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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Atlanta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/atlanta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Atlanta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Sanción ejemplar para los barrabravas de All Boys por cantos antisemitas contra hinchas de Atlanta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/sancion-ejemplar-barrabravas-all-boys-cantos-antisemitas-hinchas-atlanta_1_12429324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/394338ad-b4dd-46a7-9459-c3d1ce6682b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sanción ejemplar para los barrabravas de All Boys por cantos antisemitas contra hinchas de Atlanta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El lamentable episodio ocurrió el domingo en el estadio Islas Malvinas de Floresta, donde lo deportivo quedó completamente opacado por la aparición de un ataúd simbólico y banderas agraviantes hacia la comunidad judía, desplegadas por hinchas del conjunto local en el exterior del estadio.</p></div><p class="article-text">
        El <strong>Ministerio de Seguridad</strong> de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires aplic&oacute; una <strong>sanci&oacute;n ejemplar</strong> a los barrabravas de <strong>All Boys</strong> que protagonizaron <strong>hechos antisemitas</strong> en la previa y durante el partido ante <strong>Atlanta</strong>, por la <strong>Primera Nacional</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los identificados fueron incorporados al sistema <strong>Tribuna Segura</strong> y <strong>no podr&aacute;n ingresar a ning&uacute;n estadio del pa&iacute;s</strong> durante los pr&oacute;ximos <strong>cuatro a&ntilde;os</strong>, la pena m&aacute;xima contemplada para este tipo de infracciones.
    </p><p class="article-text">
        El lamentable episodio ocurri&oacute; el domingo en el <strong>estadio Islas Malvinas</strong> de Floresta, donde el cl&aacute;sico entre <strong>All Boys</strong> y <strong>Atlanta</strong> termin&oacute; 0 a 0. Sin embargo, lo deportivo qued&oacute; completamente opacado por la aparici&oacute;n de un <strong>ata&uacute;d simb&oacute;lico</strong> y <strong>banderas agraviantes hacia la comunidad jud&iacute;a</strong>, desplegadas por hinchas del conjunto local en el exterior del estadio.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>Polic&iacute;a de la Ciudad</strong> actu&oacute; r&aacute;pidamente, incaut&oacute; los elementos ofensivos y secuestr&oacute; un <strong>dron</strong> utilizado para sobrevolar el estadio con im&aacute;genes discriminatorias.
    </p><p class="article-text">
        El subsecretario de <strong>Seguridad en Eventos Masivos y Deportivos</strong>, <strong>Juan Manuel Castrilli</strong>, confirm&oacute; que se est&aacute; evaluando tambi&eacute;n la responsabilidad administrativa del club organizador, y advirti&oacute;: &ldquo;Vamos a ir hasta las &uacute;ltimas consecuencias, y estamos analizando aplicar una <strong>sanci&oacute;n ejemplar</strong> en relaci&oacute;n a estos hechos a los radicalizados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>Fiscal&iacute;a Especializada en la Lucha contra la Discriminaci&oacute;n</strong>, a cargo de la Dra. <strong>Andrea Scanga</strong>, ya recibi&oacute; material f&iacute;lmico aportado por la Ciudad para avanzar con la investigaci&oacute;n penal.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la <strong>Asociaci&oacute;n del F&uacute;tbol Argentino (AFA)</strong> repudi&oacute; en&eacute;rgicamente lo sucedido con un comunicado oficial y anunci&oacute; la apertura de un <strong>expediente disciplinario</strong>. &ldquo;Eso no es folclore, eso es <strong>discriminaci&oacute;n</strong>. Y desde la AFA seguiremos luchando d&iacute;a a d&iacute;a para que la fiesta del f&uacute;tbol argentino se desarrolle en un marco de respeto y paz&rdquo;, sentenci&oacute; el texto firmado por el presidente <strong>Claudio Tapia</strong> y la Comisi&oacute;n de Gobernanza, Transparencia e Integridad.
    </p><p class="article-text">
        Se espera en los pr&oacute;ximos d&iacute;as una resoluci&oacute;n del <strong>Tribunal de Disciplina</strong>, que podr&iacute;a derivar en una <strong>sanci&oacute;n deportiva</strong> para <strong>All Boys</strong>.
    </p><h2 class="article-text">Para la AFA, &ldquo;eso no es folclore, es discriminaci&oacute;n&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La <strong>Asociaci&oacute;n del F&uacute;tbol Argentino (AFA) </strong>emiti&oacute; un comunicado <strong>repudiando los actos antisemitas de los hinchas de All Boys en la previa y durante el partido de este domingo ante Atlanta </strong>en el marco de la fecha 20 de la Zona A de la Primera Nacional y <strong>se elev&oacute; una denuncia para que se abra un expediente al respecto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este domingo en el estadio Islas Malvinas de Floresta, <strong>el equipo albinegro y su par de Villa Crespo empataron sin goles </strong>en un encuentro que, marcado por la rivalidad entre ambos, tuvo el foco puesto en situaciones ajenas al propio juego como lo fueron los<strong> actos antisemitas de los hinchas del conjunto de Floresta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ante estos hechos que generaron un masivo repudio, el ente madre del f&uacute;tbol argentino se sum&oacute; a esto con un comunicado oficial: <strong>&ldquo;La Asociaci&oacute;n del F&uacute;tbol Argentino expresa su repudio total y absoluto contra los aberrantes actos de antisemitismo efectuados por hinchas del club All Boys en el d&iacute;a de ayer tanto en la previa como durante el partido que dicha entidad disput&oacute; contra su similar del club Atlanta de la categor&iacute;a Primera Nacional&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;En su lucha incansable contra la discriminaci&oacute;n, esta Asociaci&oacute;n, llama a la sociedad futbolera en su conjunto a erradicar de una vez por todas esta clase de conductas. Eso no es folclore. Eso es discriminaci&oacute;n. Y desde la AFA seguiremos luchando d&iacute;a a d&iacute;a para que la fiesta del futbol argentino se desarrolle en un marco de respeto y paz&rdquo;</strong> reafirma el comunicado.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, se inform&oacute; que se elev&oacute; una denuncia para que se abra un expediente al respecto:<strong> &ldquo;La Asociaci&oacute;n del F&uacute;tbol Argentino, a trav&eacute;s de su Presidente Claudio Tapia y la Comisi&oacute;n de Gobernanza, Transparencia e Integridad, elevaron hoy una denuncia formal al Tribunal de Disciplina, a fin de abrir un expediente para que tome inmediata intervenci&oacute;n en el caso&rdquo;.</strong>
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1939686141004800450?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/sancion-ejemplar-barrabravas-all-boys-cantos-antisemitas-hinchas-atlanta_1_12429324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Jul 2025 12:22:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sanción ejemplar para los barrabravas de All Boys por cantos antisemitas contra hinchas de Atlanta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Antisemitismo,All Boys,AFA,Atlanta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi gran equipo chico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/gran-equipo-chico_1_8653879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/476b2b08-563d-4767-bd07-6b512639efe4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi gran equipo chico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mezcla de confesiones personales, descripción de un modo de sentir el fútbol y de la vida en Buenos Aires a caballo entre los siglos XX y XXI, “Mi gran equipo chico. El orgullo de ser hincha sin salir campeón (casi) nunca” (Autoría, 2021) es como un “Fiebre en las gradas”, pero porteño, pendenciero y del bohemio. Aquí, un fragmento del libro póstumo de Marcelo Rodríguez, que murió en 2019 tras una cirugía cardíaca.</p></div><h3 class="article-text"><strong>Las miradas</strong></h3><p class="article-text">
        Le tengo miedo a dos cosas: a quedarme ciego y a que Atlanta no vuelva a jugar en Primera. Cuando a los ocho a&ntilde;os descubr&iacute; que casi no ve&iacute;a de un ojo, viv&iacute; un terremoto emocional, el primero. Mientras le&iacute;a una versi&oacute;n infantil de <em>Moby Dick </em>me rasqu&eacute; el ojo izquierdo y vi todo nublado con el derecho. Enseguida me lo volv&iacute; a tapar y confirm&eacute; mi percepci&oacute;n: ve&iacute;a todo difuso, sin contornos. Llam&eacute; a los gritos a mi mam&aacute; que, incr&eacute;dula, me pidi&oacute; que repitiera lo de taparme el ojo con el que ve&iacute;a bien; mismo resultado. Desde entonces comenc&eacute; con ella un peregrinaje por consultorios de oftalm&oacute;logos que coincid&iacute;an fat&iacute;dicamente en el diagn&oacute;stico: &ldquo;Se&ntilde;ora, no ve bien de ese ojo desde que naci&oacute;&rdquo;. Parece que no se me desarroll&oacute; el nervio &oacute;ptico, por lo que la miop&iacute;a del ojo derecho ten&iacute;a una dioptr&iacute;a de -13. Cualquiera que tenga -2 no distingue un caballo de una vaca a una distancia de cien metros. En mi caso, la sensaci&oacute;n &ndash;la no sensaci&oacute;n&ndash; estaba multiplicada casi por siete. Pens&eacute; en el colegio; en c&oacute;mo har&iacute;a para ver el pizarr&oacute;n. Despu&eacute;s, calmado, infer&iacute; que no tendr&iacute;a problemas, porque de hecho ya iba a la escuela y lo de la vista acababa de detectarlo en mi cama, leyendo a Melville, y porque me hab&iacute;a rascado un ojo. En esa &eacute;poca iba a la cancha pero no le prestaba atenci&oacute;n al partido. Adem&aacute;s, con el otro ojo, el izquierdo, ve&iacute;a tan bien que en el caso de hacer foco en alguna jugada no encontraba dificultades para identificar a los jugadores, a pesar de que todav&iacute;a no conoc&iacute;a sus apellidos con la compulsi&oacute;n de ahora, 35 a&ntilde;os despu&eacute;s, que s&eacute; hasta el segundo nombre de los suplentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los 15 a&ntilde;os, mientras Atlanta se ahogaba en la B Nacional, la segunda divisi&oacute;n del f&uacute;tbol argentino, yo usaba lentes de contacto en los dos ojos. El izquierdo, de todos modos, necesitaba apenas una correcci&oacute;n. Sin embargo, la obsesi&oacute;n de mi oftalm&oacute;logo era mi ojo derecho, el malo. Yo le dec&iacute;a as&iacute; para no tener que explicar cuestiones t&eacute;cnicas ni dar precisiones sobre la miop&iacute;a que llevaran a preguntas indefinidas de gente que, yo consideraba, lo hac&iacute;a m&aacute;s por curiosidad morbosa que por inter&eacute;s genuino. Con lo del ojo malo y el ojo bueno resum&iacute;a de manera categ&oacute;rica un asunto del que prefer&iacute;a no hablar. La idea del oftalm&oacute;logo fue experimentar con el ojo malo. Dijo, entonces, que el ojo derecho ten&iacute;a que trabajar y decidi&oacute; que hab&iacute;a que anular el ojo izquierdo mediante gotas que inhibieran la visi&oacute;n. Ya sin lentes de contacto, ten&iacute;a que usar anteojos que, de un lado, ten&iacute;an un vidrio proporcionalmente tan grueso como la verg&uuml;enza que sent&iacute;a al usarlos. En aquel momento la miop&iacute;a del ojo derecho era de -18. Es cierto eso de que hay que tener cuidado con lo que se desea: cuando era todav&iacute;a m&aacute;s chico hab&iacute;a querido ser famoso o quiz&aacute;s un superh&eacute;roe. De pronto, en el colegio todos me conoc&iacute;an y sent&iacute;a que me se&ntilde;alaban o murmuraban cada vez que me alejaba unos metros. Ese a&ntilde;o fui para todos Calcul&iacute;n, ese personaje de Garc&iacute;a Ferr&eacute; que usaba unos anteojos que le cubr&iacute;an gran parte de la cara. Una de las peores consecuencias era que los partidos casi no los ve&iacute;a. El experimento de aquel oftalm&oacute;logo dur&oacute; diez meses y me conden&oacute; en ese tiempo a espiar a un Atlanta sin formas ni colores. Una de las cosas que me da orgullo de mi equipo es la camiseta, esa combinaci&oacute;n perfecta de azul y amarillo, una est&eacute;tica para realzar contrastes y embelesar miradas. Otras miradas. Yo ve&iacute;a la cancha como si fuera una pintura abstracta y los jugadores fueran bultos que se mov&iacute;an, sin que pudiera distinguirlos. Un Van Gogh en movimiento. A veces, ni siquiera identificaba a cu&aacute;l de los dos equipos pertenec&iacute;an. A esa edad, a los 15, el f&uacute;tbol era lo que m&aacute;s me importaba, lo que decid&iacute;a mi humor, lo &uacute;nico capaz de interpelarme para que me hiciera preguntas existenciales. Por una derrota ante Chacarita, por primera vez, cuestion&eacute; la existencia de Dios. Ya no era el chico de 8 a&ntilde;os que jugaba con mi hermano y mi primo en el play&oacute;n entre la tribuna y el campo de juego sin prestarle atenci&oacute;n a mi equipo. En la adolescencia Atlanta ya era lo sagrado y el Pepe Castro, el 10 de Atlanta, mi t&oacute;tem, mi catedral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era esa etapa en la que el f&uacute;tbol se apodera del hincha como lo hace una ara&ntilde;a con un insecto al que ya no dejar&aacute; mover. Lo va a tragar, tan letalmente como sea necesario. En mi apoteosis de fanatismo padec&iacute;a la desgracia de ver a mi equipo desdibujado, y era, de alguna manera, mi met&aacute;fora de un Atlanta en una perspectiva lejana a la que me hab&iacute;an contado mi abuelo y mi viejo. Ellos hab&iacute;an visto a otro Atlanta, uno glorioso, brillante, tan n&iacute;tido en la historia como el reconocimiento de los que eran cincuentones o sesentones, que cada vez que me preguntaban de qu&eacute; cuadro era yo, se despachaban m&aacute;s o menos con lo mismo: &ldquo;&iexcl;Atlanta!... ustedes tuvieron cada equipazo, cada jugador&rdquo;. En aquellos meses la mancha blanca, la pelota, apenas la adivinaba si estaba cerca del arco m&aacute;s pr&oacute;ximo a la tribuna en la que me encontraba ubicado. Sin embargo, hab&iacute;a descubierto un truco: si apoyaba los dedos &iacute;ndice y mayor sobre el pulgar, con la pericia de formar un diminuto tri&aacute;ngulo por el cual ver, mejoraba notablemente la visi&oacute;n. Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, ya con 40, mi amigo El Cient&iacute;fico, que tiene respuestas para casi todo, me explic&oacute; que se trata del efecto telescopio; si se achica el campo visual, se logra mayor precisi&oacute;n para ver.
    </p><p class="article-text">
        Yo sospechaba los partidos por c&oacute;mo se mov&iacute;an las sombras y por los gritos de los que me rodeaban. Cuando advert&iacute;a que pod&iacute;a ser un ataque de Atlanta, me sacaba los anteojos y aplicaba el efecto telescopio por unos segundos, lo que tardaba en diluirse la jugada. Fue mi etapa de la imaginaci&oacute;n al poder. Fue, tambi&eacute;n, el campeonato en que Atlanta bajar&iacute;a otra vez a la tercera categor&iacute;a. En esas condiciones vi, por ejemplo, los goles del Bichi Paredes y Flavio Ivanovic en la victoria 2 a 0 contra San Mart&iacute;n de Tucum&aacute;n, el 9 de marzo de 1991. Es muy probable que esos recuerdos est&eacute;n m&aacute;s impregnados de fantas&iacute;a que de realidad. Como todos. Incluso mis percepciones son v&iacute;vidamente sonoras y no visuales. Es tan as&iacute; que pensaba que el gol de Ivanovic hab&iacute;a sido de cabeza, pero ahora descubro en un comentario del diario <em>La Naci&oacute;n </em>&ndash;que rastreo entre mis recortes de diarios sobre Atlanta&ndash; que fue a trav&eacute;s de un remate cruzado. En cambio, lo que me acuerdo sin distorsi&oacute;n es del canto de despedida a la hinchada visitante, que ten&iacute;a que recorrer m&aacute;s de 1200 kil&oacute;metros para volver a Tucum&aacute;n: &ldquo;Qu&eacute; feo, qu&eacute; feo, qu&eacute; feo debe ser, venirse de tan lejos para vers&eacute; coger&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El trabajo de los ojos </em>(Editorial Entrop&iacute;a, 2017), Mercedes Halfon escribe sobre Homero, el primer poeta griego. De aquel hombre, que supuestamente existi&oacute;, dice: &ldquo;Real o ficcional, a los griegos les gust&oacute; pensar que el padre de su literatura, la gran voz de sus historias m&aacute;s tristes y hermosas, hab&iacute;a sido un ciego. Alguien que no pudo haber visto nada, pero s&iacute; escuchado y cantado. La voz y el o&iacute;do haciendo mover las palabras. Les gust&oacute; la idea de que lo visual en la poes&iacute;a sea aleatorio, y la m&uacute;sica lo que define&rdquo;. Hace once a&ntilde;os, cuando ten&iacute;a 31, sufr&iacute; un desprendimiento de retina y un a&ntilde;o despu&eacute;s, luego de tres operaciones sin &eacute;xito, ca&iacute; en la resignaci&oacute;n y en una nueva categor&iacute;a social: desde entonces, ser&iacute;a tuerto. Cuidar mi otro ojo, el bueno, que con los a&ntilde;os tambi&eacute;n se convirti&oacute; en miope, es una prioridad m&eacute;dica y un acto de fe. No rezo ni soy devoto de ninguna religi&oacute;n, pero mi madre, la que siente por todos en la familia, me confes&oacute; hace poco que le pide no s&eacute; a qu&eacute; Santa todas las noches para que la retina del ojo izquierdo no se me desprenda.
    </p><p class="article-text">
        Lo dije: adem&aacute;s del miedo a no ver, mi otro gran temor es que Atlanta no vuelva a jugar en Primera. Los miedos no tienen por qu&eacute; ser fundados o equivalentes, pero suelen tener como punto de partida la infancia. Yo crec&iacute; escuchando en mi casa sobre la grandeza de mi equipo. Mi viejo repet&iacute;a como una letan&iacute;a las veces que Atlanta le hab&iacute;a ganado a River y a Boca, lo del t&iacute;tulo de la Copa Suecia en 1960, que empez&oacute; a jugarse en 1958, lo de haber sido el semillero de los equipos grandes y que somos la cuna del Loco Gatti, de Luis Artime, del Mu&ntilde;eco Madurga, del Ruso Ribolzi; una enorme factor&iacute;a de jugadores. A m&iacute; me enorgullec&iacute;a esa parte de la historia que, adem&aacute;s, utilizar&iacute;a de m&aacute;s grande para espadear con otros hinchas que insist&iacute;an con que era de un equipo chico. La &uacute;ltima vez que Atlanta jug&oacute; en la A fue en 1984 y yo ten&iacute;a ocho a&ntilde;os. Pero no recuerdo partidos de esa &eacute;poca. Ninguno.
    </p><p class="article-text">
        Si fuera verdad que cualquier proceso hist&oacute;rico se deja resumir por fechas fundacionales, podr&iacute;a decirse que uno de mis hitos decisivos para convertirme en hincha de Atlanta fue el 19 de marzo de 1983, cuando ten&iacute;a 7 a&ntilde;os, en un empate ins&oacute;lito contra Los Andes. Fue, tal vez, mi mayor acto inconsciente. Me hice de Atlanta sin saber que mi vida quedar&iacute;a surcada por esa huella indeleble. Aunque, en rigor, no s&eacute; si ese fue mi primer d&iacute;a como hincha. El camino ahora est&aacute; plagado de carteles y kil&oacute;metros recorridos, pero ser&iacute;a incapaz de establecer con exactitud mi kil&oacute;metro cero. Tengo pistas de c&oacute;mo empec&eacute; a ser de Atlanta, pero los d&iacute;as para determinar puntos de partida se bifurcan. &iquest;Existe el d&iacute;a en que uno dice &ldquo;a partir de hoy soy de tal equipo&rdquo;? Sospecho que ese tipo de decisiones que cargan con el estigma del &ldquo;para siempre&rdquo; no puede tomarlas un ni&ntilde;o de un d&iacute;a para otro. Ni siquiera recuerdo si a esa edad sab&iacute;a qu&eacute; implicaban las palabras que los hinchas asumen con un peso exagerado: convicci&oacute;n y fidelidad. Supongo que las habr&iacute;a escuchado nombrar y hasta quiz&aacute;s tendr&iacute;a una noci&oacute;n de qu&eacute; significaban. Pero seguro no pod&iacute;a vincularlas como categor&iacute;as propias de alguien que deber&iacute;a incorporarlas si es que quiere ser eso: un hincha. Todav&iacute;a faltaban cuatro a&ntilde;os para que Atlanta me atravesara el h&iacute;gado como un rayo y las derrotas fueran una cruz a subir al G&oacute;lgota. Porque si de algo tengo certezas es que los miedos y los llantos por Atlanta empezaron cuando me faltaba un mes para cumplir 12 a&ntilde;os: el 2 a 2 contra Mor&oacute;n del 7 de noviembre de 197 es una de mis estaciones, una marca importante en mi recorrido de hincha. De ese d&iacute;a s&iacute; recuerdo con precisi&oacute;n im&aacute;genes del partido, el resultado, el rival y algunos jugadores. Pero aquel 19 de marzo de 1983 contra Los Andes, en la cuarta fecha del campeonato de la Primera B (en aquella &eacute;poca, la segunda categor&iacute;a), es una de las cruces que veo cuando miro hacia atr&aacute;s. Las cruces para m&iacute; tienen forma de &ldquo;X&rdquo;, no las asocio con la simbolog&iacute;a cat&oacute;lica. Esa vez no fui a la cancha, como s&iacute; hab&iacute;a sucedido en muchos otros partidos, an&oacute;nimos para m&iacute;. Todav&iacute;a no eran tiempos de afianzar el v&iacute;nculo con la consigna de <em>tesigoatodaspartes</em>. A esa edad disfrutaba del f&uacute;tbol sin la noci&oacute;n exacta de la pertenencia. Incluso la mixtura de colores a&uacute;n era una idea difusa: mi patria se divid&iacute;a entre Atlanta y la Selecci&oacute;n Argentina, sin una facci&oacute;n que se quedara definitivamente con la bandera.
    </p><p class="article-text">
        Contra Los Andes, a la cancha hab&iacute;an ido mi abuelo y mi hermano. Del resultado me enterar&iacute;a unas horas despu&eacute;s de finalizado el partido. El mensajero fue mi abuelo, que tra&iacute;a la noticia de una desgracia con un agregado dram&aacute;tico: Atlanta hab&iacute;a empatado un partido imposible y &eacute;l hab&iacute;a perdido el PRODE por ese resultado. Por una cruz o una &ldquo;X&rdquo; puesta en el casillero de Atlanta. En ese momento acertar los 13 partidos de la boleta implicaba ganar una fortuna. Mi abuelo, el que empez&oacute; la cadena gen&eacute;tica de hinchas de Atlanta en la familia, fue testigo desde los tablones de la ignominia. A partir de los 30 minutos del segundo tiempo Atlanta dejaba atr&aacute;s la calma del 4 a 1 y se internaba en una tormenta que lo sacudi&oacute; como nunca volver&iacute;a a pasar. Jam&aacute;s un equipo rival remontar&iacute;a un resultado del modo en que lo hizo Los Andes aquella vez, en tan poco tiempo y tan cerca del final. Con un inspirad&iacute;simo Sergio Saturno&ndash;el delantero que luego se har&iacute;a famoso por sus bicicletas en Hurac&aacute;n y Boca&ndash;, el equipo que hasta ah&iacute; me despertaba cierta simpat&iacute;a porque dec&iacute;an que ten&iacute;a &ldquo;mil rayitas&rdquo; en su camiseta lleg&oacute; al empate. Saturno, que tambi&eacute;n me gustaba porque su apellido era id&eacute;ntico al nombre de mi planeta preferido, hizo tres de los goles de Los Andes, que sobre la hora alcanz&oacute; un 4 a 4 imborrable para mi familia. Como burla del destino, muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde &mdash;una tarde de sol, traspapelada en mi vida&mdash; fui a comprar huevos y me vinieron envueltos en una p&aacute;gina deportiva del diario <em>Popular</em>. Yo tendr&iacute;a veintipico, hab&iacute;a pasado demasiado tiempo de aquel partido contra Los Andes, pero las hojas del envoltorio no estaban amarillas. Al contrario: luc&iacute;an nuevas, como el diario de hoy. Era, de verdad, como si el tiempo se hubiese detenido. Las fotos incluso eran a color y conservaban los tonos. En la s&iacute;ntesis se destacaba el resultado con n&uacute;meros gordos: Atlanta 4-4 Los Andes. No encuentro otro episodio en mi vida tan fuera de t&eacute;rmino como &eacute;se; sentir el pasado montado sobre el presente. Sin embargo, para m&iacute; era un hallazgo. Guard&eacute; aquella hoja de diario &ndash;sin los huevos&ndash; y la pegu&eacute; meticulosamente entre mis carpetas de Atlanta. Desde 1989 hab&iacute;a empezado a recortar y pegar cada uno de los comentarios de los partidos de Atlanta. Despu&eacute;s consegu&iacute; algunas cr&oacute;nicas anteriores y las sum&eacute; a mi archivo. Pero la cr&oacute;nica de ese partido, conseguirla tanto tiempo despu&eacute;s y que apareciera as&iacute;, de la nada, sin buscarla, fue como revivir un Big bang personal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcelo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/gran-equipo-chico_1_8653879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jan 2022 14:47:35 +0000]]></pubDate>
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