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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Delgadez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/delgadez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Delgadez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Gorda o flaca?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorda-flaca_129_8956285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b581fa9d-fbb2-4c91-b29c-7dd686323dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Gorda o flaca?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La estigmatización actual de los cuerpos es de largo arrastre por cierto y da cuenta de cómo se intensificaron las normas de exigencia y precisión corporal.</p></div><p class="article-text">
        La valoraci&oacute;n positiva de determinado <strong>peso corpora</strong>l no se mantuvo id&eacute;ntica a s&iacute; misma a lo largo del tiempo. Siempre fue hist&oacute;rica y geogr&aacute;fica, tanto la afirmaci&oacute;n de determinada figura f&iacute;sica, bandera o estandarte social, como su quiebre y la construcci&oacute;n de una imagen corporal dominante que sustituy&oacute; a la anterior. Por otra parte, no todas las culturas creen que los cuerpos deben parecerse ni apuestan a neutralizar la diversidad. Mas bien esa es una apuesta de la colonialidad, es decir de la ideolog&iacute;a de los que pretendieron (y a&uacute;n lo hacen) imponer su cosmovisi&oacute;n al resto del mundo global.
    </p><p class="article-text">
        Les propongo un viaje en el t&uacute;nel del tiempo para iluminar esta idea.
    </p><p class="article-text">
        En el Occidente de 1300, en plena Edad Media, primaba la restricci&oacute;n de alimentos y el hambre era una consecuencia inevitable en ciclos que se repet&iacute;an cada cinco a&ntilde;os. &iquest;Las causas? El empobrecimiento de las tierras, la falta de reservas, la lentitud de los medios de transporte. Esa fragilidad ante la intemperie (las pestes arreciaban y las vacunas no se hab&iacute;an creado) afectaba a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapartida a esa endeble realidad material, el ideal social no era la flacura sino un para&iacute;so terrenal plenos de especias, carnes, pan, r&iacute;os de vino y cerveza, monta&ntilde;as de n&eacute;ctares fabulosos para gustar y degustar, un imaginario que se dio a conocer como los pa&iacute;ses de Jauja en la literatura y en las artes visuales.
    </p><p class="article-text">
        Al extenderse las enfermedades y los riesgos de mortandad muy temprana por las malas cosechas y la consecuente carest&iacute;a, comerse el mundo era el espejismo requerido para construir la ilusi&oacute;n de panzas llenas y satisfechas. La gordura ten&iacute;a prestigio porque implicaba una buena salud. Como dec&iacute;an nuestras abuelas y bisabuelas: qu&eacute; gordito ese beb&eacute;, se lo ve muy sanito. Aunque esto que cuento arranc&oacute; bastantes siglos m&aacute;s atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las hero&iacute;nas y doncellas de los relatos de la XII centuria eran &ldquo;gordas, blancas y tiernas&rdquo; o &ldquo;lo suficientemente gordas&rdquo;. Los campesinos aplaud&iacute;an la belleza de Santo Tomas de Aquino, el &ldquo;buey de Sicilia&rdquo;, y lo visitaban m&aacute;s que por &ldquo;su santidad&rdquo; para admirar su figura &ldquo;imponente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo cont&oacute; muy bien en su <em>Historia de la obesidad. Metamorfosis de la gordura</em>, el investigador George Vigarello, autor adem&aacute;s de los vol&uacute;menes Corregir el cuerpo. Historia de un poder pedag&oacute;gico y La historia de la belleza. El investigador franc&eacute;s se ocup&oacute; de las representaciones f&iacute;sicas a trav&eacute;s de la historia, los cuerpos singularizados por su doble condici&oacute;n de soporte de lo individual y portador de experiencias comunitarias.
    </p><p class="article-text">
        Las formas gigantescas de los humanes de los que hablaban en sus cr&oacute;nicas los viajeros medievales ten&iacute;an como fuente un engullir siempre renovado. Se mezclaban la densidad muscular con la densidad grasa. Cuerpo inmenso y apetito desenfrenado se un&iacute;an en el mito de las personas vigorosas. El prestigio de animales como el le&oacute;n y el oso equival&iacute;a a la ponderaci&oacute;n de lo gordo. En la leyenda de Arturo son emblema de grandeza, habilidad y fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en aquella &eacute;poca era muy raro el maltrato contra el gordo y si exist&iacute;a estaba m&aacute;s referida a la locura del tragar, al modo, que al perfil f&iacute;sico, el resultado. A la fiebre del comportamiento sin l&iacute;mites m&aacute;s que a la pesadez.
    </p><p class="article-text">
        Belleza para todos los sexos, fuerza en el combate para los guerreros. La cantidad de comida ingerida (cinco pat&eacute;s, cinco pollos cebados, por ejemplo) constitu&iacute;a un signo de ascendencia al poder. El quiebre o ruptura con la imagen positiva de la gordura fue una adquisici&oacute;n hist&oacute;rica de la Europa moderna. Durante la Edad Media las anatom&iacute;as robustas se apreciaban como representaciones de poder. Tambi&eacute;n se valoraban los pa&iacute;ses de Jauja, los que comen sin l&iacute;mite, los que tienen fuerza. La acumulaci&oacute;n f&iacute;sica equival&iacute;a con absoluta convicci&oacute;n a tener protecci&oacute;n sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Modelos y formas que dan prestigio no son est&aacute;ticos, van cambiando con el tiempo y estas modificaciones se plasman individual y socialmente. El desarrollo de las sociedades occidentales promovi&oacute; el aumento de la delgadez del cuerpo, acentu&oacute; la vigilancia, el rechazo y la alarma ante la obesidad mucho despu&eacute;s. La silueta afinada cobr&oacute; valor en comparaci&oacute;n con el descr&eacute;dito de la amplitud del volumen. La belleza se acerc&oacute; a lo estilizado y glotoner&iacute;a y deseo de comer empezaron a recibir cr&iacute;ticas en la modernidad, cuando se empez&oacute; a considerar el cuerpo humano como prolongaci&oacute;n de las m&aacute;quinas de producir y facturar. Fue entonces, con la f&aacute;brica y la industrializaci&oacute;n cuando torpeza e ineficacia se consideraron equivalentes a la insuficiencia en el hacer. Para la sociedad de incesante reproducci&oacute;n y resultadismo, el exceso obeso se convirti&oacute; en una amenaza a la din&aacute;mica de la l&iacute;nea de producci&oacute;n. Se acentu&oacute; el individualismo, la autonom&iacute;a del yo y los gordos se convirtieron en la imagen del fracaso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Modelos y formas que dan prestigio no son estáticos, van cambiando con el tiempo y estas modificaciones se plasman individual y socialmente. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n actual por lo delgado como sin&oacute;nimo de sano no sucedi&oacute; siempre. Hubo desde gordos majestuosos hasta glotones despreciados en occidente. En los or&iacute;genes era signo de opulencia, poder y prestigio, luego estar entrado en carnes fue percibido como relajamiento f&iacute;sico y moral. Hoy la sociedad condena lo que se presenta como un fracaso de la voluntad. Formas y pesos se revelan como referencias de la civilizaci&oacute;n y sus tensiones. La dictadura de la apariencia llega de la mano de la autopsia de los cuerpos adiposos, del inventario de t&eacute;cnicas para bajar de peso, de la aparici&oacute;n progresiva de reg&iacute;menes, balanzas y otras formas de medida.
    </p><p class="article-text">
        La estigmatizaci&oacute;n actual, de largo arrastre por cierto, da cuenta de c&oacute;mo se intensificaron las normas de exigencia y precisi&oacute;n corporal. La censura del desborde se hizo m&aacute;s severa, sobre todo contra los cuerpos femeninos. La historia no es fija. Lo que se requiere es mesura, contenci&oacute;n, una cosmogon&iacute;a equilibrada. Ah, la libertad, &iquest;qu&eacute; es eso de que cada uno pueda hacer lo que quiere? Es peligroso para el orden del capital.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ense&ntilde;a la historia es, entonces, que los cambios continuar&aacute;n. Sean bienvenidos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorda-flaca_129_8956285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Apr 2022 03:42:15 +0000]]></pubDate>
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