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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Didier Fassin]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/didier-fassin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Didier Fassin]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vale-vida-didier-fassin-piensa-dignidad-humana-desigualdad_1_8873079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016a70a3-a779-4da9-aa0c-a16bcd79d11e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En enero del 2020, el antropólogo, sociólogo y director de estudios en la École des Hautes Études de Sciences Sociales de París dio una lección inaugural sobre qué dicen las sociedades del hecho de que en algunos países los muy ricos pueden vivir hasta 15 años más que los muy pobres. Siglo veintiuno editores publicó en marzo esa reflexión en un libro que tiene una entrevista al pensador francés y un prólogo de Sonia Budassi, del que publicamos este adelanto.</p></div><p class="article-text">
        Una mujer en &Aacute;frica muestra un cuaderno donde lleva el diario de sus d&iacute;as, que oscilan entre la conciencia de su enfermedad mortal y la esperanza de que, despu&eacute;s de todo, su hijo tenga quiz&aacute; una vida mejor que ella.
    </p><p class="article-text">
        Un inmigrante, con pudor, narra c&oacute;mo debe demostrar ante el Estado franc&eacute;s lo endeble de su condici&oacute;n f&iacute;sica para obtener una ayuda que le permita sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Polic&iacute;as parisinos confiesan lo aburrido que les resulta patrullar las calles sin que haya mucha &ldquo;acci&oacute;n&rdquo;. Quiz&aacute; alguna vez un hurto, u otros delitos menores. &iquest;Habr&iacute;a modo de que esa rutina no resulte tediosa luego de un entrenamiento casi militar?
    </p><p class="article-text">
        Otros migrantes cuentan que buscan ser calificados como &ldquo;refugiados pol&iacute;ticos&rdquo; para permanecer en el pa&iacute;s de acogida: les ser&iacute;a imposible vivir en el propio sin sufrir violencias (en algunos casos, extremas). All&iacute; donde llegan en busca de una vida mejor hay muchos requisitos para adquirir un estatuto legal que les permita acceder a los mismos derechos que otros ciudadanos. Todos ellos (y varios m&aacute;s) cuentan con la escucha de<strong> Didier Fassin</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sanitarista, soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo, Fassin practica el m&eacute;todo de la inmersi&oacute;n propio de la etnograf&iacute;a cl&aacute;sica, y el an&aacute;lisis y reformulaci&oacute;n de lecturas bibliogr&aacute;ficas y archivos, como lo hace la mejor tradici&oacute;n intelectual. A sus lecturas de soci&oacute;logos, de fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos y contempor&aacute;neos, suma voces en proceso, activas, vitales: las que le brinda la experiencia de convivir en grupos y territorios diversos. As&iacute;, desarrolla con profundidad preguntas nuevas, atento a las desigualdades y al modo m&aacute;s preciso de conceptualizarlas. Y pone el foco en el rol del Estado y su incidencia en distintas esferas de la vida social, como las pol&iacute;ticas sanitarias y migratorias y la penalizaci&oacute;n de los delitos. Al mismo tiempo, realiza otro movimiento, fundamental en su trabajo: observa qu&eacute; hacen las personas dentro de ese sistema, c&oacute;mo se adaptan, resisten y desarrollan estrategias propias para seguir adelante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sanitarista, sociólogo y antropólogo, Fassin practica el método de la inmersión propio de la etnografía clásica, y el análisis y reformulación de lecturas bibliográficas y archivos, como lo hace la mejor tradición intelectual</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde la perspectiva de la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica, entonces, Fassin se ha dedicado a explorar etnogr&aacute;ficamente la polic&iacute;a, la justicia y la c&aacute;rcel; temas de sus investigaciones han sido, entre otros, las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica y la desigualdad en Senegal, Ecuador y Sud&aacute;frica, y las acciones humanitarias en Colombia. Como dijimos, actual- mente se ocupa de la inmigraci&oacute;n y de las pol&iacute;ticas de la vida, cuestiones que retoma en la lecci&oacute;n inaugural de la C&aacute;tedra de Salud P&uacute;blica del Coll&egrave;ge de France, que este volumen acerca a los lectores de lengua castellana. Colaborador regular en distintos medios &ndash;donde tambi&eacute;n escribe sobre la irrupci&oacute;n de las llamadas &ldquo;nuevas derechas&rdquo;&ndash;, la participaci&oacute;n de las ciencias sociales en el debate p&uacute;blico siempre fue una de sus preocupaciones. Podemos afirmar que, una vez m&aacute;s, &eacute;l mismo logra ponerlo en juego en este libro, de manera clara, inteligente, exquisita.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Tapa del libro de Fassin. ¿Cuánto vale una vida?"
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                Tapa del libro de Fassin. ¿Cuánto vale una vida?                            </span>
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        Fassin sigue la tradici&oacute;n que rescata a la antropolog&iacute;a como un saber ya no de lo ex&oacute;tico, sino de lo pr&oacute;ximo y de lo cotidiano, como quienes estudiaron, por ejemplo, los modos en que se reproducen las profesiones o las &eacute;lites se perpet&uacute;an en el poder. En su libro <em>La fuerza del orden</em>, se involucr&oacute; y encontr&oacute; indicios de por qu&eacute; la polic&iacute;a francesa amedrentaba a determinadas comunidades; lo hizo desde el lugar de quien escucha sin dogmas grandilocuentes ni prerrogativas. En efecto, reh&uacute;ye el prejuicio y queda exento de los equ&iacute;vocos que suelen cometer, aun en sus buenas intenciones, algunos estudiosos (quiz&aacute;, nublados por conocer de antemano las injusticias cometidas por estas herramientas del Estado). Donde algunos te&oacute;ricos, a veces de manera simplista y conspirativa, sentencian que las instituciones toman decisiones deliberadas para atacar a un grupo, Fassin desarticula lo que damos por obvio: aquellos trabajos desarrollados en c&aacute;rceles y comisar&iacute;as son solo uno de tantos ejemplos de su praxis de la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica. As&iacute;, busca desandar las g&eacute;nesis y los motivos del funcionamiento de entidades p&uacute;blicas y privadas y su relaci&oacute;n con los actores sociales. En ese sentido, <em>La fuerza del orden </em>constata que el &ldquo;giro punitivista&rdquo; producido en Francia con la pol&iacute;tica de &ldquo;mano dura&rdquo; de Nicolas Sarkozy aument&oacute; las detenciones y las penas, sin generar una disminuci&oacute;n de la criminalidad. Mientras tanto, las sociedades parecen cada vez m&aacute;s tolerantes ante los delitos econ&oacute;micos y financieros, no as&iacute; de cara a hurtos o consumo de ciertas drogas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Fassin llama<strong> &ldquo;populismo penal&rdquo; </strong>&ndash;ese hacerse eco, desde el gobierno, de ciertos pedidos de &ldquo;mano dura&rdquo;, expresiones de intolerancia amplificadas por las redes y los medios de comunicaci&oacute;n&ndash; termina produciendo medidas que buscan la simpat&iacute;a de algunos ciudadanos. Y con ellas, se excluye a otras personas que, al contrario de lo que podr&iacute;a pensarse, no son <em>los delincuentes</em>, sino minor&iacute;as, pobres y migrantes. As&iacute; queda en evidencia que se ponderan de manera desigual de- terminadas existencias, tanto como las acciones de los desfavorecidos y de los privilegiados que ostentan capital financiero.
    </p><p class="article-text">
        Estos trabajos sobre &aacute;reas y personas concretas anticipan cuestiones clave de este libro. La constante emerge &ndash;incluso, a veces, de manera sutil&ndash; en las investigaciones del autor. Con audacia, Didier Fassin invirti&oacute; la f&oacute;rmula can&oacute;nica del m&eacute;todo etnogr&aacute;fico. Al acompa&ntilde;ar, desde adentro, actividades de organizaciones humanitarias como M&eacute;dicos sin Fronteras, pas&oacute; de ejercer una &ldquo;observaci&oacute;n participante&rdquo;, propia del modelo cl&aacute;sico, a una &ldquo;participaci&oacute;n observante&rdquo;. Esa decisi&oacute;n le permite descubrir, lejos de la condescendencia pero tambi&eacute;n del cinismo, variables que de otro modo quedar&iacute;an en la opacidad. Porque incluso en el interior de organizaciones que hacen notables intentos por salvar vidas pue- den verse diferencias en la consideraci&oacute;n destinada a sus miembros. Los activistas pertenecientes a determinados territorios son valorados de un modo distinto que quienes llegan desde el extranjero. En <em>Por una repolitizaci&oacute;n del mundo </em>leemos:
    </p><p class="article-text">
        <em>La mayor&iacute;a de las bajas sufridas por las organizaciones humanitarias durante los conflictos no corresponden a &ldquo;expatriados&rdquo; sino a &ldquo;nacionales&rdquo;, es decir, trabajadores locales. En Colombia, Chechenia y Sri Lanka, donde hubo ataques a misiones humanitarias, cada vez resulta m&aacute;s evidente que los beligerantes tienden a distinguir a los agentes [&hellip;] con arreglo a lo que valen sus vidas en el sentido m&aacute;s material de la expresi&oacute;n: los expatriados son secuestrados y se pide un rescate por ellos, a los nacionales simplemente se los mata.</em>
    </p><p class="article-text">
        Al investigar, Fassin descubre paradojas y tambi&eacute;n es capaz de detectar las tensiones alrededor, y dentro, de las grandes problem&aacute;ticas contempor&aacute;neas que atraviesan sus trabajos en territorios como Irak, en sus estudios sobre el vih-sida en &Aacute;frica, los conflictos en Colombia y, en Francia misma, en las c&aacute;rceles pero tambi&eacute;n en la frontera donde quedan varados los migrantes. En lo que &eacute;l llama &ldquo;la raz&oacute;n humanitaria&rdquo;, el lenguaje define v&iacute;ctimas, refugiados, enfermos, que son a la vez categor&iacute;as que vuelven a alguien plausible de recibir ayuda, o no. As&iacute;, lo humanitario se vuelve pol&iacute;tico y determina qui&eacute;n debe vivir y en nombre de qu&eacute;. En sus estudios sobre Palestina, consign&oacute; que, durante la Segunda Intifada, los psiquiatras detectaron &ldquo;traumas&rdquo; en los j&oacute;venes palestinos. Esto permiti&oacute; que aquel sufrimiento fuera tenido en cuenta por la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional. Pero, al mismo tiempo, esta categorizaci&oacute;n psicol&oacute;gica puede difuminar la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica y pol&iacute;tica del conflicto. Los r&oacute;tulos de este tipo &ndash;ya se apliquen a migrantes en Francia o a enfermos en Sud&aacute;frica, sin que se pretenda una asimilaci&oacute;n, como suele aclarar el autor&ndash; incluyen una verificaci&oacute;n de la verdad del estatuto de &ldquo;v&iacute;ctimas&rdquo; por parte de los gobiernos. Adem&aacute;s, Fassin se&ntilde;ala las complejidades de esos procesos para calificar a los ciudadanos, en un logrado an&aacute;lisis que ser&iacute;a injusto sintetizar aqu&iacute;. Con todo, es posible expresar que el Estado no es &ldquo;el mal&rdquo; ni &ldquo;el bien&rdquo;. Seg&uacute;n se lee en <em>Por una repolitizaci&oacute;n del mundo</em>, &ldquo;entre el Estado y el cuerpo se da una relaci&oacute;n de protecci&oacute;n y persecuci&oacute;n, compasi&oacute;n y&nbsp; represi&oacute;n&rdquo;. Las investigaciones del antrop&oacute;logo otorgan contornos a los claroscuros. En aquel libro tambi&eacute;n apunta que el cuerpo es un recurso para conquistar derechos que, sin lugar a dudas, no pueden reducirse a su dimensi&oacute;n biol&oacute;gica: precisamente porque son derechos y no obligaciones, [&hellip;] es preciso considerarlos pol&iacute;ticos. Esas lu- chas ponen a prueba la democracia en la misma medida en que la fomentan. Una lectura que simplifique la pol&iacute;tica de la vida soslaya esta dial&eacute;ctica, que tiene a los agentes sociales como uno de sus componentes.
    </p><p class="article-text">
        Esta conferencia inaugural prosigue esa trayectoria con el abordaje de un tema que ha tenido un inter&eacute;s tanto hist&oacute;rico como contempor&aacute;neo; tema tan presente en la vida cotidiana como en indagaciones filos&oacute;ficas y paradigmas religiosos. Si las noticias dicen que la polic&iacute;a, conforme a lo que suele llamarse &ldquo;gatillo f&aacute;cil&rdquo;, mat&oacute; a sangre fr&iacute;a a un joven de clase media, en las redes sociales, en las universidades, entre amigos, se cuestiona:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;habr&iacute;a tenido la misma visibilidad este caso si hubiera sido asesinada una persona de un barrio popular? Si la represi&oacute;n es ejercida contra una persona trans o contra un mapuche, &iquest;se le dar&iacute;a la misma cobertura? Lo que subyace es el valor otorgado a la vida de los distintos grupos sociales. El trabajo de campo de Fassin rescata los relatos de quienes sufren la guerra, la pobreza, la persecuci&oacute;n policial; los migrantes y refugiados. Y da cuenta de c&oacute;mo se ven a s&iacute; mismos y qu&eacute; acciones pol&iacute;ticas llevan adelante. Como si siguiera, adem&aacute;s, aquella premisa de Paul Ric&oelig;ur sobre la potencia de dimensionar la vida como relato.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>* * *</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ciertos acontecimientos muestran las disparidades en forma exacerbada. Algunos recordar&aacute;n lo sucedido con el soldado israel&iacute; Gilad Shalit, cuyo secuestro se atribuy&oacute; el grupo palestino Ham&aacute;s. Shalit ten&iacute;a en aquel entonces 19 a&ntilde;os y fue liberado, en un acuerdo de &ldquo;intercambio de prisioneros&rdquo;: equivali&oacute; a 477 palestinos en una primera instancia y luego otros 550 (1027, en total). Eso pas&oacute; en 2011: Shalit permaneci&oacute; cautivo cinco a&ntilde;os. Fassin cita el caso de Irak. Dice en su conferencia: &ldquo;Es posible contar e identificar a cada soldado de la coalici&oacute;n fallecido, pero es imposible indicar la cantidad de civiles muertos, m&aacute;s all&aacute; de una estimaci&oacute;n de 100 000 y, m&aacute;s a&uacute;n, darles un nombre&rdquo;. Mientras tanto, en el Mediterr&aacute;neo, los buques de salvataje son asediados por las autoridades europeas, que dejan morir ahogadas a cientos de personas que no ser&aacute;n identificadas ni tendr&aacute;n derecho a sepultura.
    </p><p class="article-text">
        En sus escritos, Fassin expone ciertos aspectos encarados en esta conferencia inaugural: las matrices y manifestaciones de la desigualdad. Las diferencias abisma- les de los indicadores referidos a la expectativa de vida entre pa&iacute;ses ricos y en desarrollo &ndash;brechas que pueden llegar a los 40 a&ntilde;os&ndash; no son, &uacute;nicamente, datos estad&iacute;sticos. Implican m&uacute;ltiples valoraciones atribuidas a la vida. Formado tambi&eacute;n en medicina, el autor entiende la vida biol&oacute;gica como un elemento que convive junto a la vida biogr&aacute;fica, retomando as&iacute; reflexiones de Hannah Arendt y Georges Canguilhem. En estos pivotes, las pol&iacute;ticas de Estado tienen influencia directa en la expectativa y calidad de vida.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; tambi&eacute;n resulta notable su impronta en el abordaje del tema pues, como pocos, Fassin complementa el trabajo etnogr&aacute;fico &ndash;que deviene narrativo&ndash; y la rigurosidad te&oacute;rica. Siempre en la mejor tradici&oacute;n de una literatura de no ficci&oacute;n cuya forma literaria resulta eficaz, compleja, reveladora para comprender al otro. Adem&aacute;s, desarrolla un profundo bagaje conceptual cuyo alcance va m&aacute;s all&aacute; del nicho experto, y gana nuevos lectores.
    </p><p class="article-text">
        En su art&iacute;culo &ldquo;Why ethnography matters&rdquo;, Fassin explicita lo que sus lectores descubren con fruici&oacute;n: &ldquo;Abrirla etnograf&iacute;a a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio sin perder sus refinamientos y complicaciones fue, por tanto, una ta- rea delicada. Implicaba asociar historias con desarrollos anal&iacute;ticos y vincular la teor&iacute;a con materiales emp&iacute;ricos. Tambi&eacute;n inclu&iacute;a opciones de legibilidad m&aacute;s t&eacute;cnicas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los intersticios de la obra de Michel Foucault, Fassin encuentra y crea una noci&oacute;n, la de &ldquo;biolegitimidad&rdquo;, como una suerte de contrapunto al t&eacute;rmino &ldquo;biopoder&rdquo;. &ldquo;Hablar de biolegitimidad en vez de biopoder es hacer hincapi&eacute; en la construcci&oacute;n del significado y los valores de la vida en lugar de insistir en la aplicaci&oacute;n de fuerzas y estrategias para controlarla&rdquo;, se&ntilde;ala.5 Ese despliegue deja en claro que en esta visi&oacute;n que profundiza sobre el valor de la vida, las herramientas del biopoder, como las estad&iacute;sticas, son insuficientes. Las mujeres, por ejemplo, viven m&aacute;s que los hombres, pero &ldquo;son menospreciadas, se las discrimina y, a veces, se las violenta; sus derechos formales no siempre son reconocidos y, cuando lo son, no se los respeta&rdquo;, seg&uacute;n rese&ntilde;a en la lecci&oacute;n inaugural. No puede equipararse longevidad con calidad de vida, factor &ldquo;perceptible en t&eacute;rminos de autonom&iacute;a, emancipaci&oacute;n o realizaci&oacute;n personal&rdquo;. El tiempo por el cual transcurrimos puede&nbsp; ser,&nbsp; tambi&eacute;n,&nbsp; miserable,&nbsp; indigno o sufriente.
    </p><p class="article-text">
        Narrador sensible, m&aacute;s all&aacute; de las teorizaciones que pueden horadar nuestras certezas, Didier Fassin logra conmover al mostrar a sus personajes en acci&oacute;n. En el limbo de Calais &ndash;nos cuenta&ndash;, los j&oacute;venes migrantes sirios exhiben fotos de sus &eacute;pocas de estudiantes, en un intento por mostrar cu&aacute;n dignas eran sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil salir de esta lectura sin repensar los sustratos de preguntas a las que nos enfrenta. &iquest;Por qu&eacute; toleramos ciertas injusticias, y no otras? &iquest;C&oacute;mo es posible que en nuestras sociedades ciertas vidas <em>valgan menos</em>? &iquest;Qu&eacute; de- termina que permitamos, como ciudadanos, algunos sufrimientos mientras reaccionamos ante otros? &iquest;Y c&oacute;mo ponderamos, entonces, las acciones de los estados que privilegian ciertas existencias por sobre otras? Fassin cita <em>El hombre sin atributos </em>de Robert Musil. Y construye una analog&iacute;a con la actitud del antrop&oacute;logo cr&iacute;tico, que arroja cierta ilusi&oacute;n: &ldquo;Si el mundo puede ser de otra forma &ndash;y, por cierto, lo ha sido en el pasado y lo es en otros lugares&ndash;, entonces el cambio siempre es posible y alimenta otras esperanzas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>SB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vale-vida-didier-fassin-piensa-dignidad-humana-desigualdad_1_8873079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2022 04:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad,Pobreza,Didier Fassin]]></media:keywords>
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