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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Nómades digitales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/nomades-digitales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Nómades digitales]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nómades digitales: la cruda realidad de un estilo de vida en alza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/nomades-digitales-cruda-realidad-estilo-vida-alza_1_12440702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d5fb9bf-cb06-4056-b04d-8dc8987ce7ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nómadas digitales: la cruda realidad de un estilo de vida en alza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trabajar a distancia desde una playa en un país lejano puede parecer idílico, y la cifra de personas que lo hacen se ha disparado desde 2019. Sin embargo, muchos nómades han vuelto a su país y a un horario convencional, tras experimentar soledad, enfermedades y lidiar con la burocracia</p></div><p class="article-text">
        Jason, un estadounidense de 34 a&ntilde;os, se tambalea alrededor de la mesa de billar, taco en mano. Cinco cervezas Saig&oacute;n m&aacute;s tarde, saldr&aacute; del establecimiento arrastrando los pies, se subir&aacute; a una moto y conducir&aacute; ebrio hasta su bungalow en la playa. Lo s&eacute; porque esta rutina se ha repetido en las &uacute;ltimas cuatro noches. Mientras tanto, Eloise, francesa de 38 a&ntilde;os, baila en la pista. Antes, en la playa, me habl&oacute; de sus grandes sue&ntilde;os con el bitcoin, aunque todav&iacute;a no tiene los fondos que necesita.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; Bex, una brit&aacute;nica de unos 50 a&ntilde;os con los ojos grandes y desorbitados porque acaba de tomarse una pastilla. S&oacute;lo pasa un mes al a&ntilde;o en el Reino Unido. Explica que no regresa porque quiera, sino para tranquilizar a su familia, que est&aacute; preocupada por ella.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; estamos juntos en esta isla paradis&iacute;aca del sudeste asi&aacute;tico y todos hemos cerrado ya los                                                                                             port&aacute;tiles. Este es el sue&ntilde;o del n&oacute;made digital, &iquest;verdad? As&iacute; es la aventura y la libertad, &iquest;No es as&iacute;? Felicidad en estado puro. &iquest;O es todo una farsa?
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la cifra de n&oacute;mades digitales -personas que trabajan a distancia sin un lugar fijo- ha aumentado espectacularmente. De hecho, en 2024 cerca de 18,1 millones de trabajadores estadounidenses se describieron a s&iacute; mismos como n&oacute;mades digitales; un aumento del 147% desde 2019, seg&uacute;n la consultora de recursos humanos <a href="https://www.mbopartners.com/state-of-independence/digital-nomads/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MBO Partners</a>. La firma de investigaci&oacute;n <a href="https://www.publicfirst.co.uk/wp-content/uploads/2025/03/05-03-25-_-DIGITAL-NOMADISM-FINAL-REPORT.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Public First </a>estima que hay 165.000 ciudadanos brit&aacute;nicos que trabajan como n&oacute;mades digitales y que el 7% de la poblaci&oacute;n adulta afirma que es muy probable que viva y trabaje como n&oacute;made digital en los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para algunos n&oacute;mades digitales, el atractivo de este estilo de vida est&aacute; disminuyendo. Lo s&eacute; porque, hasta hace poco, yo era uno de ellos. Soy escritora y en 2022 decid&iacute; hacerme aut&oacute;noma. El coste de la vida en el Reino Unido se hab&iacute;a disparado y ten&iacute;a dos opciones; pagar unas 1.000 libras al mes por un piso en (a las afueras de Londres) o cuidar las mascotas de mis amigos cuando se iban de viaje y vivir, gratis, en sus casas mientras ahorraba para tener la entrada y comprar mi propia vivienda. Me pareci&oacute; evidente qu&eacute; decisi&oacute;n tomar.
    </p><p class="article-text">
        Cuid&eacute; a mascotas en el Reino Unido y tambi&eacute;n en climas m&aacute;s soleados. Los vuelos eran lo que m&aacute;s me costaba (cuando no cuidaba mascotas, me quedaba con amigos y familiares que viv&iacute;an en el extranjero), pero perseguir el sol segu&iacute;a siendo m&aacute;s barato que pagar el alquiler y las facturas en el Reino Unido y me permit&iacute;a ahorrar dinero. Ya sab&iacute;a c&oacute;mo era vivir y trabajar en el extranjero; hab&iacute;a trabajado recientemente dos a&ntilde;os en Jap&oacute;n y un a&ntilde;o antes, en Australia. As&iacute; que, supuse, ser&iacute;a absurdo no irme a un bungalow del sudeste asi&aacute;tico y trabajar como freelance desde all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Al principio, el estilo de vida n&oacute;made me encant&oacute;. Trabajaba a mi aire, normalmente durante el d&iacute;a, para unos cuantos clientes. Al atardecer, me sub&iacute;a a una moto y conduc&iacute;a entre columnas de humo de comida callejera para reunirme en la playa con mis nuevos amigos y beber agua de coco. Me sent&iacute;a maravillosamente libre. Pero en el ecuador de mi &uacute;ltimo viaje de seis meses, algo sucedi&oacute;. Una voz interior empez&oacute; a plantearme insistentemente una pregunta. Hacia el &uacute;ltimo mes, era un grito omnipresente: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo?&rdquo;.
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                Nómadas digitales en una local preparado para este tipo de trabajadores.                             </span>
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        Corina, una exn&oacute;made digital de Australia, tambi&eacute;n empez&oacute; a hacerse la misma pregunta. Como pod&iacute;a dirigir su negocio inmobiliario a distancia, se hab&iacute;a ido a Sudam&eacute;rica. &ldquo;Estaba explorando, conociendo gente diferente... era genial. Me sent&iacute;a completamente libre. Pero, de repente, empec&eacute; a cuestionarme si lo que estaba haciendo era lo que realmente quer&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Corina, una viajera con mucha experiencia que ha visitado 40 pa&iacute;ses no suele sentir nostalgia. Describe la emoci&oacute;n de cruzar a Venezuela, pasar seis meses en ese pa&iacute;s y sentirse &ldquo;salvaje y libre&rdquo;. Sin embargo, dice: &ldquo;En alg&uacute;n momento, me agot&oacute; que todo fuera tan complicado. Nunca sab&iacute;a lo que me esperaba. El agua caliente y la electricidad se cortaban cada d&iacute;a a una hora aleatoria. Los taxistas se guiaban por indicaciones en espa&ntilde;ol y yo hablaba un espa&ntilde;ol muy b&aacute;sico. Y luego estaba el problema de la moneda. Ten&iacute;as que pagar en criptomonedas -utilizando una aplicaci&oacute;n que solo funcionaba a veces- o en d&oacute;lares estadounidenses, lo que requer&iacute;a encontrar a alguien de confianza para cambiar divisas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, cualquier recuerdo de los retos a los que me hab&iacute;a enfrentado se evaporaba tras una semana de vuelta en la nublada Inglaterra. La idea de volver a hacer maletas era lo &uacute;nico que me motivaba. Pero, como ocurre con cualquier adicci&oacute;n, satisfacer el ansia de viajar con m&aacute;s viajes no arreglaba nada. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de huida, no de libertad.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a confundido el nomadismo digital con las vacaciones. Pero result&oacute; que trabajar en una cafeter&iacute;a segu&iacute;a siendo trabajar, solo que en una cafeter&iacute;a, tanto en un Starbucks de Swindon como en un chiringuito de Bali. Me di cuenta de que me molestaba tener que trabajar cuando hab&iacute;a tanto por explorar.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Me preguntaba si estaba haciendo lo que quer&iacute;a&rdquo;. Corina, en M&eacute;xico</h2><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, muchos n&oacute;mades digitales acaban recorriendo todas las cafeter&iacute;as Starbucks del mundo. &ldquo;Es el &uacute;nico lugar con un wifi que no va a caer&rdquo;, explica Matt, de 25 a&ntilde;os, un colega escritor brit&aacute;nico y n&oacute;made intermitente desde 2019. &ldquo;No me gustaba trabajar en esa cafeter&iacute;a, pero encontrar un lugar para trabajar siempre era complicado&rdquo;. A &eacute;l tambi&eacute;n le asaltaban inquietantes preguntas existenciales mientras cumpl&iacute;a con su sue&ntilde;o de viajar. &ldquo;En mi caso, desde el inicio tuve dudas&rdquo;, reconoce: &ldquo;Llegu&eacute; a mi apartamento alquilado en Kuala Lumpur, que ten&iacute;a una piscina en la azotea, y pens&eacute;: '&iexcl;Vaya, esto es todo lo que he so&ntilde;ado!'. Pero se me pas&oacute; la emoci&oacute;n y sent&iacute; un profundo dolor en mi interior. Tuve la sensaci&oacute;n de estar en el lugar equivocado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento dado, Matt pas&oacute; por 12 pa&iacute;ses en 90 d&iacute;as como parte de un viaje de dos a&ntilde;os. &ldquo;En cada lugar nuevo al que llegaba, recuerdo que pensaba: '&iquest;Y ahora qu&eacute;? Cuando era joven, pensaba que tener &eacute;xito significaba poder viajar por el mundo. Pero ahora que lo estaba haciendo no ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de &eacute;xito; me sent&iacute;a solo y agotado. Quer&iacute;a salir y explorar, pero no ten&iacute;a energ&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un estudio de la <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1569490925000176#sec0115" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Universidad de Groningen (Pa&iacute;ses Bajos)</a>, llevar un estilo de vida n&oacute;made de forma permanente puede tener &ldquo;implicaciones significativas en el curso de la vida de un individuo&rdquo;, afectando tanto a las oportunidades de empleo como al bienestar mental. El estudio concluye que &ldquo;los n&oacute;mades digitales perciben su estilo de vida itinerante como una fase temporal de sus vidas&rdquo; y que muchos &ldquo;acabar&aacute;n buscando m&aacute;s estabilidad y continuidad&rdquo;, ya sea estableci&eacute;ndose en sus pa&iacute;ses de origen o emigrando permanentemente.
    </p><p class="article-text">
        Caterina, una gestora de proyectos italiana, descubri&oacute; que su estilo de vida n&oacute;made empezaba a afectar a su salud. Trabajando a distancia para una empresa tecnol&oacute;gica en 2022, ella y su pareja pasaron temporadas en Europa, Asia y Estados Unidos. &ldquo;No hab&iacute;a tenido en cuenta todo el papeleo burocr&aacute;tico adicional que conlleva este estilo de vida&rdquo;, explica. &ldquo;Siempre est&aacute;bamos reservando vuelos, buscando alojamiento y hablando otros idiomas, todo ello mientras hac&iacute;amos malabarismos con trabajos a tiempo completo&rdquo;, dice. &ldquo;Empezamos a enfermar con m&aacute;s frecuencia de lo normal y nunca pod&iacute;amos recuperarnos del todo porque no est&aacute;bamos en un entorno c&oacute;modo. Y luego, cuando la situaci&oacute;n se calmaba, volv&iacute;amos a partir&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No me quedaba energ&iacute;a&rdquo;. Matt, en S&iacute;dney</h2><p class="article-text">
        Recuerdo un periodo de mi viaje a Vietnam en 2023 en el que un ataque de amigdalitis se sum&oacute; a una intoxicaci&oacute;n alimentaria, todo en los mismos dos meses. Temblaba y sudaba en el trayecto de Ho Chi Minh a V&#361;ng T&agrave;u, a bordo de un ferry de dos horas, deseando en silencio que terminara el viaje. Pero debo confesar que mi nomadismo digital era &ldquo;suave y muy acompa&ntilde;ado&rdquo;. El ferry me dejaba casi directamente en la puerta de casa de mi hermano en V&#361;ng T&agrave;u, donde viv&iacute;a entonces. Pod&iacute;a meterme en la cama de la habitaci&oacute;n de invitados y encerrarme y trabajar, ya que no ten&iacute;a m&aacute;s obligaci&oacute;n que la laboral.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Matt, que empez&oacute; a viajar a pa&iacute;ses desconocidos cuando termin&oacute; los estudios, yo me instalaba en lugares donde ya ten&iacute;a contactos, qued&aacute;ndome con amigos o cerca de ellos durante largos periodos. Durante tres meses en S&iacute;dney, recre&eacute; la vida de expatriada que hab&iacute;a aparecido all&iacute; varios a&ntilde;os antes: trabajar durante el d&iacute;a desde mi alojamiento, ba&ntilde;arme en el mar en la hora de comer y reunirme con amigos por las noches y los fines de semana.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, mis preocupaciones persist&iacute;an. Lo cierto es que ni estaba de vacaciones en S&iacute;dney ni viv&iacute;a all&iacute;. Ve&iacute;a a mis amigos pasar el d&iacute;a, cumpliendo los planes que hab&iacute;an hecho antes de mi llegada y haciendo otros nuevos para cuando me hubiera ido. Era como una viajera en el tiempo, que se colaba temporalmente en su mundo desde otro reino.
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a sospechar que gran parte de la vida n&oacute;made digital ten&iacute;a que ver con las apariencias. En Bali, o&iacute; a un hombre presumir de que ganaba mucho dinero sin esfuerzo, pero luego pude ver que estaba estresado mientras hablaba por videollamada a las diez de la noche. Tambi&eacute;n presenci&eacute; una escena en la que una coach que predicaba la positividad en su blog de viajes gritaba a una camarera local porque su filete estaba demasiado hecho. Y me estremec&iacute; ante la cantidad de j&oacute;venes de 25 a&ntilde;os que se autoproclamaban empresarios (aunque puede que s&oacute;lo sea que mi car&aacute;cter brit&aacute;nico tiene problemas para aceptar el optimismo estadounidense).
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;establecerse&rdquo; y echar ra&iacute;ces hab&iacute;a sido un anatema para m&iacute; durante mucho tiempo. Entonces, un d&iacute;a en S&iacute;dney, charl&eacute; con un lugare&ntilde;o en la piscina de roca de Collaroy antes de pasar la noche charlando con viejos amigos durante la cena, y me di cuenta de que la ciudad no era el principal factor determinante de mi felicidad. Era la gente y la comunidad que se forma si echas ra&iacute;ces en un lugar.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;El estilo de vida n&oacute;made requer&iacute;a mucho papeleo burocr&aacute;tico&rdquo;. Caterina, en Se&uacute;l </h2><p class="article-text">
        Gradualmente, la noci&oacute;n de que pod&iacute;a tener un hogar propio, vecinos conocidos, clases de deporte a las que asistir de forma regular y una cafeter&iacute;a en la que sab&iacute;an mi nombre me fue pareciendo atractiva. Antes menospreciaba la rutina; ahora sab&iacute;a que era crucial si quer&iacute;a construir una vida que mereciera la pena.
    </p><p class="article-text">
        Era consciente de que volver no iba a ser f&aacute;cil. Cuando el avi&oacute;n de Ho Chi Minh a Londres descendi&oacute;, mir&eacute; los campos de Inglaterra y no tuve claro el prop&oacute;sito de mi regreso ni qu&eacute; har&iacute;a. Los primeros meses los pas&eacute; entre la casa de mi familia y las de otras personas como cuidadora de mascotas. Amigos y familiares me preguntaban por mi &ldquo;plan&rdquo; y me sent&iacute;a muy mal por no tener ninguno. El choque cultural inverso fue agudo. Descubr&iacute; que la gente no te pregunta por tus viajes porque las experiencias son demasiado ajenas. Adem&aacute;s, hab&iacute;a empezado una relaci&oacute;n en el extranjero y la quer&iacute;a mantener, pero era consciente de que hac&iacute;a aguas. Me resultaba complicado hablarlo con mis amigos, ya que no conoc&iacute;an a la persona ni el contexto. Estaba desorientada, pero tambi&eacute;n me sent&iacute;a como si nunca me hubiera ido.
    </p><p class="article-text">
        Acept&eacute; un trabajo que, aunque segu&iacute;a teletrabajando, estipulaba d&oacute;nde pod&iacute;a establecerme. Firm&eacute; un contrato de alquiler de un piso en Brighton, que me mantendr&iacute;a en un mismo lugar al menos durante el a&ntilde;o siguiente. Algunos n&oacute;mades, como yo hace tres a&ntilde;os, podr&iacute;an considerarlo como una condena de c&aacute;rcel, pero yo me sent&iacute;a liberada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Los nómadas digitales viajan y trabajan desde cualquier lugar.                            </span>
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        Corina, consciente de que ciertas aspiraciones s&oacute;lo pueden cumplirse si est&aacute;s en un lugar, regres&oacute; a Australia. Pero dio un paso m&aacute;s: por primera vez en m&aacute;s en diez a&ntilde;os, consigui&oacute; un trabajo de oficina. &ldquo;Ir&oacute;nicamente, tener un trabajo fijo me ha tranquilizado&rdquo;, reconoce. &ldquo;Cuando volv&iacute; por primera vez, pas&eacute; dos semanas en casa de mi hermana en otra ciudad. Como trabajaba para m&iacute;, pude hacerlo. Pero mientras estaba con ella, no paraba de atender llamadas y mi hermana me ech&oacute; en cara que era como si no estuviera. Y empec&eacute; a preguntarme: &iquest;cu&aacute;ndo ser&eacute; due&ntilde;a de mi propio tiempo?&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No me arrepiento ni un segundo de mis viajes&rdquo;. Bratt, en Bali</h2><p class="article-text">
        Al principio, Corina pens&oacute; que volver a una oficina ser&iacute;a como &ldquo;enjaular a una bestia salvaje&rdquo;, pero trabajar con un horario ha tenido un impacto inesperadamente positivo en su vida. &ldquo;Al tener que ir a una oficina, me veo obligada a ser productiva (...) Me he dado cuenta de que soy menos eficiente cuando controlo mis propios horarios: Me acuesto tarde y me levanto tarde, lo dejo todo para m&aacute;s tarde, me reprocho mi pereza y acabo haciendo a las tres de la madrugada lo que ten&iacute;a que hacer a las nueve, por culpa de dejarlo todo para el &uacute;ltimo momento. Pero ahora tengo una estructura y, como s&oacute;lo dispongo de ventanas de tiempo cortas y fijas para hacer las cosas, de repente soy capaz de hacerlas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras cinco a&ntilde;os de viajes intermitentes, Matt se vio obligado a parar tras una situaci&oacute;n que fue la gota que colm&oacute; el vaso. Tuvo un colapso pulmonar y fue hospitalizado. &ldquo;Estaba en el hospital, no pod&iacute;a respirar bien y no ten&iacute;a a nadie a quien llamar&rdquo;, dice. Su seguro de viaje no cubr&iacute;a los gastos m&eacute;dicos y tuvo que recurrir a sus ahorros para pagar el tratamiento. &ldquo;Fue un desastre total y me sent&iacute; muy aislado y solo&rdquo;. Matt se recuper&oacute; por completo, pero regres&oacute; al Reino Unido y ahora disfruta pasando tiempo con su familia.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os viviendo en habitaciones o pisos alquilados a trav&eacute;s de Airbnb, Caterina me cuenta, con una mezcla de emoci&oacute;n y temor, que ella y su pareja acaban de firmar el contrato de alquiler de un apartamento en Nueva York, &ldquo;aunque tardamos un a&ntilde;o en atrevernos a firmar&rdquo;, se r&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de nosotros descarta la posibilidad de volver a una vida m&aacute;s n&oacute;made en el futuro. Pero todos estamos de acuerdo en que, al menos de momento, es hora de un poco de continuidad y de situarnos mentalmente, y de ver qu&eacute; nos depara la vida. De momento, nos ha devuelto la alegr&iacute;a por las peque&ntilde;as cosas de la vida. Para Caterina, esas peque&ntilde;as cosas son cuchillos de cocina afilados y de calidad. Para Matt, un carn&eacute; de biblioteca. Para m&iacute;, ser socia de una piscina.
    </p><p class="article-text">
        Como todos los exn&oacute;mades digitales con los que he hablado, no me arrepiento ni un segundo de mis viajes. Estoy inmensamente agradecida por haber tenido oportunidades que muchos no tienen, y a menudo he sentido esa gratitud intensamente mientras contemplaba, asombrada, los paisajes de los pa&iacute;ses en los que me encontraba.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana no podr&eacute; subir a lo alto de un volc&aacute;n balin&eacute;s para ver el amanecer, lo cierto es que la salida del sol se ve muy bien desde mi playa de Brighton. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emily Bratt]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/nomades-digitales-cruda-realidad-estilo-vida-alza_1_12440702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jul 2025 03:01:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nómades digitales: la cruda realidad de un estilo de vida en alza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociedad,Nómades digitales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nómades digitales, el boom de la pandemia que Buenos Aires quiere capitalizar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/nomades-digitales-boom-pandemia-buenos-aires-quiere-capitalizar_1_8809497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cfa6745-d5c1-47d7-b25a-b01461149817_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nómades digitales, el boom de la pandemia que Buenos Aires quiere capitalizar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rodríguez Larreta busca atraer este año a 22.000 trabajadores extranjeros itinerantes, que tienen un promedio de gasto más alto que los turistas tradicionales. En el interior del país, la falta de conectividad le pone límite al fenómeno.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Queremos atraer a 22.000 n&oacute;mades digitales</strong>, que son los j&oacute;venes que viajan por el mundo y trabajan de manera remota&rdquo;, traz&oacute; como meta el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, <strong>Horacio Rodr&iacute;guez Larreta</strong>, en su discurso de apertura de las sesiones de la Legislatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El objetivo apunta a esas personas que, con una computadora y conexi&oacute;n a internet, pueden mantener su rutina laboral sin importar su ubicaci&oacute;n f&iacute;sica y aprovechan esta posibilidad para viajar por el mundo. Una tribu que, si bien ya exist&iacute;a, se multiplic&oacute; con la pandemia y, seg&uacute;n un informe del Grupo Adecco, solo crecer&aacute; hacia adelante.
    </p><p class="article-text">
        Para el gobierno porte&ntilde;o los n&oacute;mades digitales son clave para recuperar la vitalidad de la Ciudad de Buenos Aires y la &ldquo;econom&iacute;a del visitante&rdquo;, ya que en promedio <strong>gastan m&aacute;s que los turistas convencionales y tienen estad&iacute;as m&aacute;s largas. </strong>Seg&uacute;n precisan, el 65% de estas personas que integran este universo tiene entre 20 y 34 a&ntilde;os, m&aacute;s del 70% tiene al menos un t&iacute;tulo universitario y un nivel de gastos promedio de m&aacute;s de US$6.300 por estad&iacute;a, 56% m&aacute;s que el turismo internacional.
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            <span class="title">
                La infraestructura de conectividad limita la llegada de &quot;nómades&quot; al interior del país                             </span>
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        &ldquo;Cada n&oacute;made digital es una persona que alquila un departamento, usa el transporte p&uacute;blico, consume en negocios y gastronom&iacute;a, disfruta de la cultura y que, al mudarse nuevamente, se convierte en embajador o embajadora de Buenos Aires&rdquo;, aseguran en el &aacute;rea que encabeza el Secretario General y de Relaciones Internacionales del gobierno de la Ciudad, Fernando Straface.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para estimular la llegada, el Gobierno de la Ciudad inaugur&oacute; una p&aacute;gina web dedicada a ofrecer informaci&oacute;n &uacute;til a los visitantes, donde adem&aacute;s se <strong>puede solicitar un &ldquo;kit de bienvenida&rdquo; antes de viajar.</strong> Este kit gratuito incluye una tarjeta SUBE y un chip para el celular, adem&aacute;s de descuentos en el traslado desde el aeropuerto de Ezeiza a la ciudad y tarifas especiales en alojamiento.
    </p><p class="article-text">
        En un documento con el que buscan tentar a trabajadores y trabajadoras n&oacute;mades para aterrizar en Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad cita 10 razones, que van desde &ldquo;probar&aacute;s todos los sabores del mundo en una sola ciudad&rdquo; a &ldquo;conocer&aacute;s en d&oacute;nde vivi&oacute; y creci&oacute; el Papa Francisco&rdquo;. Una atracci&oacute;n no dicha, pero presumiblemente al tope de las motivaciones de los visitantes, est&aacute; el<strong> bajo costo de vida para quienes llegan al pa&iacute;s con d&oacute;lares o euros.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero no todos son pros. Si bien el jefe de Gobierno porte&ntilde;o no mencion&oacute; el punto, <strong>el flujo extranjero puede </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/economia/sacan-departamentos-manos-regreso-estudiantes-ciudades-universitarias-suma-presion-mercado-alquiler_1_8746854.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sumar presi&oacute;n al mercado de alquileres en la ciudad, ya de por s&iacute; escaso.</a> Eleva la demanda y los precios sobre todo de las rentas temporales, que tambi&eacute;n son una opci&oacute;n para los entre 10.000 y 12.0000 estudiantes de otras provincias argentinas que llegan cada a&ntilde;o a la capital para iniciar sus estudios de grado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero los n&oacute;mades digitales no son solo extranjeros. Durante la pandemia, argentinos y argentinas aprovecharon la posibilidad de trabajar de manera remota para moverse dentro del pa&iacute;s. De acuerdo con el Reporte Global 2021 de la empresa especializada Deel, la Argentina se encuentra en el tercer puesto dentro de los pa&iacute;ses en los que<strong> m&aacute;s creci&oacute; la contrataci&oacute;n internacional de freelancers o trabajadores independientes, con un aumento de 209%.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Argentina está entre los países en los que más creció la contratación internacional de freelancers                            </span>
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        La conexi&oacute;n a internet, condici&oacute;n de posibilidad para la expansi&oacute;n de este fen&oacute;meno, no es algo que est&eacute; garantizado en todos los rincones de la Argentina. &ldquo;El territorio argentino es inequitativo en t&eacute;rminos de conectividad&rdquo;, apunta Sergio Salinas, desarrollador web y miembro de la Asociaci&oacute;n Argentina de Usuarios de Internet.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salinas vive en Mar del Plata y se&ntilde;ala que, en esa misma ciudad, mientras que &ldquo;el centro tiene la arena caliente de tanta fibra &oacute;ptica&rdquo;, alcanza con desplazarse a los barrios del norte o el sur para ver c&oacute;mo se desploma el servicio. &ldquo;Las empresas que brindan infraestructura en el centro no entregan internet en los barrios m&aacute;s alejados, por un tema de rentabilidad: <strong>las empresas no gastan un centavo en lugares donde no hay concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n</strong> y le garantice cierta cantidad de dinero&rdquo;, se&ntilde;ala, haciendo alusi&oacute;n a las grandes compa&ntilde;&iacute;as proveedoras de internet.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces peque&ntilde;as empresas o cooperativas suplen la falta en esos lugares, pero ofrecen apenas 3 o 6 megas, mientras que las grandes  compa&ntilde;&iacute;as pueden dar hasta 300. &ldquo;Ah&iacute; se ve la inequidad. No es lo mismo una persona que vive en el centro de los n&uacute;cleos urbanos y puede tener una alta conectividad, con acceso a muchos megas, que otro que tiene a cuentagotas&rdquo;. As&iacute;, <strong>para los trabajadores que desempe&ntilde;an tareas que demandan una conexi&oacute;n robusta y estable, las posibilidades de desplazamiento se acotan.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para Salinas hace falta generar mucha m&aacute;s infraestructura en el pa&iacute;s para poder expandir el fen&oacute;meno de los n&oacute;mades. &ldquo;En todo el pa&iacute;s hay &lsquo;zonas blancas&rsquo; donde no tenemos conectividad plena, pueblos enteros que tienen potencial pero muy ofrecen muy bajas posibilidades de conectividad&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        <em>DT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delfina Torres Cabreros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/nomades-digitales-boom-pandemia-buenos-aires-quiere-capitalizar_1_8809497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Mar 2022 11:28:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nómades digitales, el boom de la pandemia que Buenos Aires quiere capitalizar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajadores,Trabajo,Gobierno porteño,Horacio Rodríguez Larreta,Nómades digitales]]></media:keywords>
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