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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ficción]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ficcion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ficción]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Quién narrará la próxima guerra en Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/narrara-proxima-guerra-argentina_129_12307663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/411d868b-babe-4a78-ab91-5c736b4e810d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quién narrará la próxima guerra en Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Historias bélicas y estéticas de guerra emergen como reflejo de un clima cada vez más hostil. Entre ficciones que anticipan el conflicto y realidades que las imitan, el límite entre relato y política se vuelve inquietantemente difuso.
</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s de medio siglo atr&aacute;s, H&eacute;ctor Germ&aacute;n Oesterheld y Francisco Solano L&oacute;pez se imaginaron un escenario en el que los argentinos se enfrentaban a una fuerza desconocida en el propio territorio nacional.
    </p><p class="article-text">
        Argentina ya hab&iacute;a sufrido algunas dictaduras. Ninguna tan criminal como la de los a&ntilde;os setenta. Tampoco hab&iacute;a sufrido guerras civiles o enfrentamientos entre provincias, como sucedi&oacute; en el siglo XIX. Mucho menos una guerra contra alien&iacute;genas. Sin embargo, Oesterheld y Solano L&oacute;pez fueron capaces de imaginarse una batalla &eacute;pica en suelo nacional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En las d&eacute;cadas siguientes, algunos escritores argentinos escribieron novelas que evocaron o describieron el escenario de una guerra. Rodolfo Fogwill, por citar uno. Leopoldo Marechal, aunque fuera m&aacute;s po&eacute;tica que realista, con <em>Megaf&oacute;n, o la guerra</em>. Otros escribieron textos inspirados &mdash;o, m&aacute;s bien, afectados&mdash; por la &uacute;ltima dictadura militar. Pienso tambi&eacute;n en <em>La ciudad ausente</em>, de Ricardo Piglia: todo es m&aacute;s difuso, pero el pa&iacute;s est&aacute; bajo amenaza. Si lo vuelven a leer, ver&aacute;n que uno de los antecedentes m&aacute;s parecidos de la Inteligencia Artificial es la m&aacute;quina de Macedonio.
    </p><p class="article-text">
        Hay un p&aacute;rrafo que resulta perturbador: &ldquo;La m&aacute;quina hab&iacute;a captado la forma de la narraci&oacute;n de Poe y le hab&iacute;a cambiado la an&eacute;cdota, por lo tanto era cuesti&oacute;n de programarla con un conjunto variable de n&uacute;cleos narrativos y dejarla trabajar. La clave, dijo Macedonio, es que aprende a medida que narra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n &mdash;volviendo al principio&mdash; es sobre aquellos a los que se les ocurri&oacute; narrar una guerra en suelo argentino. Pens&eacute; en ello a ra&iacute;z de una noticia de esta semana. El diario <em>Financial Times</em> public&oacute; un muy buen reportaje sobre una serie que se estrenar&aacute; este verano (invierno sudamericano). Se llama <em>Zero Day</em> y describe el escenario en el que China ataca militarmente la isla de Taiw&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con un &ldquo;estilo altamente realista&rdquo;, la serie de cuatro cap&iacute;tulos inicia con un bloqueo de una semana por parte de China. &ldquo;Comercios y hogares caen en la oscuridad producto de los ciberataques chinos. Las calles se transforman en un pandemonio con los bancos y el transporte p&uacute;blico colapsados. Las familias hacen cola en los puertos para poder subirse a un bote y escapar. Bandas criminales liberadas por oficiales de prisi&oacute;n corruptos ayudan a Beijing a forzar la sumisi&oacute;n de la poblaci&oacute;n. Finalmente, los soldados del ej&eacute;rcito chino llegan (a la isla)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La serie fue escrita y producida por la periodista taiwanesa, Cheng Hsinmei. Seis a&ntilde;os atr&aacute;s intent&oacute; filmarla, pero no consigui&oacute; fondos. Al final, decidi&oacute; hacerla ella misma. No se sabe qu&eacute; &eacute;xito tendr&aacute;, pero ya ha causado un gran revuelo. En principio, abri&oacute; un debate sobre las posibilidades de que ese escenario se convierta en realidad. Pero, sobre todo, sobre cu&aacute;l es el nivel de aceptaci&oacute;n de los ciudadanos a enrolarse en un conflicto de estas caracter&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para que la sociedad acepte colectivamente esta realidad y est&eacute; dispuesta a participar en una movilizaci&oacute;n de defensa nacional, se necesita un proceso de persuasi&oacute;n social&rdquo;, afirma un profesor consultado por el periodista, antes de aclarar que muchos taiwaneses no pueden siquiera imaginarse participar de una guerra.
    </p><p class="article-text">
        En julio del a&ntilde;o pasado, cuando se present&oacute; el tr&aacute;iler de <em>Zero Day</em>, se produjo un debate pol&iacute;tico. Algunos dirigentes tildaron a la serie de propaganda; otros se preguntaron qu&eacute; intereses representaba. La producci&oacute;n encontr&oacute; apoyos y rechazos; tambi&eacute;n se produjeron algunos hechos extra&ntilde;os. Una de las c&aacute;rceles donde se llevar&iacute;a a cabo la grabaci&oacute;n de una escena cancel&oacute; de manera abrupta el rodaje.
    </p><p class="article-text">
        La escena mostrar&iacute;a a un oficial corrupto que liberaba presos a cambio de conseguir un trasplante de h&iacute;gado para su hija. Seg&uacute;n la directora, se trataba de una posibilidad real. La propia agencia de seguridad nacional taiwanesa hab&iacute;a imaginado o previsto ese escenario. En ese contexto, el Ministerio de Justicia taiwan&eacute;s se apur&oacute; a aclarar que eso &ldquo;era una difamaci&oacute;n contra ellos e insisti&oacute; en que nada pod&iacute;a ocurrir en sus prisiones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si uno piensa en algunas ficciones de los &uacute;ltimos tiempos &mdash;<em>Civil War</em>, por ejemplo, estrenada en 2024, que plantea una guerra civil en Estados Unidos&mdash;, resulta sorprendente lo vertiginoso del paso del tiempo y lo poco que puede pasar entre que a un artista se le ocurra una ficci&oacute;n de un conflicto y ese conflicto &mdash;con diferencias o similitudes&mdash; se convierta en realidad. Si China avanza realmente sobre Taiw&aacute;n en 2027, o en 2030, como varios militares y analistas de Estados Unidos sostienen, no habr&aacute;n pasado ni cinco a&ntilde;os entre el estreno de <em>Zero Day</em> y el conflicto que la propia serie imagina.
    </p><p class="article-text">
        En ese marco, surge entonces la pregunta del t&iacute;tulo: &iquest;Qui&eacute;n narrar&aacute; la pr&oacute;xima guerra en Argentina? &iquest;Puede ello suceder, o de ninguna manera?
    </p><p class="article-text">
        Desde que asumi&oacute; Milei, su gobierno no ha hecho m&aacute;s que estimular la idea de una confrontaci&oacute;n. Los buenos (ellos) contra los malos (los otros). La violencia contra otros partidos pol&iacute;ticos, periodistas, incluso empresarios (muchos de ellos beneficiados por el r&eacute;gimen econ&oacute;mico), pero, sobre todo, con sectores vulnerables de la poblaci&oacute;n, solo se ha intensificado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos &uacute;ltimos d&iacute;as, durante el cierre de campa&ntilde;a para las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires, el asunto tom&oacute; incluso la est&eacute;tica de un producto audiovisual. Estandartes &mdash;como los que utilizaban los ej&eacute;rcitos en la Edad Media&mdash;, canciones de guerra y bengalas acompa&ntilde;aron a los grupos de apoyo de Milei, que cantaban sus ya cl&aacute;sicas canciones contra el kirchnerismo o contra lo que, sin sonrojarse, denominan la &ldquo;casta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lo m&aacute;s sustancioso del acontecimiento, lo que legitima toda la liturgia circundante, es m&aacute;s bien el propio discurso del presidente Milei. Otra vez utiliz&oacute; la expresi&oacute;n &ldquo;basura humana&rdquo;. Esta vez, para referirse a un consultor pol&iacute;tico. Antes se la hab&iacute;a dedicado a periodistas, economistas y dirigentes de la oposici&oacute;n. Otra vez atac&oacute; con un lenguaje violento al resto de las fuerzas pol&iacute;ticas, tambi&eacute;n a los ciudadanos que puedan expresar o suscribir esas ideas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo que m&aacute;s estimula la idea de una guerra &mdash;real o imaginaria&mdash; es lo que plantea el propio gobierno en su forma de administrar y ejecutar el poder. Contaba, d&iacute;as atr&aacute;s, Carlos Pagni que Santiago Caputo (el principal estratega de Milei) act&uacute;a en base a un plan, un guion &mdash;precisamente eso, &iquest;no?&mdash;: un guion de tipo ficcional, con buenos y malos, con violencia, enfrentamientos, verbales y f&iacute;sicos; todo dentro del pa&iacute;s, entre fuerzas pol&iacute;ticas, entre ciudadanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se delinea entonces un escenario, con ciertos actores y determinadas finalidades. Se acompa&ntilde;a con liturgia, con discursos altisonantes. La batalla ya no es por las ideas sino por algo m&aacute;s, &iquest;la supervivencia?, &iquest;el poder de imponerse sobre los dem&aacute;s? &iquest;Es necesario para ello un triunfo en las urnas o acaso se necesite otra cosa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otros tiempos exist&iacute;an dirigentes pol&iacute;ticos que profesaban ideas, conceptos. Ahora, todo se reduce a una expresi&oacute;n t&aacute;ctica. Peor a&uacute;n &mdash;si incluso le di&eacute;ramos cr&eacute;dito al guion del estratega con &iacute;nfulas de prestidigitador&mdash;, lo que vemos en realidad es improvisaci&oacute;n. Un guion improvisado, que muy probablemente no se haya escrito a la par de los desenlaces posibles, del an&aacute;lisis de las consecuencias que puede tener la ejecuci&oacute;n del plan m&aacute;s all&aacute; de los resultados m&aacute;s inmediatos: dominar la agenda, ganar una elecci&oacute;n legislativa&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a la noticia de la serie taiwanesa <em>Zero Day</em> y me pregunto: &iquest;qu&eacute; de todo lo que estamos viviendo en Argentina puede transformarse en una ficci&oacute;n b&eacute;lica? &iquest;Estamos cerca o muy lejos de que alguien narre el escenario de un conflicto a gran escala en Argentina? &iquest;Qu&eacute; vendr&aacute; primero, la realidad o la serie?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, cuando la experiencia Milei se disuelva &mdash;como tantas otras experiencias pol&iacute;ticas&mdash;, solo quede un eco de aquel barullo; y el efecto de tanta violencia se desvanezca, se transforme en decepci&oacute;n y vac&iacute;o. Entonces ser&aacute; tiempo de imaginarse nuevos escenarios, no necesariamente de guerra.
    </p><p class="article-text">
        <em>AF/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustín Fontenla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/narrara-proxima-guerra-argentina_129_12307663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 May 2025 04:31:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerras,Ficción,El Eternauta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir como una actriz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribir-actriz_129_12303507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d700a95-57f2-440c-9136-de78e39e726c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escribir como una actriz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
¿Cómo sabe Samantha Harvey todo lo que escribe en su novela Orbital? ¿Cómo se coloca, con tanta liviandad, en la cabeza de gente que no existe, en un lugar en el que ella nunca estuvo? Y sobre todo, esto: ¿cómo logra que sea tan verdadero?
</p></div><p class="article-text">
        Si en la portada se abre paso el universo, lo primero que una piensa es que es una historia sobre alien&iacute;genas. Los planetas puestos ah&iacute;, en una equidistancia bonita pero falsa. Pero Orbital, la novela de la autora brit&aacute;nica Samantha Harvey no va de eso. No hay vidas futuras, o s&iacute;, pero m&aacute;s bien de las ordinarias. Las de Elon Musk colonizando Marte bajo la insignia de evitar la extinci&oacute;n humana, mientras los humanos sean &eacute;l mismo y sus amigos. Pero Orbital tampoco va de eso. Es una historia real, com&uacute;n y corriente, cuanto com&uacute;n pueda ser habitar el espacio exterior por un periodo de nueve meses. Ah&iacute; dentro flotan seis astronautas d&iacute;a y noche, dentro de trajes inflados que imaginamos deben ser como un disfraz de oso o de empanada en oficio marketinero. Hay gente como nosotros que trabaja de eso. De salir all&aacute; afuera, expuestos a alg&uacute;n tipo de radiaci&oacute;n que a la larga les trae graves enfermedades, pero estando all&aacute; al fin. &iquest;Lo hacen por nosotros, los que estamos en la Tierra yendo al cine o pagando el alquiler? En teor&iacute;a s&iacute;. Pero m&aacute;s bien lo hacen por ellos. Una vida de tal adrenalina debe ser inconcebible para la mayor&iacute;a de los seres humanos. Orbital habla sobre ese fen&oacute;meno que deber&iacute;a tener un nombre pero todav&iacute;a no lo tiene: el del astronauta que sale al espacio por un periodo de tiempo en el que se amalgama tanto con el espacio exterior, que en el momento de volver a la Tierra se siente un extra&ntilde;o. Como si nunca hubiera sido de ac&aacute;. Como si la fuerza de gravedad le pareciera un desprop&oacute;sito, incluso las verdaderas dimensiones: un techo, un subterr&aacute;neo, una terraza, una calle muy angosta o incluso muy ancha, tener que esperar a que las luces de un sem&aacute;foro cambien para poder cruzar. Claro. &iquest;En qu&eacute; se convertir&aacute;n todas esas convenciones habiendo estado un tiempo all&aacute; afuera? En donde todo es colores, texturas, superstici&oacute;n. Al lado del espacio infinito no existen puntos de comparaci&oacute;n. Todo parece rid&iacute;culo. Todo se derrite como una vela. Pero igual hay que seguir creyendo, porque flotar all&aacute; afuera es una cosa, pero flotar en la Tierra se llama locura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No conoc&iacute;a a Samantha Harvey. Supe que gan&oacute; el Premio Booker el a&ntilde;o pasado con esta novela. Que &eacute;sta es la quinta que escribe, antes tiene, por ejemplo, una novela que se llama <em>The Wilderness</em> sobre un hombre con alzheimer y The Western Wind, sobre la muerte del habitante m&aacute;s rico de un pueblo de la Inglaterra medieval. Uno de los jurados del premio dijo que la novela es bella y milagrosa y pens&eacute; que eran dos adjetivos justos. Sobre todo cuando habla de milagro. Porque el efecto que queda despu&eacute;s es evidente, como si alguien hubiera abierto una ventana, como si te hubieran puesto un aud&iacute;fono cuando realmente lo necesitabas. Otro plano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces pens&eacute; en las clases de actuaci&oacute;n. En que no todas las escritoras o escritores est&aacute;n vinculados con el teatro, pero muchos s&iacute;. En qu&eacute; ofrece la pr&aacute;ctica teatral al momento de escribir novelas, sobre todo si se construyen a partir de soliloquios, de personajes que son realmente ajenos a uno. El teatro puede ser una herramienta &uacute;til y hasta obligatoria para escribir narrativa. &iquest;C&oacute;mo sabe Samantha Harvey todo lo que escribe? &iquest;C&oacute;mo se coloca, con tanta liviandad, en la cabeza de gente que no existe, en un lugar en el que ella nunca estuvo? Y sobre todo, esto: &iquest;c&oacute;mo logra que sea tan verdadero? Seis astronautas obnubilados con la Tierra, como insectos alrededor de un foquito de luz. La Tierra como reina madre de todas las cosas, m&aacute;s magn&eacute;tica que un hijo, que una madre, que un amor. El teatro ofrece eso, desdoblarse en la m&aacute;xima expresi&oacute;n. Una especie de empat&iacute;a corporal. Tanto en la pr&aacute;ctica como en la teor&iacute;a. Hoy soy una mujer con tres perros que vive en una camioneta, ma&ntilde;ana soy una vendedora de f&oacute;sforos, pasado soy una madre que ha perdido a su hijo. Aunque parezca solo un juego, ese vaiv&eacute;n algo trae. La composici&oacute;n no es solamente f&iacute;sica, hay algo m&aacute;s profundo que se va estructurando ah&iacute;. Actuar como ese personaje, pensar como ese personaje, hasta que ya est&eacute; del todo pulido. Como una pieza artesanal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; miro a Samantha Harvey, miro c&oacute;mo escribe. Sospecho que no cont&oacute; con las herramientas del teatro, lo que la transforma en una hero&iacute;na para m&iacute;, pero a&uacute;n as&iacute;: escribe como si fuera una astronauta y me gusta pensar que todas sus novelas las escribi&oacute; as&iacute;. Con un nivel de encarnadura abismal. Como una gran actriz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Camila Fabbri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribir-actriz_129_12303507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2025 03:02:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escribir como una actriz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Ficción,Escritoras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una bolsa resistente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pulpa/bolsa-resistente_132_11708490.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ad0d7eb-113c-465f-b133-989e12df5269_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una bolsa resistente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras caminás para salir no te des vuelta. Haceme caso, dale para adelante sin parar y tratá de no mirar. </p><p class="subtitle">Primera entrega de Pulpa, el suplemento de ficción de elDiarioAR.  - Recibimos textos de manera abierta, a través de este link.</p></div><p class="article-text">
        Antes que nada, te aviso que vas a necesitar una bolsa resistente. Muy resistente. Ya que vas hasta all&aacute;, ten&eacute;s que aprovechar el viaje y llevar todo lo que puedas. Necesit&aacute;s una de esas bolsas que se usaban antes para hacer los mandados, con manijas fuertes y tela reforzada. La ten&eacute;s que llenar, aunque despu&eacute;s te cueste alzarla. Con una mano vas a cargar la bolsa y con la otra a tu nena.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llev&aacute; muchas bolsitas transparentes, como las del pan. Las usan para pasar ah&iacute; adentro todo lo que llev&aacute;s, hasta el dent&iacute;frico. And&aacute; sabiendo que revisan el bizcochuelo y el jab&oacute;n en polvo con el mismo cuchillo. Si te quej&aacute;s es peor.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una ri&ntilde;onera vas a llevar el celular, la plata, la sube y los documentos. Todo eso lo dej&aacute;s en valores, no lo pod&eacute;s entrar. Lo retir&aacute;s reci&eacute;n cuando te vas.
    </p><p class="article-text">
        No te vistas con ropa negra, ni gris. Tampoco camuflada ni verde militar. Ya s&eacute; que nadie tiene una campera roja o naranja, pero con los otros colores no te dejan entrar. Ah y que no sea de esas infladas ni con capucha. Gorro o bufanda, ni so&ntilde;ar. Calzas no pod&eacute;s usar. Y el corpi&ntilde;o sin aro de metal.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&eacute;s que llegar temprano, tipo ocho, para hacer los tr&aacute;mites. En una de las ventanillas present&aacute;s todos tus documentos y los de la nena. No te olvides de nada, si no tampoco pas&aacute;s. Despu&eacute;s te van a dar un n&uacute;mero y ten&eacute;s que esperar. Seguro alguna se cuele en la fila antes que vos. No hagas nada, nunca sab&eacute;s con quien te pod&eacute;s pelear. Adentro se la pueden cobrar. Vas a entrar reci&eacute;n a eso de las doce. Hacete a la idea de que entre una cosa y la otra esto te va a llevar todo el d&iacute;a. La nena va a tener que faltar al colegio y vos ese d&iacute;a no vas a poder trabajar. Armate de paciencia. Juguetes a tu hija no le pod&eacute;s llevar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que entr&aacute;s es dif&iacute;cil. Muy dif&iacute;cil. Que te revisen no va a ser lo peor. Eso te va a empezar a molestar con el tiempo, cuando te des cuenta de que te quieren joder, cuando est&eacute;s cansada y con bronca. Lo primero que te va a chocar es el ruido met&aacute;lico de las puertas pesadas, te va a retumbar adentro del cuerpo, te va a lastimar. Para qu&eacute; te voy a mentir, despu&eacute;s te acostumbr&aacute;s. Cuando camines por los pasillos con la bolsa cargada vas a sentir que no terminan m&aacute;s. El olor tambi&eacute;n es un tema. Es un baho raro; una mezcla de humedad, guiso, cigarrillo y desinfectante. Se te va a impregnar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el sal&oacute;n vas a esperar a que lo bajen, a veces puede tardar. Cuando aparezca se van a poder abrazar. Quiz&aacute;s lo encuentres desmejorado, flaco y p&aacute;lido. Es normal. Ni se te ocurra decirle nada, disimul&aacute;. Si segu&iacute;s yendo y lo ayud&aacute;s, se va a levantar. &Eacute;l te va a mostrar en donde se pueden sentar. Las primeras veces seguro les toque alguna mesa destartalada y lejos del patio, quiz&aacute;s en un tiempo se gane un lugar mejor. Ah&iacute; van a poder tomar mate y comer algo de todo lo que le lleves. Eso es lo lindo, que vas a poder compartir algo con &eacute;l. Por un momento hasta te vas a olvidar de donde est&aacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aprovech&aacute; el rato que tienen para estar juntos y trat&aacute; de no pelear. No le hables de los problemas de afuera, tampoco de todo lo que tuviste que hacer para entrar. Si se le mete eso en la cabeza va a reaccionar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ver a la nena le va a hacer bien. Ten&eacute;s suerte que es chiquita y no le ten&eacute;s que explicar nada. M&aacute;s adelante va a empezar a preguntar, pero para eso todav&iacute;a falta, por ahora zaf&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s duro de todo va a ser cuando les avisen que se termin&oacute; el horario. Ten&eacute;s que estar preparada para ese momento. Se te va a estrujar el coraz&oacute;n, vas a sentir un nudo en la garganta y que se te cierra el pecho del dolor. Ten&eacute;s que ser muy fuerte y aguantarte las l&aacute;grimas. Vos te vas, pero &eacute;l se queda all&aacute;. No estires la despedida. No te pod&eacute;s quebrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras camin&aacute;s para salir no te des vuelta. Haceme caso, dale para adelante sin parar y trat&aacute; de no mirar. A la nena distraela tambi&eacute;n. La &uacute;ltima imagen te queda grabada, ahorr&aacute;tela.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que est&eacute;s afuera, cerr&aacute; los ojos unos segundos y respir&aacute; el aire limpio. El viaje de vuelta a tu casa va a ser largo y gris como el uniforme del personal, como el cemento de esos muros inmensos. Creeme que no sirven los lamentos. Cuando te quieras acordar es d&iacute;a de visita otra vez.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Rossetto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/pulpa/bolsa-resistente_132_11708490.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Oct 2024 03:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una bolsa resistente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ficción,Cárcel,Literatura,Cuentos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Para contar lo electoral sin autocensura lo llevé a los extremos del fútbol y la ficción"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/contar-electoral-autocensura-lleve-extremos-futbol-ficcion_128_11342501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20c5259d-aef9-49bd-9e28-ae340640c5dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Para contar lo electoral sin autocensura lo llevé a los extremos del fútbol y la ficción&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es ni Messi ni Maradona. Pero el protagonista de El Gol que me falta es el mejor jugador del mundo y es candidato presidencial en la Argentina. No es el mejor analista electoral del  planeta. Pero el economista Alfredo Serrano Mancilla, andaluz como el narrador de este thriller político que es su primera novela, es director del Centro de Estudios Estratégicos para América Latina (CELAG). Publicada por editorial Galerna, El Gol que me falta destaca en la Feria del Libro porteña versión 2024. </p></div><p class="article-text">
        <strong>-En </strong><em><strong>El gol que me falta</strong></em><strong>, &iquest;es una novela autobiogr&aacute;fica? &iquest;Qui&eacute;n es Alfredo Serrano Mancilla, el economista doctorado en Barcelona que dirige CELAG, el arquero suplente y andaluz de un club exitoso de casting internacional de la Ciudad Condal y narrador de esta ficci&oacute;n pol&iacute;tica, o el novelista tambi&eacute;n nacido en C&aacute;diz que se estrena con esta narraci&oacute;n apasionante, el (primer) gol que le faltaba en sus publicaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo muy poco que ver con el amigo del mejor jugador del mundo de f&uacute;tbol de todos los tiempos, quien es el narrador de esta historia. &Eacute;l es andaluz como yo. Pero &eacute;l se dedic&oacute; al f&uacute;tbol profesionalmente y yo no. Y adem&aacute;s, &eacute;l es arquero, y yo, cuando jugaba, lo hac&iacute;a de mediocentro. Yo llegu&eacute; a Barcelona para hacer mi doctorado y &eacute;l para jugar al f&uacute;tbol al m&aacute;s alto nivel. Yo llegu&eacute; a Argentina para quedarme y &eacute;l vino a acompa&ntilde;ar al mejor jugador del mundo de todos los tiempos en plena campa&ntilde;a electoral presidencial. Adem&aacute;s, &eacute;l aprendi&oacute; a jugar al truco y yo no, <em>jaja</em>.
    </p><p class="article-text">
        No es una novela autobogr&aacute;fica, pero s&iacute; aborda mis dos pasiones: el f&uacute;tbol y la pol&iacute;tica. Y ten&iacute;a ganas de hacerlo desde la ficci&oacute;n porque de alguna manera es otra forma de contar cosas, seguramente con menos autocensura de la que nos imponemos en otros menesteres. Y tambi&eacute;n con menos prejuicios ideol&oacute;gicos de lo que se suele abusar en cada ensayo.
    </p><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s quer&iacute;a llevar esta ficci&oacute;n al terreno de lo electoral, donde se magnifica todo.
    </p><p class="article-text">
        Es una suerte de thriller pol&iacute;tico-electoral, con la Argentina de fondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-En la Rep&uacute;blica Argentina, todos los lectores (el masculino es deliberado) vemos a trav&eacute;s del ropaje ficcional de&nbsp;&nbsp;&nbsp;ElArgentino, el protagonista entrerriano de </strong><em><strong>El gol que me falta</strong></em><strong>, al santafesino Leonel Messi. &iquest;Hacemos&nbsp;mal? (Es cierto que la novela tambi&eacute;n contiene alusiones a Messi, el personaje hist&oacute;rico).</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. No es ni Messi ni Maradona. Aunque bien podr&iacute;a ser cualquiera de los dos. Porque en un pa&iacute;s tan futbolero como Argentina seguramente un d&iacute;a, m&aacute;s pronto que tarde, tendremos un candidato presidencial procedente del f&uacute;tbol.Esto ya ha pasado en otros pa&iacute;ses, como Weah en Liberia. Bal&oacute;n de oro que luego fue Presidente de su pa&iacute;s. O tambi&eacute;n tenemos el caso de Chilavert, m&aacute;s exitoso en el f&uacute;tbol que en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por eso que en esta novela es ficci&oacute;n pero quiz&aacute;s un d&iacute;a sea realidad.
    </p><p class="article-text">
        En el libro, el Argentino es entrerriano. Nacido en Gualeguaych&uacute;. Y tiene una personalidad muy diferente a esos dos grandes de la historia universal del f&uacute;tbol.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cada campaña electora, ocurren muchísimas situaciones que no son tratadas habitualmente en los manuales clásicos de ciencia política. Y es por eso que tenía ganas de narrarlo desde una novela de ficción. Pero no con la intención de adoctrinar ideológicamente. La intención es más problematizar el día a día de un candidato presidencial, sus avatares, su relación con los asesores, con la jefatura de campaña, con su entorno familiar, con los medios de comunicación.Y llevarlo en algunas ocasiones al extremo. Para eso sirve la ficción.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-La novela </strong><em><strong>El gol qe me falta</strong></em><strong> invita a abandonar todo prejuicio contra la literatura de ficci&oacute;n did&aacute;ctica, pedag&oacute;gica: que ense&ntilde;a. Como sin quererlo, al terminar de leer el libro sabemos mucho m&aacute;s que antes sobre campa&ntilde;as electorales, elecciones presidenciales, sistemas de partidos pol&iacute;ticos y sondeos de intenci&oacute;n de voto en las democracias iberoamericanas. &iquest;Era un prop&oacute;sito del autor desde antes de sentarse a escribir? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a escribir sobre lo electoral desde otro &aacute;ngulo. Siempre pens&eacute; que es un campo f&eacute;rtil para la literatura. Porque hay intriga. Porque hay una fecha final, el d&iacute;a de las elecciones, en la que sabremos el desenlace. Porque se mezclan muchas sensaciones, donde todo se intensifica, se magnifica. Donde nada es lineal, no siempre hay una secuencia l&oacute;gica de los acontecimientos. En cada campa&ntilde;a electoral, ocurren much&iacute;simas situaciones que no son tratadas habitualmente en los manuales cl&aacute;sicos de ciencia pol&iacute;tica. Y es por eso que ten&iacute;a ganas de narrarlo desde una novela de ficci&oacute;n. Pero no con la intenci&oacute;n de adoctrinar ideol&oacute;gicamente. La intenci&oacute;n es m&aacute;s problematizar el d&iacute;a a d&iacute;a de un candidato presidencial, sus avatares, su relaci&oacute;n con los asesores, con la jefatura de campa&ntilde;a, con su entorno familiar, con los medios de comunicaci&oacute;n, con las herramientas habituales usadas en toda campa&ntilde;a, como son las encuestas o los jingles. O sea, verlo desde otro punto de vista. Y llevarlo en algunas ocasiones al extremo. Para eso sirve la ficci&oacute;n. Para narrar por ejemplo qu&eacute; hace un candidato presidencial como el Argentino, el mejor jugador de f&uacute;tbol del mundo, en las horas previas a saber los resultados. O c&oacute;mo le influye una discusi&oacute;n familiar en un momento importante de la campa&ntilde;a. O qu&eacute; hace con los trapos sucios que trae consigo. Son aspectos humanos que est&aacute;n presentes en la realidad, pero de lo que se habla menos en los an&aacute;lisis electorales y pol&iacute;ticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre f&uacute;tbol, pol&iacute;tica y elecciones? En la novela se explora una dimensi&oacute;n: la posibilidad real de una candidatura presidencial viable que goza entre el electorado de popularidad y el conocimiento previos sin rival. &iquest;Qu&eacute; otras relaciones unen o contaminan a clase pol&iacute;tica y &eacute;lite futbol&iacute;stica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela justamente pone de relieve que no hay atajos en la pol&iacute;tica. Es decir, el mejor jugador de f&uacute;tbol de todos los tiempos parte de esa doble ventaja, ser muy muy conocido y gozar del aplauso mayoritario de la sociedad, pero cuando entra en el terreno de la pol&iacute;tica y de lo electoral, comienza una peregrinaci&oacute;n distinta. Dicho de otro modo m&aacute;s sencillo: una vez que cambia de cancha, estar&aacute; sometido a toda la contaminaci&oacute;n que trae consigo cualquier campa&ntilde;a electoral. Y le tocar&aacute; remar a contracorriente, afrontar situaciones nuevas para &eacute;l aunque sean viejas para la pol&iacute;tica; deber&aacute; tomar decisiones, asumir riesgos, enfrentar campa&ntilde;as sucias, tomar posici&oacute;n ante toda coyuntura que se le avecina.
    </p><p class="article-text">
        <em>El gol que me falta</em> narra en cada cap&iacute;tulo todo ese periplo lleno de contradicciones y situaciones a veces surrealistas y laber&iacute;nticas. &iquest;Se imagina que el candidato tiene una fobia? &iquest;C&oacute;mo habr&iacute;a que tratarla? O &iquest;es mejor presumir de tiene mucho dinero o no? &iquest;Es necesario que esconda sus gustos si &eacute;stos no coinciden con lo que piensa la mayor&iacute;a de la sociedad argentina o no? &iquest;Hay hacer casos a todo lo que dice las encuestas o mejor no obsesionarse con ellas? &iquest;Hay que acudir a la televisi&oacute;n para ganar la elecci&oacute;n si ya eres muy conocido? Son muchas de esas cosas las que est&aacute;n en libro. A veces, dar&aacute;n ganas de re&iacute;r, y otras de pensar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-En </strong><em><strong>El gol que me falta</strong></em><strong> hay una imagen muy positiva y proactivas de las provincias del Litoral argentino, en contra de estereotipos porte&ntilde;os. &iquest;Es tambi&eacute;n la opini&oacute;n del autor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Seguramente en este eje s&iacute; que aparece algo &lsquo;muy de mI&rsquo;. Nac&iacute; en la periferia en Espa&ntilde;a. En el Sur. En la provincia de C&aacute;diz. Y en Argentina, he vivido mucho en Capital, pero tambi&eacute;n he tenido periodos hermosos en Entre R&iacute;os.. Hay un poco de homenaje a todo ello. Y sin caer en la tentaci&oacute;n de mitificarlo, quer&iacute;a que en la novela tuviera presencia esa otra Argentina. Por ejemplo, hay tres personajes, que son tres viejitos, de Gualeguaych&uacute;, que acaban siendo importantes por c&oacute;mo ven las cosas, casi m&aacute;s que los asesores. Y me parec&iacute;a que era otra manera de explicar la cotidianeidad de este pa&iacute;s. Seguramente, la novela pretende realzar esas periferias. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AGB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfredo Grieco y Bavio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/contar-electoral-autocensura-lleve-extremos-futbol-ficcion_128_11342501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 May 2024 00:45:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Para contar lo electoral sin autocensura lo llevé a los extremos del fútbol y la ficción"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Entrevista,Mundo,Latinoamérica,Elecciones,Argentina,Ficción,Fútbol,Literatura,Feria del Libro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carrera literaria fabulosa de un realista mágico indio, británico, poscolonial y posmoderno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/carrera-literaria-fabulosa-realista-magico-indio-britanico-poscolonial-posmoderno_1_9244239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea668f78-a50b-440e-9a7a-eeea8551d712_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La carrera literaria fabulosa de un realista mágico indio, británico, poscolonial y posmoderno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacido en la India, educado en inglaterra, actor televisivo en Pakistán, escritor premiado en Occidente y condenado desde Irán por la novela islamofóbica 'Los versos satánicos', apuñalado en EEUU, Salman Rushdie es autor de una larga bibliografía con una sólida coherencia. Del primer al último libro publicado ha sido un narrador de ficciones creyente y practicante de los dogmas fundantes de la estética posmoderna y el realismo mágico latinoamericano canonizado y globalizado.</p></div><p class="article-text">
        En tiempos de Margaret Thatcher fue en Londres un novelista antiimperiaiista que escrib&iacute;a sobre la identidad multi&eacute;tnica y plurinacional. En tiempos de Donald Trump fue en Nueva York un novelista antitrumpista que escribi&oacute; sobre identidades de g&eacute;nero y sexualidades m&aacute;s o menos polimorfas. Pero ya <strong>desde su primer libro Salman Rushdie fue siempre y todas partes un escritor tan descre&iacute;do del Islam como creyente en los plenos poderes de la magia de su arte narrativo</strong>. Nacido en la India en 1947, condenado a muerte desde Ir&aacute;n por una sentencia isl&aacute;mica en 1989, y apu&ntilde;alado en EEUU por un joven musulm&aacute;n de Nueva Jersey, el poluido y sucio estado de los Sopranos, en 2022, <strong>en su biblograf&iacute;a el autor ha evitado todo desv&iacute;o de los dogmas b&aacute;sicos de la est&eacute;tica posmoderna. En particular, en la veta ortodoxa del realismo m&aacute;gico. </strong>En su versi&oacute;n can&oacute;nica y mundializada<strong> </strong>despu&eacute;s del boom literario latinoamericano y de el superestrellato y emulaci&oacute;n globales de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, long-seller del colombiano Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, la narrativa realista m&aacute;gica global es una mixtura en partes desiguales, que s&oacute;lo var&iacute;a p&aacute;gina a p&aacute;gina en su proporci&oacute;n, de lo real, lo fant&aacute;stico y lo inexplicable, o inexplicado. 
    </p><p class="article-text">
        Nacido en en una ciudad hind&uacute;, Bombay, pero en una familia de religi&oacute;n musulmana, minoritaria en el subcontinente, Salman Rushdie abjur&oacute; de la fe en la que fue criado (apostas&iacute;a que la ley isl&aacute;mica castiga con la muerte). Educado en instituciones elististas en Inglaterra -Rugby y Cambridge-, ciudadano brit&aacute;nico, <strong>Rushdie acudi&oacute; rutinaria, abundantemente al inventario de las mitolog&iacute;as orientales para poblar y organizar sus extensas narraciones compuesta en ingl&eacute;s para un p&uacute;blico occidental</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Su<strong> primera novela, </strong><em><strong>Grimus</strong></em><strong> (1975)</strong>, es el fantasioso <strong>desarrollo narrativo de un poema suf&iacute;</strong>;<strong> la &uacute;ltima,</strong><em><strong> Quijote</strong></em><strong> (2019)</strong>, una<strong> reescritura del cl&aacute;sico cervantino devenido quijotesca cruzada</strong> americana en ruta bioce&aacute;nica para desfacer entuertos y proteger doncellas en un viaje por los EEUU de la era Trump. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Los versos sat&aacute;nicos </strong></em><strong>(1988)</strong> es el <strong>viaje panor&aacute;mico de un jet-set dudosamente arcang&eacute;lico, dudosamente luciferino</strong>, que se desplaza a la velocidad de la luz o de la tinieblas interestelares. Una traves&iacute;a <strong>desde las calles y los estudios cinematogr&aacute;ficos de Bollywood hasta Londres mult&iacute;&eacute;tnico y multiculti, desde la Argentina del Aconcagua al Monte Everest del Nepal budista y mao&iacute;sta. </strong>Entretanto, el narrrador desdibuja los l&iacute;mites de la ilusi&oacute;n y la realidad, mina las certezas establecidas y advierte contra cualquier certidumbre nueva, se r&iacute;e de las religiones y parodia las tradiciones. En su despliegue narrativo, la acci&oacute;n avanza, y el drama acumula secuestros violentos pero espectaculares, tomas de rehenes multitudinarias, peregrinaciones de fieles y guerras contra los infieles, y se atiborra de kil&oacute;metros de fantas&iacute;as de celuloide.
    </p><p class="article-text">
        Cr&eacute;dulo de la cuasi omnipotencia de su bien aprendido oficio literario, <strong>Rushdie elabor&oacute; una a una sus ostentosas alegor&iacute;as, donde la mitolog&iacute;a era instrumento para la demolici&oacute;n sat&iacute;rica de los mitos, donde la reescritura churrigueresca de sagradas Escrituras era el recurso del m&eacute;todo para el burl&oacute;n escarnio de las religiones</strong>, monote&iacute;stas o polite&iacute;stas por igual. En la &uacute;ltima d&eacute;cada  y media, cada d&iacute;a puede detectarse en la cr&iacute;tica m&aacute;s prudencia o mayor escepticismo que la jornada anterior acerca de que los extensos relatos del autor sean tan id&oacute;neos para promover la voluntaria suspensi&oacute;n de la incredulidad y tan inid&oacute;neos para inducir al sue&ntilde;o o la fatiga en la voluntariosa lectura. 
    </p><p class="article-text">
        El escritor refiri&oacute; que en sus a&ntilde;os universitarios ley&oacute; el <em>Quijote</em> , que no entendi&oacute; porque la traducci&oacute;n era mala. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, la gu&iacute;a personal de otro novelista del boom, el mexicano Carlos Fuentes, autor de <em>Cambio de piel</em>, <em>Terra Nostra</em>, <em>Crist&oacute;bal Nonato</em>, y otras extensas narraciones proliferantes multiculturales polialeg&oacute;ricas de nuestra Am&eacute;rica -miles de p&aacute;ginas que seg&uacute;n su compatriota el cronista Carlos Monsiv&aacute;is s&oacute;lo quien fuera beneficiado por una beca de est&iacute;mulo pod&iacute;a sentirse motivado a leer-, le hizo volver a Cervantes. Es Fuentes acaso el autor latinoamericano con mayores afinidades con Rushdie. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque demor&oacute; en pisar <strong>Am&eacute;rica Latina</strong>, Rushdie refiri&oacute; que a trav&eacute;s de los libros de escritores latinoamericanos sinti&oacute; conocer de antemano ese mundo, parecido al del sur de Asia: &ldquo;ten&iacute;a<strong> un pasado colonial, una historia de generales dictadores, divisi&oacute;n entre ricos y pobres y en ambos lugares la religi&oacute;n fue importante</strong>&rdquo;. Junto con la Ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y el Bicentenario de la Revoluci&oacute;n Francesa, la serie de transiciones democr&aacute;ticas latinoamericanas en que desemboc&oacute; una serie anterior de dictaduras latinoamericanas al acabar la d&eacute;cada de 1980 fue el tercer contexto regional favorable para amplificar la resonancia de las voces que salieron en defensa de Rushdie cuando la fatwa de 1989. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AGB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfredo Grieco y Bavio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/carrera-literaria-fabulosa-realista-magico-indio-britanico-poscolonial-posmoderno_1_9244239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Aug 2022 20:20:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La carrera literaria fabulosa de un realista mágico indio, británico, poscolonial y posmoderno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Islam,Literatura,Novelas,Ficción,Cuentos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El silencio de los pájaros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/silencio-pajaros_1_9227236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fed5e12e-b59b-402c-840d-96fd1e01b758_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x3667y1371.jpg" width="1200" height="675" alt="El silencio de los pájaros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antonia conduce de regreso a La Silenciada, la casona familiar abandonada entre viñedos. Ese es el inicio de "Botánica sentimental", la novela de Mercedes Araujo que evoca y recompone una vasta conversación entre generaciones de mujeres. Un fragmento del libro editado por Lumen.</p></div><p class="article-text">
        Muy temprano para evitar el sol, Antonia los recorre uno por uno. La mayor&iacute;a de los veinte rosales que Mem&eacute; plant&oacute; y cuid&oacute; por amor pero tambi&eacute;n por superstici&oacute;n, el miedo a sus avisos funestos. Est&aacute;n cubiertos de o&iacute;dio, el hongo se derrama como una l&aacute;mina de ceniza sobre las hojas mustias.
    </p><p class="article-text">
        La tijera es inmensa y est&aacute; oxidada. Cada vez que la abre o cierra, los m&uacute;sculos de la espalda se anudan y los tallos se astillan. Corta las ramas gruesas del centro de cada planta y usa un cuchillo de cocina para los brotes nuevos, todav&iacute;a sanos. Arranca los cabos achicharrados y desmaleza alrededor de los troncos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Botánica sentimental                            </span>
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        Pone agua en un balde con jab&oacute;n y vac&iacute;a el cenicero, deja reposar el l&iacute;quido, que se ti&ntilde;e de amarillo. Lava los troncos, frota las hojas con cuidado, descascara lo que se desprende. Igual har&aacute; falta veneno.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer con la muerte adem&aacute;s de anticiparla, como los rosales? Tensar la pena como una toalla mojada, en vez de gotas destilar silencio.
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute;n salvaje est&aacute; lleno de arbustos y tambi&eacute;n de secretos.
    </p><p class="article-text">
        Mem&eacute; le dec&iacute;a Florindas a las rosas porque son teatrales, como si las hubiera tra&iacute;do al mundo Migr&eacute;, como si Migr&eacute; un d&iacute;a de lluvia hubiera dicho: &iexcl;Lo que hace falta son rosas!
    </p><p class="article-text">
        Mem&eacute;: impostaci&oacute;n de personaje, gestos ampulosos, sintaxis barroca, en cada oraci&oacute;n una guirnalda.
    </p><p class="article-text">
        A esos mismos robles centenarios, a cuyo pie vociferaba que quer&iacute;a ser enterrada a pala, les dec&iacute;an las torres de control.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Son tan altos que los caranchos extraterrestres paran en sus copas, llegan del cielo y no bajan a tierra jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A la magnolia de veinticinco metros le dec&iacute;an la jirafa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;And&aacute; a ver si la jirafa se dign&oacute; a dar su cr&iacute;a &mdash;ordenaba apenas llegaba la primavera mientras inspeccionaba cada rama con el largavista buscando la flor de veinticinco cent&iacute;metros de di&aacute;metro que esperaba con la nariz abierta al perfume que endulzar&aacute; su habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al tilo de treinta metros lo llamaban la Tila.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya la voy a hacer plata a esa &mdash;sentenciaba y como la plata era igual al viaje que nunca har&iacute;a, agregaba&mdash;: Un pase&iacute;to por el Sena.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lamos susurrantes: a esos los nombraba los Gonz&aacute;lez porque eran como sus vecinos, fisgones.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de los frutales y los olivos, al borde del canal, diez sauces, los enamorados d&oacute;ciles, o las ver&oacute;nicas, y el enorme fresno el Colorado L&oacute;pez, en honor a los naranjas que hab&iacute;a pintado el manco, que &ldquo;era ancestro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un verano los perales fueron el gran tema. El nuevo due&ntilde;o de una de las fincas lindantes entraba con sus invitados por atr&aacute;s y dec&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Atentos a las peras, son de dios &mdash;los arengaba a llevarse varias&mdash;, ac&aacute; no las cosechan, las dejan pudrirse picadas por los p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; dos veces y la tercera hubo trifulca. Le toc&oacute; a Marcel, que debi&oacute; salir a reclamar contra el desfalco.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; digo? &mdash;dud&oacute;. Y ella lo corri&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Para qu&eacute; sos abogado? &iexcl;Qu&eacute; vas a decir! Grit&aacute; fuerte &iexcl;ladr&oacute;n de fruta!, &iexcl;ladr&oacute;n de peras!, que se enteren todos.
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos se fueron y a las dos semanas volvieron.
    </p><p class="article-text">
        Marga se neg&oacute; a seguir con el asunto cuando Mem&eacute; mand&oacute; por tercera vez a los chicos a correr al vecino, y les prohibi&oacute; las amenazas. Mem&eacute; hizo de cuenta que no le importaba m&aacute;s el litigio. Cada vez que los ve&iacute;a aparecer por el fondo, ped&iacute;a m&aacute;s vino y murmuraba: Chorros.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres d&iacute;as Antonia se dedica a los rosales. Por las noches cae rendida.
    </p><p class="article-text">
        Una caminata serena y atenta. Navaja en mano, huele, acaricia. Entre las ramas del hinojo salvaje, los cardos empinan flores viol&aacute;ceas. Corta una ramita y la muerde. Anisado y dulz&oacute;n. Tironea, salen f&aacute;ciles una, dos, tres plantas desde la ra&iacute;z, las guarda en la mochila. Palpa los tallos bajos de los cardos, est&aacute;n tiernos y no tan fibrosos. M&aacute;s tarde volver&aacute; por algunos con una buena tijera; hervidos y con un chorrazo de aceite de oliva son riqu&iacute;simos.
    </p><p class="article-text">
        Cinco d&iacute;as despu&eacute;s con una pinza rompe el candado de la puerta principal de la casa grande y entra. El silencio hace repiquetear el eco de los objetos mudos contra las paredes.
    </p><p class="article-text">
        Las telara&ntilde;as caen desde el techo y parecen camas paraguayas.
    </p><p class="article-text">
        Las paredes agrietadas. Cada temblor, una rajadura.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hace es ir a la bodeguita, que est&aacute; al fondo de la despensa: varias cajas de vino cubiertas de tierra. Lleva una. Revisa, dos bolsas de harina repleta de gorgojos, tres latas: galletas marineras, arroz y yerba. Un botell&oacute;n de aceite de oliva, algo rancio pero pasa.
    </p><p class="article-text">
        En la casita amarilla descorcha. Huele. La primera botella sale avinagrada. En la segunda, entre vahos alcoh&oacute;licos reconcentrados aparece el vino envejecido pero no ajerezado. Lo sirve y lo hace bailar en una copa. El vino y yo necesitamos lo mismo, dormir y respirar. Corta el &uacute;ltimo pedazo del queso que compr&oacute; en la ruta, lo roc&iacute;a con oliva y lo pone sobre las galletas marineras. Una siesta et&iacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde recorre el jard&iacute;n. Recuerda a Marga con zancadas que se com&iacute;an el terreno, un limbo en la mirada alzada al cielo, a las estrellas, los ovnis, las luces en la noche. Drac&oacute;nidas, le&oacute;nidas y gem&iacute;nidas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No es una lechuza. Una loba es tu madre &mdash;dec&iacute;a Mem&eacute;. Deber&iacute;a ir en un ovni hasta el observatorio astron&oacute;mico, donde lleva a&ntilde;os metida entre el silencio de la cordillera y la claridad del cielo.
    </p><p class="article-text">
        Por la ma&ntilde;ana, la brisa tibia lleva y trae la pelusa blanca de los sauces.
    </p><p class="article-text">
        Necesita comprar tabaco y caf&eacute;. Un hombre con una sierra desrama el &aacute;lamo de metro y medio de di&aacute;metro que yace en medio del camino al kiosco. Duda sobre c&oacute;mo seguir, &eacute;l se saca los protectores de los o&iacute;dos, apaga la sierra y le ofrece la mano, Antonia trepa sobre el tronco y salta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En un rato m&aacute;s, aunque peque&ntilde;o vamos a tener un paso abierto.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y qu&eacute; le ocurri&oacute; a esta belleza para que se desmoronara as&iacute;&mdash;pregunta Antonia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El &uacute;ltimo temblor, qued&oacute; con la mitad de las ra&iacute;ces para afuera. Hace una semana se desplom&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Vuelve con tabaco, caf&eacute; y aceite fresco, de los bordes de las acequias recoge un buen racimo de hojas de diente de le&oacute;n, algo de menta silvestre y una rama de aromo para el florero.
    </p><p class="article-text">
        La llegada a La Silenciada le parece un rito de iniciaci&oacute;n a un nuevo y feliz ego&iacute;smo. Por primera vez sola en esa casa llena de gente. Un colibr&iacute; va y viene con la velocidad detenida del aleteo imperceptible, la cola es m&aacute;s larga que el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Desde chica vive alerta al silencio de los p&aacute;jaros. Cada tarde en alg&uacute;n instante el trinar se detiene, se apaga como una vela. Esperaba ese momento. Despu&eacute;s los o&iacute;a cantar o chillar como si nada. A Lucas no le interesaban o le interesaban solo los ca&iacute;dos, los tirados, los moribundos, sobre todo los muertos. Se ocupaba de descubrir los cad&aacute;veres, una masa de plumas y &oacute;rganos, varias veces atropellada disuelta hasta volverse asfalto. El Pancho no les prestaba atenci&oacute;n a los p&aacute;jaros muertos, tampoco al canto de los vivos. Caminaba dando saltitos, mareado como si estuviera en la luna, el brazo derecho era el aspa de un molino, revoleaba piedras, con el otro brazo no hac&iacute;a nada, lo ten&iacute;a encajado con el pulgar en la boca. Le pintaban la u&ntilde;a con un esmalte transparente tan asqueroso que le causaba arcadas.
    </p><p class="article-text">
        El Pancho parec&iacute;a un tero, con su gritito sobreactuado, nervioso, pura ansiedad por existir y Lucas una cotorra, atenta a conquistar una copa aqu&iacute; y otra all&aacute; y desalojar al resto.
    </p><p class="article-text">
        Canturreaban buscando la atenci&oacute;n de la madre distante. Marga ten&iacute;a la cabeza, el cuerpo y los pies diez cent&iacute;metros por encima del suelo que pisaban. Era lo m&aacute;s suave y peligroso con lo que pod&iacute;an so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Volvi&oacute; para recordar lo que ya todos olvidaron?
    </p><p class="article-text">
        Durante los d&iacute;as que siguen Antonia fuma, toma vino, calienta el agua y se da largu&iacute;simos ba&ntilde;os. Se cepilla el pelo. Cada tanto canta. Desvelos por las noches, de d&iacute;a somnolencia.
    </p><p class="article-text">
        La boca del Tupungato destella &aacute;urica. Dormido sobre el murall&oacute;n de placas tect&oacute;nicas plegadas al chocar. Al suroeste, el Tupungatito, activo, dieciocho erupciones desde 1829. Suaves cenizas en 1980 y 1986.
    </p><p class="article-text">
        Encuentra en la casa grande una caja de roble que adentro tiene fotos y recortes.
    </p><p class="article-text">
        Horacio, Feliciana, Mem&eacute; y la Chinchilla, las dos con vestidos marineros.
    </p><p class="article-text">
        Horacio ocupa el centro de la foto. La frente arrugada y los p&aacute;rpados ca&iacute;dos no coinciden con los ojos de fuego. Est&aacute;n en la galer&iacute;a de la casa. El piso en damero lo sostiene como a un caballo empacado, con las patas cava el suelo. Feliciana, diminuta, la sonrisa escurrida y esa placidez inquietante. Mem&eacute; y la Chinchilla, graciosas, despeinadas, en los cuerpos todav&iacute;a el eco del movimiento que la foto oblig&oacute; a detener. El galgo blanco de paladar negro que caminaba bailando est&aacute; tieso al lado de Horacio.
    </p><p class="article-text">
        Atadas con una cinta de raso violeta cinco cartas de la Chinchilla. La letra es inconfundible, palillos rectos que se estiran elegantes y parecen graf&iacute;as chinas. Las habr&iacute;an abierto una a una con el abrecartas de mango de madera de s&aacute;ndalo que Feliciana guardaba en su mesa de luz y luego estirado y le&iacute;do, &iquest;cu&aacute;ntas?, seis, siete, diez veces y ah&iacute; estaban cual reliquias, en la caja taraceada, plegadas como si reci&eacute;n llegaran.
    </p><p class="article-text">
        Pasa la mano sobre la tapa de la caja. Un par de astillas se me- ten profundo en la palma de la mano. Corre a buscar una pinza, un alfiler, algo que no encuentra. Por la noche, la mano izquierda hierve. Como enamorarse, piensa, si no las puede sacar r&aacute;pido tardar&aacute;n una eternidad en disolverse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ovidio escribi&oacute;: He visto el mar all&iacute; donde anta&ntilde;o hab&iacute;a el m&aacute;s firme suelo, he visto salir tierras del seno de las olas; muy lejos del mar es posible encontrar conchillas marinas.
    </p><p class="article-text">
        Pit&aacute;goras escribi&oacute;: Nada muere en este mundo; las cosas no hacen sino variar y cambiar de forma.
    </p><p class="article-text">
        Muchos siglos antes S&eacute;neca hab&iacute;a aclarado que una cosa eran los dioses y otra, las revoluciones del cielo y de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        <em>MA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mercedes Araujo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/silencio-pajaros_1_9227236.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Aug 2022 03:54:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El silencio de los pájaros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Ficción,Penguin Random House]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela sobre un soldado de Malvinas, una novela de Federico Lorenz para profundizar el dolor de la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/novela-soldado-malvinas-novela-federico-lorenz-profundizar-dolor-guerra_1_8848400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7808ec1e-201d-425a-b1c2-509effa24632_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una novela sobre un soldado de Malvinas, una novela de Federico Lorenz para profundizar el dolor de la guerra"></p><p class="article-text">
        A d&iacute;as de cumplirse 40 a&ntilde;os de la guerra de Malvinas lleg&oacute; a las librer&iacute;as&nbsp;la novela polif&oacute;nica &ldquo;Para un soldado desconocido&rdquo; que reconstruye aquellos tiempos y tambi&eacute;n sirve para reflexionar c&oacute;mo esa herida abierta del pasado y presente de la Argentina persiste, se silencia y se trata.
    </p><p class="article-text">
        El texto <a href="https://www.adrianahidalgo.com/libro/para-un-soldado-desconocido/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">publicado por&nbsp;Adriana Hidalgo Editora </a>es del&nbsp;historiador y novelista&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/federico-lorenz/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Federico Lorenz</strong></a><strong>, uno de los mayores especialistas argentinos en Malvinas por lo que las voces de los 31 personajes de ficci&oacute;n surgen de una reflexi&oacute;n y conocimiento profundo de lo ocurrido en 1982 y sus consecuencias.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La tapa de la novela de Federico Lorenz publicada por Adriana Hidalgo Editora                            </span>
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        Lorenz<strong>&nbsp;</strong>construye a trav&eacute;s de los recuerdos de los protagonistas de su novela la guerra de Malvinas. El disparador es el encuentro con&nbsp;<strong>El Negro</strong>, un colimba clase 63 de un peque&ntilde;o pueblo que fue convocado para ir a pelear al sur. Su muerte lo convierte en h&eacute;roe.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Lorenz en Malvinas.                            </span>
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        Lorenz, que ha publicado textos de ficci&oacute;n, fue tambi&eacute;n director del&nbsp;<strong>Museo Malvinas</strong> (2016-2018)<strong>. </strong>&ldquo;Quer&iacute;a presentar una experiencia gen&eacute;rica sobre&nbsp;<strong>Malvinas</strong>, pero a la vez mostrar que hay una cantidad de matices para contar la experiencia&rdquo;, explic&oacute; el autor. As&iacute; adem&aacute;s de El Negro aparecen &ldquo;el padre, los amigos, el intendente del pueblo, la madre, los compa&ntilde;eros de trinchera, una enfermera, el soldado que se salv&oacute; de ir a la guerra, una maestra que ense&ntilde;a castellano en las islas, la novia, un periodista, una adolescente kelper, la antrop&oacute;loga forense, un par de militares ingleses, las rocas&hellip; Esas y otras voces vuelven al pasado para encontrar los ecos de lo que el Negro alguna vez fue, y de lo que tambi&eacute;n fueron ellos y ellas. Porque ir a buscar al otro es tambi&eacute;n ir a buscarse, porque entender ese territorio de los muertos podr&iacute;a quiz&aacute;s arrojar algo de luz sobre el de los vivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>PP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/novela-soldado-malvinas-novela-federico-lorenz-profundizar-dolor-guerra_1_8848400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Mar 2022 09:19:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra de Malvinas,40 años de Malvinas,Federico Lorenz,Ficción,Libros]]></media:keywords>
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