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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Woodstock]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Woodstock]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El silencio y la furia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/silencio-furia_129_13119179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/841a168b-a8b3-40dc-8895-e79e10db29c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El silencio y la furia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Woodstock y el ruido. Woodstock y lo que había sonado en 4 minutos y algo más en que no había sonado nada. Y, antes y después, una historia silenciosa que va desde Alphonse Allais y su “Marcha fúnebre para un gran hombre sordo” y el futuro imaginado por Erwin Schulhoff a Jonn Lennon y Yoko Ono, Wilco y más de 1000 artistas ingleses protestando contra la I.A. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        El <em>Festival de M&uacute;sica y Arte</em> de Woodstock, anunciado como &ldquo;una exposici&oacute;n de Acuario: tres d&iacute;as de paz y m&uacute;sica&rdquo;, no tuvo lugar en Woodstock sino 64 km al suroeste, en una granja de Bethel, en el condado de Sullivan del estado de Nueva York. Pero el nombre de ese pueblo del condado de Ulster qued&oacute; unido para siempre no solo al rock sino al momento en que, en 1969, una multitud festej&oacute; la lluvia y el canto comunitario, el propio hecho de estar all&iacute; y mucha de la mejor m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular de la historia pero, tambi&eacute;n, a la vanguardia y el experimentalismo como algo cotidiano. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el viernes 15 de agosto hasta la ma&ntilde;ana del lunes18 actu&oacute; una multitud de m&uacute;sicos muy j&oacute;venes, la mayor&iacute;a casi desconocidos y muy mal pagos &ndash;<strong>Carlos</strong> <strong>Santana</strong>, <strong>Joe Cocker</strong>, <strong>Melanie</strong>&ndash; y unas pocas estrellas: <strong>Creedence Clearwater Revival</strong>, <strong>Blood Sweat &amp; Tears</strong> &ndash;antes de caer en desgracia por haber actuado detr&aacute;s de la Cortina de Hierro con patrocinio de la CIA&ndash; y <strong>Jimi Hendrix</strong>. &nbsp;El concierto del guitarrista, junto con <strong>Mitch Mitchell</strong> en bater&iacute;a y <strong>Billy Cox</strong> en bajo, dur&oacute; dos horas. Iba a cerrar el festival en la noche del domingo pero finalmente subi&oacute; al escenario a las 9 de la ma&ntilde;ana del lunes. Ya quedaba, para ese momento, apenas una d&eacute;cima parte de los 400.000 asistentes. Pero 40.000 personas estaba lejos de ser una cifra menor si se piensa que aplaudieron al ruido mismo. Es cierto, lo que se escuchaba pod&iacute;a tomarse como una pieza descriptiva, casi cinematogr&aacute;fica. Remedaba las bombas y ametralladoras y, junto con la distorsi&oacute;n del Himno estadounidense, remit&iacute;a sin lugar a dudas a Vietnam. Pero se trataba, adem&aacute;s, de la ruptura; de la explosi&oacute;n literal del sonido convertida en objeto art&iacute;stico.
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        No era la primera vez que el nombre de Woodstock, ese peque&ntilde;o pueblo donde el festival no tuvo lugar, estuvo unido a la transformaci&oacute;n no solo de la m&uacute;sica sino del pensamiento acerca de lo que la m&uacute;sica era &ndash;o pod&iacute;a ser&ndash;. Diecisiete a&ntilde;os antes, el 29 de agosto de 1952, posible pero no necesariamente en el otro extremo del ruido, en el peque&ntilde;o Maverick Concert Hall, un pianista llamado <strong>David Tudor</strong> &nbsp;no hab&iacute;a tocado nada durante cuatro minutos y treinta y tres segundos. El estreno de <em>4&rsquo;33&ldquo;</em>, una nueva composici&oacute;n de <strong>John Cage</strong>, fue parte de un concierto en que se hab&iacute;a presentado otra obra del mismo autor, <em>Water Music</em>, adem&aacute;s de una de un alumno suyo de 18 a&ntilde;os llamado <strong>Christian Wolff</strong>, otra de <strong>Morton Feldman</strong> y la primera <em>Sonata</em> de <strong>Pierre Boulez</strong>. La presentaci&oacute;n hab&iacute;a contado con el patrocinio de la Benefit Artists Welfare Fund, el p&uacute;blico era una audiencia interesada y familiarizada con el arte de vanguardia y, hasta la pen&uacute;ltima pieza, todas fueron calurosamente aplaudidas. Pero <em>4&rsquo;33&rdquo;</em>, fue un esc&aacute;ndalo. &ldquo;La gente empez&oacute; a susurrarse cosas y algunos se pararon para irse. Ninguno se rio. M&aacute;s bien se irritaron cuando se dieron cuenta de que no iba a pasar nada. A&uacute;n hoy no lo han olvidado&rdquo;, comentaba Cage, casi tres d&eacute;cadas despu&eacute;s.
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                John Cage en 1952                            </span>
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        <em>4&rsquo;33&ldquo;</em> no es necesariamente una composici&oacute;n para piano &ndash;o para el silencio de un piano y un pianista&ndash;. En realidad puede ser interpretada por cualquier instrumentista o cualquier grupo de instrumentistas siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones: su divisi&oacute;n&nbsp;en tres movimientos &ndash;que suman los cuatro minutos con treinta y tres segundos del t&iacute;tulo&ndash;, separados por la se&ntilde;al de un reloj; la utilizaci&oacute;n de una partitura (en el estreno fueron varias hojas manuscritas por Cage, con m&uacute;sica efectivamente escrita para la ocasi&oacute;n), cuyas p&aacute;ginas son dadas vuelta cada vez que comienza un movimiento; y, sobre todo, que el int&eacute;rprete o grupo de int&eacute;rpretes no toquen ning&uacute;n sonido en sus instrumentos durante la obra. Cuatro minutos treinta y tres es una obra silenciosa. O todo lo contrario: una obra cargada con la imposibilidad del silencio. 
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a del estreno, en el primer movimiento son&oacute; el viento entre las hojas y, en el segundo, algunas gotas de lluvia que comenzaron a caer. Y, claro, el mismo p&uacute;blico. Un compositor que se opon&iacute;a a la idea de composici&oacute;n hab&iacute;a compuesto una obra que no estaba compuesta. Como estaba en contra de la idea de repertorio hab&iacute;a dise&ntilde;ado algo que no pod&iacute;a entrar en el repertorio y como polemizaba con los int&eacute;rpretes perge&ntilde;&oacute; una m&uacute;sica que no pod&iacute;a ser interpretada. John Cage discut&iacute;a tambi&eacute;n el tiempo y esa obra ten&iacute;a una duraci&oacute;n totalmente arbitraria (m&aacute;s adelante Cage dijo, en un reportaje, que en ese momento ya ni siquiera indicar&iacute;a un tiempo preciso). Cuestionaba la idea del sonido reglamentado y lo omit&iacute;a, rechazaba la repetici&oacute;n y esa era una obra que no pod&iacute;a (o no deb&iacute;a) repetirse &ndash;o que nunca podr&iacute;a ser la misma una vez que se conociera lo que all&iacute; suceder&iacute;a&ndash;. Pon&iacute;a en tela de juicio el rito del concierto burgu&eacute;s y esa era una &ldquo;composici&oacute;n&rdquo; que jam&aacute;s podr&iacute;a congeniar con ese rito. Romp&iacute;a con el m&aacute;s sagrado de los dioses, aun para los m&aacute;s vanguardistas: el derecho de autor. Y no pod&iacute;a grabarse en disco &ndash;aunque, cr&eacute;ase o no, hay versiones discogr&aacute;ficas&ndash;. Pero adem&aacute;s conectaba al p&uacute;blico que as&iacute; lo quisiera con su propio sonido interior. Y con el ordenamiento que su mente y su sensibilidad hicieran de lo que sonara alrededor. Fue la obra que instituy&oacute; el silencio como hecho sonoro. No fue la primera. Tampoco fue la &uacute;ltima.
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                Erwin Schulhoff                            </span>
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        <strong>Erwin Schulhoff</strong> hab&iacute;a nacido en 1894 en Praga, en ese entonces capital de Bohemia, en el Imperio Austroh&uacute;ngaro. En la Gran Guerra, que acab&oacute; con dicho imperio, fue soldado para su ej&eacute;rcito y acab&oacute; prisionero en Italia. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1919, se presentaba como pianista en Alemania y acompa&ntilde;aba sus actuaciones con un Manifiesto: &ldquo;El arte absoluto es revoluci&oacute;n, requiere facetas adicionales para su desarrollo, conduce al derrocamiento (golpes de estado) para abrir nuevos caminos &ndash; y es a&uacute;n m&aacute;s poderoso en la m&uacute;sica&ndash;. La idea de revoluci&oacute;n en el arte ha evolucionado durante d&eacute;cadas, bajo cualquier sol en que hayan vivido los creadores, en el sentido de que, para ellos, el arte es lo com&uacute;n del hombre. Esto es particularmente cierto en la m&uacute;sica, porque esta forma de arte es la m&aacute;s viva y, como resultado, refleja la revoluci&oacute;n con mayor fuerza y profundidad: la completa evasi&oacute;n de la tonalidad y el ritmo imperialistas, el ascenso hacia un cambio ext&aacute;tico para mejor&rdquo;. De ese a&ntilde;o son su <em>Sonata Er&oacute;tica</em> (para voz femenina sola), donde la partitura detalla el ritmo y las alturas de un orgasmo de m&aacute;s de tres minutos, y sus <em>Cinco Pintorescas</em> (<em>F&uuml;nf Pittoresken</em>) para piano. &nbsp;Son piezas breves y todas, menos una, refieren a m&uacute;sicas populares, que, para la tradici&oacute;n centroeuropea, ten&iacute;an una poderosa fuerza disruptiva. Sus t&iacute;tulos eran &ldquo;Foxtrott&rdquo;, &ldquo;Ragtime&rdquo;, &ldquo;In Futurum&rdquo;, &ldquo;One-Step&rdquo; y &ldquo;Maxixe&rdquo;. La composici&oacute;n central, por su t&iacute;tulo y su contenido, pod&iacute;a, como la versi&oacute;n de Hendrix del <em>Himno estadounidense</em>, tomarse como un comentario sobre la guerra&nbsp;reci&eacute;n acabada. Y sobre la herencia que legaba. La partitura parece una notaci&oacute;n para piano, aunque invierte la posici&oacute;n entre ambos pentagramas, poniendo en el superior una clave de fa y en el otro la de sol. Un texto en italiano indica: &ldquo;Toda la pieza con expresi&oacute;n y sentimiento ad libitum, hasta el final&rdquo;. No hay notas sino silencios pero mani&aacute;ticamente escritos con intrincad&iacute;simos cambios de acentuaci&oacute;n y en compases imposibles. Por a&ntilde;adidura, inventa all&iacute; los emoticones. La escritura musical es comentada por caritas sonrientes o afligidas. Y, obviamente, se trata de una pieza silenciosa. 
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                Partitura de In Futurum, de Erwin Schulhoff                            </span>
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    </figure><p class="article-text">
        Schulhoff fue considerado un &ldquo;m&uacute;sico degenerado&rdquo; en Alemania y volvi&oacute; a su ciudad natal, para ese entonces ya la capital de un nuevo pa&iacute;s llamado Checoeslovaquia. All&iacute; sobrevivi&oacute; como pianista de radio, y entre otras cosas, en 1932 puso m&uacute;sica al <em>Manifiesto Comunista</em>. A partir de 1939, con la invasi&oacute;n alemana, debi&oacute; componer en secreto y actuar con seud&oacute;nimos. En 1941 la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica resolvi&oacute; favorablemente su petici&oacute;n de ciudadan&iacute;a pero no lleg&oacute; a emigrar. En junio de ese a&ntilde;o fue capturado y deportado al campo de concentraci&oacute;n de W&uuml;lzburg, cerca de Wei&szlig;enburg, en Bavaria. All&iacute; muri&oacute;, de tuberculosis, el 18 de agosto de 1942.
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    </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del uso consciente del silencio como elemento musical, en las obras de <strong>Carl Philipp Emanuel Bach</strong> o <strong>Ludwig Van Beethoven</strong>, antes y despu&eacute;s de Cage hubo otros silencios. El del escritor <strong>Alphonse Allais</strong>, en su &ldquo;Marcha f&uacute;nebre para un gran hombre sordo&rdquo;, de 1897, donde un grupo de m&uacute;sicos s&oacute;lo debe mover las manos y contar los compases, &ldquo;M&uacute;sica silenciosa&rdquo;, escrita por <strong>Raymond Scott</strong> en 1941, en que los &uacute;nicos sonidos son los de las llaves de los instrumentos de viento (que no son soplados) y el susurro de unas escobillas inm&oacute;viles sobre un tambor, &nbsp;la &ldquo;Sinfon&iacute;a Mon&oacute;tona y Silenciosa&rdquo;, de <strong>Yves Klein</strong>, compuesta en 1949, donde a un movimiento de 20 minutos con un solo acorde sucede otro de la misma duraci&oacute;n pero en silencio y, dede ya, las <em>3 Bagatelas para David Tudor</em> de <strong>Gy&ocirc;rgi Ligeti</strong>. Y hay tambi&eacute;n, desde ya, ejemplos notables en la m&uacute;sica de tradici&oacute;n popular y sus sat&eacute;lites en el campo de lo ambiental y el electropop. &ldquo;18 Sek&uacute;ndur fyrir s&oacute;laruppr&aacute;s&rdquo; (18 segundos antes de la sonrisa) del grupo island&eacute;s <strong>Sigur R&oacute;s</strong> ,&ldquo;23 Seconds of Silence&rdquo; de <strong>Wilco</strong> (en <em>Summerteeth</em>), y &ldquo;42 Minutes of Silence&rdquo; de <strong>Milosh</strong>, los 4 segundos de &ldquo;Nutopian International Anthem&rdquo; de <strong>John Lennon</strong> en <em>Mind Games</em> y, de &eacute;l junto con <strong>Yoko Ono</strong>, &ldquo;Two Minutes Silence&rdquo; (incluido en <em>Unfinished Music No. 2: Life with the Lions</em>)&nbsp;son algunos de ellos. Del lado del jazz, all&iacute; est&aacute; &ldquo;Leucocyte II: Ad Interim&rdquo; de <strong>E.S.T.</strong> (Esbj&ouml;rn &nbsp;Svensson Trio) con su minuto de silencio entre las ruidosas &nbsp;&ldquo;Leucocyte I: Ab Initio&rdquo; y &nbsp;&ldquo;Leucocyte III: Ad mortem&rdquo;, en el &aacute;lbum <em>Leucocyte</em>, de 2008. 
    </p><p class="article-text">
        El silencio como posible respuesta a aquella frase que cerraba <em>Cr&iacute;tica cultural y sociedad</em>, del fil&oacute;sofo <strong>Theodor Adorno</strong>, donde se dec&iacute;a que escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz era un acto de barbarie. Como expresi&oacute;n de una imposibilidad o de una puerta a un universo poblado de posibilidades y, tambi&eacute;n, como medio de protesta. En 1980 se edit&oacute; <em>The Wit and Wisdom of Ronald Reagan</em> (El ingenio y la sabidur&iacute;a de Ronald Reagan). Fue publicado, en una tirada reducida y nunca reeditado, por Magic Records, un sello creado espec&iacute;ficamente para esta publicaci&oacute;n. Conten&iacute;a dos pistas, cada una de 20 minutos de duraci&oacute;n, dedicada una al ingenio y la otra a la sabidur&iacute;a del presidente mentado. Y, ya lo han adivinado, conten&iacute;an solo silencio. &nbsp;M&aacute;s recientemente, en 2025, m&aacute;s de mil artistas, entre ellos <strong>Kate Bush</strong>, <strong>Damon Albarn</strong> y <strong>Annie Lennox</strong>, firmaron una edici&oacute;n de Virgin Music Group en contra de la utilizaci&oacute;n pirata de sus obras en el entrenamiento de la I.A. Entre todos los t&iacute;tulos del disco se forma la frase: &ldquo;El gobierno brit&aacute;nico no debe legalizar el robo de m&uacute;sica para beneficiar a las compa&ntilde;&iacute;as de I.A.&rdquo; El &aacute;lbum se llama <em>Is This What We Want?</em> y no hay all&iacute; sonido alguno. 
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/silencio-furia_129_13119179.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 13:33:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El silencio y la furia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Woodstock,Jimi Hendrix,John Cage]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Murió Michael Lang, cocreador del festival de Woodstock]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-michael-lang-cocreador-festival-woodstock_1_8641501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22e6727c-d91e-499a-92d2-1f6b3d512ab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murió Michael Lang, cocreador del festival de Woodstock"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El empresario musical falleció a los 77 años en una clínica para tratamiento de cáncer de Nueva York como consecuencia de un linfoma poco común.</p></div><p class="article-text">
        El empresario musical <strong>Michael Lang</strong>, uno de los creadores del <strong>hist&oacute;rico festival de Woodstock en 1969</strong>, falleci&oacute; este s&aacute;bado a los 77 a&ntilde;os tras una breve enfermedad, anunci&oacute; este domingo su representante Michael Pagnotta.
    </p><p class="article-text">
        Lang muri&oacute; en una cl&iacute;nica para tratamiento de c&aacute;ncer de Nueva York como consecuencia de un linfoma poco com&uacute;n, seg&uacute;n varios medios.
    </p><p class="article-text">
        Lang fue junto a Artie Kornfeld, Joel Rosenman y John P. Roberts la mente detr&aacute;s de Woodstock, el festival que a finales de los 60 reuni&oacute; a m&aacute;s de 400.000 personas en una granja de Bethel (Nueva York) para escuchar a artistas como Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Who, Jefferson Airplane o Santana.
    </p><p class="article-text">
        La cita, que se present&oacute; como &ldquo;Tres d&iacute;as de paz y m&uacute;sica&rdquo;, est&aacute; considerada como <strong>uno de los eventos musicales m&aacute;s importantes de la historia moderna.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista con la revista <em>Rolling Stone </em>en 2009, Lang aseguraba que Woodstock fue un &ldquo;momento de esperanza&rdquo; en una &eacute;poca muy oscura para Estados Unidos, marcada por la guerra de Vietnam, la falta de respuestas del Gobierno y muchos problemas de derechos humanos.
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    </figure><p class="article-text">
        El empresario musical particip&oacute; en la organizaci&oacute;n de la segunda edici&oacute;n de Woodstock, celebrada en 1994 y en la que se reuni&oacute; a artistas del cartel original como Joe Cocker o The Grateful Dead con otros m&aacute;s modernos como Red Hot Chili Peppers, Green Day, Aerosmith o Metallica.
    </p><p class="article-text">
        Su &eacute;xito llev&oacute; a Lang y otros socios a impulsar un nuevo Woodstock en 1999, plagado de problemas y considerado un gran fracaso, mientras que sus conversaciones para organizar en 2019 una edici&oacute;n con motivo del 50 aniversario de la primera nunca fructificaron.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de organizar festivales, Lang fue m&aacute;nager de artistas y fund&oacute; Just Sunshine Records, que public&oacute; discos, entre otros, de Karen Dalton y Betty Davis. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CB con informaci&oacute;n de EFE</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
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