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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Abercrombie]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Abercrombie]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA["White Hot": el fenómeno Abercrombie y por qué es una buena noticia que se fuera al diablo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fenomeno-abercrombie-buena-noticia-fuera-traste_1_8960672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7cf556f-c04b-43bd-804b-0f798402552c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;White Hot&quot;: el fenómeno Abercrombie y por qué es una buena noticia que se fuera al diablo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El documental de Netflix expone la discriminación, el sexismo y los abusos sexuales de una marca de ropa estadounidense que importó su nociva filosofía también al mundo.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Recuerdo entrar y pensar que hab&iacute;an embotellado todo lo que odiaba del instituto en una tienda&rdquo;. Lo que ocurri&oacute; a finales de los 90 y primera d&eacute;cada de los 2000 con Abercrombie &amp; Fitch excede los peores preceptos de la moda y el capitalismo. Fue un fen&oacute;meno que cal&oacute; en muchos pa&iacute;ses, pero de manera especial en EEUU. Se resume en la sensaci&oacute;n que abre el art&iacute;culo y describe la periodista Moe Tkacik en <em>White Hot</em>, el nuevo documental de Netflix sobre una marca que fue orgullosa embajadora de una filosof&iacute;a clasista, racista y discriminatoria. Tkacik fue testigo de ello durante su investigaci&oacute;n para <a href="https://www.wsj.com/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">The Wall Street Journal</a>, el primer medio que puso a Abercrombie en el punto de mira.
    </p><p class="article-text">
        La historia de <a href="https://www.abercrombie.com/shop/wd-es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Abercrombie &amp; Fitch</a> es tan obvia que parece absurda. Su marca se origin&oacute; sobre una idea de la belleza que ten&iacute;a tres pilares: natural, norteamericano y cl&aacute;sico. Hasta ah&iacute; no dista de cualquier otra firma estadounidense de post&iacute;n, como Calvin Klein o Tommy Hilfiger. Pero Abercrombie asumi&oacute; que ese mercado estaba cubierto y se quiso diferenciar de dos maneras. 
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, bajaron un poco los precios para dirigirse a adolescentes y veintea&ntilde;eros. En segundo, llevaron los anuncios publicitarios a sus tiendas y los recrearon con personas de carne y hueso. Los chicos y las chicas no deb&iacute;an ser solo impolutos en las fotograf&iacute;as, tambi&eacute;n lo eran si doblaban camisetas en el almac&eacute;n, limpiaban los estantes o atend&iacute;an a los clientes en la caja. En ese momento, natural, norteamericano y cl&aacute;sico pas&oacute; a ser sin&oacute;nimo de cauc&aacute;sico y musculoso, para los hombres, y esbelto para las mujeres. Todo lo dem&aacute;s se quedaba fuera.
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            </figure><p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas de la tienda es que no ten&iacute;a estanter&iacute;as. La ropa era lo de menos. A la entrada, esperaban dos chicos de unos 20 a&ntilde;os, con el torso desnudo, que recib&iacute;an al cliente con una sonrisa. Dentro, la luz estaba baja, la m&uacute;sica de discoteca muy alta y los empleados solo luc&iacute;an ropa b&aacute;sica: una camiseta blanca y un jean azul. Estaban proyectados para ser una aspiraci&oacute;n. &ldquo;El personal de nuestras tiendas es la inspiraci&oacute;n para el cliente&rdquo;, repet&iacute;an los jefazos de Abercrombie. 
    </p><p class="article-text">
        <em>White Hot</em> muestra la ca&iacute;da de la firma de ropa, pero tambi&eacute;n un auge que pocas marcas experimentaron en tan poco tiempo. El milagro lo obr&oacute; Mike Jeffries, CEO de Abercrombie &amp; Fitch desde 1992 hasta 2014, que sac&oacute; la empresa a bolsa en 1996 por 112 millones de d&oacute;lares. El cambio fue notable. Pas&oacute; de ser una tienda de art&iacute;culos masculinos con olor a cerrado al lugar de peregrinaci&oacute;n de la juventud de EEUU. &ldquo;Representaban sexo, juventud, esp&iacute;ritu americano y aire libre&rdquo;, explica una experta de moda en el documental. &ldquo;Eran el tipo de adolescente que tiene un Golden Retriever y conduce un Jeep&rdquo;, destaca otro extrabajador.
    </p><p class="article-text">
        Jeffries ten&iacute;a casi 50 a&ntilde;os cuando lleg&oacute; a Abercrombie, pero se propuso tomarle el pulso a los anhelos juveniles. O los que &eacute;l pretend&iacute;a que fuesen. &ldquo;Quer&iacute;an que fu&eacute;semos irreverentes, muy graciosos y que atraj&eacute;ramos a adolescentes y a veintea&ntilde;eros universitarios&rdquo;, recuerda una antigua dise&ntilde;adora gr&aacute;fica de la firma. Para lograr que la filosof&iacute;a calase en sus trabajadores, Jeffries redact&oacute; unos mandamientos en forma de gu&iacute;a y cre&oacute; un campus que imitaba a las hermandades universitarias. All&iacute; la plantilla trabajaba de sol a sol, pero lo compensaban saliendo de fiesta casi todas las noches.
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                Mike Jeffries, CEO de Abercrombie hasta 2014                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Homoerotismo y abusos sexuales</h3><p class="article-text">
        En las im&aacute;genes promocionales, el campus de Abercrombie &amp; Fitch era un lugar de ensue&ntilde;o. Pero seg&uacute;n comprobaron algunos trabajadores y periodistas invitados, era a fin de cuentas el parque tem&aacute;tico de Mike Jeffries, cerebro del proyecto, y de Bruce Webber, cerebro de la est&eacute;tica. Se paseaban, atemorizaban a los trabajadores y dejaban muy claro su &ldquo;tradicional concepci&oacute;n de la masculinidad y la feminidad&rdquo;, desvela un reportero. &ldquo;Una vez entr&oacute; al taller y nos solt&oacute;: '&iquest;para qui&eacute;n diablos est&aacute;n dise&ntilde;ando? &iquest;Para Lesbianas sin Fronteras?'. De forma expl&iacute;cita nos dijo que deb&iacute;amos hacer ropa para mujeres y hombres sexys y heteros, no <em>lesbianas</em>&rdquo;, recuerda una de las de las encargadas de la colecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, tanto Jeffries como el fot&oacute;grafo Bruce Webber eran homosexuales. &ldquo;Hab&iacute;a muchos hombres gays involucrados. Y lo brillante de la marca era que pasase desapercibido para los j&oacute;venes compradores de finales de los 90&rdquo;, dice un artista al que le encargaron gigantescos murales llenos de hombres musculosos para las tiendas. El dise&ntilde;ador reconoce que gran parte de la iconograf&iacute;a de Abercrombie se basaba en el &ldquo;homoerotismo&rdquo;, una filosof&iacute;a que se trasladaba a los campus y a las sesiones de fotos: &ldquo;Aquello era el festival de la testosterona en su nivel m&aacute;s b&aacute;sico&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No todo el mundo puede llevar nuestra ropa porque no queremos que todo el mundo lleve nuestra ropa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mike Jeffries</span>
                                        <span>—</span> CEO de Abercrombie &amp; Fitch
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Bruce Webber pod&iacute;a aprovecharse de su poder porque era muy famoso y exc&eacute;ntrico. Te invitaba a su casa a jugar con sus perros y luego te intentaba meter mano&rdquo;, desvela Bobby Blanksi, uno de los primeros modelos de la marca y cuya imagen tumbado en la playa dio la vuelta al mundo. &Eacute;l se neg&oacute; y como consecuencia fue despedido, pero con otros no ocurri&oacute; lo mismo. Arrinconaba a los j&oacute;venes durante las sesiones de fotos y muchas veces lo hac&iacute;a acompa&ntilde;ado del CEO. Aunque Webber siempre ha negado las acusaciones de abuso sexual, en 2021 cerr&oacute; varios acuerdos extrajudiciales con algunas de sus supuestas v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Los comportamientos inapropiados de Jeffries y Webber eran solo la punta del iceberg. Mientras eso ocurr&iacute;a en los estratos m&aacute;s altos de la empresa, los centenares de tiendas estaban incurriendo en un delito sin saberlo, o sabi&eacute;ndolo y disimul&aacute;ndolo muy bien. No solo &ldquo;luc&iacute;an&rdquo; sus valores discriminatorios en camisetas (tuvieron que retirar una remesa en las que se le&iacute;an chistes racistas contra latinos y asi&aacute;ticos o frases como &ldquo;&iquest;Te sientes gordo a mi lado?&rdquo;), sino que el manual de contrataci&oacute;n dise&ntilde;ado por Abercrombie era una enciclopedia de malas pr&aacute;cticas y discriminaci&oacute;n. &ldquo;No todo el mundo puede llevar nuestra ropa porque no queremos que todo el mundo lleve nuestra ropa&rdquo;, dec&iacute;a Jeffries.
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                Uno de los murales de la tienda de Abercrombie                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Los dependientes negros se quedaban en el almac&eacute;n o limpiaban los estantes por la noche y varios asi&aacute;ticos fueron despedidos sin m&aacute;s despu&eacute;s de la visita de un alto cargo a sus tiendas. Cinco de ellos se animaron a denunciar. &ldquo;Dijeron que no era discriminaci&oacute;n racial, sino que no &eacute;ramos lo suficientemente guapos, que &eacute;ramos feos&rdquo;, cuenta una de las chicas afroamericanas que delat&oacute; a la marca. El asunto lleg&oacute; hasta el Tribunal Supremo de EEUU, que investig&oacute; un centenar casos. &ldquo;La discriminaci&oacute;n no era algo aislado, era su marca, era su identidad&rdquo;, afirma uno de los demandantes. 
    </p><p class="article-text">
        Abercrombie puso fin a la demanda colectiva con una indemnizaci&oacute;n de 50 millones de d&oacute;lares y una avenencia: se compromet&iacute;an a cambiar sus pr&aacute;cticas de reclutamiento, contrataci&oacute;n y <em>marketing </em>a partir de ese momento. En 2011, contrataron a un jefe de diversidad y seis a&ntilde;os despu&eacute;s de su llegada, los trabajadores racializados aumentaron en un 53% en EEUU. Pero a&uacute;n hab&iacute;a mucho trabajo de lavado por delante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La discriminación no era algo aislado, era su marca, era su identidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Extrabajador racializado de Abercrombie</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Contra el 'body shaming'</h3><p class="article-text">
        Otra de las estrategias de renovaci&oacute;n fue abrir tiendas en otros pa&iacute;ses por primera vez. Uno de ellos fue en Espa&ntilde;a, donde se replic&oacute; la misma filosof&iacute;a norteamericana en el coraz&oacute;n del barrio de Salamanca, en Madrid. A la entrada, dos chicos descamisados saludaban a la clientela con un: <em>&ldquo;Hey, what&acute;s going on?&rdquo;</em>. Los encargados de reclutar a &ldquo;modelos&rdquo; &ndash;as&iacute; se llamaban los dependientes de cara al p&uacute;blico&ndash; se paseaban por las universidades y las bibliotecas a la caza de personas con un atractivo acorde a la marca. Poco importaba la experiencia laboral. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no vest&iacute;a de Abercrombie porque no pod&iacute;a. Era un ni&ntilde;o pobre, gordo y gay, la triada perfecta del <em>bullying</em>&rdquo;, explica un activista sobre el <em>body positive</em> y trastornos alimenticios<em>.</em> Una vez superado el sesgo racial, los c&aacute;nones f&iacute;sicos extremos que predicaba la marca de Jeffries cada vez casaban menos con los nuevos tiempos. No era algo que afectase solo a los trabajadores, era una filosof&iacute;a que hab&iacute;an abrazado personas de la cultura pop como Ashton Kutcher, Jennifer Lawrence o Taylor Swift. El activista lanz&oacute; una campa&ntilde;a que recibi&oacute; miles de firmas para que la marca incluyese un rango mayor de tallas, algo a lo que en un principio se neg&oacute;.
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                Imagen de &#039;White Hot&#039;, el documental de Netflix                            </span>
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        &ldquo;En todas las universidades hay chicos guays y chicos no tan guays. Nosotros perseguimos a los primeros, al t&iacute;pico chico americano atractivo con muchos amigos. &iquest;Somos exclusivistas? Absolutamente&rdquo;, defend&iacute;a el CEO Mike Jeffries. Su figura era constantemente ridiculizada en los medios y los esc&aacute;ndalos que protagonizaba fueron desgastando la imagen de Abercrombie dentro y fuera de EEUU. En 2013, lleg&oacute; a ser una de las tiendas m&aacute;s odiadas de Norteam&eacute;rica seg&uacute;n los compradores.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo no vestía de Abercrombie porque no podía. Era un niño pobre, gordo y gay, la triada perfecta del &#039;bullying&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Activista experto en trastornos alimenticios</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, otros de los jefazos de su comit&eacute; de direcci&oacute;n, el empresario Les Wexner, llamado el &ldquo;Merlin de los centros comerciales&rdquo; y creador del interiorismo de las tiendas de Victoria's Secret, fue acusado de colaborar con el proxeneta Jeffrey Epstein y de facilitarle a chicas j&oacute;venes para su red. Abercrombie &amp; Fitch hab&iacute;a tocado fondo. En 2014 Jeffries dimiti&oacute; como CEO de la empresa y fue el momento de reinventarla. Desde entonces han intentado sacarla a flote con unos valores mucho m&aacute;s cercanos a los aceptados hoy en d&iacute;a. &ldquo;Ellos no inventaron la maldad ni el clasismo, solo lo empaquetaron&rdquo;, explica Moe Tkacik. 
    </p><p class="article-text">
        La historia de Abercrombie no es solo la de una marca de ropa. Es la de una filosof&iacute;a sexista, clasista y exclusivista que hizo un da&ntilde;o expreso a la sociedad y que por suerte ya no est&aacute; de moda, como demuestran las campa&ntilde;as recientes de Roxy o Dove. &ldquo;Hacer que un amplio espectro se vea representado e incluido en tu marca es actuar con cabeza. Habr&aacute; quien haga negocio con la discriminaci&oacute;n, porque siempre hay gente que quiere considerarse a s&iacute; misma <em>cool</em>. Pero es fascinante ver cu&aacute;ntas marcas est&aacute;n intentando que cualquiera pueda sentirse <em>cool</em>&rdquo;, resume la profesora de la Universidad de Ohio, Treva Lindsey.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Zas Marcos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fenomeno-abercrombie-buena-noticia-fuera-traste_1_8960672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 May 2022 14:29:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["White Hot": el fenómeno Abercrombie y por qué es una buena noticia que se fuera al diablo]]></media:title>
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