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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Rigel]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Morir en alta mar: la tragedia del Rigel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/morir-alta-mar-tragedia-rigel_1_8956349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36cca539-ae42-494f-a616-c6bc6174f27f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1046825.jpg" width="1050" height="591" alt="Morir en alta mar: la tragedia del Rigel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen cuatro años del hundimiento del pesquero marplantese. Familiares de los tripulantes reclaman saber qué pasó. En lo que va del siglo 49 embarcaciones se hundieron en el Mar Argentino.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Hay una despedida</strong>. Guillermina Godoy, en la punta de la escollera Norte que est&aacute; en la entrada al puerto de Mar del Plata, filma con el celular a un barco pesquero,&nbsp;el Rigel,&nbsp;y le grita a su hijo, Nahuel Navarrete, que lo ama. &Eacute;l es un marinero de treinta y dos a&ntilde;os. En el video no se lo ve, solo se escuchan sus gritos desde alg&uacute;n lugar de la nave que avanza&nbsp;hacia mar abierto.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No volver&aacute;n a encontrarse. El barco se hundir&aacute; horas m&aacute;s tarde.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace casi cuatro a&ntilde;os&nbsp;de aquella despedida. Guillermina lleva la cuenta precisa: &ldquo;1425 d&iacute;as&rdquo;, dice, y&nbsp;agrega que&nbsp;ning&uacute;n gobierno hizo nada por esclarecer el naufragio ni por recuperar los cuerpos de Nahuel y sus siete compa&ntilde;eros que, todo indica, quedaron atrapados en el buque.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El hundimiento del Rigel no es un hecho aislado:&nbsp;En lo que va del siglo, hubo 49 embarcaciones hundidas en el Mar Argentino. Son 98 marineros muertos o desaparecidos.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo quiero traer a mi hijo. Es un derecho que toda madre, todo padre debe tener: poder despedir los restos y no naturalizar m&aacute;s que el hombre de mar tiene que quedar en el mar&ndash;, dice Guillermina quien aquel 5 de junio de 2018, como cada vez que se embarcaba, llev&oacute; a Nahuel en el auto desde San Bernardo, la ciudad balnearia donde viv&iacute;an, al puerto marplatense. All&iacute; se encontraron con Mateo, el hermano, tambi&eacute;n marinero.
    </p><p class="article-text">
        Estuvieron los tres juntos. <strong>Nahuel les dio los &uacute;ltimos trescientos pesos que le quedaban y les cont&oacute; que la empresa &ndash;Pesca Nueva SA&ndash; les hab&iacute;a comprado almohadas. Todo un detalle para los empleados que no ten&iacute;an francos ni vacaciones ni aguinaldo</strong>. El sueldo depend&iacute;a de lo que pescaban y, si no, percib&iacute;an un m&iacute;nimo de nueve mil pesos, unos trescientos cincuenta d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        Nahuel era segundo pescador, el &uacute;ltimo pelda&ntilde;o del escalaf&oacute;n. Deb&iacute;a verificar que el equipo de pesca estuviera preparado y las redes no necesitaran costuras para poder largarlas al agua en la zona de captura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando el barco comenzaba el arrastre, y si el cardumen era grande, pod&iacute;a estar cuatro horas acumulando langostinos. Levantaban las redes entre todos los marineros y abr&iacute;an la bolsa para que el marisco cayera en la cubierta, con cuidado. El peso no deb&iacute;a alterar el equilibrio
    </p><p class="article-text">
        Agachados, mojados, con sol o lluvia, seleccionaban lo que serv&iacute;a, lo almacenaban en cajones y devolv&iacute;an el descarte al mar&nbsp;mientras segu&iacute;an arrojando&nbsp;otra vez las redes al agua para que todo el proceso volviera a repetirse. La jornada terminaba una vez que la bodega, donde cab&iacute;an mil seiscientos cajones, estaba completa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo le ped&iacute;a que se cuidara. Que los siete hijos, el hermano, los abuelos y el resto de la familia lo esper&aacute;bamos&rdquo;, dice Guillermina. Ella sab&iacute;a que Nahuel era capaz de ir colgando del buque, con el agua peg&aacute;ndole en la cara, con tal de desenganchar una soga enredada. Y sab&iacute;a, tambi&eacute;n, que su hijo soportaba el dolor en la cintura y en la espalda, el fr&iacute;o que le entumec&iacute;a los m&uacute;sculos y lo obligaba a pegarse trompadas en las piernas para volver a sentirlas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso Guillermina le insist&iacute;a que ten&iacute;a que volver. Sobre todo despu&eacute;s de que sufri&oacute; el primer naufragio.&nbsp;&nbsp;Fue cuatro a&ntilde;os del hundimiento del Rigel. El pesquero donde trabajaba Nahuel dio una vuelta de campana y se fue a pique. &Eacute;l y sus compa&ntilde;eros se tiraron al agua justo antes y pudieron ser rescatados por otro buque que pescaba en la zona.
    </p><p class="article-text">
        Nahuel intentaba calmarla. Siempre le agradec&iacute;a el trabajo y el esfuerzo para que no les faltara nada desde que el padre los hab&iacute;a abandonado cuando eran peque&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; tiempo sin embarcarse: &ldquo;Ven&iacute;a a mi casa, se sentaba en la mesa de la cocina y lloraba solo de recordar el miedo en medio del mar&rdquo;, dice Guillermina. No encontraba trabajo. El dinero se acab&oacute; y consigui&oacute; un puesto en el Rigel, un barco de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os y veintisiete metros de largo. Era una embarcaci&oacute;n preparada para la pesca de merluza al que le colocaron dos brazos a los costados que permit&iacute;an arrastrar las redes con que se captura el langostino. Esos tangones eran un riesgo, pod&iacute;an hacerle perder estabilidad.
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                El Rigel fue adoptado para capturar langostinos y eso le hacía perder estabilidad                            </span>
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        La temporada del langostino ya hab&iacute;a empezado cuando Nahuel se embarc&oacute; esa &uacute;ltima vez. Nadie quer&iacute;a perderse la pesca: pod&iacute;an hacer 90 mil d&oacute;lares en un solo viaje, 720 mil en un mes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tarde que el Rigel se preparaba para embarcar, una falla el&eacute;ctrica consumi&oacute; la energ&iacute;a del barco en veinte minutos. Nahuel ya estaba en la zona de embarque y le mand&oacute; un mensaje a Guillermina para que no se preocupara. Repararon el desperfecto, pero a ella algo la inquiet&oacute;. <strong>En el puerto no hab&iacute;a un solo agente de Prefectura para controlar que el barco zarpara en condiciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Rigel solt&oacute; amarras apenas pasadas las once de la noche. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, en aguas de Chubut se encontr&oacute; con vientos huracanados y olas de m&aacute;s de seis metros. Todos los pesqueros sab&iacute;an del temporal y buscaron resguardo, anclados en el Golfo Nuevo, menos el Rigel que navegaba a 220 kil&oacute;metros de Punta Tombo cuando se comunic&oacute; por &uacute;ltima vez. A la ma&ntilde;ana siguiente, un guardacosta encontr&oacute; los restos del naufragio: cajones flotando, manchas de combustible en el mar y el cuerpo del capit&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En las tormentas, el capit&aacute;n y el segundo patr&oacute;n quedan al mando. Los marineros bajan al rancho, una habitaci&oacute;n con camas cuchetas a la que se llega por una escalera y tiene una&nbsp;&nbsp;ventana de no m&aacute;s de cuarenta cent&iacute;metros. Todo indica que nadie alcanz&oacute; a salir y los cuerpos de Nahuel y sus compa&ntilde;eros Cristian Osorio, N&eacute;stor Rodr&iacute;guez, Rodrigo Blanco, Luciano Mieres, Jonatan Amadeo, Carlos Rodr&iacute;guez y Rodrigo Sanita, quedaron atrapados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nadie de la empresa ni de la Prefectura se comunic&oacute; con Guillermina para avisarle que el Rigel hab&iacute;a perdido contacto y no lo encontraban. Ella lo supo por una publicaci&oacute;n de Facebook.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al barco lo hallaron veintitr&eacute;s d&iacute;as m&aacute;s tarde. Estaba a noventa y tres metros de profundidad. El Rigel es uno de los cuarenta y nueve buques argentinos hundidos en lo que va del siglo y Nahuel es uno de los noventa y ocho muertos o desaparecidos. Los datos son de la comunidad &ldquo;Ning&uacute;n hundimiento m&aacute;s&rdquo;. No hay registros oficiales.
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            </figure><h3 class="article-text">El mar es un cementerio</h3><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El mar es un cementerio&rdquo;, </strong>dice Guillermina quien d&iacute;as despu&eacute;s del hundimiento comenz&oacute; con el reclamo junto a los dem&aacute;s familiares. Quer&iacute;an justicia. Hicieron marchas, acampes, fueron al Congreso y a la Casa Rosada pero ni siquiera recibieron el certificado de presunci&oacute;n de fallecimiento para obtener la pensi&oacute;n que les corresponde.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2019, el Juzgado Federal N&ordm; 2 de Rawson, que investiga las causas del naufragio, orden&oacute; al Gobierno nacional que bajaran buzos profesionales para poder recuperar los restos y hacer las pericias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guillermina dice que en una reuni&oacute;n, el entonces presidente Mauricio Macri dijo que no hab&iacute;a dinero para cumplir con la medida: &ldquo;Es as&iacute; la vida se&ntilde;ora, no hay presupuesto, me dijo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde sabr&iacute;a que s&iacute; hubo recursos para espiarlos. En septiembre de 2021, la justicia orden&oacute; un allanamiento a las oficinas de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en Mar del Plata. En los discos r&iacute;gidos de tres computadoras hallaron fotos, filmaciones, seguimientos, datos personales, conversaciones y la actividad en las redes sociales de Guillermina y otros familiares del Rigel, el submarino ARA San Juan y el Repunte, otro pesquero hundido en 2017. A cada uno, adem&aacute;s, le atribu&iacute;an el color rojo, amarillo o verde como un sem&aacute;foro para indicar el nivel de &ldquo;peligrosidad&rdquo; seg&uacute;n el criterio de los esp&iacute;as. La informaci&oacute;n estaba organizada en documentos destinados al&nbsp;&nbsp;presidente Macri.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el ex presidente como el director de la AFI, Gustavo Arribas, la subdirectora, Silvia Majdalani y agentes de inteligencia est&aacute;n procesados. La causa, en la que Guillermina, el hermano de Nahuel y el padre de Jonatan Amadeo, son querellantes, se hab&iacute;a iniciado en los tribunales federales de Dolores y pas&oacute; a los de Comodoro Py el 1&ordm; de febrero pasado.
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                Guillermi, la mamá de Nahuel, junto a Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora                            </span>
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        El Gobierno del Frente de Todos tampoco cumpli&oacute; la orden judicial. En el pa&iacute;s no hay recursos p&uacute;blicos ni privados para ejecutarla y es necesario llamar a una licitaci&oacute;n p&uacute;blica internacional. Sin embargo, tampoco parece haber voluntad: todav&iacute;a no confeccionaron los pliegos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No tengo respaldo econ&oacute;mico ni pol&iacute;tico. Mi &uacute;nica pol&iacute;tica es que haya seguridad en la pesca, que puedan ir a pescar y volver. Que se garantice eso&rdquo;,&nbsp;&nbsp;dice Guillermina y esa, adem&aacute;s, es una forma de proteger a Mateo, el hermano de Nahuel,  tambi&eacute;n  marinero aunque haya momentos en los que no consiga trabajo: &ldquo;Las denuncias no solo van contra prefectura y los due&ntilde;os de los barcos sino contra los gremios. Entonces la persecuci&oacute;n es continua&rdquo;, dice Guillermina.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, ella siente que los esfuerzos no sirven de nada: no logra que busquen a su hijo y a los compa&ntilde;eros y que la vida se le cay&oacute; encima, que sue&ntilde;a con el barco, que seguir&aacute; hasta que se haga justicia, que es la voz de Nahuel.
    </p><p class="article-text">
        El Rigel sal&iacute;a del puerto y Guillermina lo enfoc&oacute; con la c&aacute;mara del tel&eacute;fono en la punta de la escollera Norte. En el video el barco navega, se escucha el soplido del viento, un grito de Mateo al hermano y el suspiro de ella que le pide a Dios que lo proteja. Despu&eacute;s le grita y Nahuel, desde el medio del mar, responde que la ama. Ella contesta que lo ama m&aacute;s y le desea suerte. Entonces &eacute;l le grita que se cuide y Guillermina, que intenta que la angustia no la ahogue, le pide que vuelva pronto. Hay unos segundos, un silencio que se interrumpe por la respiraci&oacute;n pesada de la madre que ya no puede contenerse. El barco avanza, indetenible, mientras sus luces se reflejan y parece que flotaran, como un presagio en las aguas oscuras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EC / MG</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ezequiel Casanovas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Apr 2022 04:04:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Morir en alta mar: la tragedia del Rigel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hundimiento,Pesquero,Mar Argentino,Rigel]]></media:keywords>
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