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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Lomasko]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/victoria-lomasko/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Lomasko]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La artista que huyó de Rusia por pintar a Putin: “No me siento capaz de exigir a nadie que sea un héroe”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/artista-putin-heroismo-pueblo-ruso-guerra_1_8925424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9efc35d-bf7a-4f0d-8686-9d0dfad1d74b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x485y746.jpg" width="1200" height="675" alt="La artista que huyó de Rusia por pintar a Putin: “No me siento capaz de exigir a nadie que sea un héroe”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Victoria Lomasko se exilió en Bélgica después del estallido de la guerra, puesto que las viñetas que antes pasaban desapercibidas ahora le pueden costar hasta diez años de cárcel: "Mi país se está convirtiendo en una dictadura fascista"</p></div><p class="article-text">
        Victoria Lomasko (Mosc&uacute;, 1978) descuelga la llamada en una enorme nave con un mural al fondo a medio pintar. Es la Philippe Vandenberg Foundation y est&aacute; en B&eacute;lgica, donde se exili&oacute; cuando empez&oacute; la guerra en Ucrania y abandon&oacute; Rusia porque el hostigamiento era insostenible. &ldquo;En cuanto haga cualquier comentario en mis redes sociales, van a fijarse en mi trabajo y van a ver que durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os he sido opositora a Putin&rdquo;, explica en ruso mientras el int&eacute;rprete Arnau Barios traduce sus palabras. Insiste en hacerlo as&iacute; porque quiere explayarse a gusto y al mismo tiempo ser muy precisa en sus ataques al presidente, algo que su ingl&eacute;s no le permite. 
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os anteriores, Lomasko ha mantenido un perfil bajo en Rusia. No estaba oficialmente censurada, pero pocos galeristas se atrev&iacute;an a contar con ella. A nivel internacional cada vez le surg&iacute;an m&aacute;s oportunidades, pero eso tambi&eacute;n se ha vuelto en su contra. Victoria es lo que su Gobierno llama una &ldquo;agente extranjera&rdquo;, un estatus peligroso desde que empezaron las sanciones en respuesta a la invasi&oacute;n. &ldquo;Esa categor&iacute;a te convierte autom&aacute;ticamente en un traidor nacional y en alguien a quien perseguir. Lo mejor que puedes hacer es irte antes de que te se&ntilde;alen&rdquo;, asume la licenciada en Bellas Artes.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ser agente extranjero como yo te convierte automáticamente en un traidor nacional y en alguien a quien perseguir</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A nivel financiero tampoco le era asumible quedarse, puesto que todas las cuentas y tarjetas que recib&iacute;an dinero de fuera est&aacute;n bloqueadas. &ldquo;Tendr&iacute;a que haber buscado trabajo en Rusia y nunca me lo habr&iacute;an dado. Lo primero que hacen en los procesos de selecci&oacute;n es <em>googlear </em>tu nombre y conmigo les habr&iacute;a salido una caricatura de Putin, lo que es motivo para ir a juicio y pagar hasta con diez a&ntilde;os de c&aacute;rcel&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de las vi&ntilde;etas que le saldr&iacute;an caras ante un tribunal aparecen en <em>Otras Rusias </em>(Godall Ediciones), una serie de reportajes gr&aacute;ficos que muestran la otra cara de un pa&iacute;s de 146 millones de habitantes imposible de homogeneizar, y menos bajo la figura de su presidente. En diez a&ntilde;os (de 2008 a 2016) ha dibujado a <em>skinheads,</em> trabajadoras sexuales, ultranacionalistas, esclavas, activistas LGTB o parajes de la Rusia vaciada. Ella est&aacute; convencida de que la m&aacute;s problem&aacute;tica ser&iacute;a una ilustraci&oacute;n de la colecci&oacute;n <em>En femenino</em>, donde una viejecita pregunta: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde puedo conseguir un kal&aacute;shnikov para matar a Putin?&rdquo;. &ldquo;La pint&eacute; enfrente de ella, en el momento, pero me podr&iacute;an acusar a m&iacute; de provocaci&oacute;n contra el presidente&rdquo;, asegura.
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        Lomasko se toma su arte como un ejercicio c&iacute;vico y period&iacute;stico: &ldquo;Por principio, no dibujo a partir de fotos ni v&iacute;deos, y raramente hago c&oacute;mics. Para m&iacute; es importante acabar mis composiciones en el mismo lugar de la escena, sintiendo el ritmo y la energ&iacute;a de lo que est&aacute; ocurriendo&rdquo;. Es una forma de acceder a donde las c&aacute;maras no son bienvenidas, como las habitaciones de trabajadoras sexuales, el interior de un reformatorio, el juicio contra un opositor o las manifestaciones de ultranacionalistas. Tambi&eacute;n es la forma de arte m&aacute;s delicada en un pa&iacute;s que controla a sus medios. &ldquo;La censura se ha extendido de forma generalizada y la Iglesia ortodoxa rusa se ha fusionado con los aparatos del Estado&rdquo;, afirma, y por eso hizo las maletas antes de que este libro la metiese en m&aacute;s aprietos.
    </p><h3 class="article-text">La huida y la llegada</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Decid&iacute; irme porque mi pa&iacute;s no solo se estaba convirtiendo en una dictadura, sino en una dictadura fascista, y si me quedaba me tendr&iacute;a que callar y eso significa estar de acuerdo con lo que pasa ah&iacute;&rdquo;, cuenta. La alternativa al principio fue Kirguist&aacute;n, un espacio postsovi&eacute;tico donde pod&iacute;a vivir y trabajar con pasaporte ruso. Pero finalmente le ofrecieron un visado en B&eacute;lgica que le caduca en unos meses y despu&eacute;s del cual debe pedir asilo pol&iacute;tico en otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        Lomasko se siente atrapada entre dos fuegos. Primero, en el punto de mira de su pa&iacute;s, donde se han quedado atr&aacute;s muchos disidentes &ldquo;que lo est&aacute;n pasando fatal&rdquo;. Por el otro lado, agradece la hospitalidad de los ciudadanos europeos, pero no as&iacute; la de sus organismos. La artista tiene una postura muy vehemente contra los boicots. &ldquo;La prohibici&oacute;n sistem&aacute;tica de toda una cultura me parece horrible, a diferencia de las sanciones. Los ciudadanos las sufren, s&iacute;, pero la econ&oacute;mica es la mejor manera de ir en contra de Putin y de apoyar a Ucrania&rdquo;, compara. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Negarse a colaborar con personas mirando su pasaporte y no su postura es una vergüenza por parte de las instituciones occidentales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ella misma ha sufrido esta rusofobia institucional: &ldquo;Cada semana veo c&oacute;mo me niegan proyectos en los que participar&rdquo;. Por ejemplo, hace un mes ten&iacute;a apalabrado un curso de pintura y sociolog&iacute;a en la universidad de Manchester y estuvo a punto de ser cancelado por su nacionalidad. Al final, la universidad accedi&oacute; a trasladar la consulta entre el alumnado y todos ellos apoyaron que siguiese adelante. Tambi&eacute;n ha visto que el documental que rueda ahora mismo en B&eacute;lgica sobre su trabajo est&aacute; perdiendo apoyos. &ldquo;Parece que Putin vaya a darles una medalla por ir en contra de los opositores y los disidentes. Estar&aacute; content&iacute;simo de ver c&oacute;mo nos cierran todas las puertas&rdquo;, se lamenta.
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        &ldquo;Negarse a colaborar con ciertas personas mirando su pasaporte y no su postura pol&iacute;tica me parece una verg&uuml;enza y un error absurdo. Todas las fuerzas antiputinistas deber&iacute;an estar unidas&rdquo;, pide. Basta con echar un vistazo al mural que est&aacute; pintando en la nave belga, llena de interpretaciones violentas de la simbolog&iacute;a y los esl&oacute;ganes de la Rusia imperialista para darles &ldquo;el significado contrario al que pretende Putin&rdquo;. Esta dif&iacute;cil dualidad la ha reflejado el m&iacute;tico dibujante de novelas gr&aacute;ficas y vi&ntilde;etista del New Yorker Joe Sacco en una tira <a href="https://www.newyorker.com/magazine/2022/04/18/the-collective-shame-of-putins-war" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">inspirada en la vida de Victoria Lomasko como refugiada</a>. 
    </p><h3 class="article-text">La dura decisi&oacute;n del opositor</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No puedo callarme mientras mi pa&iacute;s inicia un ataque brutal contra otro&rdquo;. Aunque la postura de Lomasko es abiertamente disidente, ella no es tan implacable con sus compatriotas como otros opositores. &ldquo;Todos los ciudadanos rusos somos c&oacute;mplices de los cr&iacute;menes de Putin&rdquo;, dec&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/vitaly-minsky-putin-rusos-sanciones_1_8794799.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">el cineasta Vitaly Mansky</a>. &ldquo;Es una decisi&oacute;n personal, no global. Hay que entender que cualquiera que tenga un trabajo ahora mismo en Rusia y se posicione en contra de la guerra, lo va a perder y no va a encontrarlo nunca m&aacute;s. Yo no estoy dispuesta a exigir hero&iacute;smo a nadie y no puedo culpar a personas que tienen hijos o est&aacute;n en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil de no ser lo suficientemente valientes&rdquo;, defiende la artista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los rusos que m&aacute;s asco me dan son los que estaban cerca del poder, pod&iacute;an haber frenado este horror y no lo hicieron. Tambi&eacute;n odio a las instituciones rusas oficiales relacionadas con el arte, porque se han dedicado a censurar durante a&ntilde;os todo lo que han podido. Pero no odio a la gente que vive en la miseria o en provincias. Para ellos la vida ya es suficientemente dura&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los rusos que más asco me dan son los que estaban cerca del poder, podían haber frenado este horror y no lo hicieron</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De hecho, la obra <em>Otras Rusias</em> explora esos espacios en blanco de la supuesta &ldquo;estabilidad putiniana&rdquo;. Lo divide en dos: los <em>Invisibles,</em> que son las afueras de Mosc&uacute;, donde los distintos grupos sociales est&aacute;n aislados los unos de los otros y no tienen acceso ni al ascensor social ni al espacio p&uacute;blico; y los <em>Airados,</em> aquellos opositores que empezaron a manifestarse por miles desde 2012, desde las Pussy Riot a la protesta por las elecciones de 2012 supuestamente ama&ntilde;adas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si Rusia fuera un pa&iacute;s europeo, estas manifestaciones habr&iacute;an conllevado un cambio de Gobierno o una reacci&oacute;n en el poder. Porque todos los opositores, por primera vez, se entendieron muy bien entre ellos. Pero como somos una medio dictadura asi&aacute;tica, termin&oacute; solo con represiones y juicios contra los organizadores&rdquo;, compara. &ldquo;Nuestra poblaci&oacute;n nunca ha tenido acceso a unos derechos b&aacute;sicos que los europeos conocen desde hace tiempo y no se le puede exigir lo mismo&rdquo;, expresa Lomasko.
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        Se r&iacute;e de comentarios como el de Boris Johnson, que se dirigi&oacute; a la poblaci&oacute;n rusa pidi&eacute;ndoles que encontraran un VPN para evitar la censura de los medios de comunicaci&oacute;n y que leyesen la informaci&oacute;n de verdad. &ldquo;Tan solo el 20% de la poblaci&oacute;n rusa tiene acceso a esa tecnolog&iacute;a y en provincias directamente nadie. Para ellos la vida no es vida, es supervivencia. Su &uacute;nica preocupaci&oacute;n es tener patatas para alimentar a sus hijos. Entiendo que no les interese informarse de la guerra&rdquo;, defiende. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n critica a quienes, desde Occidente, les aferaron a ella y a otros opositores que no se manifiesten en contra de la guerra. &ldquo;A la gente se la llevan directamente a la comisar&iacute;a al salir del metro, no tienen tiempo ni de sacar la pancarta. Las redes sociales est&aacute;n llenas de v&iacute;deos en los que alguien saca un papel en blanco, un dibujo de una paloma de la paz o la novela de Tolst&oacute;i <em>Guerra y paz</em> y lo detienen&rdquo;, explica. Asegura que aunque saliesen 100.000 personas de forma pac&iacute;fica a la calle no parar&iacute;a la guerra, porque &ldquo;la gente sabe que las autoridades est&aacute;n dispuestas a usar las armas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a las perspectivas despu&eacute;s de la invasi&oacute;n, Lomasko no se muestra optimista: &ldquo;Por desgracia, nuestra sociedad est&aacute; muy dividida. Incluso existe la posibilidad de una guerra civil. Pero sin duda a la sociedad rusa le esperan un terremoto enorme y va a cambiar mucho su estado actual&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Mónica Zas Marcos]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Apr 2022 15:44:05 +0000]]></pubDate>
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