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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Silencio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/silencio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Silencio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Iwazaru y el derecho a no opinar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/iwazaru-derecho-no-opinar_129_11632866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f4f526f-727d-481a-8ae5-7b55d735155c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Iwazaru y el derecho a no opinar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La compulsión de opinar se extiende, tanto sobre las personas con exposición pública como sobre cualquier ciudadano de a pie, hasta el extremo de opinar hasta ¡sobre el silencio del otro!   </p></div><p class="article-text">
        Tiempo atr&aacute;s, alg&uacute;n fil&oacute;sofo de no poco renombre, defin&iacute;a la conciencia de la propia ignorancia como signo de sabidur&iacute;a. Fue <strong>S&oacute;crates</strong>, padre de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, que tal vez algo sab&iacute;a, pero prefer&iacute;a decir de &eacute;l m&iacute;smo &ldquo;s&oacute;lo s&eacute; que no s&eacute;&rdquo;.&nbsp;Dos mil a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el padre de la filosof&iacute;a moderna, <strong>Ren&eacute; Descartes</strong>, inaugura la duda metodol&oacute;gica como forma de pensamiento riguroso. Esto implica descartar cualquier supuesto no seguro para llegar a una conclusi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Opinar de lo que uno quiera, donde quiera y cuando quiera es un derecho conquistado con mucho sacrificio. Es bueno ejercerlo. El problema es cuando se torna una compulsi&oacute;n personal o una exigencia social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestros tiempos, existe una enorme presi&oacute;n -tanto sobre las personas con exposici&oacute;n p&uacute;blica como sobre cualquier ciudadano de a pie- para posicionarnos sobre cosas de las que no tenemos conocimiento. Ten&eacute;s que saber de todo y adem&aacute;s opinar. Esa presi&oacute;n es casi proporcional a la agresi&oacute;n con la que se reciben las opiniones &iexcl;los agresores tambi&eacute;n est&aacute;n obligados a opinar! Se produce as&iacute; una situaci&oacute;n insoportable, un mundo idiota &ldquo;lleno de ruido y de furia que nada significa&rdquo;, dir&iacute;a Shakespeare. 
    </p><p class="article-text">
        Hay personas como periodistas o panelistas, que por su oficio o profesi&oacute;n, no les queda otra que opinar de una enorme gama de temas, desde la guerra en Ucrania hasta los amor&iacute;os de Piqu&eacute;. Los trolls remunerados, los empleados de agencia de comunicaci&oacute;n o los agentes de desinformaci&oacute;n tambi&eacute;n se ganan as&iacute; la vida. El resto de nosotros, podr&iacute;amos ahorrarnos ese derroche de energ&iacute;a ps&iacute;quica que implica opinar absolutamente de todo. 
    </p><p class="article-text">
        Existe otra categor&iacute;a entre la que estamos los abogados, docentes, escritores, articulistas. Parte de nuestro trabajo es formarnos una opini&oacute;n sobre algunos temas y expresarla p&uacute;blicamente. Es una obligaci&oacute;n laboral y debemos tomarlo con la responsabilidad de un buen trabajador. Informarnos, analizar los datos con rigor, aplicando un poco la duda metodol&oacute;gica, desarrollando el pensamiento creativo, etc. Si podemos circunscribirnos a nuestras respectivas materias, mejor. 
    </p><p class="article-text">
        Para un militante pol&iacute;tico, la cuesti&oacute;n sobre qu&eacute; opinar y cu&aacute;ndo debe formar parte de una estrategia enraizada en un sistema de creencias y valores. Hay que buscar un equilibrio entre la espontaneidad y la incontinencia. Los que siguen mi trayectoria sabr&aacute;n que no tengo demasiado problema en exponer mis opiniones y por alg&uacute;n motivo no tengo ning&uacute;n temor a las consecuencias negativas que esto pueda acarrearme. Soy consciente de ese derecho y lo ejerzo plenamente. Ahora estoy tomando conciencia de otro derecho: el derecho a no opinar.&nbsp;Para un dirigente pol&iacute;tico, el ejercicio de este derecho tiene un impacto fundamental en su tarea: evitar propagar una adicci&oacute;n y contribuir en la decadencia general del debate pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El silencio, en algunos casos, puede ser indiferencia, en otros complicidad, pero las motivaciones individuales son inescrutables y nadie debería estar explicando sus silencios</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mi hija me recomend&oacute; una entrevista a <strong>Sara Malacara</strong>, una artista nacida en el 2000, que explica esta din&aacute;mica en una entrevista con <strong>Marcos Aramburu</strong> en Blender:
    </p><p class="article-text">
        <em>-Sara: No, es que es una adicci&oacute;n, Marcos, es una adicci&oacute;n opinar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Marcos: Es adictivo realmente, ayer hablamos un poco de que en un momento sal&iacute;an canciones y a m&iacute; me pasa que a veces no s&eacute; si me gustan o no y me desespera porque no s&eacute; qu&eacute; opinar </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Sara: Aparte hay que opinar r&aacute;pido </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Marcos: Porque si opin&aacute;s tarde sos re boludo </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Sara: Y aparte si no los dem&aacute;s ya opinaron </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Marcos: Est&aacute;s copiando de las opiniones de otros </em>
    </p><p class="article-text">
        Los dilemas de la opinolog&iacute;a en el multiverso de las plataformas. Con todo, este tema es m&aacute;s viejo que la escarapela.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente todos habr&aacute;n visto alguna vez la imagen de los tres monitos que se tapan los o&iacute;dos, los ojos y la boca. En la cultura occidental, es sin&oacute;nimo de indiferencia. En la cultura oriental, de sabidur&iacute;a: no hablar el mal, no mirar el mal, no escuchar el mal.&nbsp;Implica la b&uacute;squeda de la pureza en pensamiento, palabra y acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El silencio, en algunos casos, puede ser indiferencia, en otros complicidad, pero las motivaciones individuales son inescrutables y nadie deber&iacute;a estar explicando sus silencios. Pero la compulsi&oacute;n de opinar se extiende a opinar &iexcl;sobre el silencio del otro!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, como persona tengo el derecho y como dirigente pol&iacute;tico la obligaci&oacute;n, a discernir cu&aacute;ndo opinar y cu&aacute;ndo no. Mi inclinaci&oacute;n natural, desde ni&ntilde;o, es opinar tercamente y permanentemente. Reflexionando al respecto, entiendo que hay que evaluar mejor la conveniencia y el impacto de cada opini&oacute;n emitida. Sin especular, con coraje, pero con solidez, fundamento e intenci&oacute;n de que la opini&oacute;n vertida est&eacute; al servicio de lo bueno, lo bello y lo verdadero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mono que se cubre la boca es Iwazaru. Cuando consiga uno, lo voy a poner en mi escritorio. Por ahora ejerzo el derecho a opinar sobre el derecho a no opinar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Grabois]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/iwazaru-derecho-no-opinar_129_11632866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Sep 2024 09:56:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Iwazaru y el derecho a no opinar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Silencio,Opinología,Multiverso,Plataformas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La última palabra de Cristina, el espacio sonoro de Alberto y un gobierno que se habla encima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ultima-palabra-cristina-espacio-sonoro-alberto-gobierno-habla_129_9667691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b34d01e-ea58-4976-ac50-044a3365f66b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La última palabra de Cristina, el espacio sonoro de Alberto y un gobierno que se habla encima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su elogio del silencio Martín Rodríguez lo advierte y hasta celebra en la radio, en las relaciones de pareja, en las primeras citas. Cuando se detiene en las palabras, y los pocos silencios, en el Frente de Todos concluye que allí ya todos los códigos de la política se han roto.</p></div><p class="article-text">
        El antiguo lema de que <em>el silencio es salud</em> da lugar a algo m&aacute;s que su eco tenebroso. Hay otra salud en el silencio que no es disciplina. En una pareja, por ejemplo, cuando reci&eacute;n se conocen y enfrentan el primer escollo (superar esos silencios inc&oacute;modos, que se parecen a los del ascensor), parad&oacute;jicamente se vuelve un terreno sagrado: si en una primera cita el silencio es exasperante, despu&eacute;s, cuando la relaci&oacute;n camina, el silencio es algo que se comparte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al silencio en radio se lo llama &ldquo;bache&rdquo;. Es casi imposible el silencio en televisi&oacute;n, aunque algunos de sus mejores momentos produjeron silencios. La memoria guarda varios en <em>mesas</em> de Mirtha Legrand, esa productora de momentos memorables que, por eso,&nbsp;es la gran dama. El silencio no es solo la ausencia de sonido. &ldquo;Hizo silencio&rdquo; se puede decir de alguien que no actualiza sus redes. Est&aacute; callado, no tuitea. Se dice &ldquo;&iexcl;rompi&oacute; el silencio!&rdquo;. Lo le&iacute;mos mil veces: Macri rompi&oacute; el silencio, Cristina rompi&oacute; el silencio. Y el silencio nombra ah&iacute; la administraci&oacute;n de la palabra. <em>Todo silencio es pol&iacute;tico</em> dir&aacute; alguno pasado de rosca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El </strong><em><strong>Frente de Todos</strong></em><strong> a esta altura termina siendo una experiencia pol&iacute;tica sin &ldquo;c&oacute;digos&rdquo;.</strong> Y no debe haber antecedente de un caso m&aacute;s extremo en la ausencia de c&oacute;digos. Macri, probablemente, mand&oacute; a espiar a medio mundo, pero siempre se encarg&oacute; aunque sea de parecer alguien que <em>guarda las formas</em>. Y en las formas hay alg&uacute;n c&oacute;digo. &ldquo;Env&iacute;ele flores a la viuda&rdquo;, dice Montgomery Burns cuando cree haber matado a su rival. El macrismo, adem&aacute;s, tiene la perfecta f&oacute;rmula que hace parecer d&eacute;bil al fuerte. La tradici&oacute;n kirchnerista que hizo un culto a la reconstrucci&oacute;n de la autoridad presidencial hizo del &ldquo;gaste&rdquo; a esa autoridad, al presidente, su moneda corriente. Y &eacute;sa es (otra) moneda devaluada: en el <em>Frente de Todos</em> a esta altura no debe haber nada m&aacute;s usual que criticar a Alberto. Pero Alberto hace lo suyo, tiene un modo ins&oacute;lito de romper tambi&eacute;n c&oacute;digos incluso para los propios. Si acaso un ministro fuera capaz de decir &ldquo;soy albertista&rdquo;, Alberto ser&iacute;a capaz de responder  &ldquo;&iquest;para qu&eacute;? si no tengo enemigos&rdquo;. La obturaci&oacute;n albertista ya trasciende la obturaci&oacute;n de su liderazgo: fue un l&iacute;mite a la creaci&oacute;n de un avatar peronista para un tiempo nuevo. El oficialismo es esta triste novela coral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El silencio es poder tambi&eacute;n. Veamos. <strong>Cristina se cuida de tener una &uacute;ltima palabra siempre</strong>. Y es tal la zozobra que produce ese manejo, esas reapariciones, ese juego entre el centro y un supuesto ostracismo, es tal el poder que se magnifica a su alrededor en el uso de esa palabra, que su ejercicio incluso no s&oacute;lo elude lo esencial (que ella habla del gobierno como si ella misma y su espacio no estuvieran sentados sobre cajas y presupuestos), sino que tambi&eacute;n confunde los efectos de las palabras: si nombro el problema lo soluciono o, en su defecto, me lo saco de encima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero el presidente no ama el silencio: ocupa el espacio sonoro.</strong> Habla con unos, con otros. Hablar tanto ya es casi un modo de callar en el siglo XXI. Por saturaci&oacute;n. <strong>Un locutor de radio tiene que aprender justamente eso: a sostener el aire con palabras. </strong>Hablar como tocando m&uacute;sica funcional. Se aprende lo m&aacute;s dif&iacute;cil: decir sin decir. <em>&iquest;Qu&eacute; dijo Alberto? No s&eacute;, habl&oacute; mucho.</em> Decir sin decir.
    </p><p class="article-text">
        Que el silencio es poder lo sabe tambi&eacute;n el torturado que calla, que aguanta, y no suelta prenda. &ldquo;-&iquest;No habla? -No habla&rdquo;, se dicen entre el polic&iacute;a &ldquo;bueno&rdquo; y el polic&iacute;a &ldquo;malo&rdquo;. Lo tienen agarrado de las bolas, pero &eacute;l los tiene agarrados de su silencio. Neruda agarr&oacute; la flecha, estir&oacute; el arco y lanz&oacute; la fecha de su cancelaci&oacute;n: &ldquo;me gusta cuando callas, porque est&aacute;s como ausente&rdquo;, escribi&oacute; en el &ldquo;Poema XV&rdquo; de <em>Veinte poemas de amor y una canci&oacute;n desesperada</em>. Al tan cruelmente llamado <em>boludo con vista al mar</em> se le cayeron las cartas en la mesa. A pesar del juicio lapidario de Borges o Vi&ntilde;as, Neruda fue un gran poeta de <em>temas menores</em>: apuesto guita que sus &ldquo;Odas elementales&rdquo; superan las &ldquo;Alturas del Machu Picchu&rdquo;. <strong>Tener algo que decir sobre una alcachofa resulta m&aacute;s logrado que sobre las ruinas de una civilizaci&oacute;n.</strong> Ah&iacute; s&iacute;, dir&iacute;amos,<em> rompi&oacute; el silencio</em>: la alcachofa no ten&iacute;a qui&eacute;n le escriba, y Neruda se puso a mirarla, de arriba abajo, as&iacute;, de a poco, como quien la hierve y le saca el jugo&hellip; y le sac&oacute; un poema. Octavio Paz, otro subestimado, escribi&oacute; que &ldquo;brota del fondo del silencio / otro silencio&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se escribe el silencio? <em>Quien calla, otorga</em>, se dice. &iexcl;Minga! O depende. El silencio es todo un tema para quienes no saben callar a tiempo. Estos <em>grandes poetas</em> (Neruda, Paz), grandilocuentes, exagerados, insoportables, ten&iacute;an vozarrones de hombres que parece imposible que se quedaran callados. El silencio es, tambi&eacute;n, un asunto de los comunes, los de a pie, esa estirpe de callados que viajan semi dormidos a sostener en sus espaldas que <em>esto</em> funcione. El hombre de campo, dir&aacute;n: <em>un hombre callado</em>. Del fondo del silencio otro silencio: Atahualpa cantaba que no necesitaba silencio porque ya no ten&iacute;a en qu&eacute; pensar. &ldquo;Los ejes de mi carreta&rdquo;, la milonga en la que el chillido oxidado lo hace imposible. &ldquo;Porque no engraso los ejes me llaman abandonado&hellip;&rdquo; Una amiga que estuvo muchos a&ntilde;os presa ten&iacute;a una costumbre: hacer alg&uacute;n bardo y que la lleven a la celda de castigo. Pasarse ah&iacute; unos d&iacute;as. Uno o dos. Nadie se aviv&oacute; de su treta. Sola, callada, sin el alboroto de la pajarera de presas y guardiac&aacute;rceles. El silencio es salud mental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; teje, adem&aacute;s del amor y del poder, el silencio? La amistad. Como entre el se&ntilde;or Morissot y el se&ntilde;or Sauvage que cuenta Guy de Maupassant en su entra&ntilde;able cuento &ldquo;Dos amigos&rdquo;. Todos los domingos se encontraban a pescar en la isla de Marante, cada uno con su ca&ntilde;a de bamb&uacute; y su caja de hojalata. &ldquo;Ciertos d&iacute;as ni siquiera hablaban. A veces charlaban; pero se entend&iacute;an admirablemente sin decir nada, al tener gustos similares y sensaciones id&eacute;nticas.&rdquo; Las personas se conocen compartiendo el silencio. Est&aacute; lleno de historias as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute;, otra historia; de &ldquo;La Leonesa&rdquo;, provincia de Chaco. Es el recuerdo de quien creci&oacute; en los a&ntilde;os setenta sobre su pap&aacute; y un amigo. &ldquo;Mi viejo y su amigo eran compa&ntilde;eros de trabajo. A la tarde, al volver de laburar, se juntaban y se sentaban con las sillas en la vereda a mirar la calle. Ambos eran tractoristas del Ingenio Las Palmas y conversaban un cachito de sus cosas de trabajo, pero llegaba un momento en el que estaban sentados mirando a la calle, capaz saludaban a alguno, aunque en silencio, callados. Se iba el rato y se iba haciendo la noche. Pero antes llegaba el momento en que el visitante se paraba, se pon&iacute;a la gorra, levantaba la bicicleta que dejaba recostada a un costado de la entrada y se iba. Era un chau sin apret&oacute;n de manos. Se sub&iacute;a a su bicicleta, se pon&iacute;a su broche en el pantal&oacute;n para que no se le agarre con la cadena y se manche con grasa y se iba a su casa. Mi viejo se quedaba sentado ah&iacute;, un rato m&aacute;s. Y segu&iacute;a callado.&rdquo; Lo cuenta Rogelio, su hijo menor, que hoy es carpintero y vive en la zona norte del Gran Buenos Aires. Hay una foto de esos dos amigos que qued&oacute; sepia, es de fines de los a&ntilde;os ochenta. Se lo ve al padre y al compa&ntilde;ero en una marcha contra el cierre del Ingenio azucarero de Las Palmas. Un documental de Alejandro Fern&aacute;ndez Mouj&aacute;n retrat&oacute; la lucha. &ldquo;Banderas de humo&rdquo;, se llama, la &uacute;ltima zafra. Rogelio era el hijo m&aacute;s chico y era testigo de esa visita diaria del compa&ntilde;ero. De ah&iacute;, supone, hered&oacute; el silencio. &ldquo;M&aacute;s que nada los varones porque las mujeres de la familia son m&aacute;s charlatanas&rdquo;, aclara. &ldquo;Ellas se pasan horas hablando, cuando vamos de visita se quedan hasta la madrugada hablando, no s&eacute; de qu&eacute;, pero hablan, en la oscuridad, acostadas. Los varones no.&rdquo; Dos tractoristas saboreando el silencio en la imagen que guard&oacute; Rogelio. Bocas cerradas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Lo que se hereda&hellip;</em> Dice que &eacute;l puede viajar desde Rinc&oacute;n de Milberg hasta su Chaco natal sin decir ni mu. &ldquo;No es por decir, eh, es as&iacute;.&rdquo; Replica ese silencio con su mujer. Ella le cuenta cosas mientras maneja concentrado y por ah&iacute; solo le dice <em>y s&iacute;</em> o <em>mmm</em>. &ldquo;Un primo de mi se&ntilde;ora le dec&iacute;a que cuando digo <em>mmm</em> es porque no quiero que me hinche las guindas, que no tengo ganas de hablar. Imagino que lo heredamos con todos mis hermanos, no hablamos mucho. Ahora m&aacute;s de grandes, con todo lo que nos est&aacute; pasando, por ah&iacute; hablamos un poco m&aacute;s. Con mi hermano mayor hablamos de f&uacute;tbol cuando viajo a Chaco. Nos sentamos en el patio de mi mam&aacute; y charlamos un rato pero despu&eacute;s ya no hay mucho m&aacute;s para conversar.&rdquo; El silencio es hereditario, cree. &ldquo;Hered&eacute; el silencio.&rdquo; Y lo que Rogelio llama <em>todo lo que nos est&aacute; pasando</em> fue una racha de muertes: una de sus hijas, una de sus hermanas. Lo que nos saca o nos lleva al silencio: la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El silencio como m&eacute;todo. Beto trae su experiencia del silencio en monasterios o conventos. Empiezo por el recuerdo de una conversaci&oacute;n: &ldquo;Mart&iacute;n, por veinte d&iacute;as no voy a estar comunicado&rdquo;. &iquest;Pasaba a la clandestinidad? Beto integra un sindicato y llega a cada fin de a&ntilde;o pidiendo la hora, cansado. Como cat&oacute;lico elige en C&oacute;rdoba o Tucum&aacute;n conventos para esa especie de &ldquo;Gran Hermano&rdquo; sin c&aacute;maras: celular apagado, lecturas, oraci&oacute;n y sue&ntilde;o. &ldquo;&iquest;La vida que uno puede llevar adelante ah&iacute; cuando va en busca de silencio? Hay tantas maneras como personas&rdquo;, dice. &ldquo;Unos que hacen estricto silencio d&iacute;a y noche. Otros hacen silencio de d&iacute;a y en la cena comunitaria hablan. Otros no llevan ning&uacute;n tipo de lectura, otros s&iacute;. Los cat&oacute;licos llevamos la Biblia o algo especial, como el libro de ejercicios de contemplaci&oacute;n de Franz Jalics. Pero no hay un m&eacute;todo: hay tantos como tantos practicantes de esa oraci&oacute;n.&rdquo; Paz, su compa&ntilde;era, madre de su hijo, tambi&eacute;n menciona esa b&uacute;squeda, y la llama &ldquo;el silencio como aliado&rdquo;. &ldquo;Llegu&eacute; al silencio en un momento de cimbronazo de mi identidad.&rdquo; El silencio le apareci&oacute; como propuesta hasta que lo transform&oacute; en necesidad. &ldquo;Cuando uno entra en el silencio las necesidades humanas se transforman&rdquo;, dice. Cambios en el descanso, el recuerdo de los sue&ntilde;os, la alimentaci&oacute;n. Y hoy, incluso, la emoci&oacute;n del contacto con su hijo. El silencio se ense&ntilde;a con la mirada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los medios est&aacute;n hechos de silencios, omisiones y versiones. </strong>Es una obviedad decirlo. La tapa del diario que no fue. Por ejemplo, ahora, casi no hay medios progresistas a los que el estado de <a href="https://www.lanacion.com.ar/sociedad/colegios-bonaerenses-problemas-estructurales-fugas-de-gas-y-comida-cruda-una-realidad-compleja-sin-nid27102022/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchas escuelas bonaerenses</a> les importe. Tal vez, como le&iacute; de un colega brillante, porque &ldquo;no hay padres conocidos en la red de productores de radios porte&ntilde;as&rdquo;. O tambi&eacute;n esto: se complet&oacute; la votaci&oacute;n que prorroga la llamada &ldquo;ley de barrios populares&rdquo;. Finalmente el Senado complet&oacute; una votaci&oacute;n que pr&aacute;cticamente replic&oacute; la unanimidad. &ldquo;Demasiado consenso para la &eacute;poca que vivimos&rdquo;, dijo con amable iron&iacute;a uno de los curas que empuj&oacute; la ley. La duda es la jactancia: cuando algo lo votan todos, &iquest;entonces no se hace nada? El consenso no suele ser el motor de la historia. En 266 barrios hay juicios por desalojo, que agarran el destino de miles de familias sobre las que hasta reci&eacute;n pend&iacute;a la espada de Damocles si no se prorrogaba la ley.<strong> El diario La Naci&oacute;n redujo la versi&oacute;n de lo votado a una prohibici&oacute;n al desalojo en barrios &ldquo;tomados&rdquo;.</strong> <em>Casa tomada</em>. Algo se hizo: la ley existe, los desalojos est&aacute;n frenados, <em>los lotes de esos barrios son de dominio p&uacute;blico nacional</em>. Alguien de los movimientos sociales ordena: &ldquo;Los puntos centrales son cuatro. Todos los certificados de vivienda familiar van a estar a nombre de la mujer mayor de la vivienda; se van a incorporar m&aacute;s de 1200 barrios al registro; se van a incorporar las localidades m&aacute;s chicas al registro que antes no estaban; y se actualiza el registro con los pol&iacute;gonos, los tama&ntilde;os de los barrios, las ampliaciones. Estos puntos mejoran porque agilizan y ayudan en el d&iacute;a a d&iacute;a de los barrios&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mientras tanto, el debate de </strong><em><strong>PASO s&iacute;</strong></em><strong> o </strong><em><strong>PASO no</strong></em><strong> resulta la nueva herida narcisista por la que sangra la interna de un oficialismo que se habla encima (vimos esta semana el desfile de entrevistas de M&aacute;ximo, Alberto, Axel).</strong> Las PASO, la interna, los tuits, lo que dicen, c&oacute;mo lo dicen. Un minuto de silencio. La cosa parece tambi&eacute;n estar as&iacute;: <a href="https://www.infobae.com/politica/2022/10/29/alarmante-informe-en-los-barrios-populares-uno-de-cada-cuatro-ninos-dejo-de-recibir-alguna-de-las-comidas-diarias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crece la malnutrici&oacute;n</a> en Argentina, dice un informe elaborado por la organizaci&oacute;n Barrios de Pie. Seg&uacute;n el relevamiento, &ldquo;se profundizaron las inequidades alimentarias en relaci&oacute;n al acceso de alimentos de mayor calidad nutricional en las familias de los sectores populares pese al crecimiento econ&oacute;mico registrado&rdquo;. El silencio a veces te hace una pregunta antes de que lo rompas: &ldquo;&iquest;de qu&eacute; vas a hablar?&rdquo;. Del laberinto tambi&eacute;n se sale por lo importante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ultima-palabra-cristina-espacio-sonoro-alberto-gobierno-habla_129_9667691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Oct 2022 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La última palabra de Cristina, el espacio sonoro de Alberto y un gobierno que se habla encima]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Fernández,Cristina Fernández de Kirchner,Crisis de Frente de Todos,Silencio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cuatro grandes beneficios de pasar un rato al día en completo silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/cuatro-grandes-beneficios-pasar-rato-dia-completo-silencio_1_9057515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f1e2f72-f28c-47db-af39-067c8dc32ab7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cuatro grandes beneficios de pasar un rato al día en completo silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El exceso de ruido es responsable de muchas consecuencias negativas para la salud.</p></div><p class="article-text">
        El exceso de ruido constituye el segundo factor de contaminaci&oacute;n m&aacute;s da&ntilde;ino en nuestro continente. Los expertos no solo aconsejan evitarlo sino tambi&eacute;n aprovechar los beneficios del silencio. Varios estudios han comprobado que pasar periodos en el mayor silencio posible &ndash;desde unos cuantos minutos hasta horas&ndash; ofrece numerosas ventajas.
    </p><h3 class="article-text">1. M&aacute;s relajaci&oacute;n y menos estr&eacute;s</h3><p class="article-text">
        El primero de los hallazgos se produjo&nbsp;<strong>casi por casualidad</strong>. Para un&nbsp;<a href="https://heart.bmj.com/content/92/4/445" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a>&nbsp;que se public&oacute; en 2005, donde un equipo de cient&iacute;ficos dirigido por el italiano Luciano Bernardi med&iacute;a las reacciones en los sistema cardiovascular y respiratorio de varias personas ante distintos tipos de m&uacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Introdujeron pausas de silencio, de dos minutos de duraci&oacute;n, entre una melod&iacute;a y la siguiente, y se sorprendieron al descubrir que&nbsp;<strong>la mayor relajaci&oacute;n</strong>&nbsp;no se alcanzaba con ninguno de los ritmos musicales, sino en los momentos de silencio. Al hablar de relajaci&oacute;n, los investigadores tuvieron en cuenta variables como&nbsp;el ritmo de la respiraci&oacute;n, la presi&oacute;n arterial y la frecuencia card&iacute;aca.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos valores se redujeron&nbsp;<strong>al interrumpirse la m&uacute;sica</strong>&nbsp;(cualquier tipo de m&uacute;sica, hasta la llamada &ldquo;para relajarse&rdquo;) a niveles incluso menores que los que ten&iacute;an durante el silencio anterior al experimento. Es decir, el efecto positivo del silencio se produce por el contraste con el sonido y el ruido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si en lugar de m&uacute;sica se piensa en el ruido al que estamos expuestos en la vida cotidiana y la forma en que &ndash;por contraste&ndash;&nbsp;<strong>el sonido puede ayudar a relajarse</strong>&nbsp;y reducir el estr&eacute;s, es claro que vale la pena tratar de no escuchar nada al menos durante un rato cada d&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">2. Favorece la creaci&oacute;n de neuronas nuevas</h3><p class="article-text">
        Cient&iacute;ficos alemanes realizaron un&nbsp;<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24292324/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>&nbsp;con ratones, en 2013, para probar si los est&iacute;mulos auditivos pod&iacute;an contribuir con la&nbsp;<strong>neurog&eacute;nesis</strong>&nbsp;adulta. Es decir, con el nacimiento de nuevas neuronas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La experiencia demostr&oacute; que, mientras los sonidos generan efectos de corto plazo, el &uacute;nico est&iacute;mulo que produjo un resultado duradero fue el silencio. En concreto, un periodo de silencio cada d&iacute;a contribu&iacute;a con el desarrollo de&nbsp;<strong>c&eacute;lulas nuevas en el hipocampo</strong>, el &aacute;rea del cerebro vinculada con&nbsp;la memoria y el procesamiento de las emociones.
    </p><p class="article-text">
        Si bien hacen falta estudios que comprueben que estos efectos se producen tambi&eacute;n en los seres humanos, los investigadores sospechan que los periodos de silencio podr&iacute;an contribuir con la plasticidad cerebral y, por lo tanto,&nbsp;disminuir las probabilidades de<strong>&nbsp;sufrir problemas neurodegenerativos</strong>&nbsp;como la demencia o el&nbsp;mal de Alzh&eacute;imer, o al menos retrasar su aparici&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">3. Mejora la calidad del sue&ntilde;o</h3><p class="article-text">
        Por el simple hecho de ayudar a que el organismo est&eacute; m&aacute;s relajado y, por lo tanto,&nbsp;sean menores los &iacute;ndices de<strong>&nbsp;estr&eacute;s y ansiedad</strong>, tomarse ratos de absoluto silencio es beneficioso para la calidad del sue&ntilde;o. Mucho m&aacute;s, si se combina con t&eacute;cnicas de meditaci&oacute;n&nbsp;y respiraci&oacute;n pausada, como han corroborado algunas&nbsp;<a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25686304/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaciones</a>, sobre todo para combatir el insomnio en adultos mayores.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, si los momentos de silencio se asumen como un momento para&nbsp;<strong>no pensar en nada</strong>&nbsp;m&aacute;s que en la propia respiraci&oacute;n, los efectos positivos se notar&aacute;n tambi&eacute;n en el dormir. Y se conforma de esta manera una suerte de c&iacute;rculo virtuoso, pues un sue&ntilde;o saludable&nbsp;tiene, a su vez, muchos efectos positivos para la calidad de vida.
    </p><h3 class="article-text">4. Propicia la autorreflexi&oacute;n y la creatividad</h3><p class="article-text">
        Un&nbsp;<a href="https://science.sciencemag.org/content/345/6192/75" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>&nbsp;de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, descubri&oacute; que la mayor&iacute;a de los participantes (sobre todo los varones) prefer&iacute;an estar haciendo cualquier cosa &ndash;incluso&nbsp;<strong>haci&eacute;ndose da&ntilde;o a s&iacute; mismos con dosis de electroshock</strong>&ndash; antes que estar en silencio solos con sus propios pensamientos.
    </p><p class="article-text">
        En buena medida, eso se debe a que el silencio lleva a la introspecci&oacute;n y a la autorreflexi&oacute;n. Todo esto es clave no solo para ordenar las ideas, verlas en perspectiva, revisar los errores, entender sus causas y planificar c&oacute;mo no volver a repetirlos, sino tambi&eacute;n para&nbsp;<strong>aumentar la creatividad y la productividad</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa es la raz&oacute;n por la cual muchas empresas implementan en sus oficinas el &ldquo;<a href="https://medium.com/@oliebol/quiet-time-969ccc3416f8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiempo de silencio</a>&rdquo;, un lapso durante el cual no est&aacute;n permitidas las conversaciones, ni las reuniones, ni las llamadas telef&oacute;nicas, ni siquiera los correos electr&oacute;nicos: solo el trabajo en soledad.
    </p><h3 class="article-text">Consejos para tener ratos de silencio</h3><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hacer para encontrar momentos de silencio en ciudades que no dejan casi ning&uacute;n resquicio sin ruido? Los especialistas indican algunas recomendaciones:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Desconectar o silenciar los dispositivos digitales.</strong>&nbsp;Desde&nbsp;<a href="https://dl.acm.org/doi/pdf/10.1145/3229434.3229468" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">dos psic&oacute;logas de Google</a>&nbsp;hasta la&nbsp;<a href="https://www.heart.org/en/healthy-living/healthy-lifestyle/mental-health-and-wellbeing/forget-fomo-choose-jomo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Asociaci&oacute;n Estadounidense del Coraz&oacute;n</a>&nbsp;han publicado art&iacute;culos en los que destacan el valor de &ldquo;desconectarse&rdquo; de tel&eacute;fonos y ordenadores, y tambi&eacute;n de dejarse llevar. No estar pendiente de ellos es clave para gozar de los beneficios del silencio.</li>
                                    <li><strong>Dar paseos en busca de silencio.</strong>&nbsp;Las caminatas por la naturaleza&nbsp;o por las afueras de la ciudad no implican exactamente silencio, pues cada entorno tiene sus propios sonidos. Pero s&iacute; permiten alejarse del tr&aacute;fico y otras fuentes de ruido que contribuyen a aumentar el estr&eacute;s.</li>
                                    <li><strong>Acudir a bibliotecas u otros espacios silenciosos.</strong>&nbsp;Una biblioteca p&uacute;blica, un museo, una galer&iacute;a o alg&uacute;n otros sitio donde predomina el silencio puede resultar un oasis en medio de la ciudad. Y puede ayudar a hacer una pausa, bajar el ritmo y serenarse para continuar, con energ&iacute;as renovadas, el resto del d&iacute;a.</li>
                                    <li><strong>Usar tapones para los o&iacute;dos o auriculares.</strong>&nbsp;Los tapones&nbsp;o protectores auditivos pueden ser de gran ayuda sobre todo para quienes viven en zonas muy ruidosas y no pueden aislarse ni siquiera dentro de sus casas. Una alternativa son los auriculares, y si de todos modos no se puede obtener silencio (por ejemplo, debido a la convivencia con otras personas) escuchar m&uacute;sica suave o sonidos como de lluvia o agua que cae, un bosque, el mar, etc.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>C.V.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristian Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/cuatro-grandes-beneficios-pasar-rato-dia-completo-silencio_1_9057515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jun 2022 01:23:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cuatro grandes beneficios de pasar un rato al día en completo silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud,Silencio,ruido,beneficios,riesgo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacer silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/silencio_129_8904957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed1b2868-be85-454d-b6ac-f1fcde4540d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacer silencio"></p><p class="article-text">
        Hablar de un tema, &ldquo;elegirlo&rdquo;, disponerse a escribir sobre &eacute;l, enredarnos en una actualidad de terceros, intervenir en pol&iacute;tica o en literatura: &iquest;para qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; de lo propio podr&iacute;a desembocar en esa obligaci&oacute;n? <strong>Ning&uacute;n tema es nuestro, salvo aquel sobre el que hacemos silencio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hablar <em>otra vez</em> de Milei, de Canosa, de Putin, de Mbapp&eacute;? Me parece mejor hablar de <em>ese </em>silencio, de su necesidad y su salubridad, incluso de la conveniencia de utilizarlo para vivir. Imagino su empleo en condiciones de m&aacute;xima eficacia, a saber: dos personas dejan de hablarse por alguna raz&oacute;n. Ese es el cuadro, el teatro, la novela que se inscribe en la vida. No nos interesan las causas de ese hecho, por graves o superfluas que hayan sido. En cualquier caso, las consideraremos simplemente humanas, sin acudir al auxilio de la raz&oacute;n para enjuiciarlas, dado que, como habr&aacute;n de saber los racionalistas, los alcances de su potencia llegan hasta ah&iacute;, no m&aacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo momento del cuadro podr&iacute;a perfilarse <em>naturalmente</em> hacia el restablecimiento de lo que se hab&iacute;a suspendido. Las personas que han dejado de hablarse, vuelven a verse para hablar. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;<strong>Por qu&eacute; hay que hablar siempre? Porque hay una tendencia a reconocerle la delegaci&oacute;n de una eficacia que no tiene. &iquest;O acaso se puede explicar un acto?</strong> El lenguaje es un problema sin soluci&oacute;n que Wittgenstein, el &uacute;ltimo fil&oacute;sofo, plante&oacute; entre la angustia y la despreocupaci&oacute;n, m&aacute;ximo estado de la inteligencia. Por lo que luego de atravesar un bosque de sombras en su <em>Diario filos&oacute;fico</em>, exclam&oacute;: &ldquo;&iexcl;Vive feliz!&rdquo;. Un rey de la autoayuda no lo hubiese dicho mejor.
    </p><p class="article-text">
        Si yo fuese el asesor sentimental de esas personas que han dejado de hablarse para volver a hacerlo exactamente a partir del mismo punto en que suspendieron la conversaci&oacute;n, en los mismos t&eacute;rminos y del mismo tema, les dir&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Stop! &iexcl;Trancas!&rdquo;. Luego les recomendar&iacute;a (por deformaci&oacute;n novel&iacute;stica doy por sentado que son dos enamorados) que se re&uacute;nan, por supuesto, si es que el deseo com&uacute;n los atrae, pero con el compromiso de no hablar, de no decir una sola palabra. Mi consejo: que se re&uacute;nan como los animales que son, desentendi&eacute;ndose de que alguna vez aprendieron a hablar un idioma que no es ni ser&aacute; nunca de ellos, y en el que cristalizan ideas con las que pueden acordar, pero tampoco son de ellos. Que se miren y se toquen y se huelan como bestias, libres del karma de ponerle a cada cosa la palabra adquirida, y que vean si all&iacute;, en las profundidades de ese silencio, son capaces de realizar declaraciones sin antecedentes. Pero no, lo m&aacute;s probable es que uno o los dos digan: &ldquo;Tenemos que hablar&rdquo;, para entregar su suerte a la Escuela de la Discusi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si ac&aacute; entr&oacute; Wittgenstein, pues que tambi&eacute;n entre Becket, que en <em>Malone muere, </em>dice esto: &ldquo;Porque cuando tenemos al alcance de la mano el &uacute;nico amor compartido de una vida desmedida, es natural que uno quiera aprovecharlo, mientras todav&iacute;a haya tiempo, y que no se deje distraer por los pruritos que est&aacute;n bien para los tibios, pero de los que se burla el amor, si es verdadero&rdquo;. La palabra que quisiera subrayar es &ldquo;pruritos&rdquo;, que son los frutos del lenguaje dados por fuerza m&oacute;rbidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Becket es un escritor que se distingui&oacute; por haber intuido (es la intuici&oacute;n la clave del artista; no sus ideas ni sus formas) que el mundo con el que nos relacionamos sin pensar nunca en &eacute;l, el mundo artificial disfrazado de naturaleza, es un montaje de dos piezas irreconciliables que &eacute;l supo contrastar como nadie: el lenguaje y el silencio. Es sobre el vac&iacute;o, sobre un n&uacute;cleo de nada, que gira su verborragia. No hay un escritor m&aacute;s charlat&aacute;n que Becket. Al lado de &eacute;l, El Manco de Lepanto es mudo. Sin ese exceso, sin esa formulaci&oacute;n monstruosa del uso del lenguaje como una experiencia de inutilidad, sabr&iacute;amos poco o nada de la vida. <strong>Y lo que sabemos por &eacute;l, es que le lenguaje </strong><em><strong>sobra.</strong></em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando en <em>El innombrable</em> dice, al borde del pozo de la locura, &ldquo;me quieren reducir a la raz&oacute;n&rdquo;, me dan ganas de apostar todo lo que tengo a que lo que quiso decir fue: &ldquo;me quieren reducir al lenguaje, a hablar, a argumentar, a convencer, a imponerme, a dominar, a entender todo&hellip; Concha de la lora. No me dejan no decir&rdquo;. El regreso del silencio como materia prima de la ignorancia humana ser&iacute;a un gran negocio para situar la voluntad de decir en el lugar secundario que le corresponde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo como una representaci&oacute;n de cine mudo, &iquest;est&aacute; mal? &iquest;Estar&iacute;a mal que las relaciones se redujesen ya no al terror de Becket, la raz&oacute;n, sino a todo lo que la antecede? &iquest;Y si nos alcanzara con tener relaciones que s&oacute;lo consistieran en mirarnos a los ojos y detectar, &ldquo;a la antigua&rdquo;, qu&eacute; hay dentro de cada uno? Abrir la boca &iquest;es m&aacute;s caro o m&aacute;s barato que cerrarla?
    </p><p class="article-text">
        No tengo ning&uacute;n inter&eacute;s en hablar de la &eacute;poca. No tengo idea de en qu&eacute; consiste. Es algo que le corresponde saber a las &eacute;pocas del porvenir. Pero esto es un diario y ac&aacute; hay qu&eacute; decir algo, as&iacute; que lo que voy a dar es una recomendaci&oacute;n sanitaria: hablemos menos, miremos m&aacute;s. Como un fantasma, se me aparece detr&aacute;s de esta idea Sergio Chejfec, seguramente su mentor. Su despiadada salida de este mundo peque&ntilde;&iacute;simo me tiene mal. <strong>Se ha perdido su radar invalorable para comprender lo poco que se hace entender la vida.</strong> A ese poco, que el detect&oacute; por medio de complej&iacute;simas combinaciones de encuadre, velocidad y profundidad (ese talento para ver <em>antes </em>de hablar), tom&eacute;moslo como el &uacute;nico &ldquo;todo&rdquo; al que podemos acceder si hacemos el mayor de los silencios.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/silencio_129_8904957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Apr 2022 03:02:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hacer silencio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Filosofía,Silencio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del ruido de las rotas cadenas a los petardos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ruido-rotas-cadenas-petardos_129_8624804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce8bc1eb-55d5-4a30-ad93-37f0b4995d9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del ruido de las rotas cadenas a los petardos"></p><p class="article-text">
        Por mucho tiempo, la abundancia o escasez de coheter&iacute;a de fin de a&ntilde;o fue asociada con la bonanza o la crisis. El estado de &aacute;nimo colectivo se ha medido intuitivamente por ese <em>quantum</em>. <strong>A mayores decibeles en la noche del 31, mayor alegr&iacute;a y confianza en el futuro. </strong>Por primera vez, las autoridades de la ciudad de Buenos Aires recomendaron festejos sin pirotecnia. Pensaron m&aacute;s en los da&ntilde;os faciales y corporales de las explosiones fallidas que en el efecto auditivo. Pero el ruido deber&iacute;a ser tomado m&aacute;s en serio, incluso por la legislaci&oacute;n ambiental. D&iacute;as atr&aacute;s, Merlo se conmocion&oacute;: el empleado de una empresa de seguridad privada mat&oacute; a balazos a su vecino porque no pod&iacute;a tolerar los sonidos que le llegaban del otro lado de la medianera. Cuando la polic&iacute;a fue a buscarlo, se atrincher&oacute; hasta perder la vida. Los vecinos tuvieron que taparse los o&iacute;dos ante tama&ntilde;a balacera. No tan lejos de aquella escena, un polic&iacute;a bonaerense hab&iacute;a irrumpido semanas antes en una fiesta que se realizaba en Escobar. Decidi&oacute; callar la m&uacute;sica a balazos de goma. Once personas resultaron heridas. &iquest;C&oacute;mo se mide la intolerancia a las ondas que atraviesan el aire? La obcecaci&oacute;n puede llevar al crimen m&aacute;s ins&oacute;lito, como acaba de ocurrir en Grecia. Un adulto mayor se encontraba internado en un hospital ateniense por Covid-19. Su compa&ntilde;ero de habitaci&oacute;n estaba conectado al respirador. Como no pudo soportar ese traqueteo, decidi&oacute; apagarlo. <strong>Mat&oacute; por unos minutos de silencio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como dice Hillel Schwartz, el autor de <em>Making noise. From Babel to the big Bang &amp; beyond</em>, cuando uno hace valer la quietud, cualquier informaci&oacute;n externa puede ser insoportable. Toda &eacute;poca define sin embargo los modos de convivencia entre sonidos. Hay algo que no cambia: <strong>el ruido nunca es tanto una cuesti&oacute;n de volumen sino un registro de la intensidad de las relaciones.</strong> Cuando mayor la expectativa de control, todo puede ser pol&iacute;ticamente ruidoso. &iquest;C&oacute;mo no recordar la campa&ntilde;a &ldquo;El silencio es salud&rdquo; que se inici&oacute; en 1973 con Juan Domingo Per&oacute;n en la presidencia? La pusieron en marcha el intendente de la ciudad, el general retirado Jos&eacute; Embrioni, y Oscar Ivanissevich, quien hab&iacute;a dejado su huella literaria en la &ldquo;Marcha peronista&rdquo; y ser&iacute;a en pocos meses ministro de Educaci&oacute;n de Isabel Mart&iacute;nez. En enero de 1974, y al comp&aacute;s de la estruendosa conflictividad, Ivanissevich propuso que maestros, civiles y militares se involucraran en la lucha contra &ldquo;el flagelo&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay algo que no cambia: el ruido nunca es tanto una cuestión de volumen sino un registro de la intensidad de las relaciones. Cuando mayor la expectativa de control, todo puede ser políticamente ruidoso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n con el ruido del tercer Gobierno peronista aument&oacute; a medida que crec&iacute;an la disputa dentro del movimiento, as&iacute; como los conflictos sociales, sindicales y pol&iacute;ticos.&nbsp;Esa man&iacute;a lleg&oacute; a socializarse. Todo se volvi&oacute; cuantificable, medible. Una intensidad de 90 a 100 decibeles, explicaba en enero de 1974 <em>La Opini&oacute;n</em>, pod&iacute;a causar una p&eacute;rdida auditiva. Y la ciudad era una m&aacute;quina sin sosiego: el paso de las hojas de libros produc&iacute;a 15 db, las actividades de una habitaci&oacute;n duplicaban esa cifra, el ruido de fondo &ldquo;normal&rdquo; de Buenos Aires alcanzaba los 50 db, el lenguaje a un metro de distancia, 60 db, un restaurante lleno 70 db, el paso de un tren, 80, db, un bocinazo trepaba a 110 db, lo mismo que un martillo neum&aacute;tico, aunque un poco menos que un motor de avi&oacute;n (130 db). &ldquo;En el momento de establecer los r&eacute;cords el ciudadano porte&ntilde;o quiz&aacute; desconozca que su ciudad es una de las m&aacute;s bulliciosas del mundo.&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Gente </em>abri&oacute; las p&aacute;ginas del 15 de agosto con &ldquo;las espantosas investigaciones de Landr&uacute;&rdquo; sobre &ldquo;los ruidos que m&aacute;s molestan a los argentinos&rdquo;. El humorista no dejaba nada afuera: las c&aacute;maras de las ruedas de los autos que se revientan. BUMM! El nene que est&aacute; aprendiendo a tocar la bater&iacute;a. BUN CRASH PON PUM. Las campanas. La m&uacute;sica funcional cuando esperamos en el dentista. Un grillo dentro del dormitorio. El dep&oacute;sito de la cloaca del ba&ntilde;o. El chirrido de las gomas del auto al frenar de golpe. El tocadiscos con la p&uacute;a en mal estado. Las goteras. Los autos de carrera. Los cascabeles del collar del gato. Los timbres de las bicicletas. Las armas de fuego. El vecino que est&aacute; aprendiendo a tocar el saxof&oacute;n, el clarinete o la trompeta. La aspiradora. El lavarropa. El secador centr&iacute;fugo de ropa. La afeitadora el&eacute;ctrica. El timbre de alarma. Las bombas. Los cohetes. Las sirenas de los barcos. Las sirenas de ambulancias y coches policiales. Los gritos de los rematadores. La bocina del auto. Los ladridos de los perros hist&eacute;ricos. El choque de dos autos. Los vidrios que se rompen. El motor de los colectivos. Los altoparlantes. Las radios de los taxistas a todo volumen. Los que cantan a alaridos en las canchas. Landr&uacute; hac&iacute;a suyas las man&iacute;as y la meticulosidad del personaje de <em>El silenciero</em>. La novela de Antonio Di Benedetto, de 1964, cuenta la historia de un hombre con paranoia sonora que huye de su primera casa porque quiere salvarse de los efectos del receptor de radio de la comisar&iacute;a de guardia. Se considera un &ldquo;combatiente contra el ruido&rdquo; que tiene pr&aacute;cticamente &ldquo;clasificados&rdquo; todas las anomal&iacute;as de la ciudad en su mente. Solo tolera &ldquo;la buena m&uacute;sica cl&aacute;sica, racional, equilibrada, apacible&rdquo;. El ruido se le ha metido en la cabeza. Sue&ntilde;a con dispararse en su oreja. Su obsesi&oacute;n lo lleva al asesinato. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, el dibujante Dobal fantasea lo mismo en <em>Clar&iacute;n. </em>En la vi&ntilde;eta del 7 de setiembre se ve a un grupo de j&oacute;venes cuando intentan introducir en el ascensor de un apartamento un equipo de audio. Detr&aacute;s, unas chicas sonr&iacute;en mientras cargan los discos. Preparativos de fiesta. Pero no. El autor, que no se caracterizaba por su correcci&oacute;n pol&iacute;tica, comenta: &ldquo;Haciendo uso de una vieja escopeta, el vecino...&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo d&iacute;a, <em>Clar&iacute;n</em>, al igual que otros diarios, informaba que Montoneros hab&iacute;a anunciado su pase a la clandestinidad. La guerrilla dijo que se trataba de una &ldquo;retirada estrat&eacute;gica&rdquo; y ten&iacute;a como contracara la preparaci&oacute;n de una &ldquo;guerra popular integral&rdquo;. Montoneros se preguntaba qu&eacute; diferencia hab&iacute;a &ldquo;entre aquella dictadura y este gobierno&rdquo;, y no la encontraba. Isabel y L&oacute;pez Rega hac&iacute;an &ldquo;lo mismo que antes los militares&rdquo;. La clandestinidad era una vuelta a lo oculto, lo no identificable. Se convert&iacute;a en una subrepticia perturbaci&oacute;n del orden y que hab&iacute;a que silenciarlos como fuera. Cuatro d&iacute;as m&aacute;s tarde, Dobal dibuj&oacute; a un hombre que lleva una guitarra destrozada a una tienda de compra y venta y le dice al due&ntilde;o: &ldquo;estaba cantando una serenata cuando baj&oacute; el pap&aacute; de la chica y...&rdquo;. El punto suspensivo se dejaba para que completara el lector lo evidente. La mano dura se impon&iacute;a como necesidad en cualquier frente. <strong>El ruido tambi&eacute;n reclamaba una respuesta brutal.</strong> &ldquo;Salud total con: &iexcl;Acumpuntura!&rdquo;. El aviso ap&oacute;crifo de la revista contracultural <em>Mordisco</em> presentaba el dibujo de la oreja de una persona en la que otra le introduc&iacute;a algo que pod&iacute;a ser un destornillador y que provocaba sangre. &ldquo;El instituto M&eacute;dico dr JOS&Eacute; TERROR S. A ofrece la soluci&oacute;n total...Eliminar los ruidos desde su ra&iacute;z. &iexcl;EL T&Iacute;MPANO MISMO! Con un solo pinchazo de nuestros expertos: NUNCA M&Aacute;S RUIDO!!!! Colabore Ud. Tambi&eacute;n con su municipio. SOMETASE. Atendemos durante las 24 horas en nuestra direcci&oacute;n: -Gral Extermi&ntilde;io 666&rdquo;. Di Benedetto, quien 12 a&ntilde;os despu&eacute;s ser&iacute;a secuestrado y torturado en Mendoza, donde formaba parte del diario <em>Los Andes</em>, podr&iacute;a haber sentido cierto escalofr&iacute;o de haber visto esas vi&ntilde;etas o el anillo circundar el Obelisco con su rabia contenida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde chicos nos conminan a escuchar. &ldquo;O&iacute;d el ruido de rotas cadenas&rdquo;, dice el himno. Primero, entonces la audici&oacute;n. Luego, &ldquo;ved el trono de noble igualdad&rdquo;. Dice Pascual Quignard: &ldquo;O&iacute;r es&nbsp;obedecer.&nbsp;En lat&iacute;n, escuchar se dice <em>obaudire</em>.&nbsp;<em>Obaudire</em> deriv&oacute; a&nbsp;la&nbsp;forma&nbsp; castellana&nbsp;obedecer.&nbsp;La audici&oacute;n, la&nbsp;<em>audientia</em>, es&nbsp;una <em>obaudientia</em>, es una obediencia&rdquo;. Una de las secciones fijas y m&aacute;s virulentas de <em>El Caudillo</em>, la revista de la ultraderecha peronista, se titulaba <strong>&ldquo;O&iacute;me&rdquo;</strong>. La publicaci&oacute;n que financiaba L&oacute;pez Rega y dirig&iacute;a Felipe Romeo se situaba en las ant&iacute;podas de &ldquo;escuchar bien&rdquo; y &ldquo;comprender&rdquo;. Ser parte de la secci&oacute;n &ldquo;O&iacute;me&rdquo; era convertirse en potencial blanco de las AAA. &ldquo;O&iacute;me, artista. A vos que le sacas guita a la gente para contarle como explota la oligarqu&iacute;a. A vos, que compon&eacute;s canciones de protesta por lo mal que se vive en las villas, en tu departamento de avenida libertador. A vos que te vestis a la moda y te dej&aacute;s crecer simult&aacute;neamente el pelo, la barba y el marxismo&rdquo;, apunt&oacute; en enero contra Horacio Guarany, quien no tard&oacute; mucho en sentir el estruendo de una bomba en su casa. La dictadura ejerci&oacute; violentamente su pedagog&iacute;a auditiva. Aunque no fuera sistem&aacute;tico, pensado, dise&ntilde;&oacute; un modo de escucha. E<strong>l terror de Estado tuvo tambi&eacute;n su campo de contienda s&oacute;nica y toda disidencia fue se&ntilde;alada como ruido al consenso de los sables y las picanas.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El terror de Estado tuvo también su campo de contienda sónica y toda disidencia fue señalada como ruido al consenso de los sables y las picanas. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De ah&iacute; que el ruido, dice Alessandro Arbo, ha sido un modo de nombrar lo sucio, el mal, aquello que parasita. Durante siglos, el ruido fue excluido en los discursos sobre la m&uacute;sica en Occidente porque portaba lo irracional. A lo largo del siglo XX, la m&uacute;sica se volvi&oacute; m&aacute;s ruidosa. Primero, por su propio sentido del progreso, que la llev&oacute; demoler las bases tonales que la sustentaban. Despu&eacute;s, por la electrificaci&oacute;n. Cuando llamamos a una m&uacute;sica &ldquo;mala&rdquo;, y la convertimos en mero ruido, como suceden en muchos de los casos policiales entre vecinos que terminan en el asesinato, suele ponerse en juego una categor&iacute;a subjetiva. &iquest;Qu&eacute; es lo malo? De un lado de la pared puede considerarse a <em>La consagraci&oacute;n de la primavera, </em>de Igor Stravinsky o el <em>noise </em>polaco. Pero, del otro, a L-Gante. Unos podr&aacute;n hablar de un malestar parox&iacute;stico, los otros de estandarizaci&oacute;n y berretada. Christopher Washburne y Maiken Derno nos recuerdan en <em>Bad Music: The Music We Love to Hate, </em>que lo &ldquo;malo&rdquo; est&aacute; marcado por particulares disputas culturales e hist&oacute;ricas sobre lo que se considera bueno en una variedad de contextos diferentes. &ldquo;Mala&rdquo;, se&ntilde;ala Simon Frith, es una palabra clave porque sugiere que los juicios est&eacute;ticos y &eacute;ticos est&aacute;n completamente unidos. Una m&uacute;sica fuera de lugar, convertida en <em>non sense</em>, en incitaci&oacute;n al crimen de un psic&oacute;tico (desde hace a&ntilde;os acumulo noticias sobre estos hechos. Sorprende su proliferaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        <strong>El ruido es todo aquello que no tomamos como propio</strong>. Ha dejado de ser<strong> </strong>exclusivamente experiencia aural para convertirse en una enraizada met&aacute;fora sobre nuestro mundo, nuestras vidas y el sentido de las mismas. Como contrapartida, el miedo y aun el horror suscitados por el silencio se han vuelto m&aacute;s intensos. Alain Corbin escribi&oacute; una maravillosa <em>Historia del silencio. </em>En otros tiempos, antes de que Embrioni e Ivanisevich pensaran en sus beneficios estatales del mutismo, los occidentales apreciaban su profundidad. El silencio era una condici&oacute;n del recogimiento, de la escucha de uno mismo, de la meditaci&oacute;n, de la plegaria, de la fantas&iacute;a, de la creaci&oacute;n; sobre todo, como el lugar interior del que surge la palabra. &ldquo;Hoy en d&iacute;a, es dif&iacute;cil que se guarde silencio, y ello impide o&iacute;r la palabra interior que calma y apacigua. La sociedad nos conmina a someternos al ruido para formar as&iacute; parte del todo&rdquo;. De este modo, &ldquo;se altera la estructura misma del individuo&rdquo;. La novedad del ruido desde los a&ntilde;os setenta no tiene que ver necesariamente con el aumento del parque automotor sino, seg&uacute;n Corbin, con la hipermediatizaci&oacute;n, la conexi&oacute;n continua y el incesante flujo de palabras que se le impone al individuo y lo vuelve temeroso del silencio.
    </p><p class="article-text">
        Los sonidos entraron en la esfera del intercambio econ&oacute;mico desde fines del siglo XIX con el tel&eacute;fono, la radio y la industria musical. &iquest;Llegar&aacute; el momento de la monetizaci&oacute;n del ruido? Martin Giuliano, becario del CONICET e integrante del Instituto de Investigaciones F&iacute;sicas de Mar del Plata, investiga c&oacute;mo las vibraciones pueden ser almacenadas y transformadas en energ&iacute;a que puedan alimentar sensores, implantes biol&oacute;gicos, sensores electr&oacute;nicos&nbsp;o dispositivos de baja potencia. Mientras tanto, conviviremos con estruendos de toda clase. En los estertores del 31, atenuados los efectos de los rompe portones, miguelitos, estrellitas, chasqui boom, petardos y ca&ntilde;as voladoras, el Charles Baudelaire de <em>El Spleen de Paris</em> me record&oacute; las paradojas que a veces trae una noche sin detonaciones. &ldquo;&iexcl;Al fin! &iexcl;Solo! No se escucha m&aacute;s que el rodar de algunos fiacres tard&iacute;os y derrengados. Durante algunas horas poseeremos el silencio, si no el reposo. &iexcl;Al fin! La tiran&iacute;a de la faz humana ha desaparecido, y ya no tendr&eacute; que sufrir sino por m&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jan 2022 13:06:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del ruido de las rotas cadenas a los petardos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Domingo Perón,Isabel Perón,Silencio]]></media:keywords>
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