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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Prejuicio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/prejuicio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Prejuicio]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Apología del prejuicio y la paranoia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apologia-prejuicio-paranoia_129_8762472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b145264-6d15-4e78-9ad6-ba69380d485f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apología del prejuicio y la paranoia"></p><p class="article-text">
        El prejuicio y la paranoia son dos conceptos con mala prensa. Es cierto que no son lo mismo, uno es un tipo de opini&oacute;n y la otra una vieja patolog&iacute;a, pero en el uso ambos aluden a un tipo de razonamiento fallido. M&aacute;s all&aacute; de los chistes y las poses, nadie quiere ser considerado prejuicioso ni paranoico en medio de una discusi&oacute;n seria. En ese sentido, los prejuicios y la paranoia corren con desventaja respecto a pasiones negativas como la melancol&iacute;a o el resentimiento, cuya productividad &eacute;tica y pol&iacute;tica fue reivindicada por gente como Enzo Traverso o Mark Fisher. &iquest;Ser&aacute; posible hacer lo mismo con los prejuicios y la paranoia? Veamos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sabidur&iacute;a sin reflexi&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque los prejuicios hoy nos parezcan un tipo de opini&oacute;n universalmente inv&aacute;lida, su cr&iacute;tica es totalmente moderna y puede fecharse con precisi&oacute;n: 1620. Ese a&ntilde;o, el pol&iacute;tico y fil&oacute;sofo ingl&eacute;s <strong>Francis Bacon</strong> public&oacute; su <em>Novum Organum</em>, un ensayo en el que propon&iacute;a una nueva manera de estudiar la naturaleza a partir de la observaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n, en contra del conocimiento basado en la tradici&oacute;n, la autoridad y los conceptos irreflexivos que aquellas alimentan, es decir, los prejuicios.&nbsp;	Despu&eacute;s de Bacon, los racionalistas del siglo XVII y los iluministas del siglo XVIII se turnaron para derrumbar prejuicios. Por la raz&oacute;n o la experiencia, hab&iacute;a que remover todo saber acr&iacute;tico, toda creencia heredada, hacer tabla rasa del conocimiento para que el potencial humano se desplegara al m&aacute;ximo sobre cimientos confiables. El punto &aacute;lgido de ese proyecto fue la Revoluci&oacute;n francesa: un intento por refundar a la sociedad, desde las leyes y el sistema de medidas hasta las costumbres y el calendario, todo basado en la raz&oacute;n y libre de prejuicios. Fue entonces que los prejuicios encontraron a su abogado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Edmund Burke era un parlamentario liberal brit&aacute;nico que lleg&oacute; a defender la independencia de las colonias americanas pero rechaz&oacute; a la Revoluci&oacute;n francesa, no por su violencia sino por sus fundamentos filos&oacute;ficos. Para Burke la pretensi&oacute;n de erradicar los prejuicios era una empresa da&ntilde;ina e in&uacute;til. El ser humano nace con simpat&iacute;a por lo que encuentra y predisposici&oacute;n a imitarlo, no a cambiarlo: &laquo;Es a trav&eacute;s de la imitaci&oacute;n, mucho m&aacute;s que por los preceptos, que aprendemos todas las cosas. Ella forma nuestras costumbres, nuestras opiniones y nuestras vidas. Es uno de los eslabones m&aacute;s fuertes de la sociedad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje es un buen ejemplo: nadie lo invent&oacute;, todos lo heredamos y nos permite vivir juntos; y si cambia, dice Burke, lo hace lenta y org&aacute;nicamente, por fuera de cualquier plan preestablecido. Lo mismo pasa con las costumbres, que se consolidan en normas sin que nadie las promulgue. Y con los prejuicios: &laquo;En este siglo de luces soy lo suficiente valiente para confesar que somos generalmente hombres de sentimientos no ense&ntilde;ados; que, en lugar de sacudir nuestros antiguos prejuicios, los tenemos en alta estima... El prejuicio convierte a la virtud de un hombre en su h&aacute;bito; y no una serie de actos inconexos. Mediante el mero prejuicio, su deber se convierte en una parte de su naturaleza&raquo;. Las personas no somos tan inteligentes como para aprender todo conscientemente, el prejuicio permite una &laquo;sabidur&iacute;a sin necesidad de reflexi&oacute;n&raquo;. Un inform&aacute;tico dir&iacute;a<em> it&acute;s not a bug, it&acute;s a feature</em>.
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos de Burke inspiraron a generaciones de conservadores. &laquo;Burke me convenci&oacute; de que nuestras creencias m&aacute;s necesarias pueden estar injustificadas y ser injustificables&raquo;, escribi&oacute; Roger Scruton en <em>C&oacute;mo ser conservador</em>. Pero no todos tuvieron esa lucidez. Recuerdo una buena charla con una de las pocas personas que pronosticaron el triunfo de Trump en 2016. Me explic&oacute; que, al haberse formado en publicidad, &laquo;ve&iacute;a a la gente como lo que es y no como lo que se supone que debe ser&raquo;. Y me comparti&oacute; otros pron&oacute;sticos: que Macri iba a reelegir, que Pedro S&aacute;nchez no iba a formar gobierno, que la crisis clim&aacute;tica no era tal&hellip; Era una persona inteligente pero negar los propios prejuicios es peor que ser est&uacute;pido. Un est&uacute;pido (todos lo somos en alguna medida) puede conocer sus l&iacute;mites. Quien se considera desprejuiciado y ve &laquo;las cosas como son&raquo;, no sabe que no sabe, ignora la tuber&iacute;a oxidada que filtra su fresca y cristalina inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Los prejuicios&mdash;dijo Hans-Georg Gadamer&mdash;nos comunican con una tradici&oacute;n a la que pertenecemos y nos resulta ajena a la vez. Sin ellos no entender&iacute;amos al mundo ni podr&iacute;amos comunicarnos.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La ilusi&oacute;n de un orden</strong></h3><p class="article-text">
        La palabra &laquo;paranoia&raquo; se emple&oacute; desde la Grecia cl&aacute;sica para designar a cualquier tipo de trastorno mental, incluidos los delirios por fiebre. Reci&eacute;n a fines del siglo XIX Emil Kraepelin, fundador de la psiquiatr&iacute;a moderna y enemigo de Freud, fij&oacute; el t&eacute;rmino para designar lo que hoy se llama &laquo;trastorno paranoide de personalidad&raquo;. Con Kraepelin aparece tambi&eacute;n el car&aacute;cter necesariamente social de la paranoia. Eso lo entendieron muy pronto sus disc&iacute;pulos, que la vincularon al resentimiento. Y tambi&eacute;n Salvador Dal&iacute; con su m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico: &laquo;vivencia ininterrumpida que permite al paranoico tomar las im&aacute;genes del mundo exterior por inestables y transitorias, y hasta por sospechosas&raquo;. Seg&uacute;n Maurice Nadeau, fue el m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico lo que llev&oacute; a los surrealistas a interesarse en la pol&iacute;tica y acercarse al comunismo.
    </p><p class="article-text">
        El paranoico, dice el Dr. <a href="https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-1-4612-4618-3_10" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Erich Wulff</a>, es capaz de pensar y sentir el mundo exterior pero no encuentra su sentido inmediato, no puede situar en su realidad a esa taza sobre la mesa, ni sabe c&oacute;mo comportarse respecto a ella. El delirio paranoico es el intento por compensar ese agujero en la realidad. No se trata de que haya necesariamente una conspiraci&oacute;n dentro de la taza, sino que la taza y todo lo dem&aacute;s carecen de sentido evidente, es necesario decodificarlos. Ser paranoico en definitiva es preguntarse patol&oacute;gicamente qu&eacute; ha sido establecido como realidad, buscar la realidad de la realidad. Eso implica que hay <em>una realidad</em> establecida. Y eso es una cuesti&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Enigmas y complots</em> (FCE, 2016) el soci&oacute;logo Luc Boltanski estudia c&oacute;mo la instituci&oacute;n de <em>una realidad</em> por parte de los estados a fines del siglo XIX, es decir la organizaci&oacute;n y unificaci&oacute;n de un conjunto de regularidades inteligibles y coherentes, coincidi&oacute; con un brote colectivo de paranoia: &laquo;Por una parte, la realidad nunca se ha presentado de manera tan organizada, tan robusta y, por ello, tan previsible como en las sociedades occidentales modernas. Pero, por otro lado, y acaso por las mismas razones, su fragilidad, o lo que sospechamos que es tal, surge en primer plano y parece despertar una inquietud sin precedente&raquo;. Esa inquietud tuvo tres grandes manifestaciones: el auge de las novelas policiales, el inter&eacute;s period&iacute;stico por las conspiraciones y el origen de la sociolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; otra cosa hacen las ciencias sociales sino decodificar la realidad, explicar lo visible mediante entidades invisibles (clases, status, capitalismo)? Un polic&iacute;a, un periodista y un soci&oacute;logo entran a un bar y se encuentran con un crimen: el polic&iacute;a buscar&aacute; un m&oacute;vil y un culpable; el periodista, una explicaci&oacute;n intuitiva para sus lectores. El soci&oacute;logo deber&aacute; manejarse con cuidado: si su explicaci&oacute;n es muy intuitiva puede confundirse con el periodista; si es demasiado contraintuitiva puede parecer un paranoico. Es la dosis justa de paranoia y profesionalismo la que le da su <em>je ne sais quoi</em> cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Pero en alg&uacute;n momento las ciencias sociales prefirieron jugar para el Estado y su <em>realidad</em>. En 1964 el historiador Richard Hofstadter public&oacute; <em>The Paranoid Style in American Politics</em>, un influyente ensayo que explicaba como &laquo;paranoia&raquo; al maccartismo, al bolchevismo, al antisemitismo, al populismo norteamericano de los a&ntilde;os &lsquo;30, al milenarismo medieval y a todo lo que no coincidiera con el liberalismo rooseveltiano del autor. En su entusiasmo, Hofstadter olvidaba que hay teor&iacute;as conspirativas y tambi&eacute;n hay conspiraciones. &laquo;Incluso los paranoicos tienen enemigos reales&raquo;, dijo el poeta Delmore Schwartz, contempor&aacute;neo de Hofstadter y paranoico notable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Hofstadter, el &laquo;conspirativismo&raquo; ha sido un lugar com&uacute;n, denunciado y analizado una y otra vez. Boltanski estudia esas acusaciones y an&aacute;lisis, muchas veces tan apresurados y elementales que no se diferencian demasiado de la paranoia que pretenden desarmar. Por eso cierra su libro con un llamado gremial a que los soci&oacute;logos se divorcien intelectualmente del Estado, cuya capacidad de establecer <em>la realidad</em> muri&oacute; hace rato, asuman ser portadores sanos de paranoia y sigan buscando la realidad de la realidad. Como no soy soci&oacute;logo, extiendo el llamado a todos los interesados en analizar cr&iacute;ticamente la <em>realidad</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta columna podr&iacute;a cerrar concluyendo groseramente que es dif&iacute;cil pensar sin prejuicios e investigar sin paranoia. Los primeros ordenan toda la informaci&oacute;n; la segunda, cierra el paquete y le da sentido. Pero no confiemos en esta divisi&oacute;n del trabajo: hay un conflicto pol&iacute;tico entre ambos. Los prejuicios nos reconcilian con lo dado y heredado, son esencialmente conservadores; la paranoia, en cambio, es una anarquista que desconf&iacute;a de todo. Son la derecha y la izquierda. Complementando ambas en su medida y armoniosamente alcanzaremos el equilibrio espiritual y pol&iacute;tico que anda necesitando esta &eacute;poca. O no.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Galliano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apologia-prejuicio-paranoia_129_8762472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 03:03:33 +0000]]></pubDate>
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