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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Anaïs Nin]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Anaïs Nin]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los cuentos inéditos de Anaïs Nin se publican por primera vez en castellano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/cuentos-ineditos-anais-nin-publican-primera-vez-castellano_1_8650252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fabb52cd-2211-41af-bc86-54a1850f75a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cuentos inéditos de Anaïs Nin se publican por primera vez en castellano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son los relatos que escribió a finales de los años 20 y  las editoriales se negaron a publicar.</p><p class="subtitle">La obra de teatro que pone a Anaïs Nin y Henry Miller frente a su propia obsesión literaria</p></div><p class="article-text">
        La obra de la escritora Ana&iuml;s Nin parece inagotable. De las profundidades de los centenares de cajas de su archivo, custodiado en la Universidad de California, brotan libros epistolares, diferentes ediciones de los diarios o literatura in&eacute;dita, al menos en castellano. Es el caso de <em>La intemporalidad perdida y otros relatos</em> (Lumen), 16 narraciones breves que la autora escribi&oacute; entre 1929 y 1930, es decir, cuando ten&iacute;a entre 27 y 28 a&ntilde;os, y que solo acept&oacute; publicar ya al final de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de estos relatos vio la luz en aquel entonces y fueron rechazados un&aacute;nimemente por diferentes agentes literarios, revistas y editoriales, incluida la librer&iacute;a e imprenta Shakespeare and Company. &ldquo;Quiz&aacute; las rechazaran porque formalmente eran poco convencionales y casi carentes de trama, y por la falta de detalles sociol&oacute;gicos y materiales&rdquo;, escribe en el pr&oacute;logo Allison Pease, autora de estudios de g&eacute;nero y Modernismo, o quiz&aacute; porque ten&iacute;a &ldquo;muy pocos contactos literarios&rdquo;, sugiere. Son obras de juventud en la que ya se proyecta la Ana&iuml;s Nin que est&aacute; por venir, por lo que leerlos a esta luz, desde la perspectiva de hoy, es apasionante. Nin no tendr&iacute;a algo de &eacute;xito hasta que, quince a&ntilde;os despu&eacute;s, public&oacute; otra recopilaci&oacute;n de historias, <em>En una campana de cristal. </em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/7ef0e091-2422-42f6-ab38-984fd83a90a9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Aparece ya en esta nueva publicaci&oacute;n el uso de los s&iacute;mbolos y la recurrencia a lo on&iacute;rico, precursores del pensamiento simb&oacute;lico de la narrativa posterior de la autora y que tan importante ser&iacute;a a partir del momento en el que entra en contacto con el psicoan&aacute;lisis. Encontramos su necesidad de escapar &mdash;&ldquo;quiero encontrar un mundo que concuerde conmigo&rdquo;, escribe&mdash; y de buscarse a s&iacute; misma. De reconciliar dos partes de su propio ser que, como dos extra&ntilde;as, la hacen estar dividida, perdida: el yo p&uacute;blico y el yo privado. En algunos relatos, la tensi&oacute;n sexual no resuelta es el motor de las narraciones que empuja a los personajes para que revelen qu&eacute; son o c&oacute;mo piensan en su interior.
    </p><p class="article-text">
        Este estado transicional, donde la trama sit&uacute;a a las protagonistas, es en muchas ocasiones el momento de la iniciaci&oacute;n a la vida adulta. Y, a menudo, la literatura sirve como puerta de entrada al mundo, tal y como a Nin le ocurri&oacute; en esos a&ntilde;os con la lectora profunda de D. H. Lawrence, el autor de <em>El amante de Lady Chatterley,</em> a quien dedic&oacute; su primer libro: <em>D. H. Lawrence: An Unprofessional Study </em>(1932). Literariamente en ese momento se siente influida por Marcel Proust, Andr&eacute; Gide, los diarios de Katherine Mansfield y el surrealismo que se desarrolla contempor&aacute;neamente.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos a&ntilde;os de traspaso de d&eacute;cada, Ana&iuml;s llevaba ya siete casada con un banquero (y posteriormente cineasta experimental bajo el nombre de Ian Hugo), Hugh Guiler, y se hab&iacute;an asentado en Par&iacute;s desde hac&iacute;a tres a&ntilde;os, por exigencias del trabajo de &eacute;l. A partir de ese momento, la autora se concentra en la escritura y en vivir apasionadamente la bohemia de la ciudad, haciendo amigos y amantes. Ocultos, enmara&ntilde;ados en las narraciones, se esconden episodios de la infancia de la autora y tambi&eacute;n referencias a personas que estaba conociendo por aquellos a&ntilde;os: artistas o personajes con los que coincid&iacute;a en fiestas y locales nocturnos, generalmente mujeres que, como ella, deseaban una vida que no ten&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        La vivencia dionis&iacute;aca de aquellos a&ntilde;os la completaba Nin con las clases de flamenco que tom&oacute; del bailar&iacute;n y core&oacute;grafo Francisco Miralles Arnau. Seg&uacute;n cuenta No&euml;l Riley Fitch en su discutida biograf&iacute;a <em>The erotic life of Ana&iuml;s Nin,</em> Paco Miralles fue m&aacute;s que un profesor para ella y el momento en el que &eacute;l se col&oacute; en el vestuario para besarle &ldquo;el apretado mont&iacute;culo bajo sus bragas&rdquo; en octubre de 1927, supuso el instante en el que se desataron las inhibiciones que hab&iacute;a retenido hasta ese momento en su vida parisina, fruto de su educaci&oacute;n cat&oacute;lica. Mientras Hugo trabaja todo el d&iacute;a en el National City Bank, Ana&iuml;s disfruta de una ociosa vida burguesa &mdash;al menos hasta el <em>crash </em>de la Bolsa de 1929&mdash;, con criada, peluquera, costurera y sombrerera a su servicio, un autom&oacute;vil Citro&euml;n negro con los asientos de cuero rojo, un abrigo de piel de 720 d&oacute;lares y una imperdonable siesta diaria que ella considera imprescindible para su salud. Hasta el d&iacute;a en el que Miralles la sigue tras la clase de danza, todos los esfuerzos de Ana&iuml;s se hab&iacute;an dirigido a cultivar y asegurar la felicidad de su matrimonio. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de m&iacute; sin Hugo?&rdquo;, escribe en su diario. Pero tras aquel episodio, un d&iacute;a de diciembre del mismo a&ntilde;o, bajando el bulevar de Montparnasse, ya cerca de su casa, se pregunta qu&eacute; pasar&iacute;a si de repente dijera e hiciera exactamente lo que quer&iacute;a decir y hacer.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s conoce al compositor Gustavo Morales, cubano como su madre y por el que se siente atra&iacute;da. Confiesa a su diario su excitaci&oacute;n y a partir de ah&iacute; se inicia el poliamor en Ana&iuml;s Nin y su b&uacute;squeda inagotable de placer. Sus siguientes obsesiones amorosas ser&aacute;n el escritor John Erskine, amigo cercano del matrimonio, y su primo cubano, Eduardo S&aacute;nchez. Los relatos est&aacute;n escritos en la etapa inmediatamente anterior a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/detalles-sordidos-poliamor-henry-miller_128_1133759.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conocer a Henry Miller</a> y que adem&aacute;s es previa a la edici&oacute;n que se hizo en los a&ntilde;os 70 y 80 en Espa&ntilde;a de sus diarios expurgados, cuyo primer tomo (Diario I) abarca del a&ntilde;o 1931 al 34. La correspondencia del momento en el que escribe estos relatos con su gran obra memorialista, la que le ha dado su gran fama, se sit&uacute;a en el tomo cuarto de los <em>Early Diary of Ana&iuml;s Nin,</em> que fue publicado por primera vez en ingl&eacute;s en 1985, ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte.
    </p><p class="article-text">
        Si 1929 es su a&ntilde;o de ruptura y liberaci&oacute;n, una nueva vida comienza para ella en 1930, cuando la seguridad econ&oacute;mica no es tan abundante y, adem&aacute;s, percibe que su marido carece de aspiraciones art&iacute;sticas. Ana&iuml;s posa para diferentes artistas, incluida su amiga la pintora princesa Natasha Troubetskoi, de la aristocracia rusa, realiza espect&aacute;culos de baile y se alimenta a costa de caf&eacute;s y sedantes. La muerte de D. H. Lawrence, en marzo de ese a&ntilde;o, supone un duro golpe para ella; lamenta que ya nunca conocer&aacute; a alguien a quien sent&iacute;a tan cerca.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras narraciones cortas que forman <em>La intemporalidad perdida y otros relatos </em>beben tambi&eacute;n de ese gran c&oacute;digo fuente que son sus f&eacute;rtiles y exuberantes cuadernos confesionales. Disfruta escribiendo literatura pero admite que odia reescribir y editar. Escribe r&aacute;pidamente, en ingl&eacute;s, despu&eacute;s de haberlo hecho durante a&ntilde;os en franc&eacute;s, pero se le cuelan las expresiones en espa&ntilde;ol y alguna palabra francesa.
    </p><p class="article-text">
        El matrimonio se muda a una casa a las afueras de Par&iacute;s, en Louveciennes, y all&iacute; Ana&iuml;s intenta recrear un hogar literario y ex&oacute;tico, decorado con reminiscencias marroqu&iacute;es y espa&ntilde;olas, donde invitar a sus amistades. Se reserva una habitaci&oacute;n propia para escribir y en ella cuelga retratos de D. H. Lawrence, de su padre Joaqu&iacute;n Nin, de su marido Hugo y de sus amantes Eduardo y John, un escenario para su vida que, tal y como ella quiso, se filtr&oacute; por las rendijas de su obra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/cuentos-ineditos-anais-nin-publican-primera-vez-castellano_1_8650252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jan 2022 11:21:22 +0000]]></pubDate>
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