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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sex and the city]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sex-and-the-city/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sex and the city]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las cuentas claras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuentas-claras_129_12525593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81d6012d-3cd1-441e-a549-2cc9e6497aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las cuentas claras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la ficción del amor quiere ser de esta época, la época de la no ficción, tiene que hablar de clase, redes y capital cultural. Si el amor no dialoga con sus condiciones materiales, suena a fábula dicha en voz baja.</p></div><p class="article-text">
        <em>Amores materialistas</em>, la nueva comedia rom&aacute;ntica de <strong>Celine Song</strong> protagonizada por <strong>Dakota Johnson</strong>, <strong>Chris Evans</strong> y <strong>Pedro Pascal</strong>, est&aacute; situada en alg&uacute;n sentido en la misma Nueva York de <em>Sex and the City</em>, ese mismo mundo de brillo y belleza en el que cada soltero codiciado quiere intentar entender exactamente <em>cu&aacute;n</em> codiciado es (la pel&iacute;cula repite varias veces en sus di&aacute;logos el leitmotiv de la relaci&oacute;n entre el amor y el valor: ser amado es ser valorado, sentirse valioso es sentirse amado, saber tu valor es saber qu&eacute; esperar en el amor), pero es una pel&iacute;cula para esta &eacute;poca, la &eacute;poca de la no ficci&oacute;n. Los editores que trabajaban ya en los 80 no pueden creer hoy que la no ficci&oacute;n le haga tanta competencia a la ficci&oacute;n en la literatura para adultos; la gente, m&aacute;s que comentar telenovelas, comenta informaci&oacute;n (sobre alimentaci&oacute;n, sobre bacterias, sobre accidentes a&eacute;reos, sobre lo que sea); hasta los ni&ntilde;os, que hist&oacute;ricamente solo consum&iacute;an relatos ficcionales, hoy quieren ver videos de influencers o de otros ni&ntilde;os abriendo regalos. Creo que es fundamentalmente esta diferencia la que hace que eso que est&aacute; impl&iacute;cito en<em> Sex and the City</em> est&eacute; dicho ya en el t&iacute;tulo de <em>Amores materialistas</em>. La forma contempor&aacute;nea de hablar del amor es, justamente, la de hablar de sus condiciones materiales m&aacute;s que de las fantas&iacute;as en torno de ellos; toda ficci&oacute;n sobre el amor que se pretenda actual debe tener alguna reflexi&oacute;n sobre estas condiciones. No s&eacute; si estoy a favor, de hecho, quiz&aacute;s estoy en contra, pero es lo que es; estoy describiendo, m&aacute;s que haciendo un juicio de valor.
    </p><p class="article-text">
        De las dificultades para el encuentro de las que se habla hoy en d&iacute;a suelo subestimar la cuesti&oacute;n del dinero, que es el tema central de <em>Amores materialistas</em>. Supongo que es un sesgo de contexto: a mi alrededor (no s&eacute; si algo argentino, algo latinoamericano, algo porte&ntilde;o; algo de sociedad segregada, evidentemente) la gente con plata suele salir con otra gente con plata, y la gente menos pudiente tiende a salir con gente de ese mismo nivel de ingreso. De modo que el dinero, si bien es un tema enorme (en la Argentina siempre lo es), no funciona como problema como parece funcionar en<em> Amores materialistas</em>; no veo a ninguna de mis amigas demasiado esperanzadas de ascender socialmente a trav&eacute;s del matrimonio, aunque evidentemente esta esperanza es bastante real en Nueva York. Pero incluso si no lo fuera, creo que <em>Amores materialistas</em> tiene un punto que va m&aacute;s all&aacute; de esa posibilidad de salvarse cas&aacute;ndose con un rico. Lo m&aacute;s notable del personaje de Lucy (Dakota Johnson), la casamentera transida entre el millonario Harry (Pedro Pascal) y el mozo-actor John, es lo profundamente fr&iacute;a que es: pensar a las parejas en t&eacute;rminos de listas de compatibilidades econ&oacute;micas, sociales y culturales le ha arruinado la vida, la mente y el coraz&oacute;n. Es tan fr&iacute;a que es casi imposible empatizar e identificarse con ella como solemos hacer con las hero&iacute;nas de las comedias rom&aacute;nticas, pero en el fondo es esa frialdad lo que quiere contar la pel&iacute;cula. 
    </p><p class="article-text">
        No es posible, nos dice Celine Song, pasarse la vida calculando el valor de las personas y luego parpadear y darse al amor sin hacer cuentas. Estamos equivocados si pensamos que podemos compartimentar el alma de esa manera y tenerlo todo, la matem&aacute;tica y el calor. Creo que es eso lo que m&aacute;s me sedujo de la pel&iacute;cula: en las novelas de <strong>Jane Austen</strong> la hero&iacute;na logra siempre enamorarse del rico y de alguna manera hacer una s&iacute;ntesis de las dos partes de la vida, lo que quer&eacute;s y lo que te conviene. Doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s, Song sabe que es muy dif&iacute;cil, no porque el mundo no te pueda dar esos lujos: es porque es la propia subjetividad la que no sale indemne de esa inundaci&oacute;n permanente de c&aacute;lculos de costo-beneficio. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuentas-claras_129_12525593.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Aug 2025 03:02:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las cuentas claras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sex and the city,Amores materialistas,Jane Austen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin del amor en Manhattan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-manhattan_129_11306048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6e27462-f1f5-427a-b995-92dbef329c60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin del amor en Manhattan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras intentamos aprender a ser mejores y no repetir los noventa podríamos al menos tomar de ellos la lección de la liviandad, y repetirlos más como farsa y con menos hambre de tragedia. </p></div><p class="article-text">
        Vi <em>Sex and the City</em> varias veces en la vida; la primera, salteada, como ve&iacute;amos en las series en los 90, cuando agarraba alg&uacute;n cap&iacute;tulo en el canal de Cosmopolitan; de adolescente ya en la etapa de los DVDs, despu&eacute;s en torrents y ahora la estoy viendo en Netflix, junto a mi novio que la est&aacute; mirando por primera vez (y que tiene de poca a nula informaci&oacute;n previa sobre el asunto). Para m&iacute; es entonces algo as&iacute; como el tercer encuentro con la serie, pero es el primero teniendo la edad de sus protagonistas; es el primero, tambi&eacute;n, desde que escrib&iacute; un libro de ensayos sobre sexo en la ciudad, y tambi&eacute;n el primero desde que tengo una columna semanal. Yo no vivo en Nueva York y escribir sin dudas no paga lo que pagaba en esa &eacute;poca, as&iacute; que no uso esa ropa ni llevo ese tren de vida; pero fuera de eso, realmente, para bien o para mal, poca gente debe tener m&aacute;s n&uacute;meros que yo en el bingo de ser Carrie Bradshaw.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; y todo, yo esperaba que la serie se me viera un poco m&aacute;s vieja; incluso que me resultara aburrida, como me pasa con muchas cosas que recuerdo con cari&ntilde;o pero ya no me causan gracia veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, o si me causan gracia es por buena voluntad, pero no me resuenan, ni me hablan de mi vida y mi mundo; nada m&aacute;s lejos de lo que sucedi&oacute;. Los primeros minutos de Sex and the City cuentan la historia de una periodista brit&aacute;nica que emigra a Nueva York y conoce a un tipo que trabaja en inversiones en la apertura de una muestra en una galer&iacute;a de arte: se enamoran perdidamente, conocen a los mutuos amigos e incluso empiezan a ver casas para mudarse juntos. La noche en que &eacute;l iba a presentarle a sus padres ella est&aacute; trabajando y &eacute;l la llama: que su madre se siente mal, que lo dejan para otro d&iacute;a, otro d&iacute;a que finalmente nunca llega. &Eacute;l la va dejando de llamar, ella se da cuenta y le pide explicaciones, pero es evidente que el tipo no piensa volver a verla. &ldquo;No entiendo&rdquo;, le cuenta ella llorando a Carrie, &ldquo;en Londres, mirar casas juntos hubiera significado algo&rdquo;. Pobre, dice Carrie en off: &ldquo;nadie le avis&oacute; a esta chica del fin del amor en Manhattan&rdquo;. Lo &uacute;nico de todo esto que queda viejo es lo de poder comprarse una casa; lo dem&aacute;s, sencillamente, es la historia de lo que hoy llamamos <em>ghosteo</em>, eso que la gente de cincuenta te dice que en su &eacute;poca no exist&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Mi novio, entonces, que ve la serie por primera vez y tampoco tiene mucha idea del impacto cultural que tuvo <em>Sex and the City</em> en la generaci&oacute;n de chicas que la vieron, me pregunta si las cosas fueron <em>siempre</em> as&iacute; o si efectivamente hoy una serie de los 90 nos resuena m&aacute;s de lo que nos hubiera resonado en 2008 no solo porque ahora tengamos los treinta y pico que tienen los personajes, sino sobre todo porque hay un regreso de ciertos valores &eacute;ticos y est&eacute;ticos. Creo que tiene algo de raz&oacute;n; lo pens&eacute;, sobre todo, porque m&aacute;s o menos por los mismos d&iacute;as en que subieron <em>Sex and the City</em> a Netflix se cumplieron doce a&ntilde;os del primer episodio de Girls, la serie de Lena Dunhan en HBO que tambi&eacute;n segu&iacute;a la vida de cuatro solteras, pero ya en una Nueva York m&aacute;s <em>woke</em> y post crack financiero de 2008; post Giuliani y post gentrificaci&oacute;n tambi&eacute;n, una Nueva York en la que por primera vez en d&eacute;cadas, probablemente, los hijos estaban ganando menos que los padres y consumiendo los recursos familiares en lugar de multiplicarlos. El dinero me pareci&oacute; siempre la diferencia m&aacute;s central entre una serie y la otra, pero ahora que veo <em>Sex and the City</em> me doy cuenta de que es m&aacute;s una cuesti&oacute;n de acentos: anoche, sin ir m&aacute;s lejos, vi un cap&iacute;tulo en el que a Carrie le cortan la tarjeta y decide quedarse en casa el viernes a la noche porque no le dan los fondos para andar comiendo afuera hasta que una amiga medio escort la llama y le dice que le va a invitar todo, que no se preocupe (lo de tener amigas medio escort, tambi&eacute;n: mucho m&aacute;s probable ahora que en 2010). <em>Sex and the City</em> hablaba de un mundo m&aacute;s pr&oacute;spero, es cierto; pero tambi&eacute;n de un mundo donde se tematizaban ciertas cosas y no otras, un mundo en el que ser un artista medio empobrecido no ten&iacute;a ning&uacute;n glamour porque lo &uacute;nico que ten&iacute;a glamour era el glamour; pienso que tanto all&aacute; en los a&ntilde;os de Obama como aqu&iacute; en los del kirchnerismo fue distinta nuestra relaci&oacute;n simb&oacute;lica con el derroche y con la frivolidad, y que probablemente eso tambi&eacute;n se vea en nuestras relaciones sexoafectivas. Se pod&iacute;an producir las mismas atrocidades, las mismas banalidades, las mismas desconexiones y los mismos ego&iacute;smos, pero nadie estaba orgulloso de eso; al menos hab&iacute;a que actuar otra cosa. Tambi&eacute;n hab&iacute;a otra relaci&oacute;n con la sinceridad, sobre todo en lo que respecta a las desigualdades. Seguramente hab&iacute;a tantos mantenidos en Nueva York en 1990 como en 2010 (o un n&uacute;mero suficientemente parecido, sobre todo entre artistas y <em>creative types</em>), pero parte del ethos millennial tiene que ver con ponerlo sobre la mesa: en el primer cap&iacute;tulo de <em>Sex and the City</em> hay un <em>ghosteo</em>, entonces, y un sinceramiento sobre las mil desventuras que tienen que atravesar las mujeres en Manhattan; el primer cap&iacute;tulo de Girls, en cambio, muestra a los padres de la protagonista Hannah Horvath diciendo que se cansaron de pasarle plata para que juegue a ser escritora y va a tener que encontrarse un trabajo de verdad. El sinceramiento, en <em>Girls</em>, es m&aacute;s sobre la buena suerte que sobre la mala, y ah&iacute; radican en parte su grandeza, su inteligencia y su sutileza para pintar una &eacute;poca y una subjetividad.
    </p><p class="article-text">
        Pienso otra cosa, tambi&eacute;n, y es que el tercer cambio principal de <em>Sex and the City</em> a <em>Girls</em>, adem&aacute;s del empobrecimiento del mundo y la autoconciencia del privilegio, es el tono. <em>Girls</em> jam&aacute;s es solemne, pero sus personajes a veces s&iacute; lo son: <em>Girls</em> habla de la famosa generaci&oacute;n de cristal (la m&iacute;a), las que nos tomamos cada desencuentro amoroso como una desgracia transatl&aacute;ntica, las que queremos tener tres novios por semana y llorarlos como las chicas de las novelas lloran a maridos muertos despu&eacute;s de cuatro d&eacute;cadas de matrimonio. <em>Sex and the City</em> empieza con una historia de <em>ghosteo</em>, y una chica llorando por eso (a la que no se trata de tonta ni de loca), es cierto; pero la serie se r&iacute;e de eso, y todo indica que la chica <em>ghosteada </em>se estar&aacute; riendo pronto tambi&eacute;n. Supongo que mientras intentamos aprender a ser mejores y no repetir los noventa podr&iacute;amos al menos tomar de ellos la lecci&oacute;n de la liviandad, y repetirlos m&aacute;s como farsa y con menos hambre de tragedia. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-manhattan_129_11306048.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Apr 2024 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sex and the city,Series,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La era de los vacunados: Sex and the Jackie Smith]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunados-sex-and-the-jackie-smith_129_8639930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a53ab62-4050-423c-900c-063cece413b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La era de los vacunados: Sex and the Jackie Smith"></p><p class="article-text">
        Un virus que necesita de los cuerpos traslad&aacute;ndose y cuerpos que necesitan de otros cuerpos para sobrevivir porque hay una econom&iacute;a atada con alambre que no conoce el home office.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; podr&iacute;a comenzar el relato en <em>off</em> de la segunda parte de una saga f&iacute;lmica llamada &ldquo;Pandemia, la era de los vacunados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Restaurantes atestados, fiestas en casas, reuniones en quintas con pileta, boliches estallados, plazas tur&iacute;sticas desbordadas, entre otros amontonamientos advirtieron el disparo del n&uacute;mero de contagiados de Covid.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las playas de la Costa argentina repletas durante la tercera ola, que batió el récord de más de 100.000 casos diarios.                            </span>
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        Pero tambi&eacute;n de un despegue econ&oacute;mico&nbsp;que el Gobierno necesitaba despu&eacute;s del duro golpe asestado en las urnas en noviembre. Con un elevado porcentaje de vacunados, el oficialismo parece haber tomado nota del alt&iacute;simo precio que pag&oacute; all&aacute; lejos, en marzo del 2020, cuando contrapuso salud versus&nbsp;econom&iacute;a d&aacute;ndose de bruces con una realidad latente: pocos con mucha espalda y demasiados al borde de la lona.
    </p><p class="article-text">
        Los 10 millones present&aacute;ndose a cobrar el IFE fueron un cachetazo: la Argentina monotributista estaba ah&iacute; desnuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La misma que hoy se vacuna sin chistar para continuar tejiendo una red que le permita no caer en el abismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, en muchos casos, hasta so&ntilde;ar con levantarse como L&aacute;zaro, el muerto revivido.
    </p><p class="article-text">
        Es que desde hace tiempo se cree en el emprendedurismo a la hora del milagro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los 10 millones presentándose a cobrar el IFE fueron un cachetazo: la Argentina monotributista estaba ahí desnuda. La misma que hoy se vacuna sin chistar para continuar tejiendo una red que le permita no caer en el abismo</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Sex and the Jackie Smith</strong></h3><p class="article-text">
        Si algo heredamos de la d&eacute;cada del '90 ha sido el cuentapropismo, sostenido inc&oacute;lume a trav&eacute;s de los a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del planificado al <em>buscavidas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Del remis a la cancha de paddle, del parripollo a la fabricaci&oacute;n de tortas,&nbsp;para llegar, por segunda vez, a la alimentaci&oacute;n sana: de la comida macrobi&oacute;tica del siglo pasado a los innumerables locales que venden semillas de ch&iacute;a y s&eacute;samo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De ser due&ntilde;o de una mini pyme a manejar un Uber. Sin olvidarnos de lo que ya es indispensable, las manicuras y las expertas en belleza que elongan pesta&ntilde;as y arquean cejas dej&aacute;ndonos listas para emular a cualquier cantante latina.
    </p><p class="article-text">
        En muchos casos, mujeres m&aacute;s adaptadas a sobrevivir en los tiempos que corren que las ex chicas &ldquo;Sex and the city&rdquo; encerradas en un tupper durante la &uacute;ltima d&eacute;cada y listas para salir adultas pero p&eacute;rdidas en &ldquo;And just like that&rdquo; su modelo 2021.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una versi&oacute;n que no ha sabido representar bien el madurar de las generaciones nacidas entre los '60 y '70, las que aprendieron a flexibilizarse sin perder cierta dureza.
    </p><p class="article-text">
        Porque &ldquo;sobrevivir'' y&nbsp;luego &rdquo;aspirar&ldquo; es una rueda en la cual ya somos expertas y expertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tabla de salvaci&oacute;n mental que nos permite ir de crisis en crisis.
    </p><p class="article-text">
        Basta ver las colas para testearse compitiendo con las filas para comprar una cartera para entender que estamos todos dispuestos a sobrevivir consumiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cual le da aire al gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Jackie Smith es la marca que hoy muchas mujeres desean colgarse de sus hombros como s&iacute;mbolo de <em>llegar</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque las tarjetas de cr&eacute;dito muchas veces est&aacute;n detonadas y nunca nadie sabe d&oacute;nde queda exactamente esa puerta vip de llegada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Porque &quot;sobrevivir&#039;&#039; y luego &quot;aspirar&quot; es una rueda en la cual ya somos expertas y expertos. Una tabla de salvación mental que nos permite ir de crisis en crisis</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>Lo artesanal &nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        Si nos remontamos un par de a&ntilde;os atr&aacute;s&nbsp;cuando el entonces candidato oficialista a senador por la provincia de Buenos Aires, Esteban Bullrich, propuso -ante los despidos de una empresa bonaerense- &ldquo;abrir cervecer&iacute;as artesanales&rdquo; comprenderiamos que aquel consuelo- que inst&oacute; a que sus contrincantes se burlaran- encerraba en el fondo una de las verdades que el peronismo deber&iacute;a sumar a las 20 pronunciadas por Juan Domingo: hay sobreadaptaci&oacute;n a la precariedad en la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Millones de pilotos de tormentas de sus propias vidas ya no temen inventarse subsistencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso en aquel momento los dichos a Bullrich no le costaron votos, pero s&iacute; le cobraron el encierro a este gobierno durante la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Es que sumado a lo percibido como injusto - el vip de las vacunas salvadoras o el &ldquo;cumplea&ntilde;os&rdquo; en tiempos de cierre duro -&nbsp;la cuarentena implic&oacute;, como si fuera poco, dolor de bolsillo.
    </p><p class="article-text">
        El desgarro intolerable para nuestro cuerpo social.
    </p><p class="article-text">
        Ese que a&uacute;n necesita de la cercan&iacute;a: desde el que trabaja de ponerle cloro a la pileta hasta el que vende un par de zapatos en la vereda. O los que dan clases de zumba en el parque, costumbre que muchos suplicamos retome su &aacute;mbito natural, el gimnasio.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La conversaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Frente a este panorama, el tema que mantiene entretenidos a los m&aacute;s politizados del electorado, la &ldquo;Gestapogate&rdquo; deber&iacute;a tambi&eacute;n leerse con menos entusiasmo en el oficialismo. Es que el esc&aacute;ndalo, para una buena parte de la sociedad pasa s&oacute;lo por dejar expuesta una guerra entre halcones y palomas opositoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya que lo se escucha en esa conversaci&oacute;n, grabada sin consentimiento, &ldquo;crear una Gestapo para perseguir a referentes gremiales&rdquo; -dicha sin prejuicios por el ex ministro de trabajo de la provincia de Buenos Aires, Marcelo Villegas- es mucho menos traum&aacute;tica de lo que se imaginan para un amplio sector de los votantes.
    </p><p class="article-text">
        Es que el mundo sindical est&aacute; cada vez m&aacute;s reducido en este nuevo panorama del trabajo,&nbsp;donde peque&ntilde;as pymes con menos de 20 empleados siguen siendo grandes generadoras de empleo y el <em>monotributismo </em>es una pesadilla que parece instalada.
    </p><p class="article-text">
        Sucede que a la formalidad de anta&ntilde;o se le contrapone hoy situaciones inusitadas: felicidad por vivir al borde. Al menos no nos ca&iacute;mos.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada un chico comparti&oacute; su estallido de emoci&oacute;n al recibir la mochila de Rappi, conmoviendo con su alegr&iacute;a a cientos de miles de usuarios en todas las redes sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si, una mochila de repartidor de los que corren m&aacute;s que Forrest Gump fue recibida con l&aacute;grimas de gratitud.
    </p><p class="article-text">
        El cine futurista de los ochenta se qued&oacute; corto.
    </p><p class="article-text">
        El futuro lleg&oacute; y no es como el que preve&iacute;a Marty Mc Fly.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pasi&oacute;n de multitudes</strong>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/testeo-dudas-mar-plata-explota-salida-playa-satura-centros-diagnostico_1_8637930.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La pasi&oacute;n por amucharse en este pa&iacute;s tambi&eacute;n va de la mano de otra costumbre muy nacional</a>: empezar a levantar la econom&iacute;a trampeando un poquito al Estado mientras este mira para otro lado por un ratito. La imperiosidad de poner en marcha el motor del consumo desplaza a la necesidad de imponer prolijidades. Al menos por un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo es el PreViaje.
    </p><p class="article-text">
        Ante los resquemores a la hora de viajar al exterior - tanto por los inconvenientes sanitarios como por un d&oacute;lar alto que hace muy dif&iacute;cil costear las traves&iacute;as -, el turismo local vive su momento festivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero para muchos viajeros que preve&iacute;an utilizar el tan conveniente programa lanzado por la Secretar&iacute;a de Turismo al mando de Matias Lammens, en muchas zonas se les hace imposible de usufructuar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es que el efectivo sigue siendo un tesoro invaluable y libre de acecho fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Casi como en ese 2002, donde parte del contrato social para renacer de las cenizas fue &ldquo;dejar hacer&rdquo; hasta mejores tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Ese signo de &eacute;poca casi calcado hoy pone a Alberto Fernandez en el momento m&aacute;s duhaldista de su gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Primero vamos a coser el pa&ntilde;o deshilachado y despu&eacute;s<em> vemos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pasemos de la pandemia sin vacunas a los vacunados intentando normalizar sus vidas.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Remake</strong></h3><p class="article-text">
        El arte de hacer una remake no es para cualquiera. Ni siquiera para un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En 2002 se estren&oacute;&nbsp;&ldquo;Swept away&rdquo; de la mano del talentoso director Guy Ritchie.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Swept Away, la remake de Guy Ritchie y protagonizada por Madonna, Adriano Giannini y Bruce Greenwood."
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            <span class="title">
                Swept Away, la remake de Guy Ritchie y protagonizada por Madonna, Adriano Giannini y Bruce Greenwood.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Madonna y Adriano Giannini intentaron emular al padre de este, Giancarlo y a Mariangela Melato en el film &ldquo;Ins&oacute;lito destino&rdquo; de la inmensa cineasta italiana - recientemente fallecida- Lina Wertm&uuml;ller.
    </p><p class="article-text">
        Pero la nueva adaptaci&oacute;n de la lucha de clases bajo el sol en una isla paradis&iacute;aca, al igual que los protagonistas de la pel&iacute;cula, naufragaron en el intento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una escena de &quot;Insólito destino&quot; de Lina Wertmuller                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Algo similar pasa hoy con nuestro <em>ins&oacute;lito destino</em>.
    </p><p class="article-text">
        Durante otro enero pero 20 a&ntilde;os atr&aacute;s, Marcelo y Susana Wakstein junto a sus hijos adolescentes decidieron pasar las vacaciones en el hall de un banco, llevando reposeras, pelotas, lona y hasta un balde y palita para jugar en la arena.
    </p><p class="article-text">
        La plata de sus ahorros hab&iacute;a quedado atrapada en el corralito, motivo por el cual optaron por otra manera de tomarse vacaciones: reclamando.
    </p><p class="article-text">
        De manera original y graciosa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy los que pasan&nbsp;vacaciones inauditas son otros. Los atrapados durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os en el corralito del virus.
    </p><p class="article-text">
        Esos que hoy durante varias horas esperan ser hisopados frente al mar mientras se amontonan y protestan contra los colapsados trabajadores, de la salud. Los mismos que eran aplaudidos a las 21 horas religiosamente hace un a&ntilde;o cuando &ldquo;de est&aacute; tragedia sal&iacute;amos mejores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero nosotros, al igual que &ldquo;Swept away&rdquo;, en esta nueva versi&oacute;n tambi&eacute;n hacemos agua.
    </p><p class="article-text">
        <em>LA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lorena Alvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunados-sex-and-the-jackie-smith_129_8639930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jan 2022 03:04:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La era de los vacunados: Sex and the Jackie Smith]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[epidemia,Vacunas,Vacunatorio VIP,Sex and the city,And just like that]]></media:keywords>
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