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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jorge Asís]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jorge-asis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Jorge Asís]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Turco en guardia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/turco-guardia_129_11710203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8466e6c7-46f8-4e7d-85c7-9348bd576b7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Turco en guardia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asís habla y escribe para vivir, entrar, salir, escapar, confesar, traicionar. Es difícil encontrar en la literatura argentina un ejemplar de la especie “persona que escribe” que le haya dado tanta acción al lenguaje. </p></div><p class="article-text">
        Existe la superstici&oacute;n de que los buenos escritores no tienen vida, como si eso fuese posible; o que la que tienen es menos trascendente que su obra. Pero en los hechos, cada cual afronta con los dotes que tenga la aventura que le toca representar. Hay que vivir y hay que escribir, y el orden en que se manifiestan estas exclusividades gemelas lo impondr&aacute; el artista, o lo sufrir&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Turco, Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano As&iacute;s</em> (Planeta, 2024), de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, se hunde en los rastros del Turco As&iacute;s, una persona a la que le vemos desplegar el arte contradictorio de la existencia. Habla y escribe para vivir, entrar, salir, escapar, confesar, traicionar. Es dif&iacute;cil encontrar en la literatura argentina un ejemplar de la especie &ldquo;persona que escribe&rdquo; que le haya dado tanta acci&oacute;n al lenguaje. El fen&oacute;meno, que es literario pero sobre todo vital, es posible porque As&iacute;s ejecuta esos verbos en un escenario com&uacute;n en el que no se distinguen (ni falta que hace) la vida de la obra.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hijo de un vendedor de buzones de Villa Dom&iacute;nico, es decir vendedor de lo que no se tiene, de lo que no es de uno (y, sin embargo, est&aacute; ah&iacute;), As&iacute;s adquiere de su padre algunos poderes. Entre ellos, un uso no imitativo del lenguaje, lo que lo lleva a emplearlo como una propiedad personal. A falta de dones materiales en la familia, la lengua es un patrimonio soberano si quien la emplea hace uso simult&aacute;neo de un car&aacute;cter.
    </p><p class="article-text">
        Hay una belleza inesperada en las ambig&uuml;edades del personaje revelado meticulosamente por Perantuono y Soriano. Es algo que aparece muy pronto en el libro, apenas lo vemos lanzarse desde la plataforma sentimental de la adolescencia hacia una vida de novela, el yacimiento de profundidad que hace posible su literatura de recolecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Turco </em>es un inventario de actividades protagonizadas por varios personajes principales que responden al nombre de Jorge As&iacute;s, acaecidas en escenarios de varios mundos. El &ldquo;canguro&rdquo; vendedor de cualquier cosa, el escritor, el disertante de amaneramientos auto par&oacute;dicos, el informante informado, el mujeriego de neorrealismo, el esposo compinche, el padre, el acostado y el rescatado, el afiliado comunista, el funcionario de Estado, el embajador y el paria, el entrevistado y el entrevistador, el proscripto y el indultado se pasean con el encantador sayo del individuo de multitudes interiores por las calles del Conurbano Sur, la casa materna, la Feria del Libro de Buenos Aires, las embajadas, los sets de televisi&oacute;n, los grandes diarios y los blogs, los aeropuertos y los bares La Paz, Florida Garden, La Biela y Les Deux Magots.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s en la cuadratura de esos bares, mencionados muchas veces en <em>Turco</em>, puedan hallarse las <em>orientaciones </em>de Jorge As&iacute;s. En La Paz, se entrena como polemista; del Florida Garden, toma informaci&oacute;n &ldquo;reservada&rdquo;; de La Biela, absorbe un costumbrismo de clase alta y en Les Deux Magots se regodea en la ilustraci&oacute;n franc&oacute;fila que, por extensi&oacute;n, incluye esa marca un poco tilinga conocida como &ldquo;mundo&rdquo;. Por encima de esas estaciones, sobrevuela la literatura entendida como la <em>verdadera</em> necesidad (verdadera, no &uacute;nica).
    </p><p class="article-text">
        En <em>Turco</em>, Pablo Perantuono y Fernando Soriano (quiz&aacute;s ese sea el programa principal del libro) se entregan a una voluntad de comprensi&oacute;n. Lo que hace que en la medida en que crezcan los matices de As&iacute;s, decrezca a la misma velocidad la tentaci&oacute;n del juicio. Porque hay una ley dentro de esta biograf&iacute;a, que es la de no condescender a darnos, tanto por elegancia narrativa como por fobia moral, un &ldquo;reducido&rdquo; de identidad. Como si el libro, que nace de la pregunta: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es Jorge As&iacute;s?&rdquo;, se respondiera: &ldquo;Ah, no s&eacute;. Ni idea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es el enigma de Jorge As&iacute;s lo que al cabo de m&aacute;s de seiscientas p&aacute;ginas se mantiene vigente. Y no porque <em>Turco</em> haga el trabajo sucio de un mantenimiento por el cual lo que ya se sab&iacute;a de As&iacute;s se consolida y se cristaliza. El enigma se mantiene vigente porque lo que hace el libro es ampliarlo. Basta con que Perantuono y Soriano dejen correr los r&iacute;os y r&iacute;os de testimonios tomados o recogidos que bajan de la zona dura de la investigaci&oacute;n, esa espacie de C&aacute;mara Gesell en la que se cumple el sue&ntilde;o dorado del chisme de hablar &ldquo;por atr&aacute;s&rdquo;, para que As&iacute;s reaparezca ante nosotros con resplandores y oscuridades nuevas. Digamos como un hombre que, probablemente, es m&aacute;s asombroso que su mito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si por momentos <em>Turco</em> nos introduce a un lavado de cerebro por v&iacute;a de la exhaustividad y de sus grandes momentos novel&iacute;sticos, lo que deriva en tener tanta informaci&oacute;n de As&iacute;s y tanta cercan&iacute;a con &eacute;l como para que imaginemos que no sabemos <em>nada</em>, la salida es siempre el regreso a la figura del As&iacute;s escritor. Porque de &eacute;l se podr&aacute; decir cualquier cosa, como se ha dicho. Lo &uacute;nico interdicto de esta biograf&iacute;a, lo &uacute;nico que no se puede decir es que <em>no sea </em>un escritor. Y no s&oacute;lo cuando escribe como afiebrado en sus temporadas europeas; o como cuando, de repente, se despierta en la noche, se levanta y escribe. Cuando renunci&oacute; por televisi&oacute;n como Secretario de Cultura de Carlos Menem, tambi&eacute;n lo hizo como escritor. Porque &iquest;qu&eacute; es un escritor sino un problema, de &eacute;l y de los dem&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        La historia de c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y tal vez por qu&eacute; escribi&oacute; <em>Diario de la Argentina</em> es uno de los grandes momentos de <em>Turco</em>. La censura vitalicia de <em>Clar&iacute;n</em> contra As&iacute;s y los libros de As&iacute;s, en tanto reacci&oacute;n del poder intocable damnificado, es un pozo ciego de alardeo disciplinario y rid&iacute;culo editorial por el que no habr&iacute;a pasado el diario de pueblo m&aacute;s modesto. Pero as&iacute; fueron las cosas. Los magnates r&uacute;sticos de <em>Clar&iacute;n</em>, con menos literatura en las venas que el Chat GPT, acusaron a su exredactor de &ldquo;traici&oacute;n&rdquo;, como si antes hubiese sido posible un pacto de hermandad entre un escritor y el holding que lo emplea. La respuesta no dicha de por qu&eacute; As&iacute;s escribi&oacute; esa novela, una especie de <em>Plegarias atendidas</em> escrita por Truman Capote con el idioma de Roberto Arlt, se deduce naturalmente de <em>Turco</em>: &iquest;Y por qu&eacute; no? &iquest;Qui&eacute;n se lo iba a prohibir?
    </p><p class="article-text">
        Hay tambi&eacute;n en ese ej&eacute;rcito de conquistadores de todos los territorios que conviven en Jorge As&iacute;s, una manera incesante de andar. Si hay una incomodidad en &eacute;l (o un temor), es la de tener una sola vida, la de &ldquo;caer&rdquo; en una sola vida como quien cae al pozo del que no va a poder salir. Por lo que de alg&uacute;n modo, <em>Turco </em>es la memoria por momentos incre&iacute;ble de un casting de cincuenta a&ntilde;os en el que As&iacute;s nunca deja de manifestarse en transici&oacute;n <em>hacia otra cosa.</em> Detr&aacute;s de esa presencia vibr&aacute;til, asom&aacute;ndose todo el tiempo como un Cuco, nunca dejan de verse las erupciones y enfriamientos de ese volc&aacute;n llamado Rep&uacute;blica Argentina.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro de los autores con el biografiado es inolvidable para el lector y, seguramente, para ellos tres tambi&eacute;n. As&iacute;s ha estado escurri&eacute;ndoseles sin animosidad y, por fin, pr&aacute;cticamente con el libro en la imprenta, sucede el encuentro, en cuyo interior s&oacute;lo sucede una cosa: la emoci&oacute;n de As&iacute;s al recordar a Haroldo Conti y, sin dudas, a su propia juventud. Son unos minutos en un bar de Recoleta, breves pero muy representativos del viaje de As&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; en Recoleta, su barrio adoptivo, al que ha llegado despu&eacute;s de un largo peregrinaje que comenz&oacute; hace sesenta a&ntilde;os en Villa Dom&iacute;nico. En el raid atraves&oacute; laberintos, aros de fuego y desmoronamientos estando en la cima. Su triunfo de escritor es lo m&aacute;s parecido al triunfo de un boxeador que se pueda imaginar. Hay gloria y melancol&iacute;a en la mirada del campe&oacute;n. Una frase &iacute;ntima de Mirta Hortas, su mujer durante treinta a&ntilde;os, refrenda esta hip&oacute;tesis: &ldquo;Nunca baj&oacute; la guardia&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta.                            </span>
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        <em>JJB/DTC</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/turco-guardia_129_11710203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Oct 2024 03:05:46 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El libro que cuenta la vida y los secretos de Jorge Asís: del PC al menemismo, del best-seller maldito al boom en las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libro-cuenta-vida-secretos-jorge-asis-pc-menemismo-best-seller-maldito-boom-redes_1_11552362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0091cd73-cb88-4df6-a37c-737ccff00752_16-9-discover-aspect-ratio_default_1099599.jpg" width="820" height="461" alt="El libro que cuenta la vida y los secretos de Jorge Asís: del PC al menemismo, del best-seller maldito al boom en las redes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los periodistas Pablo Perantuono y Fernando Soriano investigaron a fondo una figura controvertida e insoslayable en la vida pública argentina de las últimas cinco décadas que con habilidad, talento y contactos cruza como pocos política, medios y literatura. La relación tensa con Clarín, el paso por la función pública y por qué se convirtió en un influencer, según los autores de “Turco”.</p></div><p class="article-text">
        <em>Un Isidoro Ca&ntilde;ones plebeyo y suburbano</em>, como describen los autores del libro <em>Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano As&iacute;s</em> (Planeta, 2024). Un chico que creci&oacute; en Villa Dom&iacute;nico, en el conurbano bonaerense, y termin&oacute; conociendo como nadie las calles de Par&iacute;s, con sus noches lujosas y sus personajes estridentes. Un infiltrado, un vampiro. El hombre que, despu&eacute;s de trabajar a&ntilde;os all&iacute;, hizo enfurecer a la plana mayor de <em>Clar&iacute;n</em> con un libro &aacute;cido y gracios&iacute;simo. El que tuvo &eacute;xito durante la dictadura mientras sus amigos eran secuestrados por los militares. El que pas&oacute; del Partido Comunista en la juventud a convertirse en un cuadro del menemismo, con sus mo&ntilde;os en primer plano listo para combatir en debates televisivos con cualquiera que le pusieran enfrente (del periodista <strong>Jorge Lanata </strong>al actor <strong>Gerardo Romano</strong>: un mundo alucinante). El que se obsesion&oacute; con los servicios de inteligencia, el que pas&oacute; horas con sus amigos del bar Florida Garden. El que escribi&oacute; m&aacute;s de 20 libros, el de la vida &iacute;ntima intensa. Tambi&eacute;n el del cinismo de las redes sociales y el que se reinvent&oacute;, cuando ya hab&iacute;a pasado los 70 a&ntilde;os, con su propia p&aacute;gina de internet. O, como &eacute;l mismo se define, <strong>&ldquo;un te&oacute;rico del derrumbe&rdquo;</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vida del escritor Jorge As&iacute;s es una vida de vaivenes. Despu&eacute;s de una exhaustiva investigaci&oacute;n, de hacer una lectura profunda de toda su obra y de llevar adelante un centenar de entrevistas,<strong> los periodistas Pablo Perantuono y Fernando Soriano lograron plasmar todas las aristas de un personaje tan particular en un libro atrapante que es el retrato de un hombre y tambi&eacute;n de un pa&iacute;s oscilante.</strong> En di&aacute;logo con elDiarioAR cuentan c&oacute;mo fue el proceso que los llev&oacute; durante tres a&ntilde;os a indagar en una figura fascinante y compleja.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Cu&aacute;l era el v&iacute;nculo que ten&iacute;an con la figura de Jorge As&iacute;s antes de encarar este libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Fernando Soriano: Los dos lo hab&iacute;amos le&iacute;do en mayor o menor medida. Los dos lo hab&iacute;amos entrevistado. A los dos nos parece un personaje importante de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de la historia de este pa&iacute;s y tambi&eacute;n alguien a trav&eacute;s del cual uno puede recorrer la historia de la Argentina. Y no solamente recordarla, sino tambi&eacute;n refrescarla. Revivir las etapas la vida del Turco es impresionante porque te hace ver c&oacute;mo &eacute;l aparece en momentos trascendentales: <strong>&eacute;l va cruzando, con sus propias oscilaciones, las oscilaciones de nuestra historia reciente</strong>. Creo que tambi&eacute;n nos genera algo de impacto su manejo del lenguaje y, en mi caso particular, tambi&eacute;n cierta identificaci&oacute;n con el barrio. Los dos somos del mismo barrio y me llev&oacute; a pensar en esta idea los hijos del proletariado del Conurbano que se animan a dar un salto hacia la Capital. Salvando las enormes diferencias que puede haber entre mi caso y el de &eacute;l, me qued&eacute; pensando en que las historias familiares de los que estamos en el Conurbano muchas veces empiezan y terminan ah&iacute;, a diez cuadras a la redonda. Pero algunos como &eacute;l se animan a salir, a vincularse con la palabra, con el periodismo o con otra historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pablo Perantuono: Es un personaje bastante ic&oacute;nico para m&iacute; dentro del periodismo gr&aacute;fico. <strong>Y tambi&eacute;n lo que a m&iacute; me generaba mucha atracci&oacute;n era el ninguneo literario que hab&iacute;a tenido, me parec&iacute;a que hab&iacute;a algo ah&iacute; tambi&eacute;n para escarbar y para contar.</strong> Y tambi&eacute;n su peripecia personal que era tan rica, tan llena de matices. Ambos hab&iacute;amos hecho perfiles largos de &eacute;l, pero ah&iacute; te das cuenta de que si vas surfeando por su vida necesit&aacute;s m&aacute;s. Porque es una vida tan larga y con tantos vaivenes que quer&iacute;amos meternos en la profundidad de ese oc&eacute;ano.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: Tambi&eacute;n nos movieron de entrada un par de preguntas disparadoras. <strong>La principal era qui&eacute;n es este tipo, qui&eacute;n es este turco medio atorrante, medio chamuyero, con mucha informaci&oacute;n</strong>. Alguien que de repente se hizo menemista, que en su juventud fue comunista. &iquest;C&oacute;mo pasa alguien del comunismo al menemismo? &iquest;Por qu&eacute; traicion&oacute; a <em>Clar&iacute;n</em>? Habiendo laburado en <em>Clar&iacute;n</em> Pablo y yo y habiendo le&iacute;do <em>Diario de la Argentina</em> mucho antes de emprender esta odisea de contar su vida, quisimos saber qu&eacute; hab&iacute;a detr&aacute;s de eso. C&oacute;mo fueron esas traiciones y por qu&eacute; el Turco decide traicionar. &iquest;Hab&iacute;a algo atr&aacute;s de esa traici&oacute;n que comete tan dura con sus amigos en el libro?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;PP: S&iacute;, <strong>desde hace a&ntilde;os est&aacute; dando vueltas en </strong><em><strong>Clar&iacute;n</strong></em><strong> la pregunta sobre qui&eacute;n va a hacer el </strong><em><strong>Diario de la Argentina </strong></em><strong>del siglo XXI</strong> (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n se anima?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;PP: S&iacute;, qui&eacute;n se anima. Nosotros no respondimos esa pregunta porque por ah&iacute; ese diario ya no es el mismo de As&iacute;s o el que conocimos, o ahora le interesa a menos gente que antes. <strong>Pero s&iacute; era interesante esa pregunta para decir &iquest;qui&eacute;n es Jorge As&iacute;s? &iquest;qui&eacute;n es realmente este tipo que se anima a algo as&iacute;? </strong>Y, bueno, nos propusimos ir en busca de ese personaje.&nbsp;
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                    alt="&quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta."
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            <span class="title">
                &quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta.                            </span>
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        <strong>&mdash;Para armar el libro obviamente entrevistaron a As&iacute;s, pero al leerlo se puede ir viendo c&oacute;mo de alguna manera fueron rode&aacute;ndolo con otras miradas porque tienen m&aacute;s de cien entrevistas. &iquest;C&oacute;mo fue ese proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: S&iacute;, nuestra idea al principio fue esa, dijimos justamente &ldquo;vamos a rodear al personaje, vamos a tratar de ver todos los contactos adyacentes a &eacute;l tanto en un primer c&iacute;rculo como en un segundo c&iacute;rculo&rdquo;. Y de alg&uacute;n modo as&iacute; fuimos acerc&aacute;ndonos. Una vez que tuvimos alg&uacute;n material pensamos que ser&iacute;a bueno ir a entrevistarlo, ir a contarle lo que est&aacute;bamos haciendo para ver cu&aacute;l era su devoluci&oacute;n. Y eso hicimos. Su devoluci&oacute;n fue bastante austera en todo sentido. No se entusiasm&oacute; demasiado. No particip&oacute; demasiado. Para nosotros eso no fue un escollo ni un problema porque sab&iacute;amos que las buenas biograf&iacute;as en realidad son las que cuentan mucho m&aacute;s con el primer y segundo c&iacute;rculo de contactos y de conocidos del protagonista m&aacute;s all&aacute; de su participaci&oacute;n en el proyecto. <strong>&Eacute;l s&iacute; colabor&oacute; de alguna manera impl&iacute;cita: cuando gente muy cercana a &eacute;l lo llamaba para decir &ldquo;che, me contactaron unos muchachos para hacer el libro&rdquo;, &eacute;l nunca se opuso. </strong>Nunca le dijo que no a nadie. Nunca le dijo a nadie que no hablara con nosotros. E incluso, seg&uacute;n nos contaron algunos, ni siquiera los condicion&oacute;. No es que les dijo &ldquo;no hables de tal cosa o de esto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Un dato muy llamativo que recuperan de su vida en Villa Dom&iacute;nico, en sus or&iacute;genes familiares, tiene que ver con una biblioteca un poco fraguada que consigue el padre y que llega a su casa lateralmente. Que su primer acercamiento a los libros sea un poco de carambola es curioso y que venga de parte de un padre impostor, que ejerc&iacute;a una profesi&oacute;n para la que no ten&iacute;a t&iacute;tulo, tambi&eacute;n. &iquest;Creen que este tipo de asuntos le pesaban de alguna manera? &iquest;Que para alguien como &eacute;l le suma en t&eacute;rminos de mito? &iquest;C&oacute;mo lo vieron ustedes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: Me parece que no, que &eacute;l pudo usar esa fuerza, ese origen. No s&eacute; si llamarla tampoco dificultad, en todo caso fue ese desaf&iacute;o de arrancar de cero y ser su propia epopeya. <strong>Empezar a leer porque hereda una biblioteca de casualidad ya me parece genial. Y ese padre ausente es tremendo, pero tambi&eacute;n le arma a &eacute;l un car&aacute;cter, un impulso para decir &ldquo;bueno, en esta estoy medio solo&rdquo;</strong>. Creo que tambi&eacute;n esa etapa donde su padre era un cachafaz que le daba un poco de verg&uuml;enza a &eacute;l y un poco de admiraci&oacute;n, que hac&iacute;a sufrir a su mam&aacute; y a su hermana y a su abuela, tambi&eacute;n forj&oacute; la personalidad que &eacute;l tiene hoy. Porque es un tipo que de alguna manera lo que quer&iacute;a era ser famoso, por lo menos al principio. Y alguien que quiere ser famoso b&aacute;sicamente es alguien que quiere que lo quieran, &iquest;no?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: S&iacute;, yo creo que &eacute;l no te digo que est&eacute; orgulloso de ese origen, pero s&iacute; <strong>me parece que lo que hizo fue forjar esa personalidad, mejor dicho, esa actitud que tiene &eacute;l hacia la literatura</strong>. &iquest;Qu&eacute; quiere decir? &Eacute;l no es para nada solemne y no tiene una mirada rom&aacute;ntica con la literatura. Y, por otro lado, me parece tambi&eacute;n interesante esto: para todos los que escribimos la literatura puede ser un lugar de encuentro, incluso de llegada, un lugar al que uno va caminando. Para &eacute;l es un lugar de partida. Un lugar del que sale sin saber ad&oacute;nde llegar. <strong>Para llegar a un lugar que ocupa hoy que es un lugar raro, una especie de influencer medi&aacute;tico, un personaje</strong>. Alguien respetado en ciertos c&iacute;rculos del establishment, y antes se la re banc&oacute;. En el medio pas&oacute; el ninguneo de la academia y &eacute;l se la banc&oacute;, nunca llor&oacute; en ese sentido.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Revivir las etapas la vida del Turco es impresionante porque te hace ver cómo él aparece en momentos trascendentales: él va cruzando, con sus propias oscilaciones, las oscilaciones de nuestra historia reciente. </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fernando Soriano</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el libro recuerdan una entrevista a Josefina Ludmer, que de alg&uacute;n modo s&iacute; recupera a As&iacute;s o lo registra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: S&iacute;, ah&iacute; Ludmer dice de alguna manera &ldquo;che, el &uacute;nico maldito es As&iacute;s&rdquo; Y no dice maldito al azar, argumenta, dice que es maldito porque no se sabe si escribe bien o mal. Es extraordinario eso. Cuando sucede esto &eacute;l tampoco se sube a eso. Tambi&eacute;n se la banca, no dice nada. Creo que eso tambi&eacute;n tiene que ver con su lejan&iacute;a, con su falta de solemnidad con todo ese mundo. <strong>&Eacute;l estaba mirando para otro lado. O tal vez mir&aacute;ndose a s&iacute; mismo</strong> (risas).
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: Porque &eacute;l usa la literatura tambi&eacute;n para vengarse con un pie en la ficci&oacute;n y un pie en la realidad. &Eacute;l de alguna manera lo dice varias veces: &ldquo;yo a estos hijos de puta los voy a hacer mierda&rdquo;. Lo piensa cuando escribe la novela sobre <em>Clar&iacute;n</em>. Lo piensa tambi&eacute;n cuando escribe <em>Partes de inteligencia</em>.
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                    alt="Jorge Asís, retratado en 2022 por la fotógrafa Alejandra López."
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                Jorge Asís, retratado en 2022 por la fotógrafa Alejandra López.                            </span>
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        <strong>&ndash;Se suele hablar de </strong><em><strong>Diario de la Argentina</strong></em><strong> como una especie de libro maldito porque con los a&ntilde;os conllev&oacute; una censura atroz de parte de </strong><em><strong>Clar&iacute;n</strong></em><strong> y de otros medios. Pero </strong><em><strong>Flores robadas en los jardines de Quilmes</strong></em><strong>, de 1980, es un suceso un poco maldito tambi&eacute;n porque tuvo un &eacute;xito de ventas descomunal pero fue cuestionado por haber salido y vendido mucho durante la dictadura. &iquest;C&oacute;mo pensaron en esta dualidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Ah&iacute; sucede algo curioso, que es que en el mismo mes que sale <em>Flores robadas</em> se publica tambi&eacute;n <em>Respiraci&oacute;n artificial</em>, de <strong>Ricardo Piglia</strong>. La culpa de <em>Flores robadas</em> y del Turco, seg&uacute;n lo ve&iacute;an varios en el momento, fue haber vendido mucho. Es incre&iacute;ble, porque los le&eacute;s hoy y no puede haber dos libros m&aacute;s distintos y no puede haber dos escritores m&aacute;s distintos. Por supuesto, uno entiende por qu&eacute; uno fue best-seller y por qu&eacute; el otro no. Pero lo entiende por el libro, ni siquiera porque el Turco As&iacute;s era de tal o cual manera. Era un escritor popular en un momento en el que casi ninguna editorial publicaba porque no se pod&iacute;a, porque hab&iacute;a listas de autores o de libros prohibidos. <strong>En ese contexto duro, de alg&uacute;n modo se dan las circunstancias hist&oacute;ricas y &eacute;l sab&iacute;a que ten&iacute;a un buen libro entre manos, que era un libro comercial, que era un libro que interpelaba a su generaci&oacute;n. </strong>Despu&eacute;s, cuando se convierte en best-seller, ya no es solo una cuesti&oacute;n generacional, un gran n&uacute;mero lectores lo compra porque se puso de moda. Y se puso de moda como suelen ponerse de moda los best-sellers: por el boca a boca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: A m&iacute; me parece tambi&eacute;n que hay una clave en el libro que es la dedicatoria a <strong>Haroldo Conti</strong>. Adelante de ese cinismo que de alguna manera transpira la novela hay tambi&eacute;n una clave de cierto compromiso del Turco. Ese gesto tambi&eacute;n es un reflejo de ese claroscuro, de esa ambig&uuml;edad que todo el tiempo provoca y genera &eacute;l. Pero no me parece menor y no termino de entender bien c&oacute;mo fue le&iacute;da esa dedicatoria en ese momento, o por qu&eacute; le dicen a As&iacute;s que era un escritor &ldquo;cuasi fascista&rdquo; como lo calific&oacute; (Osvaldo) Soriano desde Espa&ntilde;a cuando &eacute;l estaba dedicando esa novela a un amigo desaparecido como Conti. Hab&iacute;a tambi&eacute;n algo de valent&iacute;a en ese acto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Los a&ntilde;os 70, sobre todo del &lsquo;76 en adelante, son pr&oacute;digos en lecturas maniqueas. Sobre todo en los protagonistas o los que los vivieron. <strong>Muchas personas de esa generaci&oacute;n no pueden no leer binariamente cualquier manifestaci&oacute;n.</strong> Pero nosotros, que somos de otra generaci&oacute;n y estamos leyendo estos hechos 40 o 50 a&ntilde;os despu&eacute;s, no podemos no se&ntilde;alar eso. No podemos no se&ntilde;alar algunos episodios, como cuando As&iacute;s se defiende de un ataque de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> en el &lsquo;81. <em>&ldquo;Muy que le pese al se&ntilde;or Julio Cort&aacute;zar, en la Argentina sigue habiendo teatro, sigue habiendo cine y la gente sigue haciendo el amor. Disculpen, un genocidio cultural lo que provoca es que no haya nada&rdquo;</em>, dispara As&iacute;s en ese momento. Y eso no es negar las atrocidades, es otra cosa. Lo que pasa es que As&iacute;s irrita, porque todo esto es dicho por &eacute;l con ese tono zumb&oacute;n, ese tono c&iacute;nico. &iexcl;Y encima despu&eacute;s se hace menemista! Y s&iacute;, lo van a odiar, &iquest;c&oacute;mo no lo van a odiar?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para todos los que escribimos la literatura puede ser un lugar de encuentro, incluso de llegada, un lugar al que uno va caminando. Para Asís es un lugar de partida. Un lugar del que sale sin saber adónde llegar. </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pablo Perantuono</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Trabajaron en </strong><em><strong>Clar&iacute;n</strong></em><strong>, saben el peso que tiene un lugar as&iacute; para cualquiera que pase por ah&iacute;, eso de tener gran visibilidad, pero tambi&eacute;n un enorme peso sobre la espalda. &iquest;C&oacute;mo pensaron el ingreso de As&iacute;s a Clar&iacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: Fue por casualidad. &Eacute;l encuentra a <strong>Marcos Cytrynblum</strong> (N. de la R: fue el secretario de redacci&oacute;n del diario entre 1975 y 1990) en las oficinas de una editorial y Cytrynblum le dice &ldquo;&iquest;Vos sos As&iacute;s? Ven&iacute; a verme ma&ntilde;ana porque me interesa hablar con vos&rdquo;. El Turco en ese momento estaba a punto de irse a vivir a Brasil porque la dictadura estaba chup&aacute;ndose a sus amigos. En ese contexto, <em>Clar&iacute;n</em> le sirve a &eacute;l y le sirve mucho al principio. Al mismo tiempo, a <em>Clar&iacute;n</em> le sirve la presencia del Turco porque lo suman a una mesa de escritores notables pero ninguno era m&aacute;s conocido que &eacute;l. Todav&iacute;a no hab&iacute;a salido <em>Flores robadas</em>, pero &eacute;l ten&iacute;a alguna presencia y le dicen &ldquo;vos vas a ser el orificio por el cual respire el diario&rdquo;. Hay que pensar que entonces era un diario donde las primeras 30 p&aacute;ginas eran pro dictadura. El Turco se gana un espacio ah&iacute; y en el medio saca <em>Flores robadas</em>. <strong>Ah&iacute; tambi&eacute;n pasa lo que pasa en muchas redacciones, pero sobre todo en la redacci&oacute;n de </strong><em><strong>Clar&iacute;n</strong></em><strong>, y me imagino que en aquella &eacute;poca m&aacute;s: mucho no se tolera su &eacute;xito.</strong> Adem&aacute;s &eacute;l era un tipo que entraba con el pecho inflado, elegante, llamaba la atenci&oacute;n alguien que sobresal&iacute;a de la media probablemente gris de redactores. Pasa un buen tiempo hasta que se enoja y empieza a negociar un retiro voluntario. Sus compa&ntilde;eros consideran esto como una primera traici&oacute;n, antes de que salga <em>Diario de la Argentina</em>. Pero mientras estuvieron bien las cosas, <em>Clar&iacute;n</em> le sirvi&oacute; tanto a As&iacute;s como As&iacute;s le sirvi&oacute; a <em>Clar&iacute;n</em>. Con la diferencia de que despu&eacute;s Clar&iacute;n lo castig&oacute; fuerte y le hizo pagar muy cara esa traici&oacute;n de la novela. Fue mucho ostracismo durante muchos a&ntilde;os. <strong>Digamos que todav&iacute;a hoy flota cierto manto de palabra prohibida a su alrededor en el diario</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Yo dir&iacute;a que tanto en <em>Clar&iacute;n</em> como en el resto de los c&iacute;rculos en los que estuvo, &eacute;l se comport&oacute; siempre como lo que es, una especie de infiltrado o de vampiro. Pero, adem&aacute;s, ind&oacute;cil y transgresor. <strong>&Eacute;l se mete en los lugares, ocupa espacios, se destaca, recoge informaci&oacute;n, se mimetiza como una especie de Zelig, incluso descolla, y despu&eacute;s se retira. </strong>Y cuando se retira &ndash;y tal vez <em>Clar&iacute;n</em> le cont&oacute; las costillas y lo hizo muy p&uacute;blico&ndash; no se lo perdonan. Ese ha sido siempre m&aacute;s o menos el comportamiento de &eacute;l. As&iacute; fue que entr&oacute; y sali&oacute; de distintos c&iacute;rculos y tan variados. Creo que esta heterogeneidad tambi&eacute;n hace rica su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong>En este sentido, ustedes reconstruyen con gran detalle su acercamiento a Carlos Menem y su posterior ingreso a la pol&iacute;tica desde la funci&oacute;n p&uacute;blica. &iquest;Por qu&eacute; un escritor como &eacute;l se mete ah&iacute;? &iquest;Le interesaba el dinero, la vida de diplom&aacute;tico en Par&iacute;s, era por esto de &ldquo;ser famoso&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: A &eacute;l le fascina el poder y le fascina formar parte del poder. Explicar el poder. Desentra&ntilde;ar ese poder. Tener en mayor o menor medida alg&uacute;n tipo de informaci&oacute;n. <strong>El poder de &eacute;l es la informaci&oacute;n y la mirada. Entonces &eacute;l ha traficado eso en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os de su vida. Y hoy ese es su mayor capital, su mayor patrimonio.</strong> Cuando &eacute;l dice &ldquo;soy un profesional de la palabra&rdquo; lo que est&aacute; diciendo tambi&eacute;n es &ldquo;soy un profesional de la palabra, pero interpretando lo que veo&rdquo;. Hasta el d&iacute;a de hoy sigue reuni&eacute;ndose con gente. Nos consta que llama por ah&iacute; a pol&iacute;ticos de primera o segunda l&iacute;nea y se toma un caf&eacute; para recoger informaci&oacute;n. Todo el tiempo &eacute;l va armando una especie de organigrama del poder en la Argentina y le fascina. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el poder? Est&aacute; en el establishment. Por eso form&oacute; parte en el menemismo y el menemismo fue la tabla de salvaci&oacute;n en esos a&ntilde;os. Tambi&eacute;n coincidi&oacute; con el clima de la &eacute;poca y con que Menem ten&iacute;a un origen turco plebeyo como &eacute;l. Entonces hubo empat&iacute;a casi inmediata entre los dos. Eran dos tipos con mucho carisma que coincidieron. <strong>El menemismo no descollaba por tener una planilla de intelectuales y de luminarias que pudieran explicar o traducir en conceptos eso que ven&iacute;a detr&aacute;s. Y &eacute;l pod&iacute;a hacerlo. </strong>Entonces en ese lugar fue muy bienvenido y se retroalimentaron.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo diría que tanto en Clarín como en el resto de los círculos en los que estuvo, él se comportó siempre como lo que es, una especie de infiltrado o de vampiro. Pero, además, indócil y transgresor. Él se mete en los lugares, ocupa espacios, se destaca, recoge información, se mimetiza como una especie de Zelig, incluso descolla, y después se retira. </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pablo Perantuono</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ndash;<strong>Tambi&eacute;n del menemismo termina distanci&aacute;ndose, si se quiere, en no muy buenos t&eacute;rminos. &iquest;Por qu&eacute; creen que se va de varios lugares as&iacute; y despu&eacute;s escribe un poco en clave sobre ellos? &iquest;Es una persona vengativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;FS: Creo que es un poco de todo. Por un lado, creo que se divierte siendo vengativo. Se divierte usando su superpoder, que es el superpoder de la palabra, que es la escritura. M&aacute;s adelante en su carrera tambi&eacute;n va a usar el poder de su palabra para generar opini&oacute;n p&uacute;blica, o noticias, por ejemplo como lo que contamos en el libro sobre su &ldquo;descubrimiento&rdquo; del Caso Ciccone. Ah&iacute; entra otra faceta tambi&eacute;n. <strong>A la vez tambi&eacute;n hay una cuesti&oacute;n de supervivencia econ&oacute;mica y de querer vivir bien y de no bajarse de un estatus. Me parece que siempre quiso tener su guita.</strong> Quiso vivir bien. Y eso conforme &eacute;l iba escalando posiciones siempre intent&oacute; mantenerse o superarse. Me parece que eso tambi&eacute;n es consecuencia de todo lo que fue construyendo y destruyendo a la vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Yo creo que m&aacute;s que vengativo &eacute;l es alguien que puede utilizar la literatura para tomarse revanchas y sabe ser malo. No es malo, pero sabe ser malo. Sabe c&oacute;mo hacerlo. <strong>Me parece tambi&eacute;n que est&aacute; rodeado de un aura de cierto relativismo moral, pr&oacute;digo en el menemismo.</strong> Ese relativismo moral hace que se pare en algunos lugares o tenga algunas actitudes por lo menos ambiguas, inclusive c&iacute;nicas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Asís es autor de más de 20 libros. En la actualidad, escribe en su sitio jorgeasisdigital.com                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; creen que, despu&eacute;s de sus comienzos en una era completamente anal&oacute;gica, As&iacute;s entra tan afilado al universo de lo digital, desde las redes y desde su blog? Ustedes, de hecho, apuntan que se convierte en una especie de influencer.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Creo que es una capacidad de adecuaci&oacute;n incre&iacute;ble que tiene. Es un superdotado en ese sentido. Me parece que tiene que ver con su gen de superviviente y de infiltrado, con esa capacidad para leer la &eacute;poca y enseguida adaptarse. &Eacute;l es uno de los primeros tipos que ac&aacute; escribe en una laptop, a fines de los &lsquo;90. Creo que tambi&eacute;n esto tiene que ver con que es un tipo que tiene algo muy vital. &Eacute;l es un vitalista total y no est&aacute; habitado por la nostalgia, para nada.<strong> De hecho, nosotros lo decimos un poco en el ep&iacute;logo, creo que parte de su resistencia a revisar su vida y a hablar con nosotros tiene que ver con eso, con que &eacute;l no est&aacute; habitado por la nostalgia.</strong> Para &eacute;l eso es un signo de claudicaci&oacute;n. Con el nuevo mundo internet ah&iacute; se mezclan dos cosas, primero porque para esa altura &eacute;l ocupa un lugar bastante inc&oacute;modo. &iquest;Por qu&eacute;? Porque es una especie de celebridad, de vaca sagrada del periodismo y de la literatura, y ninguna redacci&oacute;n puede albergarlo porque ya es mucho m&aacute;s grande &eacute;l que las redacciones. Entonces aparece internet y aparece, otra vez, una salvaci&oacute;n. As&iacute; se convierte en una industria en s&iacute; mismo. <strong>Un ej&eacute;rcito de una sola persona con distintas mamushkas, con distintos nombres, ya sea Oberdan Rocamora, Carolina Mantegari, etc&eacute;tera.</strong> Y cuando aparece Jorge As&iacute;s aparece Jorge As&iacute;s. Es un juego que le viene b&aacute;rbaro.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que Asís se divierte siendo vengativo. Se divierte usando su superpoder, que es el superpoder de la palabra, que es la escritura. Más adelante en su carrera también va a usar el poder de su palabra para generar opinión pública, o noticias</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fernando Soriano</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;C&oacute;mo creen que es le&iacute;do o interpretado un personaje as&iacute; hoy, entre las nuevas generaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;PP: Creemos que es un personaje muy de cruce del siglo XX al XXI. Me parece que sintetiza un mont&oacute;n de pasos, de educaciones sentimentales, de derivas intelectuales, culturales y sociales. Nos ha pasado de encontrarnos con gente de menos de 35 que lee el libro y te dice &ldquo;no ten&iacute;a ni idea de esto&rdquo; o &ldquo;no ten&iacute;a idea que detr&aacute;s de ese personaje hab&iacute;a un tipo que hab&iacute;a hecho 22 novelas&rdquo;. <strong>Es demencial. &iquest;Cu&aacute;ntos tipos lo hacen? Bueno, C&eacute;sar Aira hizo 100. Pero digo, despu&eacute;s, &iquest;cu&aacute;ntos tipos tienen esa bibliograf&iacute;a, est&aacute;n vivos y se mantienen vigentes?</strong> No muchos. En un punto, por eso a nosotros nos pareci&oacute; un personaje &uacute;nico y necesario. Ahora, dicho esto, que sea &uacute;nico y necesario no quiere decir que no est&eacute; lleno de claroscuros, de contradicciones o de miserias. Como tambi&eacute;n ha tenido momentos de gloria, claro que s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>AL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libro-cuenta-vida-secretos-jorge-asis-pc-menemismo-best-seller-maldito-boom-redes_1_11552362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jul 2024 03:01:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El libro que cuenta la vida y los secretos de Jorge Asís: del PC al menemismo, del best-seller maldito al boom en las redes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Asís,Pablo Perantuono,Fernando Soriano,Libros,Clarín]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El Turco Asís, vida y obra del primer influencer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/turco-asis-vida-obra-primer-influencer_1_11504473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50862fb0-e0dd-4338-8c38-8884e9893548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Turco Asís, vida y obra del primer influencer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los periodistas Pablo Perantuono y Fernando Soriano acaban de publicar "Turco, vida obra y secretos de Jorge Cayetano Asís", editado por Planeta. Aquí, un adelanto del Capítulo II, Las luces se encienden.</p></div><p class="article-text">
        Para terminar de hacer de ese 1970 un a&ntilde;o crucial e inolvidable en la vida de todos, el Turco y Mirta se casan. El noviazgo dur&oacute; menos seis meses, per&iacute;odo en el cual el aspirante a escritor debi&oacute; presentarse en el hogar del barrio de Floresta de la familia Hortas para pedir la mano de la hija. Mirta tiene 19 a&ntilde;os, necesita el consentimiento de sus padres. La tarea no es nada f&aacute;cil. Para don Hortas, que trabaja en el cementerio de la Chacarita como jefe de una secci&oacute;n, el Turco no parece el candidato ideal. Su tono juguet&oacute;n, su trabajo como vendedor, su familia disfuncional, sus veleidades de artista existencial conforman un perfil que no era el imaginado por ese matrimonio de clase media de Capital. La madre de Mirta, Mar&iacute;a Luisa, suele repetirle: &ldquo;Con la poes&iacute;a no se va al supermercado&rdquo;. Est&aacute; disconforme. Aspiraba a tener un yerno profesional.
    </p><p class="article-text">
        En la casa de Puertos de Palos se produce el efecto contrario. Yiya y Marta adoran a Mirta de forma instant&aacute;nea, y congenian de inmediato. La belleza <em>alla</em> Grace Kelly y la amabilidad de la novia de Jorge desarman los pocos reparos que pod&iacute;a presentar su madre. In situ, Mirta puede ver que Jorgito es la debilidad de las mujeres de la casa, el objeto de sus desvelos. Le cocinan lo que &eacute;l quiere, se r&iacute;en con sus chistes, les parece un gal&aacute;n, un loco. Como ambas tienen &ldquo;v&iacute;nculos&rdquo; con lo esot&eacute;rico lo vaticinan triunfante, encumbrado, importante. Est&aacute;n encantadas con el casamiento que se avecina.&nbsp;
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                &quot;Turco. Vida, obra y secretos de Jorge Cayetano Asís&quot;, de Pablo Perantuono y Fernando Soriano, salió por Planeta.                            </span>
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        &ldquo;Fue una ceremonia muy simple, en Devoto, solo por civil. Cero tradici&oacute;n: me cas&eacute; en minifalda y botas. S&iacute; segu&iacute; eso de que ten&iacute;a que llevar algo prestado y algo nuevo, todo eso s&iacute;. Mi abuela paterna ten&iacute;a una casa muy grande ah&iacute; en Devoto, mis recuerdos de infancia eran en esa casa. Y nos casamos ah&iacute;, algo peque&ntilde;o, para cumplir con la familia. Nuestros testigos de boda fueron Lucila &Aacute;lvarez y Oscar Barros, que eran muy amigos nuestros&rdquo;. (Mirta Hortas)
    </p><p class="article-text">
        Con la plata que recauda con la venta del libro el Turco paga la luna de miel en Villa Gesell. La pareja viaja en un micro de la empresa R&iacute;o de la Plata que sale desde Once. A la terminal los van a despedir todos los compa&ntilde;eros del taller. Algunos de ellos no fueron invitados a la fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Don Hortas lo ve llegar a Claudio Polosecki, que tiene 18 a&ntilde;os pero parece de 14 porque adem&aacute;s de bajito tiene cara ani&ntilde;ada, le pregunta:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y vos qui&eacute;n sos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El hijo del Turco.
    </p><p class="article-text">
        El chiste no cae bien, aunque es justo decir que no se interpreta como chiste, porque las sospechas sobre alguna vida pasada u oculta del Turco crepitan sobre la familia Hortas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Turco empieza a dar que hablar, al menos dentro de la orga y del partido. En abril de 1971 la revista Prop&oacute;sitos, fundada y dirigida por el ensayista Le&oacute;nidas Barletta, af&iacute;n al PC, le hace un reportaje. El medio guarda a&uacute;n cierto prestigio por haber publicado en diciembre de 1956 la versi&oacute;n preliminar de lo que luego conformar&iacute;a &ldquo;Operaci&oacute;n Masacre&rdquo;, de Rodolfo Walsh. Algunas definiciones del Turco en la nota no tienen desperdicio:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gran poes&iacute;a (joven e inmortal) indefectiblemente tiene que ser revolucionaria&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que identifica a la poes&iacute;a que ustedes hacen?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La revoluci&oacute;n.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se sabe que hay dos culturas, la oficial, burguesa, nuevaolesca, de teleteatro y camelo, y la otra, la anticipadora, la verdadera. El deber es luchar por la segunda, y si no, es preferible que nos dediquemos a la o&ntilde;icofagia o a la ortodoncia o que nos bajemos los pantalones en la redacci&oacute;n de una revista al servicio de la cultura oficial, o a hacer guita o estupideces para el se&ntilde;or Romay y para todos los Romays del planeta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al barrio vuelve poco. A Tito, a Jorge (Fuentes) y al resto de los muchachos los deja de ver por un tiempo largo, pero regresa victorioso con &ldquo;Se&ntilde;orita vida&rdquo; y les regala un ejemplar a cada uno, con dedicatoria incluida. A Roberto Lopreiato, en cambio, se lo cruza cada tanto porque es amigo de Juan Carlos Morelli, su cu&ntilde;ado, pareja de su hermana Marta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras, sigue aceitando su <em>speach</em> para la venta. Profesional de la palabra, uno de los ganchos verbales que m&aacute;s utiliza es, tras tocar la puerta de las casas, decir: &ldquo;Se&ntilde;ora, m&aacute;s vale perder un minuto de la vida, que la vida en un minuto&rdquo;, con una ancha sonrisa de dientes blanqu&iacute;simos que contrastan armoniosamente con tu tez tostada. &ldquo;Perm&iacute;tame que le muestre lo que hoy tengo&hellip;&rdquo; Otro infalible es: &ldquo;Se&ntilde;ora, usted sabe que perd&iacute; a mi abuela, pero sus ojos me hacen acordar a ella. &iquest;Me escucha un momento?&rdquo;. Su socio, el polaco, que hasta no hace mucho era una fuente de inspiraci&oacute;n, alguien a quien emular, se sorprende al observar el enriquecimiento -la incorporaci&oacute;n de vocabulario, la articulaci&oacute;n- que tiene el Turco en su lenguaje. Juntos emprenden un pu&ntilde;ado de viajes al interior de Santa F&eacute;, en busca de nuevas aventuras y clientelas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jorge cavila c&oacute;mo continuar, cree que la literatura puede darle algo signficativo, algo que le permita abandonar para siempre la incertidumbre de la venta, conseguir notoriedad, incluso fama. Piensa dos cosas: que si agot&oacute; la tirada de &ldquo;Se&ntilde;orita vida&rdquo; tambi&eacute;n puede vender bien lo pr&oacute;ximo que edite, que no sabe qu&eacute; es, pero que algo ser&aacute;. Lo otro que cree -se convence- es que no tiene que insistir con la poes&iacute;a pero tampoco tiene que hallar un gran h&eacute;roe rom&aacute;ntico como protagonista de sus ficciones: inoculado de esp&iacute;ritu arltiano, tiene que escribir sobre la calle, sobre su padre, su origen, su barrio, la enorme constelaci&oacute;n de buscavidas, rufianes y perdedores que ha conocido en sus excursiones por el conurbano profundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabe que &ldquo;Quiero retruco&rdquo;, con algunos ajustes, es un texto publicable. Se lo dijo Marta Lynch, ni m&aacute;s ni menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces se lanza a narrar. Lo hace con desesperaci&oacute;n, de forma torrencial, de lunes a lunes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe un relato largo en tono par&oacute;dico sobre los prejuicios y aprensiones de la burgues&iacute;a nativa para con el PC. Le pone de t&iacute;tulo &ldquo;De c&oacute;mo los comunistas se comen a los ni&ntilde;os&rdquo;, hip&eacute;rbole tomada del mito que aseguraba que, durante los a&ntilde;os m&aacute;s duros del estalinismo, los b&aacute;rbaros y salvajes camaradas sovi&eacute;ticos com&iacute;an chicos y animales. Piensa reunirlo con otros relatos, pero finalmente toma forma solo y se erige en una suerte de opus, que deja en gateras. Lo lee en el taller y a sus compa&ntilde;eros les encanta, se r&iacute;en, sobre todo le gusta a Carlos Marcucci, un porte&ntilde;o simp&aacute;tico y entrador vinculado a la publicidad que se integr&oacute; hace poco.
    </p><p class="article-text">
        Arranca con una novela que ser&aacute; olvidable y olvidada. Le pone de t&iacute;tulo &ldquo;Cuidado al cruzar la calle&rdquo; y est&aacute; influenciada por el humor de Cuzzani. En simult&aacute;neo, se lanza a escribir otra, de largo aliento, pretenciosa. Todav&iacute;a no tiene nombre, pero versa sobre su cuadra, su inefable padre, sus amigos, todo el desbordante pintorequismo de Dom&iacute;nico, todo el grotesco que, hasta no hace mucho, &eacute;l no distingu&iacute;a o no reconoc&iacute;a como tal, pero que a partir de descubrir el cine de Fellini se percata de que con el exceso y con lo cotidiano tambi&eacute;n se puede hacer literatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la novela incluye aquel episodio en el que su padre sali&oacute; a festejar por la calle Puerto de Palos el bombardeo a la Plaza de Mayo del 55. Lo relata sin piedad, con la convicci&oacute;n de que la desproporcionada y teatral actitud de Za&iacute;n sumada a la exaltaci&oacute;n social de aquel d&iacute;a y la posterior agresi&oacute;n a las paredes de su casa son sucesos que, condensados, lo pueden ayudar a redondear un clima y hasta conjeturar un estilo, entre socarr&oacute;n y brutal. Dir&aacute;n que es realismo, y que pertenece a la tradici&oacute;n de la picaresca local, pero para eso falta. Intuye que tiene un don para adjetivar con gracia, lo hace de una forma oblicua, original. Es algo que har&aacute; desde entonces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El texto arranca as&iacute;:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El 16 de septiembre de 1955, mientras llegaban hasta Villa Dom&iacute;nico los ecos de potentes bombazos que aviones militares arrojaban sobre el desguarnecido centro de la ciudad, mi padre, don Abdel Zalim, definitivamente convencido del meritorio triunfo de las fuerzas libertadora, sali&oacute; al medio de la calle Puertos de Palos, en pantal&oacute;n pijama, camiseta musculosa y chancletas musicales, para disponerse muy categ&oacute;rico y ostentoso a gritar:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Viva la libertad! &iexcl;Viva la libertad!&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        En otro cap&iacute;tulo se refiere a los &uacute;ltimos d&iacute;as de su abuelo materno, &ldquo;Abuelo Salvador&rdquo;. Es un relato en el que late una tristeza abrumadora: no hay picaresca, mucho menos cinismo; es de un costumbrismo l&uacute;gubre y conmovedor que no se repetir&aacute; en toda su bibliograf&iacute;a. Un homenaje crepuscular al amor que se prodigaron sus abuelos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su flamante matrimonio, que como toda nueva aventura atraviesa un inolvidable per&iacute;odo de esplendor, le permite tener en Mirta, cada vez m&aacute;s formada en la materia, a una primera lectora sagaz y generosa.
    </p><p class="article-text">
        El Turco produce ocho cap&iacute;tulos m&aacute;s, entre ellos el que le dar&aacute; t&iacute;tulo al libro, &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo;. Es el m&aacute;s largo de toda esa obra y describe los preparativos de una marcha del PC en el microcentro a la que Rodolfo, protagonista e indiscutible alter ego, y sus amigos-camaradas planean ir. Se respira tensi&oacute;n y expectativa, y comienza a colarse un tono provocador que se advierte en su inclinaci&oacute;n por hacer dialogar, en todo momento, los sue&ntilde;os e ideales supremos -la revoluci&oacute;n, la certidumbre en el hombre nuevo, el compromiso dogm&aacute;tico- con lo mundano, con ir al ba&ntilde;o, llenarse de miedo, levantarse minas por la calle o tener dudas sobre el sentido de eso que anhelan. Ser&aacute; ese af&aacute;n por relativizar la solemnidad o la determinaci&oacute;n de las grandes causas, siempre desde el lado del absurdo, lo procaz o la sorna, una de las aristas m&aacute;s notables del estilo As&iacute;s. Tambi&eacute;n ser&aacute; un m&eacute;todo de defensa, su escudo para huir y fingir, para no tomarse nada muy en serio. El texto incomodar&aacute;, no ser&aacute; bien recibido entre las huestes del partido.
    </p><p class="article-text">
        Escribe en &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Persigui&oacute; una sirvienta durante tres cuadras aproximadamente, sin disimular, hasta que se la levant&oacute;. Es un cuco, Daniel. Qued&oacute; en verla esa noche y todo, sabiendo que no pod&iacute;a ir, que ten&iacute;a que presenciar el debut de Daniel. Puntal, eh, no seas cagueta, a las siete, tu debut teatral. Camin&oacute; una cuadra con la sierva, nada menos que por Azcu&eacute;naga, &eacute;l quer&iacute;a tomarla de la mano, los diente picados, Daniel, jugosos, marrones, el vestido sucio, grasa, arrugado, con manchas de grasa, los zapatos con un z&oacute;calo de barro, Daniel, pero tiene unas tetas impresionantes parecen dos pomelos de Dolores. Le dio un beso en la mejilla al despedirla, tiene olor a negro, Daniel, a cabecita, a argentino, a pueblo, Daniel, ella tiene olor a pueblo, te da bronca, &iquest;no?, a m&iacute; no, a m&iacute; s&iacute; que me da much&iacute;sima bronca, no puedo neg&aacute;rtelo, tienen olor las siervas, viste, &iquest;la muchacha de tu casa no tiene?, las muchachas de casi todos nuestros amigos intelectuales tienen olor.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el cuento, el alter ego de As&iacute;s, Zalim, se dirige todo el tiempo a un interlocutor, Daniel, que no es otro que Daniel Freidemberg, compa&ntilde;ero del taller y de militancia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando tiene terminadas las dos novelas llega a una conclusi&oacute;n: si quiere ser publicado tiene que salir a buscar editorial porque nadie va a ir a su encuentro. En el Instituto Argentino de Ciencias (IAC) se entera que en el Centro Editor de Am&eacute;rica Latina (CEAL) un joven editor arm&oacute; una colecci&oacute;n que se llama Narradores de hoy. Se trata de Luis Gregorich, cr&iacute;tico y ensayista que milita en la juventud radical. Se aparece en su oficina y le deja el manuscrito de &ldquo;Cuidado al cruzar la calle&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la semana Gregorich me llama y me dice: &rsquo;Esta novela no la voy a publicar. Pero me interesa mucho el autor. Si tiene otra cosa, estoy dispuesto a seguir leyendo&rsquo;. Sal&iacute; corriendo a casa, despedac&eacute; la otra novela que ten&iacute;a, la divide en cap&iacute;tulo y con eso arm&eacute; La manifestaci&oacute;n. Se la llev&eacute;, y a las tres semanas estaba publicado masivamente. En aquel tiempo yo ten&iacute;a la ambici&oacute;n de escribir una novela de setecientas, ochocientas p&aacute;ginas, un atropello a los derechos humanos&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A partir de entonces, Gregorich ser&aacute; un incondicional suyo, su primer ap&oacute;logo. A As&iacute;s se le abren de par en par las puertas del destino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de avanzar con el CEAL -o en simult&aacute;neo a eso-, Marcucci, el nuevo compa&ntilde;ero simp&aacute;tico, le dice que quiere publicar &ldquo;De c&oacute;mo los comunistas&hellip;&rdquo;. Una tirada chica, financiada por &eacute;l y su flamante editorial. El Turco acepta, contento. El libro sale, tiene solo 50 p&aacute;ginas y en su bibliograf&iacute;a ser&aacute; un detalle menor. Lo m&aacute;s excitante se produce en la presentaci&oacute;n, a la que asisten todos sus compa&ntilde;eros de taller y en la que su amigo Jorge Aulicino lee un texto tambi&eacute;n par&oacute;dico donde no se priva, incluso, de &ldquo;gastarlo&rdquo; al Turco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jorge Asis &mdash;lo s&eacute; porque me lo ha confesado con su habitual humildad, tan caracter&iacute;stica de los &aacute;rabes, de los cuales desciende&mdash; ha visto todo lo que narra y a causa de eso ha sido v&iacute;ctima de las m&aacute;s denigrantes persecuciones y campa&ntilde;as de hostigamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Luego otro integrante del taller, el m&uacute;sico Javier Zentner, interpreta un tema compuesto por &eacute;l y por Marcelo Cohen -ambos eran muy amigos desde los tiempos del centro de estudiantes del Nacional Buenos Aires-, &ldquo;Gato del Gheto&rdquo;. Tras los aplausos, pasa al &ldquo;escenario&rdquo; un flaco alto y morocho, con un impreciso soplo entre simp&aacute;tico y existencial. Sube con su guitarra, con la que toca la chacarera &ldquo;La r&aacute;pida&rdquo;. Le sigue un vals delicioso: &ldquo;El fantasma de Belgrano&rdquo;. El artista espigado se llama Alejandro Dolina, y adem&aacute;s de desarrollar una brillante carrera entre la literatura y la radio, ser&aacute; socio musical de Zentner en m&aacute;s de una composici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muchachada del taller no para. Son j&oacute;venes, osados, quieren ser rebeldes, tratan de ser transgresores. Las presentaciones o eventos se combinan con &ldquo;acciones&rdquo; o peque&ntilde;os intervenciones que tienen algo de &ldquo;non sense&rdquo;, de humor absurdo. El 26 de noviembre, por caso, se celebra en el Luna Park un gran acto de la izquierda llamado &ldquo;Encuentro Nacional de los Argentinos&rdquo;. Asisten, como espectadores, As&iacute;s, Zentner y Aulicino. Hablan una docena de oradores (Lucio Luna, Orlando Furlani, Guillermo Frugoni Rey, Julio A. Ferrarotti, etc) pero a ellos, a los tres amigos talleristas, se les ocurre desplegar una suerte de ins&oacute;lito fanatismo visceral por Jes&uacute;s Porto, un dirigente comunista que, a excepci&oacute;n de la afinidad ideol&oacute;gica, nada ten&iacute;a que ver con ellos. &ldquo;Decidimos que el &iacute;dolo nuestro ser&iacute;a el personaje m&aacute;s burlable de todos&rdquo;, recordar&aacute; Zentner. No pararon de vivar por &eacute;l, de aplaudirlo, de alentarlo como si se tratara de la reencarnaci&oacute;n de Guevara. A su alrededor, los camaradas los miraban asombrados ante esas desmesuradas y sorpresivas imprecaciones de amor pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El CEAL, o sea Greogrich, publica &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo; en diciembre de 1971. Tiene 134 p&aacute;ginas y son 11 cuentos. En la tapa hay una ilustraci&oacute;n de una taza con un l&iacute;quido rojo del que emerge, como parte del mismo contenido, una figura informe y humana que ondea una bandera roja. Representa, de manera inconfundible, un militante de la revoluci&oacute;n. El libro vende bien y se reedita de inmediato. En total, vende 20 mil ejemplares, y tiene buenas cr&iacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo mes, sus amigos-compa&ntilde;eros concretan un viejo anhelo del taller: editar una revista literaria. Entre todos -aunque la participaci&oacute;n del Turco es menor- juntan dinero y fundan El juguete rabioso, de inconfundibles rasgos arltianos. Cohen, Freidemberg, Aulicino, Irene Gruss, Polito y Mirta son quienes m&aacute;s se ocupan. En sus 20 p&aacute;ginas incluyen un breve ensayo de Mario Jorge de Lellis sobre, justamente, Roberto Arlt. Tambi&eacute;n un reportaje a Abelardo Castillo, que en ese momento dirige la revista El escarabajo de oro, en el que responde a una sola pregunta, que sintetiza el esp&iacute;ritu de la revista: &ldquo;&iquest;Es posible una cultura revolucionaria?&rdquo;. Adem&aacute;s, incluyen un cuento de Mirta, &ldquo;Los huesos del reloj&rdquo;. La autora es presentada de este modo: &ldquo;Cuentista. S&oacute;lo public&oacute;, hasta hoy, en revistas y suplementos literarios. Integra el Taller de Escritores &rdquo;Mario J. de Lellis&ldquo;. Tiene veinti&uacute;n a&ntilde;os y una m&aacute;gica capacidad de rescatar la intimidad, la ternura y a&uacute;n la dolorida poes&iacute;a de Buenos Aires, de sus trajinados tr&aacute;gicos personajes.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En una p&aacute;gina a la que llaman Puchero vuelcan una serie de definiciones y frases ingeniosas. Una es la que les dice Ra&uacute;l Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n: &ldquo;El juguete rabioso es un buen nombre para una revista literaria y para un conjunto beat&rdquo;. Debajo, una del Turco: &ldquo;Yo, el Ulises, ni a Joyce le creo que lo haya le&iacute;do todo&rdquo;. Y otra de Rub&eacute;n Reches: &ldquo;A mi la infinitud del universo no me asusta. Dejenl&aacute; que venga que la cago a patadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Turco sigue, el Turco no se detiene. Su abanico de conocidos notables no para de ampliarse. Gracias a su empleo en el Instituto Argentino de Ciencias (IAC) conoce a m&aacute;s autores, todos talentosos, todos con obra y reconocimiento. All&iacute; se cruza con Haroldo Conti, con quien en poco tiempo establece una amistad que ser&aacute; profunda. Haroldo tambi&eacute;n cae seducido por ese poeta plebeyo, simp&aacute;tico, potente y lenguaraz. El Turco le cuenta que milita en el PC, que fund&oacute; un taller literario con algunos compa&ntilde;eros, que ya public&oacute; un libro de poes&iacute;a y que acaba de editar dos m&aacute;s. A Conti le cae en gracia su desfachatez, su humor &aacute;cido, su intr&eacute;pida y heterog&eacute;nea vitalidad: &ldquo;Turco, vos vas a ser capaz de hacer de todo&rdquo;, lo elogia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Haroldo, por entonces, ocupa un lugar destacado en la literatura vern&aacute;cula. Public&oacute; las novelas &ldquo;Sudeste&rdquo; y &ldquo;Alrededor de la jaula&rdquo; y ese a&ntilde;o confirma su categor&iacute;a con &ldquo;En vida&rdquo;, novela por la que obtiene el premio Barral. Conti es amigo de otros titanes del rubro, Rodolfo Walsh y Paco Urondo. Pronto los tres abrazar&aacute;n el compromiso revolucionario.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conoce a un muchachito pint&oacute;n, con algunos gustos exc&eacute;ntricos, aires intelectuales y humor socarr&oacute;n. Se llama Jorge Telerman, es diez a&ntilde;os menor y, por invitaci&oacute;n suya, empieza a concurrir al taller. Ser&aacute; un personaje de la novela &ldquo;Los reventados&rdquo;, pero para eso falta. Telerman vive en Caballito. Es atildado, algo Don Juan, calza suecos, viste bien. Le llaman la atenci&oacute;n las poleras de Jorge y el coraz&oacute;n rojo que usa como colgante. &ldquo;Nuestra afinidad vino del lado del gusto por las mujeres y por la heterodoxia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para la &eacute;poca que se hacen amigos, el grupo del De Lellis cambia de escenario de tertulias post taller: se mudan de La Cubana a El Foro, que queda en la calle Montevideo. El del Foro es un ambiente m&aacute;s ecl&eacute;ctico, hay actores de teatro, psic&oacute;logos, artistas, tangueros. Una noche, un tipo de unos 70 a&ntilde;os elegante y severo les pregunta a qu&eacute; se dedican. Le cuentan. &ldquo;Ah&hellip; yo tambi&eacute;n soy poeta&rdquo;, responde. &ldquo;Escrib&iacute; un tango que se llama Nieblas del Riachuelo&hellip;&rdquo;. Era Enrique Cad&iacute;camo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En enero de 1972 se produce su bautismo en las grandes ligas de la cr&iacute;tica. &ldquo;La Manifestaci&oacute;n&rdquo; da que hablar. Dentro del PC, algunos lo elogien pero otros se ofenden con su estilo burl&oacute;n. Se impone la segunda moci&oacute;n, y en una revista partidaria lo acusan de ser un infiltrado, un posible agente de la CIA.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;!A los dos meses ten&iacute;a enemigos&iexcl; !Ten&iacute;a cr&iacute;ticos! !Qu&eacute; maravilla&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El suplemento literario de Clar&iacute;n publica una rese&ntilde;a de libro. La firma Ubaldo Nicchi y la incluye en una secci&oacute;n dedicada a novedades de autores j&oacute;venes. Analiza Nicchi: &ldquo;Jorge As&iacute;s, con La Manifestaci&oacute;n, tambi&eacute;n se coloca en la vanguardia de nuestros nuevos autores. (&hellip;) Se trata de una colecci&oacute;n de cuentos de factura madura, de tem&aacute;tica definida y clara. (&hellip;) As&iacute;s puede utilizar varios registros tem&aacute;ticos y estil&iacute;sticos y desenvolverse con eficacia. Quiz&aacute; la reiteraci&oacute;n de un lenguaje cargado de los consabidos tics y ma&ntilde;as del habla porte&ntilde;a a los largo de los once cuentos puede volverse mon&oacute;tona.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A los pocos d&iacute;as sale publicada otra cr&iacute;tica, esta vez en La Opini&oacute;n, el diario fundando por Jacobo Timerman, de menor tirada a la de Clar&iacute;n pero plagado de grandes firmas, influyente, prestigioso. Ls rese&ntilde;a lleva la firma nada menos que de Francisco Paco Urondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el comienzo de su texto, Urondo reproduce el amargo comienzo del cuento &ldquo;Quiero retruco&rdquo;, para de inmediato acotar: &ldquo;El pensamiento que alienta este p&aacute;rrafo, seguramente no resiste el menor conato de cr&iacute;tica; sin embargo, a pesar de su grueso individualismo, describe o presenta una realidad que, al quedar as&iacute; expuesta, se torna vulnerable. (&hellip;) Lo que importa a lo largo de estos once relatos que integran La Manifestaci&oacute;n es la sinceridad del autor que, en los momentos de humor o alegr&iacute;a, llega a ser hermosamente desfachatado. Su sinceridad interesa no como valor &eacute;tico, sino como valor literario: como solvencia en el uso de la palabra&rdquo;, asegura Urondo, para concluir que &ldquo;esta picaresca no se empa&ntilde;a con los traspi&eacute;s narrativos que el libro tambi&eacute;n exhibe&rdquo;. Sin ambages, el t&iacute;tulo del art&iacute;culo saluda su llegada y sintetiza lo que &eacute;l Turco viene a inyectar: &ldquo;Jorge As&iacute;s recupera una tem&aacute;tica olvidada por la nueva literatura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo diario, en la secci&oacute;n Espect&aacute;culos, una publicidad anuncia el estreno de la &uacute;ltima pel&iacute;cula del director estadounidense Robert Mulligan. Se llama En busca de la felicidad, t&iacute;tulo inspirado en La Conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, primer libro que el Turco ley&oacute; en su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El destino parece hacerle un gui&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese a&ntilde;o, 1972, ser&aacute; decisivo en varios aspectos, pero sobre todo en uno seminal: su definitivo ajuste de cuentas con el hombre que m&aacute;s admir&oacute; y despreci&oacute; en toda su vida: Jorge Za&iacute;n, el inefable burlador de Dom&iacute;nico. Su padre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono y Fernando Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/turco-asis-vida-obra-primer-influencer_1_11504473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 03:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Turco Asís, vida y obra del primer influencer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Asís,Lecturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Asís: "Me hice los implantes dentales porque quiero seguir mordiendo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/jorge-asis-implantes-dentales-quiero-seguir-mordiendo_130_8918439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8466e6c7-46f8-4e7d-85c7-9348bd576b7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Asís: &quot;Me hice los implantes dentales porque quiero seguir mordiendo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista dejó los bares y se instaló en una oficina del microcentro. A los 76 años, habla de viejo-fobia, del escepticismo de los argentinos, su costado esotérico y de la cultura de la contratapa. "Sé en qué año me voy a morir", avisa.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;&iexcl;Uy, mir&aacute;!&rdquo;</strong>, grita <strong>Jorge As&iacute;s</strong>, los ojos muy brillantes, el brazo extendido, el &iacute;ndice como una flecha. Afuera el verano envejece. La ventana de su oficina da a un telo. Es un telo chato, cuadrado, ladrillo a la vista, un hotelito soso del microcentro.<strong> &ldquo;Mir&aacute;, ah&iacute;, una parejita entrando al telo, fijate, &iquest;viste?&rdquo;</strong>, insiste As&iacute;s que se ha erguido para asomarse detr&aacute;s del monitor de su computadora. Se r&iacute;e, le baila el bigote. Mira a trav&eacute;s de la ventana, sigue con la vista y con el cuerpo la entrada tramposa de la parejita al telo. Despu&eacute;s <strong>dir&aacute; que fisgonear es uno de sus entretenimientos favoritos desde que se instal&oacute; en su nuevo lugar de trabajo</strong>, una oficina amplia, decorada en gris y rosa pastel, sin biblioteca y empapelada con im&aacute;genes de Nueva York. <strong>Visto desde aqu&iacute;, frente a su escritorio, el puente de Brooklyn dibuja un arco sobre el arco del jopo de As&iacute;s</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jorge, dejaste los bares, dejaste los lugares p&uacute;blicos. &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute;, un poco la pandemia tuvo que ver. Y otro poco por mis trabajos. Vos sab&eacute;s que yo hago mucho periodismo, y <strong>andar tanto por los bares y por los hoteles era, casi, una manera de deschavar a mis fuentes</strong>. Me sent&iacute;a en una pecera, muy observado. As&iacute; que decid&iacute; buscarme un lugar. Pero un lugar cerca de los lugares que me gustan, en una Buenos Aires que est&aacute; un poco deprimente, un microcentro que est&aacute; dif&iacute;cil. Fue una apuesta. Como si me dijera &ldquo;esto puede irse al demonio, pero en alg&uacute;n momento va a ponerse mejor&rdquo;. Y como toda zona m&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Suena el tel&eacute;fono. As&iacute;s mira la pantalla y se excusa porque va a atender. Jorge As&iacute;s,<strong> 76 a&ntilde;os, escritor y periodista, director editorial de su propio sitio</strong>, <a href="https://jorgeasisdigital.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Jorge As&iacute;s Digital;</a> divorciado, padre de cuatro, perro en el hor&oacute;scopo chino; <strong>ex vendedor de cuadros puerta a puerta, ex secretario de Cultura y embajador en Portugal durante el gobierno de Carlos Menem&hellip;</strong> El llamado es breve: &ldquo;Al&oacute;, s&iacute;, hasta luego&rdquo;. Vuelve: &ldquo;&iquest;En qu&eacute; est&aacute;bamos&hellip;?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En que durante la pandemia&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah, s&iacute;. Como toda zona m&iacute;a&hellip; Yo nunca viv&iacute; por ac&aacute;, pero este es mi lugar. Mi zona. La plaza San Mart&iacute;n, el <em>Florida Garden</em>&hellip; Vos sos muy joven pero ac&aacute; <em>El B&aacute;rbaro</em> fue una instituci&oacute;n cultural. Se encontraban pintores, escritores, mucho intelectual que ya no est&aacute;, &iquest;no? Por ah&iacute; la veo a Cecilia Absatz, que se qued&oacute; en el barrio. <strong>No hay nostalgia ni melancol&iacute;a, pero esto no es lo que era cuando yo andaba por aqu&iacute;</strong>. A las seis de la tarde se pone dif&iacute;cil. Y a veces cuando llegas a la ma&ntilde;ana temprano es un dormitorio. <strong>Un dormitorio al aire libre.</strong> Uno tiene que ponerse un poco&hellip; c&oacute;mo decirte&hellip; Deshumanizarse en cierto modo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al comienzo de la pandemia, el Gobierno impuso una serie de restricciones especialmente para personas de tu edad. Recuerdo haberte escuchado enojado en televisi&oacute;n por ese motivo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute;, por ser periodista, y por ende trabajador esencial, estaba habilitado para dar vueltas. El problema es que no ten&iacute;a adonde ir. Puedo decirte que me las ingeni&eacute;. En alg&uacute;n restaurante me daban de comer, en alg&uacute;n bar que ten&iacute;a todo tapado pod&iacute;a tomar mi caf&eacute;, con mi ag&uuml;ita, mis galletitas. La cosa m&aacute;s o menos funcion&oacute; entre amigos. <strong>Porque vos en Buenos Aires si tenes cinco, siete, ocho amigos, sobreviv&iacute;s eternamente, &iquest;entend&eacute;s?&nbsp;</strong>
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                Jorge Asís.                            </span>
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        <strong>Pero recuerdo que tu enojo ten&iacute;a que ver con que no estabas de acuerdo con el trato que le daban a los adultos mayores, como si los estuvieran infantilizando.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es que ese es <strong>un problema de viejo-fobia que hay en la Argentina</strong>. Pero yo tengo mucha fe. El a&ntilde;o pasado, el d&iacute;a que cumpl&iacute; 75 a&ntilde;os, tom&eacute; posesi&oacute;n de esto, de mi oficina. Hab&iacute;a una silla ac&aacute;, nada m&aacute;s. As&iacute; que agarr&eacute; la sillita y me sent&eacute; a esperar todos los muebles que hab&iacute;a comprado. <strong>Fue mi manera de decir de decir: &ldquo;voy por m&aacute;s&rdquo;</strong>. Ese d&iacute;a empez&oacute; otra etapa. Y el mes pasado, que cumpl&iacute; 76, ese d&iacute;a me hice los implantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Implantes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, implantes. <strong>El d&iacute;a que cumpl&iacute; 76 a&ntilde;os me hice los implantes dentales, porque yo todav&iacute;a quiero morder. </strong>Quiero seguir mordiendo, Victoria. &nbsp;Morder en el sentido vital. <strong>Morder es que todav&iacute;a vibro, querida</strong>. S&iacute;, a mi edad. Sinceramente creo que el problema de la edad es un problema del otro. Si yo te digo que vivo sin pasado, no lo crees. Pero a m&iacute; me molesta hablar del pasado&hellip; Me molesta hablar del pasado. <strong>No tengo pasado, y por eso no tengo culpas, ni temas pendientes. Hay masturbaci&oacute;n del pasado feroz.</strong> Eso es pat&eacute;tico en algunos ex funcionarios.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me molesta hablar del pasado. No tengo pasado, y por eso no tengo culpas ni temas pendientes. Hay masturbación del pasado feroz.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jorge Asís.</span>
                                        <span>—</span> Escritor y periodista.
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Tuve la impertinencia de ser irreverente con el Poder y el Poder me pas&oacute; por encima&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Pero hay un pasado. Una infancia en Villa Dom&iacute;nico. <strong>Una adolescencia de besos en zag&uuml;anes con &ldquo;chicas de familia&rdquo; y de sexo furtivo con chicas que &ldquo;no eran de familia&rdquo;</strong>. Una juventud de viajes de Avellaneda a Capital y al rev&eacute;s: los amaneceres eran lentos, eran amaneceres largos.
    </p><p class="article-text">
        Hubo<strong> una abuela materna, vidente y curandera, que se llamaba Mar&iacute;a y que lo curaba -de cualquier cosa que lo enfermara- con una corbata</strong>. Se amontonaban los vecinos para ver a la abuela maga en el patio de la casa. Y en el barrio se hac&iacute;an los zonzos, porque a ver si a la abuela la met&iacute;an presa &ldquo;por ejercicio ilegal de la medicina&rdquo;. Una vez sucedi&oacute;, porque cada barrio tiene su buch&oacute;n, y Mar&iacute;a fue detenida. El rato que pas&oacute; en la comisar&iacute;a escuch&oacute; a los polic&iacute;as que le ped&iacute;an cura o consuelo a su drama. Despu&eacute;s largaron a la abuela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jorge Cayetano As&iacute;s, por el apellido de la madre, una mujer que viv&iacute;a asustada</strong>: cada ruido que ven&iacute;a de la calle era el sonido del clavo con el que fijaban el cartel de remate de la casa que habitaban. Una vez sucedi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jorge Cayetano Za&iacute;n, por el apellido del padre</strong>. Mejor que a ese padre lo cuente As&iacute;s: &ldquo;Mi viejo, primera generaci&oacute;n de argentinos de familia &aacute;rabe, bastante irregular con la plata. Mi viejo era un negador&hellip; Negaba absolutamente todo.<strong> Y el viejo ten&iacute;a que irse, ten&iacute;a que irse. Y se fue. </strong>Yo me cri&eacute; con una sensaci&oacute;n de perentoriedad. Porque yo ve&iacute;a que todo aquel que ven&iacute;a con mi viejo y que &eacute;l presentaba como un gran amigo, como a un hermano, en 20, 25 d&iacute;as d&iacute;as iba a volver con actitud reclamatoria. Y eso tambi&eacute;n con algunos familiares&rdquo;. <strong>Creci&oacute;, entonces, con una sensaci&oacute;n de finales inminentes, de que todo puede terminarse en cualquier momento y en un instante: ya.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jorge Cayetano Za&iacute;n As&iacute;s public&oacute; la historia de su padre en la novela <em><strong>Don Abdel Salim, el burlador de Dom&iacute;nico</strong></em>, en 1972. Ese a&ntilde;o, escribi&oacute; en un solo d&iacute;a un librito titulado <em><strong>C&oacute;mo levantar minas</strong></em>. Vendi&oacute; tanto que le salv&oacute; el invierno. Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1980, firm&oacute; <em><strong>Flores robadas en los jardines de Quilmes</strong></em>, obra emblema y<em> best seller</em>. Al a&ntilde;o siguiente public&oacute; <em><strong>Carne Picada</strong></em>. <em><strong>Diario de la Argentina</strong></em> sali&oacute; en 1984. <strong>As&iacute;s, que estaba convencido de que iba a morir joven -de repente, en un instante: ahora-, empez&oacute; a escribir de una manera intensa, desesperada</strong>. Lleva unos 40 t&iacute;tulos publicados. Sigue As&iacute;s: &ldquo;Pero en esos a&ntilde;os hubo altibajos y tuve que resignificarme. <strong>De un &eacute;xito repentino, feroz, a una ca&iacute;da extraordinaria</strong>&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Jorge Asís.                            </span>
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        <strong>&iquest;En qu&eacute; momento ubic&aacute;s esa ca&iacute;da?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Precisamente en el momento del ascenso. Cuando se genera ese fen&oacute;meno As&iacute;s. <strong>Porque tuve la impertinencia de ser irreverente con el Poder, de desafiar al Poder. Y sent&iacute; que el Poder me pas&oacute; por encima.</strong> A m&iacute; me cancelaron con <em>Flores robadas&hellip;</em> Ah&iacute; apareci&oacute; una asociaci&oacute;n de amigos y cuestionadores. Ten&iacute;a 33, 34 a&ntilde;os. Y ya estaba escrito: &ldquo;me voy a quedar solo&rdquo;. Porque es muy dif&iacute;cil la Argentina para tener &eacute;xito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es &ldquo;resignificarte&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Del &eacute;xito a la ca&iacute;da. De la ca&iacute;da a Su Excelencia, Se&ntilde;or Embajador<em> (N. de la R.: en representaci&oacute;n de la Argentina, fue embajador en Portugal entre 1997 y 1999, y ante la Unesco de 1989 a 1994)</em>. Y volver y darme cuenta de que lo &uacute;nico que sab&iacute;a hacer es escribir. En mi obra es fundamental el tema de la supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se sabe tan poco de tu vida privada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de mis m&eacute;ritos, querida Victoria, es que desde hace 50 a&ntilde;os es absolutamente desconocida mi vida privada. Cierta fama de seductor, quiz&aacute;s&hellip; Porque puedo ser galante, porque pude haber tenido alguna historia. Pero nadie me vio: yo no exhibo ni oculto.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;El argentino es un esc&eacute;ptico total: ten&eacute;s que convencerlo de que Messi es bueno&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>As&iacute;s habla como escribe</strong>. Cuelga las comas en el aire, suspira en los puntos finales. La voz es de cuenco, el sonido de una b&oacute;veda. Los ojos de piedra, fijos, entre la melena de plata que le cubre la frente. Tiene, ahora, la misma vitalidad que tuvo cuando cruz&oacute; en 1993 a Jorge Lanata en el programa de Mariano Grondona, Hora Clave: <strong>&ldquo;Sos un gran comprador de pescado podrido, de salm&oacute;n noruego del siglo XVIII, Lanata. Con raz&oacute;n (Horacio) Verbitsky te supera, Verbitsky es un poco m&aacute;s s&oacute;lido. Con &eacute;l puedo discutir, vos me tir&aacute;s palabritas&rdquo;</strong>. As&iacute;s tiene, ahora, la misma soberbia con la increp&oacute;, en 1996, a Gerardo Romano, tambi&eacute;n en Hora Clave: <strong>&ldquo;Es un transgresor m&oacute;dico. En la mesa de los transgresores ni siquiera podr&iacute;a cebar mate&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        De vuelta en la oficina, en el d&iacute;a que cae, As&iacute;s sigue con el puente de Brooklyn a sus espaldas: &ldquo;<strong>El argentino es un permanente detector de chantadas. Como en el fondo es un esc&eacute;ptico total, ten&eacute;s que convencerlo de que Messi es bueno</strong>. Esa cosa de que cualquier turrito en algo te va a garcar, de que el que viene es un trucho. As&iacute; que para m&iacute; es un halago que me pongan en duda. Me parece sano que el tipo crea que uno es un trucho y que igual se deje cautivar. Mi territorio es la palabra. Y tambi&eacute;n es importante la lectura. <strong>Pero se lee tan poco... Hay mucha cultura de la contratapa en la Argentina. Mucho solapeador, &iquest;sabes</strong>?&rdquo;.
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            <span class="title">
                Jorge Asís.                            </span>
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        <strong>Perd&oacute;n, vuelvo al tema de tu intimidad. A mediados de los noventa ofreciste entrevistas junto a tu familia. Incluso hay algunas con producci&oacute;n de fotos&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque eran notas al embajador. Entonces sal&iacute;an notas en <em>Caras</em>, en <em>Gente</em>, y aparec&iacute;an mis chicos. Pero tampoco me gustaba exhibir a mis chicos. Incluso no vas a encontrar ninguna nota m&aacute;s as&iacute;. <strong>Porque tambi&eacute;n est&aacute; el otro costado m&iacute;o, que es el costado m&aacute;gico, esot&eacute;rico&hellip; Es una formaci&oacute;n que est&aacute; muy arraigada en m&iacute; y de forma natural.</strong> Aprovecho para decir, si alguien est&aacute; leyendo est&aacute; declaraci&oacute;n&hellip; Porque yo veo esas muchachas o actrices que ponen fotos de los hijos en Internet: por favor, no los muestren tan abiertamente. Hay mucha gente energ&eacute;tica con una carga muy negativa. Muchas de las cosas que pasaron en mi vida tienen que ver con la magia. <strong>Por eso tengo fe. Por eso creo en el futuro</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os vas a vivir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque te parezca mentira, lo s&eacute;</strong>. Pero no puedo decir eso. Es la primera vez que lo digo. Esto es en serio. Te pod&eacute;s imaginar que por donde yo anduve tengo una tendencia natural a ir al mundo oscuro, aparentemente irracional, espiritual.<strong> S&eacute; exactamente el a&ntilde;o. No la fecha.</strong> Pero s&eacute; el a&ntilde;o y s&eacute; la edad que tendr&iacute;a yo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jorge As&iacute;s sabe de s&iacute; algo que ninguno de nosotros sabe:<strong> vive con la certeza de la finitud, agend&oacute; el corte en su l&iacute;nea de vida</strong>. Me pide que no le pregunte cu&aacute;ndo, lo pide por favor. <strong>Entonces baja la vista </strong>y una nube vaporosa, una cortina de silencio, se instala entre los dos.
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/jorge-asis-implantes-dentales-quiero-seguir-mordiendo_130_8918439.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Apr 2022 03:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jorge Asís: "Me hice los implantes dentales porque quiero seguir mordiendo"]]></media:title>
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