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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Periférico de Objetos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/periferico-de-objetos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Periférico de Objetos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El callejón de los deseos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/callejon-deseos_129_8553370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/329f841c-6253-4af4-937c-954358ac670e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El callejón de los deseos"></p><p class="article-text">
        Esta semana fui a ver a una amiga al teatro. A la salida comentamos la obra, su actuaci&oacute;n. Cuenta que hace un par de semanas la vino a ver actuar su hijo mayor. Que cuando empez&oacute; la obra con una mujer hablando por tel&eacute;fono, el hijo estaba seguro de que era una se&ntilde;ora que de verdad resolv&iacute;a algo en el escenario. Hasta que ve actuar tambi&eacute;n a su mam&aacute; y entiende que no, que del otro lado de ese tel&eacute;fono no hay nadie, que esa se&ntilde;ora estaba hablando sola, que hac&iacute;a <em>como si,</em> que estaba actuando; descubre, en fin, la ficci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es probable que ese mismo ni&ntilde;o a sus once a&ntilde;os haya visto infinidad de pel&iacute;culas ya. Sabe entonces que eso que est&aacute; viendo no es cierto, que no sucedi&oacute;, que hacen <em>como si</em> todas esas cosas: hablar, amar, matar, morir. Pero va al teatro donde una se&ntilde;ora camina por el espacio con un tel&eacute;fono inal&aacute;mbrico en la mano y compra, y cree y dice: esto s&iacute;, esto sucede, yo lo estoy viendo, no hay una c&aacute;mara, est&aacute; esta se&ntilde;ora, estoy yo, esto est&aacute; sucediendo en este mundo, en el nuestro, en el real, esto es.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que fui a ese teatro ten&iacute;a casi diez a&ntilde;os m&aacute;s que Pedro pero dudo que haya sido mucho menor mi conmoci&oacute;n. La primera vez que fui al entonces Callej&oacute;n de los Deseos fui a ver <em>M&aacute;quina Hamlet</em>, del Perif&eacute;rico de Objetos. Por supuesto no ten&iacute;a la menor idea de qui&eacute;n era Heiner M&uuml;ller y tampoco ten&iacute;a tan en claro qu&eacute; era eso que iba a ver, ni siquiera s&eacute; si pensaba en t&eacute;rminos de autor y director, seguramente menos de autor que de director. Las pel&iacute;culas que hab&iacute;a visto hasta entonces las hab&iacute;a visto como historias que exist&iacute;an y eran contadas, por actores que conoc&iacute;a o no, pero que alguien las hubiera dirigido o incluso escrito, era algo que no me hab&iacute;a detenido a pensar. En los libros eso siempre me hab&iacute;a resultado m&aacute;s f&aacute;cil y brindado con eso de que fuera uno solo, un nombre sobre la tapa, ni siquiera el del traductor. Acaso habr&aacute; sido por esa misma &eacute;poca en la que empec&eacute; a formarme como actriz al mismo tiempo que como espectadora, que empec&eacute; a pensar en t&eacute;rminos de autor&iacute;a, de mirada, de qui&eacute;n es qui&eacute;n y qui&eacute;n hace qu&eacute;, en t&eacute;rminos de lenguajes y est&eacute;ticas. No s&eacute; si entend&iacute; algo de lo que pasaba en <em>M&aacute;quina Hamlet</em>. Es probable que del <em>Hamlet</em> mismo de Shakespeare no supiera m&aacute;s que el <em>ser o no ser, esa es la cuesti&oacute;n</em>, de un joven con una calavera en la mano. Pero a&uacute;n sin eso el fen&oacute;meno teatral, desde la entrada y la espera en ese pasillo, marc&oacute; un camino de ida para m&iacute;, un punto de no retorno. Recuerdo de esa primera vez a Alicia y Azucena en el entonces bar del Callej&oacute;n, pasando un trapo, atendiendo a la gente, hablando entre ellas, discutiendo, esas mujeres de negro que llevaban eso adelante, se las ve&iacute;a aguerridas, daba un poco de miedo hablarles. Tambi&eacute;n hab&iacute;a gatos en ese teatro, y una ni&ntilde;a. Alicia y su hija Nina viv&iacute;an por encima de la sala del teatro, en una vivienda de casa en el &aacute;rbol, con pasadizos, suspendida entre las plantas y sobre los espectadores. A veces, mientras una esperaba en ese pasillo para ver una funci&oacute;n, aparec&iacute;a Nina espectral, con un gato en brazos, sus ojos gigantes y su cabeza llena de rulos, buscando a su mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ayer cuando entr&eacute;, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, mucho acudi&oacute;. Dirig&iacute; mi primera obra en el Callej&oacute;n de los Deseos, despu&eacute;s de haber actuado tambi&eacute;n en el Callej&oacute;n de los Deseos. Cuando actuaba en el Callej&oacute;n de los Deseos me daba mucho v&eacute;rtigo todo porque en ese momento los camarines estaban suspendidos por encima del escenario y no ten&iacute;an ba&ntilde;o y para ir al ba&ntilde;o hab&iacute;a que usar el del p&uacute;blico es decir que a veces se daba la situaci&oacute;n justo antes de la funci&oacute;n de compartir la cola para el ba&ntilde;o con el p&uacute;blico, enfundada en un tapado para que no se revelara del todo el vestuario antes de tiempo, a medio camino entre la actriz y el personaje ficcional. Ese momento me parec&iacute;a particularmente traum&aacute;tico, el de tener que atravesar la cola de espectadores para ir a hacer cola en el ba&ntilde;o, saludar a alg&uacute;n conocidx que hab&iacute;a venido a verme, maquillada, en la cola del ba&ntilde;o, hola qu&eacute; tal.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s de haber actuado en el Callej&oacute;n de los Deseos present&eacute; mi primera obra como directora y lxs programadores de ese momento me dieron una oportunidad. Estrenamos entonces en ese espacio so&ntilde;ado y cargado de capital simb&oacute;lico una obra con textos de Viel Temperley con un grupo de compa&ntilde;erxs y amigxs del taller de Pompeyo Audivert. Ellxs me hab&iacute;an dado el voto de confianza de dirigirles, el Callej&oacute;n la posibilidad de hacerlo ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hice siete obras en el Callej&oacute;n de los Deseos, dos como actriz y cinco como autora y directora. Alicia la de los pasillos y la casa en el &aacute;rbol pas&oacute; a ser la escen&oacute;grafa de las obras y una amiga. Tambi&eacute;n en el Callej&oacute;n conoc&iacute; a Mat&iacute;as Send&oacute;n que hizo las luces y tambi&eacute;n el espacio de varias de nuestras obras. Era una f&aacute;brica originalmente el galp&oacute;n que aloja el teatro, ah&iacute; aprend&iacute; a verlo y hacerlo como un verdadero oficio: ver, observar, intentar, ensayar, errar, acertar, hacer. No puedo no concebir al teatro en todos sus rubros como un verdadero oficio que s&oacute;lo se pone a prueba y se transita en el teatro mismo: ni en una mesa, ni en un aula, ni en un taller. Y no porque esas instancias no sean importantes o acaso necesarias pero la instancia definitiva es el ensayo, la sala y el encuentro con el p&uacute;blico, con el que mira y esa formaci&oacute;n, la del oficio, la del que hace con las manos, la del que piensa y decide y acierta o se equivoca, la del que hace en fin.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, mientras ve&iacute;a la obra, recordaba cuando escrib&iacute;a pensando en esas paredes, en esas vigas, en esas escaleras. Ese espacio era parte del imaginario de escritura, trabajaba con esa limitaci&oacute;n, como posibilidad, con ese corsetito a la imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento todo peligr&oacute;: los due&ntilde;os de la propiedad necesitaban venderla, Alicia deb&iacute;a abandonar la casa en el &aacute;rbol, el teatro corr&iacute;a peligro de extinci&oacute;n. Tuvimos p&aacute;nico en ese momento los que ten&iacute;amos un v&iacute;nculo con el Callej&oacute;n, que fuimos much&iacute;simos a lo largo de los a&ntilde;os. Y finalmente el Callej&oacute;n pudo conjurar uno m&aacute;s de sus deseos, el de seguir siendo una sala de teatro, en manos de Javier Daulte, uno de los directores que supo darle su brillo y prestigio a lo largo de los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Anoche, probablemente bajo el influjo de la escritura de esta columna, sue&ntilde;o que act&uacute;o en el teatro. No se trata del Callej&oacute;n en mi sue&ntilde;o sino de uno m&aacute;s grande, a la italiana, de escenario, tel&oacute;n y butacas. Somos varixs los que actuamos pero la escena inicial est&aacute; a cargo de Juan Leyrado y de m&iacute;. Hago de su hija, salimos a escena, manipulamos una valija vieja de la que sacamos un par de botas tejanas, cada uno se pone una. Pero no empezamos con el texto sino que improvisamos. Es un peque&ntilde;o lujo que nos damos, un pr&oacute;logo humor&iacute;stico antes de lanzarnos a la obra propiamente dicha. Soy tomada por el frenes&iacute; de la mirada del p&uacute;blico. Intento acomodar el volumen de mi voz porque llevamos micr&oacute;fonos y estoy gritando como si no los tuvi&eacute;ramos. Suena el despertador tempran&iacute;simo de llevar al ni&ntilde;o a la escuela y siento como si unos brazos me arrancaran con violencia de ese escenario al presente de mi cama. Me arrancan del entramado de los sue&ntilde;os, del de la actuaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; ser&aacute; que en el imaginario cultural el cine es aceptado como m&aacute;s parecido a la realidad que el teatro, cuando en el teatro se trata casi solo de la dimensi&oacute;n humana? &iquest;Por qu&eacute; es m&aacute;s dif&iacute;cil creer o aceptar la convenci&oacute;n cuando el otro ser humano est&aacute; efectivamente ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; hace que todo ese artificio del cine sea m&aacute;s f&aacute;cilmente aceptado como lenguaje? &iquest;Por qu&eacute; es tan inc&oacute;modo y demandante el evento teatral? &iquest;C&oacute;mo es que en alg&uacute;n momento el cine se instal&oacute; como m&aacute;s parecido a la vida en el mundo, con todo su artificio a cuestas? Yo no lo s&eacute;. Pero s&iacute; s&eacute; que cada vez que me asomo al ritual teatral en el teatro y acepto esa convenci&oacute;n,&nbsp; la del que encarna, la del que especta, el mundo de afuera todo se abisma y esa se&ntilde;ora que habla al tel&eacute;fono es todas las se&ntilde;oras que hablaron, hablan y hablar&aacute;n por tel&eacute;fono alguna vez.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/callejon-deseos_129_8553370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Dec 2021 13:42:18 +0000]]></pubDate>
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