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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pscicoanálisis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/pscicoanalisis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pscicoanálisis]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La resistencia de la imaginación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/resistencia-imaginacion_129_11438499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf66bacd-1f27-4440-a770-70e6cca01f23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La resistencia de la imaginación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tiempos de tonos asertivos, de respuestas automáticas, de la topadora de la hiperproductividad, ya casi no hay lugar para preguntas. El psicoanálisis, la ficción y lo político son refugios donde todavía es posible crear mundos. 
</p></div><p class="article-text">
        Fui invitada al <a href="https://www.instagram.com/iper_festivaldelleperiferie/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Festival delle Periferie</em></a> que se realiza pr&oacute;ximamente en Roma. El tema de este a&ntilde;o es la imaginaci&oacute;n. El argumento del festival dice &ndash;traduzco yo, torpemente&ndash;: &ldquo;&iquest;Existe todav&iacute;a, en nuestro tiempo y en nuestro mundo, incluido el de la exploraci&oacute;n exoplanetaria, un lugar, f&iacute;sico o mental, que posea las caracter&iacute;sticas de un lugar radical, una zona blanca sin nombre en el mapa de lo conocido, donde uno pueda experimentar el asombro, ejercitar la imaginaci&oacute;n? &iquest;Una periferia de alg&uacute;n tipo &ndash;incluida una disciplina&ndash;, capaz de desencadenar revoluciones paradigm&aacute;ticas y albergar nuestros imaginarios divergentes?&rdquo;. El argumento del festival es un texto absolutamente actual, pol&iacute;tico y, por eso mismo, potente. Es, en s&iacute; mismo, un llamado a la imaginaci&oacute;n. Quiero decir que tiene un sesgo perform&aacute;tico; ah&iacute; donde apenas uno lo lee, queda imaginando, queda en estado de imaginaci&oacute;n. Y es que, antes que nada, el argumento se sostiene en interrogaciones. En un mundo lleno de certezas, de tonos altos y estridencias, de respuestas a preguntas que no se formularon, el solo hecho de sostener una pregunta ya da un respiro, ya produce un alivio y suscita una especie de disposici&oacute;n del cuerpo hacia el entusiasmo. Una pregunta, tan solo una pregunta, puede sacar al cuerpo del adormecimiento habitual con el que circula. Una pregunta, tan solo una pregunta, puede, sin dudas, dispersarnos y provocar, entonces, el encanto de imaginar. Una pregunta que no necesariamente est&eacute; para ser contestada, sino que simplemente suscita inquietud, zozobra, un leve cosquilleo en el cuerpo: todav&iacute;a hay algo posible. Se trata, todav&iacute;a, de un empuje hacia un horizonte posible. No lo pienso como un territorio a conquistar, sino como un borde, una orilla, un peque&ntilde;o mont&iacute;culo de tierra en medio de la inmensidad de un mar que se pone, por momentos, hostil o demasiado tumultuoso. Un incipiente asomo de futuro, de m&aacute;s all&aacute;. Un m&aacute;s all&aacute; que escribe, no una respuesta, sino un enigma.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que se derrumba, en un mundo en el que las im&aacute;genes nos asedian de manera incesante, parad&oacute;jicamente, ya casi no hay lugar para la imaginaci&oacute;n. En tiempos de tonos asertivos, de respuestas autom&aacute;ticas, ya casi no hay lugar para preguntas. En un mundo lleno de informaci&oacute;n ensordecedora, ya casi no hay lugar para la invenci&oacute;n singular. &iquest;C&oacute;mo resistir al avance estrepitoso de la deshumanizaci&oacute;n tan propia del capitalismo devorador? &iquest;C&oacute;mo resistir ante el avance estrepitoso de las im&aacute;genes prefabricadas y el brillo enceguecedor de las pantallas? &iquest;C&oacute;mo deponer la mirada ante la obscenidad de las im&aacute;genes que pululan imparables? Podr&iacute;amos parafrasear esas l&iacute;neas de <em>Casablanca</em> y decir &ldquo;El mundo se derrumba y nosotros imaginamos&rdquo; o, tambi&eacute;n, &ldquo;Siempre nos quedar&aacute; la imaginaci&oacute;n&rdquo;. Vuelvo entonces sobre el texto del Festival: &ldquo;&iquest;Existe todav&iacute;a, en nuestro tiempo y en nuestro mundo, incluso un exoplanetario, un lugar, f&iacute;sico o mental, que posea las caracter&iacute;sticas de un lugar radical, una zona blanca sin nombre en el mapa de lo conocido, donde uno puede experimentar asombro? &iquest;o ejercitar la imaginaci&oacute;n?&rdquo;. Creo que s&iacute;, que a&uacute;n existen espacios en donde el asombro, la sorpresa y la posibilidad de desencadenar peque&ntilde;as pero potentes revoluciones, tienen lugar. Pienso por caso en el psicoan&aacute;lisis, en la ficci&oacute;n y en lo pol&iacute;tico. Se trata de tres espacios que, justamente, no est&aacute;n hechos. Hay que hacerlos, cada vez, no est&aacute;n dados. No son simplemente un lugar al que uno se retira solo, para despu&eacute;s volver al mundanal ruido. Son peque&ntilde;os intersticios que se pueden hacer <em>en medio</em> del mundanal ruido. No se trata de una utop&iacute;a de fuga hacia la soledad, en donde nadie nos afecte. Se trata, en cambio, de un ejercicio de invenci&oacute;n que incluye a los otros. Porque nunca es sin otros, los otros de nuestra vida cotidiana pero, sobre todo, los otros de nuestra historia, de la historia de las marcas de nuestro deseo. Son pr&aacute;cticas que requieren bajarle el tono a la vociferaci&oacute;n estridente del mundo. Se requiere algo de silencio y de soledad, de una soledad compartida, de un silencio con otros. Se trata de un silencio que no es sin&oacute;nimo de callar. Se trata de un silencio que hace posible que paremos de o&iacute;r, en el sentido tambi&eacute;n de parar de obedecer. &ldquo;O&iacute;r es obedecer (...) La audici&oacute;n, la <em>audientia</em>, es una <em>obaudientia</em>, es una obediencia&rdquo;, dice Pascal Quignard. Sin ese tipo de silencio no ser&iacute;a posible el arte, la invenci&oacute;n. Pero tampoco ser&iacute;a posible un an&aacute;lisis, ni la lectura, ni la escritura. Lo que <em>pasa</em> en estas pr&aacute;cticas, <em>pasa </em>porque cesa el aturdimiento que muchas veces es sin&oacute;nimo de oscuridad. No se puede pensar mientras estamos aturdidos, s&oacute;lo se puede pensar en una discontinuidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una zona blanca&rdquo;, dice el argumento. Me gusta la noci&oacute;n de zona porque lleva impl&iacute;cita la idea de bordes poco n&iacute;tidos, de lo poco contenible, de lo poco certero. &iquest;Desde d&oacute;nde hasta d&oacute;nde? No se puede saber. La zona es una geograf&iacute;a difusa, incierta; se escribe en una cartograf&iacute;a inestable y precaria. Una zona no est&aacute; hecha, se practica, se hace, se suscita a partir de un acto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una cartograf&iacute;a posible para la imaginaci&oacute;n como resistencia. El psicoan&aacute;lisis. Una pr&aacute;ctica apocada, sin &eacute;pica. Perif&eacute;rica. Una pr&aacute;ctica de lo residual, de aquello que los discursos hegem&oacute;nicos descartan. Un espacio en el que encuentran lugar los restos descartados por el capitalismo: lo improductivo del deseo. Una pr&aacute;ctica perif&eacute;rica, porque un analista siempre est&aacute; un poco fuera de lugar respecto de los discursos oficiales, institucionales, estereotipados. Un espacio in&eacute;dito en donde se hace un recorrido no lineal, sino m&aacute;s bien zigzagueante, un poco err&aacute;tico, por las marcas de una historia, por las marcas de nuestro deseo. Es el espacio en donde se alojan los sue&ntilde;os, las fantas&iacute;as y en el que se inventan mundos posibles, destinos inesperados. Un espacio in&eacute;dito en el que se conjugan deseos y se aplacan infiernos. Una pr&aacute;ctica en la que se ensaya un ejercicio de lectura sobre lo mismo, que tiene como efecto <em>otra cosa</em>. Una pr&aacute;ctica de las variaciones sobre un mismo asunto. El an&aacute;lisis es ese lugar in&eacute;dito que ofrece, como un refugio invaluable, un lugar en donde nada da lo mismo, en donde se inscribe la diferencia que nos constituye. En donde las palabras pueden separarse, en donde no todo es igual. El an&aacute;lisis a veces hace de separador entre escenas aplastantes, oprobiosas: un par&eacute;ntesis en el devenir maquinal de los d&iacute;as. No es la &uacute;nica opci&oacute;n, claro, cada quien encuentra sus separadores. Separadores de la realidad, esa que viene en bloque, esa que, como dice Freud, no anda sin construcciones auxiliares. Y entonces pienso tambi&eacute;n en la ficci&oacute;n como usina de verdad, como lugar de invenci&oacute;n. La ficci&oacute;n, ese separador que nos permite leer mejor la realidad. La lectura da lugar a la imaginaci&oacute;n, cosa coartada en el pegoteo constante del tiempo en el que se nos demanda ser productivos, del tiempo de la realidad. &ldquo;La imaginaci&oacute;n es la &uacute;nica arma en la guerra contra la realidad&rdquo;, dice Diego Muzzio<strong> </strong>en su novela <em>El ojo de Goliat</em>. No hay imaginaci&oacute;n posible cuando quedamos metidos en esa boca hambrienta e insaciable de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo en el que se nos atiborra, en el que se nos empuja al consumo permanente, en el que se nos insta a producir sin descanso, la imaginaci&oacute;n &ndash;una especie de estado deseante&ndash; acaso sea una resistencia. Pero, adem&aacute;s, tambi&eacute;n nos deja espacio para el deseo, ese deseo que insiste intratable, intempestivo, discontinuo. El deseo que, justamente, no se conforma con objetos de consumo, sino todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        El descubrimiento freudiano est&aacute; vivo. Es &eacute;l mismo la marca de lo vital. Contra la m&aacute;quina, el inconsciente. Las formaciones del inconsciente son las peque&ntilde;as marcas de resistencia, de refugio al imperio del otro bajo la forma de la adaptabilidad. Si algo no se adapta, es el inconsciente. Mientras haya inconsciente, habr&aacute; resistencia a la adaptaci&oacute;n total, resistencia a ser arrasados totalmente por el imperio del Otro, por la topadora de la hiperproductividad. No somos m&aacute;quinas, aunque a veces se pretenda que lo seamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imaginaci&oacute;n, ficci&oacute;n, juego. La relaci&oacute;n entre el mundo infantil y la poes&iacute;a fue se&ntilde;alada por Freud cuando dijo: &ldquo;Todo ni&ntilde;o que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada (...). Lo opuesto al juego no es la seriedad, sino&hellip; la realidad efectiva&rdquo;. Subrayar que no se trata de algo poco serio, sino de algo que se produce en las ant&iacute;podas de la realidad, resulta fundamental para poder pensar que son pr&aacute;cticas <em>para</em> lidiar con esa realidad efectiva y, a la vez, en el mismo acto, transformarla. La palabra po&eacute;tica: esa palabra que <em>hace algo</em>: nos alivia de la pesadez de los signos ya sabidos, extenuados, oxidados. Fantas&iacute;a y juego: una zona protegida, dice Freud: son como reservas naturales, donde los reclamos y las exigencias del mercado no logran pasar, donde la libertad, de la que nos priv&oacute; la realidad, puede ejercerse. En el parque natural puede crecer y pulular, dice Freud, todo lo que quiera hacerlo, &ldquo;aun lo in&uacute;til, hasta lo da&ntilde;ino&rdquo;. Ese es el reino de la fantas&iacute;a, el de la imaginaci&oacute;n. No hay modo de que la realidad ande sin la fantas&iacute;a. La ficci&oacute;n, que no es mentira, sino productora de una verdad otra, tambi&eacute;n transformadora, no existir&iacute;a sin la imaginaci&oacute;n. La ficci&oacute;n imagina, entonces crea, nuevos mundos. Ensancha geograf&iacute;as y dibuja mapas lejanos pero atravesables. La ficci&oacute;n es, antes que nada, la posibilidad de una experiencia en la que pueden acomodarse los restos.
    </p><p class="article-text">
        Lo pol&iacute;tico, la pol&iacute;tica en el mapa posible. Ante el encandilamiento permanente de las pantallas, ante la ceguera que nos producen las im&aacute;genes desprovistas de cuerpo, s&oacute;lo nos resta entrecerrar un poco los ojos, deponer la mirada. Pienso entonces en la alternancia lum&iacute;nica de las luci&eacute;rnagas, de las que habl&oacute; Didi Huberman: &ldquo;En efecto, no se trata ni m&aacute;s ni menos que de repensar nuestro propio &rdquo;principio de esperanza&ldquo; a trav&eacute;s de la manera en que el Antes reencuentra al Ahora para formar un resplandor, un relampagueo, una constelaci&oacute;n en la que se libera alguna forma para nuestro propio Futuro. &iquest;Acaso las luci&eacute;rnagas, aunque vuelen a ras del suelo, aunque emitan una luz muy d&eacute;bil, aunque se desplacen lentamente, no dibujan, rigurosamente hablando, una constelaci&oacute;n semejante? Afirmar esto a partir del min&uacute;sculo ejemplo de las luci&eacute;rnagas equivale a afirmar que, en nuestra <em>manera de imaginar </em>yace fundamentalmente una condici&oacute;n para nuestra <em>manera de hacer pol&iacute;tica</em>. La imaginaci&oacute;n es pol&iacute;tica, eso es lo que hay que asumir. Rec&iacute;procamente, la pol&iacute;tica no puede prescindir, en uno u otro momento, de la facultad de imaginar&rdquo;. La relaci&oacute;n entre la imaginaci&oacute;n y lo pol&iacute;tico se cifra quiz&aacute;s en la famosa consigna de mayo del 68: &ldquo;La imaginaci&oacute;n al poder&rdquo;. No resulta caduca la idea: la imaginaci&oacute;n como potencia transformadora de mundos. Si la imaginaci&oacute;n es posible, es, justamente, porque la realidad es imposible. Si imaginaci&oacute;n puede transformar la realidad, es porque no es, ella misma, realista.
    </p><p class="article-text">
        La imaginaci&oacute;n no es voluntaria, no es calculable, pero no es pasiva. Es evasiva y abierta, seg&uacute;n Gaston Bachelard. Autor que tambi&eacute;n la asocia a la intermitencia de la luz a trav&eacute;s de la llama de una vela: &ldquo;La llama es, entre los objetos del mundo que convocan al sue&ntilde;o, uno de los m&aacute;s grandes <em>productores de im&aacute;genes. </em>La llama nos obliga a imaginar&rdquo;. So&ntilde;ar despierto, dejarse ir. El sue&ntilde;o ante la llama, sigue Bachelard, es un sue&ntilde;o de asombro. Y la capacidad para asombrarse est&aacute; muy cerca de la capacidad deseante. Imaginaci&oacute;n, asombro, sorpresa en las ant&iacute;podas de las apat&iacute;as y anhedonias tan contempor&aacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n existe la imaginaci&oacute;n ligada a lo catastr&oacute;fico, a lo que no saldr&aacute; bien. Una imaginaci&oacute;n ligada a los miedos, temores, fobias. &ldquo;Imagino lo peor&rdquo;. Y entonces alguien puede verse &ndash;porque se ve a s&iacute; mismo&ndash; impedido de <em>ir hacia</em>. La inhibici&oacute;n de los cuerpos est&aacute;, muchas veces, sostenida en im&aacute;genes de lo peor. Imaginar escenarios concretos en los que las cosas nunca salen bien. La imaginaci&oacute;n, en estos casos, funciona como una certeza inamovible: un reflejo en el espejo que s&oacute;lo arroja imposibilidad. Desasirse de esas im&aacute;genes, no para convencerse de que todo se puede, sino para dejar lugar a lo que no se sabe. Porque son muchas las veces en las que lo que produce sufrimiento no es la incertidumbre, sino la certeza. La imaginaci&oacute;n es tambi&eacute;n oscura y puede ser hostil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay deseo sin imaginaci&oacute;n. La imaginaci&oacute;n acaso sea una disposici&oacute;n del cuerpo para encontrar lo que no se busca, para poder atajar el peque&ntilde;o placer de lo inaudito, lo impronunciable y lo impronunciado. La imaginaci&oacute;n abre mundos porque los crea. La capacidad de imaginar, acaso sea, todav&iacute;a, un peque&ntilde;o acto de resistencia de un Eros vital. Psicoan&aacute;lisis, ficci&oacute;n &ndash;lectura/escritura&ndash;, lo pol&iacute;tico. Pr&aacute;cticas que no est&aacute;n desimbricadas una de la otra. Tal como lo pienso, el an&aacute;lisis es un ejercicio pol&iacute;tico ah&iacute; donde, las peque&ntilde;as o grandes transformaciones que produce, tienen efectos en la comunidad, en la polis. A la vez, es un ejercicio de lectura y tambi&eacute;n de escritura. Para Julia Kristeva, el psicoan&aacute;lisis y la literatura &ldquo;son la misma cosa. Salvo que una publica, y la otra guarda su descubrimiento para vivir mejor. Pero es la misma din&aacute;mica ps&iacute;quica, que consiste en barrer todo lo que es palabras cansadas y modos de vida aburridos, contar un nuevo aliento, cambiar el modo de hablarse a s&iacute; mismo y de nombrar las cosas y ligarse a los otros&rdquo;. Finalmente se trata de pr&aacute;cticas que, frente a lo ineluctable del dolor de existir, frente a la aparente falta de alternativa de un mundo asediado por derechas, ansias de poder y guerras; frente a la deshumanizaci&oacute;n que la l&oacute;gica de las guerras y las conquistas produce sobre nosotros, frente a la mercantilizaci&oacute;n y la precarizaci&oacute;n de los cuerpos y a la desidia de los Estados que nos deja cada vez m&aacute;s solos, frente al capitalismo tard&iacute;o que nos empuja a vidas cada vez m&aacute;s grises, maquinales, desligadas de los otros, a&uacute;n quedan estas pr&aacute;cticas: las que nos entregan la posibilidad de saber hacer, es decir, de saber inventar. La imaginaci&oacute;n acaso sea uno de los nombres de ese saber inventar, acaso el nombre de las peque&ntilde;as pero potentes revoluciones &iacute;ntimas, pero tambi&eacute;n pol&iacute;ticas y comunes.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/resistencia-imaginacion_129_11438499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jun 2024 09:29:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La resistencia de la imaginación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pscicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombres sin mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombres-mujeres_129_9253498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a26d908-8f92-46d4-8629-8a1b37f9625f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hombres sin mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luciano Lutereau propone pensar la pareja de acuerdo con etapas de la vida, según lo que cada quien haya vivido. El desencanto de los varones por el amor y la fantasía de la mujer fálica.</p></div><p class="article-text">
        	Hasta hace unos a&ntilde;os no estaba mal visto que una persona enviudase joven y no volviera a tener pareja. Se puede decir que el motivo era la hipocres&iacute;a marital, que no le permit&iacute;a a alguien rehacer su vida. Puede ser que en algunos casos haya sido as&iacute;, pero no creo que aplique a todos.
    </p><p class="article-text">
        	Pienso que tambi&eacute;n hay personas que ya no quer&iacute;an volver a entrar en ese mundo, el de la pareja. Es el caso de quienes &ndash;sin enviudar&ndash; se separaban y no volv&iacute;an a tener nada con nadie. A lo que apunto es a situar que nuestra &eacute;poca demoli&oacute; la instituci&oacute;n matrimonial, pero eso solo hizo m&aacute;s potente el mandato de pareja.
    </p><p class="article-text">
        	Llegada cierta edad, hay quienes ya tuvieron esos dos o tres amores que a una vida le son suficientes y no quieren mucho m&aacute;s. Tambi&eacute;n puede ser que quieran estar con alguien, pero ya no con ese modelo juvenil que es el del proyecto compartido. <strong>Es la pareja joven la que se define en t&eacute;rminos de &ldquo;ser-con&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Las personas m&aacute;s grandes, mayores, suelen hablar m&aacute;s bien de &ldquo;compa&ntilde;eros en la soledad&rdquo;. El abuelo de la otra cuadra tiene una novia con la que toma mate y van al cine cada dos o tres semanas. Me importa, entonces, destacar <strong>la necesidad de pensar la pareja desde un modelo diacr&oacute;nico, de acuerdo con etapas de la vida, seg&uacute;n lo que cada quien haya vivido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	No quisiera bajar l&iacute;nea, pero a veces pienso que la vida es para envejecer, tratando de vivir lo m&aacute;s jovialmente posible; pero joven no se es m&aacute;s que unos pocos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de haber sido joven, llegan los duelos. M&aacute;s por lo que no pas&oacute; que por lo que pas&oacute;. Y lo que no pas&oacute; es triste, pero m&aacute;s doloroso y sufriente es esperar que pase lo que no pas&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	No digo que &ndash;lo que no pas&oacute;&ndash; no vaya a pasar. Digo que ya no pas&oacute;. Quiz&aacute; si se hace el duelo por lo que no pas&oacute;, entonces s&iacute; pasa. De otro modo, a su manera. <strong>Y entre el &ldquo;proyecto compartido&rdquo; y &ldquo;compartir la soledad&rdquo; hay m&uacute;ltiples transformaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	El mandato de pareja solo espera el amor de los 20 a&ntilde;os cuando ya no se tienen 20 a&ntilde;os. Y hoy ni siquiera a los 20 a&ntilde;os se vive ese amor. Es m&aacute;s la gente que llega a los 50 sin haberlo vivido.
    </p><p class="article-text">
        	Hoy hablamos mucho de amor, pero la nuestra es la &eacute;poca del &ldquo;amor que no fue&rdquo;. Ahora bien, si bien esto que dir&eacute; es una generalizaci&oacute;n, creo que con reserva aplica a diversos casos: con los a&ntilde;os, los varones que tuvieron alguna relaci&oacute;n amorosa fuerte, se predisponen menos a una nueva aventura.
    </p><p class="article-text">
        	Es como si los varones se desencantaran del amor; esto no quiere decir que no quieran estar con alguien, pero quieren menos cosas. Si ya tuvieron hijos, no quieren m&aacute;s; si ya estuvieron casados, no se quieren volver a casar y as&iacute;. Una expresi&oacute;n com&uacute;n retorna en los relatos: &ldquo;Yo ya tuve&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	Y ante la pareja amorosa, aparecen otras parejas posibles: la pareja con los hijos, con el trabajo, con un deporte, etc. Despu&eacute;s de cierto momento, es como si los varones quisieran estar con alguien, pero no en pareja &ndash;porque ya est&aacute;n en pareja con otras cosas.
    </p><p class="article-text">
        	Creo que esto es lo que expresa de fondo esa denominaci&oacute;n actual de &ldquo;var&oacute;n no disponible afectivamente&rdquo;, que como suele ocurrir con todos esos t&eacute;rminos que vienen del ingl&eacute;s tienen un uso m&aacute;s moral que metapsicol&oacute;gico y en boca de ciertos &ldquo;psi&rdquo; son una moralina mandona.
    </p><p class="article-text">
        	Todav&iacute;a queda mucho por pensar del var&oacute;n seg&uacute;n la edad y los procesos ps&iacute;quicos involucrados en su desarrollo. Por ejemplo, tener hijos &ndash;si son tales&ndash; es una gran domesticaci&oacute;n del narcisismo viril. La paternidad es, en cierto sentido, la asunci&oacute;n de una herida narcisista.
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, tambi&eacute;n los hijos pueden ser el reemplazo de una pareja. Y el peso de una desilusi&oacute;n amorosa en la vida de un var&oacute;n es algo inestimable. Recuerdo un relato de Haruki Murakami: &ldquo;Un buen d&iacute;a, de repente, te conviertes en un hombre sin mujer. Ese d&iacute;a sobreviene de repente, sin mediar el menor indicio de aviso, sin corazonadas ni presentimientos, sin llamar a la puerta y sin carraspeos. Al doblar la esquina, te das cuenta de que ya&nbsp;<em>est&aacute;s</em>&nbsp;all&iacute;. Y no puedes dar marcha atr&aacute;s. [&hellip;]&nbsp;Solo los hombres sin mujeres saben cu&aacute;n doloroso es,&nbsp;cu&aacute;nto se sufre por ser un hombre sin mujer&rdquo;. La cita proviene de <em>Hombres sin mujeres</em>, libro de cuentos que lleva el mismo t&iacute;tulo que uno de Hemingway.
    </p><p class="article-text">
        	Sin analizar condiciones metapsicol&oacute;gicas y materiales de la vida de los varones, nos quedamos en la etiqueta de rasgos abstractos y as&iacute; se dice que son f&oacute;bicos, hist&eacute;ricos, ghosteadores, etc. Esto es poco y est&aacute; mal orientado.
    </p><p class="article-text">
        	Para m&iacute; el punto de partida est&aacute; en el estudio diacr&oacute;nico de las transformaciones del narcisismo y su relaci&oacute;n con la virilidad. La pregunta es por qu&eacute; los varones, con el tiempo, quieren menos cosas de un v&iacute;nculo.
    </p><p class="article-text">
        	Por otro lado, entre los motivos para que un var&oacute;n quiera estar con diferentes mujeres y tenga el h&aacute;bito de la seducci&oacute;n, hay uno que no suele considerarse y que hoy me parece m&aacute;s com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Ya se habl&oacute; mucho de donjuanismo, de la identificaci&oacute;n con el padre tot&eacute;mico, la duda obsesiva y otros refuerzos ps&iacute;quicos, pero poco se consider&oacute; el d&eacute;ficit de integraci&oacute;n ed&iacute;pica que lleva a buscar la terceridad a partir de quedar entre dos mujeres (o varias, porque el dos se construye cuando no es una ni otra).
    </p><p class="article-text">
        	Equivocadamente esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n se interpreta hoy como histeria masculina, pero no es un tipo cl&iacute;nico, sino una forma artificial de ser tres &ndash;como en el drama ed&iacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        	Lo que nunca falta en este tipo de casos es el fantasma de la mujer que se enoja. Ese enojo proyectado es el que no pudieron integrar en la vivencia con otro var&oacute;n (sustituto del padre).
    </p><p class="article-text">
        	Cuando tienen relaciones exclusivas, estos varones tienden a ser muy celosos &ndash;como consecuencia del Edipo desfalleciente. Para evitar esta sintomatizaci&oacute;n, permanecen &ldquo;entre mujeres&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	La evitaci&oacute;n de rivalidad con otro var&oacute;n se suele reconocer en que se trata de varones con muchos amigos y que se llevan bien con todos. No conocen la competencia viril y temen a las mujeres &ndash;a las que subestiman (dado que estas ocupan el lugar del padre degradado).
    </p><p class="article-text">
        	Puede haber muchos motivos para la impotencia de un var&oacute;n con una mujer. Escrib&iacute; en distintas ocasiones sobre este punto, pero hoy puedo agregar uno m&aacute;s: que el var&oacute;n se sienta obligado a darle algo (a trav&eacute;s del acto sexual) a la mujer. Entonces la impotencia es una estrategia retentiva por la demanda supuesta.
    </p><p class="article-text">
        	La contracara de esta forma sintom&aacute;tica de la impotencia est&aacute; en una circunstancia bastante com&uacute;n: el descuido anticonceptivo en varones que demuestra el eventual erotismo de la fantas&iacute;a de embarazo y que, a veces, lleva a un embarazo efectivo. As&iacute; buscan dar algo, pero muy prematuramente. Pienso que la raz&oacute;n inconsciente est&aacute; en que dar un hijo es una forma de castrar a la mujer: si el hijo del embarazo es dado, entonces es porque ella no ten&iacute;a; pero en realidad esta confirmaci&oacute;n es para contrarrestar una fantas&iacute;a de temor (con una mujer f&aacute;lica).
    </p><p class="article-text">
        	<strong>Escribo estas l&iacute;neas finales porque creo que la fantas&iacute;a de la mujer f&aacute;lica todav&iacute;a tiene una gran vigencia en el psiquismo de los varones.</strong> Explica, por ejemplo, por qu&eacute; las campa&ntilde;as de anticoncepci&oacute;n juvenil suelen fracasar &ndash;si solo apuntan a la conciencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Una mujer f&aacute;lica no es una mujer con poder, tampoco es la madre f&aacute;lica; no se trata de c&oacute;mo es la mujer, sino de un aspecto de la fantas&iacute;a masculina, cuando esta reniega de la diferencia sexual: es la mujer a la que se siente que no se le puede dar nada &ndash;aunque a veces la mejor forma de mostrar esto sea atiborr&aacute;ndola de cosas&ndash;, a la que se quiere privar (por ejemplo, cuando el var&oacute;n enojado le niega la palabra como castigo) y de la que se espera un abandono &ndash;como si abandonar no fuera acto doloroso para quien lo realiza.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombres-mujeres_129_9253498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Aug 2022 10:52:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hombres sin mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pscicoanálisis,Luciano Lutereau,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De mujeres con hombres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeres-hombres_129_9224926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7f54017-b7e8-4d2f-a6a6-97de8a61ae98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De mujeres con hombres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres sufren mucho por desamor y por la pérdida de amor, pero solo Dios sabe del esfuerzo que hacen para no dejar de amar a un hombre al que aman, pero con un amor amenazado por el deseo y así es que se privan de muchas cosas solo por miedo a dejar de amarlo, sostiene el autor.</p></div><p class="article-text">
        	Muchas veces decimos &ldquo;los varones tal cosa&rdquo; y alguien dice &ldquo;pero las mujeres tambi&eacute;n&rdquo; y viceversa. Y es verdad, <strong>hay cuestiones del amor y del deseo que dejaron de ser privativas de varones y mujeres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, me animo a decir que hay algo que solo escuch&eacute; de mujeres; no digo de todas, sino de algunas, claro, pero me refiero a que nunca un var&oacute;n me cont&oacute; algo semejante. Hablo de la situaci&oacute;n en que una mujer enganchada con un hombre (tampoco lo escuch&eacute; de mujeres enganchadas con mujeres, pero aqu&iacute; mi experiencia no es amplia), por efecto de desamor o porque est&aacute; decepcionada y enojada, pero es consciente de las muchas veces que ya perdon&oacute; y teme volver a hacerlo, entonces va y se acuesta (o tiene algo) con un impresentable que no la lastima, pero s&iacute; le da el suficiente asco como para poder separarse del primero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Es como si en ese momento funcionara la idea pre-consciente &ndash;que algunas de estas mujeres logran expresar&ndash; de &ldquo;Mir&aacute; a lo que me veo sometida por vos&rdquo; o &ldquo;Mir&aacute; lo bajo que ca&iacute;&rdquo;, porque ese impresentable es tambi&eacute;n un sost&eacute;n identificatorio. Con esa identificaci&oacute;n es que, en verdad, logran separarse &ndash;esa identificaci&oacute;n es como un trasvasamiento y por eso al impresentable no lo odian, sino que les da m&aacute;s bien l&aacute;stima.
    </p><p class="article-text">
        	L&aacute;stima y asco, y as&iacute; es que entienden que ese asco es por s&iacute; mismas, por haberse reducido a ese desecho, que es el que les presta la fuerza para decir ya no m&aacute;s &ndash;porque de otro modo no le podr&iacute;an decir que no a un hombre.
    </p><p class="article-text">
        	Este artificio &ndash;mezcla de acting y de duelo&ndash; es algo que solo escuch&eacute; en mujeres y es el que me recuerda el t&iacute;tulo <em><strong>Soy una tonta por quererte</strong></em><strong>, de Camila Sosa Villada. &ldquo;Tonta&rdquo; es un eufemismo del desecho que mencion&eacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Ahora bien, la pregunta es qu&eacute; clase de lazo es el que obstaculiza ese &ldquo;no&rdquo; al deseo de un hombre y creo que detr&aacute;s de ese hombre suele estar la madre. <strong>El artificio es un reproche desesperado al amor materno.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Un amigo m&iacute;o suele decir: las mujeres que m&aacute;s aman a los hombres, son las que nunca dejaron de amar a su madre. Porque entre las que aman al padre, la m&aacute;s simple de todas &ndash;la histeria&ndash; tiene el &ldquo;no&rdquo; a flor de piel. A veces bajo la forma de un novio o marido medio bobo y buenazo que la protege del deseo. &ldquo;Por m&aacute;s que nos pille el est&uacute;pido de tu marido, quiero bailar un <em>slow with you tonight</em>&rdquo;, dice una canci&oacute;n de Luis Eduardo Aute. Qu&eacute; linda imagen, la del deseo como no m&aacute;s que un lento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Me acuerdo de una amiga que hace unos a&ntilde;os sufr&iacute;a por un tipo que no la trataba bien y ella no lo pod&iacute;a dejar, mientras que otro la invitaba a salir permanentemente, con las excusas m&aacute;s rid&iacute;culas, tan torpe como insistente, al punto de que ella lo apod&oacute; &ldquo;el indigno&rdquo;. Hasta que un d&iacute;a vino y me dijo: &ldquo;Me acost&eacute; con el indigno&rdquo; y describi&oacute; su acto con gran belleza: <strong>&ldquo;Una revancha in&uacute;til&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Me gusta el personaje del indigno, ese que est&aacute; ah&iacute; al acecho, que solo necesita tiempo y puede decir: &ldquo;Alg&uacute;n d&iacute;a ser&aacute;s m&iacute;a&rdquo;; esa bestia paciente que solo tiene que estar en el lugar adecuado a la hora justa.
    </p><p class="article-text">
        	Dije antes que detr&aacute;s del amor por un hombre puede estar la madre. No es raro que bajo el velo de una pareja haya una recuperaci&oacute;n de las figuras parentales. Voy a explicar esta idea a partir de una referencia lacaniana, tambi&eacute;n para ampliar un poco m&aacute;s el v&iacute;nculo de mujeres con varones. <em>De mujeres con hombres</em> es un excelente libro de cuentos de Richard Ford que expone a la perfecci&oacute;n el modo en que la literatura y sus situaciones ficcionales se aproximan a lo que un psicoanalista escucha en la consulta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	En 1971, Jacques Lacan dijo que una mujer puede ser &ldquo;la hora de la verdad&rdquo; para un hombre. Cite la frase en su conjunto:
    </p><p class="article-text">
        	&ldquo;Para el hombre, esta relaci&oacute;n la mujer es precisamente la hora de la verdad. Si habl&eacute; de hora de la verdad, es porque es esa a la que toda formaci&oacute;n del hombre est&aacute; hecha para responder, manteniendo contra viento y marea el estatuto de su semblante. Ciertamente es m&aacute;s f&aacute;cil para el hombre enfrentar cualquier enemigo en el plano de la rivalidad que enfrentar a la mujer, por cuanto ella es el soporte de esta verdad.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        	No me voy a detener en la &eacute;pica de la frase de Lacan, me quedar&eacute; con la referencia a la &ldquo;hora de la verdad&rdquo;. Esto ocurre cuando, para el hombre, la mujer implica un encuentro con lo que en psicoan&aacute;lisis llamamos &ldquo;castraci&oacute;n&rdquo;. Que ella implique un encuentro con la castraci&oacute;n no quiere decir que ella lo castre; son dos cosas diferentes. Que la castraci&oacute;n se ponga en juego en el encuentro con alguien no hace a este alguien el agente de una castraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Porque si ella lo castrara, m&aacute;s que una mujer ser&iacute;a un sustituto paterno y si esa castraci&oacute;n se erotizara seguramente &eacute;l ser&iacute;a impotente&hellip; hasta que ella lo insulte un poco, como les ocurre a esos hombres que solo se excitan con una mujer que los maltrata otro poco &ndash;pero cuyo erotismo a veces no se distingue de la respuesta agresiva.
    </p><p class="article-text">
        	Por otro lado, que ella sea &ldquo;la hora de la verdad&rdquo; quiere decir que no es la verdad, son dos cosas distintas. Porque si ella fuera la verdad, ser&iacute;a un sustituto materno, como le ocurre a las mujeres que no pueden dejar de interpretar todo lo que hace su pareja y les explican sus motivaciones &ndash;como hacen las madres con los ni&ntilde;os. No ser la madre de un hombre no quiere decir ser menos tierna o desairar sus demandas &ndash;para eso alcanza el fantasma hist&eacute;rico&ndash; sino renunciar a ser la int&eacute;rprete del deseo de un hombre, lo cual para algunas mujeres es algo muy angustiante. No ser la madre no asegura tampoco ser una mujer, pero es un principio.
    </p><p class="article-text">
        	El desencuentro respecto de &ldquo;la hora de la verdad&rdquo; suele ir acompa&ntilde;ado, para ciertos varones de verg&uuml;enza y para algunas mujeres de un sabor amargo que se parece a la privaci&oacute;n.&nbsp;Las mujeres, en general, esperan m&aacute;s de la hora de la verdad.
    </p><p class="article-text">
        	Asimismo, un hombre puede ser la hora de la verdad para una mujer, pero esto no lo viriliza a &eacute;l y, mucho menos, la feminiza a ella. Un hombre puede ser el lugar en que una mujer puede ir a buscar todo lo que (ella) tiene, pero prefiere atribuirle a &eacute;l como causa. Esta es una causa perdida.
    </p><p class="article-text">
        	Las mujeres sufren mucho por desamor y por la p&eacute;rdida de amor, pero solo Dios sabe del esfuerzo que hacen para no dejar de amar a un hombre al que aman, pero con un amor amenazado por el deseo y as&iacute; es que se privan de muchas cosas solo por miedo a dejar de amarlo.
    </p><p class="article-text">
        	Si una mujer ama a un hombre como si fuese la hora de la verdad (y su palabra es santa) es porque este es un sustituto de la madre. Si una mujer ama a un hombre con un amor al que siente que no puede fallar es porque es un sustituto del padre.
    </p><p class="article-text">
        	Es cierto que esto solo vale para varones y mujeres heterosexuales y solo en algunos casos, pero las dem&aacute;s variedades y las particularidades de las relaciones homosexuales se las dejo a otros que entiendan m&aacute;s y mejor.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeres-hombres_129_9224926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Aug 2022 10:48:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De mujeres con hombres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Parejas,relaciones amorosas,Pscicoanálisis,Jacques Lacan,Camila Sosa Villada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer de mi sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujer-sueno_129_9191729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95d971c9-d32d-48de-ac07-ab828ccd2143_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer de mi sueño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un hotel transitorio y una esposa que usa una tarjeta de crédito. Los sueños, sostiene el autor, que es además el esposo y no usa tarjeta de crédito, son, entre otras cosas, un modo de continuar con el pensamiento de la vigilia.</p></div><p class="article-text">
        	Hace unas semanas tuve un sue&ntilde;o. Al despertarme lo olvid&eacute;, pero despu&eacute;s de unos d&iacute;as volvi&oacute; en la mitad de una tarde y, entonces, lo retom&eacute; en una sesi&oacute;n de an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El texto del sue&ntilde;o es bastante breve: estoy en el barrio de mi infancia, en la puerta de un hotel transitorio, al que entro junto con mi esposa. Pedimos una habitaci&oacute;n y es ella la que realiza el acto de pagar, porque pregunta si puede hacerlo con tarjeta.
    </p><p class="article-text">
        	Nada m&aacute;s. Un sue&ntilde;o breve, pero que me dej&oacute; inquieto. &iquest;Por qu&eacute; vamos a un hotel? &iquest;Por qu&eacute; paga ella? Adem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; con tarjeta?
    </p><p class="article-text">
        	La primera asociaci&oacute;n que se me ocurri&oacute; fue nuestro viaje en el verano, cuando algunas noches compartimos una habitaci&oacute;n con todos los ni&ntilde;os. R&aacute;pidamente el hotel transitorio vir&oacute; hacia la expresi&oacute;n &ldquo;hotel familiar&rdquo; y algunos recuerdos de mi infancia cuando escuch&eacute; decir a mis padres &ldquo;Esto no es un hotel&rdquo;, para referirse a mi conducta desentendida. Nada de esto fue importante, eran vagas asociaciones &ndash;por la pasi&oacute;n de asociar&ndash; hasta que s&iacute; encontr&eacute; algo que me pareci&oacute; cierto: la noche previa al sue&ntilde;o, escuch&eacute; a mi hijo y al hijo de mi mujer conversar en la habitaci&oacute;n; uno le dec&iacute;a al otro que era &ldquo;mal hermano&rdquo;. A pesar del reproche, a m&iacute; me alegr&oacute; que se nombraran de forma fraterna. Con esa idea me fui a dormir.
    </p><p class="article-text">
        	Y tuve ese sue&ntilde;o que, en principio, no tiene nada que ver con ese &uacute;ltimo pensamiento del d&iacute;a. Sin embargo, en ese momento record&eacute; algo m&aacute;s. Ese d&iacute;a hab&iacute;amos ido a la casa de mi hermana y esto estaba decidido a ense&ntilde;arle a andar en bicicleta al hijo de mujer. &Eacute;l se neg&oacute; y yo me sent&iacute; muy frustrado. Tanto que me enoj&eacute;. Le dije que si quer&iacute;a ser un hombre ten&iacute;a que aprender a andar en bicicleta, as&iacute; como luego a manejar&hellip; Me dijo que su pap&aacute; no maneja. Le dije que ese era un problema de su pap&aacute;, no suyo y, ofendido, me fui. Ahora que lo escribo, pienso que puede parecer infantil y est&uacute;pida mi reacci&oacute;n. <strong>Lo es.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	No me hab&iacute;a dado cuenta de cu&aacute;nto me hab&iacute;a afectado esa escena, hasta que comenc&eacute; a pensar en el sue&ntilde;o. En este punto tambi&eacute;n tuve que reconocer una moci&oacute;n hostil hacia el pap&aacute; del hijo de mi mujer, algo que tambi&eacute;n me afect&oacute;, porque es un hombre al que aprecio y por el que siento mucho respeto. Mientras asociaba, pens&eacute;: <strong>&iquest;podr&iacute;a quererlo m&aacute;s&hellip; sin traicionar a mi mujer? </strong>Entonces me re&iacute;. Y con la risa tuve otro pensamiento: si me fui a dormir alegre con la frase que escuch&eacute; que proven&iacute;a de la habitaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, fue porque sent&iacute; que me respond&iacute;a por el incidente de la tarde: yo era bruto y torpe, pero pod&iacute;a ser reconocido tambi&eacute;n con cierta aptitud paterna.
    </p><p class="article-text">
        	Ahora bien, &iquest;qu&eacute; tiene que ver esto con el sue&ntilde;o? A primera vista nada, con este rodeo tuve en claro un detalle inicial: mi mujer pagaba el hotel y lo hac&iacute;a con tarjeta. En este punto, tengo que admitir mi fobia a las tarjetas de cr&eacute;dito. Nunca tuve una ni voy a tenerla. Este es el rasgo por el que me consider&eacute; alguna vez poco viril. Incluso, recuerdo la vez en que un ni&ntilde;o me pregunt&oacute; por qu&eacute; no usaba billetera. Le respond&iacute; que el motivo es simple: no me gusta, prefiero llevar el dinero en el bolsillo. &ldquo;Pero, &iquest;vos no sos un pap&aacute;?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Desde un punto de vista consciente, entiendo toda la cuesti&oacute;n de los estereotipos y dem&aacute;s, pero el inconsciente &ndash;tan elocuente como la voz de un ni&ntilde;o&ndash; no se distrae con argumentos.
    </p><p class="article-text">
        	De este modo, el sue&ntilde;o cobraba un primer sentido: mi moci&oacute;n hostil hacia el pap&aacute; del hijo de mi mujer quedaba compensada con una rectificaci&oacute;n que planteaba mejor mi propia impotencia proyectada. As&iacute;, la mujer que paga con tarjeta no es solo mi mujer, sino una parte de mi propia vida ps&iacute;quica &ndash;quiz&aacute; como Gustave Flaubert dec&iacute;a &ldquo;Emma Bovary soy yo&rdquo;&ndash;, mi costado femenino negado (interpretado como impotente) y que se refuerza en la expectativa de que la mujer ocupe un lugar viril. En este punto sobrevino un recuerdo: la calle del hotel en el sue&ntilde;o es la misma en que hab&iacute;a un cajero autom&aacute;tico al que, de ni&ntilde;o, acompa&ntilde;aba a mam&aacute; a retirar efectivo.
    </p><p class="article-text">
        	En este punto detendr&eacute; el an&aacute;lisis del sue&ntilde;o, porque conducir&iacute;a hacia cuestiones mucho m&aacute;s personales y que prefiero omitir &ndash;porque solo me interesan a m&iacute;. Quiz&aacute; me digan que lo anterior tambi&eacute;n es un contenido personal, pero la verdad es que no lo creo: es el relato de un sue&ntilde;o, que se apoya en diferentes particularidades de la vida del so&ntilde;ante, pero estas son solo an&eacute;cdotas y no comprometen con ning&uacute;n deseo espec&iacute;fico. S&iacute; es cierto que, para poder hacer el relato y describir los procesos de pensamiento implicados, tengo que reconocer que no soy tan bueno como quisiera y que me desconozco m&aacute;s de lo que pienso. Para eso es que voy a un an&aacute;lisis; adem&aacute;s tampoco creo que yo sea mis pensamientos. Lo que pienso es apenas lo que pienso, no lo que soy &ndash;misterio que, por cierto, no puedo resolver.
    </p><p class="article-text">
        	Si en esta ocasi&oacute;n desarroll&eacute; un sue&ntilde;o y una parte de su an&aacute;lisis, es b&aacute;sicamente porque creo que la interpretaci&oacute;n de esta formaci&oacute;n del inconsciente ocupa un lugar privilegiado en la pr&aacute;ctica del psicoan&aacute;lisis. Para no usar el de otra persona &ndash;por una cuesti&oacute;n de intimidad&ndash;, me detuve en uno propio, que muestra bien c&oacute;mo una situaci&oacute;n cotidiana es la fuente de un pensamiento y una moci&oacute;n que afecta y requiere ser reprimida; a continuaci&oacute;n, el sue&ntilde;o es un modo de continuar con el pensamiento de la vigilia y, adem&aacute;s, rectificar al so&ntilde;ante, indicarle una orientaci&oacute;n &ndash;esto a partir de su relaci&oacute;n con el modelo de una matriz infantil.
    </p><p class="article-text">
        	&iquest;El an&aacute;lisis del sue&ntilde;o es completo? No. Seguramente podr&iacute;a haber otra interpretaci&oacute;n, en otra circunstancia. Lo importante es que sea una interpretaci&oacute;n para m&iacute;. Y si me interesa escribir sobre la importancia del sue&ntilde;o, es porque es la escena privilegiada para recibir una interpretaci&oacute;n que nos saque de nosotros mismos, algo que hoy &ndash;en nuestro modo de vida de la cultura&ndash; es impracticable: le tenemos horror al sentido extra&ntilde;o, a que alguien nos diga algo que no sea lo que pensamos, tanto como a pensar a nuestro pesar. Por eso en esta ocasi&oacute;n no quise escribir sobre un tema actual con el psicoan&aacute;lisis como herramienta te&oacute;rica o discurso de opini&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Del psicoan&aacute;lisis me interesa la interpretaci&oacute;n. Si el sue&ntilde;o es la v&iacute;a regia para acceder al inconsciente, esto ocurre no solo porque es interpretable, sino tambi&eacute;n porque interpreta.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujer-sueno_129_9191729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jul 2022 10:52:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mujer de mi sueño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueños,Pscicoanálisis,Luciano Lutereau]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descomprender]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/descomprender_129_8888866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/097431bf-aee5-4eb9-aac3-d68afd6a98e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Descomprender"></p><p class="article-text">
        &ldquo;Te entiendo, a m&iacute; me pasa lo mismo&rdquo; es una de esas frases habituales que escuchamos cuando estamos contando algo. Otra, en la misma l&iacute;nea, podr&iacute;a ser: &ldquo;Es lo que yo har&iacute;a en tu lugar&rdquo;. Es habitual que cuando alguien habla sea escuchado exclusivamente desde la perspectiva del que lo escucha. <strong>No resulta nada sencillo salirse de s&iacute; para tratar de leer o de escuchar las coordenadas del otro que es, nada m&aacute;s y nada menos, otro</strong>. No resulta nada sencillo escuchar <em>eso</em> del otro, <em>esa cosa</em> del otro, ese asunto del otro con el que de ning&uacute;n modo nos identificamos. No resulta nada sencillo y hasta puede ser imposible. El asunto es &iquest;qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n se establece con la cosa del otro si solamente la podemos hacer pasar por el tamiz de la nuestra? &iquest;C&oacute;mo es que no podemos escuchar a alguien sin necesitar <em>comprenderlo</em>? Es cierto que a veces a uno lo calma que el otro lo entienda porque le pas&oacute; lo mismo, pero ese &ldquo;lo mismo&rdquo; nunca es lo mismo. Pero funciona de alivio establecer una especie de comunidad en un padecimiento y eso es de por s&iacute; calmante -los grupos de ayuda son eso, una especie de &ldquo;ac&aacute; a todos nos pasa lo mismo y la soluci&oacute;n es para todos la misma&rdquo;-. Pero sucede que muchas otras veces no nos calma nada que al otro le haya pasado lo mismo que a&nbsp; nosotros, porque advertimos que en esa pretensi&oacute;n de establecer una mismidad se anulan las diferencias, se anula la singularidad; que se anula, en definitiva, la posibilidad de escucharnos a nosotros mismos desplegando un relato, invent&aacute;ndolo, construy&eacute;ndolo un poco a tientas. <strong>A veces no queremos que </strong><em><strong>nos entiendan</strong></em><strong>, s&oacute;lo queremos ser escuchados en eso que ni nosotros mismos entendemos del todo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Escribe Claudia Masin:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No te pido que comprendas,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        te pido que me escuches en silencio
    </p><p class="article-text">
        cuando hablo, algunas noches, un idioma
    </p><p class="article-text">
        que yo misma desconozco y que me aterra.
    </p><p class="article-text">
        Otras veces s&oacute;lo queremos hablar, no para entender, sino para desentendernos un poco, para desconocernos, para desasirnos un poco de lo que insiste. Si del otro lado solo hay identificaci&oacute;n, se anula la diferencia e irrumpe un efecto de masa. Esa que tranquiliza ah&iacute; donde, como subraya Juan Ritvo, &ldquo;lo que cada cual compromete en esta operaci&oacute;n de pertenencia es lo puramente gen&eacute;rico, es decir, intercambiable: los miembros de una masa son intercambiables en la generalidad de sus prejuicios, sus valores, sus aspiraciones&rdquo;. <strong>Las experiencias no son intercambiables del mismo modo en que no lo son las formas en que las cosas nos afectan, las formas en que nos tocan el cuerpo.</strong> Por eso nunca es <em>lo mismo</em> eso que creemos que es lo mismo. Hay una ilusi&oacute;n de mismidad que se establece en ocasiones para sentirse menos solos y eso es v&aacute;lido de por s&iacute;, pero no siempre el que padece quiere encontrarse con otros de su <em>misma condici&oacute;n</em> para aliviarse. A veces se trata de absolutamente lo contrario: el que padece quiere ser escuchado en su experiencia &uacute;nica e intransferible. Y esas veces son m&aacute;s dif&iacute;ciles de encontrar, es dif&iacute;cil encontrar espacios en los que no seamos comprendidos seg&uacute;n el espejo del otro. <a href="https://www.perfil.com/noticias/columnistas/libros-de-abril.phtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mart&iacute;n Kohan</a> se refiri&oacute; a eso mismo de esta manera: &ldquo;la experiencia de desconocerse es en m&aacute;s de un sentido la opuesta a esa otra hoy tan en boga, la de establecer por necesidad que el otro se nos parece, que podemos y debemos ponernos en su lugar, convertirlo en una especie de proyecci&oacute;n de nosotros mismos (la anulaci&oacute;n del otro en tanto que otro, a cargo de la empat&iacute;a)&rdquo;. Porque en nombre de ser comprensivos no dejamos de arrasar con el otro poni&eacute;ndole nuestras suposiciones, nuestras atribuciones, nuestras fantas&iacute;as, enoj&aacute;ndonos si no hace lo que nosotros har&iacute;amos. Creemos que el otro necesita lo que nosotros creemos que necesita, lo que nosotros necesitar&iacute;amos en su lugar. Y, muchas veces, sin ni siquiera haber escuchado del otro ning&uacute;n pedido. &iquest;Por qu&eacute; hay que pasar por uno para entender al otro? Porque eso es justamente la comprensi&oacute;n. Porque adem&aacute;s suele haber un gesto de rechazo casi autom&aacute;tico cuando no entendemos al otro.
    </p><p class="article-text">
        El asunto es entonces si resulta soportable -en el sentido de hacer un soporte- acompa&ntilde;ar a otro resisti&eacute;ndose a entenderlo, a&uacute;n en su incomprensibilidad, a&uacute;n en su ilegibilidad, a&uacute;n y sobre todo en eso en lo que el otro es diferente, en eso que jam&aacute;s har&iacute;amos nosotros, en eso que jam&aacute;s elegir&iacute;amos nosotros. &ldquo;No le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan a vos&rdquo;, que bien podr&iacute;a ser el mantra de la comprensi&oacute;n, es creerse uno mismo la medida de todo. Tomar de veras en cuenta al otro ser&iacute;a no hacerle lo que al otro no le gusta que le hagan o, mejor a&uacute;n, hacerle al otro lo que le gusta al otro.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis con el que Jacques Lacan discuti&oacute; y del que se diferenci&oacute; radicalmente -el psicoan&aacute;lisis post freudiano, ese que se aferra m&aacute;s que nada al <em>self</em>- sostiene que la empat&iacute;a y la comprensi&oacute;n resultan fundamentales como modo de trabajo. En 1967 Lacan les habla a los psiquiatras que hab&iacute;an ido a escucharlo para &ldquo;comprender mejor a sus pacientes&rdquo; y les dice: &ldquo;Esta comunidad de registro, ese algo que va a enraizarse en una especie de&nbsp;<em>Einf&uuml;hlung</em>, de&nbsp;empat&iacute;a,&nbsp;que har&iacute;a que el otro se nos volviera transparente, a la manera ingenua en que nosotros nos creemos transparentes a nosotros mismos, aunque m&aacute;s no sea por el hecho de que, justamente,&nbsp;&iexcl;el psicoan&aacute;lisis consiste en descubrir que no somos transparentes a nosotros mismos!&rdquo;, subrayando que no se trata de comprender, no se trata de ese registro de comprender mejor a los pacientes, sino todo lo contrario: &ldquo;es m&aacute;s bien en la localizaci&oacute;n de la no-comprensi&oacute;n, por el hecho de que se disipa, se borra, se pulveriza el terreno de la falsa comprensi&oacute;n, que puede producirse algo que sea ventajoso en la experiencia anal&iacute;tica&rdquo;. Unos a&ntilde;os antes, en el inicio de su ense&ntilde;anza, Lacan es taxativo: &ldquo;una de las cosas que m&aacute;s debemos evitar es precisamente comprender demasiado [&hellip;]. No es lo mismo interpretar que imaginar comprender. Es exactamente lo contrario. Incluso dir&iacute;a que las puertas de la comprensi&oacute;n anal&iacute;tica se abren en base a un cierto rechazo de la comprensi&oacute;n&rdquo;. Dice &ldquo;falsa comprensi&oacute;n&rdquo; porque la comprensi&oacute;n supone que entre el yo y el otro no hay nada: que no hay fantas&iacute;as, suposiciones, fantasmas, lenguaje: nada, nada de nada. Se pretende que el otro nos sea transparente y absolutamente escrutable del mismo modo en que el s&iacute; mismo se supone transparente y escrutable. Por eso Lacan sugiere que &ldquo;es preferible advertir a quienquiera que fuese que no debe creer demasiado en aquello que puede comprender&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De eso se trata m&aacute;s que nada la abstenci&oacute;n del analista: <strong>un analista se abstiene de compartir una comunidad de sentido, un sentido com&uacute;n con el paciente: se abstiene de comprenderlo</strong>. Eso no significa, por supuesto, una posici&oacute;n c&iacute;nica de su parte. Se trata, m&aacute;s bien, de precisar el mejor modo de no hacer un &ldquo;nosotros&rdquo; con el paciente, para as&iacute; propiciar un espacio en donde lo familiar pueda empezar a hacerse un poco extra&ntilde;o, en donde se pueda albergar la diferencia y en esa diferencia, poder leer algo que antes no se sab&iacute;a. Un analista no comprende, no se pone en el lugar del otro, no apela a un lugar com&uacute;n. Porque ponerse en el lugar del otro no s&oacute;lo es imposible, sino que si fuera posible, ser&iacute;a a condici&oacute;n de sacar al otro de ah&iacute;. Porque no hay dos lugares, sino uno solo. No podemos entrar los dos en los zapatos de uno. Tratar de no entender no significa entonces desentenderse, ser desaprensivos, despreocuparse, no cuidar, sino todo lo contrario: no entender para, justamente, poder leer y suscitar una marca in&eacute;dita aun en eso que se repite ineluctablemente.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo en que un analista no intenta comprender al paciente -para no hacer una masa de dos-, lo que un an&aacute;lisis produce est&aacute; en las ant&iacute;podas del &ldquo;con&oacute;cete a ti mismo&rdquo;. Un psicoan&aacute;lisis propicia el espacio para desconocerse un poco, para salirse de esa mismidad que insiste, que vuelve, que <em>pasa</em> siempre de la <em>misma </em>manera. Ese espacio s&oacute;lo podr&aacute; ser inaugurado y transitado si ah&iacute;, analista y analizante, pueden soportar no estar en <em>lo mismo</em>, si soportan la inestabilidad, la inquietud de una escena, fr&aacute;gil, en la que se trata de desentenderse de una mismidad que paraliza y que impide, que inhibe y que apremia. Quiz&aacute;s no se trate tanto de no comprender, sino de deshacer la comprensi&oacute;n, de deshacer la pretensi&oacute;n de que comprendemos.
    </p><p class="article-text">
        C&eacute;sar Aira escribe:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&laquo;Te comprendo. &iquest;Qui&eacute;n soy yo para criticarte?&raquo;, dice el bien pensante. Si pensara mejor todav&iacute;a dir&iacute;a: &laquo;Te critico. &iquest;Qui&eacute;n soy yo para comprenderte?&raquo;. En efecto, me parece que comprender, efectuar una aprehensi&oacute;n intelectual, es m&aacute;s presuntuoso, m&aacute;s paternalista, m&aacute;s intrusivo, que arriesgar una cr&iacute;tica. La cr&iacute;tica tiene una humildad, en tanto arriesga, desnuda y pone al descubierto, a la intemperie, el entramado intelectual que sostiene el yo del cr&iacute;tico&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/descomprender_129_8888866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Apr 2022 10:34:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Pscicoanálisis,Jacques Lacan,Sigmund Freud]]></media:keywords>
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