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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Islas Georgias]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/islas-georgias/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Islas Georgias]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/desembarco-georgias-misterioso-incidente-desato-guerra_1_8805306.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6f29d05-d3a0-411e-b4c8-4dd842662335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En marzo de 1982, poco antes del conflicto bélico entre la Argentina y el Reino Unido, un grupo de obreros argentinos quedó atrapado en una isla del Atlántico Sur. Con una investigación notable, cuarenta años después el periodista y escritor Felipe Celesia acaba de publicar el libro “Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra” donde reconstruye este particular episodio de la historia reciente. A continuación, un fragmento del capítulo "Islas Georgias del Sur S.A."</p></div><p class="article-text">
        Constantino Davidoff, el chatarrero de Avellaneda, ten&iacute;a 35 a&ntilde;os, un traje impecable y mucha confianza en s&iacute; mismo cuando entr&oacute; a la sala de reuniones de la escriban&iacute;a &ldquo;De Pinna, Scorers &amp; John Venn&rdquo; en el centro de Londres. <strong>Su buen &aacute;nimo se entend&iacute;a; con unas firmas y unos dep&oacute;sitos, se quedar&iacute;a, calculaba, con un negocio de 30 millones de d&oacute;lares. </strong>Eso a condici&oacute;n de lograr financiar y organizar una operaci&oacute;n de desguace de tres factor&iacute;as balleneras en las lejan&iacute;simas islas Georgias del Sur. Una misi&oacute;n compleja pero nada imposible para este hijo de migrantes econ&oacute;micos escapados de la Segunda Guerra. Padre b&uacute;lgaro y madre griega con un nombre anticipatorio, Georgia.
    </p><p class="article-text">
        San Pedro, la isla principal del archipi&eacute;lago subant&aacute;rtico -a dos mil kil&oacute;metros al sudeste de Ushuaia y a mil quinientos al nordeste de la base Marambio-, se convirti&oacute; en la capital mundial de la caza de ballenas en la primera mitad del siglo pasado. <strong>Para esa &eacute;poca ya no se persegu&iacute;an cet&aacute;ceos en botes a remo con arponeros rom&aacute;nticos y capitanes dispuestos a todo. La t&eacute;cnica hab&iacute;a mejorado, los barcos ya no eran a vela sino a motor y el brazo de los tripulantes robustos hab&iacute;a sido reemplazado por un ca&ntilde;&oacute;n en la proa que disparaba lanzas con anclaje y punta explosiva.</strong> Ya no eran necesarias campa&ntilde;as de a&ntilde;os peinando los mares en busca de los enormes mam&iacute;feros, capeando temporales, conteniendo motines y perdiendo hombres por escorbuto. Y todo ello sin certeza de rentabilidad. En la era moderna de la ballener&iacute;a, bastaba con un barco catcher peque&ntilde;o y veloz y un vig&iacute;a atento que advirtiera los soplidos a la distancia para lanzarse sobre el animal, matarlo, inflarlo para que no se hundiera y seguir as&iacute; hasta el fin de la jornada en la que se recog&iacute;a la pesca y se la trasladaba a tiro hasta la factor&iacute;a para procesarla.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">San Pedro, la isla principal del archipiélago subantártico -a dos mil kilómetros al sudeste de Ushuaia y a mil quinientos al nordeste de la base Marambio-, se convirtió en la capital mundial de la caza de ballenas en la primera mitad del siglo pasado. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En las Georgias, la primera planta la instal&oacute; en 1904 el noruego <strong>Carl Anton Larsen</strong>, capit&aacute;n del Antarctic, el velero de la expedici&oacute;n sueca al Polo Sur de 1901 que termin&oacute; devorado por el hielo. Larsen y su tripulaci&oacute;n, entre los que se encontraba el militar y ge&oacute;logo argentino <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Sobral</strong>, fueron rescatados por el capit&aacute;n <strong>Juli&aacute;n Ir&iacute;zar</strong> con la corbeta Uruguay, en una proeza que maravill&oacute; al mundo. Larsen se qued&oacute; en Buenos Aires, sin barco pero con la iniciativa intacta, y comenz&oacute; a buscar capitales para un proyecto ballenero. Los encontr&oacute; en <strong>Ernesto Tornquist</strong>, un empresario argentino multiprop&oacute;sito, y un compatriota, el embajador noruego en Argentina, <strong>Peter Christophersen</strong>. Ambos pusieron 200 mil pesos oro de capital inicial y as&iacute;, los escandinavos y el argentino alumbraron la Compa&ntilde;&iacute;a Argentina de Pesca (CAP).
    </p><p class="article-text">
        La firma ballenera desembarc&oacute; en noviembre en las Georgias, en el terreno que Larsen consider&oacute; m&aacute;s propicio para instalarse. Una explanada amplia &ndash;nada com&uacute;n en la topograf&iacute;a abrupta de las islas-, protegida de los vientos del sur, a orillas de una bah&iacute;a profunda y con un gran lago de agua dulce, esencial para procesar la grasa de ballena. Larsen no fue el primero en advertir el potencial de la zona.<strong> Los foqueros de los siglos XVIII y XIX ya hab&iacute;an operado ah&iacute; y como testimonio de su paso hab&iacute;an quedado abandonadas las ollas que usaban para extraer el aceite.</strong> El paisaje intervenido inspir&oacute; al segundo de Larsen en el Antarctic, el arque&oacute;logo <strong>Johan Gunnar Andersson</strong>, que con una denominaci&oacute;n sencilla y pr&aacute;ctica bautiz&oacute; el lugar como &ldquo;Grytviken&rdquo;, contracci&oacute;n noruega que significa &ldquo;bah&iacute;a de las ollas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Felipe Celesia nació en Buenos Aires y es periodista desde 1990.                            </span>
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        En los a&ntilde;os posteriores, Grytviken creci&oacute; a la par de la demanda sostenida del aceite y otras materias primas de los cet&aacute;ceos que el mundo de entonces usaba en combustibles, fertilizantes, lubricantes, alimentos, pinturas y otros productos. <strong>A las modestas casitas prefabricadas en Noruega, que llevaron en el primer desembarco, pronto se sum&oacute; un hospital, correo, residencias, iglesia, cementerio, biblioteca, cine, oficinas administrativas, talleres, usina y &aacute;reas para dep&oacute;sito de aceite, deportes, talleres y mantenimiento. </strong>Todo lo necesario para un pueblo ballenero que pod&iacute;a albergar hasta dos mil personas en verano.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1909, los brit&aacute;nicos instalaron una oficina con un representante permanente de la Corona que cobraba los permisos de pesca y arrendaba las tierras, en un sector lindero a Grytviken, que llamaron King Edward Point. El mismo a&ntilde;o, los balleneros escoceses de Christian Salvesen fundaron Leith, hom&oacute;nima al distrito portuario de Edimburgo, en otra bah&iacute;a reparada, a unos 20 kil&oacute;metros en l&iacute;nea recta de Grytviken. En 1910, en la misma caleta que Leith se ubicaron los noruegos de Tonsberg y llamaron a su instalaci&oacute;n Husvik. <strong>En 1912, m&aacute;s noruegos llegaron para abrir Stromness, justo al lado de Leith.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La isla principal de las Georgias se encendi&oacute; con las inversiones balleneras y para fines de 1912 ya hab&iacute;a ocho instalaciones con sus flotas de catchers. Esa actividad se mantendr&iacute;a, con sus derivas, hasta 1965. <strong>La cuenta total dice que en las Georgias se faenaron m&aacute;s de 175 mil ballenas en sus seis d&eacute;cadas de actividad, unas 9 millones de toneladas de materia prima, si se acepta el promedio de 50 toneladas por esp&eacute;cimen.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Davidoff conoc&iacute;a lo b&aacute;sico de esta historia cuando en 1978 negoci&oacute; con los due&ntilde;os de Salvesen desmantelar para vender al peso Husvik, Stromness y Leith, pagando <strong>115 mil libras esterlinas por todo lo que all&iacute; pudiera haber</strong> salvo el ballenero Karrakatta, abandonado en una playa de Husvik. <strong>En este empe&ntilde;o, a Davidoff lo respaldaba que era un &ldquo;metalero&rdquo; industrial que prove&iacute;a de materia prima a varias acer&iacute;as y metal&uacute;rgicas nacionales. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desarmar y vender era su oficio y le iba bastante bien. </strong>Por esa &eacute;poca segu&iacute;a levantando los cables coaxiales de telefon&iacute;a del fondo del Atl&aacute;ntico que hab&iacute;an quedado sin uso con las transmisiones satelitales. En 1973 gan&oacute; la compra de un tramo del tendido a la compa&ntilde;&iacute;a inglesa &ldquo;The Western Telegraph Limited Company&rdquo;. Sac&oacute; buenos rendimientos y volvi&oacute; a pujar y ganar por m&aacute;s tramos en 1976 y 1979. Los cables, de veinte cent&iacute;metros de circunferencia, estaban apoyados en el lecho oce&aacute;nico de Argentina, Uruguay y Brasil, a una profundidad que variaba entre los 100 y los 150 metros. La tarea de las tripulaciones de los buques que hab&iacute;a comprado Davidoff para cumplir con los contratos -Tr&eacute;bol y Cleopatra- era arrimarse con cartas n&aacute;uticas a la ubicaci&oacute;n probable, pescar efectivamente el cable con una l&iacute;nea robadora, izarlo, trozarlo y llevarlo a Buenos Aires para separar todos los materiales y venderlos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La isla principal de las Georgias se encendió con las inversiones balleneras y para fines de 1912 ya había ocho instalaciones con sus flotas. Esa actividad se mantendría, con sus derivas, hasta 1965. La cuenta dice que se faenaron más de 175 mil ballenas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A Davidoff, que era un tipo llano, sin ampulosidades ni pretensiones, cada tanto le gustaba comer con sus empleados. En una de esas comidas el contramaestre del Tr&eacute;bol, que hab&iacute;a ido unas cuantas veces a la isla Tule -Sandwich del Sur- para dejar provisiones a unos cient&iacute;ficos argentinos, le describi&oacute; las estaciones abandonadas en San Pedro y lo conmin&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        -Usted tiene que ir. En las Georgias hay un mont&oacute;n de material.
    </p><p class="article-text">
        En ese momento, Davidoff no sab&iacute;a absolutamente nada de las Georgias, su historia o sus posibilidades, pero se interes&oacute;. <strong>Siempre se hab&iacute;a enorgullecido de tener un talante audaz para los trabajos dif&iacute;ciles, para hacer lo que otros no hac&iacute;an.</strong> Y si era como dec&iacute;a el marinero, era un trabajo perfecto para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        El primer movimiento fue ir a la embajada brit&aacute;nica, en Recoleta, para preguntar honestamente si advert&iacute;an alg&uacute;n impedimento, pol&iacute;tico o legal, para que fuera con sus hombres a desarmar las estaciones. <strong>Dijeron que no, que era libre de negociar con los propietarios y viajar a las islas a cumplir el contrato.</strong> El &uacute;nico pedido de los brit&aacute;nicos fue que no empleara a nativos de las Malvinas porque all&iacute; la mano de obra era escasa y el gobernador pod&iacute;a protestar.
    </p><p class="article-text">
        Contact&oacute; entonces a los due&ntilde;os de Salvesen Limited que no demoraron en responder que &ldquo;jam&aacute;s&rdquo; vender&iacute;an las instalaciones a un argentino y que por otra parte estaban estudiando ofertas de capitales chilenos y japoneses. En resumen, que se olvidara del proyecto porque no ten&iacute;a chance. <strong>Davidoff no se desmoraliz&oacute; por la respuesta y como las Georgias depend&iacute;an de la gobernaci&oacute;n de Malvinas, se hizo un viaje por su cuenta.</strong> Vol&oacute; un martes, por L&iacute;neas A&eacute;reas del Estado (LADE), y volvi&oacute; el jueves con el vuelo de regreso, para convencerlos de que le permitieran hacer el negocio. El gobernador James Parker le crey&oacute; que su intenci&oacute;n era puramente comercial, aunque pol&iacute;ticamente prefer&iacute;a que no se concretara porque en la isla recelaban de los argentinos. As&iacute; se lo comunic&oacute; a los escoceses, quienes no obstante, a pesar de ese primer rechazo tajante, y el inter&eacute;s de chilenos por un dique flotante y de japoneses para instalar una base pesquera, terminaron conversando con Davidoff. Ellos pod&iacute;an ofrecer las tres estaciones, m&aacute;s los cuatro barcos que estaban varados en Grytviken. Todo se encarrilaba. La log&iacute;stica iba a ser un trabajo enorme pero sin duda val&iacute;a la pena invertir en el intento.
    </p><p class="article-text">
        Constantino ten&iacute;a claro que solo no iba a poder as&iacute; que sali&oacute; a buscar socios entre los chatarreros y logr&oacute; interesar a dos actores importantes dentro del rubro, <strong>Jorge Frin</strong> y <strong>Omar Checa</strong>, para que lo ayudaran a dise&ntilde;ar y costear la operaci&oacute;n. Pero su socio principal terminar&iacute;a siendo un diplom&aacute;tico y abogado peronista que por entonces dirig&iacute;a la parte legal del Banco Juncal, <strong>Juan Carlos Olima</strong>. Islas Georgias del Sur S.A. se registr&oacute; entonces con las firmas de Davidoff, Checa y Olima.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los escoceses pretend&iacute;an 10 mil libras por la opci&oacute;n de compra y las restantes 95 mil cuando estuviera en condiciones de iniciar las operaciones en la isla. </strong>A ese capital hab&iacute;a que sumarle los costos operativos, que Davidoff presupuest&oacute; con Frin y Checa. Calcularon que necesitar&iacute;an cerca de medio mill&oacute;n de d&oacute;lares y que podr&iacute;an juntarlos entre l&iacute;neas de cr&eacute;ditos bancarias y financieras a las que ten&iacute;an acceso. Davidoff operaba con el Banco Quilmes y el Royal Bank Of Canada pero los fondos llegaron v&iacute;a Olima, a trav&eacute;s del Juncal. Frin, por su parte, gestion&oacute; la participaci&oacute;n del Banco Naci&oacute;n y de las financieras Central y Plaf&iacute;n. Los pagos de los cr&eacute;ditos se har&iacute;an cuando regresara el primer embarque de material. Para respaldar los pr&eacute;stamos, Davidoff puso como garant&iacute;a su casa. Todo indicaba que, como m&iacute;nimo, iban a amortizar la inversi&oacute;n y a triplicarla en el primer a&ntilde;o de operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero faltaba algo indispensable, el transporte. <strong>A las Georgias se llega exclusivamente en barco. La distancia y la falta de pista hacen imposibles los vuelos.</strong> Davidoff pens&oacute; en alquilar los servicios del Endurance, el transporte polar de los brit&aacute;nicos en Puerto Stanley pero para cuando consult&oacute;, el gobernador colonial hab&iacute;a cambiado. El nuevo, Rex Hunt, desconfiaba de las intenciones del proyecto y no entend&iacute;a por qu&eacute; Parker le hab&iacute;a permitido a un argentino quedarse con ese negocio. El chatarrero entendi&oacute; entonces que por el lado brit&aacute;nico no ser&iacute;a el camino. <strong>Tendr&iacute;a que buscar alternativas pero lo central era que las partes estaban de acuerdo. El resto se resolver&iacute;a.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los escoceses pretendían 10 mil libras por la opción de compra y las restantes 95 mil cuando estuviera en condiciones de iniciar las operaciones en la isla. A ese capital había que sumarle los costos operativos, que Davidoff presupuestó con Frin y Checa. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con esa premisa lleg&oacute; Davidoff a la escriban&iacute;a londinense ese h&uacute;medo y lluvioso 19 de septiembre de 1979, a asegurar su proyecto con las garant&iacute;as de la ley. <strong>En la mesa estaban sentados unos cuantos escoceses, muy obsequiosos pero algo asombrados de ese hombre peque&ntilde;o y decidido que se dispon&iacute;a a comprar toneladas de chatarra en el indiscutible rinc&oacute;n m&aacute;s lejano del mundo. </strong>Uno de ellos se anim&oacute; y pregunt&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Usted sabe qu&eacute; son las factor&iacute;as? &iquest;Tiene una empresa grande detr&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Davidoff ensay&oacute; su sonrisa m&aacute;s sobradora y respondi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        -Si ustedes lo armaron, no se preocupen, yo lo desarmo.
    </p><p class="article-text">
        Y todos rieron.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Felipe Celesia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/desembarco-georgias-misterioso-incidente-desato-guerra_1_8805306.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Mar 2022 03:08:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Islas Georgias,Guerra de Malvinas]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Desembarco en las Georgias: chatarreros en el frío, una bandera flameando y el insólito negocio que precipitó la Guerra de Malvinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/desembarco-georgias-chatarreros-frio-bandera-flameando-insolito-negocio-precipito-guerra-malvinas_1_8804291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0090d53-bd25-4ee8-8ffb-cb5fc65c9372_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desembarco en las Georgias: chatarreros en el frío, una bandera flameando y el insólito negocio que precipitó la Guerra de Malvinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Enviados por un empresario que quería desguazar instalaciones balleneras para obtener réditos millonarios, un grupo de obreros argentinos quedó atrapado en una isla del Atlántico Sur cuando se desató el conflicto bélico. Cuarenta años después, el periodista Felipe Celesia acaba de publicar el libro “Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra” en el que, a partir de una notable investigación, reconstruye este particular episodio de la historia reciente.</p><p class="subtitle">Política, historia y contradicciones en un libro sobre el rey de la música popular: “Palito Ortega es irritante para la élite cultural argentina”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La emoci&oacute;n de lo desconocido era apenas un complemento para la mayor&iacute;a de los hombres que aguardaban en el muelle aquel 11 de marzo de 1982. <strong>Estaban ah&iacute;, asumiendo el compromiso de permanecer cuatro meses en una isla que desconoc&iacute;an por completo, por la paga</strong>&rdquo;. La escena pertenece al libro <em>Desembarco en la Georgias </em>(Editorial Paid&oacute;s, 2022), del periodista y escritor <strong>Felipe Celesia</strong> donde se reconstruye un episodio desconocido, casi oculto, que tuvo lugar hace 40 a&ntilde;os, cuando un grupo de chatarreros y t&eacute;cnicos argentinos fue convocado por un comerciante de la localidad de Avellaneda para desguazar instalaciones balleneras abandonadas en una isla del Atl&aacute;ntico Sur. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un negocio suculento ideado por el empresario argentino Constantino Davidoff que calculaba alzarse con unos 30 millones de d&oacute;lares despu&eacute;s de una aventura dif&iacute;cil, pero no imposible</strong>: necesitaba una embarcaci&oacute;n que pudiera llevar a los hombres capaces de hacer el trabajo, que los due&ntilde;os escoceses de las instalaciones aceptaran su propuesta y que las autoridades brit&aacute;nicas &ndash;entonces a cargo de las Islas Malvinas y las Georgias del Sur&ndash; le dieran el visto bueno.&nbsp;
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        Despu&eacute;s de varias negociaciones lo consigui&oacute; y a comienzos de marzo de 1982 los obreros viajaron a bordo del buque Bah&iacute;a Buen Suceso, perteneciente a la Armada argentina, en plena dictadura militar. Pronto zarp&oacute; otra embarcaci&oacute;n, el Bah&iacute;a Para&iacute;so, que traslad&oacute; a los Alfa, un grupo de &eacute;lite comandado por el represor <strong>Alfredo Astiz</strong>, que ten&iacute;a la finalidad de custodiar de alguna manera la misi&oacute;n de los trabajadores en aquel lugar inh&oacute;spito.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las autoridades brit&aacute;nicas detectaron esos movimientos y, sobre todo, desde el momento en que tuvieron informaci&oacute;n sobre el izamiento de una bandera argentina en el lugar, los chatarreros quedaron en medio del fuego cruzado. <strong>El conflicto b&eacute;lico en ciernes, a partir del proyecto de la Junta Militar argentina que pretend&iacute;a recuperar las Islas Malvinas ese a&ntilde;o, escal&oacute; y ya no hubo c&oacute;mo frenarlo</strong>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Desembarco en las Georgias. La verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra&quot; acaba de salir por editorial Paidós.                            </span>
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        Con una investigaci&oacute;n notable, <em>Desembarco en las Georgias</em> ofrece un relato minucioso de los hechos tejido, entre otras cosas, <strong>con la voz de algunos de los protagonistas, con archivos, con los diarios personales de los propios trabajadores</strong>, con los testimonios de oficiales brit&aacute;nicos y con documentos oficiales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los chatarreros llegaron a las Islas Georgias el 19 de marzo 1982, faltaban unos d&iacute;as para la reconquista de las Malvinas del 2 de abril. <strong>En ese momento esta historia tuvo una estatura important&iacute;sima y ocup&oacute; la tapa de todos los diarios. Pero despu&eacute;s esto qued&oacute; eclipsado y superado, si se me permite el t&eacute;rmino, por la propia guerra</strong>&rdquo;, explica Felipe Celesia en di&aacute;logo con <em>elDiarioAR</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se cumplen 40 a&ntilde;os de Malvinas, un conflicto que en este tiempo de alguna manera fue bastante narrado. Sin embargo en tu libro tra&eacute;s una historia poco conocida. &iquest;C&oacute;mo llegaste a ella y por qu&eacute; te atrajo para investigarla?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        No me acuerdo bien cu&aacute;ndo me apareci&oacute; este episodio. <strong>Pero siempre escuch&eacute; una suerte de lugar com&uacute;n, algo que se repite desde hace muchos a&ntilde;os: que Astiz se rindi&oacute; en las Islas Georgias sin tirar un tiro.</strong> Me preguntaba: &iquest;es cierto o no es cierto? Y me pareci&oacute; que hab&iacute;a potencial en esa historia. Entonces lo primero que hice fue comunicarme con <strong>Federico Lorenz</strong> que era el director, por entonces, del Museo Malvinas. Y &eacute;l me contest&oacute; que fue as&iacute;, pero tampoco me dio mucho dato que justificara su respuesta. Entonces me compromet&iacute; un poco m&aacute;s con el tema y me puse a investigar. No me interesaba tanto la parte b&eacute;lica, aunque me parec&iacute;a que hab&iacute;a que despejar esta duda hist&oacute;rica: <strong>el gran represor, el que secuestr&oacute; a las fundadoras de Madres de Plazas de Mayo, el que form&oacute; parte del aparato represivo m&aacute;s brutal de la ESMA, &iquest;se rindi&oacute; efectivamente sin tirar un tiro en el &lsquo;82 cuando ten&iacute;a la oportunidad de medir su valor militar?</strong>
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            <span class="title">
                En marzo de 1982 un grupo de chatarreros argentinos partió rumbo al Atlántico Sur. Su destino eran las Islas Georgias.                            </span>
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        <strong>Hasta que llegaste a la historia de los obreros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, mi eje empez&oacute; a ser <strong>la experiencia de estos tipos que hab&iacute;an ido a ganarse el mango, a buscar una vida mejor y se hab&iacute;an visto envueltos en una guerra de proporciones enormes, en un conflicto entre Estados</strong>. Eso era lo que me interesaba contar a m&iacute;. Y supon&iacute;a que iba a ser relativamente sencillo dar con estos nombres, lo cual fue estrictamente cierto porque la Armada, como una suerte de indemnizaci&oacute;n, pong&aacute;mosle, despu&eacute;s de haber sufrido el episodio, los consider&oacute; veteranos de guerra. Entonces forman parte de una n&oacute;mina de ex combatientes a la se tiene acceso p&uacute;blico. All&iacute; figuran como <em>Civiles Davidoff</em>, porque Constantino Davidoff fue el empresario del emprendimiento, el que tuvo la idea de desmantelar estas estaciones balleneras. Y ah&iacute; es donde empieza este malentendido que termina en la guerra del Atl&aacute;ntico Sur.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fue mal </strong><em><strong>timing</strong></em><strong>, fue una coincidencia que la guerra de alguna manera estaba en ciernes cuando Davidoff consigui&oacute; todo y lanz&oacute; su plan?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es muy sobre la fecha y esto no es casualidad. <strong>La Armada Argentina le libera un buque a Davidoff para que pudiera ser el transporte de los trabajadores sobre esa fecha, cuando tampoco era el momento ideal para hacer una campa&ntilde;a en un lugar como ese, donde las temperaturas y la climatolog&iacute;a eran muy extremas. </strong>Todas las recomendaciones indican que cualquier cosa que vaya hacerse en la zona se haga en verano. Y ac&aacute; est&aacute;bamos sobre final, ya en los comienzos del oto&ntilde;o. Hay dos desarrollos paralelos, uno es el comercial que es cuando el mismo Davidoff dice&ldquo;ac&aacute; hay un buen negocio&rdquo;. A medida que avanza un poco m&aacute;s, se da cuenta de que estaba hablando de algo millonario. Entonces avanza con las negociaciones con los propietarios del lugar, que eran unos escoceses, y logra cerrar un acuerdo para ir a desarmar esas instalaciones. <strong>En paralelo, est&aacute; el desarrollo militar que tiene que ver con la tradici&oacute;n de la Armada Argentina de ir expandiendo las fronteras nacionales en las Islas del Atl&aacute;ntico Sur, en disputa con el Reino Unido, de la manera que sea.</strong> Entonces, desde principios del siglo pasado, dotaciones de marinos, civiles y conjuntos de civiles y militares fueron montando instalaciones como para hacer ocupaciones de facto. Cuando Davidoff empieza con este proyecto, a los militares, a los marinos argentinos, se les ocurre que es la excusa perfecta para enviar, junto con ellos, un grupo de infantes de marina que hicieron invernar ah&iacute; cuando los ingleses ya se estaban retirando porque se ven&iacute;a la &eacute;poca dura del oto&ntilde;o y del invierno. Pero eso se desestima o se desactiva en los papeles, aunque no en los hechos, cuando la Junta Militar decide hacer la recuperaci&oacute;n de las Islas Malvinas.<strong> Las Georgias quedan a 1500 km de las Malvinas y a 1500 km la Base Marambio en la Ant&aacute;rtida. Es realmente un lugar muy lejano y muy aislado.</strong> Lo que la Junta dice es &ldquo;si nosotros reconquistamos las Malvinas, la Georgias va a ser un puesto de avanzada que nos va a costar mucho defender y que estrat&eacute;gicamente no va a tener mucho valor, entonces desactivemos esta idea de llevar unos muchachos que se queden a pasar el invierno porque vamos a tener este plan mucho m&aacute;s ambicioso de recuperar las Malvinas&rdquo;.
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                    alt="Felipe Celesia es autor de numerosos libros de no ficción, entre los que se cuentan &quot;La muerte es el olvido&quot;, donde relata la historia del Equipo Argentino de Antropología Forense."
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            <span class="title">
                Felipe Celesia es autor de numerosos libros de no ficción, entre los que se cuentan &quot;La muerte es el olvido&quot;, donde relata la historia del Equipo Argentino de Antropología Forense.                            </span>
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        <strong>Sin embargo se quedan.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, esto se desactiva en los papeles y no en los hechos porque el grupito de marinos que hab&iacute;an elegido para hacer la&nbsp;invernada sigue activo, sigue concentrado bajo el mando de <strong>Alfredo Astiz</strong> haciendo ejercicios y de hecho los mandan con los buques de abastecimiento a recorrer las estaciones ant&aacute;rticas argentinas. <strong>Cuando se complica diplom&aacute;ticamente la cuesti&oacute;n por la presencia de los obreros argentinos, los activan y los mandan a la isla a defender a los trabajadores. </strong>Davidoff lo que intent&oacute; hacer, creo yo, es quedar bien con Dios y con el diablo: hacer su negocio, pero, por otro lado, aportar patri&oacute;ticamente, si se quiere, a la Armada Argentina para este objetivo de ocupar las Islas del Atl&aacute;ntico Sur.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay algo curioso en el libro y es que se van contando hechos que con el tiempo trascienden en los medios y se hacen p&uacute;blicos, pero esto est&aacute; cruzado con cierto material &iacute;ntimo: hay sensaciones, comidas, charlas, canciones. &iquest;C&oacute;mo accediste a esas escenas m&aacute;s personales de los trabajadores?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, hay una dimensi&oacute;n que tiene que ver con los episodios que los exceden, la guerra, las decisiones militares, las decisiones empresarias. Pero despu&eacute;s yo estim&eacute; que la historia ten&iacute;a que necesariamente contemplar una dimensi&oacute;n humana, &iacute;ntima, privada de la experiencia personal de cada uno de ellos. Y eso lo fui relevando con materiales de gran ayuda, b&aacute;sicamente cuatro diarios personales, cuatro registros manuscritos que hicieron tres trabajadores y un conscripto, que muy gentilmente y generosamente me aportaron. <strong>Este registro, a diferencia del testimonio, no est&aacute; mediado ni por el tiempo, ni por la construcci&oacute;n de un relato. Porque si bien se transcribe, ellos tuvieron que escribir eso que les parec&iacute;a relevante, volcando sus experiencias, sus&nbsp; impresiones, esas sensaciones y esos hechos al papel inmediatamente de ocurridos</strong>. El manuscrito de <strong>Carlos Mileti</strong>, que era mec&aacute;nico y entend&iacute;a&nbsp; tambi&eacute;n de electricidad, es el m&aacute;s detallado de todos: se tomaba el trabajo cada noche de volcar al papel todo lo que hab&iacute;a pasado durante el d&iacute;a y esto tambi&eacute;n en sincro con sus compa&ntilde;eros, como una suerte de acta de los obreros. Todos le hab&iacute;an delegado, de alguna manera, este poder de transcribir lo que hab&iacute;a ocurrido para que quedara alg&uacute;n documento hist&oacute;rico de su paso por la isla.
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                    alt="Ilusionados por una paga suculenta, los obreros nunca imaginaron que quedarían en medio del fuego cruzado entre la Junta Militar argentina y el gobierno británico."
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                Ilusionados por una paga suculenta, los obreros nunca imaginaron que quedarían en medio del fuego cruzado entre la Junta Militar argentina y el gobierno británico.                            </span>
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        <strong>En alg&uacute;n momento del libro defin&iacute;s a los chatarreros como &ldquo;conquistadores inconscientes&rdquo; de este lugar. Y narr&aacute;s como un suceso importante el izamiento de una bandera argentina a poco de llegar a las Georgias. &iquest;C&oacute;mo fue ese episodio? &iquest;Tuvo tanta relevancia en lo que vino despu&eacute;s?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que esa escena los dej&oacute; descolocados, pero <em>a posteriori</em>. <strong>Porque cuando lo hicieron no supusieron ni por un instante que a partir de ese izamiento los brit&aacute;nicos iban a considerar que esa era una invasi&oacute;n militar de manual y que los argentinos estaban haciendo pie con ambiciones soberanas.</strong> Lo que pas&oacute; es que uno ellos era un hincha fan&aacute;tico de River y hab&iacute;a llevado un bander&iacute;n como hubiera llevado el bander&iacute;n de su equipo favorito a cualquier lado. Ah&iacute; el director de obra dijo: &ldquo;Muchachos, vamos a estar un tiempo largo, somos argentinos, pongan la bandera argentina&rdquo;. Y as&iacute;, sin ninguna ceremonia, sin ninguna pompa, sin ning&uacute;n simbolismo del que ellos fueran conscientes, ataron un remo partido y despu&eacute;s con alambre a un transformador el&eacute;ctrico elevado y pusieron la bandera. Hay que decir que hubo una cierta picard&iacute;a del capit&aacute;n del buque, que el d&iacute;a antes de llegar a las Georgias les regal&oacute; esta bandera y les hizo un discurso inspirador de corte patri&oacute;tico. <strong>Del lado de la autoridad militar fue una picard&iacute;a entregarles esta bandera, pero por el lado de ellos hubo una gran ingenuidad</strong>: no ten&iacute;an la menor idea de que eso pod&iacute;a provocar un conflicto como el que provoc&oacute;.
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                Alfredo Astiz y un grupo de élite en 1982 en las Islas Georgias.                            </span>
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        <strong>Mencionabas antes a Astiz como una suerte de disparador que te llev&oacute; a buscar m&aacute;s para esta investigaci&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; andaba hacia 1982? &iquest;Cu&aacute;l fue su rol espec&iacute;fico en esta historia?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Astiz en ese entonces era un personaje inc&oacute;modo para la Marina porque ya hab&iacute;a hecho todo aquello que lo convirti&oacute; en lo que hoy sabemos que es. Hab&iacute;a secuestrado a las Madres, hab&iacute;a sido parte de la ESMA, hab&iacute;a pasado por el centro piloto de Par&iacute;s, hab&iacute;a pasado por Johannesburgo, siempre con su pasado persigui&eacute;ndolo. Era un personaje un poco inc&oacute;modo.<strong> Lo que &eacute;l les dec&iacute;a a sus colegas entonces era que con esto lo estaban mandando un poco al muere</strong>, que no entend&iacute;a bien por qu&eacute; le hab&iacute;an otorgado esa misi&oacute;n, que era para un infante de Marina, cuando &eacute;l era un hombre de barcos. <strong>Lo que se ve muy claramente es que Astiz llega con una idea de confraternizar y armonizar esa espera de la guerra que iban a tener en la isla con los trabajadores, o sea, les baja la ansiedad, les da ciertas seguridades de que los iban a evacuar. Y asume un liderazgo as&iacute; facto que los trabajadores le reconocen. Es amable, toca la guitarra, canta con ellos, come, se emborracha.</strong> Es parte de esa <em>juvenilia</em> que se hab&iacute;a armado ah&iacute; un poco derivada de que hab&iacute;a que sacar por alg&uacute;n lado la tensi&oacute;n y el estr&eacute;s de estar esperando una de la flotas m&aacute;s poderosas el mundo que ven&iacute;a a desalojarlos. Y, por otro lado, tambi&eacute;n era un grupo de hombres en el conf&iacute;n del mundo, un poco aburridos que quer&iacute;an divertirse. Todo esto cambia a partir del 25 de abril, cuando viene la recuperaci&oacute;n brit&aacute;nica de las Georgias y las cosas se empiezan a ponerse m&aacute;s &aacute;speras. Astiz ya no es tan simp&aacute;tico, tan amable, tan encantador sino es un tipo m&aacute;s bien apremiado por la situaci&oacute;n y algo asustado: lo que se ve ah&iacute;, por los testimonios de sus compa&ntilde;eros de armas, de los buzos t&aacute;cticos de comandos, y tambi&eacute;n de los trabajadores, es que empieza a ver que&nbsp; la cosa iba en serio y que peligraba su seguridad. <strong>Se ve c&oacute;mo &eacute;l, a partir de que el cerco brit&aacute;nico se empieza a estrechar, enseguida explica a sus hombres, a los trabajadores y a s&iacute; mismo que no hab&iacute;a nada para hacer y que lo mejor era rendirse</strong>.
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                    alt="Cuando los británicos vuelven a tomar el control de las Georgias, los trabajadores fueron detenidos y tomados como prisioneros de guerra"
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                Cuando los británicos vuelven a tomar el control de las Georgias, los trabajadores fueron detenidos y tomados como prisioneros de guerra                            </span>
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        <strong>Cuando se desata la guerra, los chatarreros terminan como prisioneros. El libro ofrece una reconstrucci&oacute;n muy dura de esos momentos. &iquest;C&oacute;mo llegaste a eso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le di cierta extensi&oacute;n y cierto detalle a todo eso porque me pareci&oacute; que era importante transmitir ese agobio, esa vuelta a casa extremadamente lenta y agobiante. Porque mientras estuvieron en la isla, en parte por los talentos sociales de Astiz y en parte, tambi&eacute;n, por tres aventureros franceses que se cruzaron con ellos por esas casualidades del destino, se arm&oacute; m&aacute;s fiesta y la pasaron dif&iacute;cil, pero tambi&eacute;n fue interesante para ellos. <strong>El verdadero calvario lo vivieron desde que los convirtieron prisioneros. Porque si bien el ej&eacute;rcito brit&aacute;nico es muy profesional y est&aacute; acostumbrado a gestionar este tipo de situaciones con protocolos, organizaci&oacute;n y recursos, ellos no dejaban de ser prisioneros de guerra y la vuelta a casa se demoraba tremendamente.</strong> Yo quer&iacute;a dejar testimonio de esto y hay partes conmovedoras, sobre todo cuando contaban qu&eacute; pensaban ellos al volver, qu&eacute; era lo primero que iban a comer, si iban a pedir una pizza con cerveza, si iban a comer un asado con los amigos. Ese tipo de anhelos ten&iacute;an cuando estaban volviendo, que son conmovedores porque la verdad que no se merec&iacute;an haber pasado por lo que pasaron. <strong>Eran trabajadores que fueron a mejorar su condici&oacute;n, eran obreros que viv&iacute;an mes a mes, que no ten&iacute;an ning&uacute;n tipo de colch&oacute;n y tuvieron que comerse ese garr&oacute;n. Un tremendo garr&oacute;n que continu&oacute;, porque cuando volvieron tuvieron que enfrentarse con esto de que los consideraban h&eacute;roes de guerra y eso los desorient&oacute; por completo. </strong>Primero porque no lo pensaban as&iacute; y tampoco pod&iacute;an decirlo muy abiertamente, porque era que como estaban traicionando las expectativas de quienes los celebraban. Y tambi&eacute;n poni&eacute;ndose en riesgo porque los servicios de inteligencia de ac&aacute; los extorsionaron y los apretaron violentamente poco antes de llegar para que no dijeran nada <em>so pena</em> de que se iban a pasar presos toda la vida ellos y sus familiares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo sigue el grupo una vez que vuelven?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se desintegra bastante porque ya estaban bastante hartos de convivir y tambi&eacute;n, porque quer&iacute;an dejar atr&aacute;s todo eso. Hab&iacute;a dos grandes grupos, el grupo de los obreros y el grupo de los t&eacute;cnicos. <strong>Digamos que ah&iacute; se ven muy claramente tambi&eacute;n las diferencias de clases entre los trabajadores puros y duros y los profesionales que eran m&aacute;s de clase media.</strong>&nbsp;No volvieron a juntarse por lo menos en lo inmediato. No todos, pero s&iacute; una gran parte de ellos intentaron reclamar al Estado argentino una suerte de indemnizaci&oacute;n que no les otorgaron. Lleg&oacute; a C&aacute;mara y la Justicia dijo que el Estado no tiene que hacerse responsable de los da&ntilde;os causados por parte de una potencia enemiga en un conflicto armado. Despu&eacute;s fue algo bastante informal y bastante salvaje c&oacute;mo fue que cada uno fue a reclamar su salario y lo que le deb&iacute;an. La empresa ya estaba fundida, Davidoff ya estaba apartado y nadie se hac&iacute;a cargo de ese fracaso. Lograron un salario, dos a lo sumo y alguna compensaci&oacute;n. La Marina les dio un peque&ntilde;o estipendio en concepto de indemnizaci&oacute;n por sus cosas y los incluy&oacute; en la n&oacute;mina de veteranos de guerra. Esto los benefici&oacute; a futuro porque con el tiempo lograron tramitar sus pensiones. El Estado argentino durante much&iacute;simos a&ntilde;os no les prest&oacute; atenci&oacute;n y los hambre&oacute;: hasta el noventa y pico eran un chiste las pensiones de todos los veteranos. Pero despu&eacute;s, a partir del kirchnerismo, se fue recomponiendo eso y hoy ganan algo que es digno, digamos. A la vez todos tuvieron marcas emocionales y psicol&oacute;gicas por esa experiencia. La fueron tramitando como pudieron y con los recursos que ten&iacute;an. <strong>Hay que pensar que hab&iacute;an estado en un teatro de operaciones y hab&iacute;an sido agredidos muy salvajemente por los brit&aacute;nicos cuando los detuvieron: les hicieron simulacros de fusilamiento, les dispararon, les tiraron morteros, los asustaron mucho</strong> y la pasaron muy mal con situaciones de incertidumbre terrible porque no sab&iacute;an que iban a hacer con ellos.
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                Felipe Celesia nació en Buenos Aires y es periodista desde 1990.                            </span>
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        <strong>&iquest;Y qu&eacute; pasa con ellos hoy, a cuarenta a&ntilde;os de esta historia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que en estos 40 a&ntilde;os son la oportunidad propicia para que ellos puedan asimilar un relato un poco m&aacute;s coherente de lo que signific&oacute; todo eso y mi libro algo viene a aportar en este sentido. <strong>A partir del proyecto, cuando empec&eacute; a contactarlos, armaron un grupo de WhatsApp. Apenas sali&oacute; el libro uno ellos subi&oacute; la tapa y dijo: &ldquo;Se&ntilde;ores oficialmente entramos a la historia&rdquo;. </strong>Algo que no es tan as&iacute;, pero habla de la sensaci&oacute;n que ellos ten&iacute;an de estar olvidados de estar, digamos, despreciados por la sociedad argentina, por su Ej&eacute;rcito y su Armada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; con las Georgias? &iquest;Qu&eacute; ocurre en ese territorio hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las Georgias fueron la capital mundial de la caza de ballenas durante todo el siglo pasado. Cuando se empezaron a extinguir y el aceite de ballena perdi&oacute; valor en el mercado, se fue reduciendo esa actividad hasta que pr&aacute;cticamente qued&oacute; nula. Pero los brit&aacute;nicos siempre mantuvieron una estaci&oacute;n cient&iacute;fica, el British Antarctic Survey, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os gan&oacute; en envergadura y en proyectos y en campa&ntilde;as en todo ese sector, un lugar que tiene petr&oacute;leo, pesca, recursos mar&iacute;timos, un lugar que produce much&iacute;simo dinero. Entonces ah&iacute; creci&oacute; el inter&eacute;s de los brit&aacute;nicos. En la actualidad se puede ir, hay cruceros car&iacute;simos que van a la Ant&aacute;rtida y despu&eacute;s recorren las Georgias. Los argentinos las circunnavegan cuando van, sobre todo las campa&ntilde;as del Instituto Nacional de Investigaci&oacute;n y Desarrollo Pesquero, que un poco hacen la misma tarea que hace el British Antarctic Survey. Hay un proceso de saneamiento y est&aacute;n en un plan de desarmar todas estas instalaciones balleneras que son m&aacute;s de 12 como para devolverle a las Georgias algo de sus condiciones originales.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/desembarco-georgias-chatarreros-frio-bandera-flameando-insolito-negocio-precipito-guerra-malvinas_1_8804291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Mar 2022 03:02:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desembarco en las Georgias: chatarreros en el frío, una bandera flameando y el insólito negocio que precipitó la Guerra de Malvinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra de Malvinas,Historia,Libros,Alfredo Astiz,Islas Georgias]]></media:keywords>
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