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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Rebecca Solnit]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/rebecca-solnit/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Rebecca Solnit]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rebecca Solnit: “Tener esperanza es un compromiso de solidaridad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/rebecca-solnit-esperanza-compromiso-solidaridad_1_12357877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c02452c-078c-4e0f-847f-d4a00007062b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rebecca Solnit: “Tener esperanza es un compromiso de solidaridad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora estadounidense publica su nueva obra, 'El camino inesperado', sobre la necesidad de tomar caminos alternativos en momentos de crisis</p></div><p class="article-text">
        El <em><strong>mansplaining</strong></em> es uno de esos micromachismos cotidianos que todas las mujeres del mundo sufrieron alguna vez en su vida (algunas, incluso, todos los d&iacute;as). Se trata de ese momento en que un hombre le explica a una mujer de manera condescendiente y paternalista algo que ella ya sabe o, incluso, en lo que es toda una autoridad. Sin embargo, esta experiencia femenina tan com&uacute;n fue invisible hasta que <strong>Rebecca Solnit</strong> le dio nombre. Fue ella quien se invent&oacute; el concepto de <em>mansplaining </em>en un art&iacute;culo titulado <em>Los hombres me explican cosas</em> en 2008, que enseguida se viraliz&oacute; en internet y, listo para el hashtag, dio el salto a la cultura popular.
    </p><p class="article-text">
        En espa&ntilde;ol la descubrimos cuando la editorial Capit&aacute;n Swing public&oacute; aquel famoso art&iacute;culo junto a otros textos en un libro con el mismo nombre, al que luego se sumaron t&iacute;tulos tan importantes como <em>El arte de perderse, Luz en la oscuridad</em> y <em>Wanderlust,</em> entre otros. Pero desde que en 2021 publicase su libro de memorias <em>Recuerdos de mi inexistencia, </em>es Lumen quien la est&aacute; publicando. A <em>Cenicienta liberada</em> y la hermos&iacute;sima, <em>Las rosas de Orwell,</em> se suma ahora el conjunto de art&iacute;culos y relatos <em>El camino inesperado,</em> que es la obra que fue a promocionar estos d&iacute;as en Madrid. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de sus libros, Solnit escribe una columna para <em>Harper's Magazine</em> y colabora regularmente con <em>The Guardian</em> &mdash;algunos de esos textos se pueden leer <a href="https://www.eldiario.es/autores/rebecca_solnit/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en elDiario.es</a>&mdash; y London Review of Books, as&iacute; como con Literary Hub. Y es que, si en el mundo pop y en el feminismo es conocida por el concepto <em>mansplaining, </em>en el del activismo<em> </em>es una especie de profeta contra el derrotismo y las fantas&iacute;as dist&oacute;picas que defiende la esperanza como catalizador de la acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su forma de escribir ensayos se parece mucho a su manera de caminar, un deambular entre ideas, conceptos, lugares y recuerdos aparentemente inconexos, a los que ella va llegando desde un lugar oblicuo e inesperado lleno de matices. Sus referentes literarios son James Baldwin, Virginia Woolf, Eduardo Galeano, George Orwell y Jorge Luis Borges. &ldquo;De Virginia Woolf me encanta, entre otras cosas, que tiene frases de cientos de palabras, y yo tambi&eacute;n soy escritora de frases muy largas&rdquo;, explica Solnit en una entrevista durante su visita a Madrid. &ldquo;A veces me gusta una frase que fluye como un r&iacute;o y se niega a detenerse, que puede absorber toda la complejidad, que puede dar vueltas y vueltas&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/a61b3972-6630-4982-b5fa-932c108c62f6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Escribi&oacute; sobre violines, sobre bosques, sobre atlas, sobre el Alzheimer, sobre la planificaci&oacute;n urbana, las tortugas, el senderismo, la gentrificaci&oacute;n, el acoso&hellip; En sus ensayos los aut&eacute;nticos personajes son las ideas, no las personas, y es fascinante ver c&oacute;mo las saca a bailar o las sube a las cumbres de una monta&ntilde;a, por senderos imprevisibles y siempre fascinantes que pueden incluir lo mismo un cuadro de la mexicana Ana Teresa Fern&aacute;ndez llamado Ara&ntilde;a, que la historia del color azul o de la solidaridad tras el hurac&aacute;n Katrina en Nueva Orleans. 
    </p><p class="article-text">
        En sus propias palabras, lo suyo es: &ldquo;Encontrar diferentes perspectivas que nos ofrezcan panoramas m&aacute;s amplios, m&aacute;s profundos en el tiempo, m&aacute;s detallados, porque muchas veces veo que la gente cuenta historias simples, historias de todo o nada, historias de derrotismo, historias de inevitabilidad. As&iacute; que muchas veces intento contar historias m&aacute;s complejas bas&aacute;ndome en lo que veo, pero tambi&eacute;n en la comprensi&oacute;n previa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;C&oacute;mo debe ser la esperanza para no ser ingenua?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Para m&iacute; siempre ha sido fundamental distinguir la esperanza del optimismo. El optimismo finge conocer el futuro y que todo estar&aacute; bien. La esperanza se construye al comprender que el futuro es algo todav&iacute;a incierto y que, en consecuencia, seguimos teniendo cierto poder para avanzar hacia las mejores posibilidades y alejarnos de las peores. Es decir, la esperanza no proviene de conocer el futuro, sino el pasado, y de comprender que la historia est&aacute; llena de sorpresas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tipo de sorpresas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El mundo puede cambiar repentinamente, como un terremoto, tras siglos de presi&oacute;n acumulada. Tambi&eacute;n podemos aprender de la historia que cuando la gente com&uacute;n se une como sociedad civil es mucho m&aacute;s poderosa de lo que nos suele decir la gente oficialmente poderosa. Pero creo que la esperanza tambi&eacute;n es un compromiso. Cuando nos rendimos, simplemente nos quedamos en casa y nos volvemos c&iacute;nicos. As&iacute; que tener esperanza es un compromiso de solidaridad. Es un compromiso con las posibilidades. Es un compromiso con tu propio poder, con ejercerlo. Y ya s&eacute; que no todo el mundo quiere esa responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;C&oacute;mo conquist&oacute; su propio compromiso con la esperanza? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En realidad, el mundo me la ense&ntilde;&oacute;. Tengo la misma edad que el Muro de Berl&iacute;n, y me gustar&iacute;a destacar que me va mucho mejor que a &eacute;l [risas]. Tuve una infancia dif&iacute;cil y no ten&iacute;a mucha esperanza, pero el mundo en el que crec&iacute; cambi&oacute; radicalmente. Pens&eacute; que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica existir&iacute;a m&aacute;s tiempo que yo. Nadie previ&oacute; el levantamiento zapatista de 1994, que no solo fue milagroso en s&iacute; mismo y nos dio una nueva visi&oacute;n de lo que podr&iacute;an ser el lenguaje pol&iacute;tico y la revoluci&oacute;n, sino que tambi&eacute;n simboliza el incre&iacute;ble resurgimiento de los pueblos ind&iacute;genas en Am&eacute;rica, que creo es mucho m&aacute;s importante de lo que la mayor&iacute;a reconoce. Un resurgimiento que no solo cambi&oacute; nuestra visi&oacute;n sobre la historia de Am&eacute;rica, sino tambi&eacute;n acerca de c&oacute;mo debe y puede ser nuestra relaci&oacute;n con la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;Este tema siempre le import&oacute;. En 1994 public&oacute; un libro sobre la situaci&oacute;n de los nativos americanos&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, y en &eacute;l no logr&eacute; anticipar, ni yo ni nadie pudo, que en los treinta a&ntilde;os siguientes todo cambiar&iacute;a tanto: que los pueblos ind&iacute;genas recuperar&iacute;an tierras, obtendr&iacute;an m&aacute;s derechos, m&aacute;s reconocimiento, que contar&iacute;amos historias diferentes, que cambiar&iacute;amos los nombres de los lugares, los carteles y que empezar&iacute;amos a descolonizar los museos. Crec&iacute; en un mundo donde, si eras gay o lesbiana, se supon&iacute;a que eras un enfermo mental o un delincuente. As&iacute; que fue el mundo el que me ense&ntilde;&oacute; a tener esperanza porque cosas que nadie podr&iacute;a imaginar sucedieron una y otra vez. Y, por supuesto, tambi&eacute;n pasaron cosas terribles, pero todo lo bueno sucedi&oacute; porque la gente com&uacute;n lo construy&oacute;, luch&oacute; por ello, lo defendi&oacute; y lo hizo a largo plazo. No se rindieron cuando no ganaron al principio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nadie sabe dónde estarán los palestinos dentro de un año, pero lo que sí sé es que Israel se está destruyendo a sí mismo. Su reputación en el mundo, su posición moral, la seguridad de su gente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;Cree que hay esperanza para la gente de Gaza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Nadie sabe d&oacute;nde estar&aacute;n los palestinos dentro de un a&ntilde;o, pero lo que s&iacute; s&eacute; es que Israel se est&aacute; destruyendo a s&iacute; mismo. Su reputaci&oacute;n en el mundo, su posici&oacute;n moral, la seguridad de su gente; acabamos de sufrir otro ataque contra jud&iacute;os en Estados Unidos. El pueblo de Gaza est&aacute; sufriendo lo inimaginable, pero siguen intentando evitar las bombas, alimentar a sus hijos, llevar a los heridos adonde puedan recibir atenci&oacute;n m&eacute;dica y encontrar la manera de sobrevivir en las peores condiciones. La gente suele pensar que hay que ser feliz o sentirse bien para tener esperanza, pero, ya sab&eacute;s, la esperanza no es una emoci&oacute;n, es un compromiso. Yo tengo esperanza para la gente de Gaza y estoy segura de que ellos tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;Hace unas semanas, le&iacute; en redes a una activista egipcia que vive en Nueva York, Mona Eltahawy&hellip; </strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ah, s&iacute;, la conozco. &iquest;Qu&eacute; dijo Mona?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;Dijo que estaba en una marcha contra Trump, pero que no ve&iacute;a rabia en la gente y que sin rabia, es imposible luchar. &iquest;Cree que la rabia es un instrumento necesario para la lucha?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tengo sentimientos encontrados al respecto. Hubo una &eacute;poca en la que se publicaron varios libros feministas que hablaban sobre la ira como un superpoder, pero la verdad es que crec&iacute; rodeada de hombres violentos y s&eacute; que quien usa su ira lo suele hacer para intimidar y acosar a otras personas. En el budismo hablamos de la ira como uno de los tres venenos. Y s&eacute; tambi&eacute;n que la gente en Estados Unidos que se preocupa por los derechos humanos, la justicia, el estado de derecho y el medio ambiente, est&aacute;n furiosos. Pero creo que tambi&eacute;n usamos las palabras rabia e ira para describir muchas cosas diferentes. Creo que hay en la rabia una especie de indignaci&oacute;n moral que puede ser una fuerza realmente maravillosa.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n creo que muchas veces, debajo de todo eso, hay amor. Si no te importasen los ni&ntilde;os, no podr&iacute;as enojarte porque los matan. Si no te importase el medio ambiente, no te llenar&iacute;a de ira que la industria de los combustibles f&oacute;siles lo estuviese destruyendo. Si no te importase el estado de derecho, no te enojar&iacute;a que la administraci&oacute;n Trump lo estuviese violando. As&iacute; que sospecho que la gente est&aacute; sintiendo muchas cosas diferentes. Estoy segura. Muchos inmigrantes y personas trans est&aacute;n sintiendo un miedo terrible, adem&aacute;s de esta indignaci&oacute;n moral. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si no te importase el estado de derecho, no te enojaría que la administración Trump lo estuviese violando. Así que sospecho que la gente está sintiendo muchas cosas diferentes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;La sorprendi&oacute; algo de lo que hizo Donald Trump hasta ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En absoluto. Desde 2016 ya era obvio que iba a ser completamente deshonesto, poco &eacute;tico, racista y sexista. Lo que me sorprende es que a tanta gente le sorprenda y creo que en parte es por culpa de los grandes medios de comunicaci&oacute;n. Hubo historias terribles sobre hombres que votaron por Trump y luego deportaron a sus esposas inmigrantes; due&ntilde;os de negocios que votaron por Trump y luego sus trabajadores fueron atacados por agentes de la polic&iacute;a. Mucha de esta gente no prest&oacute; la suficiente atenci&oacute;n o simplemente no les lleg&oacute; la informaci&oacute;n porque el entorno informativo est&aacute; muy corrompido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;Antes hablaba de miedo. &iquest;Alguna vez sinti&oacute; miedo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Por supuesto. Crec&iacute; rodeada de mucha violencia masculina. Y cuando me fui de casa lleg&oacute; el acoso callejero. No solo lo molesto, sino lo realmente amenazante. Ya sab&eacute;s, un desconocido se te acerca en la calle a los diecinueve a&ntilde;os y si no consigue lo que quiere amenaza con matarte y te sigue por la calle, grit&aacute;ndote con rabia. Esa es en parte la raz&oacute;n por la que no soy tan fan de la ira. Lo m&aacute;s aterrador en mi vida fueron los hombres y los hombres que asumieron que tienen el derecho a hacerme da&ntilde;o, a controlarme, a castigarme, lo cual es una experiencia, creo, que las mujeres de todo el mundo tienen, y es en gran medida lo que me hizo feminista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Encuentro la palabra “desnormalizar&quot; realmente útil a veces: necesitamos desnormalizar algo que fue aceptado. Y creo que muchas veces así es como avanzan los derechos humanos. Desnormalizamos el racismo. Desnormalizamos la misoginia. Desnormalizamos la desigualdad. Visibilizamos algo que fue invisible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&mdash;Es decir, que le da m&aacute;s miedo la violencia de los hombres que la de la naturaleza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Por supuesto, porque si un oso o un incendio me ataca s&eacute; que no es personal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; cree que a tantos hombres les cuesta escuchar a las mujeres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es algo arraigado en su cultura, pero eso no significa que sea inherente. Hay un dicho maravilloso de un hombre al que ador&eacute; mientras estuvo vivo, mi amigo David Graeber, el antrop&oacute;logo. Dijo que la gran verdad oculta del mundo es que todo podr&iacute;a ser diferente. Hay sociedades en las que hombres y mujeres son iguales. Fingir que es biol&oacute;gico es solo una excusa y muchas veces tratamos la violencia masculina como si fuera algo inevitable. &ldquo;Oh, est&aacute; nevando. Ten&eacute;s que usar ropa abrigada&rdquo;. Y eso fue lo que realmente me hizo feminista: sufr&iacute;a acoso sexual de maneras que... Y nadie dec&iacute;a: &ldquo;Ten&eacute;s derecho a caminar por la calle. Ten&eacute;s derecho a ser libre y estar segura&rdquo;. Todos dec&iacute;an: &ldquo;Cortate el pelo, vestite como un hombre, aprend&eacute; artes marciales, compr&aacute; un arma. Mudate a otro lugar. Compr&aacute; un coche, tom&aacute; un taxi&rdquo;. Y lo dec&iacute;an porque hab&iacute;an normalizado por completo esta violencia.
    </p><p class="article-text">
        Encuentro la palabra &ldquo;desnormalizar&rdquo; realmente &uacute;til a veces: necesitamos desnormalizar algo que fue aceptado. Y creo que muchas veces as&iacute; es como avanzan los derechos humanos. Desnormalizamos el racismo. Desnormalizamos la misoginia. Desnormalizamos la desigualdad. Visibilizamos algo que fue invisible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/rebecca-solnit-esperanza-compromiso-solidaridad_1_12357877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2025 09:47:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rebecca Solnit: “Tener esperanza es un compromiso de solidaridad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rebecca Solnit,Feminismos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dinero es una mierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d4f2214-c873-453c-a3f9-d2758598a9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dinero es una mierda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lógica del deseo se expresa tanto en quienes se desentienden del dinero como en quienes lo veneran: “Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atención, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado”. Antes que un objeto, el dinero es una creencia.</p></div><p class="article-text">
        El dinero no vale nada. Por fuera del rol simb&oacute;lico que ocupa entre nosotros, <strong>un billete no es m&aacute;s que un pedazo de papel</strong>. Cada tanto ocurre que, en alguna casa, aparece una moneda fuera de circulaci&oacute;n y se la guarda in&uacute;tilmente, menos porque se la piense usar en una transacci&oacute;n que por un motivo meramente nost&aacute;lgico. 
    </p><p class="article-text">
        El dinero sin valor nos recuerda otros tiempos, a veces hasta tiene el olor a viejo de lo que proviene de la infancia, como las p&aacute;ginas amarillas de un libro. As&iacute; el objeto en que se encarna el dinero adquiere el estatus de la reliquia, pero ya no es dinero. Este no tiene carne, es flujo et&eacute;reo, equivalencias suprasensibles; <strong>la del dinero es una teolog&iacute;a</strong>. No por nada en el billete de un d&oacute;lar est&aacute; el ojo de Dios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En el dinero es preciso creer. Siempre es extra&ntilde;a la gente que logra desentenderse de esta creencia. <strong>Las religiones tienen muchos ateos, pero el dinero muy pocos</strong>. El &uacute;nico que yo conozco es <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>. Recuerdo una vez en que sali&oacute; de su casa en Coronel D&iacute;az, par&oacute; un taxi y dijo: &ldquo;<strong>Soy yo, &iquest;me llev&aacute;s?</strong>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Charly, creo que las dem&aacute;s personas que conozco que no creen en el dinero tienen alg&uacute;n tipo de enfermedad mental severa. Es que <strong>el dinero es un recurso muy &uacute;til para el desplazamiento de conflictos internos</strong>. La capacidad de tener s&iacute;ntomas con el dinero, es una soluci&oacute;n para el &ldquo;dep&oacute;sito&rdquo; de la energ&iacute;a ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Una distinci&oacute;n t&iacute;pica de la cl&iacute;nica de las neurosis lo ilustra: el obsesivo tiene la chance de desplazar al ahorro su goce retentivo (anal), as&iacute; como el hist&eacute;rico encuentra en el gasto sin prurito un s&iacute;mbolo de amor propio (&ldquo;lo valgo&rdquo;, &ldquo;me lo merezco&rdquo;). <strong>Las tarjetas de cr&eacute;dito son muy h&aacute;biles para explotar los s&iacute;ntomas de los neur&oacute;ticos</strong>: comprar algo en cuotas, como si en la prolongaci&oacute;n serial estas dejasen de existir es un buen equivalente del olvido que promete la represi&oacute;n ps&iacute;quica. 
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, al igual que con la represi&oacute;n, las tarjetas tambi&eacute;n tienen su retorno en res&uacute;menes que apuran pagos de intereses que, como los reto&ntilde;os de lo reprimido, empujan a <strong>una lucha secundaria que siempre se aplaza y genera deuda y m&aacute;s deuda</strong>. Si la del dinero es una teolog&iacute;a, la del s&iacute;ntoma es una verdadera econom&iacute;a (de goce). 
    </p><p class="article-text">
        El dinero es una mierda. El dinero est&aacute; hecho de un material desechable que bien puede adquirir las m&aacute;s variadas significaciones ps&iacute;quicas. Para <strong>Sigmund Freud</strong>, dinero = falo = heces = hijo = regalo. Si quien se desinteresa del dinero suele llamar la atenci&oacute;n, ocurre lo mismo con quien se interesa demasiado. Al igual que con la fe, cabe preguntarse: <strong>&iquest;en qu&eacute; cree quien tanto cree en el dinero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dinero puede representar felicidad, seguridad, poder, etc. Decir que el dinero es m&aacute;s bien un medio es tan ingenuo como decir que la tecnolog&iacute;a no es buena ni mala y depende de c&oacute;mo se la use. <strong>El dinero es un fin, es el fin de los fines</strong>; es una parte exterior del psiquismo humano. Dime c&oacute;mo tratas al dinero y te dir&eacute; qui&eacute;n eres.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no quiero dedicar esta columna a hablar solamente del dinero en s&iacute;, sino de algo que mencion&eacute; antes cuando me refer&iacute; al neur&oacute;tico obsesivo. Este se caracteriza tanto por su goce ahorrativo, como por una generosidad impostada. En este caso, el obsesivo da, s&iacute;, pero no suelta.
    </p><p class="article-text">
        Si pudiera ilustrar con una imagen la oblatividad obsesiva, dir&iacute;a que es la de quien da un objeto, pero no puede dej&aacute;rselo del todo al otro: &ldquo;Viste qu&eacute; buen sweater que te regal&eacute;&rdquo;, &ldquo;&iquest;Le&iacute;ste el libro que te di? &iquest;Me lo prest&aacute;s?&rdquo; o, en casos m&aacute;s extremos, como el que ocurre en las separaciones, &ldquo;No te olvides que todo lo que ten&eacute;s lo ten&eacute;s porque te lo di yo&rdquo;. Seguro el lector puede pensar sus propios ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        En la psicopatolog&iacute;a de la vida cotidiana, a m&iacute; divierte el caso del var&oacute;n obsesivo que, si adem&aacute;s es marido, se convierte en un regulador del goce familiar. A todo responde que no y que es muy caro. <strong>Un marido, en su funci&oacute;n cl&aacute;sica, es quien responde con austeridad a la administraci&oacute;n que delega en la esposa</strong>. Un marido dispendioso &ndash;como el que llega a la casa con flores&ndash; suele ser sospechado de encubrir alguna culpa.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esto ya no sea as&iacute;, los roles sociales cambiaron mucho y ya no es frecuente que haya varones que creen que algo les corresponde porque pagan (&ldquo;&iquest;Acaso mi dinero no vale?&rdquo;). <strong>En esta &eacute;poca en que los maridos comienzan a pasar de moda, el retaceo obsesivo se disfraza de igualdad y pide el pago conjunto de una cuenta</strong>, con el argumento de que la invitaci&oacute;n es una estructura r&iacute;gida del amor rom&aacute;ntico que es preciso vencer.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a m&iacute; me interesa circunscribir una situaci&oacute;n menos divertida, aunque no ajena a la comedia de los sexos; una que no se refleja a trav&eacute;s de objetos materiales, sino a trav&eacute;s de ese otro objeto inmaterial que es la palabra. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las formas del goce retentivo del obsesivo es apropiarse de la palabra, de modo m&aacute;s o menos tir&aacute;nico. Pienso que de experiencias de este tenor es que <strong>Rebecca Solnit</strong> debe haber tomado la matriz para introducir el t&eacute;rmino &ldquo;<strong>mansplaining</strong>&rdquo; &ndash;en su libro <em>Los hombres me explican cosas</em>, en el que explica c&oacute;mo los hombres le explican.
    </p><p class="article-text">
        La ra&iacute;z de esta actitud seguramente sea la fuerza posesiva de lo viril. <strong>El var&oacute;n hace sentir su afirmaci&oacute;n a trav&eacute;s de posarse sobre su objeto y manipularlo</strong>. No por nada Freud se refiri&oacute; en este punto a un &ldquo;ejercicio de la musculaci&oacute;n&rdquo;. Los varones agarran y cuando resulta que son obsesivos, no sueltan.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en el caso de un conocido profesor que, en las reuniones, suele desarrollar lenta y parsimoniosamente sus ideas, sin importarle si otros lo escuchan; aunque s&iacute;, le importa que lo escuchen, porque lo que no le importa es aburrirlos. La contracara de la retenci&oacute;n neur&oacute;tica es el sadismo, que en la obsesi&oacute;n se expresa en la sentencia &ldquo;Vos me vas a escuchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los obsesivos son personas que hablan todo el tiempo y, as&iacute; y todo, sufren de que no se los deje hablar</strong>. De regreso al comienzo, este es un tema econ&oacute;mico tambi&eacute;n, porque pone de manifiesto esa instancia en la que no pagan por sus palabras. <strong>El obsesivo habla como si fuera gratis</strong>.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito, para concluir, recuerdo la an&eacute;cdota de un colega que me cont&oacute; que hace unas d&eacute;cadas tuvo su primera sesi&oacute;n de an&aacute;lisis. Despu&eacute;s de hablar sin parar durante una hora y media, el analista le propuso concluir. Inquieto, dado que se trataba de un analista c&eacute;lebre, mi amigo le pregunt&oacute; cu&aacute;nto eran los honorarios. El analista le respondi&oacute;: &ldquo;Dos mangos&rdquo;. Sorprendido, mi amigo le pregunt&oacute; c&oacute;mo pod&iacute;a cobrarle tan poco. El analista respondi&oacute;: &ldquo;Es lo que hoy valen sus palabras; espero que con el tiempo tengan otro costo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-mierda_129_12323114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 May 2025 22:37:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dinero es una mierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Charly García,Sigmund Freud,Rebecca Solnit,Dinero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una milanesa es una grasada en sí, pero tiene un par de verdades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milanesa-grasada-si-par-verdades_129_8552213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fcd703f-1d1c-4a41-8f9c-833f9ec831ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una milanesa es una grasada en sí, pero tiene un par de verdades"></p><p class="article-text">
        Fui a un campamento de padres del colegio donde va mi hijo. Cuando est&aacute;bamos por cenar, varios le preguntaban a uno de los pap&aacute;s si se hab&iacute;a ocupado de hacer el fog&oacute;n para la noche. &Eacute;l dijo que s&iacute;. Los dem&aacute;s pap&aacute;s ya hab&iacute;an ido a dos campamentos anteriores y &eacute;ste era el primero para m&iacute;. El lugar era un predio amplio en un&nbsp;bosque, una edificaci&oacute;n antigua donde hab&iacute;a una cocina inmensa, ba&ntilde;os, y ten&iacute;a cierto aire a retro, como si fueran las instalaciones de la Iniciativa Dharma que aparece en la serie <em>Lost</em>. Daba la impresi&oacute;n de que alguien hab&iacute;a abandonado el lugar antes de nuestra llegada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Terminamos de comer y todos fueron a ver c&oacute;mo se encend&iacute;a la fogata que el papa prepar&oacute;. Me qued&eacute; seco cuando vi lo que hab&iacute;a hecho. Por eso todos esperaban este momento. Una pila de maderas cruzadas, alta, que ten&iacute;a la forma de una pagoda, encastradas&nbsp; con una precisi&oacute;n milim&eacute;trica y que permit&iacute;a, por la forma en que estaban puestos los pedazos de madera, que entrara aire por toda la escultura. Como debe sucederle al poema, que tiene siempre que tener rendijas que dejen pasar el aire. Cuando&nbsp;el pap&aacute; se acerc&oacute; y puso un f&oacute;sforo, la pila de madera se encendi&oacute; en un segundo. Tengo una foto que saqu&eacute; con el celular y la impresi&oacute;n que da la fogata es que est&aacute; el Hombre&nbsp;Antorcha, el personaje de los Cuatro Fant&aacute;sticos, el que se prende fuego, caminando en medio de la negrura de la noche. Instintivamente todos corrimos para atr&aacute;s a los nenes para que ninguno quedara como T&eacute;vez, pero a la vez no pod&iacute;amos movernos mucho porque <strong>el fuego tan perfecto, fascina. Supongo que por eso los insectos mueren pegados a las luces de los autos y las liebres quedan a merced del cazador.&nbsp;</strong>
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    </figure><p class="article-text">
        La idea de que ese padre ten&iacute;a un don para hacer fogatas diferente a todos me hizo acordar a <strong>Washington Cucurto</strong>. &Eacute;l tambi&eacute;n tiene un don para hacer cualquier cosa que produzca alegr&iacute;a. Y lo que m&aacute;s me llama la atenci&oacute;n desde que lo conozco es la potencia con la que se manda a hacerlo: escribir poemas, pintar, cocinar, armar libros, crear una editorial cartonera, criar hijos, andar en bicicleta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace poco estuve en el taller donde ahora se acumulan cuadros inmensos y colorinches que viene pintando desde hace a&ntilde;os. Cucurto no necesita que alguien le diga que es pintor &ndash;es probable que eso no le interese mucho- lo que hace es pintar porque se le canta. Y la pintura que sale de esa despreocupaci&oacute;n es hermosa. Trabaja con acr&iacute;licos, collages de diarios, t&eacute;mpera, en cuadros inmensos que a veces empieza pintando en el suelo y despu&eacute;s termina ya colgados en la pared. Los cuadros suelen estar haciendo referencia al mundo de la literatura, donde Cucurto ha escrito muchos de los grandes poemas latinoamericanos de los &uacute;ltimos tiempos. Los cuadros tienen algo de Berni, de Basquiat, pero eso s&oacute;lo en un primer vistazo, despu&eacute;s son terriblemente cucurtianos, ya que la apropiaci&oacute;n de otros pintores , as&iacute; como la de otros poetas, ha sido siempre la operaci&oacute;n mental por excelencia de Cucurto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de los libros de Reynaldo Arenas &ndash;Celestino, por ejemplo- se pasean por varios cuadros de Cucurto. Tambi&eacute;n est&aacute; Le&oacute;nidas Lamborghini y el Marqu&eacute;s de Sade. Y la saga donde Per&oacute;n se encuentra con una Evita negra en el terremoto de San Juan &ndash;ah&iacute; se conocieron- y el general, en la pintura de Cucurto, le toca el gl&uacute;teo a su futura mujer. Cucurto, como Lorca cuando escribi&oacute; <em>Poeta en Nueva York</em>, narra en sus cuadros una ciudad alejada de la belleza domesticada de la &eacute;lite. Los cuadros, los colores chillones, potentes, se ocupan de esa zonas donde la gente vive como puede y quiere: las peluquer&iacute;as de los dominicanos en Constituci&oacute;n, los bares cercanos a las estaciones de micros, los playones de las estaciones donde est&aacute;n las terminales de colectivos, el olor de los restaurantes populares, la aristocracia de la plebe que ama y baila en un movimiento spinoziano para soportar la vida. <strong>En los cuadros de Cucurto no hay melancol&iacute;a ni victimizaci&oacute;n, hay pasiones alegres para enfrentar el dolor diario de estar vivo en una sociedad salvaje donde siempre ganan los mismos.</strong>&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Washington Cucurto en su taller                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Una tarde veo a trav&eacute;s de un vidrio de un local de comida r&aacute;pida a Cucurto sentado escribiendo en un cuaderno, frente a &eacute;l est&aacute; su hija Margarita comiendo. Arlt se jactaba de tener que escribir en medio del estr&eacute;pito de las redacciones de los diarios, Cucurto da la impresi&oacute;n de que necesita ese tempo de ruido, furia y velocidad que da el ambiente de un McDonald&acute;s. En la parte trasera de estos locales, el capitalismo tira comida que no ha sido consumida del todo y la gente que vive en la calle se acerca a hurgar en las bolsas de basura. Toda esa tensi&oacute;n va a estar despu&eacute;s en los poemas de Cucurto y en sus cuadros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de leer algunos versos de un poeta o de una poeta, uno se trata de imaginar, si el libro no tiene la foto en la solapa, c&oacute;mo ser&aacute; la cara del que escribe. Me acuerdo que&nbsp;yo hab&iacute;a le&iacute;do<em> Los Sea Harrier, </em>de Diego Maquieira, y me lo imaginaba como un pincheta beatnik tirado en el suelo de un cuarto de hotel, pero cuando lo conoc&iacute; en el restaurant de la Plaza del Mulato de Santiago de Chile me encontr&eacute; con un arist&oacute;crata muy bien vestido parecido a Bono de U2. Cucurto es un hombre de contextura grande, panz&oacute;n, de piel oscura, pelo denso y potente, ahora un poco canoso en las puntas. Es una persona hermosa b&aacute;sicamente porque hace mucho que ha dejado de pensar en su apariencia. Se parece a un actor genial que hace papeles menores pero impecables en algunas pel&iacute;culas como <em>Embriagado de amor</em>, de Paul Thomas Anderson, que se llama Luis Guzm&aacute;n. Aunque Guzm&aacute;n es m&aacute;s bajo.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los cuadros de Cucurto no hay melancolía ni victimización, hay pasiones alegres para enfrentar el dolor diario de estar vivo en una sociedad salvaje donde siempre ganan los mismos. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En su libro <em>Recuerdos de mi inexistencia,</em> Rebecca Solnit habla de un amigo que se llama Ed Gilbert y que a ella la maravilla por la manera en que se viste: &ldquo;Contemplando el prodigio que era Ed vestido, me percat&eacute; de que, pese a ofrecer un aspecto impresionante suele considerarse un acto un tanto despreciable de egolatr&iacute;a o una estrategia descarada para tener relaciones sexuales, puede ser un regalo destinado a quienes nos rodean, una especie de arte p&uacute;blico y una celebraci&oacute;n, y con un guardarropas como el de Ed, un tipo de agudeza y comentario&rdquo;. Cuando una amiga de Ed y de Solnit, Jay,&nbsp;se estaba muriendo, sol&iacute;a llamar a Ed todos los d&iacute;as para preguntarle c&oacute;mo estaba vestido y hallaba consuelo cuando escuchaba las combinaciones de ropa que Ed le contaba que llevaba puesta. <strong>Hay algo en la ropa que usa Cucurto que a m&iacute; me produce alegr&iacute;a, me trasmite potencia</strong>. Camisas de equipos de f&uacute;tbol de Latinoam&eacute;rica, remeras que alguien olvid&oacute; en un lavarropas, pul&oacute;veres coloridos que le regalaron y le quedan chicos, pantalones de jean sin marca, comprados en Once, todo organizado al tunt&uacute;n b&aacute;sicamente para vestirse y que tambi&eacute;n sin duda es el comentario de algo: la vida es azarosa, esto es lo que hay.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los poemas de Cucurto tienen la respiraci&oacute;n de la prosa. No hay que olvidar que su primer libro se llam&oacute; <em>Zelaray&aacute;n </em>y que este escritor es el maestro de la fagocitaci&oacute;n de los g&eacute;neros. Cuando ves caminando a alguien de quien no pod&eacute;s saber de qu&eacute; sexo es, lo que se produce es una tensi&oacute;n de inestablilidad y libertad. Esa persona no puede ser tranquilizada por los esquemas sociales en los que vivimos. Incluso el lenguaje inclusivo es una forma de tranquilizar a la lengua. En el poema <em>Mi padre es un burro</em>, un largo texto de 32 versos ripiosos, Cucurto relata la vida de su padre, un vendedor ambulante que termin&oacute; una tarde lavando copas en un bar de retiro y que vino a Buenos Aires persiguiendo a su madre &ldquo;chirusa de poco vuelo&rdquo;. E inmediatamente pone en el centro del poema este verso magn&iacute;fico: &ldquo;Una milanesa es una grasada en s&iacute;, pero tiene un par de verdades&rdquo;. Y sobre el final, larga un par de frases que me hacen llorar cada vez que leo este poema: &ldquo;A esta altura de mi vida, les puedo decir/ que nadie me quiso nunca m&aacute;s en la vida./ Y hoy que tengo la edad de mi padre,/ me pregunto d&oacute;nde rayos estar&aacute; &eacute;l. /Si me estar&aacute;&nbsp; esperando detr&aacute;s de esa maceta/ con cactus azul de pl&aacute;stico,/ Viejo, por favor, no m&aacute;s atr&aacute;s&rdquo;. Nunca pude descular este final. &iquest;Est&aacute; el padre detr&aacute;s de una maceta falsa, de decoraci&oacute;n, el poeta ve la maceta y lo imagina en ese lugar groncho?&iquest;Por qu&eacute; dice no m&aacute;s atr&aacute;s? &iquest;Es la maceta un correlato objetivo de la vida de su padre? La verdadera poes&iacute;a s&oacute;lo hace preguntas, como en esos programas de la tele en los que te pod&eacute;s salvar por un tiempo si acert&aacute;s todas. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Dec 2021 03:15:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una milanesa es una grasada en sí, pero tiene un par de verdades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Washington Cucurto,Rebecca Solnit]]></media:keywords>
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