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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Joan Didion]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/joan-didion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Joan Didion]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Joan Didion aborda las dudas sobre la maternidad en sus diarios inéditos: “Usted no cree que pueda amar sin preocuparse”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/joan-didion-aborda-dudas-maternidad-diarios-ineditos-no-cree-pueda-amar-preocuparse_1_12481765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/021191ac-b4bd-4b21-ba9d-3aa73d4c98db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joan Didion aborda las dudas sobre la maternidad en sus diarios inéditos: “Usted no cree que pueda amar sin preocuparse”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">‘Apuntes para John’, su diario póstumo, recoge las sesiones que mantuvo con el psiquiatra a lo largo de un año a propósito de la muerte de su hija Quintana.</p><p class="subtitle">Poesías perturbadoras y un optimista cuento infantil, el lado más desconocido de la premio Nobel Han Kang</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.theguardian.com/books/2025/feb/05/joan-didion-diary-notes-to-john" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">noticia</a> salt&oacute; a principios de a&ntilde;o: poco despu&eacute;s de su muerte, <a href="https://www.theguardian.com/books/2025/feb/05/joan-didion-diary-notes-to-john" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encontraron unos documentos in&eacute;ditos en el estudio de Joan Didion</a> (Sacramento, 1934-Manhattan, 2021). Entre estos papeles hab&iacute;a un diario que recoge las sesiones con el psiquiatra Roger MacKinnon, un &ldquo;freudiano de la vieja escuela, un firme defensor de la terapia de conversaci&oacute;n&rdquo; al que visit&oacute; desde finales de 1999 hasta al menos el a&ntilde;o 2012, aunque los textos detallan sobre todo el comienzo, a lo largo del a&ntilde;o 2000. Gracias a la voluntad de los herederos de la autora, ahora ven la luz por primera vez.
    </p><p class="article-text">
        <em>Apuntes para John</em> (Random House, 2025, trad. Gabriela Elena Castellotti) consta de una serie de informes en los que detalla las sesiones con el doctor acompa&ntilde;&aacute;ndolas de reflexiones, que Didion dirige a su marido, el tambi&eacute;n escritor John Gregory Dunne (Hartford, 1932-Nueva York, 2003). Juntos hab&iacute;an adoptado a su &uacute;nica hija, Quintana, en 1966, reci&eacute;n nacida. Es la preocupaci&oacute;n por ella lo que llev&oacute; a Didion al psiquiatra: Quintana, que sufr&iacute;a adicciones y ten&iacute;a dificultades para encarrilar su vida como adulta, asist&iacute;a a terapia a su vez con otro m&eacute;dico y le pidi&oacute; que comenzara a acudir ella tambi&eacute;n. Didion, adem&aacute;s, tem&iacute;a que su hija pudiera suicidarse.
    </p><p class="article-text">
        Al pensar hoy en la c&eacute;lebre escritora y periodista, resulta inevitable ligar su vida con la tragedia: en apenas dos a&ntilde;os perdi&oacute; a su marido y a su hija, experiencias que inspiraron sus libros m&aacute;s conocidos, <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em> (2006), una obra fundamental de la literatura del duelo, y <em>Noches azules</em> (2011). En el momento del inicio de la terapia, a&uacute;n faltaban unos a&ntilde;os para que eso ocurriera (John Dunne muri&oacute; en diciembre de 2003; Quintana, en agosto de 2005), de modo que la Didion de <em>Apuntes para John</em> est&aacute; en una etapa diferente, no exactamente con esperanza (siempre fue muy esc&eacute;ptica), pero a&uacute;n no marcada por la desdicha, acompa&ntilde;ada por sus seres m&aacute;s queridos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/46ce9b55-0c5d-44c8-ae87-2c5c978542fd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por aquel entonces, el matrimonio Didion-Dunne se acercaba a los setenta a&ntilde;os, ten&iacute;an a sus espaldas una importante carrera period&iacute;stica y continuaban escribiendo guiones para el cine &ndash;estaban detr&aacute;s de filmes como <em>P&aacute;nico en Needle Park</em> (1971) y <em>Ha nacido una estrella</em> (1976), entre otros&ndash;, que les proporcionaban la mayor parte del sustento. Su hija, por otro lado, era una treinta&ntilde;era emancipada que trabajaba en una revista, pero so&ntilde;aba con ser fot&oacute;grafa y ten&iacute;a talento para ello. Pese a no vivir ya con los padres, a&uacute;n depend&iacute;a de ellos; y la insatisfacci&oacute;n profesional, sumada al abuso del alcohol y las derivas depresivas, la convirtieron en una adulta disfuncional. Dej&oacute; su empleo.
    </p><p class="article-text">
        En principio, Didion acude al psiquiatra por su hija, pero, como suele ocurrir, la terapia, y por consiguiente estas anotaciones, termina versando sobre ella, en concreto sobre ella como madre, aunque a lo largo del proceso explora otros episodios, como el c&aacute;ncer de mama que padeci&oacute; y sobre el que no cont&oacute; nada a sus allegados hasta cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, o sus propios trastornos de salud mental, de los que en algunos pasajes incluso detalla la medicaci&oacute;n. Teniendo en cuenta que para su generaci&oacute;n no era f&aacute;cil admitir estos problemas, este testimonio, con este grado de honestidad (son unas confidencias a su marido, al fin y al cabo), tiene un inmenso valor, m&aacute;s a&uacute;n por la calidad de su escritura, siempre sagaz y penetrante.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Romper el cord&oacute;n umbilical</strong></h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el psiquiatra, Quintana no logr&oacute; convertirse en una adulta <em>funcional</em>: no se trata solo de cumplir a&ntilde;os ni de marcharse de la casa de los padres, tambi&eacute;n es necesario encauzar el rumbo, enfrentar sus miedos y desprenderse de la adicci&oacute;n que la constri&ntilde;e. Cree que hered&oacute; un trauma a trav&eacute;s de la madre. Didion, que admite haber sentido inseguridad desde siempre en cuanto a la crianza &ndash;tiene una de esas personalidades que anticipan los obst&aacute;culos: &ldquo;En su mente la preocupaci&oacute;n est&aacute; mezclada con el amor. Usted no cree que pueda amar sin preocuparse&rdquo;&ndash;, podr&iacute;a haber contagiado esos temores a la hija, que por eso ser&iacute;a incapaz de autoafirmarse y soltar amarras.
    </p><p class="article-text">
        Se habla tambi&eacute;n de la conexi&oacute;n entre madre e hija. El matrimonio la educ&oacute; con la distancia con la que los criaron a ellos; no hay duda de que est&aacute;n pendientes de ella, pero esto crea ciertas dificultades de entendimiento. En este sentido, se se&ntilde;alan algunos sucesos en la familia que se trataron con la misma mesura, como la muerte de una prima muy querida para Quintana. De manera inconsciente, se tratan los unos a los otros con distancia, pero tal vez no sea lo m&aacute;s recomendable. Por otra parte, el doctor recalca la importancia de que padre y madre ejerzan como figuras independientes para la hija, para que pueda establecer una relaci&oacute;n particular con cada uno (es posible que con uno sienta m&aacute;s confianza para determinados temas, y viceversa). Se podr&iacute;a decir que est&aacute;n haciendo terapia familiar, aunque John solo participe de forma puntual.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la depresi&oacute;n y la sombra del suicidio, el m&eacute;dico aconseja a Didion que sea sincera con Quintana y no evite el asunto, que le exponga tal como lo siente el da&ntilde;o que le har&iacute;a de llevarlo a cabo. Seg&uacute;n el doctor, las personas en riesgo de quitarse la vida creen de verdad que sus seres queridos vivir&aacute;n mejor sin ellos y es necesario recordarles cu&aacute;n importantes son para sus familias y amigos. Discuten acerca del componente gen&eacute;tico y el social-cultural. Esto lleva a abordar, por supuesto, la adopci&oacute;n y un acontecimiento que sin duda afect&oacute; a la joven unos a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando su familia biol&oacute;gica contact&oacute; con ella.
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                El expresidente Barack Obama otorga la Medalla Nacional de Humanidades a Joan Didion                            </span>
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        En cuanto al alcohol, se analiza el cambio de costumbres en el consumo &ndash;para la generaci&oacute;n de Didion no se consideraba problem&aacute;tico&ndash; y se pormenorizan algunos aspectos del funcionamiento de Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos, a cuyas reuniones acude la propia Didion por petici&oacute;n de su hija. Por ejemplo, aun admitiendo su utilidad, a Didion no la convence que la organizaci&oacute;n est&eacute; tan encerrada en s&iacute; misma, que recomiende a sus asistentes alejarse del mundo exterior y de alg&uacute;n modo limite su identidad a la de &ldquo;alcoh&oacute;lico&rdquo;, una opini&oacute;n con la que el psiquiatra coincide.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Trabajo, dinero, independencia</strong></h2><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta que el dinero suele ser un tab&uacute;, es llamativa la transparencia con la que m&eacute;dico y paciente se refieren al tema. El psiquiatra es rotundo: ellos, como padres, deben mantener a su hija para que pueda prepararse para encarrilar su carrera. Didion explica que, aunque lo hacen con mucho gusto, resulta inc&oacute;modo hablarlo con ella, plantearse cu&aacute;nto, con qu&eacute; frecuencia. Adem&aacute;s, a medida que pasa el tiempo y al ver que la hija no evoluciona, cambia de enfoque: aunque ellos est&eacute;n ah&iacute; para cualquier eventualidad, deben conminarla a trabajar, o no ser&aacute; nunca una mujer independiente.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo es fundamental, porque seg&uacute;n el m&eacute;dico y la propia Didion otorga seguridad en uno mismo. Cuando es vocacional, m&aacute;s todav&iacute;a, pero aun as&iacute; el doctor recalca que debe aceptar cualquier empleo que le permita subsistir mientras no encuentre nada de lo suyo. Didion, trabajadora abnegada, a menudo saca a colaci&oacute;n su actividad: para ella tambi&eacute;n es clave; la falta de motivaci&oacute;n es lo que la har&iacute;a caer en el tedio. Ella y John se labraron una carrera en el periodismo y la literatura, pero siguen dedicados al guion por las ganancias. A ellos se los invita a reconsiderar qu&eacute; tareas asumen en ese momento vital: quiz&aacute; deber&iacute;an limitarse a las que de veras los estimulen.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo muy interesante, y es que madre e hija comparten una vocaci&oacute;n human&iacute;stica o art&iacute;stica, ligada al mundo del <em>freelance</em>. Didion est&aacute; convencida de que Quintana no se lanza a mostrar sus fotograf&iacute;as por temor al rechazo. Sin embargo, ella sinti&oacute; lo mismo con sus escritos y venci&oacute; ese miedo. El m&eacute;dico le hace ver que debe contarle a su hija su experiencia: la imagen que Quintana tiene hoy de ella no se corresponde con la que Didion tiene de s&iacute; misma (de mujer insegura), por lo que debe abrirse: eso la ayudar&iacute;a. Tambi&eacute;n reflexionan sobre la naturaleza del <em>freelance</em>. En esto no hay salvaci&oacute;n: si se va a dedicar al arte, Quintana debe aceptar los altibajos, los trabajitos de poca monta entre encargo y encargo, como tantos actores, cantantes, escritores y dem&aacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Seguir descubri&eacute;ndose en la madurez</strong></h2><p class="article-text">
        Estas notas funcionan como un autorretrato indirecto de la escritora en su madurez: sus inquietudes en este punto de su vida, junto con su evoluci&oacute;n a lo largo de la terapia, que la hace sincerarse m&aacute;s con el m&eacute;dico, son una forma de conocer m&aacute;s a Didion, la misma Didion &iacute;ntima de <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>, pero a la vez con algo m&aacute;s, particular de este nuevo libro. Aunque ella sea en apariencia la m&aacute;s fr&aacute;gil de la familia, no solo por su f&iacute;sico sino por su emotividad, el psiquiatra la considera la m&aacute;s resistente, como si al atreverse a sentir a flor de piel deje de ser f&aacute;cil de erosionar; est&aacute; curtida en los embates de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Sale el tema de los amigos: es b&aacute;sico mantener las amistades en la madurez, que el ocio del matrimonio no se centre en la familia. Los amigos proporcionan un enriquecimiento rec&iacute;proco y no hay que renunciar a ellos en ninguna etapa. De ah&iacute; viene la cuesti&oacute;n del c&aacute;ncer y la controvertida decisi&oacute;n de Didion de ocultarlo a los amigos: el matrimonio se alej&oacute; de toda propuesta social mientras dur&oacute; el tratamiento. Cuando lo revel&oacute;, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se quedaron desconcertados. Hacer terapia es una forma de examinar el pasado, revisar ciertas decisiones y preguntarse c&oacute;mo actuar&iacute;a hoy.
    </p><p class="article-text">
        Estos <em>Apuntes para John</em> constituyen otra pieza brillante para la ya excelsa bibliograf&iacute;a de la autora, que destaca en la no ficci&oacute;n por sus memorias y sus cr&oacute;nicas period&iacute;sticas. Cuando un manuscrito in&eacute;dito aparece de la nada tras la muerte del autor, el lector tiende a desconfiar, muchas veces con raz&oacute;n: &iquest;estar&aacute; a la altura o ser&aacute; solo una estrategia de los herederos para exprimir el nombre de Didion? La respuesta es que, aunque pudiera haber una parte de inter&eacute;s, el texto no solo est&aacute; a la altura, sino que aprueba con nota: la inteligencia de sus reflexiones, el modo en el que va al meollo, con esa precisi&oacute;n, sin pudor, pero sin exhibicionismo, son extraordinarios. Por si fuera poco, aunque de entrada interese por ser de ella, en la pr&aacute;ctica el lector tambi&eacute;n se descubre a s&iacute; mismo al leerla, como si la terapia se extendiera m&aacute;s all&aacute; del papel. Y conseguir hacer de la experiencia personal algo que ata&ntilde;a al colectivo solo est&aacute; al alcance de muy, muy pocos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/joan-didion-aborda-dudas-maternidad-diarios-ineditos-no-cree-pueda-amar-preocuparse_1_12481765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Jul 2025 09:47:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Joan Didion,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crítica y el apocalipsis de la sensibilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/critica-apocalipsis-sensibilidad_1_9759451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6013502-d0db-41ce-9cd7-611a0ed7f96e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crítica y el apocalipsis de la sensibilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"> Papers, reseñas, artículos, tesis, entrevistas, opiniones y redes son formas contemporáneas de un mismo y viejo estruendo. No tienen que ver con la creación ni con la crítica, porque no se relacionan con la lectura, dice Betina González en este ensayo, donde recorre las tensiones entre leer, escribir y lo políticamente correcto. 
</p><p class="subtitle">¿Te gustó esta nota? -  Esta columna fue escrita para la revista que elDiarioAR envía a sus socias y socios como una manera de agradecer el apoyo a una manera de hacer periodismo sin condicionamientos. Si querés recibir la próxima revista, te podés asociar en este link.</p></div><p class="article-text">
        Es el a&ntilde;o 1961 y <strong>Joan Didion</strong> est&aacute; muy enojada. La imagino sentada frente a su escritorio, fumando y tecleando. Tiene veintisiete a&ntilde;os. Escribe para <em>Vogue</em> y otras revistas. En este caso, tiene la tarea de rese&ntilde;ar para <em>The National Review</em> una novela de un autor que todos reverencian: J. D. Salinger. Escribe Didion:
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&ldquo;Hay cierto encanto arrullador en que te digan que est&aacute;s en lo correcto, sobre todo si es en la prosa deslumbrante de Salinger, que te digan que tu sensibilidad a flor de piel, tu resaca de ciudad, tu propia ridiculez no es en realidad ridiculez sino una especie de noche oscura del alma; hay algo muy atractivo en que te digan que la paz o la iluminaci&oacute;n se pueden alcanzar gracias a algo tan f&aacute;cil como la tolerancia hacia los escritores de televisi&oacute;n o los profesores universitarios, que se puede alcanzar la calma que trae el entendimiento con solo buscar a Cristo en la mirada del chico con el que fuiste a ver un partido de f&uacute;tbol.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por m&aacute;s brillante que sea (y lo es), por m&aacute;s que su ritmo y sus di&aacute;logos sean conmovedoramente perfectos (y lo son), al final Franny y Zooey termina siendo falsa y lo que lo hace tan falsa es la tendencia de Salinger a adular esa trivialidad esencial que anida en cada uno de sus lectores, su predilecci&oacute;n por dar instrucciones para la vida. Lo que otorga al libro su atractivo m&aacute;s potente es justamente que se trata de un libro de auto ayuda: termina siendo una especie de Pensamiento Positivo para la clase media alta, del mismo tipo que Duplique su energ&iacute;a o Viva sin Fatigarse pero para gente privilegiada&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Desde que la le&iacute; por primera vez, la cr&iacute;tica de Didion me sorprendi&oacute; por su mordacidad. Tambi&eacute;n por el argumento al que recurre. No discute la belleza de la obra de Salinger &mdash;de hecho la concede&mdash; . Descarta la novela por el mundo que pinta y al que se dirige: j&oacute;venes ricos, hipersensibles y hermosos. Ni&ntilde;os ricos que tienen tristeza.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Toda cr&iacute;tica, la m&aacute;s baja y la m&aacute;s alta, dec&iacute;a Oscar Wilde, es una forma de autobiograf&iacute;a. Tambi&eacute;n fue &eacute;l quien nos dej&oacute; las m&aacute;ximas m&aacute;s inteligentes sobre el cr&iacute;tico como artista. Wilde abogaba por un respeto a la superficie &mdash;que no es otra cosa que un respeto por el secreto de la obra&mdash;. Despreciaba a los que buscaban explicaciones fuera o dentro del texto, a quienes ejerc&iacute;an una especie de hermen&eacute;utica de sus autores favoritos, como si fueran divinidades a las que intentaban, sin &eacute;xito, explicar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Claro que esos p&aacute;rrafos hablan m&aacute;s de Didion que del autor de <em>Franny y Zooey</em>. Reflejan a la joven de la costa oeste reci&eacute;n mudada a Nueva York, desconcertada frente a cierta juventud privilegiada que esa novela reverencia. Pero la rese&ntilde;a tambi&eacute;n es una toma de posici&oacute;n acerca de lo que hay que leer y de lo que hay que escribir, es decir, es una teor&iacute;a de la ficci&oacute;n. Didion est&aacute; pensando en una literatura pol&iacute;tica, emocionante; una que apele a toda la humanidad, o que, por lo menos no se ocupe solo de &ldquo;los problemas de la gente blanca&rdquo;. Lo que escribe no es solo una cr&iacute;tica de la novela de Salinger, es un peque&ntilde;o manifiesto que pronto dar&aacute; sus frutos. Es m&aacute;s, una podr&iacute;a pensar &mdash;y estoy segura de que Didion acordar&iacute;a&mdash; que sin Salinger ella no hubiera escrito sus mejores libros, textos que en muchos sentidos cambiaron un modo de hacer narrativa. El estilo, se sabe, empieza en la mirada. O lo que ser&iacute;a mi &uacute;nica tesis firme en estas notas: todo acto creativo es un acto cr&iacute;tico (algo que no necesariamente se comprueba a la inversa, aunque deber&iacute;a).
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                Oscar Wilde                            </span>
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        Wilde cre&iacute;a, sin embargo, en la necesidad de la cr&iacute;tica, siempre y cuando fuera lo m&aacute;s parecido a la labor de traducci&oacute;n. Para &eacute;l, el verdadero cr&iacute;tico es quien puede &ldquo;traducir de un modo distinto o con un nuevo procedimiento&rdquo; su impresi&oacute;n ante la belleza de una obra. Quiero pensar en esa idea de traducci&oacute;n como la pensar&iacute;a hoy Anne Carson: una tarea que se parece a hacer silencio.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, ahora, otra vez: silencio, exilio, astucia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo una &eacute;poca en la que yo tambi&eacute;n cre&iacute; en &ldquo;la cr&iacute;tica&rdquo;. Quiz&aacute;s a causa de mi formaci&oacute;n norteamericana. Pensaba que rese&ntilde;as como la de Didion eran necesarias para la literatura, que abr&iacute;an el di&aacute;logo entre autores y lectores. Despu&eacute;s de todo, algunas cr&iacute;ticas de mis libros me hab&iacute;an servido. Recuerdo en especial una sobre <em>Arte menor</em> que sali&oacute; en <em>La Gaceta de Tucum&aacute;n</em>. Era una lectura honesta de la novela, de la que se&ntilde;alaba un defecto en particular con el que yo coincid&iacute; ni bien la le&iacute;. As&iacute; que en 2013, cuando volv&iacute; de Estados Unidos a Argentina sin nada, excepto dos t&iacute;tulos de posgrado y un optimismo criminal, no vi ning&uacute;n problema en ejercer ese &ldquo;oficio&rdquo; (tambi&eacute;n necesitaba la plata, pero eso no es excusa). Result&oacute; una muy mala decisi&oacute;n. Escrib&iacute; los peores textos de mi vida. Me enoj&eacute; con autores, editores, periodistas, lectores. Sobre todo, conmigo misma. Sum&eacute; estruendo a un mundo que hac&iacute;a rato se ven&iacute;a desmoronando.
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            <span class="title">
                Joan Didion                            </span>
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        La idea de Wilde apunta a una confusi&oacute;n que lleva m&aacute;s de cien a&ntilde;os: la cr&iacute;tica no son las rese&ntilde;as de diarios, ni lo que produce la academia; tampoco lo que hace el periodismo cultural. Todas esas actividades carecen de la experiencia aut&eacute;ntica de la comprensi&oacute;n, de lo que George Steiner llamaba &ldquo;responsabilidad que responde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Entre Wilde y Steiner, un siglo, el &uacute;ltimo de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Wilde: &ldquo;Antes los libros eran escritos por la gente de letras y le&iacute;dos por el p&uacute;blico; hoy son escritos por el p&uacute;blico y le&iacute;dos por nadie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Si ya no existe la literatura, c&oacute;mo va a existir la cr&iacute;tica?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Steiner: una sociedad de lo secundario, una sociedad que privilegia lo parasitario y no la presencia primaria de las obras, termina aplastada por el peso de su propia intrascendencia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Vivir es una invenci&oacute;n arrancada al terror&rdquo;, dice la fil&oacute;sofa Anne Dufourmantelle. &iquest;Vamos a resignar la literatura en ese combate?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Quiz&aacute;s Wilde fue uno de los &uacute;ltimos en ejercer la cr&iacute;tica como creaci&oacute;n de un modo tan expl&iacute;cito. Entre nosotros, el ejemplo de Jorge Luis Borges sigue siendo fulgurante.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En 2013 yo ya hab&iacute;a le&iacute;do <em>Presencias reales</em>, el bello libro de Steiner que argumenta en contra de toda labor parasitaria en torno al arte. &iquest;Lo hab&iacute;a olvidado? Claro que no. No me hab&iacute;a dado cuenta de que la cr&iacute;tica como &ldquo;responsabilidad que responde&rdquo; estaba oculta en otros lugares, no en el periodismo cultural.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Armas para la vida: el amor y la creaci&oacute;n. En ambas, la imaginaci&oacute;n reina. La enso&ntilde;aci&oacute;n, el secreto, la palabra, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Por supuesto, en nuestra sociedad igual se publica much&iacute;simo. Estamos ante una verdadera inflaci&oacute;n de la industria editorial, que no ve ning&uacute;n contrasentido en destruir libros &ldquo;poco exitosos&rdquo; para sacar la novedad del momento del &uacute;ltimo verano que nadie recordar&aacute;. Del otro lado, tambi&eacute;n algunas &ldquo;editoriales independientes&rdquo; publican libros olvidables, a veces meros ejercicios de vanidad. Poco de lo que vemos en las librer&iacute;as es literatura. Pero: a no alarmarse, no es un fen&oacute;meno nuevo. Leamos otra vez a Wilde (siento citarlo tanto pero es que Wilde escribi&oacute; <em>El cr&iacute;tico como artista</em> hoy y lo public&oacute; hace 120 a&ntilde;os, o eso parece).&nbsp; &ldquo;Una &eacute;poca sin cr&iacute;tica es una &eacute;poca en la que el arte no existe, o bien permanece inm&oacute;vil y se limita a la reproducci&oacute;n de tipos consagrados&rdquo;. A esto nos ha llevado la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, el mercado, la cultura de la cancelaci&oacute;n, una serie de fen&oacute;menos que son parte del estruendo. Se trata, no lo dudemos, de un apocalipsis de la sensibilidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En una sociedad donde nadie arriesga la palabra, ella deja de albergarnos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Harto de la conspiraci&oacute;n del estruendo, Salinger public&oacute; su &uacute;ltima historia en 1965. Despu&eacute;s, se recluy&oacute; en su casa de New Hampshire y se dedic&oacute; a escribir durante diez horas por d&iacute;a todos los d&iacute;as de su vida, hasta su muerte, ocurrida en 2010. Su hija recuerda una especie de b&oacute;veda llena de manuscritos cuidadosamente clasificados seg&uacute;n colores que indicaban cu&aacute;les eran para publicar y cu&aacute;les no. En 1974, en la &uacute;ltima entrevista que concedi&oacute; &mdash;apenas una charla telef&oacute;nica&mdash; Salinger dijo: &ldquo;Hay una calma maravillosa en no publicar. Me llena de paz. Editar un libro es una invasi&oacute;n insoportable de mi vida privada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Escondida en la obra de Wilde hay tambi&eacute;n una teor&iacute;a del secreto que a veces pasa desapercibida. Un secreto, dir&iacute;a Anne Dufourmantelle, jam&aacute;s puede ser revelado. Al igual que la dulzura y la libertad, solo puede ser entregado, nunca jam&aacute;s puede ser extra&iacute;do o forzado. La verdadera cr&iacute;tica &mdash;esa responsabilidad que responde&mdash;consiste en respetar el secreto en la obra.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Nadie podr&iacute;a hoy ejecutar con estilo el retiro salingeriano, transformado en una pose m&aacute;s por sus millones de imitadores, comentaristas, ex&eacute;getas, detractores. (Por favor, no me hablen de Elena Ferrante y otros fen&oacute;menos mercantiles contempor&aacute;neos). Pero hay otras formas del exilio y la astucia. Solo Sse trata de encontrar nuevos disfraces para cada conspiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Susan Sontag escribi&oacute; p&aacute;ginas memorables en contra de la interpretaci&oacute;n. Ya advert&iacute;a c&oacute;mo los cr&iacute;ticos se limitaban a hacer encajar a las obras en moldes predeterminados de pensamiento. Una cr&iacute;tica que analizaba desentra&ntilde;aba meros temas o contenidos. Hoy esa mirada es todav&iacute;a m&aacute;s miserable, y parece la &uacute;nica capaz de ordenar el estruendo editorial: se clasifican libros seg&uacute;n su relaci&oacute;n con los temas &ldquo;de actualidad&rdquo;, se escribe sobre eso, se eval&uacute;a la habilidad para dar con el <em>hashtag</em> de moda, para generar &ldquo;tendencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La obra no es un enigma a revelar, ni un misterio tan sagrado que no acaba de entenderse. Es apenas un secreto en el que anida lo desconocido, aquello que esa ficci&oacute;n en particular tiene la gracia de se&ntilde;alar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La literatura se ocupa del presente, jam&aacute;s de &ldquo;la actualidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El sentido no tiene que ver con lo que puede interpretarse sino con lo que no. Tambi&eacute;n a la autora le ha ocurrido hallar lo desconocido &mdash;o mejor a&uacute;n, lo incognoscible&mdash;, anidando, de pronto, en su texto. No es que ella haya escondido o guardado un secreto personal o un saber que alguien deber&iacute;a, entonces, desentra&ntilde;ar. Lo que ocurre es que la obra por ser tal ha entrado en comuni&oacute;n con Algo M&aacute;s. Ese Algo M&aacute;s es la tarea que comparten autora y lectora. Es la responsabilidad que responde.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Si la cr&iacute;tica no es c&oacute;mplice del secreto, no es cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>Papers</em>, rese&ntilde;as, art&iacute;culos, tesis, tesinas, entrevistas, comentarios, opiniones, seguidores en redes: formas contempor&aacute;neas de un mismo y viejo estruendo. Nada de eso tiene que ver con la creaci&oacute;n ni con la cr&iacute;tica. Porque nada de eso tiene que ver, sobre todo, con la lectura. Con poner el coraz&oacute;n. Hacer lo que toca. Abrirse a la l a obra y su contacto con Algo M&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No se trata de hablar del secreto sino de <em>hablarle al secreto</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La cr&iacute;tica es un tipo especial de lectura en la que una ola o un esc&aacute;ndalo de la inteligencia y la emoci&oacute;n mueve al hacer.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La literatura si no es forma, no es nada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Respetar el secreto es hacer algo nuevo que lo vuelve a decir sin revelarlo. Resistir. Hacer silencio frente a lo que no puede ser dicho dos veces, encontrar otra manera de presentarlo, no de interpretarlo. No transformar el secreto en enigma. (los enigmas siempre se resuelven). La cr&iacute;tica, igual que la buena ficci&oacute;n, solo puede se&ntilde;alarlo el secreto. B, bordearlo, aludirlo, cercarlo. Es un mont&oacute;n, es m&aacute;s que suficiente.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Lugares en los que existe hoy la cr&iacute;tica como &ldquo;responsabilidad que responde&rdquo;: en los cuartos de los adolescentes que todav&iacute;a cuelgan p&oacute;sters de poetas, m&uacute;sicos, dibujos, esloganes, frases, posiciones, depresiones. En los diarios &iacute;ntimos que no se publican. En los ensayos apasionados y conmovedores sobre los libros que nos cambiaron la vida. En las historias de Instagram de alguien que ley&oacute; por primera vez a C&eacute;sar Vallejo. En proyectos como Libros Drama, que distribuye frases de Joyce y Artaud en performances subterr&aacute;neas y silenciosas y secretas. En los clubes de lectura donde <em>Ant&iacute;gona</em> no es una obra de S&oacute;focles, sino mil versiones de un dolor que no cesa. En las aulas de la Facultad de Ciencias Sociales (al menos en las m&iacute;as) donde los alumnos lloran o se r&iacute;en a carcajadas al leer un cuento; se enojan, argumentan, discuten, abandonan sus celulares, buscan un l&aacute;piz o una birome y escriben apretando la punta contra el papel hasta traspasarlo. Y hay m&aacute;s. A pesar de la monstruosa y eficiente industria del estruendo, siempre habr&aacute;, por suerte, mucho, much&iacute;simo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>BG/SB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Betina González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/critica-apocalipsis-sensibilidad_1_9759451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Dec 2022 03:05:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La crítica y el apocalipsis de la sensibilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,críticas,Literatura,Joan Didion,Oscar Wilde]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De John Lennon a Joan Didion o cómo el dolor puede ser también un motor para la creación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/john-lennon-joan-didion-dolor-motor-creacion_1_8674149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94777613-66cd-4c10-bebd-2aa5c22d35f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De John Lennon a Joan Didion o cómo el dolor puede ser también un motor para la creación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace siglos, los artistas construyen obra a partir de sus pérdidas. Al consumir sus producciones logramos empatizar con esos dolores y, como si la belleza mostrara toda su paradoja, encontrar motivos propios para llorar. Y avanzar.</p><p class="subtitle">¿Te gusta leer en papel? - Este artículo pertenece a la segunda edición de la revista que elDiarioAR regala a sus socias y socios. Si querés recibir la próxima publicación, asociate y, así también, apoyás a este proyecto periodístico.</p></div><p class="article-text">
        Pasaron diez a&ntilde;os desde la noche en la que un polic&iacute;a aprendiz de automovilista atropell&oacute; y asesin&oacute; a la madre de John Lennon hasta que ese adolescente duelante, convertido en uno de los cuatro hombres m&aacute;s populares que Jes&uacute;s, pudo empezar a transformar algo de ese dolor en canci&oacute;n. &ldquo;<em>La mitad de lo que digo no tiene sentido, pero lo digo s&oacute;lo para alcanzarte, Julia</em>&rdquo;. Cuando empez&oacute; a escribirla estaba en la India, en ese retiro espiritual en el que The Beatles conocieron sustancias e instrumentos y del que volvieron con los borradores de algunas nuevas canciones. Estaba solo en el estudio de grabaci&oacute;n cuando la dej&oacute; registrada como cierre del primero de los dos discos que componen el <em>&Aacute;lbum Blanco</em>: en ninguna otra canci&oacute;n de The Beatles Lennon est&aacute; sin Paul, ni George, ni Ringo excepto en esta, en la que se qued&oacute; solo con Julia, su madre muerta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                John Lennon y su madre, Julia.                            </span>
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        &ldquo;<em>Tocame</em>&rdquo; le canta John a Julia, como quien dice &ldquo;no te alejes tanto de m&iacute;&rdquo;. &ldquo;<em>Canto una canci&oacute;n de amor para Julia</em>&rdquo;, dice tambi&eacute;n ese nene-hombre que, por prescripci&oacute;n de la familia materna y tambi&eacute;n del Estado, hab&iacute;a dejado de convivir formalmente con su mam&aacute; a los 5 a&ntilde;os, cuando la custodia recay&oacute; sobre su t&iacute;a Mimi, pero que aprendi&oacute; a tomar colectivos para pasar todo el tiempo posible con esa mam&aacute; que sab&iacute;a -y ense&ntilde;aba- acordes de banjo y de ukelele, y las notas en el piano, y que junt&oacute; 10 libras esterlinas para que John tuviera su primera guitarra. Esa mam&aacute; en cuya casa s&iacute; estaban permitidos los tocadiscos y eran bienvenidos los ensayos de The Quarrymen, la banda a la que Lennon invitar&iacute;a primero a Paul McCartney -otro hu&eacute;rfano de madre- y a George Harrison despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s del <em>&Aacute;lbum Blanco</em> -y algunos meses despu&eacute;s de que The Beatles se separaran- el dolor de John por esa madre que ya no est&aacute; y por esa madre que podr&iacute;a haber estado m&aacute;s cerca antes de que un auto la aplastara vuelve a asomarse: &ldquo;<em>Madre, vos me tuviste a m&iacute; pero yo no te tuve a vos, yo te quise pero vos no me quer&iacute;as</em>&rdquo;, se desgarra Lennon. <em>Mother</em> es parte del disco <em>John Lennon</em> / <em>Plastic Ono Band</em> de 1970 y otra vez habla de Julia, la mujer que a pesar de su miop&iacute;a hab&iacute;a decidido no usar anteojos, rebeld&iacute;a que John hered&oacute; y puso en pr&aacute;ctica durante toda la d&eacute;cada beatle, hasta cansarse y dar con el armaz&oacute;n que &eacute;l se ocup&oacute; de llevar a la fama y que el mercado se ocup&oacute; de llamar por su apellido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Todo ese sufrimiento que Lennon podr&iacute;a haber padecido s&oacute;lo puertas adentro, se convierte, letra y m&uacute;sica mediante, en una (o dos en este caso) que sabemos todos. </strong>Dos canciones que le sirven de ladrillos a ese refugio gigante o m&aacute;s bien interminable, sin nacionalidad y n&oacute;made, que vienen construyendo desde hace siglos poetas, novelistas, cantantes, hombres y mujeres de la pintura y cineastas -artistas, al fin y al cabo- que han erigido obra a partir de sus duelos. Esos que salieron de la instancia en la que la p&eacute;rdida shockea y paraliza y se aferraron a una pulsi&oacute;n creativa para empezar a cicatrizar -y tuvieron el suficiente talento como para que una discogr&aacute;fica, una productora o una editorial les dijera que s&iacute;, que adelante-.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez no pensemos en esos ladrillos sueltos como piezas de un gran edificio demasiado seguido porque al dolor mejor andarle lejos y al dolor por las p&eacute;rdidas todav&iacute;a m&aacute;s. Pero ah&iacute; est&aacute;n, engrosando un g&eacute;nero al que nadie querr&iacute;a dedicarse, esas catarsis por los padres y las madres muertas de vejez, de c&aacute;ncer o debajo de un auto. Las narraciones de las separaciones sufrientes, los desarraigos, los amores que se desinflan sin remedio y las muertes de los hijos, para las que la humanidad todav&iacute;a no encontr&oacute; un nombre adecuado. Todas esas piezas nos alfombran un poco el piso cuando la vida lo llena de esquirlas puntiagudas y, mientras tanto, sirven de ventana indiscreta al dolor de otro y a lo que ese otro hizo con su dolor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay duda de que escribir las p&eacute;rdidas es un acto simbolizante, donde se van enhebrando emociones para las que no hay palabra. Son palabras sublimadas que permiten empezar a nombrar ese dolor de otra manera. El dolor en ese momento es indecible, pero a trav&eacute;s de la met&aacute;fora se va creando otra cosa, que puede ser una canci&oacute;n, un cuento, un poema. Ah&iacute; aparece la sublimaci&oacute;n, cuando se acepta que eso perdido puede ser creado -escrito, cantado, por ejemplo- de otra manera&rdquo;, explica la psicoanalista Gabriela Goldstein, presidenta de la Asociaci&oacute;n Psicoanal&iacute;tica Argentina (APA).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El dolor es indecible, pero a través de la metáfora se va creando otra cosa, que puede ser una canción, un cuento, un poema.
</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Gabriela Goldstein</span>
                                        <span>—</span> presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Algo de lo que se construye, de lo que se crea a trav&eacute;s de la met&aacute;fora, tiene alguna resonancia con lo perdido, por lo cual puede llegar a hacerle bien a quien lo crea. A la vez, si es un objeto realmente art&iacute;stico, tiene la capacidad de transmitir toda una serie de emociones a quien lo escucha, lo ve, lo lee. Y eso que se transmite no es necesariamente tristeza por la p&eacute;rdida de un objeto porque si el dolor se trasladara directamente la gente que accede a esa obra no lo bancar&iacute;a. Ser&iacute;a lo mismo escuchar una canci&oacute;n de este tipo que ver en un noticiero a cu&aacute;nta gente mataron. El arte, aunque hable de p&eacute;rdidas y de duelos, puede provocar emociones que a la vez produzcan placer&rdquo;, suma Goldstein.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Joan Didion                            </span>
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        <em>&ldquo;La vida cambia deprisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoc&iacute;as se acaba (...) La vida cambia en un instante. Un instante normal</em>&rdquo;, escribi&oacute; la novelista californiana <strong>Joan Didion </strong>en <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>: all&iacute; intent&oacute; explicar(se) todo lo que vino despu&eacute;s de que su marido dejara de responderle mientras ella preparaba la ensalada de una cena en 2003. Todo lo que vino despu&eacute;s del infarto que lo dej&oacute; mudo primero y lo mat&oacute; enseguida: la imposibilidad de tirar sus zapatos por si alguna vez volv&iacute;a, la imposibilidad de donar sus c&oacute;rneas por si alguna vez quer&iacute;a mirar el mundo (o a ella) de nuevo, lo rid&iacute;culo que puede ser tener anotado el tel&eacute;fono del servicio de emergencias por si le pasa algo a un vecino sin pensar jam&aacute;s que tal vez ese algo le pase al compa&ntilde;ero de cuatro d&eacute;cadas, lo revelador que es darse cuenta de esa ridiculez.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Didion escribe porque a los 5 a&ntilde;os su mam&aacute; le regal&oacute; un cuaderno para que le hablara menos.</strong> Para que depositara ah&iacute;, y no en su madre, casi todo lo que se le pasara por la cabeza. Siete d&eacute;cadas despu&eacute;s, a partir de su viudez hizo una novela que le hizo ganar el National Book Award en la categor&iacute;a de no ficci&oacute;n y ser finalista del Premio Pulitzer. En 2011, formada en ese mecanismo de escribir en vez de hablar, public&oacute; <em>Noches azules</em> para duelar a su hija Quintana, que hab&iacute;a muerto menos de dos a&ntilde;os despu&eacute;s que su marido. Cuando tuvo que elegirle un nombre a su compilaci&oacute;n de ensayos de no ficci&oacute;n, Didion eligi&oacute; <em>Nos contamos historias para poder vivir</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Eric Clapton                            </span>
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        <strong>Eric Clapton gest&oacute; la canci&oacute;n en la que pudo al fin referirse a la muerte de su hijo en nueve meses</strong>. <em>Tears in heaven</em> logra con tres notas de guitarra ac&uacute;stica que cualquiera pueda conmoverse, sentir el clima de melancol&iacute;a profunda del cual, finalmente, todos salimos buscando una carilina pero sin da&ntilde;os mayores. Ah&iacute;, en esa canci&oacute;n en la que el m&uacute;sico brit&aacute;nico le pregunta a su hijo muerto si lo reconocer&iacute;a si se encontraran en el cielo, est&aacute; su tragedia.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; el dolor que vino despu&eacute;s de que Conor, de cuatro a&ntilde;os, cayera desde la ventana de un piso 53 de Manhattan por el descuido del hombre que limpiaba los vidrios del rascacielos. El dolor del padre que justo el d&iacute;a anterior a ese final hab&iacute;a pasado por primera vez algunas horas solo con su hijo y hab&iacute;a decidido que era momento de estar m&aacute;s cerca de esa crianza. Ah&iacute;, en la l&iacute;nea en la que Clapton le advierte a su peque&ntilde;o interlocutor que &eacute;l no pertenece al cielo, est&aacute; la certeza de que nunca m&aacute;s van a estar juntos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Tears in heaven&quot; logra con tres notas de guitarra acústica que cualquiera pueda conmoverse, sentir el clima de melancolía profunda del cual, finalmente, todos salimos buscando una carilina pero sin daños mayores.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;El te&oacute;rico Jean Allouch dice que, en el inicio de un duelo, el duelante es algo as&iacute; como un enamorado porque todo el tiempo piensa en esa persona a la que est&aacute; duelando. Es un deseante que no desea serlo. <strong>El hecho de que ese duelo produzca alguna obra a trav&eacute;s del arte puede resultar muy reparatorio</strong>&rdquo;, explica Alicia Killner, psicoanalista y coordinadora del &aacute;rea de Cultura de APA.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fito P&aacute;ez </strong>estaba en Brasil, de gira con su disco <em>Giros</em>, cuando le avisaron que su abuela &ldquo;Belia&rdquo; y su t&iacute;a abuela Josefa hab&iacute;an sido acuchilladas hasta la muerte en la casa de Rosario en la que, muerta su madre cuando &eacute;l era apenas un beb&eacute;, esas dos mujeres lo hab&iacute;an criado. En el mismo episodio hab&iacute;an asesinado tambi&eacute;n a Fermina Godoy, a cargo de las tareas dom&eacute;sticas en la casa de las abuelas-madres de Fito y embarazada. Lo primero que hizo P&aacute;ez fue destrozar la habitaci&oacute;n de hotel en la que estaba alojado. Lo segundo fue viajar a Rosario para declarar en una comisar&iacute;a. Lo tercero fue volver a subirse a un avi&oacute;n: viaj&oacute; a Tahit&iacute; con un amigo y asistente y volvi&oacute; con su pr&oacute;ximo disco en la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de ese lanzamiento, en sus shows en vivo P&aacute;ez sigue lev&aacute;ntandose del piano y colg&aacute;ndose la guitarra para tener a cargo ese riff furioso y oscuro que antecede a lo de &ldquo;en esta puta ciudad todo se incendia y se va, matan a pobres corazones, matan a pobres corazones&rdquo;. <em><strong>Ciudad de pobres corazones</strong></em><strong> es, probablemente, el enojo mejor sublimado de la historia del rock argentino, una catarsis parecida a las cascaritas que vuelven a sangrar cada vez que se las roza.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fito Páez                             </span>
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        Fito estren&oacute; la canci&oacute;n en el estadio Obras en 1986, en un show de la gira en la que present&oacute; <em>La La La</em> junto a Spinetta: &ldquo;Soy un animal herido, que se relame las heridas y a lo mejor no quiere que lo vean. Como dec&iacute;a Borges, lo que me une a la vida no es el amor, sino el espanto&rdquo;, dijo en ese momento sobre su cascarita interminable. Hace algunos a&ntilde;os, en vivo en el Luna Park, P&aacute;ez reemplaz&oacute; ese riff de guitarra que parece hecho de cuchillazos -para vengar cuchillazos- por un sampleo electr&oacute;nico: la canci&oacute;n perdi&oacute; tanta potencia, se &ldquo;desenoj&oacute;&rdquo; tanto, que no lo volvi&oacute; a hacer nunca m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Rilke dec&iacute;a que lo bello es el borde de todo lo terrible que podemos soportar. <strong>Los artistas saben hacer algo bello con lo terrible o lo doloroso, </strong>algo que produzca placer, belleza o emoci&oacute;n a partir de un n&uacute;cleo nost&aacute;lgico. Eso puede ocurrir a trav&eacute;s de una canci&oacute;n, de una pel&iacute;cula, de un cuento, y ocurre que cuando ese trabajo con el dolor es una verdadera obra de arte logra tocar una fibra universal&rdquo;, explica Goldstein.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Paul McCartney                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Paul McCartney</strong> tambi&eacute;n era adolescente cuando Mary, su mam&aacute;, muri&oacute; de c&aacute;ncer de mama. Paul ten&iacute;a 14 a&ntilde;os y una madre a quien no hab&iacute;a ning&uacute;n descuido que reprocharle. Ninguna ausencia, ninguna desatenci&oacute;n. <strong>Esa orfandad, a pesar de las diferencias, lo acercaba m&aacute;s todav&iacute;a a Lennon: los dos ten&iacute;an que ocuparse de un duelo similar.</strong> En algo de eso estar&iacute;a McCartney una de todas las noches en las que se acost&oacute; borracho y drogado hacia fines de los sesenta, cuando el mundo era suyo pero ya era conciente de que la convivencia de The Beatles era inviable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sal&iacute;a todas las noches y consum&iacute;a de todo. Despu&eacute;s de todo eso casi siempre me costaba dormir pero algunas noches lograba un sue&ntilde;o extra&ntilde;amente profundo. Fue una de esas noches que ocurri&oacute; la aparici&oacute;n&rdquo;, dijo McCartney en decenas -&iquest;o centenas?- de entrevistas. &ldquo;Vi a mi mam&aacute; que me dec&iacute;a que me quedara tranquilo, que todo iba a estar bien, que lo dejara ser&hellip; que <em>let it be</em>&hellip; Me despert&eacute; y me pareci&oacute; que con todo eso que mi mam&aacute; me dec&iacute;a pod&iacute;a hacerse una buena canci&oacute;n&rdquo;. As&iacute; que escribi&oacute; lo de que cuando se encuentra en tiempos problem&aacute;ticos Mother Mary aparece con algunas palabras sabias y le dice que <em>let it be</em>.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de Mother Mary le pusieron nombre al &uacute;ltimo disco que The Beatles sacaron al mercado y a una canci&oacute;n que forma parte de ese archivo universal del duelo convertido en emoci&oacute;n global. Tal vez se trate de uno de los grandes himnos de todo ese repertorio basado en ausencias personal&iacute;simas que el tiempo -y la creatividad y el trabajo- convierte en patrimonio de todos: a esta altura, Mother Mary aconsej&oacute; a miles de millones de personas aunque no lo sepa.
    </p><p class="article-text">
        La vida cambia en un instante. Un instante normal. Mejor tener a mano todo lo bello que algunos otros hayan logrado hacer con su dolor para amortiguar el golpe.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julieta Roffo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/john-lennon-joan-didion-dolor-motor-creacion_1_8674149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Jan 2022 03:22:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De John Lennon a Joan Didion o cómo el dolor puede ser también un motor para la creación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[John Lennon,Joan Didion,Fito Páez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo en 2022: dos historias que contar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/mundo-2022-historias-contar_129_8626549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d886554-aa5f-415a-a6a1-59abc623a9b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo en 2022: dos historias que contar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que hemos vivido estos dos últimos años desembocará en un Estado del Bienestar más fuerte, una Europa más a la izquierda y nuevos partidos en Latinoamérica. También en más líderes autoritarios en el Este de Europa y más conflictos en África y Rusia. O no.</p></div><p class="article-text">
        La periodista <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/muere-joan-didion-cronista-87-anos_1_8608021.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joan Didion</a> escribi&oacute; en <a href="https://www.nybooks.com/articles/1988/10/27/insider-baseball/?pagination=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un ensayo sobre la campa&ntilde;a presidencial de 1988</a> que &ldquo;los enterados inventan a&ntilde;o tras a&ntilde;o el relato de la vida p&uacute;blica&rdquo;. Didion, que muri&oacute; el 23 de diciembre en Nueva York, sol&iacute;a reflexionar sobre la distancia de la realidad, complicada, variada y dif&iacute;cil de prever, y las &ldquo;ideas&rdquo; en las que tratamos de meterla para que encaje en una narraci&oacute;n redonda.
    </p><p class="article-text">
        Con la pandemia y tal vez por primera vez en la historia, el mundo tiene una experiencia simult&aacute;nea, parecida y muy intensa, y es casi inevitable sacar un relato com&uacute;n sobre sus efectos. Puede ser el bueno o el malo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un relato com&uacute;n para 2022 podr&iacute;a ser el de gobiernos que afianzan el Estado del Bienestar por las carencias obvias de sus sistemas de salud, la red para proteger a los m&aacute;s vulnerables y la falta de inversi&oacute;n en ciencia, cuidados y ciudades mejores. La reflexi&oacute;n por el golpe sanitario y la consiguiente solidaridad entre personas diferentes construyen entornos con m&aacute;s bicis, puestos de trabajo m&aacute;s flexibles y personas con prioridades menos ego&iacute;stas.
    </p><p class="article-text">
        En esta versi&oacute;n de la historia, Joe Biden es <a href="https://www.eldiario.es/opinion/revolucion-biden_129_7904643.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cambio de paradigma </a>de los ciclos presidenciales seg&uacute;n los dibuja Stephen Skowarnek, de la Universidad de Yale, entre los presidentes que reconstruyen, articulan o rompen con el pasado. Biden aspira a ser el principio de un mundo nuevo como lo fueron Franklin Roosevelt y Ronald Reagan, que consiguieron cambiar el marco de pensamiento, cada uno en direcciones opuestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta historia de 2022, la llegada al poder del socialdem&oacute;crata <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/olaf-scholz-socialdemocrata-merkeliano_1_8340439.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Olaf Scholz </a>arrastra con el ejemplo y con las pol&iacute;ticas en la UE a otros pa&iacute;ses europeos a invertir m&aacute;s y recortar menos, y la estabilidad del sur de Europa ayuda a que la zona euro se pueda permitir una respuesta m&aacute;s sostenible que la de la &uacute;ltima crisis. La tendencia hacia un Estado del Bienestar m&aacute;s fuerte incluso se nota en gobiernos conservadores como el de Boris Johnson. Con <a href="https://www.eldiario.es/internacional/boris-johnson-subira-impuestos-pagar-sanidad-tocada-pandemia_1_8279885.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su modelo de impuestos m&aacute;s altos, inversi&oacute;n en un plan verde, en la lucha contra la obesidad y en el refuerzo de la tocada Sanidad</a>, Johnson ya es reflejo de una tendencia m&aacute;s moderada y m&aacute;s parecida a la socialdemocracia que la mayor&iacute;a de su partido. En el relato de este 2022 de un Estado m&aacute;s grande y pa&iacute;ses menos lacerados por la desigualdad, Biden consigue aprobar <a href="https://edition.cnn.com/2021/12/07/politics/biden-build-back-better-spending-bill/index.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su paquete de 1,9 billones de d&oacute;lares</a> de inversi&oacute;n social pendiente de la votaci&oacute;n en el Senado, aunque sea m&aacute;s reducido, y ofrecer a los trabajadores de Estados Unidos m&aacute;s protecci&oacute;n en caso de baja y ayudas para reparar las viviendas de protecci&oacute;n oficial o repartir m&aacute;s comidas gratis en las escuelas.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Pierden los extremos</h3><p class="article-text">
        En este escenario, igual que ha pasado en las elecciones en Italia y en Alemania, los partidos m&aacute;s extremistas no capitalizan el hartazgo de la pandemia y pierden esca&ntilde;os y atenci&oacute;n de las c&aacute;maras y los tuiteros. Eso es lo que puede pasar de hecho en las presidenciales de Francia (el 10 de abril es la primera vuelta y el 24, la segunda) donde se espera que vuelva a ganar Emmanuel Macron y la extrema derecha salga debilitada por la irrupci&oacute;n de &Eacute;ric Zemmour, el tertuliano a la derecha de Marine Le Pen que despu&eacute;s de tanta fanfarria no parece despegar. Al otro lado del canal de la Mancha, las elecciones regionales de mayo pueden ser la puntilla final para el liderazgo de Boris Johnson, que podr&iacute;a ser expulsado por su propio partido en una nueva etapa incierta para los tories, tal vez preludio de la vuelta de los laboristas al poder en las siguientes elecciones generales previstas para 2024.
    </p><p class="article-text">
        El triunfo de la izquierda puede llegar a Colombia de la mano de Gustavo Petro en las elecciones presidenciales de mayo &ndash;algo que ser&iacute;a muy noticioso vista <a href="https://www.eldiarioar.com/latinoamerica/colombia-gobernado-izquierda-cambiar-gustavo-petro_1_8565686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la historia de Colombia, con el triunfo constante de partidos del centro y la derecha</a>&ndash;. Y a Brasil, con el regreso de Lula frente a uno de los personajes m&aacute;s da&ntilde;inos para la salud p&uacute;blica, el medioambiente y la igualdad de derechos, Jair Bolsonaro, cuya derrota de momento parece probable, <a href="https://www.europapress.es/internacional/noticia-lula-ganaria-primera-vuelta-elecciones-2022-brasil-48-ciento-votos-encuesta-20211215024213.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n las encuestas</a>. La nueva izquierda de Chile tal vez puede marcar el camino para otros pa&iacute;ses latinoamericanos, uno m&aacute;s parecido a la socialdemocracia europea.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Orban y otros Putin</h3><p class="article-text">
        La otra historia sobre 2022 y las consecuencias m&aacute;s turbulentas de la pandemia es la de gobiernos m&aacute;s autoritarios, pa&iacute;ses m&aacute;s desiguales y tambi&eacute;n m&aacute;s violentos. 2022 puede ser el a&ntilde;o de otro triunfo para Victor Orban en las elecciones parlamentarias de la primavera mientras se afianza en el Este de Europa el modelo de l&iacute;deres inspirados en Vladimir Putin. Es la historia de la erosi&oacute;n de los derechos de las mujeres, las personas LGTBI y las minor&iacute;as en Hungr&iacute;a y en otros vecinos como Polonia, cada vez m&aacute;s enfrentado a los principios del Estado de Derecho de la UE. En este contexto puede estallar en el Este el conflicto m&aacute;s temido, sobre el que Estados Unidos y la OTAN llevan semanas alertando, la invasi&oacute;n de Ucrania por parte de Rusia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el relato de la pandemia que trae m&aacute;s extremismo, m&aacute;s bulos, menos respeto a la libertad de prensa, menos confianza en los medios y menos cohesi&oacute;n social en pa&iacute;ses cada vez m&aacute;s aislados y menos interesados en los conflictos de los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la historia de la desigualdad del acceso a las vacunas, que puede pasar una factura especialmente alta en algunos pa&iacute;ses de renta media en &Aacute;frica donde el coronavirus es un problema real (en los m&aacute;s pobres<a href="https://www.nytimes.com/2021/12/11/health/covid-vaccine-africa.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las urgencias de salud p&uacute;blica suelen ser otras</a>) y que han accedido tarde a unas vacunas que protegen menos que las de ARN mensajero de Pfizer y Moderna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la historia de conflictos en cadena en varios pa&iacute;ses africanos, cuyas econom&iacute;as sufren la bajada de demanda, de turistas o de ayuda humanitaria que ha tra&iacute;do la pandemia, y, en el caso m&aacute;s extremo, que padecen de nuevo la guerra civil, como Etiop&iacute;a. La pobreza extrema se est&aacute; volviendo a reducir por un atisbo de recuperaci&oacute;n, pero algunas de las econom&iacute;as africanas m&aacute;s prometedoras se han vuelto a parar, como Sud&aacute;frica, que ya estaba sufriendo antes de la pandemia pese a tener m&aacute;s recursos econ&oacute;micos y humanos que los pa&iacute;ses de su entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un mundo en el que Joe Biden sigue en retirada, despu&eacute;s del colapso de Afganist&aacute;n, cuya dimensi&oacute;n y consecuencias nefastas veremos en 2022. El presidente dem&oacute;crata estar&aacute; muy enfrascado en sus problemas dom&eacute;sticos ya que la encuestas y la historia para los presidentes en ejercicio sugieren que en noviembre su partido perder&aacute; la mayor&iacute;a en la C&aacute;mara de Representantes y se encontrar&aacute; con la misma y fr&aacute;gil mayor&iacute;a en el Senado, pero sin los republicanos m&aacute;s moderados de los que tirar porque varios se habr&aacute;n retirado y se espera que sean sustituidos por pol&iacute;ticos m&aacute;s radicales y cercanos a Donald Trump.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las presidenciales de 2024 empezar&aacute;n en Estados Unidos al d&iacute;a siguiente de las legislativas del 8 de noviembre, y de momento, Trump asegura que se quiere presentar. Puede que no lo haga al final pero ya ha conseguido crear un partido marcado por invenciones como que Biden no gan&oacute; las elecciones o que el asalto al Capitolio no sucedi&oacute; y por un mensaje cada vez m&aacute;s surrealista contra las vacunas, las mascarillas y los hechos. Un partido con el que dif&iacute;cilmente se aprobar&aacute; ninguna medida legislativa y con el que no estar&aacute; asegurado el traspaso pac&iacute;fico de poder.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Las mejores apuestas</h3><p class="article-text">
        Hacer predicciones en medio de la incertidumbre que ha marcado estos dos &uacute;ltimos a&ntilde;os es a&uacute;n m&aacute;s complicado que de costumbre. Basta mirar algunas de las &ldquo;mejores apuestas&rdquo; que ha hecho el <em>Economist</em> sobre el mundo en 2022 y que public&oacute; en noviembre, consultando a &ldquo;periodistas y comentaristas&rdquo;. La primera dec&iacute;a que no habr&iacute;a una variante nueva dominante despu&eacute;s de delta hasta septiembre de 2022. <a href="https://www.economist.com/the-world-ahead/2021/11/10/the-experts-best-bets" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">S&oacute;lo un 1% de los consultados </a>contestaban que suceder&iacute;a antes de enero de 2022.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que salga en este a&ntilde;o nuevo no tendr&aacute; un relato ni tan claro ni tan directo para encajar en una historia perfecta. Pero los humanos necesitamos esperanza para seguir adelante y asignamos al calendario un poder que obviamente no tiene para mejorar la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso la mayor&iacute;a del mundo es optimista sobre 2022. En <a href="https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2021-12/Global-Predictions-for-2022.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un sondeo de Ipsos en 33 pa&iacute;ses</a>, el 77% de los encuestados aseguran que este nuevo a&ntilde;o ser&aacute; mejor para ellos que 2021. Tambi&eacute;n lo dicen el 72% de las personas encuestadas en Espa&ntilde;a (aunque el 20% de los espa&ntilde;oles han contestado en otra pregunta que creen &ldquo;probable&rdquo; que un asteroide se estrelle contra la tierra).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como escribi&oacute; Didion en <em>The White Album</em>, &ldquo;interpretamos lo que vemos, seleccionamos lo que mejor funciona de las m&uacute;ltiples opciones. Vivimos complementamente, sobre todo si somos escritores, imponiendo una l&iacute;nea narrativa sobre im&aacute;genes dispares, las &lsquo;ideas&rsquo; con las que hemos aprendido a congelar la fantasmagor&iacute;a cambiante que es nuestra experiencia real&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2022 ser&aacute; probablemente una mezcla imperfecta y ca&oacute;tica de lo que hemos vivido en los dos a&ntilde;os anteriores, pero ya que necesitamos esas historias que nos contamos para vivir, como dec&iacute;a Didion, al menos podemos contarnos las mejores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Ramírez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/mundo-2022-historias-contar_129_8626549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jan 2022 14:13:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mundo en 2022: dos historias que contar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Joe Biden,EEUU,Boris Johnson,Emmanuel Macron,Joan Didion,Donald Trump,Jair Bolsonaro,Chile]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós a toda ella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/adios_129_8611121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdcd4460-dee5-41f5-ac2c-d93fd7e36bc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós a toda ella"></p><p class="article-text">
        Fue hace varios a&ntilde;os: Tamara Kamenszain me escribi&oacute; porque estaba armando la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes y quer&iacute;a que yo diera clases en la c&aacute;tedra de Mar&iacute;a Moreno. Se iba a llamar &ldquo;Ret&oacute;rica&rdquo;, pero iba a ser algo as&iacute; como una materia sobre cr&oacute;nicas. Le dije que s&iacute;, porque a Tamara yo siempre le dec&iacute;a que s&iacute;, y porque ella nunca me endulzaba ninguna p&iacute;ldora y si pensaba que yo pod&iacute;a hacerlo era porque pod&iacute;a. Inmediatamente me puse a pensar en la pregunta de <em>qu&eacute; ten&iacute;a yo para ofrecerle a una c&aacute;tedra de cr&oacute;nica de Mar&iacute;a Moreno</em>, como una pregunta ret&oacute;rica pero tambi&eacute;n como una pregunta aut&eacute;ntica. <strong>No pertenezco a la generaci&oacute;n que ejerci&oacute; la </strong><em><strong>cr&oacute;nica latinoamericana</strong></em><strong>, ni a la que la idolatra: el goce en la excursi&oacute;n a la marginalidad, la escritura barroca y ceremoniosa y la voluntad de hero&iacute;smo, todo de ella me expulsa. </strong>Tampoco soy buena cronista; odio hacer entrevistas, odio ir a lugares. Todo me da miedo. Lo m&aacute;s cercano a una cr&oacute;nica de verdad que hice fue un perfil en la revista Orsai, de un se&ntilde;or peligroso cercano a una chica peligrosa: me sali&oacute; olvidable, no logr&eacute; confirmar muchas cosas que quer&iacute;a confirmar y no me anim&eacute; a ponerlas, ni tampoco ir a su oficina. S&oacute;lo consegu&iacute; que me escribiera por todos los medios en tono amenazante y bloquearlo hasta de mi tel&eacute;fono, despu&eacute;s de mentirle que la nota no se pod&iacute;a leer en digital en ninguna parte. No nac&iacute; para eso, ni aprend&iacute; la tarea nunca. Mi misi&oacute;n ser&iacute;a entonces lograr que mis alumnos escribieran mejor que yo. Ense&ntilde;arles a hacer cosas que no s&eacute; hacer, como las profesoras de danza que indican cosas que ya no pueden mostrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que atin&eacute; a hacer, despu&eacute;s de decirle a Tamara que s&iacute; s&iacute; claro que s&iacute;, fue una traducci&oacute;n de <em>El &aacute;lbum blanco</em>, una de las cr&oacute;nicas m&aacute;s famosas de Joan Didion. Hab&iacute;a encontrado una traducci&oacute;n en internet, pero era muy espa&ntilde;ola, y sab&iacute;a o intu&iacute;a que mis alumnos de veintipocos no estaban tan entrenados en leer traducciones castizas y ver la verdad entre las palabras ajenas. Hice una traducci&oacute;n que jam&aacute;s publicar&iacute;a, una traducci&oacute;n rid&iacute;culamente literal y rid&iacute;culamente porte&ntilde;a, pero es que a veces traducir es como contar una an&eacute;cdota, que depende del contexto, y entonces en alguna situaci&oacute;n se omiten ciertas informaciones y se subrayan otras, dependiendo de la audiencia y de lo que una quiera producir en esa audiencia, si comprensi&oacute;n, si seducci&oacute;n, si maravilla, si todo de esas cosas o nada de esas cosas. Pens&eacute; en lo que yo quer&iacute;a que mis alumnos tomaran de esa cr&oacute;nica, lo pienso cada vez que la vuelvo a dar, cuando empiezan las clases: les pido que lean la soltura y la soberbia con la que pasa de estar hablando de los asesinatos del clan Manson a contar un d&iacute;a que pas&oacute; con los Doors y de ah&iacute; a las Panteras Negras. Les pido que vean que en ning&uacute;n momento ella explica la relaci&oacute;n entre todas esas cosas, pero que tampoco las tira una tras otra, sino que va plantando piedras preciosas cada tanto, piedras raras con muchas caras que reflejan muchas cosas distintas y que pueden parecer talismanes en los que se refractan todos esos temas. Les pido que vean c&oacute;mo son las im&aacute;genes, las frases y las ideas las que van conectando todos esos temas y no las conexiones entre los temas, no un sentido &uacute;ltimo, no una explicaci&oacute;n ni una luz al final del t&uacute;nel; <strong>porque todo el punto de esa cr&oacute;nica, y todo el punto en general de la obra de Didion, es que no hay nada de eso.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que ten&iacute;an que aprender de <em>El &aacute;lbum blanco</em> era eso: <strong>el sinsentido, lo dif&iacute;cil de callar la voz que se pregunta que para qu&eacute; todo esto. </strong>Ya estaba todo en el primer libro que compilaba sus cr&oacute;nicas, el que la lleva en apenas un cambio de formato del periodismo a la literatura, <em>Arrastr&aacute;ndose hacia Bel&eacute;n</em>. Ya en el prefacio de ese libro, que se public&oacute; cuando Didion ten&iacute;a treinta y tres a&ntilde;os, ella empieza a explicar que ese libro tiene ese t&iacute;tulo y en alg&uacute;n sentido que ese libro existe por un encuentro traum&aacute;tico con el absurdo de la existencia. <em>Me fui a San Francisco</em>, escribe, <em>porque llevaba varios meses sin poder trabajar, me hab&iacute;a quedado paralizada por la convicci&oacute;n de que escribir era un acto irrelevante, que el mundo como yo lo hab&iacute;a entendido ya no exist&iacute;a. Yo tendr&iacute;a que llegar a un acuerdo con el desorden</em>. Llegar a un acuerdo con el desorden: es una traducci&oacute;n rara de <em>come to terms with disorder</em> pero yo no har&iacute;a ninguna otra. De eso se trataba, no de resolver ni de entender; de llegar a un acuerdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema de los pesimistas, de los depresivos, de los haters y de los marginales es que en general tienen raz&oacute;n en todo (por eso cuando una est&aacute; deprimida solo te tienen que medicar, no te tienen que discutir); esa es la verdad a la base de los textos m&aacute;s importantes de Didion, y por eso creo que me molesta sobremanera, <strong>como a una fan celosa y caprichosa, toda la &eacute;pica luminosa armada en torno de sus &uacute;ltimos libros sobre el duelo, esa idea de la se&ntilde;ora amorosa que escribe para sobrevivir.</strong> <strong>Yo esos libros solo puedo leerlos a la luz de la oscuridad de los primeros.</strong> Leerlos sabiendo que la mujer que escribe eso es la misma que, en la cr&oacute;nica que da t&iacute;tulo a <em>Arrastr&aacute;ndose a Bel&eacute;n</em>, elige cerrar el texto con la imagen de Susan, una nena de jard&iacute;n que est&aacute; de &aacute;cido. En esa cr&oacute;nica, Didion sigue la pista de un mont&oacute;n de drogadictos: no opina, no juzga, no celebra, ni siquiera adjetiva. Deborah Nelson, en su libro <em>Las implacables</em>, habla de la construcci&oacute;n de algunas mujeres fr&iacute;as (Didion, Susan Sontag, Hanna Arendt, varias m&aacute;s), que armaron sus voces no a partir de una antisentimentalidad sino de algo que ella llama &ldquo;asentimentalidad&rdquo;: un corrimiento de las emociones que se esperan de una en determinadas situaciones a ver qu&eacute; pasa. Creo que da en el clavo con esa caracterizaci&oacute;n, y lo mezclo con esta duda terrible que creo que ten&iacute;a Didion y que es lo que anima toda la ambig&uuml;edad de su obra, la pregunta de si quienes asesinan o se meten en un culto o viven de &aacute;cido no tendr&iacute;an finalmente raz&oacute;n en todo sobre la vida, no ser&iacute;an menos rid&iacute;culos que los que escribimos o hacemos otras cositas solemnes como si tuvieran sentido. <strong>No se trataba de hacer algo luminoso con eso: se trataba de hacer con eso algo que valiera la pena. </strong>Creo que es una suerte hermosa que Didion haya nacido en California, un lugar donde las ganas de tapar el vac&iacute;o existencial con claveles en pelo se hace m&aacute;s patente que en casi ninguna otra parte, o al menos as&iacute; nos la cont&oacute; ella, y ahora nadie puede verla de otra manera. <em>Eramos unos chicos locos</em>, dice una californiana hipot&eacute;tica en <em>Arrastr&aacute;ndose a Bel&eacute;n</em>, luego de divorciarse y volver a la escuela de peluquer&iacute;a; lo dice sin remordimientos, escribe Didion, y mira hacia el futuro. <em>El futuro siempre se ve bien en la tierra dorada, porque nadie recuerda el pasado</em>. Didion s&iacute; lo record&oacute;, pero pudo olvidarlo lo suficiente para elegir la solemnidad y la verg&uuml;enza de escribir sus cositas antes que la depresi&oacute;n o la droga o la banalidad absoluta, pudo encerrar la oscuridad en su cabeza apenas lo suficiente para cont&aacute;rnosla. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/adios_129_8611121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Dec 2021 03:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adiós a toda ella]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Joan Didion]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco obras que Joan Didion metió en el congelador junto a su Coca-Cola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cinco-obras-joan-didion-congelador_1_8609716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81e09839-0969-4bc5-8f50-29b42f76407c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cinco obras que Joan Didion metió en el congelador junto a su Coca-Cola"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gran exponente del 'nuevo periodismo' era experta en generar imágenes de la sociedad con un estilo muy confesional, algo reconocible tanto en sus ensayos como en sus novelas</p><p class="subtitle">Obituario - Murió la escritora estadounidense Joan Didion, el ícono que convirtió su duelo en una obra maestra del ensayo</p></div><p class="article-text">
        Joan Didion tuvo muchas vidas, y por suerte todas y cada una de ellas las dej&oacute; por escrito. Desde una infancia n&oacute;mada que consisti&oacute; en seguir a un padre alistado en el Ej&eacute;rcito del Aire, hasta su desarrollo como cronista, reportera de guerra o editora de moda. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se la conoc&iacute;a por sus dotes de anfitriona, que despleg&oacute; con las personalidades m&aacute;s sonadas de Los Angeles, cineastas, escritores y estrellas de rock, a quienes invitaba a copiosas comidas. En cambio, ella se alimentaba pr&aacute;cticamente de <a href="https://www.tapasmagazine.es/almendras-saladas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un pu&ntilde;ado de almendras y litros de Coca-Cola</a>. Volv&iacute;a de dejar a su hija Quintana en el colegio, se abr&iacute;a una lata y se pon&iacute;a a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Esto lo confes&oacute; m&aacute;s tarde, despu&eacute;s de dos largos duelos &ndash;uno por su marido, fallecido en la Nochebuena de 2003, y otro por su hija, en 2005&ndash; y una vez se sinti&oacute; preparada para volver a hablar de s&iacute; misma fuera de la literatura. Cont&oacute; tambi&eacute;n que, junto al arsenal de Coca-Cola que ten&iacute;a siempre en la nevera, descansaban por temporadas los manuscritos en los que estuviese trabajando. Si estaba poco inspirada, congelaba sus ideas de forma literal: envolv&iacute;a las hojas de papel en una bolsa y las guardaba en el frigor&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; consigui&oacute; acabar algunos de sus mejores libros, que hoy quedan como legado de una escritora indispensable. Fue exponente del 'nuevo periodismo' estadounidense, caracter&iacute;stico por su est&eacute;tica, por su esmerada investigaci&oacute;n y por la implicaci&oacute;n personal del reportero. Didion logr&oacute; destacar en esto &uacute;ltimo como ninguno de sus colegas de movimiento. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida cambia rápido. Cambia en un instante. Un día te sientas a cenar y la vida que conocías ha desaparecido.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joan Didion</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde su debut como ensayista, con <em>Arrastrarse hacia Bel&eacute;n </em>en 1968, empez&oacute; a crear im&aacute;genes sociales mediante un estilo muy confesional. Una proeza que culmin&oacute; en 2005 con su mejor libro, <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>. Tambi&eacute;n fue guionista de cine, entrevistadora, opinadora y cronista pol&iacute;tica. Estas son solo cinco obras de ensayo y novela &ndash;disponibles en espa&ntilde;ol&ndash; para acercarse a Joan Didion, a fallecida a los 87 a&ntilde;os y a quien ninguna lista le hace justicia.
    </p><h3 class="article-text"><em>Los que sue&ntilde;an el sue&ntilde;o dorado</em> (2003)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/71jep0RwTeL.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Es la mejor opci&oacute;n para acercarse a la escritura de la Didion periodista. <em>Los que sue&ntilde;an el sue&ntilde;o dorado</em> es una antolog&iacute;a llevada a cabo especialmente para Penguin Espa&ntilde;a por el m&iacute;tico editor Claudio L&oacute;pez Lamadrid. Gracias a este tomo se pueden leer piezas originales de <em>Arrastrarse hacia Bel&eacute;n</em>, <em>El &aacute;lbum blanco</em>, <em>Despu&eacute;s de Henry, Salvador y Miami,</em> que todav&iacute;a no est&aacute;n disponibles al completo en espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Incluye el reportaje del asesinato de un hombre rico por parte de su esposa, la antigua reina de la belleza de Orange County; una cr&iacute;tica a la industria cinematogr&aacute;fica tras la ca&iacute;da de los grandes estudios; historias con John Wayne; o una disecci&oacute;n de la comuna hippie de Haigh-Ashbury, que defini&oacute; como &ldquo;el intento desesperado, por parte de un pu&ntilde;ado de muchachos pat&eacute;ticamente desprovistos de recursos, de crear una comunidad en medio de un vac&iacute;o social&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><em>Seg&uacute;n venga el juego</em> (1970)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/812QRk6RVhL.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Didion se dio m&aacute;s al ensayo que a la ficci&oacute;n, pero a&uacute;n as&iacute; sus cinco d&eacute;cadas de trabajo dieron luz a varias novelas. <em>Seg&uacute;n venga el juego</em> fue la segunda, que public&oacute; despu&eacute;s de su debut con <em>El r&iacute;o en la noche</em> (1963). Esta no le procur&oacute; mucho &eacute;xito pero s&iacute; que estrech&oacute; su relaci&oacute;n con el que despu&eacute;s ser&iacute;a su marido, John Gregory Dunne.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, con el segundo libro se introdujo entre las 100 mejores novelas de los &uacute;ltimos 80 a&ntilde;os de la revista <em>Time</em>. En ella, Didion relata la vida de las mujeres en Hollywood, a la cual asisti&oacute; en segunda persona gracias a su trabajo y a sus amistades. A su protagonista Mariah, joven actriz, le pesa la sombra de su marido, un conocido director, de forma parecida a la que a Didion le lleg&oacute; a pesar la del suyo. En el caso de la novela, adem&aacute;s, la sociedad impide a Mariah decidir sobre su carrera, su maternidad o su salud mental. Un cl&aacute;sico moderno de las letras americanas.
    </p><h3 class="article-text"><em>Sur y Oeste</em> (2017)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://m.media-amazon.com/images/I/51I55oJykjL.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En el verano de 1970, Didion y Dunne emprendieron un <em>roadtrip</em> por Missisipi, Alabama y Louisana, encargado por la revista Life. La escritora pudo entrevistar a varias personalidades locales y preguntarles por temas de raza, clase y herencia. El resultado de aquellos garabatos tomados en un cuaderno es la parte Sur, un mosaico de voces que dieron cuenta de un pa&iacute;s que se ahogaba en su propio pasado.
    </p><p class="article-text">
        El Oeste se refiere a la California de 1976, fruto de unas notas que empezaron como un encargo de<em>&nbsp;Rolling Stone</em>&nbsp;para cubrir el juicio contra Patty Hearst y que nunca lleg&oacute; a escribir. Son frases escritas a toda prisa, lo que muestra el talento de Didion para capturar la imagen, el &aacute;nimo y la pol&iacute;tica de un momento concreto.
    </p><h3 class="article-text"><em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em> (2005)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/81jKSzjt+6L.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El pensamiento m&aacute;gico, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/joan-didion-personaje-alla-obra_1_4412184.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como explican en este art&iacute;culo</a>, es una forma de razonar que atribuye un efecto a un hecho sin que la relaci&oacute;n entre ambos tenga una base cient&iacute;ficamente comprobable. Un ejemplo ser&iacute;a la persona que no se pone sombreros porque un d&iacute;a le ocurri&oacute; algo malo mientras llevaba uno. As&iacute; se titula la novela m&aacute;s perfecta y dolorosa de Joan Didion, escrita tras el fallecimiento s&uacute;bito de su marido en 2005 por un ataque al coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento m&aacute;gico de Didion consisti&oacute; en negarse a tirar los zapatos de Dunne porque si lo hac&iacute;a, &eacute;l no volver&iacute;a. Su duelo insufrible ha terminado convertido en una obra maestra del ensayo, escrita en 88 d&iacute;as sin descanso porque ponerse frente a la m&aacute;quina era lo &uacute;nico que la manten&iacute;a con vida. Con ella gan&oacute; el Premio Nacional del Libro en la categor&iacute;a de no ficci&oacute;n y fue&nbsp;adaptada para Broadway&nbsp;en 2007.
    </p><h3 class="article-text"><em>Noches azules</em> (2011)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/41WukeyulEL._SX294_BO1,204,203,200_.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Este libro se titula&nbsp;<em>Noches azules</em>&nbsp;porque en la &eacute;poca en que lo empec&eacute; a escribir sorprend&iacute; a mi mente volvi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los d&iacute;as, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz&rdquo;, escribe Joan Didion.
    </p><p class="article-text">
        Dos veranos despu&eacute;s de la muerte de su marido, falleci&oacute; su &uacute;nica hija, Quintana Roo, a los 39 a&ntilde;os. Fue en 2005, cuando acababa de terminar <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>. &ldquo;Afront&oacute; la muerte de la hija del mismo modo que en&nbsp;<em>El a&ntilde;o</em>&nbsp;afronta la del marido. Conforman una serie&rdquo;, explicaba su editor en Espa&ntilde;a, L&oacute;pez Lamadrid. Esta fue la &uacute;ltima estocada que le dio la vida, en la que dej&oacute; de comer y de escribir, y de la que nunca lleg&oacute; a recuperarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Zas Marcos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cinco-obras-joan-didion-congelador_1_8609716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Dec 2021 15:23:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cinco obras que Joan Didion metió en el congelador junto a su Coca-Cola]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Joan Didion,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murió la escritora estadounidense Joan Didion, el ícono que convirtió su duelo en una obra maestra del ensayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/muere-joan-didion-cronista-87-anos_1_8608021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d7003cf-af98-4911-a429-94a7d13936e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murió la escritora estadounidense Joan Didion, el ícono que convirtió su duelo en una obra maestra del ensayo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora de 87 años fue una de las mejores cronistas del S.XX y principios del XXI, famosa por sus reportajes y por las novelas 'El año del pensamiento mágico' y 'Noches azules'.</p></div><p class="article-text">
        Joan Didion (California, 1934), m&iacute;tica ensayista norteamericana, ha fallecido este jueves a los 87 a&ntilde;os en su casa de Manhattan. Cuando era joven, fue diagnosticada de esclerosis m&uacute;ltiple. La escritora acumulaba cinco&nbsp;d&eacute;cadas de elocuente producci&oacute;n literaria, que dejan reportajes, cr&oacute;nicas de guerra, notas en publicaciones de todo tipo, y dos decenas de novelas y ensayos, entre ellos un par sobre la experiencia m&aacute;s traum&aacute;tica de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Su sobrino, el actor Griffin Dunne, estren&oacute; en 2017 un retrato completo en su documental&nbsp;<em>El centro ceder&aacute;</em>. En &eacute;l le pregunta, &ldquo;&iquest;c&oacute;mo te sentiste cuando viste a una ni&ntilde;a de cinco a&ntilde;os colocada de &aacute;cido?&rdquo;. Didion balbucea un momento como si no encontrase las palabras para describirlo. Parece incluso que va&nbsp;a echarse a llorar, hasta que responde: &ldquo;No te voy a mentir, era oro puro. Cuando trabajas en un art&iacute;culo, das tu vida por algo as&iacute;&rdquo;. Se refiere a&nbsp;<em>Arrastr&aacute;ndose hacia Bel&eacute;n,&nbsp;</em>donde narr&oacute; en 1968 la huida hacia adelante de adolescentes drogadictos que dejaban atr&aacute;s a sus familias en busca del sue&ntilde;o americano.
    </p><p class="article-text">
        Es la respuesta natural de un icono del Nuevo Periodismo. La mujer que se enfrent&oacute;&nbsp;en papel a la muerte de su marido, el tambi&eacute;n escritor John Gregory Dunne, y a la de su &uacute;nica hija, Quintana, y las plasm&oacute; en&nbsp;<em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>&nbsp;y<em>&nbsp;Noches azules</em>. Una escritora que tan pronto cubr&iacute;a guerras, asesinatos y movimientos sociales, como redactaba art&iacute;culos en Vogue.
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        Fue en esa revista donde conoci&oacute; a Dunne, con quien se cas&oacute; en 1968 y comparti&oacute; media vida, espacio de trabajo y alguna obra. Aunque &eacute;l era el escritor reconocido, ambos ejerc&iacute;an la labor de editores mutuos. Quintana lleg&oacute; de improviso en los 70 desde un orfanato: &ldquo;No hab&iacute;a duda, esa ni&ntilde;a iba a ser nuestra&rdquo;. Ella dec&iacute;a no haber pasado nunca tanto miedo como en la guerra civil de El Salvador, pero lo que vino despu&eacute;s de 2003 fue mucho peor. Para superar la muerte de su marido, tras un ataque cardiaco, se&nbsp;sent&oacute; de nuevo frente a una m&aacute;quina de escribir.
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        &ldquo;Siempre he pensado que si analizo algo, me da menos miedo. La teor&iacute;a dice que si la serpiente se mantiene en tu campo visual, no te morder&aacute;. Eso se asemeja bastante a c&oacute;mo me enfrento yo al dolor&rdquo;, confes&oacute; Didion.&nbsp;El reptil vino a buscarla dos veces &ndash;en la Nochebuena&nbsp;de 2003 y en el verano de 2005, cuando perdi&oacute; a John y a Quintana, respectivamente&ndash;, y la escritora lo venci&oacute; publicando dos novelas: una en 2005 y otra en 2011.&nbsp;
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        Fue una forma de dejarlos ir y de &ldquo;pagar el billete de vuelta al mundo real&rdquo;. Tambi&eacute;n de deshacerse de la culpa por la muerte de su hija a los 39 a&ntilde;os, enferma de neumon&iacute;a. &ldquo;Todos nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir&rdquo;, sol&iacute;a decir, y las suyas ense&ntilde;aron a hacerlo a varias generaciones de estadounidenses.
    </p><h3 class="article-text">El congelador de los manuscritos y la Coca Cola</h3><p class="article-text">
        En un programa de televisi&oacute;n,&nbsp;su marido recordaba c&oacute;mo Joan se hizo famosa &ldquo;de la noche a la ma&ntilde;ana&rdquo; por una rese&ntilde;a en The New York Review of Books de su libro&nbsp;<em>Arrastrarse hasta Bel&eacute;n&nbsp;</em>(1968). Le cost&oacute; quitarse la etiqueta &ldquo;la mujer del escritor&rdquo;, pero cuando lo hizo fue por fin reconocida como la mayor cronista norteamericana de los a&ntilde;os 60 y 70.&nbsp;A partir de ah&iacute;, empez&oacute; a crear im&aacute;genes sociales con un estilo muy confesional y a ganarse el t&iacute;tulo de escritora &ldquo;de car&aacute;cter&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Didion no necesit&oacute; ser foco de pol&eacute;micas para destacar y, a la vez, presumir de un c&iacute;rculo de amistades que compet&iacute;a con el de una estrella del rock. Y ni siquiera&nbsp;estas pueden decir que contrataron a Harrison Ford como carpintero, como hizo ella.&nbsp;Sal&iacute;a de fiesta con Janis Joplin y por su casa desfilaban personalidades como Brian De Palma, Steven Spielberg o Martin Scorsese.
    </p><p class="article-text">
        Se adentr&oacute; en el estilo de vida&nbsp;<em>hippie</em>&nbsp;de Los Angeles, y buce&oacute; mucho m&aacute;s al fondo de la filosof&iacute;a&nbsp;<em>flower power</em>. Tambi&eacute;n cubri&oacute; los asesinatos de los Manson, llegando a entrevistar durante semanas al &uacute;nico miembro de&nbsp;<em>La Familia</em>&nbsp;que fue absuelto, Linda Kasabian. Le prepar&oacute; la cena a ella y a su hija, e incluso le compr&oacute; el vestido de los juicios. Tambi&eacute;n asisti&oacute; cada d&iacute;a al estudio de The Doors mientras grababan su tercer disco y public&oacute; una larga charla con Jim Morrison.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, lanzaba&nbsp;sus libros y se formaba esa extra&ntilde;a imagen de superestrella que pocas veces alcanzan los escritores y periodistas. Pero, como recuerda su editora en el documental, lejos de darle m&aacute;s confianza, esta situaci&oacute;n le estresaba sobremanera. Cuando se sent&iacute;a atascada, met&iacute;a los manuscritos en el congelador hasta que le llegaba la inspiraci&oacute;n. All&iacute;, junto a sus incondicionales latas de Coca-Cola, descansaron algunas obras m&iacute;ticas de Joan Didion como&nbsp;<em>Una liturgia com&uacute;n</em>&nbsp;(1977) o&nbsp;<em>El &aacute;lbum blanco</em>&nbsp;(1979).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, m&aacute;s all&aacute; del documental de su sobrino, hab&iacute;a desaparecido de la esfera p&uacute;blica. Lo &uacute;nico que hizo, con lo que despist&oacute; a sus fans, fue una campa&ntilde;a publicitaria de la marca francesa C&eacute;line en 2015. La imagen de ella ataviada con gafas y jersey negro circul&oacute; por las redes sociales y sus seguidores se manifestaron&nbsp;<a href="http://www.theguardian.com/fashion/2015/jan/12/celine-joan-didion-literary-hero-fashion-advertisement" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ligeramente inc&oacute;modos</a>&nbsp;por que se hubiera rendido a una marca de lujo. Pero lo cierto es que la intelectual era una fetichista de la moda confesa y nunca se avergonz&oacute; de ello.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;<em>El centro ceder&aacute;</em>&nbsp;se mostr&oacute; como una figura fantasmag&oacute;rica que responde con frases cortas a lo que ya hab&iacute;a contado mil veces. Sus manos venosas eran demasiado d&eacute;biles como para coger un sandwich o el mando de la tele, y su cuerpo, aquejado de esclerosis, parec&iacute;a a punto de quebrarse cuando gesticulaba efusivamente con los brazos. Solo interactuando con su sobrino, Didion dejaba de ser el reflejo triste y cansado de los palos que le hab&iacute;a dado la vida.
    </p><p class="article-text">
        El caso contrario ocurri&oacute; con su obra, que a partir de 2016 se convirti&oacute; en una lectura imprescindible y ella una mujer destacada en las antolog&iacute;as. Porque el centr&oacute; siempre cede, y el de Joan Didion llega mucho m&aacute;s lejos de lo que ella alcanzaba a ver.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Zas Marcos]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Dec 2021 17:40:13 +0000]]></pubDate>
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