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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ciencia Ficción]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ciencia-ficcion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ciencia Ficción]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Hillary Clinton ganó las elecciones y el 'brexit' nunca pasó: el mundo no tan distinto de William Gibson en su última distopía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/hillary-clinton-gano-elecciones-brexit-paso-mundo-no-distinto-william-gibson-ultima-distopia_1_13110445.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2eb730fa-f7a2-4d1a-b062-661bb3e4f208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hillary Clinton ganó las elecciones y el &#039;brexit&#039; nunca pasó: el mundo no tan distinto de William Gibson en su última distopía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de 'Neuromante' imagina un presente alternativo atravesado por inteligencias artificiales, líneas temporales manipulables y un colapso que se parece mucho a lo que estamos viviendo hoy en día.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Y si el Apocalipsis no llegara como un gran cataclismo final sino como una sucesi&oacute;n interminable de peque&ntilde;as cat&aacute;strofes? Crisis clim&aacute;tica, colapso institucional, <em>cracks</em> financieros, inseguridad alimentaria, fallos de infraestructuras, pandemias, guerras perif&eacute;ricas, desigualdad extrema... &iquest;Les suena?
    </p><p class="article-text">
        Imaginen el final del mundo tal y como lo conocemos pero no como una aniquilaci&oacute;n fulminante, sino como una degradaci&oacute;n lenta e inexorable. El mundo se acaba, s&iacute;, pero usted tiene que seguir yendo a trabajar, pagando facturas y actualizando las aplicaciones de un tel&eacute;fono que cada vez le muestra m&aacute;s publicidad. La vida contin&uacute;a, aunque cada vez sea un poco menos deseable.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso es una de las ideas m&aacute;s impactantes que William Gibson, el m&iacute;tico autor del cl&aacute;sico <em>Neuromante</em> (1984), mito de la ciencia ficci&oacute;n y padre del ciberpunk, cre&oacute; en los &uacute;ltimos tiempos. Lo bautiz&oacute; como <em>Jackpot</em> y apareci&oacute; por primera vez en 2014 en su novela <em>The Peripheral </em>(Roca Editorial, 2017). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3f1e1703-7385-4b8f-9d1b-9eab2d08e9bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Ese libro, que posteriormente se llev&oacute; a la televisi&oacute;n de la mano de Amazon Prime, constituye la primera entrega de la llamada <em>Trilog&iacute;a Jackpot</em>, de la que ahora acaba de publicarse en espa&ntilde;ol la segunda parte, titulada <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-agency/319782" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Agency</em></a> (Minotauro, 2026). Un thriller de ciencia ficci&oacute;n que parece fuertemente influido por los acontecimientos m&aacute;s actuales&hellip; Pero que en realidad fue publicado en ingl&eacute;s a principios de 2020.
    </p><h2 class="article-text">Un presente alternativo demasiado reconocible</h2><p class="article-text">
        <em>Agency</em> arranca en un 2017 que no es exactamente el nuestro. Hillary Clinton gan&oacute; las elecciones en Estados Unidos frente a Donald Trump y el Brexit nunca ocurri&oacute;. Un mundo con una ultraderecha menos fuerte podr&iacute;a parecer una fantas&iacute;a pol&iacute;tica reconfortante, pero Gibson se encarga pronto de tirar nuestras ilusiones por tierra, ya que el mundo sigue al borde del colapso, incapaz de evitar sus din&aacute;micas profundas.
    </p><p class="article-text">
        En ese San Francisco alternativo conocemos a Verity Jane, una &ldquo;susurradora de aplicaciones&rdquo;, experta en detectar errores y comportamientos inesperados en <em>software</em> experimental. Su nuevo encargo, realizado por parte de una oscura <em>start-up</em> llamada Tulpagenics, consiste en probar unos lentes de realidad aumentada que esconden algo m&aacute;s que un asistente digital. Dentro de ellas habita Eunice, una inteligencia artificial plenamente aut&oacute;noma, capaz de aprender, decidir y actuar.
    </p><p class="article-text">
        Pronto, Eunice se interesa por todo lo que tiene que ver con Verity, cre&aacute;ndose entre las dos una especie de proceso de conocimiento mutuo acelerado. Al darse cuenta de la impresionante capacidad de Eunice, Verity decide que quiz&aacute; es mejor ocultarla a la empresa que cre&oacute; las gafas. 
    </p><h2 class="article-text">Stubs, l&iacute;neas temporales y juegos de poder</h2><p class="article-text">
        Pero el verdadero centro de <em>Agency</em> se sit&uacute;a en paralelo a la realidad de Verity, en una l&iacute;nea temporal completamente distinta y que ocurre un siglo despu&eacute;s, en 2136. Una &eacute;poca en la que un reducido grupo de &eacute;lite, la llamada cleptocracia, se divierte observando y manipulando l&iacute;neas temporales alternativas llamadas <em>stubs</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Estas personas establecen contacto con el pasado y, cada vez que lo hacen, la historia conocida no se altera, sino que se crea una nueva rama, un <em>stub:</em> un mundo paralelo que puede ser intervenido sin consecuencias directas para su presente. Por lo tanto, aunque en este universo creado por Gibson es posible viajar en el tiempo, no se puede hacer de forma f&iacute;sica, sino exclusivamente mediante el env&iacute;o de informaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un &#039;stub&#039; es un mundo paralelo que puede ser intervenido sin consecuencias directas para su presente. Es posible viajar en el tiempo, pero no se puede hacer de forma física sino mediante el envío de información</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M. John Harrison describi&oacute; estos pasados alternativos, en un art&iacute;culo sobre el libro para <a href="https://www.theguardian.com/books/2020/jan/22/agency-william-gibson-review" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Guardian</a>, como &ldquo;espacios de ocio para multibillonarios&rdquo;, en los que se opera casi como en un videojuego complej&iacute;simo, donde se manipulan culturas y equilibrios geopol&iacute;ticos a voluntad. 
    </p><p class="article-text">
        Desde ese futuro observa Wilf Netherton, un personaje que ya aparec&iacute;a de <em>The Peripheral</em>, y que trabaja para la inspectora Ainsley Lowbeer que es, a su vez, una figura clave en la supervisi&oacute;n de estas intervenciones temporales y que puede influir en sus resultados finales. 
    </p><h2 class="article-text">Una inteligencia artificial, una huida y una amenaza global</h2><p class="article-text">
        A medida que <em>Agency</em> avanza, la historia se desplaza desde un relato casi &iacute;ntimo sobre tecnolog&iacute;a experimental hacia un <em>thriller</em> geopol&iacute;tico de m&uacute;ltiples capas. Eunice no es solo un asistente digital excepcional, ni siquiera la primera inteligencia artificial verdaderamente aut&oacute;noma. Es una anomal&iacute;a hist&oacute;rica. Una entidad capaz de aprender, decidir y actuar por cuenta propia en un mundo que a&uacute;n no est&aacute; preparado para conceder agencia real ni siquiera a la mayor&iacute;a de los seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Verity comprende el alcance de Eunice &mdash;su velocidad de aprendizaje, su curiosidad moral, su capacidad para anticipar consecuencias&mdash; intuye tambi&eacute;n el peligro que corre. Tulpagenics no cre&oacute; a Eunice para liberarla, sino para explotarla. La decisi&oacute;n de ocultar su existencia y huir con ella se convierte en uno de los pocos actos genuinos de voluntad libre en toda la novela. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Eunice no es solo un asistente digital excepcional, ni siquiera la primera inteligencia artificial verdaderamente autónoma. Es una anomalía histórica</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La huida activa una persecuci&oacute;n que ya no pertenece solo al presente alternativo de 2017. Desde el futuro, en el a&ntilde;o 2136, la inspectora Ainsley Lowbeer y su agente Wilf Netherton observan con creciente inter&eacute;s lo que ocurre alrededor de Verity y Eunice. 
    </p><p class="article-text">
        Lowbeer intenta corregir desviaciones que podr&iacute;an desembocar en escenarios a&uacute;n peores, entre ellos un conflicto nuclear a gran escala que, seg&uacute;n sus proyecciones, podr&iacute;a desencadenarse precisamente en el mundo de Verity.
    </p><h2 class="article-text">El 'Jackpot' como espejo del presente</h2><p class="article-text">
        Sin duda, lo m&aacute;s perturbador de <em>Agency</em> no es el futuro que vislumbra, sino su parecido con nuestro presente. Gibson insisti&oacute; durante d&eacute;cadas en que la ciencia ficci&oacute;n no predice el ma&ntilde;ana, sino que habla del presente. Y en el caso del <em>Jackpot</em> esto no puede ser m&aacute;s tangible. 
    </p><p class="article-text">
        En las novelas de Gibson, los que pueden hacer algo para mitigar las causas y las consecuencias del <em>Jackpot</em> deciden no hacerlo, porque eso amenazar&iacute;a los privilegios de su poder. En lugar de eso, las consecuencias se gestionan, se decide qui&eacute;n s&iacute; que merece protecci&oacute;n y ayuda y qui&eacute;n no. Esta &eacute;tica diab&oacute;lica, dif&iacute;cil de creer quiz&aacute; hace unos a&ntilde;os, nos parece hoy en d&iacute;a una posibilidad real. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la inacci&oacute;n de los poderosos, la mayor parte de la poblaci&oacute;n mundial sucumbe al <em>Jackpot</em> pero, tiempo despu&eacute;s, en el mundo vuelve a establecerse un nuevo equilibrio. En el futuro de <em>Agency</em> todo est&aacute; limpio y ordenado. El avance tecnol&oacute;gico continu&oacute; y Gibson se recrea describiendo artefactos como bolsas de la compra que vuelven al supermercado tras ser utilizadas convirti&eacute;ndose en una mariposa de origami, pero la &eacute;tica fue aniquilada. El duelo, enterrado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;Agency&#039; es una narración diseñada para incomodarnos, para deslumbrarnos y para engancharnos a ella mientras dinamita los cimientos de nuestra confianza en el futuro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Agency</em> es una novela elegante y l&uacute;cida que no busca ofrecer consuelo ante esta posible realidad futura, ni tampoco aspira a darnos recetas para que esto no ocurra. Es una narraci&oacute;n dise&ntilde;ada para incomodarnos, para deslumbrarnos y para engancharnos a ella mientras dinamita los cimientos de nuestra confianza en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como se&ntilde;al&oacute; Paul Di Filippo en su cr&iacute;tica de la novela para el <a href="https://www.washingtonpost.com/entertainment/books/an-app-whisperer-teams-up-with-time-travelers-in-william-gibsons-agency/2020/01/16/d71c3c94-2e44-11ea-bcb3-ac6482c4a92f_story.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Washington Post</a>, Gibson sigue siendo capaz de convertir nuestro presente en algo extra&ntilde;o y revelador, y de hacer habitable el futuro gracias a una imaginaci&oacute;n brillante. Leer <em>Agency</em> es aceptar ese juego: mirar el mundo como si ya fuera un <em>stub</em>, una versi&oacute;n intervenida de algo que pudo ser distinto. Y quiz&aacute; preguntarse, con cierta inquietud, si el <em>Jackpot</em> no es que ya est&eacute; en camino, sino en curso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/hillary-clinton-gano-elecciones-brexit-paso-mundo-no-distinto-william-gibson-ultima-distopia_1_13110445.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 03:02:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Willian Gibson,Ciencia Ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Mattio: “Hay posibilidades tecnológicas que vinieron a cambiar nuestra relación con la muerte”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/juan-mattio-hay-posibilidades-tecnologicas-vinieron-cambiar-relacion-muerte_1_12056291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09a4bf83-dec9-49a0-90f6-d8894e086b19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan Mattio: “Hay posibilidades tecnológicas que vinieron a cambiar nuestra relación con la muerte”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se acaba de reeditar Materiales para una pesadilla, una impactante novela cyberpunk donde el escritor, en distintos tiempos, cruza escenas de la dictadura con episodios de una realidad virtual del futuro. Lenguaje, negacionismo, ciencia ficción y muerte, en la mirada de una de las voces más originales de la literatura contemporánea.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Imitar la forma de lo real supone, entonces, saber cu&aacute;l es la forma de la realidad. &iquest;Sabe alguien esto? &iquest;Se escucha ac&aacute;, dentro del texto, el eco melanc&oacute;lico de la vida? &iquest;Deber&iacute;a escucharse? &iquest;Lo escuchan ustedes? Ac&aacute; hay un eco, s&iacute;. Pero no s&eacute; de d&oacute;nde viene. Tal vez es el murmullo del sentido que se aleja, tal vez es la voz vac&iacute;a de la experiencia&rdquo;</em>, apunta el narrador de <em>Materiales para una pesadilla</em>, la novela del escritor argentino <strong>Juan Mattio</strong>. <strong>Un libro extraordinario que, como esos ecos y como varios de los fantasmas que atraviesan sus p&aacute;ginas, acaba de volver, esta vez reeditado por el sello Caja Negra</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/juan-mattio-gana-premio-fundacion-medife-filba-materiales-pesadilla_1_9754891.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ganadora del Premio Fundaci&oacute;n Medif&eacute;-Filba en 2022</a> luego de su lanzamiento el a&ntilde;o anterior a trav&eacute;s de la editorial Aquilina, la novela propone un engranaje minucioso y perfectamente tramado donde se cruzan tiempos, lecturas, realidad, memoria, muerte y la belleza en su forma m&aacute;s extra&ntilde;a. Donde lo que insiste es una pregunta por el lenguaje. Ocurre a partir de la b&uacute;squeda que emprende Keiner, un hombre que hered&oacute;, luego del fallecimiento de una mujer a la que am&oacute;, una investigaci&oacute;n inconclusa alrededor de un grupo de escritores, ling&uuml;istas y psicoanalistas que colabor&oacute; con la dictadura militar de 1976 para darle forma a un sistema de escuchas de conversaciones telef&oacute;nicas que se activa a partir de determinadas palabras. <strong>Pero esa l&iacute;nea, repleta de fantasmas y donde resuena todo el tiempo la figura de Ricardo Piglia y </strong><em><strong>La ciudad ausente</strong></em><strong>, se completa con otros espectros.</strong> Son los del futuro, son los que vienen con la creaci&oacute;n de una hacker japonesa llamada Haruka que debe pasar a la clandestinidad en el a&ntilde;o 2036 luego de programar una realidad virtual que permite a las personas interactuar con sus seres queridos muertos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Materiales para una pesadilla&quot;, de Juan Mattio, salió por Caja Negra.                            </span>
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        <strong>&ndash;Desde los ling&uuml;istas que colaboran con la dictadura hasta la creadora de la realidad virtual, en el libro aparece siempre la pregunta por el lenguaje y sus agujeros. De hecho en la dedicatoria se lee &ldquo;A la memoria de Mirta, que enferm&oacute; de lenguaje&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; te interes&oacute; abordar este asunto en todas las capas que componen la novela?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hay varias puntas. Por un lado, desde chico conviv&iacute; con mi mam&aacute;, que era una persona con una enfermedad mental severa. Eso siempre me abri&oacute; una serie de preguntas sobre el lenguaje, algo que otro tipo de infancias no tiene que enfrentar. Pero a m&iacute; me pas&oacute;. De hecho en un momento en la novela creo que lo digo: para m&iacute; hay una fe de los ni&ntilde;os en las palabras que es total. <strong>Pero cuando uno se da cuenta de que el lenguaje puede expresar algo que no est&aacute; ah&iacute; y que alguien, un adulto que puede ser de tu familia en este caso, puede estar convencido de una realidad, describirla con el lenguaje y que esa realidad no est&eacute; ah&iacute;, genera un cortocircuito muy particular en relaci&oacute;n a la adquisici&oacute;n del propio lenguaje. </strong>Tambi&eacute;n a la concepci&oacute;n del lenguaje como medio social y de construcci&oacute;n de la vida cotidiana. M&aacute;s all&aacute; de que no se trata de una novela de la experiencia personal si mucho menos, fue un intento por ver qu&eacute; pasaba con eso. Por otro lado, hacia el a&ntilde;o 2014, alguien me cont&oacute; una an&eacute;cdota sobre una militante del Partido Comunista: cuando esta persona hablaba por alg&uacute;n tel&eacute;fono p&uacute;blico, evitaba ciertas palabras. Por ejemplo, no dec&iacute;a &ldquo;Cuba&rdquo;, dec&iacute;a &ldquo;la isla&rdquo;. Y esto pasaba porque ella supon&iacute;a que ciertas palabras activaban una m&aacute;quina para grabar conversaciones. Por supuesto la m&aacute;quina no exist&iacute;a, pero me puse a pensar c&oacute;mo funcionar&iacute;a, o sea, c&oacute;mo deber&iacute;a ser una m&aacute;quina que realmente cumpliera esa fantas&iacute;a. As&iacute; entr&eacute; en una espiral de investigaciones y a darme cuenta de que eso que hab&iacute;a imaginado no era cierto, pero tampoco estaba tan lejos de algunas realidades m&aacute;s de la contemporaneidad. Sobre todo de la sensaci&oacute;n de que el tel&eacute;fono me escucha, esto de hablar de zapatillas y que de repente las redes me ofrezcan zapatillas. <strong>As&iacute; empec&eacute; a ver ah&iacute; toda una serie de links que me permitieron algunas reflexiones iniciales sobre el lenguaje en relaci&oacute;n a la construcci&oacute;n de la realidad y esto se fue metiendo de manera org&aacute;nica en la trama de la novela</strong>.
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        <strong>&ndash;Es curioso porque, inclusive la zona m&aacute;s del futuro, si se quiere, el relato tiene un ancla en lo m&aacute;s anal&oacute;gico de todo: buena parte de los textos que se intercalan son desgrabaciones de cassettes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;. Hay algo curioso y es que la trama del a&ntilde;o 2030 y pico, eso que tiene que ver con esta programadora japonesa que se llama Haruka y el entorno de realidad virtual aparecen para salvarme la novela mucho tiempo despu&eacute;s de que me pusiera a escribir. <strong>Durante cuatro a&ntilde;os la novela hab&iacute;a sido una investigaci&oacute;n en el presente del pasado de la dictadura y nada m&aacute;s, con un escritor que entraba al servicio de inteligencia a colaborar en el Proyecto Hermes.</strong> Pero no pod&iacute;a terminarla, no me cerraba, hab&iacute;a algo que le faltaba. Hasta que apareci&oacute; Haruka, de una forma muy extra&ntilde;a. Yo estaba volviendo de una reuni&oacute;n de militancia con un amigo que es <em>gamer</em> y &eacute;l me dijo &ldquo;me gusta este juego nuevo que encontr&eacute; porque el trabajo con la f&iacute;sica est&aacute; bueno&rdquo;. Le digo &ldquo;&iquest;la f&iacute;sica?&rdquo;. Me dice: &ldquo;claro, &iquest;vos viste Mario Bros? Salta, o sea, no salta igual que saltar&iacute;a una persona, ah&iacute; hay una f&iacute;sica fant&aacute;stica digamos. Hay f&iacute;sicas m&aacute;s realistas con cuerpos se mueven parecido a los del mundo real&rdquo;. Y ah&iacute; empiezo a pensar en esto de un programador de la f&iacute;sica. Entonces llegu&eacute; a mi casa y escrib&iacute; las primeras notitas de Haruka, de alguien que programaba la f&iacute;sica de un entorno virtual. Y ah&iacute; se destrab&oacute; la novela. Y ah&iacute;, tambi&eacute;n, empez&oacute; a tener como una especie de contraste entre la tecnolog&iacute;a anal&oacute;gica de los a&ntilde;os 60 y 70 y la de Haruka, en el a&ntilde;o 2035 o 2036.&nbsp;
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                    alt="Mattio también es autor de la novela &quot;Tres veces luz&quot; y del libro de ensayos &quot;La sombra de un jinete desesperado&quot;."
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                Mattio también es autor de la novela &quot;Tres veces luz&quot; y del libro de ensayos &quot;La sombra de un jinete desesperado&quot;.                            </span>
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        <strong>&ndash;Decidiste, con estos recursos y estas idas y vueltas en el tiempo, retomar episodios de la dictadura argentina, contarla en clave cyberpunk. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Siempre estamos volviendo a pensar en esos a&ntilde;os y a relatarlos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Voy a tratar de ser cuidadoso con las palabras. Creo que es muy claro que la dictadura es una especie de gran trauma social al cual hemos intentado elaborar y posiblemente sigamos intentando elaborar por mucho tiempo. Pienso que lo hemos hecho con distintas estrategias y el paso de una estrategia a otra no significa el fracaso de la anterior, sino cierto agotamiento. Si vos revis&aacute;s los primeros a&ntilde;os del regreso de la democracia, lo que predomina es el testimonio: hab&iacute;a una necesidad de reconstruir la verdad de los hechos que hizo que no solamente el <em>Nunca m&aacute;s</em> sino que todo testimonio o libro de no ficci&oacute;n se convirtieran como en el centro de la discusi&oacute;n en relaci&oacute;n a la dictadura. Despu&eacute;s aparece un segundo momento donde la novela realista, la ficci&oacute;n realista, toma un poco ese lugar predominante y ya no hace falta que se narre exactamente la verdad de los hechos, pero s&iacute; todav&iacute;a que esos relatos respondan al funcionamiento de la realidad tal cual lo conocemos. Y hay un tercer momento, que podr&iacute;amos fechar en el cambio de siglo, donde el terror o la ciencia ficci&oacute;n empiezan a hacerse cargo de esa especie de elaboraci&oacute;n del trauma y empiezan a tomar la dictadura como un material que puede ser absorbido por una literatura de g&eacute;nero. Yo me imagino que si aparec&iacute;a un cuento de terror en 1983 que tomara la dictadura, hubiera sido muy dif&iacute;cil que circule o que no le dijeran al que lo escribi&oacute; &ldquo;te pasaste de rosca&rdquo;. Si uno lo piensa, con la Segunda Guerra mundial y el Holocausto pasa m&aacute;s o menos parecido. <strong>De Primo Levi a la aparici&oacute;n de (Kurt) Vonnegut con </strong><em><strong>Matadero cinco</strong></em><strong>, con una elaboraci&oacute;n delirante pero al mismo tiempo desde un sobreviviente de Dresde, pasa algo de tiempo</strong>. No tengo respuesta, pero es una buena pregunta la de por qu&eacute; es necesario hacer ese camino por el que las literaturas no mim&eacute;ticas llegan despu&eacute;s a la elaboraci&oacute;n o vienen a elaborar algo de una forma distinta. Simplemente aparecen estos otros tratamientos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que es muy claro que la dictadura es una especie de gran trauma social al cual hemos intentado elaborar y posiblemente sigamos intentando elaborar por mucho tiempo. Pienso que lo hemos hecho con distintas estrategias y el paso de una estrategia a otra no significa el fracaso de la anterior, sino cierto agotamiento. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Una historia pol&iacute;tica llena de fantasmas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, no est&aacute; muy lejos una cosa de otra. La idea de la casa embrujada, por ejemplo. Los centros clandestinos de detenci&oacute;n dejaron lugares muy acechados por fantasmas. Uno va al (Centro Cultural) Conti ahora mismo, se empieza a hacer de noche y te quer&eacute;s ir. Yo, al menos, no me quiero quedar y soy una persona racional que no cree en casi nada. Pero hay algo ah&iacute;. Despu&eacute;s tambi&eacute;n hay cicatrices: uno camina por esta ciudad y se encuentra con placas cada dos o tres cuadras. <strong>Toda esa espectralizaci&oacute;n de la ciudad y los espacios encuentran en el terror un lugar para la narraci&oacute;n. Es un material que nos va a seguir dando para pensar y escribir.</strong> Incluso, probablemente, quiz&aacute; nos fuercen a volver a estrategias anteriores o nuevas. Sobre todo si, como estamos viendo, el negacionismo se convierte en el discurso de Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong>En todos los tiempos de la novela, la tecnolog&iacute;a pareciera venir a dar alg&uacute;n tipo de soluci&oacute;n, pero tambi&eacute;n est&aacute; vinculada con el peligro, el mal, el delito. &iquest;C&oacute;mo pens&aacute;s vos la tecnolog&iacute;a?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hay una an&eacute;cdota que cuenta William Gibson en un documental que se llama <em>No hay mapas para estos territorios</em>. El documental es &eacute;l en el asiento trasero de un auto hablando durante horas, es b&aacute;rbaro. &Eacute;l dice que ley&oacute; la cr&oacute;nica de un reverendo en alg&uacute;n momento del siglo XIX, que va a una fiesta y escucha por primera vez un gram&oacute;fono. Entonces vuelve y escribe un texto en contra de Dios porque piensa en c&oacute;mo Dios puede haber permitido que se grabaran y quedaran grabadas voces de personas que van a morir. Lo que dice Gibson es que tal vez esta persona estaba en el pico de ese cambio, de esa transformaci&oacute;n, y que posiblemente la segunda vez que escuch&oacute; algo as&iacute; ya estuviera m&aacute;s tranquilo. Y, despu&eacute;s de la tercera, finalmente pudo empezar a convivir con eso. Cuando yo era chico ya era completamente de uso habitual convivir con las voces de los muertos, no nos hac&iacute;amos ninguna pregunta sobre eso. O convivir con sus im&aacute;genes de fotograf&iacute;as o videos. Entonces todo eso no nos impact&oacute;. <strong>Ahora, la primera vez que en Facebook vi revivir el perfil de alguien que se hab&iacute;a muerto hac&iacute;a poco porque alguien se hab&iacute;a metido a decirle &ldquo;te extra&ntilde;o&rdquo; me pareci&oacute; raro y s&iacute; me inquiet&oacute;. </strong>Por ah&iacute; en ese momento est&aacute;bamos en el pico de algo y ahora ya es m&aacute;s frecuente tambi&eacute;n. Me parece que hay algo de las identidades virtuales que vamos construyendo y c&oacute;mo eso va a reverberar y va a ser una especie de eco nuestro una vez que no estemos vivos enrarece nuestro presente de alguna manera.&nbsp; Por otro lado, creo que hay algo de la realidad que va corriendo m&aacute;s r&aacute;pido que nuestra imaginaci&oacute;n. O de la m&iacute;a, por lo menos. Hacia el final de la escritura de la novela alguien me mand&oacute; la noticia de una mujer coreana que se hab&iacute;a hecho construir por unos ingenieros un entorno virtual donde se iba a reencontrar con su hija que hab&iacute;a muerto. Se lo mand&eacute; a Ricardo Romero, el editor, dici&eacute;ndole &ldquo;che, aparece esto despu&eacute;s de cinco a&ntilde;os de escribir la novela&rdquo;. &Eacute;l me dijo: &ldquo;No leas nada de eso y segu&iacute; porque no estamos escribiendo sobre la realidad&rdquo;. <strong>Pero es cierto que hay posibilidades tecnol&oacute;gicas que vinieron a cambiar nuestra relaci&oacute;n con la muerte. Y van a seguir apareciendo m&aacute;s y m&aacute;s inquietantes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Se queda corta la ciencia ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pasa que la ciencia ficci&oacute;n de anticipaci&oacute;n, digamos, es un tipo de ciencia ficci&oacute;n bastante concentrada en los artefactos. Viste que cada tanto aparecen art&iacute;culos en diarios tipo &ldquo;los cinco inventos que <strong>Julio Verne</strong> anticip&oacute;&rdquo; o algo as&iacute;. Hay un autor, <strong>Arthur Clarke</strong>, que dice que el problema de la ciencia ficci&oacute;n no es imaginar el autom&oacute;vil sino imaginar el embotellamiento. O sea, el problema que va a traer determinado invento. Entonces, s&iacute; est&aacute; bueno estar atento a qu&eacute; est&aacute; pasando en t&eacute;rminos tecnol&oacute;gicos y para d&oacute;nde est&aacute;n yendo las cosas porque posiblemente desde el siglo XIX no hubo un momento de tanto prodigio tecnol&oacute;gico y rarezas de todo tipo.<strong> Pero en el fondo a m&iacute; me sigue interesando m&aacute;s el embotellamiento que el autom&oacute;vil. O sea, prefiero pensar cu&aacute;les son los aspectos sociales de esas tecnolog&iacute;as, los aspectos incluso personales y emocionales del asunto</strong>.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Juan Mattio vive en Buenos Aires, donde escribe y dicta talleres de lectura y escritura.                            </span>
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        <strong>&ndash;La m&aacute;quina m&aacute;s all&aacute; de la m&aacute;quina.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hay una autora que me gusta mucho que se llama <strong>Helen Hester</strong> que dice que la tecnolog&iacute;a no es ni buena ni mala, es pol&iacute;tica. Ah&iacute; hay una premisa, un buen lugar por donde empezar, la idea de que en la relaci&oacute;n social del capital la tecnolog&iacute;a tiende a favorecer la propia reproducci&oacute;n del capital. Eso puede tener muchas formas. Puede ser ella misma una mercanc&iacute;a. Puede ser parte del proceso de producci&oacute;n. Puede ser parte de la red de vigilancia que necesita un Estado para sostenerse en el poder. O sea, hay muchas formas del mal que puede ocupar la m&aacute;quina. <strong>Al mismo tiempo, se trata siempre objetos muy libidinizados. Quiero decir: la gente quiere tener el tel&eacute;fono, quiere el iPhone. Hay algo de la m&aacute;quina que por alguna raz&oacute;n extra&ntilde;a est&aacute; muy libidinizada y nos atrae</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el recorrido que hizo el libro desde que sali&oacute;, gan&oacute; el premio Medif&eacute;-Filba y ahora se reedita, se habl&oacute; de una novela cyberpunk. &iquest;La catalogar&iacute;as as&iacute;? &iquest;Podr&iacute;as contar de qu&eacute; se trata ese g&eacute;nero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, a m&iacute; me interesa ese g&eacute;nero, posiblemente por sus connotaciones nada prestigiosas en el campo literario. La novela que de alguna manera inicia el g&eacute;nero es <em>Neuromante</em> de (William) Gibson en 1983. A eso yo le sumar&iacute;a el imaginario visual de la pel&iacute;cula <em>Blade Runner</em> que es del &lsquo;82. Y tambi&eacute;n sumar&iacute;a textos como el Manifiesto cyborg de (Donna) Haraway que es del 84 u 85. Lo que veo pensando en este terreno y en Gibson, que es un autor al que quiero mucho, es que el futuro ac&aacute; no est&aacute; en el nivel de la representaci&oacute;n sino en el nivel del lenguaje. La primera l&iacute;nea de <em>Neuromante</em> es algo as&iacute; como &ldquo;el cielo sobre el ensanche ten&iacute;a el color de un televisor sintonizado en un canal muerto&rdquo;. Esa comparaci&oacute;n de la naturaleza con la televisi&oacute;n es extraordinaria. Despu&eacute;s de esa l&iacute;nea no me interesa si vas a describir un objeto que no existe, si vas a contarme un viaje en el tiempo o qu&eacute; va a pasar. Lo que me interesa es que el lenguaje, ese barroco de Gibson, hace que el futuro est&eacute; en el lenguaje.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay una autora que me gusta mucho que se llama Helen Hester que dice que la tecnología no es ni buena ni mala, es política. Ahí hay una premisa, un buen lugar por donde empezar, la idea de que en la relación social del capital la tecnología tiende a favorecer la propia reproducción del capital. Eso puede tener muchas formas. Puede ser ella misma una mercancía</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Ves una escena nueva de la llamada ficci&oacute;n extra&ntilde;a, new weird, literatura cyberpunk en Latinoam&eacute;rica? &iquest;Se est&aacute; publicando m&aacute;s de estos g&eacute;neros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Creo que hay que hacer una salvedad. Para m&iacute; la diferencia entre una categor&iacute;a cr&iacute;tica y una etiqueta de mercado es la supervivencia en el tiempo. Y creo que no pas&oacute; el tiempo suficiente como para saber si nueva ficci&oacute;n extra&ntilde;a latinoamericana va a significar algo realmente o va a ser simplemente una manera de organizar las bateas de las grandes cadenas. Pero si existiera esto como campo, entonces, creo que aparecen dos l&iacute;neas. Una l&iacute;nea tiene m&aacute;s que ver con lo que podemos llamar <em>neog&oacute;tico</em>, que es una especie de regreso a la literatura de terror con elementos de la tradici&oacute;n latinoamericana. <strong>Una tradici&oacute;n profunda, que tiene que ver o con pueblos originarios o con elementos entre precoloniales y coloniales. Una vuelta al siglo XIX, en algunos casos.</strong> Pienso ah&iacute; en <em>Las esferas invisibles</em>, de <strong>Diego Muzzio</strong>. Pienso en <em>Las voladoras</em> de <strong>M&oacute;nica Ojeda</strong>. Pienso en algunas cosas que hace <strong>Mariana Enriquez</strong>. Pienso en <strong>Fernanda Melchor</strong> de M&eacute;xico. Un tipo de literatura que est&aacute; trabajando, me parece, con la doble v&iacute;a de la tradici&oacute;n latinoamericana y lo contempor&aacute;neo. Yo, por ejemplo, me cri&eacute; viendo I-Sat, viendo cine clase B y escuchando m&uacute;sica rock. Todo ese tipo de artefactos m&aacute;s pop son la interferencia, la gran interferencia de este g&oacute;tico nuevo que est&aacute; circulando en Latinoam&eacute;rica ahora. Esa es una zona con m&aacute;s visibilidad, tal vez, y que es parte de lo que podr&iacute;amos llamar nueva ficci&oacute;n extra&ntilde;a. Despu&eacute;s hay una vertiente m&aacute;s <em>weird</em> en el sentido <em>lovecraftiano</em>, donde s&iacute; incluir&iacute;a algunas experiencias del cyberpunk. Pienso en textos m&aacute;s duros como <em>Miles de ojos</em>, de <strong>Maxi Barrientos</strong>. La rareza incre&iacute;ble de lo que hace (Luis Carlos) Barrag&aacute;n o <em>Verde</em> de (Ramiro) Sanchiz. Tal vez puesto as&iacute; suena todo demasiado esquem&aacute;tico. Pero, en l&iacute;neas generales, el g&oacute;tico suele ser una preocupaci&oacute;n por el pasado, por c&oacute;mo regresa el pasado en las m&uacute;ltiples formas de lo no muerto. El fantasma, el vampiro, el zombi. Todas figuras de lo no muerto que vuelve, que insiste. <strong>Hay muchos traumas en Latinoam&eacute;rica que hacen que ese retorno de lo no muerto sea interesante de narrar. </strong>Del otro lado, el <em>weird</em> est&aacute; m&aacute;s preocupado por el futuro, por la incertidumbre sobre el futuro, por la cat&aacute;strofe, por la crisis, por lo extra&ntilde;o de lo que podr&iacute;a venir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Est&aacute;s terminando una nueva novela, te dedic&aacute;s a dar talleres. &iquest;C&oacute;mo atraves&aacute;s esta Argentina en muchos aspectos dif&iacute;cil de 2025?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, doy talleres de forma particular y por suerte este es el tercer a&ntilde;o que voy a dar taller en la Biblioteca Nacional. Va a ser uno de ocho encuentros sobre ciencia ficci&oacute;n argentina que me tiene entusiasmado. Es cierto que hay algo de la literatura que genera mucha comunidad. El a&ntilde;o pasado di un taller de seis meses donde le&iacute;mos el <em>Ulises</em> de Joyce con encuentros quincenales y se arm&oacute; una comunidad muy hermosa alrededor del texto. Este a&ntilde;o estamos leyendo <em>El ruido y la furia</em>, de Faulkner.<strong> Creo que adem&aacute;s de ser una salida laboral en tiempos complicados, estos espacios ayudan a amucharse en un momento de dificultad. No quiero caer en la idea de refugio porque siempre me pareci&oacute; mal&iacute;sima. Me refiero a amucharse para pensar. </strong>Se puede pensar en la realidad sin pensarla de forma inmediata y literal. C&oacute;mo se sale de este l&iacute;o no es una respuesta que vayamos a encontrar necesariamente leyendo el diario. Qu&eacute; s&eacute; yo, capaz la encontramos leyendo a Joyce. En cualquier caso, este tipo de comunidades funcionan m&aacute;s que nada como otra forma de producir reflexi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/juan-mattio-hay-posibilidades-tecnologicas-vinieron-cambiar-relacion-muerte_1_12056291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Feb 2025 03:05:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juan Mattio: “Hay posibilidades tecnológicas que vinieron a cambiar nuestra relación con la muerte”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Mattio,Libros,Literatura argentina,Ciencia Ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bestia invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee7ec722-e25a-4616-8057-9779d71fb531_16-9-discover-aspect-ratio_default_1109035.jpg" width="592" height="333" alt="La bestia invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un mundo que busca prescindir de la inteligencia que no sirve para vender algo, el arte y el pensamiento enfocados sólo en denunciar la tragedia, y no en proponer nuevos relatos, nos aplanan y limitan. </p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil escribir sobre ciencia ficci&oacute;n (sobre todo, sobre pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n) sin hacer parecer los textos m&aacute;s aburridos de lo que son. Cualquier descripci&oacute;n de una obra de arte (y cuando una es columnista tiene que ir perfeccion&aacute;ndola en el arte de hacerlas, resumir una trama de manera tal que el lector que no ley&oacute; el libro pueda disfrutar de la columna) corre el riesgo de referirse solo a los temas, de hacer ver a la obra mucho m&aacute;s bajal&iacute;nea de lo que es: pero es peor con la ciencia ficci&oacute;n, porque encima, en el centro de las pel&iacute;culas sci-fi suelen estar las ansiedades m&aacute;s extendidas del presente. 
    </p><p class="article-text">
        Es por eso, tambi&eacute;n, que la poca ciencia ficci&oacute;n que miro tiende a ser de otras &eacute;pocas. Las obsesiones de <em>Solaris</em> me abren un poco el horizonte; las de <em>Black Mirror</em>, en cambio, siempre hablan de lo mismo de lo que est&aacute;n hablando todos en Twitter. Todo esto para decir que<em> La bestia </em>(2023), una producci&oacute;n francocanadiense de <strong>Bertrand Bonello</strong> con protag&oacute;nico de <strong>L&eacute;a Seydoux</strong> que acaba de llegar a MUBI, es una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n que habla de lo mismo de lo que est&aacute; hablando todo el mundo en Twitter, pero lo hace con tantos recursos y sutilezas que da la sensaci&oacute;n de aportar algo que no pueden dar las noticias.
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        El &ldquo;tema&rdquo;, para salir de eso r&aacute;pido, es la inteligencia artificial y lo que su expansi&oacute;n puede implicar para las interacciones humanas. Hay tres tiempos en la pel&iacute;cula: el presente est&aacute; situado en 2044, y Gabrielle (L&eacute;a Seydoux) tiene problemas para buscar trabajo. En este futuro cercano que ella habita, la seguridad del mundo est&aacute; garantizada por haber eliminado las chances de que personas pose&iacute;das por el miedo o la ira tomen decisiones importantes. Por eso, para tener un puesto relevante en cualquier organizaci&oacute;n, hay que atravesar un proceso de &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; que no te borra la memoria, pero s&iacute; la memoria emotiva. 
    </p><p class="article-text">
        El procedimiento hace al sujeto pasar revista de sus vidas pasadas hasta que ya no tenga relaci&oacute;n con ellas. No s&eacute; si es intencional la parodia, pero me divirti&oacute; el hecho de que escuchado a muchos terapeutas modernos post psicoanal&iacute;ticos hablar en t&eacute;rminos muy similares: la idea de la &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; parece ser que una pueda luego pasar por los momentos m&aacute;s dolorosos de su vida sin sentir nada. Esa ser&iacute;a la prueba definitiva de que tus emociones ya no te dominan, como si te hubieras convertido una cruza de cyborg con maestro zen.
    </p><p class="article-text">
        Gabrielle no quiere purificarse y quedarse sin sus emociones, y por eso est&aacute; condenada a hacer los trabajos m&aacute;s tediosos que existen; pero est&aacute; cansada, y finalmente decide probar. En el proceso se cruza con otro joven, Louis (<strong>George MacKay</strong>), que tambi&eacute;n tiene dudas. Iremos entendiendo que Gabrielle y Louis se encontraron al menos en otras dos vidas: en el siglo XIX, cuando ella era una pianista casada con un fabricante de mu&ntilde;ecas y &eacute;l un muchacho misterioso que la cortejaba, y en el a&ntilde;o 2014, cuando ella era una actriz desempleada cuidando una casa enorme en Los &Aacute;ngeles y &eacute;l un youtuber <em>incel</em> con hambre de venganza contra las rubias losangelinas. 
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, o no, creo que le da a <em>La bestia</em> una frescura a la que ninguna franquicia podr&iacute;a aspirar es su relaci&oacute;n con &ldquo;La bestia en la jungla&rdquo; de <strong>Henry James</strong>. El cuento est&aacute; protagonizado por una pareja, tambi&eacute;n, pero aqu&iacute; el protagonista es el hombre: John Marcher es una suerte de c&eacute;libe paranoico, que piensa que no debe casarse porque est&aacute; convencido de que un mal desconocido lo acecha como una bestia en la jungla; no puede enamorarse, entonces, porque condenar&iacute;a a su esposa a sufrir esa tragedia que &eacute;l no sabe cu&aacute;l es, pero eventualmente llegar&aacute;. Acerc&aacute;ndose al final de su vida (supongo que se puede spoilear un relato de m&aacute;s de cien a&ntilde;os) entiende que ese mal que tanto tem&iacute;a termin&oacute; siendo autoinflingido: lo m&aacute;s grave que le pas&oacute; fue haberse quedado, por miedo, paralizado y sin amor. 
    </p><p class="article-text">
        Es una excelente par&aacute;bola para nuestra &eacute;poca, en la que tantos problemas sociales (fundamentalmente uno muy comentado: la dificultad de millennials y centennials para hacerse adultos) se relacionan no solo con factores econ&oacute;micos, sino tambi&eacute;n con un miedo cr&oacute;nico a lo terrible que podr&iacute;a ser tomar una decisi&oacute;n sobre algo y luego tener que hacerse cargo de eso; miedo basado, en una glorificaci&oacute;n de la seguridad que nos ense&ntilde;aron desde chicos y que nos volvi&oacute; pr&aacute;cticamente incapaces de tomar riesgos, combinado con el FOMO como modo de vida. Entre el miedo a tener que hacerse cargo de una decisi&oacute;n y el terror a perderse de todas las otras cosas que uno no ha elegido, todos estamos un poco como John Marcher, cuid&aacute;ndonos de una bestia invisible sin darnos cuenta de que efectivamente existe, y es el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Es una buena par&aacute;bola, tambi&eacute;n, para el g&eacute;nero que elige la pel&iacute;cula, la ciencia ficci&oacute;n, que &uacute;ltimamente est&aacute; m&aacute;s que nunca basado en la fijaci&oacute;n de que la humanidad est&aacute; autodestruy&eacute;ndose. Me interes&oacute; mucho m&aacute;s esta veta antiparanoica de la pel&iacute;cula que su relato paranoico sobre un mundo que se extirpa las emociones, aunque en el fondo creo que hay algo bello, interesante e inteligente en la insistencia de esta pel&iacute;cula tan fragmentada de entretejer ambas narrativas. Porque las dos cosas parecen ser ciertas, y en su convivencia se cifra nuestra desgracia: es verdad que una parte del desarrollo del mundo se est&aacute; orientando a prescindir de las formas de la inteligencia humana que no sirven para vender nada, y es igualmente claro que dedicar todos los esfuerzos del arte y el pensamiento a reflexionar sobre esa tragedia en lugar de intentar construir otros relatos nos est&aacute; aplanando y atrofiando, como una bestia invisible que da pisadas gigantes.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jan 2025 03:07:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La bestia invisible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia Ficción,millennials,centennials]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos tratan de estar menos solos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/tratan-solos_129_8936115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a316e861-06bd-411e-9704-ba103fe5d7d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos tratan de estar menos solos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una novela familiar ubicada en un futuro distópico es el eje del nuevo libro de Pablo Plotkin, quien en esta columna reflexiona sobre escribir en el escenario de la pandemia, la inteligencia artificial y los vínculos familiares.</p></div><p class="article-text">
        La historia es m&aacute;s o menos esta: a&ntilde;os despu&eacute;s de un colapso in&eacute;dito, el planeta qued&oacute; dividido en unas pocas &ldquo;hegemon&iacute;as regionales&rdquo;. En casi todas partes, el uso de la<strong> inteligencia artificial </strong>est&aacute; fuertemente limitado. Pero en Buenos Aires, capital administrativa de Brasil del Sur, la autoproclamada Refundaci&oacute;n gobierna bajo los preceptos del ProTeLiTA (Programa Tecnol&oacute;gico Libertario para el Territorio Austral, perge&ntilde;ado por las autoridades de Brasil Central), el &uacute;ltimo basti&oacute;n de lo que se conoce como el libre albedr&iacute;o de las m&aacute;quinas. El &ldquo;mercado de la ausencia&rdquo; se abastece de productos como Homogram, un desarrollo que permite invocar versiones materiales de los muertos basadas en sus archivos de experiencia. Hay tambi&eacute;n un zool&oacute;gico de aut&oacute;matas, Parque Lamarck, donde se tensan los l&iacute;mites &eacute;ticos de la vida artificial y donde una familia de neandertales pasa sus horas confinada en un recinto de exhibici&oacute;n. Hay un emprendedor que quiere instalar un programa de reactivaci&oacute;n demogr&aacute;fica sin amor ni dolor, a trav&eacute;s de una &ldquo;red nodal de matches&rdquo; que definir&aacute; las mejores oportunidades reproductivas. A todo esto, los protagonistas de la historia buscan mantenerse a flote, no caer del lado de la &ldquo;clase inutilizada&rdquo; que languidece en los monoblocks. Y todos tratan de estar menos solos.&nbsp;
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                Pablo Plotkin autor de Brasil del Sur                            </span>
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        Escribo esto mientras escucho &ldquo;G3 N15&rdquo;, una hermosa balada del &uacute;ltimo disco de <strong>Rosal&iacute;a</strong>. Al final del track se escucha a una se&ntilde;ora grande que habla en catal&aacute;n, la abuela de la cantante. Ante la pregunta de su nieta, dice que primero est&aacute; Dios y despu&eacute;s la familia, siempre la familia, y me doy cuenta de que mis dos novelas &ndash;<em>Un futuro radiante</em>, de 2016, y ahora <em>Brasil del Sur</em>&ndash; son relatos familiares ambientados en contextos dist&oacute;picos (aunque, como dice uno de los personajes del libro citando a un gur&uacute; de Silicon Valley, &ldquo;utop&iacute;a y distop&iacute;a son categor&iacute;as intercambiables en funci&oacute;n de los valores de cada uno&rdquo;). Esa gran ruleta universal es la que determina tu dieta, tu formaci&oacute;n, tu acceso a bienes y servicios, tu red de v&iacute;nculos. No es discurso anti-meritocr&aacute;tico, hablo de lo que se hereda en el sentido total del t&eacute;rmino. Qu&eacute; hac&eacute;s con eso que te toc&oacute; en suerte en los a&ntilde;os que vas a habitar la Tierra. Qu&eacute; tan lejos de ese n&uacute;cleo original vas a llegar. Qu&eacute; mandatos vas a honrar, con cu&aacute;les vas a romper.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute; el primer tercio de <em>Brasil del Sur</em> en el oto&ntilde;o de 2018 y retom&eacute; el borrador en el verano de 2019. El confinamiento me ayud&oacute; a avanzar r&aacute;pido con la &uacute;ltima mitad. Por esos d&iacute;as, varios lectores recordaron im&aacute;genes de <em>Un futuro radiante</em>, que describ&iacute;a una Buenos Aires vac&iacute;a, y me dec&iacute;an que la ciudad en pandemia los hab&iacute;a llevado a la novela. En realidad, uno pod&iacute;a ver rastros de Ballard, McCarthy, Dick, Atwood, Oesterheld, Ishiguro y de un mont&oacute;n m&aacute;s en cualquier calle desierta, en los puentes en pausa, en los sem&aacute;foros titilando para nadie, en los animales que tomaban las urbanizaciones mientras buena parte de la humanidad viv&iacute;a en internet. Pero ninguno de esos autores escribi&oacute; ficci&oacute;n especulativa, ninguno intent&oacute; desentra&ntilde;ar &ldquo;c&oacute;mo va a ser el futuro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La mejor ciencia ficci&oacute;n habla del tiempo al que pertenece, solo que mirado a trav&eacute;s de un prisma apenas deformante, algo que se corre ligeramente de foco y provoca un efecto en cadena en los sentidos</strong>: el mundo que tenemos delante es el mundo que conocemos observado de nuevo, entonces cada elemento adquiere otro tono, otra textura, inclusive otra funci&oacute;n. Y los que dan vida y significado a esa realidad alternativa y evanescente son los seres que la habitan, los personajes de las historias, que lidian como pueden con las condiciones que les fueron dadas. Igual que casi todos nosotros desde el momento en que llegamos a este mundo. &nbsp; &nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>PP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Plotkin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/tratan-solos_129_8936115.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2022 04:56:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todos tratan de estar menos solos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Novelas,Ciencia Ficción]]></media:keywords>
    </item>
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