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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Madame Bovary]]></title>
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      <title><![CDATA[La mujer que mira a los hombres que cuentan la vida de las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujer-mira-hombres-cuentan-vida-mujeres_129_8876150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2575425e-86a3-41ee-a20f-e5e7a64821d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer que mira a los hombres que cuentan la vida de las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es cruel que Julie esté tan sola en el mundo, que compita con todas las mujeres con las que se relaciona y que solo establezca relaciones profundas con hombres y siempre con el amor romántico en el centro. Una reflexión a partir de la película "La peor persona del mundo" y otras historias de mujeres.</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de semanas fui al cine a ver <em>La peor persona del mundo</em>, esa pel&iacute;cula de la que habla todo el mundo. El cine es algo tan placentero y ocioso para m&iacute; que me resulta un ejercicio culpable. Cuando estoy sentada en la butaca no soy nadie, no tengo que cuidar de nadie ni contestar mails de trabajo ni tengo prisa por llegar a ninguna parte. Mi cuerpo lo sabe y se instala en m&iacute; una extra&ntilde;a calma que apenas recordaba pues, desde que me convert&iacute; en madre hace tres a&ntilde;os, esta es la primera vez que iba al cine sola. No sab&iacute;a de qu&eacute; iba la pel&iacute;cula, la eleg&iacute; porque me ven&iacute;a bien la hora: era domingo y el padre de mi hijo se lo llevaba esa tarde, unas tres horitas, el tiempo justo para llegar al cine, ver la peli y volver a casa. Y all&iacute; me qued&eacute; suspendida en el tiempo dos horas en una sala abarrotada de gente y sumida en un profundo silencio roto tan solo por alguna que otra carcajada. 
    </p><p class="article-text">
        Confieso que, desde el primer fotograma, me qued&eacute; hipnotizada por el rostro de Julie (<strong>Renate Reinsve</strong>): su vestido negro, esos planos con el cabello rubio platino, esa expresi&oacute;n tan et&eacute;rea. Y supongo que ah&iacute; estuve todo el rato: enganchada a su cara, a su cuerpo, a su estilismo, a su ligereza a pesar de todas las incertidumbres y malestares que atraviesa. La protagonista lo tiene todo, pero es profundamente infeliz. Y caprichosa y hasta un puntito vanidosa. Es como una enfermedad lo de la insatisfacci&oacute;n constante, un juego que consiste en perseguir antojo tras otro dej&aacute;ndose llevar por los estados afectivos. No s&eacute; por qu&eacute; pensaba en <strong>Emma Bovary</strong> mientras la ve&iacute;a, quiz&aacute; porque siempre me la he imaginado con un perfil hermoso y p&aacute;lido, alta, esbelta. Como Julie, Bovary tiene todo lo que desea en sus manos y, a la vez, nunca est&aacute; contenta. Al menos, as&iacute; la retrata Flaubert: &laquo;Intentaba saber qu&eacute; se entend&iacute;a exactamente en la vida por las palabras <em>felicidad, pasi&oacute;n y ebriedad</em>, que tan hermosas le hab&iacute;an parecido en los libros&raquo;. 
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        Miraba a Julie y la amaba y tambi&eacute;n la envidiaba, claro, porque yo no he sido nunca ese tipo de chica con una belleza capaz de paralizar el mundo, con esa levedad que la hace atravesar Oslo de una punta a otra solo para colarse en una fiesta. Tampoco he sido ese tipo de chica que se ha permitido dudar tanto como Julie. Y por supuesto, nunca he tenido el cuerpo que tienen las mujeres que protagonizan las historias en el cine. Salvo el de Hannah Horvath (<em>Girls</em>), probablemente, la &uacute;nica mujer con la que me he identificado f&iacute;sicamente en la pantalla en mis 36 a&ntilde;os de vida. En esas estaba cuando sal&iacute; del cine y volv&iacute;a a casa con la calma en el cuerpo y, al mismo tiempo, todas las emociones en un confuso e infinito revoltijo. No s&eacute; por qu&eacute; me temblaba el cuerpo. Una vez pasada la agitaci&oacute;n primera &mdash;parec&iacute;a que, en lugar de haber ido al cine, me hab&iacute;a lanzado al vac&iacute;o en paraca&iacute;das&mdash;, pens&eacute; en el arquetipo que representaba aquella protagonista: mujer joven, algo perdida, algo confusa, que est&aacute; busc&aacute;ndose a s&iacute; misma. Me gust&oacute; que hablara de sus deseos, que pusiera esos deseos en el centro porque a las mujeres no se les ha permitido hacerlo, me gust&oacute; que se hablara sobre que ser madre sea una opci&oacute;n y no un camino cristalino, sin dudas. Pero me fallaron tantas cosas que, cuando llegu&eacute; a la puerta de mi casa, la pel&iacute;cula se me hab&iacute;a desmoronado entera en la cabeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me acord&eacute; del ensayo de<strong> Siri Hustvedt</strong> &ldquo;La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres&rdquo;, que habla sobre c&oacute;mo los artistas hombres retratan a las mujeres en sus cuadros. Hustvedt dec&iacute;a un par de cosas interesantes que me sirven para hablar de c&oacute;mo Joachim Trier, director y coguionista de <em>La peor persona del mundo</em>, ha contado la vida de Julie. Por un lado, que los artistas (de toda &iacute;ndole) solo son parcialmente conscientes de lo que hacen. &iquest;Era totalmente consciente Trier de c&oacute;mo ha retratado a una mujer joven y occidental en el siglo XXI? Por otro lado, que, al mirar el cuadro de `La mujer que llora&acute; de Picasso se sinti&oacute; perturbada. Algo as&iacute; me ocurri&oacute; con Julie: quer&iacute;a seguir mirando y al mismo tiempo su figura me repel&iacute;a. &laquo;Aunque estoy mirando una persona que llora, me parece un retrato cruel. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; sucediendo?&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a otras mujeres parecidas a Julie en mi memoria sentimental: <strong>Annie Hall</strong>, Frances Ha, Hannah Horvath, Fleabag o las protagonistas de <em>Conversaciones entre amigos</em> de Sally Rooney. Todas ellas mujeres j&oacute;venes que desean, que se buscan, un poco perdidas, un poco culposas, personajes femeninos capaces de reivindicar el derecho de una mujer a no saber qu&eacute; hacer con su vida. Y todas ellas est&aacute;n acompa&ntilde;adas, todas ellas tienen una o varias amigas que hacen de espejo. Salvo Annie Hall y Julie, las &uacute;nicas retratadas por hombres. Y aun as&iacute;, hay un momento en que Annie Hall confiesa en terapia que &ldquo;a veces creo que deber&iacute;a vivir solo con una amiga&rdquo;. Pero Julie, no. Julie est&aacute; sola en el mundo. Todas las relaciones profundas de Julie en la pel&iacute;cula son con hombres: Aksel, un novio mayor y exitoso, Eivind, otro novio que comienza como amante, y un padre ausente. La &uacute;nica vez que Julie habla de su madre, por ejemplo, es para decir que cree que la relaci&oacute;n ya no es buena porque ahora ella se ha ido a vivir con su novio. La &uacute;nica vez que la vemos relacionarse con otras mujeres (dos amigas de su novio que est&aacute;n casadas y son madres) hay una sensaci&oacute;n de incomodidad y competencia entre ellas. C&oacute;mo no se me va a desmoronar Julie. Vuelvo a lo que se preguntaba Hustvedt. Aunque estoy mirando a una mujer que llora, me parece un retrato cruel. Es cruel que Julie est&eacute; tan sola en el mundo, que compita con todas las mujeres con las que se relaciona y que solo establezca relaciones profundas con hombres y siempre con el amor rom&aacute;ntico en el centro. <strong>Fleabag</strong>, Hannah, Frances, Frances y Bobbi tienen amigas, son amigas, son hijas y hermanas, se relacionan con ellas y hablan entre ellas y se construyen en torno a ellas &mdash;y es as&iacute;, las mujeres nos sostenemos unas a otras y unas sobre otras. Me acordaba tambi&eacute;n de algo que <strong>Elena Ferrante</strong> pone en la boca de Len&ugrave; en <em>Las deudas del cuerpo</em>, que los hombres se inventan a las mujeres y en sus relatos las moldean a su gusto y semejanza. Me apena Julie, igual que me apenaba Emma Bovary, lo perdida que est&aacute;n &mdash;lo perdidas y solas que las han retratado&mdash; es tambi&eacute;n un reflejo de ese relato patriarcal que ya no tiene sentido seguir reproduciendo. Si Julie hubiera tenido alguna amiga, una hermana, una madre, una vecina, una compa&ntilde;era de trabajo, alguna mujer con la que comentar esa b&uacute;squeda, las palabras <em>felicidad, pasi&oacute;n y ebriedad</em> hubieran cobrado otro sentido. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CGDLC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen G. de la Cueva]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Mar 2022 11:01:23 +0000]]></pubDate>
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