<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jimi Hendrix]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jimi-hendrix/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Jimi Hendrix]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1037609/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El silencio y la furia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/silencio-furia_129_13119179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/841a168b-a8b3-40dc-8895-e79e10db29c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El silencio y la furia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Woodstock y el ruido. Woodstock y lo que había sonado en 4 minutos y algo más en que no había sonado nada. Y, antes y después, una historia silenciosa que va desde Alphonse Allais y su “Marcha fúnebre para un gran hombre sordo” y el futuro imaginado por Erwin Schulhoff a Jonn Lennon y Yoko Ono, Wilco y más de 1000 artistas ingleses protestando contra la I.A. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        El <em>Festival de M&uacute;sica y Arte</em> de Woodstock, anunciado como &ldquo;una exposici&oacute;n de Acuario: tres d&iacute;as de paz y m&uacute;sica&rdquo;, no tuvo lugar en Woodstock sino 64 km al suroeste, en una granja de Bethel, en el condado de Sullivan del estado de Nueva York. Pero el nombre de ese pueblo del condado de Ulster qued&oacute; unido para siempre no solo al rock sino al momento en que, en 1969, una multitud festej&oacute; la lluvia y el canto comunitario, el propio hecho de estar all&iacute; y mucha de la mejor m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular de la historia pero, tambi&eacute;n, a la vanguardia y el experimentalismo como algo cotidiano. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el viernes 15 de agosto hasta la ma&ntilde;ana del lunes18 actu&oacute; una multitud de m&uacute;sicos muy j&oacute;venes, la mayor&iacute;a casi desconocidos y muy mal pagos &ndash;<strong>Carlos</strong> <strong>Santana</strong>, <strong>Joe Cocker</strong>, <strong>Melanie</strong>&ndash; y unas pocas estrellas: <strong>Creedence Clearwater Revival</strong>, <strong>Blood Sweat &amp; Tears</strong> &ndash;antes de caer en desgracia por haber actuado detr&aacute;s de la Cortina de Hierro con patrocinio de la CIA&ndash; y <strong>Jimi Hendrix</strong>. &nbsp;El concierto del guitarrista, junto con <strong>Mitch Mitchell</strong> en bater&iacute;a y <strong>Billy Cox</strong> en bajo, dur&oacute; dos horas. Iba a cerrar el festival en la noche del domingo pero finalmente subi&oacute; al escenario a las 9 de la ma&ntilde;ana del lunes. Ya quedaba, para ese momento, apenas una d&eacute;cima parte de los 400.000 asistentes. Pero 40.000 personas estaba lejos de ser una cifra menor si se piensa que aplaudieron al ruido mismo. Es cierto, lo que se escuchaba pod&iacute;a tomarse como una pieza descriptiva, casi cinematogr&aacute;fica. Remedaba las bombas y ametralladoras y, junto con la distorsi&oacute;n del Himno estadounidense, remit&iacute;a sin lugar a dudas a Vietnam. Pero se trataba, adem&aacute;s, de la ruptura; de la explosi&oacute;n literal del sonido convertida en objeto art&iacute;stico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/3lpa6fzS3rSAbRogEhWxu7?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        No era la primera vez que el nombre de Woodstock, ese peque&ntilde;o pueblo donde el festival no tuvo lugar, estuvo unido a la transformaci&oacute;n no solo de la m&uacute;sica sino del pensamiento acerca de lo que la m&uacute;sica era &ndash;o pod&iacute;a ser&ndash;. Diecisiete a&ntilde;os antes, el 29 de agosto de 1952, posible pero no necesariamente en el otro extremo del ruido, en el peque&ntilde;o Maverick Concert Hall, un pianista llamado <strong>David Tudor</strong> &nbsp;no hab&iacute;a tocado nada durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. El estreno de <em>4&rsquo;33&ldquo;</em>, una nueva composici&oacute;n de <strong>John Cage</strong>, fue parte de un concierto en que se hab&iacute;a presentado otra obra del mismo autor, <em>Water Music</em>, adem&aacute;s de una de un alumno suyo de 18 a&ntilde;os llamado <strong>Christian Wolff</strong>, otra de <strong>Morton Feldman</strong> y la primera <em>Sonata</em> de <strong>Pierre Boulez</strong>. La presentaci&oacute;n hab&iacute;a contado con el patrocinio de la Benefit Artists Welfare Fund, el p&uacute;blico era una audiencia interesada y familiarizada con el arte de vanguardia y, hasta la pen&uacute;ltima pieza, todas fueron calurosamente aplaudidas. Pero <em>4&rsquo;33&rdquo;</em>, fue un esc&aacute;ndalo. &ldquo;La gente empez&oacute; a susurrarse cosas y algunos se pararon para irse. Ninguno se rio. M&aacute;s bien se irritaron cuando se dieron cuenta de que no iba a pasar nada. A&uacute;n hoy no lo han olvidado&rdquo;, comentaba Cage, casi tres d&eacute;cadas despu&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/43300cfc-3d06-4e5f-aba6-139eb3feb4e7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="John Cage en 1952"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                John Cage en 1952                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>4&rsquo;33&ldquo;</em> no es necesariamente una composici&oacute;n para piano &ndash;o para el silencio de un piano y un pianista&ndash;. En realidad puede ser interpretada por cualquier instrumentista o cualquier grupo de instrumentistas siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones: su divisi&oacute;n&nbsp;en tres movimientos &ndash;que suman los cuatro minutos con treinta y tres segundos del t&iacute;tulo&ndash;, separados por la se&ntilde;al de un reloj; la utilizaci&oacute;n de una partitura (en el estreno fueron varias hojas manuscritas por Cage, con m&uacute;sica efectivamente escrita para la ocasi&oacute;n), cuyas p&aacute;ginas son dadas vuelta cada vez que comienza un movimiento; y, sobre todo, que el int&eacute;rprete o grupo de int&eacute;rpretes no toquen ning&uacute;n sonido en sus instrumentos durante la obra. Cuatro minutos treinta y tres es una obra silenciosa. O todo lo contrario: una obra cargada con la imposibilidad del silencio. 
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a del estreno, en el primer movimiento son&oacute; el viento entre las hojas y, en el segundo, algunas gotas de lluvia que comenzaron a caer. Y, claro, el mismo p&uacute;blico. Un compositor que se opon&iacute;a a la idea de composici&oacute;n hab&iacute;a compuesto una obra que no estaba compuesta. Como estaba en contra de la idea de repertorio hab&iacute;a dise&ntilde;ado algo que no pod&iacute;a entrar en el repertorio y como polemizaba con los int&eacute;rpretes perge&ntilde;&oacute; una m&uacute;sica que no pod&iacute;a ser interpretada. John Cage discut&iacute;a tambi&eacute;n el tiempo y esa obra ten&iacute;a una duraci&oacute;n totalmente arbitraria (m&aacute;s adelante Cage dijo, en un reportaje, que en ese momento ya ni siquiera indicar&iacute;a un tiempo preciso). Cuestionaba la idea del sonido reglamentado y lo omit&iacute;a, rechazaba la repetici&oacute;n y esa era una obra que no pod&iacute;a (o no deb&iacute;a) repetirse &ndash;o que nunca podr&iacute;a ser la misma una vez que se conociera lo que all&iacute; suceder&iacute;a&ndash;. Pon&iacute;a en tela de juicio el rito del concierto burgu&eacute;s y esa era una &ldquo;composici&oacute;n&rdquo; que jam&aacute;s podr&iacute;a congeniar con ese rito. Romp&iacute;a con el m&aacute;s sagrado de los dioses, aun para los m&aacute;s vanguardistas: el derecho de autor. Y no pod&iacute;a grabarse en disco &ndash;aunque, cr&eacute;ase o no, hay versiones discogr&aacute;ficas&ndash;. Pero adem&aacute;s conectaba al p&uacute;blico que as&iacute; lo quisiera con su propio sonido interior. Y con el ordenamiento que su mente y su sensibilidad hicieran de lo que sonara alrededor. Fue la obra que instituy&oacute; el silencio como hecho sonoro. No fue la primera. Tampoco fue la &uacute;ltima.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/2bNCdW4rLnCTzgqUXTTDO1?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5abde18f-747d-43a2-88ea-a6f5e34bfef0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Erwin Schulhoff"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Erwin Schulhoff                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Erwin Schulhoff</strong> hab&iacute;a nacido en 1894 en Praga, en ese entonces capital de Bohemia, en el Imperio Austroh&uacute;ngaro. En la Gran Guerra, que acab&oacute; con dicho imperio, fue soldado para su ej&eacute;rcito y acab&oacute; prisionero en Italia. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1919, se presentaba como pianista en Alemania y acompa&ntilde;aba sus actuaciones con un Manifiesto: &ldquo;El arte absoluto es revoluci&oacute;n, requiere facetas adicionales para su desarrollo, conduce al derrocamiento (golpes de estado) para abrir nuevos caminos &ndash; y es a&uacute;n m&aacute;s poderoso en la m&uacute;sica&ndash;. La idea de revoluci&oacute;n en el arte ha evolucionado durante d&eacute;cadas, bajo cualquier sol en que hayan vivido los creadores, en el sentido de que, para ellos, el arte es lo com&uacute;n del hombre. Esto es particularmente cierto en la m&uacute;sica, porque esta forma de arte es la m&aacute;s viva y, como resultado, refleja la revoluci&oacute;n con mayor fuerza y profundidad: la completa evasi&oacute;n de la tonalidad y el ritmo imperialistas, el ascenso hacia un cambio ext&aacute;tico para mejor&rdquo;. De ese a&ntilde;o son su <em>Sonata Er&oacute;tica</em> (para voz femenina sola), donde la partitura detalla el ritmo y las alturas de un orgasmo de m&aacute;s de tres minutos, y sus <em>Cinco Pintorescas</em> (<em>F&uuml;nf Pittoresken</em>) para piano. &nbsp;Son piezas breves y todas, menos una, refieren a m&uacute;sicas populares, que, para la tradici&oacute;n centroeuropea, ten&iacute;an una poderosa fuerza disruptiva. Sus t&iacute;tulos eran &ldquo;Foxtrott&rdquo;, &ldquo;Ragtime&rdquo;, &ldquo;In Futurum&rdquo;, &ldquo;One-Step&rdquo; y &ldquo;Maxixe&rdquo;. La composici&oacute;n central, por su t&iacute;tulo y su contenido, pod&iacute;a, como la versi&oacute;n de Hendrix del <em>Himno estadounidense</em>, tomarse como un comentario sobre la guerra&nbsp;reci&eacute;n acabada. Y sobre la herencia que legaba. La partitura parece una notaci&oacute;n para piano, aunque invierte la posici&oacute;n entre ambos pentagramas, poniendo en el superior una clave de fa y en el otro la de sol. Un texto en italiano indica: &ldquo;Toda la pieza con expresi&oacute;n y sentimiento ad libitum, hasta el final&rdquo;. No hay notas sino silencios pero mani&aacute;ticamente escritos con intrincad&iacute;simos cambios de acentuaci&oacute;n y en compases imposibles. Por a&ntilde;adidura, inventa all&iacute; los emoticones. La escritura musical es comentada por caritas sonrientes o afligidas. Y, obviamente, se trata de una pieza silenciosa. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/99dfe8bd-8fe3-41e8-b957-ac30e5c06e24_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Partitura de In Futurum, de Erwin Schulhoff"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Partitura de In Futurum, de Erwin Schulhoff                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/5WvAmtwr2p6Zg5LX7tLVSD?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Schulhoff fue considerado un &ldquo;m&uacute;sico degenerado&rdquo; en Alemania y volvi&oacute; a su ciudad natal, para ese entonces ya la capital de un nuevo pa&iacute;s llamado Checoeslovaquia. All&iacute; sobrevivi&oacute; como pianista de radio, y entre otras cosas, en 1932 puso m&uacute;sica al <em>Manifiesto Comunista</em>. A partir de 1939, con la invasi&oacute;n alemana, debi&oacute; componer en secreto y actuar con seud&oacute;nimos. En 1941 la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica resolvi&oacute; favorablemente su petici&oacute;n de ciudadan&iacute;a pero no lleg&oacute; a emigrar. En junio de ese a&ntilde;o fue capturado y deportado al campo de concentraci&oacute;n de W&uuml;lzburg, cerca de Wei&szlig;enburg, en Bavaria. All&iacute; muri&oacute;, de tuberculosis, el 18 de agosto de 1942.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/5RBowlCxCQSVqCTcSxWa7S?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del uso consciente del silencio como elemento musical, en las obras de <strong>Carl Philipp Emanuel Bach</strong> o <strong>Ludwig Van Beethoven</strong>, antes y despu&eacute;s de Cage hubo otros silencios. El del escritor <strong>Alphonse Allais</strong>, en su &ldquo;Marcha f&uacute;nebre para un gran hombre sordo&rdquo;, de 1897, donde un grupo de m&uacute;sicos s&oacute;lo debe mover las manos y contar los compases, &ldquo;M&uacute;sica silenciosa&rdquo;, escrita por <strong>Raymond Scott</strong> en 1941, en que los &uacute;nicos sonidos son los de las llaves de los instrumentos de viento (que no son soplados) y el susurro de unas escobillas inm&oacute;viles sobre un tambor, &nbsp;la &ldquo;Sinfon&iacute;a Mon&oacute;tona y Silenciosa&rdquo;, de <strong>Yves Klein</strong>, compuesta en 1949, donde a un movimiento de 20 minutos con un solo acorde sucede otro de la misma duraci&oacute;n pero en silencio y, dede ya, las <em>3 Bagatelas para David Tudor</em> de <strong>Gy&ocirc;rgi Ligeti</strong>. Y hay tambi&eacute;n, desde ya, ejemplos notables en la m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular y sus sat&eacute;lites en el campo de lo ambiental y el electropop. &ldquo;18 Sek&uacute;ndur fyrir s&oacute;laruppr&aacute;s&rdquo; (18 segundos antes de la sonrisa) del grupo island&eacute;s <strong>Sigur R&oacute;s</strong> ,&ldquo;23 Seconds of Silence&rdquo; de <strong>Wilco</strong> (en <em>Summerteeth</em>), y &ldquo;42 Minutes of Silence&rdquo; de <strong>Milosh</strong>, los 4 segundos de &ldquo;Nutopian International Anthem&rdquo; de <strong>John Lennon</strong> en <em>Mind Games</em> y, de &eacute;l junto con <strong>Yoko Ono</strong>, &ldquo;Two Minutes Silence&rdquo; (incluido en <em>Unfinished Music No. 2: Life with the Lions</em>)&nbsp;son algunos de ellos. Del lado del jazz, all&iacute; est&aacute; &ldquo;Leucocyte II: Ad Interim&rdquo; de <strong>E.S.T.</strong> (Esbj&ouml;rn &nbsp;Svensson Trio) con su minuto de silencio entre las ruidosas &nbsp;&ldquo;Leucocyte I: Ab Initio&rdquo; y &nbsp;&ldquo;Leucocyte III: Ad mortem&rdquo;, en el &aacute;lbum <em>Leucocyte</em>, de 2008. 
    </p><p class="article-text">
        El silencio como posible respuesta a aquella frase que cerraba <em>Cr&iacute;tica cultural y sociedad</em>, del fil&oacute;sofo <strong>Theodor Adorno</strong>, donde se dec&iacute;a que escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz era un acto de barbarie. Como expresi&oacute;n de una imposibilidad o de una puerta a un universo poblado de posibilidades y, tambi&eacute;n, como medio de protesta. En 1980 se edit&oacute; <em>The Wit and Wisdom of Ronald Reagan</em> (El ingenio y la sabidur&iacute;a de Ronald Reagan). Fue publicado, en una tirada reducida y nunca reeditado, por Magic Records, un sello creado espec&iacute;ficamente para esta publicaci&oacute;n. Conten&iacute;a dos pistas, cada una de 20 minutos de duraci&oacute;n, dedicada una al ingenio y la otra a la sabidur&iacute;a del presidente mentado. Y, ya lo han adivinado, conten&iacute;an solo silencio. &nbsp;M&aacute;s recientemente, en 2025, m&aacute;s de mil artistas, entre ellos <strong>Kate Bush</strong>, <strong>Damon Albarn</strong> y <strong>Annie Lennox</strong>, firmaron una edici&oacute;n de Virgin Music Group en contra de la utilizaci&oacute;n pirata de sus obras en el entrenamiento de la I.A. Entre todos los t&iacute;tulos del disco se forma la frase: &ldquo;El gobierno brit&aacute;nico no debe legalizar el robo de m&uacute;sica para beneficiar a las compa&ntilde;&iacute;as de I.A.&rdquo; El &aacute;lbum se llama <em>Is This What We Want?</em> y no hay all&iacute; sonido alguno. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/1yUbRSEsj5ng38IpHpcLJt?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/silencio-furia_129_13119179.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 13:33:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/841a168b-a8b3-40dc-8895-e79e10db29c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="111901" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/841a168b-a8b3-40dc-8895-e79e10db29c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="111901" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El silencio y la furia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/841a168b-a8b3-40dc-8895-e79e10db29c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Woodstock,Jimi Hendrix,John Cage]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una relación íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" width="563" height="316" alt="Una relación íntima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La presencia de la emoción y el cuerpo en la relación de los músicos con sus instrumentos, a propósito del estreno del espectáculo “Historia contrabajo" y otras anécdotas sentimentales y sonoras. </p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Hubo un tiempo muy lejano en que los instrumentos musicales no se conoc&iacute;an entre s&iacute;. Cada familia viv&iacute;a separada de las otras, y, verdaderamente, era una l&aacute;stima&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El actor </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan Carlos Thorry</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le daba su voz, as&iacute;, al relato de la obra musical</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> P&iacute;colo, Saxo y Compan&iacute;a</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con la que muchos de quienes vivimos nuestra infancia en los a&ntilde;os 1960/70 nos acercamos por primera vez a la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Fue parte de la educaci&oacute;n sentimental de las generaciones X y Baby Bommers. Recuerdo ese texto como un poema que, de tanto repetirlo, se te graba. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Fueron los peque&ntilde;os violines quienes, por casualidad, descubrieron que no eran los &uacute;nicos instrumentos en el Reino de la m&uacute;sica&rdquo;, segu&iacute;a Thorry. &ldquo;Un d&iacute;a, muy entusiasmados, fueron a buscar al abuelo Contrabajo: Abuelo, abuelo -dijeron los Violines-, &iquest;a que no sabes qu&eacute; pasa?&hellip; Est&aacute;bamos paseando y, de pronto, en la otra orilla del r&iacute;o, vimos unos instrumentos que no se nos parecen en nada, pero hablan una m&uacute;sica muy bonita&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; que solo se tratar&iacute;a de cruzar el r&iacute;o, para conocerse, intercambiar impresiones y entenderse. Lo escuchamos tantas veces en el tocadiscos de marca Continental junto a mis dos hermanas, que lleg&oacute; un momento en que la fritura que produc&iacute;a la p&uacute;a sobre el long play rayado sonaba m&aacute;s fuerte que la m&uacute;sica. Era algo usual que ocurr&iacute;a entonces por la delicadeza de los discos.</span>
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica no s&oacute;lo se escucha y aprende con los o&iacute;dos sino con todo el cuerpo, como ense&ntilde;an las maestras en las aulas. Bailando, saltando, marchando, moviendo cabezas, tronco, cadera, brazos y piernas. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En 1957, en su apogeo pleno como compositor, el autor franc&eacute;s </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Andr&eacute; Popp</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1924-2014) cre&oacute; una obra sinf&oacute;nica para iniciar al p&uacute;blico infantil en la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Puso manos a la obra y con su amigo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jean Broussolle </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">crearon el cuento musical mencionado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La evocaci&oacute;n surgi&oacute; la noche de la semana pasada en que fui al estreno del espect&aacute;culo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Historia contrabajo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en el que con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>C&eacute;sar Brie</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, su sobrino Pablo cuenta c&oacute;mo es andar por la vida con semejante instrumento. Y, por supuesto, Lo primero que nos cuenta el m&uacute;sico y actor es que el contrabajo es una pesada carga, un armatoste que adem&aacute;s de su belleza sonora, da&nbsp;mucho trabajo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El rechazo&nbsp;a trasladarlo de los choferes de bondis, taxis y remises, la pregunta insistente sobre porqu&eacute; no eligi&oacute; tocar la flauta, la otra sobre la potencial funci&oacute;n del instrumento de alojar a los muertos en su interior, como si fuera el caj&oacute;n de una funeraria, son algunos de los temas que se desarrollan con m&uacute;sica y humor en el subsuelo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El camar&iacute;n de las musas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Roberto es gordo, macizo y picaflor: galante con la trompeta, acaramelado con la tuba, se hace el chistoso con la viola y el seductor con las damas con su mole imponente y su voz de bajo. Para empeorar las cosas, le gusta viajar. Si no hay coche nos vamos en bus y si en bus no se puede viajamos en cami&oacute;n&rdquo;. Roberto nunca va solo, con &eacute;l viaja Pablo, flaco, debilucho, el que se ocupa de horarios, boletos, asientos, reservas. Roberto es harag&aacute;n, el contrabajista lo carga, lo sube, lo baja, lo cuida, lo viste, lo afina&ldquo;. El ejecutante del cord&oacute;fono ha sufrido de tendinitis, se ha peleado con colectiveros, conductores y azafatas, ha llegado tarde contra su voluntad a los ensayos y conciertos: &rdquo;El gordo va con el equipaje&ldquo;, lo discriminan. -&rdquo;Pero si le pagu&eacute; el boleto&ldquo;, se sorprende su protector.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"> Los sufrimientos terminan cuando la m&uacute;sica comienza. Si Pablo toca y Roberto canta, todo lo dem&aacute;s deja de existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pablo abraza a su compa&ntilde;ero, y lo convierte en personaje de un espect&aacute;culo que, &eacute;l dice, tiene cuerda para rato.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La relaci&oacute;n de los m&uacute;sicos con sus instrumentos es s&uacute;per &iacute;ntima, de cuerpo y alma, suponiendo que &eacute;sta existe. A su viol&iacute;n Guarneri,&nbsp;</span><strong>Niccol&ograve; </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paganini</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> lo llamaba &ldquo;Il Cannone&rdquo; por su potencia y resonancia. Su ejecutante estaba tan enamorado de &eacute;l, se dice, que lo llamaba &ldquo;mi esposa&rdquo;. Lo cuidaba con obsesi&oacute;n y ten&iacute;a ataques de ansiedad cuando se separaban. Era tan exigente cuando interpretaba una obra que sol&iacute;a romperle las cuerdas para seguir tocando.&nbsp;En su lecho de muerte, pidi&oacute; que los enterraran juntos. Se lo llevaron, toc&oacute; una pieza y dio su &uacute;ltimo suspiro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jimi Hendrix</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ten&iacute;a una relaci&oacute;n apasionada y er&oacute;tica con su guitarra Fender Stratocaster: la tocaba con los dientes, la espalda, y hasta la incendi&oacute; en el escenario durante los festivales de Woodstock y Monterrey. La viola del autor de &ldquo;Hey Joe&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">era una extensi&oacute;n de su cuerpo y de sus emociones y juntos crearon shows ic&oacute;nicos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Yo-Yo Ma</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hablaba de su chelo como de un &ldquo;amigo &iacute;ntimo&rdquo;. Cuando el instrumento se da&ntilde;aba, sent&iacute;a como si un ser querido hubiera sido herido.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Blackie, la famosa guitarra de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eric Clapton</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, era una Fender Stratocaster de 1956 a la que el m&uacute;sico consideraba su &ldquo;beb&eacute;&rdquo;. Cuando la vendi&oacute; en 2004, el autor de &ldquo;Layla&rdquo; recaud&oacute; millones de d&oacute;lares para su fundaci&oacute;n de rehabilitaci&oacute;n para adicciones. El centro de salud mental fue fundado por &eacute;l tras superar sus propias luchas y la p&eacute;rdida de su hijo, Conor, que inspir&oacute; la canci&oacute;n &ldquo;</span><a href="https://www.google.com/search?q=Tears+in+Heaven&amp;rlz=1C1CHZN_esAR991AR991&amp;oq=eric+clapton+fundacin&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIJCAEQIRgKGKABMgkIAhAhGAoYoAEyCQgDECEYChigAdIBCDU1NTlqMGo3qAIAsAIA&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8&amp;ved=2ahUKEwisyKKsxYuSAxV2GbkGHaKEE6AQgK4QegQIARAD" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Tears in Heaven</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es conocido por su estilo relajado y su bater&iacute;a es la &ldquo;mejor amiga&rdquo;. Dicen que el ritual de uno de los fabulosos cuatro antes de subir al escenario es hablar con ella.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El legendario saxofonista de jazz, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Charlie Parker</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, prolongaba su cuerpo en el saxo. Tocaba melod&iacute;as complejas sin mirar las notas, solo con la memoria muscular. Como escribi&oacute; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Julio Cort&aacute;zar</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en el cuento &ldquo;El perseguidor&rdquo;, del libro de 1959 </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las armas secretas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>,</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que lo evoca. &ldquo;Esto lo estoy tocando ma&ntilde;ana&rdquo; dice un ficticio Johnny Carter. Metaforiza as&iacute; &nbsp;la relaci&oacute;n del refinado solista con su instrumento tenor, el tiempo, la creaci&oacute;n y una dimensi&oacute;n existencial m&aacute;s all&aacute; de la ordinaria. De ese modo, el escritor amante del jazz, que emple&oacute; las caracter&iacute;sticas de este g&eacute;nero en su literatura, revela que el arte permite experimentar el futuro como un presente eterno a trav&eacute;s del cuerpo.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 13:11:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" length="55300" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" type="image/jpeg" fileSize="55300" width="563" height="316"/>
      <media:title><![CDATA[Una relación íntima]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" width="563" height="316"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jimi Hendrix,Eric Clapton]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jimi Hendrix, más allá del "showman" que tocaba la guitarra con los dientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jimi-hendrix-showman-tocaba-guitarra-dientes_1_8625696.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jimi Hendrix, más allá del &quot;showman&quot; que tocaba la guitarra con los dientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista musical español Jesús Ordovás aborda en una biografía la vida del guitarrista más salvaje de la historia.</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que <strong>Jimi Hendrix</strong> se interes&oacute; por la m&uacute;sica fue a los 10 a&ntilde;os. Ya entonces hac&iacute;a como que tocaba las cuerdas con el palo de la escoba y su padre, que no sab&iacute;a nada de acordes, decidi&oacute; comprarle una guitarra ac&uacute;stica de verdad. Al a&ntilde;o siguiente lleg&oacute; la el&eacute;ctrica. Nunca recibi&oacute; clases ni tuvo a nadie cercano que le sirviera de instructor. Su conocimiento fue adquirido escuchando discos de Elmore James, en funciones religiosas y observando a los guitarristas de&nbsp;<em>rhythm and blues</em>&nbsp;que pasaban por su ciudad natal. Aun as&iacute;, acab&oacute; desarrollando una maestr&iacute;a que a&ntilde;os despu&eacute;s le alzar&iacute;a como una de las grandes revoluciones de la m&uacute;sica rock en la segunda mitad de los 60.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero para entender al cantante primero hay que comprender el lenguaje que aprendi&oacute;. Es lo que descubre el libro&nbsp;<em>Jimi Hendrix: el salvaje,&nbsp;</em>publicado originalmente solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del guitarrista, en 1970, y&nbsp;<a href="https://www.lalinternasorda.com/jimi.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reeditado ahora por La Linterna Sorda</a>&nbsp;en Espa&ntilde;a para recuperar la que es una de sus biograf&iacute;as m&aacute;s completas. Su autor es el veterano periodista Jes&uacute;s Ordov&aacute;s, responsable de numerosos libros sobre algunos de los artistas m&aacute;s relevantes de la historia y director de programas musicales en Radio 3 y TVE.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fue uno de los grandes, como Bob Dylan o los Beatles. Me dediqu&eacute; a buscar toda la documentaci&oacute;n que pod&iacute;a conocerse acerca de Jimi Hendrix y, con todo ese material, empec&eacute; a escribir un libro que acab&oacute; teniendo 12 ediciones&rdquo;, explica Ordov&aacute;s en una entrevista v&iacute;a telef&oacute;nica a elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Su obra comienza contando que Jimi Hendrix naci&oacute; en un gueto de Seattle (Washington, EEUU), el 27 de noviembre de 1942. Su padre era jardinero al servicio de familias blancas y su madre muri&oacute; cuando era un ni&ntilde;o. Empez&oacute; a ir a la escuela, pero su progenitor no pod&iacute;a pagarle los estudios y tuvo que abandonarla a los 16 a&ntilde;os para ganarse la vida. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica en su hogar no era precisamente la mejor, sobre todo con la llegada del invierno y la ausencia de hierba que cortar. Lo que nunca abandon&oacute; fue su guitarra.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5f7670dd-6d41-4e2e-be4c-e15438c5583b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Jimi Hendrix actuando en 1970, el mismo año de su muerte"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Jimi Hendrix actuando en 1970, el mismo año de su muerte                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s se dedic&oacute; a robar coches para fardar con su guitarra y ligar con chicas. La polic&iacute;a le pill&oacute; un par de veces y a la tercera ya le condenaron, pero le permitieron librarse de la c&aacute;rcel alist&aacute;ndose en el Ej&eacute;rcito. Era una manera que ten&iacute;an los norteamericanos de conseguir soldados para ir a la guerra de Vietnam&rdquo;, apunta el bi&oacute;grafo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su estancia en la divisi&oacute;n de paracaidistas no dur&oacute; demasiado e incluso lleg&oacute; a fingir ser homosexual para provocar su expulsi&oacute;n, pero el tiempo all&iacute; sirvi&oacute; para estrechar lazos con diversos m&uacute;sicos de rock y blues a los que posteriormente se unir&iacute;a para recorrer el sur de Estados Unidos. &ldquo;Aprendi&oacute; c&oacute;mo hay que estar en un escenario para no aburrir a la gente. Adem&aacute;s de hacer virguer&iacute;as y tocar muy bien la guitarra, ten&iacute;a que ser un <em>showman</em>. Por eso hizo cosas como tocar la guitarra con los dientes, cruzada por la espalda, a hacer malabarismos...&rdquo;, enumera Ordov&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hendrix acompa&ntilde;&oacute; a grandes personalidades del panorama musical norteamericano, como a la banda The Isley Brothers o al m&iacute;tico Little Richard. Pero su acogida no fue la mejor. &ldquo;Casi siempre le echaban de todos los grupos importantes porque no quer&iacute;an que les eclipsara, ya que todo el mundo se fijaba en &eacute;l&rdquo;, observa el escritor.
    </p><h3 class="article-text"><strong>De clubs de mala muerte al estrellato</strong></h3><p class="article-text">
        Lo curioso es que Hendrix no alcanz&oacute; el estrellato en su pa&iacute;s natal. Tuvo que cruzar un oc&eacute;ano para conseguirlo. &ldquo;En Estados Unidos tocaba en clubs de mala muerte donde con suerte asist&iacute;an 50 personas. Le miraban y pensaban: 'pues vaya, un loco tocando la guitarra con los dientes'&rdquo;, detalla Ordov&aacute;s. Todo cambi&oacute; cuando Chas Chandler, bajista original de The Animals y productor, acab&oacute; encandilado del guitarrista tras verlo actuar en un bar. As&iacute; comenz&oacute; su periplo en Inglaterra. El cantante solo puso una condici&oacute;n: que le presentaran a Eric Clapton. Y as&iacute; fue, pero no sali&oacute; como esperaban.
    </p><p class="article-text">
        El propio Clapton, entre risas, permiti&oacute; subir al escenario a aquel desconocido artista interesado en compartir espacio con algunos de los mejores m&uacute;sicos de Inglaterra integrados en el supergrupo Cream, como Ginger Baker o Jack Bruce. &ldquo;Entonces Hendrix se puso a tocar un blues que el propio Clapton hab&iacute;a intentado un mill&oacute;n de veces y que nunca hab&iacute;a podido tocar por su dificultad. El guitarrista brit&aacute;nico se qued&oacute; tan perplejo que acab&oacute; dejando el escenario, pensando que hab&iacute;a pasado de ser el dios de la guitarra a estar muerto musicalmente&rdquo;, destaca el bi&oacute;grafo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-TLV4_xaYynY-9129', 'youtube', 'TLV4_xaYynY', document.getElementById('yt-TLV4_xaYynY-9129'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-TLV4_xaYynY-9129 src="https://www.youtube.com/embed/TLV4_xaYynY?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Hendrix tambi&eacute;n llam&oacute; la atenci&oacute;n del que precisamente era uno de sus &iacute;dolos: Bob Dylan. Este le lleg&oacute; a definir como &ldquo;estratosf&eacute;rico&rdquo; y afirmaba que era &eacute;l quien hab&iacute;a hecho las mejores versiones de sus canciones, sobre todo&nbsp;<em>Like a Rolling Stone</em>&nbsp;y&nbsp;<em>All Along The Watchtower</em>. Esta &uacute;ltima, de hecho, pasar&iacute;a a la historia como uno de esos&nbsp;<em>covers </em>cuyo &eacute;xito har&iacute;a sombra incluso al tema original.
    </p><p class="article-text">
        Y a partir de ah&iacute; Hendrix comenz&oacute; una gira sin precedentes que le llev&oacute; a ser cabeza de cartel en festivales de todo el planeta, incluida la tierra donde inicialmente era visto con ojos extra&ntilde;os: Estados Unidos. &ldquo;Sobre todo es recordado por su actuaci&oacute;n en el festival de Woodstock, ya que fue el encargado de cerrarlo con la interpretaci&oacute;n del himno norteamericano versionado con la guitarra el&eacute;ctrica. Aquello fue su confirmaci&oacute;n mundial&rdquo;, considera Ordov&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso lleg&oacute; a Espa&ntilde;a, concretamente a la discoteca Sgt. Peppers de Mallorca. &ldquo;En su actuaci&oacute;n, como es habitual, no paraba quieto con la guitarra. Entonces en una ocasi&oacute;n la levant&oacute; con tanta fuerza que hizo un agujero en el techo de escayola. Lamentablemente alguien lo arregl&oacute;, pero ese agujero deber&iacute;a haber quedado ah&iacute; para la historia al igual que los disparos en el Congreso&rdquo;, comenta entre risas el periodista cultural.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-ezI1uya213I-7554', 'youtube', 'ezI1uya213I', document.getElementById('yt-ezI1uya213I-7554'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-ezI1uya213I-7554 src="https://www.youtube.com/embed/ezI1uya213I?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Aunque a veces se destaca el papel de <em>showman </em>de Hendrix, antes de fallecer le dio tiempo a demostrar que era, por encima de todo, un gran m&uacute;sico. &ldquo;Ten&iacute;a una personalidad distinta y fusionaba estilos como nunca nadie hab&iacute;a hecho. Nadie hab&iacute;a sido en el mundo del rock un guitarrista tan excepcional, con un bagaje de la mejor m&uacute;sica americana, del blues, del rock, del funk y que todo eso fuera expresado en canciones&rdquo;, recapitula el bi&oacute;grafo. A&ntilde;ade que es considerado tambi&eacute;n como&nbsp;&ldquo;el primer m&uacute;sico negro de rock en ser aceptado y en tener &eacute;xito mundialmente&rdquo;, ya que aunque Chuck Berry fue uno de los padres del g&eacute;nero &ldquo;no fue tan bien recibido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la muerte de Hendrix hay diferentes teor&iacute;as. El cantante de blues Eric Burdon, con quien dio su &uacute;ltimo concierto, dec&iacute;a que alg&uacute;n magnate habr&iacute;a ordenado envenenarlo despu&eacute;s de que el guitarrista perdiera el inter&eacute;s por hacer giras y codearse con discogr&aacute;ficas, haci&eacute;ndoles perder un negocio millonario. No obstante, la versi&oacute;n policial es otra. &ldquo;Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n parece lleg&oacute; a casa con su &uacute;ltima novia, tom&oacute; unas pastillas para conciliar el sue&ntilde;o y se acost&oacute;. Pero ingiri&oacute; m&aacute;s de las que deb&iacute;a y, cuando vomit&oacute; a lo largo de la noche, sigui&oacute; profundamente dormido. Acab&oacute; ahogado&rdquo;, culmina Ordov&aacute;s con la teor&iacute;a que seg&uacute;n &eacute;l es m&aacute;s convincente. Sus d&iacute;as acabaron en 1970 y con solo 27 a&ntilde;os, pero dejando tras de s&iacute; un legado musical que sigue siendo tan &uacute;nico como &eacute;l.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/jimi-hendrix-showman-tocaba-guitarra-dientes_1_8625696.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jan 2022 16:44:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="749167" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="749167" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jimi Hendrix, más allá del "showman" que tocaba la guitarra con los dientes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8c749b5d-4c7a-4921-b773-fd3ec865d480_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Música,Jimi Hendrix]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
