerte de Beatriz en su momento, y no creo tener una visi&oacute;n sobre la obra de Lynch suficientemente original como para ameritar un obituario m&iacute;o, pero si se me juntaron los dos en la mente no es solo por la cercan&iacute;a temporal de las muertes, sino porque mirando las despedidas amorosas y masivas que recibieron, cada uno a su escala, en Internet, me puse a pensar en cierto tipo de figura que fue clave en mi desarrollo personal e intelectual, y en el de much&iacute;sima otra gente que jam&aacute;s conoci&oacute; personalmente ni a Sarlo ni Lynch. 
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                </figure><p class="article-text">
        Vi <em>Twin Peaks</em> por primera vez a los 13 a&ntilde;os, despu&eacute;s de haber visto <em>Mulholland Drive</em> en el cine (recuerdo bien la edad que ten&iacute;a porque fue de las primeras pel&iacute;culas para mayores de 13 a la que pude ir a comprar entradas con confianza). Volvimos fascinadas con mi amiga del cine, y su hermana mayor nos puso a ver <em>Twin Peaks</em> en unos DVDs pirateados. Pero yo recordaba la existencia de esa serie. No la hab&iacute;a mirado, pero s&iacute; la hab&iacute;a visto pasar por las publicidades de Canal 9, y sab&iacute;a de gente m&aacute;s grande que yo que la miraba. Era una rareza, pero una rareza que circulaba por los mismos canales donde circulaban las mismas pavadas infantojuveniles que yo s&iacute; miraba en los 90. Recuerdo, tambi&eacute;n, que la historia de Laura Palmer se me mezclaba mucho con la de Mar&iacute;a Soledad (chicas muertas en lugares que, desde el departamento de mi mam&aacute; en el centro de la Capital Federal, se ve&iacute;an lejanos y tenebrosos). Pero, me desv&iacute;o. El punto, creo yo, es que me pas&oacute; algo parecido con Sarlo, desde chica, los autores que nombraba y el lenguaje intelectual que desplegaba en los mismos programas period&iacute;sticos en los que se dec&iacute;an pavadas y planicies todo el resto del rato: la sensaci&oacute;n de ver a alguien hacer cosas raras en lugares muy masivos. Gente extra&ntilde;a que se mezclaba con orgullo con la gente normal.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s cuando decimos que nos estamos quedando solos estamos hablando de esto. Ni David Lynch ni Beatriz Sarlo hicieron toda su carrera en el mainstream: los dos tuvieron obras que circularon m&aacute;s y obras que menos, por razones voluntarias e involuntarias, pero ambos tuvieron la curiosidad y el deseo genuino de involucrar a grandes audiencias en sus conversaciones. Y, por las causas que sea, hubo una esfera p&uacute;blica capaz de hacer que esos di&aacute;logos fueran posibles. Creo que extra&ntilde;ar un mundo en el que una serie como <em>Twin Peaks</em> pod&iacute;a llegar a Canal 9 no solo no es snob: es lo contrario de snob. Recuerdo la primera vez que vi esos cap&iacute;tulos, que volv&iacute; a ver muchas veces, y que volver&iacute;a a ver mil m&aacute;s: por supuesto que tienen mil referencias y chistes que remiten a otras obras de arte que yo a los trece a&ntilde;os no hab&iacute;a visto, pero ese no era el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. Los misterios de la serie no est&aacute;n ah&iacute;: son misterios que no tienen soluci&oacute;n, que solamente van abriendo puertas para pensar algo tan terrenal como un femicidio en un pueblo con l&oacute;gicas que se ven raras, pero que tenemos muy cerca (el <em>red room</em> en el que volvemos a encontrarnos con Laura Palmer, por poner un ejemplo, no es f&aacute;cil de explicar en palabras, pero tampoco es dif&iacute;cil de entender para cualquiera que haya tenido sue&ntilde;os o haya preguntando alguna vez qu&eacute; pasa despu&eacute;s de la muerte); esas eran las oscuridades que le interesaban a Lynch, las que estaban justo al lado de nuestras vidas y ten&iacute;an la extra&ntilde;eza que tienen nuestras mismas vidas, si le prestamos atenci&oacute;n al modo retorcido en que hablan nuestros propios vecinos y a las cosas inconexas e inacabadas que pueden pasar en cualquier colegio o en cualquier barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo sigo viendo grandes pel&iacute;culas. Sigo leyendo, tambi&eacute;n, a grandes intelectuales. Escucho, cada tanto, entrevistas geniales, a gente que habla tambi&eacute;n como hablaba Sarlo o como hablaba David Lynch, que adem&aacute;s de ser un gran cineasta era un gran entrevistado. Pero ya no veo esas cosas en televisi&oacute;n abierta. Ya no veo esas cosas en un soporte que compartamos todos. Ya no puedo decirle a nadie que mire esa serie cuya tanda seguro vio pasar porque est&aacute; en el mismo horario que <em>Grande Pa</em>. Puedo recomendarle cualquier cosa a cualquiera, por supuesto. Pero no es inocuo que ya no existan las condiciones sociales, medi&aacute;ticas o econ&oacute;micas para poner a circular un discurso genuinamente novedoso en un lugar en el que tantas personas distintas podamos verlas al mismo tiempo. No es inocuo que ya nadie pueda o quiera costear el coraje de apoyar voces diversas, voces que hablan un idioma que la audiencia todav&iacute;a no sabe que quiere hablar. Creo que eso es lo que extra&ntilde;amos, lo que m&aacute;s vamos a extra&ntilde;ar a medida que desaparezca la &uacute;ltima generaci&oacute;n de intelectuales que tuvo la suerte, la valent&iacute;a y el privilegio de hablarnos a tantas personas distintas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedando-solos_129_11975314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 02:58:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nos vamos quedando solos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Beatriz Sarlo,David Lynch]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Lynch: un corazón salvaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/david-lynch-corazon-salvaje_129_11974206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6844e045-527f-4506-ab30-286170c01ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Lynch: un corazón salvaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Arquitecto de lo extraño, navegó un universo donde el absurdo reina y lo real se esconde. Su obra, un caleidoscopio de belleza, misterio y rareza, desdibuja los límites entre lo cotidiano y lo inquietante. Devoto de Kafka, Camus y la meditación trascendental, plasmó la búsqueda eterna de sentido en un mundo caótico, donde el lenguaje se ha vaciado de certezas.</p></div><p class="article-text">
        Todo se va disolviendo, como figuras de cera que se derriten ante el fuego. Hasta el lenguaje se ha degradado y las viejas palabras, esas que nos permit&iacute;an imaginar un mundo m&aacute;s s&oacute;lido y consistente, ya pueden significar cualquier cosa; lo que es lo mismo que no significar nada. Ahora a cualquier situaci&oacute;n burocr&aacute;tica se la designa &ldquo;kafkiana&rdquo;. La po&eacute;tica obra de Kafka, rica en significaciones complejas, que hizo del absurdo de la existencia la materia misma de su poder creativo, ahora ha quedado reducida a un modismo intrascendente. Justamente <strong>Kafka es una de las claves secretas que nos permiten adentrarnos en los universos flotantes que ha producido David Lynch a lo largo de medio siglo</strong>, creando una de las obras cinematogr&aacute;ficas m&aacute;s originales de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970754.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Lynch muri&oacute; el mi&eacute;rcoles pasado (la noticia se divulg&oacute; el jueves) en la casa de una de sus hijas</a>. Tuvo que autoevacuarse de urgencia porque su casa estaba en riesgo: se encontraba en la zona de incendios voraces que est&aacute; sufriendo Los &Aacute;ngeles. Sufr&iacute;a de enfisema por d&eacute;cadas de fumador. Ya depend&iacute;a de la m&aacute;quina de ox&iacute;geno para poder trasladarse de un cuarto al otro. El final del gran artista podr&iacute;a ser filmado por el propio Lynch como otra escena sugerente e incomprensible (a la vez que tr&aacute;gicamente c&oacute;mica) de una trama que nunca se completa: el poeta que ya no puede respirar sin ayuda de la m&aacute;quina se ve cercado por el humo que incendia la Meca del Cine y muere ahogado de calor familiar en la casa de una hija.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El final del gran artista podría ser filmado por el propio Lynch como otra escena sugerente e incomprensible (a la vez que trágicamente cómica) de una trama que nunca se completa: el poeta que ya no puede respirar sin ayuda de la máquina se ve cercado por el humo que incendia la Meca del Cine y muere ahogado de calor familiar en la casa de una hija</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s que surrealista &mdash;otro de los muchos t&eacute;rminos que han sido bastardeados hasta el hartazgo y que todas las rese&ntilde;as han gastado aun m&aacute;s respecto del cine de Lynch&mdash;, el creador de la primera versi&oacute;n f&iacute;lmica de Dune apela siempre al absurdo. Su amor por Kafka y Camus (era devoto de &ldquo;El mito de S&iacute;sifo&rdquo;, en el que el franc&eacute;s reflexiona sobre el absurdo de haber nacido e insistir en vivir &ldquo;arrastrando una piedra hasta la cima de la monta&ntilde;a con el &uacute;nico objeto de dejarla caer&rdquo;) est&aacute; presente casi en cada fotograma de cada una de sus producciones.
    </p><p class="article-text">
        Lynch era un renacentista: <strong>es famoso por su cine o por la serie Twin Peaks, pero hizo de todo</strong>. Dise&ntilde;&oacute; muebles, escribi&oacute; libros de todo tipo (algunos son considerados de autoayuda), fue publicista, trabaj&oacute; con grandes m&uacute;sicos (su amistad con David Bowie es legendaria).
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Montana (pero con mudanzas constantes por el trabajo de su padre), de ni&ntilde;o fue <em>boy scout</em>, lo que lo mantuvo en contacto constante con la naturaleza y le dio la experiencia de orden y organizaci&oacute;n que le permiti&oacute; afrontar los m&aacute;s diversos proyectos a lo largo de una vida muy fecunda. A los 15 a&ntilde;os fue uno de los j&oacute;venes acomodadores que ubicaban a los invitados especiales en la Casa Blanca, con motivo de la asunci&oacute;n del presidente John Fitzgerald Kennedy.
    </p><p class="article-text">
        Como se ve en los films de los cineastas que Lynch admiraba (de Stanley Kubrick a Roman Polanski, pasando por Jacques Tati, Ingmar Bergman y Werner Herzog) debajo de las apariencias estalla lo Real. De all&iacute; que el &ldquo;clima lyncheano&rdquo; sea una mezcla de misterio y estupor, en el que parece que siempre se est&aacute; por develar un secreto, pero nunca se devela nada.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los g&eacute;neros a los que pertenecen sus pel&iacute;culas son muy variados (desde lo metaf&iacute;sico a la ciencia ficci&oacute;n) todos sus films se basan en el suspenso, como si el relato policial fuera la &uacute;nica forma humana de interpretar lo Real cuando aparece desnudo ante nuestra mirada asombrada. El sentido del mundo (el sinsentido, en realidad) es lo que nos impulsa a investigar, pero lo que encontramos nunca es lo que busc&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        La gran diferencia del cine de Lynch con casi todo lo dem&aacute;s que se hizo tras la c&aacute;mara es que <strong>no importa ni qui&eacute;n es el asesino ni los motivos del crimen</strong>. Lo Real siempre es delictivo, siempre es mortal, siempre es peligroso, adem&aacute;s de que nunca terminamos de comprenderlo. Su cine pone en escena la b&uacute;squeda insaciable. B&uacute;squeda que es llevada al extremo de lo bello, lo raro y lo perfecto (todo al mismo tiempo) en los que, para m&iacute;, son sus dos grandes obras maestras: Blue Velvet y Wild at Heart.
    </p><p class="article-text">
        Justamente en Blue Velvet se repite todo el tiempo la frase que podr&iacute;a ser la clave de toda la obra de Lynch: &ldquo;Este es un mundo extra&ntilde;o&rdquo;. En varias entrevistas el cineasta dijo que lo que m&aacute;s le interesaba era hacer arte &ldquo;porque el universo en el que vivimos est&aacute; conformado por opuestos y en el arte podemos apelar al truco de reconciliar los opuestos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lynch sosten&iacute;a que nuestra &eacute;poca ha vivido una degradaci&oacute;n radical del lenguaje y las frases ya no significan lo que antes cre&iacute;amos entender en ellas. Por eso ahora queda el arte para intentar no restaurar los viejos sentidos sino mostrar el sinsentido, el absurdo en el que estamos inmersos. Como en Esperando a Godot, de Samuel Beckett, en las pel&iacute;culas de Lynch los personajes est&aacute;n perdidos y buscan un redentor. A diferencia de los de Beckett, los personajes de Lynch logran, a veces (como en su primer film, Eraserhead, aunque tambi&eacute;n en Blue Velvet y Wild at Heart), una epifan&iacute;a o una trascendencia. No es casual que &eacute;l fuera practicante de la meditaci&oacute;n trascendental y que tuviera una fundaci&oacute;n que ense&ntilde;aba a realizarla en las c&aacute;rceles, en los hogares para personas indigentes y en los correccionales de muchachos que tienen muchos problemas con la ley.
    </p><p class="article-text">
        Es que <strong>para Lynch el gran secreto es dejar de flotar como motas de polvo en la oscuridad de un mundo absurdo</strong>; motas que son arrastradas por los vientos del caos, para encontrar en nuestro coraz&oacute;n lo &uacute;nico que vale la pena: la paz, que no es meramente una palabra (degradada como todas las otras) sino un estado de la mente.
    </p><p class="article-text">
        <em>DM/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/david-lynch-corazon-salvaje_129_11974206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2025 03:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[David Lynch: un corazón salvaje]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[David Lynch,Cine surrealista,Absurdo,Misterio,Franz Kafka,Cine,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De 'Cabeza borradora' a 'El camino de los sueños', las mejores películas para recordar a David Lynch]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/cabeza-borradora-mulholland-drive-mejores-peliculas-recordar-david-lynch_1_11973955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cdd7cce-342a-4c59-9d24-8817228dfd8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De &#039;Cabeza borradora&#039; a &#039;El camino de los sueños&#039;, las mejores películas para recordar a David Lynch"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mundos de pesadilla, deconstrucciones del sueño americano y hasta historias tiernas y clásicas. El universo de David Lynch es inabarcable. Aquí una selección de obras para honrar al genio, fallecido a los 78 años</p><p class="subtitle">Muere el director de cine David Lynch, autor de obras maestras como 'Terciopelo azul' o 'Twin Peaks'
</p></div><p class="article-text">
        Los directores de cine firmar&iacute;an porque una de sus pel&iacute;culas pasaran a la historia, porque formara parte del imaginario popular, porque alguna de sus escenas fuera recordada para siempre. Cuando uno observa la filmograf&iacute;a de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970727.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">David Lynch, fallecido este jueves a los 78 a&ntilde;os</a>, uno se da cuenta de que la gran parte de sus filmes son parte imborrable de la historia del cine. Todos ellos contienen al menos una escena, una secuencia que se queda pegada, que alimenta las pesadillas del espectador, que vuelve a su memoria de forma constante.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil elegir las mejores pel&iacute;culas para recordar a un genio como &eacute;l. Quiz&aacute;s habr&iacute;a que recomendar todas, porque hasta las fallidas como <em>Dune</em> o<em> Inland Empire </em>tienen fogonazos de genio, arrebatos de locura indescriptible en tiempos de un cine acad&eacute;mico y acartonado. Aqu&iacute; las mejores pel&iacute;culas de un cineasta inolvidable e indescriptible.
    </p><h2 class="article-text">'Cabeza borradora' (1977)</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Pocos debuts tan arrebatadores. En <em>Cabeza borradora</em> ya hay mucho del universo lynchiano que luego se har&iacute;a popular. Con un presupuesto baj&iacute;simo, el cineasta us&oacute; un blanco y negro asfixiante para contar la degradaci&oacute;n mental de un protagonista encargado de cuidar a un extra&ntilde;o beb&eacute; que poco tiene que ver con la imagen angelical que el cine mostraba de los reci&eacute;n nacidos. Lynch ya mostr&oacute; muchas de las se&ntilde;as estil&iacute;sticas y tem&aacute;ticas que poblar&iacute;an sus historias, como ese gusto por el surrealismo y lo que normalmente se se&ntilde;ala como extra&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text">'El hombre elefante' (1980)</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Del beb&eacute; mutante de <em>Cabeza borradora </em>al hombre con una malformaci&oacute;n que lo convierte en un monstruo a ojos del resto en la conmovedora <em>El hombre elefante.</em> Una de sus pel&iacute;culas m&aacute;s emotivas y tambi&eacute;n una de las m&aacute;s convencionales a nivel formal. Es incre&iacute;ble que un director que hab&iacute;a sido alabado, principalmente, por el aspecto on&iacute;rico de su &oacute;pera prima, cambie de registro de una forma tan radical con una segunda obra. Fue su primera candidatura al Oscar al Mejor director y la &uacute;nica vez que una de sus pel&iacute;culas opt&oacute; al premio de la Academia al mejor filme del a&ntilde;o, que perdi&oacute; frente a<em> Gente corriente.</em>
    </p><h2 class="article-text">'Terciopelo Azul' (1986)</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        &iquest;Puede una pel&iacute;cula destrozar la imagen id&iacute;lico del sue&ntilde;o americano en solo una escena? S&iacute;, lo hizo David Lynch en el comienzo de <em>Terciopelo azul,</em> otra de sus obras maestras incontestables. Un inicio que es historia del cine. Con la canci&oacute;n <em>Blue Velvet,</em> interpretada por Bobby Vinton, muestra las im&aacute;genes so&ntilde;adas del t&iacute;pico n&uacute;cleo de viviendas de EEUU. Unas rosas rojas, unos ni&ntilde;os cruzando por la calle, un se&ntilde;or regando&hellip; pero pronto algo deja de funcionar. El se&ntilde;or que riega cae fulminado provocando una especie de versi&oacute;n siniestra de una de las im&aacute;genes fundacionales del cine, El regador regado. La c&aacute;mara entra dentro de la tierra y muestra insectos para cortar y presentar al personaje de Kyle MacLachlan -uno de sus actores fetiche- antes de encontrar la oreja mutilada y llena de hormigas que da comienzo a un filme inolvidable.
    </p><h2 class="article-text">'Una historia sencilla' (1999)</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Detr&aacute;s de su imaginario siniestro, David Lynch escond&iacute;a una ternura que hac&iacute;a que fuera un director que despertara simpat&iacute;as hasta entre sus detractores. Siempre amable, siempre ir&oacute;nico. Esa ternura tambi&eacute;n asomaba de vez en cuando en alguna de sus pel&iacute;culas, y era en esas cuando hasta la cr&iacute;tica que le hab&iacute;a destrozado con sus apuestas m&aacute;s surrealistas se rend&iacute;a a sus pies. Ocurri&oacute; con <em>Una historia verdadera</em>, su filme m&aacute;s austero, que bebe del clasicismo para ofrecer un filme emotivo e inteligente que logra calar sin que nadie le meta el dedo en el ojo. Su protagonista, Richard Farnsworth, que interpreta a un hombre que recorre 500 kil&oacute;metros en cortac&eacute;sped para ir a visitar a su hermano enfermo, estuvo nominado al Oscar, pero ni con su filme m&aacute;s &lsquo;convencional&rsquo; Lynch logr&oacute; las bendiciones de la Academia.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">'El camino de los sue&ntilde;os' (2001)</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Si en<em> Terciopelo Azul</em> Lynch revent&oacute; el sue&ntilde;o americano, en <em>Mulholland Drive</em> realiz&oacute; la misma operaci&oacute;n con Hollywood, la industria que de alguna forma se lo invent&oacute;. <em>Mulholland Drive</em> es muchas cosas. Un misterio indescifrable, un juego de m&aacute;scaras e identidades, un retrato a una ciudad&hellip; pero tambi&eacute;n una mirada inmisericorde a una industria que no cree en el arte y solo en el beneficio. Una obra maestra que ha conseguido en poco tiempo entrar en todas las listas de las mejores pel&iacute;culas de la historia (est&aacute; en el octavo puesto de la &uacute;ltima realizada por Sight &amp; Sound) y que dej&oacute; momentos como el del club Silencio, producto de la imaginaci&oacute;n de una mente maravillosa e inigualable.
    </p><h2 class="article-text">'Twin Peaks'</h2><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        No es una pel&iacute;cula (aunque tambi&eacute;n lo fue en ese filme que ampli&oacute; el universo de la serie,<em> Fuego camina conmigo </em>(1992), pero quiz&aacute;s <em>Twin Peaks</em> es la obra por la que muchos recordar&aacute;n a David Lynch. La serie que cre&oacute; junto a Mark Frost revolucion&oacute; la televisi&oacute;n, demostr&oacute; que los cineastas pod&iacute;an ofrecer mucho al mundo audiovisual desde cualquier formato antes del boom de las plataformas, y cre&oacute; un misterio para el recuerdo, el de qui&eacute;n asesin&oacute; a Laura Palmer. Pero si alguien pensaba que Lynch har&iacute;a un<em> whodunit </em>al uso que pensara de nuevo. Ah&iacute; estaba Bob, la se&ntilde;ora del le&ntilde;o, y una serie de personajes que solo pod&iacute;an salir de su mente. Una serie pesadillesca y &uacute;nica que regres&oacute; con una temporada apote&oacute;sica en 2017. Los acordes que compuso Angelo Badalamenti nos acompa&ntilde;ar&aacute;n siempre.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/cabeza-borradora-mulholland-drive-mejores-peliculas-recordar-david-lynch_1_11973955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2025 19:13:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De 'Cabeza borradora' a 'El camino de los sueños', las mejores películas para recordar a David Lynch]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,David Lynch]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere el director de cine David Lynch, autor de obras maestras como 'Terciopelo azul' o 'Twin Peaks']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/421c2b2c-f202-45cb-8f9f-f50a8726d12a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2213y1535.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere el director de cine David Lynch, autor de obras maestras como &#039;Terciopelo azul&#039; o &#039;Twin Peaks&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El visionario director, creador de varias de las películas más influyentes de las últimas décadas, falleció a los 78 años según comunicó su familia en su cuenta oficial de Facebook</p></div><p class="article-text">
        David Lynch, uno de los directores m&aacute;s importantes e influyentes del cine de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como<em>&nbsp;Mullholland Drive</em>,&nbsp;<em>Terciopelo Azul</em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/muere-julee-cruise-voz-eterea-twin-peaks_1_9071500.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&nbsp;</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/muere-julee-cruise-voz-eterea-twin-peaks_1_9071500.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">o&nbsp;</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/muere-julee-cruise-voz-eterea-twin-peaks_1_9071500.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Twin Peaks</em></a><em>&nbsp;</em>ha muerto a los 78 a&ntilde;os, tal como ha informado la familia del autor en su p&aacute;gina oficial de Facebook. &ldquo;Con profundo pesar, nosotros, su familia, anunciamos el fallecimiento del hombre y artista David Lynch. Agradecer&iacute;amos un poco de privacidad en este momento. Hay un gran agujero en el mundo ahora que ya no est&aacute; con nosotros. Pero, como &eacute;l dec&iacute;a, 'Mant&eacute;n la vista en la rosquilla y no en el agujero. Es un hermoso d&iacute;a con sol dorado y cielos azules todo el camino'&rdquo;, dice el escueto comunicado.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, Lynch hab&iacute;a comunicado p&uacute;blicamente que hab&iacute;a sido diagnosticado enfisema, una enfermedad cr&oacute;nica del pulm&oacute;n que provoca la falta de aire y que deb&iacute;a guardar reposo, aunque r&aacute;pidamente &eacute;l se encarg&oacute; de asegurar que nunca se retirar&iacute;a. Ir&oacute;nicamente, la noticia de su enfermedad llegaba tras much&iacute;simos rumores de que hab&iacute;a rodado una pel&iacute;cula en secreto que iba a presentarse en el festival de Cannes de 2022 y que se demostr&oacute; como solo un bulo de internet al que dieron validez medios de EEUU como Variety.
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        Adem&aacute;s de varios v&iacute;deos y de sus virales predicciones del tiempo en redes sociales, Lynch no se pon&iacute;a en la silla de director desde 2017, cuando retom&oacute;&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/twin-peaks-serie-encendio-revolucion_132_3396244.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de sus creaciones m&aacute;s m&iacute;ticas,&nbsp;</a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/twin-peaks-serie-encendio-revolucion_132_3396244.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Twin Peaks</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/seriefilos/twin-peaks-serie-encendio-revolucion_132_3396244.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a>&nbsp;para rodar una &uacute;ltima temporada que volvi&oacute; a volar la cabeza de todos los espectadores como la primera en 1990 -el mismo a&ntilde;o que ganar&iacute;a la Palma de Oro en Cannes por Coraz&oacute;n Salvaje-, cuya frase promocional, &ldquo;&iquest;qui&eacute;n asesin&oacute; a Laura Palmer?&rdquo; y los acordes de la&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/fallece-compositor-angelo-badalamenti-colaborador-habitual-david-lynch_1_9788365.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&uacute;sica de Angelo Badalamenti</a>&nbsp;pronto calaron en la audiencia.
    </p><div id="fb-root"></div><script async defer src="https://connect.facebook.net/es_ES/sdk.js#xfbml=1&version=v19.0"></script><div class="fb-post" data-href="https://www.facebook.com/davidlynchofficial/posts/pfbid04LuZED6SrWevszQ1UZoEED6x95znKc7scJxXFL5B1icBKgCiu4T2qYLHsErFNzELl"></div><p class="article-text">
        Lynch revolucionaba la televisi&oacute;n con una serie que se anticip&oacute; a su tiempo y donde mezclaba todos los elementos de un imaginario que ya hab&iacute;a sido desarrollado en una obra maestra como&nbsp;<em>Terciopelo Azul</em>, una de las m&aacute;s influyentes del cine reciente, cuya escena inicial y varias de sus im&aacute;genes han permanecido en la retina y en la pesadilla de los espectadores desde entonces. Lynch fue uno de esos directores que se convierten en adjetivos y cuya mezcla de surrealismo, cine negro y terror acu&ntilde;aron un t&eacute;rmino como Lynchiano e hicieron de su trabajo uno de los m&aacute;s influyentes para el cine de autor de todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Tras conocer su fallecimiento, multitud de cineastas han publicado sus mensajes de recuerdo a David Lynch. James Gunn, Steven Soderbergh, Harmoni Korine... entre todos ha destacado el de Steven Spielberg, que le dio el papel de John Ford en Los Fableman, su &uacute;tlima aparici&oacute;n en un filme. &ldquo;Me encantaron las pel&iacute;culas de David.&nbsp;<em>Terciopelo azul, Mulholland Drive y El hombre elefante&nbsp;</em>lo definieron como un so&ntilde;ador singular y visionario que dirigi&oacute; pel&iacute;culas que parec&iacute;an hechas a mano. Conoc&iacute; a David cuando interpret&oacute; a John Ford en&nbsp;<em>Los Fabelman&nbsp;</em>(2022)<em>.</em>&nbsp;All&iacute; estaba uno de mis h&eacute;roes, David Lynch interpretando a uno de mis h&eacute;roes. Era surrealista y parec&iacute;a una escena de una de las propias pel&iacute;culas de David. El mundo va a extra&ntilde;ar una voz tan original y &uacute;nica. Sus pel&iacute;culas ya han resistido la prueba del tiempo y siempre lo har&aacute;n&rdquo;, dijo en unas declaraciones a Variety.
    </p><p class="article-text">
        Muchos emparejaron su trabajo con el del otro maestro del surrealismo, el espa&ntilde;ol Luis Bu&ntilde;uel, pero Lynch se encargaba de negarlo. En 2013, en un encuentro con alumnos en Madrid, el director fue preguntado por ello y asegur&oacute; que nunca hab&iacute;a visto ning&uacute;n filme del espa&ntilde;ol y que su influencia principal estaba en sus ra&iacute;ces y se llamaba Filadelfia, la ciudad donde estudi&oacute; arte en los 70. &ldquo;&rdquo;Era fea, sucia, peligrosa, desagradable, oscura. Tan terrible que acab&oacute; gust&aacute;ndome mucho, con una arquitectura, unos espacios y una manera de ser, un tono, que todav&iacute;a me intriga&ldquo;, dijo entonces. Qui&eacute;n sabe si ment&iacute;a, si era una boutade, o si quiz&aacute;s era verdad y simplemente el universo por ambos genios era, de alguna forma, compartido sin que lo supieran.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, Lynch demostr&oacute; que tambi&eacute;n era un cineasta impecable e imbatible cuando se sal&iacute;a de 'su estilo'. Su segunda pel&iacute;cula tras&nbsp;<em>Cabeza Borradora&nbsp;</em>(1977) fue&nbsp;<em>El hombre elefante&nbsp;</em>(1980), con Anthony Hopkins, John Hurt y Anne Bancroft, y que mostr&oacute; otro Lynch m&aacute;s sobrio pero igualmente soberbio. Algo que volvi&oacute; a demostrar d&eacute;cadas despu&eacute;s en la emocionante&nbsp;<em>Una historia verdadera&nbsp;</em>(1999), dirigida solo dos a&ntilde;os despu&eacute;s de&nbsp;<em>Carretera perdida</em>&nbsp;y en la que Lynch mostr&oacute; una sensibilidad, una austeridad y un clasicismo ejemplares para contar la historia de un anciano (Richard Farnsworth), que recorre 500 kil&oacute;metros para visitar a su hermano que ha sufrido un infarto y con el que lleva una d&eacute;cada sin hablar.
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                    alt="David Lynch en Londres en 1984."
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                David Lynch en Londres en 1984.                            </span>
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        A pesar de una carrera llena de t&iacute;tulos brillantes e inolvidables, David Lynch nunca gan&oacute; el Oscar por una de sus pel&iacute;culas, y tuvo que esperar hasta 2020 para recibir el premio de la Academia de Hollywood de forma honor&iacute;fica. No es de extra&ntilde;ar, ya que su cine estaba m&aacute;s ligado a los autores europeos y lejos del cine academicista que los Oscar han premiado de forma casi continua y que est&aacute; en las ant&iacute;podas de un director cuyas pel&iacute;culas actuaban como la navaja de Bu&ntilde;uel, cortando el ojo del espectador en&nbsp;<em>Un perro andaluz.</em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que fue r&aacute;pidamente querido y deseado por el Festival de Cannes y todos los cert&aacute;menes de autor. En La Croisette no solo logr&oacute; una Palma de Oro, sino que tambi&eacute;n logr&oacute; el premio al Mejor director por<em>&nbsp;Mullholland Drive</em>&nbsp;(2002), la &uacute;ltima vez que opt&oacute; tambi&eacute;n al Oscar a la Mejor direcci&oacute;n.&nbsp;<em>Mulholland Drive</em>&nbsp;consigui&oacute; de nuevo colocarse como uno de los filmes que entran a formar parte de la historia del cine, y lo ha hecho en apenas dos d&eacute;cadas. En la &uacute;ltima encuesta realizada por la prestigiosa revista Sight &amp; Sound, que edita el Instituto del Cine Brit&aacute;nico,&nbsp;<em>Mulholland Drive</em>&nbsp;(2001) se colocaba en el octavo puesto de las mejores pel&iacute;culas de la historia del cine, siendo, adem&aacute;s, la m&aacute;s reciente en el top ten. Lynch era, adem&aacute;s, uno de los pocos directores con dos t&iacute;tulos en la lista, ya que en el puesto 85 se situ&oacute;&nbsp;<em>Terciopelo Azul.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sus pel&iacute;culas sol&iacute;an polarizar a la cr&iacute;tica, y, sin embargo, nadie pod&iacute;a quit&aacute;rselas de la memoria. Sus escenas han poblado nuestras pesadillas, han alimentado nuestros miedos y han abierto horizontes en un cine casi siempre hecho con escuadra y cartab&oacute;n. Ahora, como dec&iacute;a uno de sus personajes en una de las escenas m&aacute;s poderosas de&nbsp;<em>Mullholland Drive&nbsp;</em>solo se puede hacer una cosa, guardar silencio: &ldquo;Silencio, silencio, silencio: no hay banda, no hay orquesta. Silencio, silencio, silencio: todo est&aacute; grabado. Silencio&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Jan 2025 18:41:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muere el director de cine David Lynch, autor de obras maestras como 'Terciopelo azul' o 'Twin Peaks']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[David Lynch]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tropezar dos veces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezar-veces_129_11672316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/704a1055-c3da-42f8-a61e-f3ae6b9b98f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1102458.jpg" width="1282" height="721" alt="Tropezar dos veces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La paradoja entre no poder entrar dos veces al mismo río y tropezar dos veces con la misma piedra introduce una reflexión sobre la percepción del tiempo, la memoria y la experiencia humana a propósito de "Doble de cuerpo", la película de Brian De Palma, vista nuevamente después de 40 años. </p></div><p class="article-text">
        No se puede entrar dos veces al mismo r&iacute;o, pero s&iacute; tropezar dos veces con la misma piedra. &iquest;En qu&eacute; quedamos? La lecci&oacute;n de Her&aacute;clito, gran observador de la espera (&ldquo;lo fr&iacute;o se calienta, lo caliente se enfr&iacute;a&rdquo;), nos advierte que lo que no se puede es retroceder en el tiempo, del que el curso del r&iacute;o es una modesta representaci&oacute;n como lo ser&iacute;a un carretel de hilo respecto de un hilo de longitud infinita. 
    </p><p class="article-text">
        No hay nada para discutir de ese argumento imponente. Entonces, &iquest;c&oacute;mo puede ser que el hombre, que no entra dos veces al mismo r&iacute;o, s&iacute; pueda tropezar dos veces con la misma piedra? 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a ser porque se olvid&oacute; c&oacute;mo era y d&oacute;nde estaba la piedra con la que ya hab&iacute;a tropezado una vez, es decir por una falla ordinaria de la memoria. O porque cuando tropieza por segunda vez, &eacute;l ya no es el de la primera, de la que solo conserva su apariencia.
    </p><p class="article-text">
        Y ya, mezclando todo, podr&iacute;a considerarse que el r&iacute;o es la piedra y la piedra el r&iacute;o, y que en ese intercambio uno puede tanto entrar dos veces al mismo r&iacute;o porque se olvid&oacute; de c&oacute;mo era, como no tropezar de nuevo con la misma piedra porque tanto uno como otra se han modificado.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas vueltas han sido dadas para empezar a hablar, por fin, de la experiencia de haber vuelto a ver <em>Doble de cuerpo</em>, de <strong>Brian De Palma</strong>, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su estreno, durante los cuales estuvo en el pedestal de la memoria. 
    </p><p class="article-text">
        En el recuerdo anterior a volver a entrar a su r&iacute;o o a tropezar con su misma piedra, destellaban Holly Body (<strong>Melanie Griffith</strong>) y Gloria Revelle (la ex Miss Estados Unidos 1970, <strong>Deborah Shelton</strong>, a la que De Palma le dobl&oacute; la voz porque no soportaba escucharla). Tambi&eacute;n, aunque en menor medida para un joven espectador enamoradizo, las alusiones intertextuales a <strong>Alfred Hitchcock</strong>, <strong>Roger Corman</strong>, <strong>Michelangelo Antonioni</strong> y el porno en VHS. M&aacute;s la alucinante casa Chemosphere de Los Angeles, casi una estaci&oacute;n espacial, dise&ntilde;ada por el disc&iacute;pulo de <strong>Frank Lloyd Wright</strong>, <strong>John Lautner</strong>, en la que Jake Scully (<strong>Craig Wasson</strong>) esp&iacute;a a mansalva a su vecina, componiendo la versi&oacute;n plebeya de James Steward en <em>La ventana indiscreta</em>.
    </p><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu de la historia de De Palma es, para variar, de origen shakespeariano. Sam Bouchard (<strong>Gregg Lee Henry</strong>) est&aacute; buscando, para poder matar a su esposa, un testigo de trapo que vea una cosa cuando lo que ocurre es otra. La maniobra consiste en introducir ficci&oacute;n en la realidad para que la realidad sea adulterada en su favor. Esa es el eje alrededor del cual giran varias ruedas, y le debe su existencia a un hecho remoto: Scully es enga&ntilde;ado por su mujer y se lanza a una deriva de bares y audiciones para vencer su karma de actor claustrof&oacute;bico. Bouchard, cazador de giles, recluta a Scully y comete su crimen como un arte.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el recuerdo, <em>Doble de cuerpo</em> es una pel&iacute;cula llena de atributos, especialmente aquellos asociados a una manera de hacernos ver su historia como un problema que sucede en otro nivel de realidad, el nivel de los hechos escamoteados. De repente, accedemos a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n a ver los hechos en su profundidad, como quien dice por dentro. Lo que desplaza las conversaciones hacia una zona de importancia secundaria. Como si las palabras fuesen -esa es la impresi&oacute;n que dan- decorados concebidos &uacute;nicamente para el encantamiento y el enga&ntilde;o. Mientras tanto, los acontecimientos suceden a nuestras espaldas. As&iacute; est&aacute;n organizados el mundo y sus acontecimientos, de los que es tan dif&iacute;cil dar fe. 
    </p><p class="article-text">
        Esos elementos de composici&oacute;n o, quiz&aacute;s m&aacute;s bien, estos descubrimientos funcionales de la realidad son lo inalterable de su arte, y responden a una pregunta de resonancias ontol&oacute;gicas: &iquest;qu&eacute; es lo que pasa, que es lo que <em>est&aacute; pasando</em> en la realidad que no podemos ver a simple vista? Para ser breves: todo, o casi todo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que hace De Palma en <em>Doble de cuerpo</em> es acercarnos a un primer plano de contemplaci&oacute;n aquello que se escurre de cualquier hecho. Si no sabemos m&aacute;s de la realidad es porque nacimos para mirar poco, mucho menos de lo que se nos oculta. &nbsp;Pero es evidente que el objeto llamado <em>Doble de cuerpo</em> ya no es el mismo para aquel que lo contempl&oacute; hace cuarenta a&ntilde;os. Hay escenas con fallas que hoy no podr&iacute;an permitirse en nombre de la terminaci&oacute;n. Por ejemplo, la del asesinato con el taladro est&aacute; hecha de forcejeos que no parecieran responder a los protocolos f&iacute;sicos del ataque y la defensa corporal, para no hablar del modo engorroso en que interviene el largo del cable que lo alimenta (un taladro a bater&iacute;a habr&iacute;a solucionado el problema, aun cuando entonces no existiera). O la de la playa, cuando Scully sube y baja las escaleras siguiendo a Gloria Revelle como si &eacute;l fuera el Hombre Invisible. 
    </p><p class="article-text">
        En el p&aacute;rrafo anterior escrib&iacute; la palabra &ldquo;terminaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; valor podr&iacute;a tener esa palabra en un juicio sobre arte? Ninguno. Sin embargo, tiene un peso de &eacute;poca. Cualquier pel&iacute;cula, cualquier serie, incluso cualquier &ldquo;cosa&rdquo; tiene hoy una buena terminaci&oacute;n. Todo queda m&aacute;s o menos lindo: la heladera, el auto, la pizza, la novela, el mate y la serie. Es el triunfo extendido a todos los territorios de la l&oacute;gica industrial, y bajo esa plataforma de dominio, que es la del control de calidad del &ldquo;siempre lo mismo&rdquo;, hace su veranito el producto bien terminado.
    </p><p class="article-text">
        En 1969, durante las entrevistas que le concedi&oacute; en Vence a <strong>Dominique De Rux</strong>, <strong>Witold Gombrowicz</strong> dijo que &eacute;l era mejor que <strong>Dante Alighieri</strong>. Su argumento era que Dante hab&iacute;a nacido siete siglos antes del momento en el que &eacute;l estaba hablando con De Roux, por lo que esos siete siglos hab&iacute;an aportado a la literatura una serie de hitos y herramientas con los que Dante no hab&iacute;a contado, pero con los que &eacute;l s&iacute; pod&iacute;a contar. Que lo haya dicho un polaco arrogante no le quita raz&oacute;n al argumento. Lo mismo podr&iacute;a decirse del cine de <strong>David Lynch</strong> respecto de <strong>Georges M&eacute;li&eacute;s</strong>. No porque haya una evoluci&oacute;n, sino porque despu&eacute;s de un &ldquo;antes&rdquo; puede disponerse art&iacute;sticamente de m&aacute;s recursos. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que revela esta humilde aventura arqueol&oacute;gica es que las viejas escenas de <em>Doble de cuerpo, </em>podr&iacute;an hoy ser superadas en lo que tienen de obra, aunque es m&aacute;s dif&iacute;cil que pueda hacerse en lo que tienen de arte. Podr&iacute;an ser, como quien dice, &ldquo;mejoradas&rdquo; en el &uacute;nico sentido posible en el que -en general-el cine orienta hoy sus formas cada vez m&aacute;s homog&eacute;neas, es decir inclin&aacute;ndose hacia un naturalismo extremo. Lo que lo lleva, salvo excepciones (y al arte es pura excepci&oacute;n), a imitar la realidad como el imitador de <strong>Elvis Presley</strong> imita a Elvis Presley, imitando la voz, el vestuario y el baile. Para que el cine bien terminado, cultor de la escuela del &ldquo;prolijismo&rdquo;, se disfrace de realidad (una realidad ya hecha), y el arte siga su camino de inmadurez e imperfecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezar-veces_129_11672316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Sep 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Brian De Palma,Alfred Hitchcock,David Lynch]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuerpos rompidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerpos-rompidos_129_8508140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/158f1183-7baa-4836-a8b5-6f84dcad187f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuerpos rompidos"></p><p class="article-text">
        Cuando el cuerpo de repente se lastima y aunque la herida no sea terrible, lo que aparece enseguida es el umbral de lo que podr&iacute;a haber sucedido, lo que podr&iacute;a suceder. Quebrar eso que por fuera parece perfecto y evidente pero que est&aacute; hecho de tantas cosas que s&oacute;lo nos toca ver cuando algo del cuerpo se rompe, de afuera hacia adentro, una incisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos semanas est&aacute;bamos en la casa de una amiga de mi hijo Ram&oacute;n, en el cuarto jugaban ellxs y un amigo m&aacute;s. Estaban muy excitados por el reencuentro y jugaban en el cuarto a puerta cerrada mientras nosotras habl&aacute;bamos en el living. Ya hab&iacute;an pasado varias horas y era casi momento de irse cuando lxs amiguitxs se acercan corriendo y anuncian que Ram&oacute;n se lastim&oacute;. Como no o&iacute; ni un grito ni un llanto me acerco por el pasillo con parsimonia. Cuando me asomo a la habitaci&oacute;n veo c&oacute;mo el pap&aacute; de la ni&ntilde;a est&aacute; liberando a Ram&oacute;n del barral de la cama cucheta que ten&iacute;a sobre su cara. Tiene la cara rajada, como si lo hubiera rasgu&ntilde;ado un tigre pesado. Son tres raspones con rasgadura de piel sobre el p&oacute;mulo. Estaba tan asustado que no grit&oacute;. Cuando me ve se recupera del shock de la ca&iacute;da. Se sostiene el p&oacute;mulo. Celebro por un lado que la zona anteojos y ojos haya quedado intacta, temo que se haya fracturado algo debajo de la piel. Entonces s&iacute; empieza a llorar, me pregunta si tiene sangre, le asusta mucho, much&iacute;simo, su propia sangre. Le salen mocos, me pregunta aterrado si le sangra la nariz. Le acercan una bolsita con hielo que sostiene contra su p&oacute;mulo, y llora. Yo conservo la calma externa para curarle el susto a &eacute;l pero siento que alguien adentro m&iacute;o vomita y hace caca y convulsiona. La visible no, la visible est&aacute; imp&aacute;vida, un bloque de m&aacute;rmol. El padre de la ni&ntilde;a me dice que me fije despu&eacute;s, porque la baranda que se le cay&oacute; encima es muy pesada. De a poco logramos reconstruir el hecho, lxs amiguitxs est&aacute;n asustados tambi&eacute;n. Ram&oacute;n se quiso tirar de la cama de arriba. En el camino se agarr&oacute; de la baranda que se solt&oacute; y &eacute;l se la llev&oacute; consigo. Cay&oacute; seco sobre el piso y la baranda aterriz&oacute; en su cara. Con la fortuna de haber impactado a medio cent&iacute;metro de sus anteojos, sobre sus ojos. Sigo atenta a &eacute;l para entender si hay m&aacute;s que la herida superficial de las rasgaduras, si tenemos que ir a la guardia o no. Entre tanto pusieron la televisi&oacute;n para distraer al resto, Ram&oacute;n se interesa por la programaci&oacute;n, es un buen signo. Cada tanto vuelve a acordarse del accidente, ci&ntilde;e la bolsa de hielos contra su p&oacute;mulo, gime o llora pero despu&eacute;s hace un comentario al paso acerca del programa de televisi&oacute;n. La hip&oacute;tesis de la herida superficial se impone. De la noche a la ma&ntilde;ana, y no como modo de decir, la piel de Ram&oacute;n con la ayuda de una crema, se regenera a velocidad de <em>time lapse</em>: una noche en las c&eacute;lulas de un ni&ntilde;o son 12 d&iacute;as en las nuestras.
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    </figure><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as despu&eacute;s ceno con dos amigas en mi casa. Comemos, conversamos, bebemos poco, una de ellas sin embargo parece haberse emborrachado con ese poco, est&aacute; cansada, vino en auto, vive lejos, me dice que se quiere quedar. La conozco desde hace diez a&ntilde;os, tenemos mucha confianza, hemos compartido viajes, pero nunca se hab&iacute;a quedado a dormir en mi casa. Le ofrezco la cama de Ram&oacute;n, que est&aacute; en casa de su pap&aacute;. Cuando bajo a abrirle a la tercera, menciona que es probable que nuestra amiga vomite. Es probable, no hay nada que pueda hacer al respecto. Subo y nos vamos a dormir. M&aacute;s bien, miro algo m&aacute;s en mi computadora y apago la luz pero dormir lo que se dice dormir, no duermo. Estoy alerta, no s&eacute; si por la probabilidad de v&oacute;mito o porque hay algo raro en el aire. A eso de las tres de la ma&ntilde;ana me sobresalta el sonido del tel&eacute;fono. Me levanto, est&aacute; sonando el tel&eacute;fono de mi amiga, ella despert&oacute; pero ni lo silencia ni atiende. En la penumbra me mira y me dice <em>&iquest;RP?</em> Entiendo que est&aacute; muy dormida y me vuelvo a acostar. Pero a dormir, no. 
    </p><p class="article-text">
        Al rato oigo el ruido de una ca&iacute;da, sonido de cuerpo que impacta contra algo o se cae. Me levanto y encuentro a mi amiga intentando levantarse en el pasillo. La ayudo a levantarse, quiero saber qu&eacute; pas&oacute;, me dice que quiere ir al ba&ntilde;o, que se desorient&oacute; y se dio contra algo. A&uacute;n intento encuadrarlo dentro de cierta l&oacute;gica de la vigilia y el sano juicio. Le pregunto si est&aacute; bien, dice que s&iacute; y que tiene que ir al ba&ntilde;o, le doy privacidad, voy a buscar un vaso de agua a la cocina. Y cuando lo estoy sirviendo vuelvo a o&iacute;r ese sonido espantoso, el de un cuerpo impactando contra cosas, esta vez, cosas de loza. Entro al ba&ntilde;o y no luce nada bien: la cabeza de mi amiga est&aacute; entre el vanitory y el bidet, el resto del cuerpo, que por cierto es muy grande, se acomod&oacute; donde pudo en el &iacute;nfimo espacio de mi min&uacute;sculo ba&ntilde;o. Tiene los ojos abiertos, est&aacute; sumamente p&aacute;lida, en el vanitory veo un rastro de sangre, pienso <em>listo, se muri&oacute;.</em> En segundos pienso <em>911</em> y me pregunto si acaso es realmente &eacute;sta la escena que nos est&aacute; tocando vivir y una vez m&aacute;s por fuera celeridad y por dentro, la que vomita sin cesar. Me acerco a tomarle la cabeza y dice algo, no muri&oacute;. La ayudo a sentarse, eval&uacute;o el da&ntilde;o en su cabeza, la sangre viene de un cortecito junto a la ceja y nada m&aacute;s. Meto la mano debajo del pelo en su nuca temiendo lo peor pero no, no hay nada m&aacute;s que pelo ah&iacute;. Asumo que cay&oacute; con el cuello contra el bidet y no con el cr&aacute;neo y que por la flacidez de sus m&uacute;sculos por el desvanecimiento se lastim&oacute; menos que si hubiese ca&iacute;do en tensi&oacute;n. Entre medio, al margen de la celeridad, echo unas puteadas liberadoras, cosa que con mi hijo contuve. La ayudo a acomodarse de otro modo en el piso del ba&ntilde;o, resulta claro ahora que le baj&oacute; la presi&oacute;n, por su color de piel, por el vino y el porro tambi&eacute;n, son cosas que pasan. Le digo que voy a ir a googlear si es sal o az&uacute;car lo que le tengo que dar, me dice que se va a quedar ah&iacute;. No encuentro nada muy claro en mi tel&eacute;fono pero lo del agua s&iacute;, as&iacute; que retomo la propuesta del agua fresca. Vuelvo y ella una vez m&aacute;s est&aacute; intentando incorporarse, sigue con la idea de usar el inodoro, raz&oacute;n primera por la que se acerc&oacute;. Dice que est&aacute; mejor, le creo aunque la sangre claramente no haya regresado a su rostro a&uacute;n. La ayudo a pararse, repite que quiere ir al ba&ntilde;o, apoyo el vaso con agua sobre el vanitory y salgo, le doy intimidad. Y como en una broma atroz, dos minutos despu&eacute;s vuelvo a escuchar el ruido implotado del cuerpo contra cosas en ba&ntilde;o miniatura, con sonido de vidrios esta vez. Cuando abro la puerta encuentro a mi amiga sentada sobre el bidet, es ah&iacute; donde fue a caer esta vez y frente y alrededor de ella, los dos espejos de mi ba&ntilde;o hechos a&ntilde;icos, aunque no del todo a&ntilde;icos sino peor: a&ntilde;icos en parte y grandes superficies filosas por otro. No acredito, vuelvo a putear, vuelvo a evaluar el da&ntilde;o: s&oacute;lo un peque&ntilde;o cortec&iacute;n en una parte de la pierna, y nada m&aacute;s. Ni siquiera el vaso se rompi&oacute;, solo derram&oacute; toda su agua. Una desgracia con suerte, me digo, una vez m&aacute;s. Los ojos de mi amiga me miran desde un m&aacute;s all&aacute;. Lamenta todo lo que est&aacute; pasando pero no hay nada que pueda controlar. Me maldigo por no haber llevado mejor la situaci&oacute;n y haber evitado, por lo menos, esta tercera ca&iacute;da. Le ruego con todo mi poder persuasivo que no se le ocurra moverse de su posici&oacute;n mientras libero el ba&ntilde;o de vidrios. Saco los grandes, enteros y filosos primero, envuelvo los a&ntilde;icos en la alfombra del ba&ntilde;o despu&eacute;s, temo otra ca&iacute;da m&aacute;s. Mi amiga obedece como un animalito asustado y sostiene su posici&oacute;n, con todo su cuerpo gomoso y golpeado. Nunca, de todos modos, deja de hacer alg&uacute;n comentario acerca de la coyuntura, lo que me da la pauta de que, m&aacute;s all&aacute; o ac&aacute; del desmayo, est&aacute; ubicada en tiempo y espacio. Le seco la sangrecita de la pierna y del ojo y la ayudo a sentarse en el inodoro, que es lo que desde hace rato necesita hacer. Cierra la puerta y me quedo del otro lado. Le pregunto cada dos minutos si est&aacute; bien y me responde con fastidio que s&iacute;. Cada una de esas respuestas fastidiadas me alivia el coraz&oacute;n. Finalmente sale del ba&ntilde;o, comentamos m&iacute;nimamente lo que ha pasado, es hora de dormir o por lo menos de descansar. Nos vamos cada una a su cama y despu&eacute;s de un tiempo de sentir que no se mueve y que su cuerpo descansa al fin, consigo conciliar el sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as posteriores ambas quedamos traumadas. Ella me escribe a diario para que vayamos a reponer el espejo, yo quiero saber c&oacute;mo evoluciona el cuerpo golpeado. Una semana despu&eacute;s todav&iacute;a siente ese cuello lleno de protuberancias, la nuca que revis&eacute; en busca de sangre que no hab&iacute;a gracias al cielo pero con los d&iacute;as chich&oacute;n s&iacute;, porque <strong>tambi&eacute;n puede lastimarse por dentro el cuerpo y que el dolor tarde en salir, se vaya abriendo camino de a poco, desde su centro hasta la piel, el &oacute;rgano de superficie.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces el cuerpo sucumbe a la aceleración y se rompe por fuera y por dentro, de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro y dice basta, no hay más, yo llegué hasta acá.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por alguna extra&ntilde;a sincron&iacute;a en esa semana volv&iacute; a ver <em>Fuego camina conmigo</em>, la pel&iacute;cula que hizo Lynch despu&eacute;s de <em>Twin Peaks,</em> pero que narra los d&iacute;as previos a la muerte de Laura Palmer. Y si bien siempre ver algo de Lynch es festivo y c&oacute;mico, esta vez la pel&iacute;cula me dej&oacute; una tristeza sin fin o ilumin&oacute; la que ya ten&iacute;a por los golpes en los cuerpos amados y pr&oacute;ximos. Pobre Laura Palmer. Pobre cualquier mujer as&iacute;. Pobre cualquiera de nosotras, pobres todas nosotras sometidas a una violencia as&iacute;, diaria, intr&iacute;nseca, institucional, institucionalizada. Y se me revel&oacute; tambi&eacute;n cu&aacute;nto de Laura Palmer, el personaje, me recordaba a mi hermana Natalia. &iquest;Es que no lo hab&iacute;a visto nunca? No lo s&eacute;. De repente se me hizo evidente como en esas revelaciones o profec&iacute;as enso&ntilde;adas entre cortina p&uacute;rpura que propone Lynch. Y si bien la muerte de mi hermana no fue expl&iacute;citamente de violencia machista ni hab&iacute;a sido abusada tampoco, resulta anecd&oacute;tico, porque se parece en todo lo dem&aacute;s. Mi hermana ten&iacute;a un v&iacute;nculo con su sexualidad -&iquest;o deber&iacute;a decir sensualidad?- desde muy chica. Tuvo un cuerpo de mujer desde los doce a&ntilde;os m&aacute;s o menos, le gustaba exponerlo, maquillarse, vestirse de modo provocativo. Era deseante y le gustaba ser deseada tambi&eacute;n. Hizo una escuela de modelos y sal&iacute;a con chicos m&aacute;s grandes que ella. <strong>Tambi&eacute;n, como Laura, y aunque su actitud fuera de mujer fatal, mi hermana era una ni&ntilde;a de una ingenuidad escandalosa.</strong> Esa imagen devoradora de la chica montada en<em> animal print </em>conviv&iacute;a con la que se deprim&iacute;a y com&iacute;a chocolates en el &aacute;tico y preguntaba por qu&eacute; no la querr&iacute;a el chico tal y lloraba en brazos de mi mam&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Bastante pronto mi hermana empez&oacute; a tener reputaci&oacute;n de chica f&aacute;cil en la escuela, m&aacute;s que nada y sobre todo por su aspecto, porque no hab&iacute;a tanto de eso en su accionar real, no mucho m&aacute;s que cualquier otra chica de su edad con cierto deseo. Y le hicieron bastante da&ntilde;o as&iacute;. Me parece rid&iacute;culo estar hablando de reputaci&oacute;n y de chica f&aacute;cil, pero lo cierto es que en nuestra secundaria se viv&iacute;a as&iacute; y tanto los chicos, pero tambi&eacute;n las chicas, se llenaban la boca de comentarios llenos de prejuicios y malicia. Mi hermana, por el contrario, reaccionaba a esa pacater&iacute;a jugando con el equ&iacute;voco, exponi&eacute;ndose m&aacute;s. Eso me hac&iacute;a admirarla y odiarla en la misma medida: &iquest;por qu&eacute; no se retira y se protege? Pero, al igual que el de Laura Palmer, ese no era su temperamento, el del perfil bajo, el de la concesi&oacute;n. <strong>Lo cierto es que nadie sabe qu&eacute; hacer con el deseo de una chica joven, ni siquiera ella misma</strong>. Y ah&iacute; ya entra a jugar cu&aacute;nta o cu&aacute;n poca suerte le ha tocado a su alrededor, en su entorno, si van a poder guiarla y contenerla, o todo lo contrario. Con mi hermana lo intentaron en la medida de lo posible, pero no pudieron del todo. Ella antepon&iacute;a lo que consideraba su libertad, era muy dif&iacute;cil disuadirla de eso sin ser autoritario. Y a&uacute;n eso no habr&iacute;a servido contra su determinaci&oacute;n. Mi hermana rob&oacute; el auto de mi familia, mi hermana lo choc&oacute;, mi hermana llamaba a las cinco de la ma&ntilde;ana para que vinieran a rescatarla porque hab&iacute;a pinchado una goma no s&eacute; d&oacute;nde, mi hermana manej&oacute; a contramano en avenidas borracha, mi hermana se fue a Ibiza a los 18 con un novio empresario veinte a&ntilde;os mayor, llam&oacute; desde Ibiza llorando porque estaba angustiada, mi hermana sali&oacute; con un rugbier mat&oacute;n de San Isidro y con el hermano del rugbier mat&oacute;n de San Isidro, mi hermana dec&iacute;a que le gustaba Diego Maradona y la mafia, mi hermana se cort&oacute; la pierna con una mesa de vidrio en un bar y se abri&oacute; la cabeza contra la lancha del empresario en el Tigre, mi hermana en los noventa expuesta a todos esos hombres y ese modo de vivir, la mujer para esos hombres, cuando ni siquiera era una mujer. El cuerpo de mi hermana acab&oacute; rompi&eacute;ndose muy pronto, demasiado joven, como el de Laura. Otra ni&ntilde;a mujer que el mundo se devor&oacute;. Mi hermana vivi&oacute; todo a demasiada velocidad, y la cuidamos todo lo que pudimos, pero no fue suficiente.<strong> A veces el cuerpo sucumbe a la aceleraci&oacute;n y se rompe por fuera y por dentro, de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro y dice basta, no hay m&aacute;s, yo llegu&eacute; hasta ac&aacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Nov 2021 03:51:26 +0000]]></pubDate>
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