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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Artvismo]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Artvismo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El peso de una poética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peso-poetica_129_8868649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4d7d527-22f1-4350-8bd4-08242bb96043_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El peso de una poética"></p><p class="article-text">
        <em>No me incomoda mi desnudez /bien saben les que me conocen/ que ando desnuda incluso antes de sacarme la ropa/ S&oacute;lo a veces y por costumbre/ uso mis m&aacute;scaras./El resto de la vida/ me la he pasado desnuda/ casi en tripas casi en huesos casi en nada./Casi en nada de cuerpo a pesar de tanto cuerpo/ Porque vean qu&eacute; sacrilegio el nuestro/Vemos la forma antes que la materia/ &ldquo;c&oacute;mo es&rdquo; antes de &ldquo;qui&eacute;n es&rdquo; /Entonces no va a importar si me visto o me desvisto/ Ver&aacute;n lo que piensan y no lo que saben./ Es muy f&aacute;cil sacarse la ropa/Lo dif&iacute;cil es sacarse los prejuicios. </em>Poes&iacute;a gorda, (2021. Ediciones del Ma&ntilde;ana y Editorial Tierra del Sur).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; escribe en su libro <strong>Marianela Saavedra</strong>, nacida en Entre R&iacute;os hace 43 a&ntilde;os, quien vivi&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada en Ushuaia y es residente actual en el l&iacute;mite entre El Bols&oacute;n y Lago Puelo, en La Patagonia, donde trabaja como profesora de educaci&oacute;n especial. Sus textos son una aventura &eacute;pica de visibilidad gorda y por la polic&iacute;a de los cuerpos, donde la hero&iacute;na m&iacute;tica es cada pieza recuperada de poder, negada por la cultura de la dieta. Lo que Marianela hace es una conjunci&oacute;n entre activismo y arte, un movimiento que data de los a&ntilde;os sesenta que se denomin&oacute; artivismo. Se trata de un trabajo subjetivo de creaci&oacute;n con la palabra y contra el mandato de cumplir con un molde corporal, pero sobre todo de hacerle espacio a lo que por ocupar demasiado espacio termina siendo burlado y expulsado. &ldquo;La sociedad intenta despersonalizar a las personas gordas, como si no pudi&eacute;ramos expresarnos por nosotres mismes, como si todo el mundo tuviera derecho a definirnos y delimitarnos, neg&aacute;ndonos como sujetos pol&iacute;ticos y como cuerpos habilitados a la existencia&rdquo;, dice quien eligi&oacute; para la tapa de su libro una ilustraci&oacute;n de Lul&uacute; Pintos donde se ven a una mujer y un hombre de figuras contundentes, sirena/sireno, anfibios entre el agua y el verdor, entre la materialidad y la l&iacute;rica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Libro &quot;Poesía Gorda&quot; de Marianela Saavedra"
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                Libro &quot;Poesía Gorda&quot; de Marianela Saavedra                            </span>
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        Ella no sabe si su<em> Poes&iacute;a gorda</em> llegar&aacute; a formar parte del acervo literario, pero cree que hoy tiene un micropoder transformador: dos pibitas muy chicas, cuenta, vinieron a casa a comprar el libro para su pap&aacute;, una persona gorda que no se encontraba bien de salud y recibi&oacute; un momento de felicidad de parte de su progenie al leer: <em>Me doli&oacute; de hambre las veces que el hambre me daba verg&uuml;enza/las veces que la panza me doli&oacute; de miedo/las veces que el miedo me dej&oacute; muda/y cada vez que antepuse a cualquier idiota antes que a m&iacute;/ y cada vez que intuyo que puede volver a ocurrir.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Saavedra dice que, luego de viajar un tiempo por distintos pa&iacute;ses de Sudam&eacute;rica, empez&oacute; a trabajar con personas que &ldquo;por distintas razones no encajan en los c&aacute;nones de la normalidad ni de la hegemon&iacute;a, que padecen much&iacute;simo los est&aacute;ndares de la sociedad&rdquo;. Por otra parte, sus hijxs vivieron &ldquo;en carne propia el gordo-odio&rdquo;. Toda esa suma de experiencias la llevaron al <strong>artivismo gordo</strong>, espec&iacute;ficamente a la escritura, como una canal expresivo &ldquo;de asunci&oacute;n del cuerpo en nuestras identidades. Junto a mi familia aprendemos y nos ense&ntilde;amos, para superar las situaciones de bulimia y anorexia emocional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es f&aacute;cil asumir el cuerpo gordo, pero vamos construyendo de manera conjunta nuestros ideales&rdquo;, contin&uacute;a. Cuando dice conjunta se refiere a otras personas que narran, poetizan o ensayan contra el canon de la normalidad corporal y que le interesa destacar: Melina Linares, Jael Caiero, Malu Jimenez, Nicol&aacute;s Cuello o Magdalena Pi&ntilde;eyro (lamagduchi) que escribe, por ejemplo: <em>El cuerpo gordo no siempre es capaz y no pasa nada/que el &aacute;rbol de la superaci&oacute;n personal no nos tape el bosque de las desigualdades estructurales.</em>
    </p><p class="article-text">
        Yo elijo un poema de <strong>Flor Monfort</strong>, escritora, poeta, periodista y productora teatral que se llama El otro, pertenece a su libro Luna Plut&oacute;n (Caleta Olivia, 2018) y dice: <em>Su cuerpo es como una manta/ Plateada junco de friza/ Me muevo al viento/ Calma porno de la tardecita/ Los autos con sus rugidos/ Custodian elapareo/ /Ac&aacute;, en esta casita suiza/ Enfrente los burritos /Las fuentes con venecitas/ El rumor de los alcauciles/ que pelan los novatos&nbsp; /En las cantinas caras/ Falsas voces en ruinas/ Sentirse helada cuando antes era fuego al voleo/el verso correcto, el pino que se planta en el fondo/ La bala que se estaciona en la herida/ Baby empecemos por el norte y bajemos despacio a los g&eacute;iser de baba/ al cuchicheo de la mente que pide amor, abrazo bobo/ Hay una expulsi&oacute;n donde acelerar/ No enamorarse nunca /Mantra de amanecer forzado/ Luna en el aire/ Ay las porte&ntilde;as siempre pensando en nosotras/ Amiga vale decir que los hombres gordos/ Valen m&aacute;s.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Luna Plutón de Flor Monfort                            </span>
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        &nbsp;&ldquo;&iquest;Mi cuerpo? Un tajo en la silla&rdquo;, escribi&oacute; <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, la gran poeta argentina del siglo veinte, que quiso construir &ldquo;el poema del cuerpo con mi cuerpo&rdquo; y de quien el pr&oacute;ximo 25 de setiembre se cumplen medio siglo de su decisi&oacute;n de morir, de la elecci&oacute;n de cancelar su vida. Hija de su &eacute;poca, Pizarnik tomaba anfetaminas para adelgazar mientras asist&iacute;a al colegio secundario. Eran los tiempos en que el ideal corporal lo encarnaba Twiggy, una modelo que pesaba alrededor de 40 kilos. Una entrada de su diario, de 1959, dice: &ldquo;Engord&eacute; much&iacute;simo. No hay remedio. Es un c&iacute;rculo vicioso. Para no comer necesito estar contenta. No puedo estar contenta si estoy gorda.&rdquo; Tambi&eacute;n leemos una entrada de 1961 en la que consigna: &ldquo;Nunca me odio tanto como despu&eacute;s de almorzar o cenar. Tener el est&oacute;mago lleno equivale, en m&iacute;, a la ca&iacute;da en una maldici&oacute;n eterna. Si me pudiera coser la boca&hellip;&rdquo; O aquella de un a&ntilde;o despu&eacute;s que se&ntilde;ala: &ldquo;la &uacute;nica desgracia es haber nacido con este defecto: mirarse mirar, mirarse mirando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La autora de &Aacute;rbol de Diana y Extracci&oacute;n de la piedra de locura no rimaba con lo que la rodeaba. Para su bi&oacute;grafa Cristina Pi&ntilde;a, la gordura era su obsesi&oacute;n. Alejandra usaba ropa muy holgada, varios talles mayores de los que su cuerpo requer&iacute;a. Seguramente todo hubiera sido muy distinto si hubiera vivido en este tiempo de activismo colectivo y de cr&iacute;tica creciente a la imposici&oacute;n de un modelo corporal &uacute;nico. Pero <strong>tampoco se puede establecer una relaci&oacute;n mec&aacute;nica, causa y efecto, entre el cuerpo que se habita, su vivencia y la &eacute;poca.</strong> De lo que no hay dudas es que, a diferencia de lo que ocurr&iacute;a hace medio siglo, hoy suenan y resuenan cada vez m&aacute;s fuerte frases como las de<strong> Beth Ditto</strong>, la cantante feminista y LGBT de The Gossip: &ldquo;No pod&eacute;s odiar a alguien porque hace dieta y no pod&eacute;s culpar a una persona por sentirse una mierda. Ten&eacute;s que culpar a la m&aacute;quina que alimenta esto, lo que hace que la gente se sienta mal&rdquo;. Ditto, la chica de Arkansas, emblema del activismo gordx, lo dijo con absoluta claridad: &ldquo;prefiero gorda a curvy. Soy una persona, no una carretera&rdquo;. Y, por prepotencia de arte y justicia, tenemos la poes&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peso-poetica_129_8868649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2022 03:59:25 +0000]]></pubDate>
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