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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Chernígov]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Chernígov]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[En Chernígov, los vecinos intentan reconstruir su ciudad arrasada: “Lo importante es que los rusos no vuelvan”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/chernigov-vecinos-reconstruir-ciudad-arrasada-importante-rusos-no-vuelvan_1_8962614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ae69cca-341f-4417-940d-cdd0de5cc435_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En Chernígov, los vecinos intentan reconstruir su ciudad arrasada: “Lo importante es que los rusos no vuelvan”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudad, que está a 50 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, sufrió bombardeos constantes sobre estructuras civiles y en pleno día que causaron cientos de muertos. En muchos barrios aún no hay ni luz ni agua.</p></div><p class="article-text">
        Los escombros siguen amontonados a la entrada del edificio, lo que queda de un bloque de nueve plantas con la fachada reventada que deja al descubierto el interior de los pisos vac&iacute;os. &ldquo;All&iacute; viv&iacute;a una familia de cuatro personas, la madre y una hija murieron, la otra hija sigue grave en el hospital y el padre ha sobrevivido&rdquo;, cuenta Sergey Lazlo, se&ntilde;alando con la mano hacia los restos de una de las viviendas. Unos metros m&aacute;s all&aacute; un enorme hoyo indica el punto donde cay&oacute; una de las bombas que los aviones rusos lanzaron el 3 de marzo en pleno d&iacute;a en el cruce entre la calle Chornovola y Kruhova, en una c&eacute;ntrica zona residencial de Chern&iacute;gov. Murieron 47 personas en lo que se investiga como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/bucha-mariupol-mapa-masacre-civiles-invasion-rusa-ucrania_1_8899749.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">uno de los cr&iacute;menes de guerra cometidos</a> por las fuerza de Mosc&uacute; en esta ciudad a 50 kil&oacute;metros de la frontera con Bielorrusia. Los tanques rusos llegaron a esta capital de provincia en los primeros d&iacute;as de la ofensiva y aunque no llegaron a tomarla empezaron un asedio que se alarg&oacute; durante un mes, <a href="https://www.eldiario.es/internacional/rusia-bombardea-chernigov-siguen-combates-torno-kiev-pesar-compromiso-reducir-ataques_1_8873648.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">con bombardeos constantes</a> que causaron cientos de muertos e hicieron temer una segunda Mari&uacute;pol.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchos de los que murieron eran conocidos. Gente hecha pedazos&rdquo;, comenta Lazlo mientras fuma nerviosamente un cigarrillo. A sus espaldas, un pianoforte yace en el suelo en medio de ladrillos rojos, restos de los muros de lo que era una farmacia. Cuenta que cuando las bombas cayeron los vecinos se encontraban haciendo la cola a la puerta del establecimiento, al que se pod&iacute;a entrar de tres en tres. Hab&iacute;a miedo a la escasez de medicamentos. Al otro lado de la calle hay un hospital, tambi&eacute;n da&ntilde;ado, y otro enorme bloque de pisos donde un misil golpe&oacute; las plantas superiores saliendo por el otro lado, como un tiro limpio.
    </p><p class="article-text">
        La madre de Lazlo, Tatiana, que tiene 68 a&ntilde;os, vive en un bloque a pocos metros de este lugar. Los vecinos han limpiado las zonas ajardinadas entre un edificio y otro pero hasta hace unos d&iacute;as estaban llenas de escombros, restos de muebles, cristales rotos. Al lado de los portales, en peque&ntilde;as parcelas precintadas, se han vuelto a plantar flores, en uno m&aacute;s de los s&iacute;mbolos de la resistencia de los habitantes a la destrucci&oacute;n sembrada por la ofensiva rusa. Casi un mes despu&eacute;s del fin del asedio, no hay a&uacute;n agua corriente en este punto de la ciudad y la electricidad ha sido restablecida hace poco. En los patios, unas casetas improvisadas hacen de letrinas para los cientos de residentes de cada bloque. 
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                    alt="Sergey Lazlo en el trastero donde su madre se refugió durante el asedio de Chernígov."
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                Sergey Lazlo en el trastero donde su madre se refugió durante el asedio de Chernígov.                            </span>
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        Durante las semanas m&aacute;s duras, Lazlo dej&oacute; a su familia en su casa, a unos kil&oacute;metros de aqu&iacute;, y vino a estar con su madre, para la que acondicion&oacute; el diminuto trastero que tienen en los s&oacute;tanos del edificio. All&iacute; se refugiaron decenas de personas sin agua ni luz ni calefacci&oacute;n, cuando fuera las temperaturas rozaban las dos cifras bajo cero. En algunos puntos de los estrechos pasillos del s&oacute;tano con las paredes sin alicatar el olor a orina se mezcla con el de humedad. La mayor&iacute;a de los peque&ntilde;os locales son espacios inh&oacute;spitos y vac&iacute;os pero Lazlo trat&oacute; de convertir el de su madre en un cobijo habitable. En un metro y medio por dos hab&iacute;a montado una cama con un colch&oacute;n, un pal&eacute; y unos neum&aacute;ticos; en una peque&ntilde;a estanter&iacute;a hab&iacute;a colocado botes de guisos, medicamentos, mantas y cerillas. Aqu&iacute; Tatiana pas&oacute; 35 d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy hemos venido a hacer fotos para envi&aacute;rselas al abuelo&rdquo;, dice Olga, la mujer de Lazlo, mientras abraza a sus dos hijos, Yaroslav, de 14 a&ntilde;os, y Mijail, de siete. El padre de Olga se fue a Rusia cuando ella era una ni&ntilde;a. &ldquo;No nos cree cuando le contamos lo que ha pasado, repite que aqu&iacute; son todos fascistas&rdquo;, dice con indignaci&oacute;n. Los ni&ntilde;os escuchan en silencio. Desde hace dos d&iacute;as han retomado las clases a distancia, pero su escuela, muy cerca de donde viven, es ahora un amasijo de ruinas. Fue golpeada junto a otro instituto por un bombardeo que caus&oacute; unos 40 muertos.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;La casa la reconstruiremos, peor es que vuelvan los rusos&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Las heridas abiertas de Chern&iacute;gov son a&uacute;n m&aacute;s evidentes en la calle Shevchenka, que atraviesa el barrio de Borovitsa, sobre el que los ataques rusos se ensa&ntilde;aron durante d&iacute;as. A pesar de que el 4 de marzo el cuartel militar colindante con su casa de una planta hab&iacute;a sido duramente bombardeado al igual que la comisar&iacute;a al otro lado de la calle, Valeryi Tosenko y su mujer decidieron volver tras pasar unos d&iacute;as en un pueblo cercano. Junto a su hermana y su hermano hab&iacute;an construido una vivienda para cada uno, pegadas a la primera casa familiar, donde Tosenko naci&oacute; y donde segu&iacute;a viviendo su madre. &ldquo;La noche entre el 13 y el 14 de marzo, mi mujer y yo est&aacute;bamos en el sof&aacute; y fuera hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. De repente se oy&oacute; un estruendo enorme y todo empez&oacute; a caerse. S&oacute;lo qued&oacute; de pie el muro detr&aacute;s del sof&aacute;. Salimos vivos de milagro, a&uacute;n hoy no s&eacute; c&oacute;mo nos salvamos&rdquo;, cuenta ahora el hombre mientras ense&ntilde;a lo que queda de las casas engullidas por el incendio que se desat&oacute; tras el bombardeo.
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                La casa de Valeryi Tosenko fue destruida por una bomba lanzada por la aviación rusa a mediados de marzo.                            </span>
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        Tosenko es delgado y esbelto pero su figura se empeque&ntilde;ece cuando se acerca al borde del enorme agujero que dej&oacute; la bomba, profundo al menos tres metros. Junto a su hermana ha venido hoy para recoger un par de viejas bicicletas del garaje que ten&iacute;an alquilado al otro lado de la calle y que ha quedado de pie en medio de otras casas en ruina. Para llev&aacute;rsela ha venido con un peque&ntilde;o remolque y el coche que consigui&oacute; salvar de las llamas saliendo disparado hasta romper la cancela de su jard&iacute;n. &ldquo;La casa es importante, pero lo m&aacute;s importante es que los rusos no vuelvan, porque la casa la podemos volver a construir&rdquo;, dice Tosenko con el tono de quien trata de convencerse primero a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Unos cientos de metros m&aacute;s all&aacute;, hay decenas de casas, viviendas de una planta con peque&ntilde;as huertas y jardines como la de Tosenko, arrasadas. Decenas de metros de destrucci&oacute;n total. Dmitro Mavsloska, un hombre con una larga barba rojiza y un ch&aacute;ndal gris, empuja una carretilla llena de bidones de agua, enfila una peque&ntilde;a calle y se encamina hacia su casa, que sigue de pie, una de las contadas excepciones que se ven por el barrio. Junto a su mujer van repartiendo el agua a los pocos vecinos que siguen all&iacute;. Los que pudieron se fueron a medida que avanzaba la ofensiva. En la ciudad qued&oacute; menos de la mitad de los 280.000 habitantes que hab&iacute;a antes de la guerra. 
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                    alt="Dmitro Mavloska y su mujer Nadya reparten agua a los vecinos de su barrio arrasado por los bombardeos rusos."
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                Dmitro Mavloska y su mujer Nadya reparten agua a los vecinos de su barrio arrasado por los bombardeos rusos.                            </span>
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        &ldquo;En esta zona no hay ni agua ni gas y la electricidad poco a poco la est&aacute;n reanudando. Aqu&iacute; a&uacute;n no ha llegado. El agua hay que calentarla con el sol&rdquo;, dice Mavloska. &ldquo;Los aviones iban y ven&iacute;an y ca&iacute;an bombas por todos los lados. Un d&iacute;a encontramos a nuestros dos caballos con las cabezas voladas&rdquo;, cuenta su mujer mientras explica que pasaron todo el tiempo en el s&oacute;tano de la casa. &ldquo;Los rusos dicen que bombardeaban estructuras militares, pero esto son casas. &iexcl;Y luego golpearon hasta los cementerios! &iquest;Por qu&eacute; bombardearon los cementerios?&rdquo;, a&ntilde;ade Mavloska gesticulando con indignaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Tumbas reventadas y jardines minados </strong></h3><p class="article-text">
        Los rusos ocuparon el cementerio de Yatsevo, el principal de Chern&iacute;gov. A la entrada, en una tarde de finales de abril, unos obreros trabajan para reconstruir los muros y la c&uacute;pula de la capilla destruida. Al otro lado de la avenida que atraviesa el recinto, unas mujeres quitan capas de pintura ennegrecida de unas oficinas. Varios peque&ntilde;os carteles rojos avisan de que hay riesgo de minas. No se puede pasear por las tumbas y varias l&aacute;pidas est&aacute;n reventadas, tambi&eacute;n en la parte del cementerio dedicada a los soldados muertos desde el comienzo de la guerra en Donb&aacute;s. En la tradici&oacute;n ortodoxa los d&iacute;as que siguen a la Pascua se dedican a las visitas de las tumbas de familia, donde se llevan flores y comida. Pero en esta tarde de finales de abril, las peque&ntilde;as mesas al lado de las l&aacute;pidas est&aacute;n desiertas. &ldquo;Tenemos miedo por las minas, s&iacute;, pero m&aacute;s miedo ten&iacute;amos cuando est&aacute;bamos en los s&oacute;tanos y ca&iacute;an las bombas&rdquo;, dice una de las trabajadoras del cementerio.
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                Lápidas reventadas por los bombardeos en el principal cementerio de Chernígov.                            </span>
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        A Natalia Solomennik en le destruyeron las tumbas de su marido y de su hija. Trabaja de celadora en un hospital de Chern&iacute;gov, cercano al cuartel destruido a principios de marzo en la calle Shevchenka. Iba y ven&iacute;a todos los d&iacute;as desde Novoselivka, un peque&ntilde;o pueblo a las afueras de la ciudad, duramente golpeado por los bombardeos. Un enorme agujero se abre justo a la entrada de una de sus principales calles pero hay varios otros a pocos metros de distancia. El terreno es un macabro gruyere. Entre la hierba quedan los restos de las vidas de antes. Un elefante de peluche azul, una almohada blanca... Poco m&aacute;s all&aacute;, unas mujeres rebuscan entre bolsas de ropa usada, donada para los que se han quedado aqu&iacute; sin nada. Otras han acudido a un reparto de pan.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las colas para la comida</strong></h3><p class="article-text">
        Conseguir comida fue una del pesadillas del asedio a la ciudad. Muchos vecinos, sobre todo los m&aacute;s mayores, sobrevivieron gracias a la ayuda de voluntarios que arriesgaban sus vidas bajo los bombardeos para auxiliar a quienes no pod&iacute;an encontrar otra forma para sustentarse. A&uacute;n ahora las mayor&iacute;a de las tiendas est&aacute;n cerradas y decenas de personas hacen cola en el n&uacute;mero 18 de la calle Rokosovskij en el primer d&iacute;a del reparto de bolsas de alimentos organizado por las autoridades locales. Son las 10 y media de la ma&ntilde;ana y la distribuci&oacute;n acabar&aacute; a la una de la tarde, pero a medida que pasa el tiempo, el n&uacute;mero de personas en la fila no hace m&aacute;s que aumentar y pasa de decenas a centenares bajo el sol que se refleja en las c&uacute;pulas doradas de la vecina Iglesia. 
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                Decenas de personas esperan su turno en la cola para el reparto de ayuda alimentaria en Chernígov.                            </span>
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        Valentina Nartinovich vive sola en la tercera de las 14 plantas del edificio que est&aacute; en frente. Tiene problemas de artrosis y durante el asedio, sin electricidad, el ascensor no funcionaba. &ldquo;Sal&iacute;a muy poco para buscar agua porque no hab&iacute;a. No pod&iacute;a cocinar, no hab&iacute;a agua caliente y as&iacute;, durante 40 d&iacute;as, donde solo pod&iacute;a contar con la ayuda de alg&uacute;n voluntario&rdquo;, cuenta mientras los ojos se les llenan de l&aacute;grimas. Tras la espera sale del local con su bolsa de alimentos: una botella de aceite de girasol, un paquete de macarrones, harina y harina de avena, tres botes de guisos de carne, caf&eacute;, leche condensada, rebanadas de pan seco. La misma que se llevar&aacute; su vecina Tamara Goncharenko. &ldquo;Menos mal que no entraron en la ciudad porque hubiera sido un desastre&rdquo;, dice esta profesora jubilada que durante 20 a&ntilde;os ense&ntilde;&oacute; ruso. &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/rusia-intensifica-ofensiva-ucrania_1_8923483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&iquest;Por qu&eacute; nos hacen esto?</a> &iquest;Por qu&eacute; nos han hecho esto si esta es la ciudad donde m&aacute;s ruso se habla? Yo no me esperaba esto de Rusia. Putin est&aacute; enfermo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Un vecino mira un tanque abandonado en la calle Shevchenka de Chernígov. Un cartel avisa de la presencia de minas."
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                Un vecino mira un tanque abandonado en la calle Shevchenka de Chernígov. Un cartel avisa de la presencia de minas.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Mariangela Paone / Olmo Calvo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2022 05:09:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En Chernígov, los vecinos intentan reconstruir su ciudad arrasada: “Lo importante es que los rusos no vuelvan”]]></media:title>
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