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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cromagnon]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cromagnon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Cromagnon]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dar la cara]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/dar-cara_129_8721128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ac50fab-55f1-48ae-a5f8-3bba83b6c5da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dar la cara"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sociólogo Juan Carlos Torre conecta la tragedia de Cromañón con los muertos de esta semana en el caso de la cocaína adulterada. "La experiencia kirchnerista -sostiene- ha sido consistente a lo largo del tiempo: una y otra vez quienes gobiernan en su nombre han mostrado nula compasión con el drama de aquellos a los que la suerte les ha jugado en contra y nula conciencia de que el cargo eminente que ocupan reclama conductas ejemplares".</p></div><p class="article-text">
        En ocasiones cr&iacute;ticas, cuando la sociedad es conmovida por hechos&nbsp; inesperados y tr&aacute;gicos, lo que hace la diferencia en el comportamiento de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos es, m&aacute;s que la ideolog&iacute;a, algo anterior a ella y que tiene que ver con dos cosas: la sensibilidad hacia el pr&oacute;jimo y la conciencia de las responsabilidades que entra&ntilde;a el ejercicio de la autoridad. Al respecto la experiencia kirchnerista ha sido consistente a lo largo del tiempo: <strong>una y otra vez quienes gobiernan en su nombre han mostrado nula compasi&oacute;n con el drama de aquellos a los que la suerte les ha jugado en contra y nula conciencia de que el cargo eminente que ocupan reclama conductas ejemplares.</strong> Cada uno de nosotros tiene una lista de casos en los que ,a la hora en que se impon&iacute;a hacerlo, no dieron la cara. 
    </p><p class="article-text">
        Yo aqu&iacute; he reflotado un texto que escrib&iacute; hace ya tiempo ante la tragedia de Croma&ntilde;&oacute;n a la vista de este otro&nbsp; silencio con el que las m&aacute;ximas autoridades han acompa&ntilde;ado&nbsp; lo que ocurri&oacute; y est&aacute; ocurriendo con el impacto del consumo de &ldquo;la coca&iacute;na envenenada&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El silencio del Presidente N&eacute;stor Kirchner ante los muertos de Croma&ntilde;&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Finalmente,&nbsp; como lo hab&iacute;a anticipado su oficina de prensa, el presidente habl&oacute; al pa&iacute;s por televisi&oacute;n el 31 de diciembre. Habl&oacute; desde Calafate, adonde la tragedia del recital de Plaza Once lo encontr&oacute; reunido con la familia. En su residencia se improvis&oacute; un escenario para el mensaje. El presidente habl&oacute; sentado en un sill&oacute;n de la sala, vestido informalmente. Las c&aacute;maras de televisi&oacute;n lo tomaron en un primer plano, con el rostro adusto y la mirada fija&nbsp; en la gran audiencia virtual que esperaba sus palabras.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente, antes de tomar la decisi&oacute;n de hablar, el presidente debi&oacute; desechar la opini&oacute;n de quienes le aconsejaban guardar silencio, aquellos que argumentaron sobre la inconveniencia de que se expusiera en medio de circunstancias de tan incierta resoluci&oacute;n pol&iacute;tica. Por qu&eacute; hablar ahora, dijeron, mejor hacerlo despu&eacute;s, una vez que se supiera c&oacute;mo la gente procesaba la terrible experiencia, una vez que se hubiese constatado c&oacute;mo se las arreglaba el gobierno de&nbsp; la ciudad de Buenos Aires, con An&iacute;bal Ibarra a la cabeza, para cabalgar la ola de la previsible ira popular. Por qu&eacute; hablar, en fin, si nada en la cadena de las responsabilidades directas de la noche aciaga en la &ldquo;Rep&uacute;blica de Croma&ntilde;&oacute;n&rdquo; lo involucraba en primera persona. Confrontado a una de las situaciones m&aacute;s dif&iacute;ciles que le tocaba vivir, desde que abandonara las seguridades de la gobernaci&oacute;n de Santa Cruz para entrar en la Casa Rosada, el presidente opt&oacute;, en definitiva, por hacer o&iacute;dos sordos a los c&aacute;lculos pol&iacute;ticos de su c&iacute;rculo m&aacute;s cercano y decidi&oacute; dar la cara.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s en esa decisi&oacute;n pes&oacute; la mirada de sus hijos, capturada en el retrato de familia que las c&aacute;maras de televisi&oacute;n dejaron ver sobre una peque&ntilde;a mesa, pr&oacute;xima al sill&oacute;n desde donde hablaba &ndash;una mirada que evocaba la de los chicos y chicas que la trampa mortal de Plaza Once llen&oacute; de una desesperaci&oacute;n a la que &eacute;l, padre como era, no pod&iacute;a ser indiferente. M&aacute;s importante todav&iacute;a, es posible que mientras maduraba su decisi&oacute;n comprendi&oacute; que &eacute;l no era apenas N&eacute;stor Kirchner, pol&iacute;tico de clase 1950, proveniente del sur, competidor por el liderazgo del partido justicialista. Supo que &eacute;l era tambi&eacute;n&nbsp; otro, el presidente del pa&iacute;s. Advirti&oacute;, entonces, que ocupaba ese lugar simb&oacute;lico al que la sociedad consternada y las v&iacute;ctimas de la tragedia en primer lugar dirig&iacute;an naturalmente su atenci&oacute;n en busca de las palabras de compasi&oacute;n y p&eacute;same que las arroparan con un sentido de comunidad en medio de tanto desamparo, a la vista de tanto horror.
    </p><p class="article-text">
        Y pidi&oacute; con urgencia las c&aacute;maras de televisi&oacute;n en Calafate. Cuando apareci&oacute; su imagen y empez&oacute; a hablar pudo observarse que no le&iacute;a un texto escrito de antemano; probablemente el apuro impidi&oacute; que le acercaran uno, quiz&aacute;s en el momento prefiri&oacute; improvisar sus palabras; como suele hacer con frecuencia en las tribunas suburbanas a las que acude escapando de los rituales y los protocolos para estar cerca del fervor popular; y de paso hacer corear su nombre por esas peque&ntilde;as muchedumbres que hace 18 meses ignoraban su existencia. Puesto a hablar con sus propios recursos fue evidente para todos algo ya sabido: su fuerte no es la frase elaborada, la fluidez de los oradores de masa. Sin embargo, en la ocasi&oacute;n, su ret&oacute;rica bastante r&uacute;stica le dio un aire m&aacute;s genuino a sus palabras, hizo m&aacute;s veros&iacute;mil su confesi&oacute;n, cuando dijo que hablaba desde su coraz&oacute;n de argentino y de padre y que, a la distancia, extend&iacute;a sus brazos para rodear y contener con ellos a los seguidores de &ldquo;Callejeros&rdquo; y sus familiares y hacerles saber que su dolor era el dolor del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Porque era precisamente eso lo que tantos esperaban del presidente ese 31 de diciembre. En la hora de la desolaci&oacute;n, no hacemos una pausa para investigar cuanta sinceridad hay en las palabras de condolencia que recibimos: las buscamos de donde vengan y nos aferramos a ellas para sentirnos acompa&ntilde;ados en el sufrimiento, que es en ese momento y frente a lo irreparable lo &uacute;nico que nos queda. Por lo tanto, no hay pretextos que valgan para privar de ellas a los que han perdido un ser querido o han contemplado de cerca de la muerte. El presidente comprendi&oacute; bien todo esto cuando tom&oacute; la decisi&oacute;n de hablar. Al hacerlo y pronunciar las palabras de condolencia, dichas por &eacute;l, &eacute;stas resonaron aut&eacute;nticas. No s&oacute;lo porque en alg&uacute;n pasaje de su discurso pareci&oacute; que se le quebrara la voz. El es un hombre que no oculta sus sentimientos y el cargo no lo ha cambiado. Hay en sus gestos en p&uacute;blico una conmovedora transparencia, que hace visible la distancia entre la persona y el rol que otros, en ese mismo lugar, procuran achicar disciplinando sus reflejos, dominando sus emociones. En cambio, &eacute;l es, a la vista de todos, afectuoso y cordial y, con m&aacute;s frecuencia, enojado y pendenciero.
    </p><p class="article-text">
        Esa forma de ser y de expresarse jug&oacute;, precisamente, un papel importante en el primero y m&aacute;s relevante de sus logros: <strong>la restauraci&oacute;n de la autoridad presidencial con iniciativas contundentes, enfrentando a poderosas presiones.</strong> La opini&oacute;n del pa&iacute;s, aliviada al ver por fin un timonel en la nave del gobierno, le retribuy&oacute; con altos &iacute;ndices de popularidad. Fueron esas credenciales pol&iacute;ticas las que tambi&eacute;n contribuyeron a tornar aut&eacute;nticas sus palabras. Sobre todo cuando despu&eacute;s de manifestar su pesar dio un paso m&aacute;s y se comprometi&oacute; a promover la b&uacute;squeda y el castigo de los responsables de la tragedia. Viniendo de alguien que hab&iacute;a hecho de la lucha contra la impunidad una bandera insignia de su gesti&oacute;n de gobierno, ese compromiso, adem&aacute;s de aut&eacute;ntico, result&oacute; cre&iacute;ble. Y lo fue m&aacute;s a&uacute;n cuando, ya en el tramo final de su improvisado discurso y en sinton&iacute;a con un diagn&oacute;stico ampliamente compartido, dijo que lo ocurrido en Plaza Once hab&iacute;a puesto en evidencia la falta de Estado en Argentina. Para, enseguida, agregar, que dedicar&iacute;a sus mejores esfuerzos la construcci&oacute;n de un Estado que limite y sancione los abusos de los intereses privados, el desempe&ntilde;o negligente y, al final, corrupto de los funcionarios encargados de velar por el bien p&uacute;blico y tambi&eacute;n las conductas de riesgo de los ciudadanos para con sus semejantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero el 31 de diciembre esas palabras no fueron dichas.</strong> <strong>La imagen del presidente no apareci&oacute; en las pantallas de televisi&oacute;n. Nestor Kirchner no quiso, no pudo o no supo estar a la altura de las circunstancias. Esta vez, dej&oacute; plantados a los argentinos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>JCT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Torre]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Feb 2022 03:03:18 +0000]]></pubDate>
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