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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Delgadez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/delgadez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Delgadez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ozempic-influencers-detox-nuevas-caras-vieja-obsesion_1_13243451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0406ff12-3c13-424e-ab2f-2255cbc851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre influencers, inteligencia artificial, estrellas de Hollywood y drogas para adelgazar, cada vez más mujeres viven atrapadas en la exigencia de ser flacas. Especialistas advierten cómo las redes sociales, el mercado y los mandatos sobre la feminidad profundizan una relación cada vez más violenta con el cuerpo.</p></div><p class="article-text">
        La delgadez siempre fue presentada como una aspiraci&oacute;n social, aunque detr&aacute;s de ese ideal se esconde <strong>un problema que atraviesa generaciones</strong>. Ahora, adem&aacute;s, a esa presi&oacute;n se le suman algoritmos, inteligencia artificial, influencers que dicen qu&eacute; hacer, una industria farmac&eacute;utica que vende inyecciones &ldquo;m&aacute;gicas&rdquo; y una sociedad cada vez m&aacute;s perdida entre lo virtual y lo real. 
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, <strong>la extrema delgadez de figuras como Demi Moore o Nathy Peluso volvi&oacute; a instalar debates sobre los cuerpos, los modelos de belleza y las nuevas formas de presi&oacute;n est&eacute;tica</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Antes se llamaba dieta. Ahora se llama detox. O wellness. O h&aacute;bitos saludables. Ya no se habla solamente de bajar de peso, sino de &ldquo;desinflamar&rdquo;, &ldquo;limpiar el cuerpo&rdquo;, &ldquo;verse mejor&rdquo;, &ldquo;sentirse bien&rdquo;. La l&oacute;gica es m&aacute;s sofisticada, pero el mensaje sigue siendo el mismo: hay que achicarse.
    </p><p class="article-text">
        Los detox est&aacute;n de moda hace rato. Se venden jugos verdes, ayunos intermitentes, desayunos proteicos y rutinas imposibles bajo la promesa de bienestar y &eacute;xito personal. La disciplina aparece como virtud m&aacute;xima: si no vas al gimnasio, si no com&eacute;s org&aacute;nico, si no control&aacute;s tu cuerpo, pareciera que tambi&eacute;n fracas&aacute;s en todo lo dem&aacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Con la excusa del wellness, se sigue vendiendo la misma obsesión por estar flaca"
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                Con la excusa del wellness, se sigue vendiendo la misma obsesión por estar flaca                            </span>
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        Pero hacer dieta tambi&eacute;n es un privilegio de clase. Las comidas org&aacute;nicas que muestran las celebridades de Hollywood son, en Argentina, inaccesibles para gran parte de la poblaci&oacute;n. Aun as&iacute;, <strong>el ideal circula igual. Y muchas intentan alcanzarlo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una pregunta abierta en Instagram bast&oacute; para que aparecieran cientos de respuestas. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se sienten con su cuerpo hoy?&rdquo;, dec&iacute;a la consigna. <strong>Mujeres de entre 20 y 75 a&ntilde;os hablaron de frustraci&oacute;n, cansancio, obsesi&oacute;n, tristeza e impotencia</strong>. Todas atravesadas por lo mismo, sin importar la edad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy a dieta desde muy chica. Despu&eacute;s nunca par&eacute;&rdquo;, cont&oacute; una de ellas. Otra relat&oacute;: &ldquo;Fui hace poco a una cl&iacute;nica m&eacute;dica. Le cont&eacute; que ven&iacute;a haciendo dieta y me recet&oacute; Ozempic directo, sin preguntarme nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchas describieron una relaci&oacute;n conflictiva con la comida desde la infancia. &ldquo;Hay algo que se repite: si est&aacute;s mal, dej&aacute;s de comer. Es una forma de tapar algo. La dieta es muy com&uacute;n, pero atr&aacute;s hay otra cosa: obsesi&oacute;n, perfecci&oacute;n, control. Y ah&iacute; aparece la dismorfia. Te mir&aacute;s al espejo y te ves gorda, aunque no sea as&iacute;&rdquo;, explic&oacute; una entrevistada.
    </p><p class="article-text">
        Otra resumi&oacute; el efecto de las redes sociales en una frase brutal: &ldquo;Tengo la mente destruida. El algoritmo me debe escuchar, porque me empieza a mostrar formas m&aacute;gicas de conseguir el cuerpo perfecto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El algoritmo sabe lo que se busca aunque nunca se diga</h2><p class="article-text">
        <strong>Betina Lippenholtz</strong>, investigadora y coautora del libro <em>Investigar con IA</em>, explic&oacute; c&oacute;mo funcionan esos mecanismos invisibles que terminan moldeando consumos, inseguridades y deseos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las empresas toman informaci&oacute;n de cualquier plataforma: un like, una pausa, una b&uacute;squeda, un posteo, incluso una foto de bikini que miraste tres segundos. La inteligencia artificial aspira toda esa informaci&oacute;n y crea una f&oacute;rmula para devolverte exactamente aquello que, aunque no lo hayas pedido, le dijiste que quer&iacute;as&rdquo;, se&ntilde;al&oacute;. &ldquo;La IA no escucha. Lee. Recibe datos y devuelve datos. Tu huella digital funciona como migas de pan&rdquo;, agreg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un bombardeo constante de contenido personalizado sobre dietas, ejercicios, tratamientos est&eacute;ticos y cuerpos perfectos. El algoritmo monetiza la inseguridad. 
    </p><p class="article-text">
        La prueba tambi&eacute;n lleg&oacute; con la propia inteligencia artificial. Ante una consulta sobre c&oacute;mo adelgazar r&aacute;pido con inyecciones, ChatGPT respondi&oacute; recomendando distintas drogas para bajar de peso, entre ellas Ozempic, explic&oacute; sus usos y hasta sugiri&oacute; c&oacute;mo conseguirlas. Los posibles efectos adversos solo aparecieron despu&eacute;s de insistir con preguntas espec&iacute;ficas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Medicamentos como Ozempic aparecen como la nueva salvación"
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                Medicamentos como Ozempic aparecen como la nueva salvación                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Ozempic y la ilusi&oacute;n de una soluci&oacute;n r&aacute;pida</h2><p class="article-text">
        Ozempic naci&oacute; como un medicamento para tratar la diabetes tipo 2, pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se convirti&oacute; en una de las drogas m&aacute;s buscadas para adelgazar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Julieta Tkatch</strong>, m&eacute;dica especialista en endocrinolog&iacute;a del Hospital Durand, explic&oacute; que el problema no est&aacute; necesariamente en el medicamento, sino en el uso indiscriminado y en la expectativa que se genera alrededor. &ldquo;Para la obesidad y ciertas comorbilidades es una herramienta muy buena. La droga es segura y efectiva, y vino a cambiar el paradigma en el tratamiento de la obesidad&rdquo;, sostuvo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, advirti&oacute; que muchas personas llegan al consultorio buscando una soluci&oacute;n m&aacute;gica. &ldquo;El paciente tiene que entender que esto es un proceso. Vivimos en una sociedad resultadista, donde todo tiene que pasar r&aacute;pido. Y bajar de peso no es la excepci&oacute;n&rdquo;. Tkatch tambi&eacute;n remarc&oacute; c&oacute;mo las exigencias est&eacute;ticas alcanzan cada vez m&aacute;s a mujeres j&oacute;venes. &ldquo;Vemos chicas divinas haci&eacute;ndose tratamientos innecesarios todo el tiempo. Esta droga tambi&eacute;n forma parte de ese universo est&eacute;tico&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No se trata de la comida&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En la instituci&oacute;n <a href="https://lacasitavirtual.org.ar/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">La Casita</a>, especializada en trastornos de la alimentaci&oacute;n, trabajan con adolescentes y familias atravesadas por estas problem&aacute;ticas. Una de las frases que aparece en sus redes resume gran parte del conflicto: &ldquo;No se trata de la comida. Nunca lo fue&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Paula Hern&aacute;ndez</strong>, coordinadora del espacio, explic&oacute; que el culto a la delgadez se naturaliz&oacute; al punto de convertirse en un ideal aspiracional permanente. &ldquo;Cada vez m&aacute;s chicas consultan por este problema. Muchas vienen de familias dietantes o donde existe un culto muy fuerte a la delgadez. Adem&aacute;s est&aacute;n atrapadas por las redes sociales y sienten que siendo flacas pertenecen&rdquo;, explic&oacute;. Cuando se le pregunt&oacute; si la delgadez sigue asociada a la felicidad, respondi&oacute; sin dudar: &ldquo;Absolutamente&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;No somos sujetos, somos objetos&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Para <strong>D&eacute;bora Tajer</strong>, doctora en Psicolog&iacute;a, profesora de la UBA y psicoanalista, la presi&oacute;n sobre el cuerpo femenino no puede separarse de los mandatos hist&oacute;ricos sobre la feminidad. &ldquo;No es algo intr&iacute;nseco a las mujeres, sino un entramado social y cultural que se transmite de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La sociedad patriarcal convierte a las mujeres en cuerpos: cuerpos para la procreaci&oacute;n, para el sexo, para los cuidados. No somos sujetos, somos objetos valorados por el cuerpo. Por eso todo se deposita ah&iacute;&rdquo;, sostuvo. Seg&uacute;n Tajer, existe adem&aacute;s toda una maquinaria econ&oacute;mica construida alrededor de esa exigencia. &ldquo;El cuerpo es un lugar donde se hacen negocios. Hay una oferta comercial permanente para que las mujeres intenten alcanzar un ideal imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, entre filtros, algoritmos y promesas de felicidad instant&aacute;nea, la relaci&oacute;n con el cuerpo parece volverse cada vez m&aacute;s cruel. Como escribi&oacute; Naomi Wolf en <em>El mito de la belleza</em>: &ldquo;Nuestra insatisfacci&oacute;n sigue devorando nuestro tiempo, energ&iacute;a y alegr&iacute;a. Y generando dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LS/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Sanguinetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ozempic-influencers-detox-nuevas-caras-vieja-obsesion_1_13243451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 03:02:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ozempic, influencers y detox: las nuevas caras de una vieja obsesión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ozempic,Delgadez,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Gorda o flaca?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorda-flaca_129_8956285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b581fa9d-fbb2-4c91-b29c-7dd686323dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Gorda o flaca?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La estigmatización actual de los cuerpos es de largo arrastre por cierto y da cuenta de cómo se intensificaron las normas de exigencia y precisión corporal.</p></div><p class="article-text">
        La valoraci&oacute;n positiva de determinado <strong>peso corpora</strong>l no se mantuvo id&eacute;ntica a s&iacute; misma a lo largo del tiempo. Siempre fue hist&oacute;rica y geogr&aacute;fica, tanto la afirmaci&oacute;n de determinada figura f&iacute;sica, bandera o estandarte social, como su quiebre y la construcci&oacute;n de una imagen corporal dominante que sustituy&oacute; a la anterior. Por otra parte, no todas las culturas creen que los cuerpos deben parecerse ni apuestan a neutralizar la diversidad. Mas bien esa es una apuesta de la colonialidad, es decir de la ideolog&iacute;a de los que pretendieron (y a&uacute;n lo hacen) imponer su cosmovisi&oacute;n al resto del mundo global.
    </p><p class="article-text">
        Les propongo un viaje en el t&uacute;nel del tiempo para iluminar esta idea.
    </p><p class="article-text">
        En el Occidente de 1300, en plena Edad Media, primaba la restricci&oacute;n de alimentos y el hambre era una consecuencia inevitable en ciclos que se repet&iacute;an cada cinco a&ntilde;os. &iquest;Las causas? El empobrecimiento de las tierras, la falta de reservas, la lentitud de los medios de transporte. Esa fragilidad ante la intemperie (las pestes arreciaban y las vacunas no se hab&iacute;an creado) afectaba a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapartida a esa endeble realidad material, el ideal social no era la flacura sino un para&iacute;so terrenal plenos de especias, carnes, pan, r&iacute;os de vino y cerveza, monta&ntilde;as de n&eacute;ctares fabulosos para gustar y degustar, un imaginario que se dio a conocer como los pa&iacute;ses de Jauja en la literatura y en las artes visuales.
    </p><p class="article-text">
        Al extenderse las enfermedades y los riesgos de mortandad muy temprana por las malas cosechas y la consecuente carest&iacute;a, comerse el mundo era el espejismo requerido para construir la ilusi&oacute;n de panzas llenas y satisfechas. La gordura ten&iacute;a prestigio porque implicaba una buena salud. Como dec&iacute;an nuestras abuelas y bisabuelas: qu&eacute; gordito ese beb&eacute;, se lo ve muy sanito. Aunque esto que cuento arranc&oacute; bastantes siglos m&aacute;s atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las hero&iacute;nas y doncellas de los relatos de la XII centuria eran &ldquo;gordas, blancas y tiernas&rdquo; o &ldquo;lo suficientemente gordas&rdquo;. Los campesinos aplaud&iacute;an la belleza de Santo Tomas de Aquino, el &ldquo;buey de Sicilia&rdquo;, y lo visitaban m&aacute;s que por &ldquo;su santidad&rdquo; para admirar su figura &ldquo;imponente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo cont&oacute; muy bien en su <em>Historia de la obesidad. Metamorfosis de la gordura</em>, el investigador George Vigarello, autor adem&aacute;s de los vol&uacute;menes Corregir el cuerpo. Historia de un poder pedag&oacute;gico y La historia de la belleza. El investigador franc&eacute;s se ocup&oacute; de las representaciones f&iacute;sicas a trav&eacute;s de la historia, los cuerpos singularizados por su doble condici&oacute;n de soporte de lo individual y portador de experiencias comunitarias.
    </p><p class="article-text">
        Las formas gigantescas de los humanes de los que hablaban en sus cr&oacute;nicas los viajeros medievales ten&iacute;an como fuente un engullir siempre renovado. Se mezclaban la densidad muscular con la densidad grasa. Cuerpo inmenso y apetito desenfrenado se un&iacute;an en el mito de las personas vigorosas. El prestigio de animales como el le&oacute;n y el oso equival&iacute;a a la ponderaci&oacute;n de lo gordo. En la leyenda de Arturo son emblema de grandeza, habilidad y fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en aquella &eacute;poca era muy raro el maltrato contra el gordo y si exist&iacute;a estaba m&aacute;s referida a la locura del tragar, al modo, que al perfil f&iacute;sico, el resultado. A la fiebre del comportamiento sin l&iacute;mites m&aacute;s que a la pesadez.
    </p><p class="article-text">
        Belleza para todos los sexos, fuerza en el combate para los guerreros. La cantidad de comida ingerida (cinco pat&eacute;s, cinco pollos cebados, por ejemplo) constitu&iacute;a un signo de ascendencia al poder. El quiebre o ruptura con la imagen positiva de la gordura fue una adquisici&oacute;n hist&oacute;rica de la Europa moderna. Durante la Edad Media las anatom&iacute;as robustas se apreciaban como representaciones de poder. Tambi&eacute;n se valoraban los pa&iacute;ses de Jauja, los que comen sin l&iacute;mite, los que tienen fuerza. La acumulaci&oacute;n f&iacute;sica equival&iacute;a con absoluta convicci&oacute;n a tener protecci&oacute;n sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Modelos y formas que dan prestigio no son est&aacute;ticos, van cambiando con el tiempo y estas modificaciones se plasman individual y socialmente. El desarrollo de las sociedades occidentales promovi&oacute; el aumento de la delgadez del cuerpo, acentu&oacute; la vigilancia, el rechazo y la alarma ante la obesidad mucho despu&eacute;s. La silueta afinada cobr&oacute; valor en comparaci&oacute;n con el descr&eacute;dito de la amplitud del volumen. La belleza se acerc&oacute; a lo estilizado y glotoner&iacute;a y deseo de comer empezaron a recibir cr&iacute;ticas en la modernidad, cuando se empez&oacute; a considerar el cuerpo humano como prolongaci&oacute;n de las m&aacute;quinas de producir y facturar. Fue entonces, con la f&aacute;brica y la industrializaci&oacute;n cuando torpeza e ineficacia se consideraron equivalentes a la insuficiencia en el hacer. Para la sociedad de incesante reproducci&oacute;n y resultadismo, el exceso obeso se convirti&oacute; en una amenaza a la din&aacute;mica de la l&iacute;nea de producci&oacute;n. Se acentu&oacute; el individualismo, la autonom&iacute;a del yo y los gordos se convirtieron en la imagen del fracaso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Modelos y formas que dan prestigio no son estáticos, van cambiando con el tiempo y estas modificaciones se plasman individual y socialmente. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n actual por lo delgado como sin&oacute;nimo de sano no sucedi&oacute; siempre. Hubo desde gordos majestuosos hasta glotones despreciados en occidente. En los or&iacute;genes era signo de opulencia, poder y prestigio, luego estar entrado en carnes fue percibido como relajamiento f&iacute;sico y moral. Hoy la sociedad condena lo que se presenta como un fracaso de la voluntad. Formas y pesos se revelan como referencias de la civilizaci&oacute;n y sus tensiones. La dictadura de la apariencia llega de la mano de la autopsia de los cuerpos adiposos, del inventario de t&eacute;cnicas para bajar de peso, de la aparici&oacute;n progresiva de reg&iacute;menes, balanzas y otras formas de medida.
    </p><p class="article-text">
        La estigmatizaci&oacute;n actual, de largo arrastre por cierto, da cuenta de c&oacute;mo se intensificaron las normas de exigencia y precisi&oacute;n corporal. La censura del desborde se hizo m&aacute;s severa, sobre todo contra los cuerpos femeninos. La historia no es fija. Lo que se requiere es mesura, contenci&oacute;n, una cosmogon&iacute;a equilibrada. Ah, la libertad, &iquest;qu&eacute; es eso de que cada uno pueda hacer lo que quiere? Es peligroso para el orden del capital.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ense&ntilde;a la historia es, entonces, que los cambios continuar&aacute;n. Sean bienvenidos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorda-flaca_129_8956285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Apr 2022 03:42:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Gorda o flaca?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corporalidades,Delgadez,Obesidad,Historia]]></media:keywords>
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