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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Trabajadoras sexuales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/trabajadoras-sexuales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Trabajadoras sexuales]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sin recibo, sin garantías y con estigma: las barreras de las trabajadoras sexuales para alquilar en Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/recibo-garantias-estigma-barreras-trabajadoras-sexuales-alquilar-argentina_1_13466953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d082218b-6bd9-4ba0-b475-1f2943e57171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1103y511.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin recibo, sin garantías y con estigma: las barreras de las trabajadoras sexuales para alquilar en Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un análisis expone las barreras que enfrentan las trabajadoras sexuales para acceder a una vivienda. La falta de recibo de sueldo, las dificultades para presentar garantías y el estigma asociado a la actividad se combinan con un mercado de alquileres más flexible, pero también más exigente para los inquilinos.</p></div><p class="article-text">
        Conseguir una vivienda en alquiler puede convertirse en un desaf&iacute;o especialmente complejo para las trabajadoras sexuales. La falta de recibo de sueldo y de garant&iacute;as propietarias, la informalidad laboral y el estigma asociado a la actividad se combinan para dejar a muchas fuera del mercado formal o empujarlas hacia alternativas habitacionales m&aacute;s precarias.
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis elaborado por <strong>SimpleMedia, proyecto editorial de SimpleEscort</strong>, a partir de distintas fuentes sobre vivienda, informalidad laboral y trabajo sexual, reconstruy&oacute; las principales barreras que enfrenta este sector en el mercado de alquileres argentino.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los datos centrales surge de un estudio realizado en 2021 por <strong>CONICET, la Universidad de Buenos Aires (UBA) y AMMAR-CTA</strong>: el 93% de las trabajadoras sexuales mayores de 18 a&ntilde;os hab&iacute;a atravesado alguna dificultad para acceder a una vivienda y el 67% declar&oacute; no contar con recibo de sueldo. Entre los obst&aacute;culos tambi&eacute;n aparecieron la falta de ingresos suficientes y la imposibilidad de presentar una garant&iacute;a propietaria.
    </p><p class="article-text">
        La problem&aacute;tica se desarrolla, adem&aacute;s, en un mercado inmobiliario que modific&oacute; sus reglas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente a partir de la derogaci&oacute;n de la Ley de Alquileres mediante el DNU 70/2023.
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                El mercado de alquileres se complicó para todos los inquilinos                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un mercado m&aacute;s flexible, pero m&aacute;s exigente</h2><p class="article-text">
        La desregulaci&oacute;n modific&oacute; las condiciones de los contratos de alquiler y gener&oacute; una mayor variedad de plazos, mecanismos de actualizaci&oacute;n y requisitos para los inquilinos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carlos Allende</strong>, corredor inmobiliario de la firma Allende/Torales, considera que la derogaci&oacute;n de la normativa anterior marc&oacute; un punto de quiebre. Seg&uacute;n explica, antes reg&iacute;an contratos de tres a&ntilde;os, actualizaciones anuales y condiciones que, a su criterio, ofrec&iacute;an mayor previsibilidad a los inquilinos.
    </p><p class="article-text">
        Con posterioridad comenzaron a generalizarse contratos con actualizaciones trimestrales o cuatrimestrales y condiciones que, seg&uacute;n el corredor, favorecen en mayor medida a los propietarios. &ldquo;Esto hizo que haya m&aacute;s oferta y desregul&oacute; los precios, pero asfixi&oacute; m&aacute;s al inquilino&rdquo;, sostiene Allende. Y agrega: &ldquo;No creo que haya un t&eacute;rmino medio hoy, sino que se fue al otro extremo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este escenario, demostrar ingresos se convirti&oacute; en una condici&oacute;n central para acceder a una vivienda. Para quienes no cuentan con recibo de sueldo o una garant&iacute;a, las opciones pueden reducirse a habitaciones, hoteles, pensiones o modalidades informales de alquiler.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo sexual y la vivienda, una relaci&oacute;n directa</h2><p class="article-text">
        La dificultad para acceder a una vivienda adquiere una dimensi&oacute;n particular en el caso de quienes reciben clientes en su propio domicilio. Los datos de los anuncios publicados en SimpleEscort Argentina entre julio de 2025 y julio de 2026 indican que <strong>el 93% de las trabajadoras sexuales recibe a sus clientes en un espacio propio</strong>, que en muchos casos coincide con el lugar donde vive.
    </p><p class="article-text">
        El servicio a domicilio aparece como una alternativa menos frecuente. Seg&uacute;n la plataforma, el filtro &ldquo;a domicilio&rdquo; es utilizado mensualmente por apenas el 7% de sus usuarios.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis plantea que los clientes suelen preferir espacios diferentes de sus propias viviendas o de hoteles para preservar su privacidad. Esto hace que contar con un lugar propio pueda adquirir una importancia particular para quienes desarrollan esta actividad.
    </p><p class="article-text">
        Pero acceder a ese espacio no siempre resulta sencillo. <strong>Yokhari Marquez Ortiz</strong>, trabajadora sexual y coordinadora de Casa Roja AMMAR, describe las dificultades que atraviesa el sector desde su propia experiencia. &ldquo;Nos alquilan en sitios precarios, no aptos para vivir, porque no queda otra&rdquo;, cuenta. Seg&uacute;n relata, el estigma y las dificultades para cumplir con los requisitos del mercado formal pueden derivar en situaciones de sobreprecio y precariedad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos cobran el doble por una habitaci&oacute;n con humedad y hongos&rdquo;, afirma. Como ejemplo, menciona que actualmente paga $600.000 por una habitaci&oacute;n que describe como &ldquo;un cuadrado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Tambi&eacute;n afecta a quienes trabajan mediante plataformas</h2><p class="article-text">
        Las dificultades habitacionales no se limitan a quienes desarrollan el trabajo sexual de manera presencial. Tambi&eacute;n alcanzan a quienes utilizan plataformas digitales. El <strong>Informe Exploratorio Trabajo Sexual y Plataformas Digitales</strong>, elaborado por AMMAR y CONICET y publicado en 2025, se&ntilde;ala que el 62,7% de las personas encuestadas alquila su vivienda, mientras que apenas el 12% es propietaria.
    </p><p class="article-text">
        La imposibilidad de acreditar ingresos formales puede convertirse as&iacute; en un obst&aacute;culo incluso para quienes cuentan con ingresos suficientes para afrontar un alquiler. El resultado es una suerte de doble barrera: primero, ingresar al mercado formal; despu&eacute;s, permanecer en &eacute;l. La falta de documentaci&oacute;n laboral o de una garant&iacute;a puede llevar a buscar alternativas como el subalquiler de habitaciones, pensiones u otras modalidades informales, con menor protecci&oacute;n para quienes alquilan.
    </p><h2 class="article-text">Una crisis habitacional que excede al trabajo sexual</h2><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de las trabajadoras sexuales se inscribe, a su vez, en un escenario habitacional complejo para el conjunto de los inquilinos. La <strong>Encuesta Nacional Inquilina de junio de 2026</strong>, elaborada por Inquilinos Agrupados, registr&oacute; que el 29,7% de los hogares inquilinos se encuentra en emergencia habitacional. Adem&aacute;s, el 72,9% mantiene deudas y el 38% registra atrasos en los pagos.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, las dificultades espec&iacute;ficas de las trabajadoras sexuales se superponen con problemas que afectan a buena parte de quienes alquilan: el aumento de los costos, la necesidad de demostrar ingresos, las dificultades para acceder a garant&iacute;as y el riesgo de quedar fuera del mercado formal. Sin embargo, el sector suma un componente particular: la discriminaci&oacute;n asociada a la actividad.
    </p><p class="article-text">
        El estudio realizado por CONICET, UBA y AMMAR registr&oacute; que <strong>el 25% de las trabajadoras sexuales identific&oacute; la discriminaci&oacute;n por ejercer el trabajo sexual como un obst&aacute;culo para acceder a una vivienda</strong>.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Cuando hay problemas enseguida llaman a la Polic&iacute;a&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Para las trabajadoras sexuales organizadas, el estigma constituye una barrera adicional a las exigencias econ&oacute;micas y administrativas. &ldquo;El hecho de ser trabajadora sexual nos complica por el estigma sobre nuestro trabajo&rdquo;, sostiene Marquez Ortiz. Desde su perspectiva, las situaciones vinculadas con el alquiler pueden agravarse por la sospecha que genera la actividad y por la manera en que se interpreta la legislaci&oacute;n relacionada con la trata de personas. &ldquo;Cuando hay problemas enseguida llaman a la Polic&iacute;a y a las primeras que se&ntilde;alan somos nosotras&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        La normativa argentina distingue la trata y la explotaci&oacute;n sexual, que constituyen delitos, de otras situaciones vinculadas con el ejercicio de la prostituci&oacute;n. Al mismo tiempo, la legislaci&oacute;n sanciona la promoci&oacute;n, facilitaci&oacute;n o comercializaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n ajena y establece que el consentimiento de una v&iacute;ctima de trata no exime de responsabilidad a quienes explotan a esa persona. Para las trabajadoras sexuales organizadas, esa distinci&oacute;n jur&iacute;dica no siempre se traduce en una sensaci&oacute;n de protecci&oacute;n. Por el contrario, sostienen que determinadas situaciones pueden derivar en hostigamiento o sospechas sobre quienes alquilan viviendas para desarrollar su actividad.
    </p><h2 class="article-text">El debate por los desalojos</h2><p class="article-text">
        A este panorama se suma la discusi&oacute;n sobre el proyecto de <strong>Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada</strong>, que obtuvo media sanci&oacute;n en el Senado el 7 de agosto y ahora debe ser tratado por la C&aacute;mara de Diputados. El texto aprobado mantiene un cap&iacute;tulo referido a los desalojos y contempla mecanismos destinados a agilizar los procesos judiciales.
    </p><p class="article-text">
        Para los sectores que enfrentan mayores dificultades para acceder a un alquiler formal, cualquier modificaci&oacute;n en los mecanismos de desalojo adquiere especial relevancia, particularmente cuando la alternativa a perder una vivienda es quedar fuera del mercado formal y recurrir a soluciones habitacionales m&aacute;s precarias.
    </p><h2 class="article-text">Un problema atravesado por varias desigualdades</h2><p class="article-text">
        Aunque no existe un nuevo estudio nacional que permita actualizar los porcentajes espec&iacute;ficos sobre las dificultades de las trabajadoras sexuales para acceder a una vivienda, el cruce de las fuentes disponibles permite identificar un problema en el que confluyen varios factores.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>informalidad laboral</strong> dificulta demostrar ingresos. La <strong>falta de garant&iacute;as</strong> limita el acceso a contratos formales. La <strong>precariedad habitacional</strong> puede derivar en sobreprecios y condiciones deficientes. Y el <strong>estigma asociado al trabajo sexual</strong> agrega una barrera que no aparece necesariamente en otros sectores de trabajadores informales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/recibo-garantias-estigma-barreras-trabajadoras-sexuales-alquilar-argentina_1_13466953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 20:24:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajadoras sexuales,Alquileres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Georgina Orellano, autora de Puta feminista: "Lo que me salvó la vida fue reconocer que no soy de clase media ni quiero serlo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/georgina-orellano-autora-puta-feminista-salvo-vida-reconocer-no-clase-media-quiero-serlo_128_8973533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2003239a-92ae-4a30-9728-4f14eda1c05f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Georgina Orellano, autora de Puta feminista: &quot;Lo que me salvó la vida fue reconocer que no soy de clase media ni quiero serlo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La trabajadora sexual y secretaria general de AMMAR acaba de publicar un libro de memorias. En estas entrevista cuenta cómo empezó en su oficio, las urgencias para las trabajadoras sexuales y las tensiones con el movimiento feminista. La vida con un hijo adolescente, sus tres veces por semana de ejercicio y una relación amorosa que ya lleva dos años.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que modific&oacute; mi existencia fue tener una consciencia de clase, antes iba a la esquina y quer&iacute;a hacerme millonaria: me peleaba con la compa&ntilde;era de al lado para ver qui&eacute;n hab&iacute;a hecho m&aacute;s clientes. Cambiar eso me volvi&oacute; otra persona&rdquo;, asegura Georgina Orellano, la secretaria general de AMMAR, el sindicato que defiende los derechos humanos y laborales de quienes ejercen el trabajo sexual en Argentina. Estamos en Casa Roja, en el coraz&oacute;n del barrio de Constituci&oacute;n a pocas cuadras de la estaci&oacute;n de trenes. &ldquo;La zona m&aacute;s problem&aacute;tica en cuanto a trabajo sexual, fuerzas de seguridad y violencia institucional&rdquo;, explica. En una esquina est&aacute; la plaza Garay y en la otra el Ministerio de Gesti&oacute;n y Acci&oacute;n social. Este es el centro de operaciones de AMMAR, un territorio propio de reuni&oacute;n, contenci&oacute;n y tambi&eacute;n de ayuda. Ac&aacute; mismo tienen un espacio que funciona como comedor, hay servicio de psicolog&iacute;a, se dan talleres de alfabetizaci&oacute;n, se brinda colaboraci&oacute;n e informaci&oacute;n para quienes tengan problemas con su documentaci&oacute;n y con su vivienda, entre otras asistencias. Pero el encuentro con Georgina Orellano, una trabajadora sexual, madre y sindicalista que siempre habla en plural como si se hubiese metabolizado en sujeto colectivo, tiene como excusa dialogar sobre su primer libro que acaba de publicar Penguin Random House: <em>Puta feminista.</em> Mientras habla toma mate dulce y sonr&iacute;e muy poco. Su mirada es penetrante y focalizada, no se descuida ni un segundo. Parece en dominio de lo que sucede a su alrededor. Es una mujer seria y su corporalidad se impone de forma contundente: todo en ella materializa la idea de un destino elegido, razonado y que se intuye como a largu&iacute;simo plazo. En ese sentido, <em>Puta feminista</em> puede ser le&iacute;do como un texto que acepta la doble lectura: es un libro de aventuras e iniciaci&oacute;n, pero por otra parte es el viaje de alguien que encontr&oacute; una forma de vida entregada a confrontar la moralidad de la sociedad y tratando de conquistar los derechos de trabajadores que siempre est&aacute;n afuera de las planificaciones del Estado: las personas que ejercen el trabajo sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; este libro ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;amos un mont&oacute;n de conocimientos y saberes que la gente desconoce. Este desconocimiento se transforma en prejuicios y en una realidad que no es la nuestra. Hay una gran distancia entre lo que piensa la sociedad y lo que pensamos quienes ejercemos el trabajo sexual. Por otra parte, en el campo literario y en la escritura no estaban presentes las voces de las trabajadoras sexuales en primera persona. Siempre que nos le&iacute;mos nos vimos en un lugar secundario y se pusieron en duda nuestras decisiones, pensamientos, formas de vivir y nuestra lucha. Despu&eacute;s otra cosa: parec&iacute;a que la &uacute;nica forma de pensar a alguien que ejerce el trabajo sexual era dentro de la categor&iacute;a de v&iacute;ctima. Nosotras no nos sentimos c&oacute;modas ah&iacute;. Ni siquiera nos pensamos as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro va de la autobiograf&iacute;a a las ideas pol&iacute;ticas. &iquest;Fue sencillo encontrarle la arquitectura a tu historia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En lo que me bas&eacute; es en lo que siempre nos preguntan en las entrevistas, les estudiantes y toda la gente, incluso de la academia, que se acerca a nuestra organizaci&oacute;n. Siempre la primera pregunta es &ldquo;&iquest;c&oacute;mo arrancaste?&rdquo;. Eso es algo que nos consultan todo el tiempo. Despu&eacute;s sigue: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo te decidiste? &iquest;C&oacute;mo fue tu historia? &iquest;Tu familia sabe a qu&eacute; te dedic&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo es la relaci&oacute;n con los clientes?&rdquo; Entonces el libro empieza as&iacute;. Casi nunca nos preguntan cu&aacute;les son los derechos que les exigimos al Estado o nuestra relaci&oacute;n con la fuerzas de seguridad. Se cree que la &uacute;nica violencia que atraviesa una prostituta es la del cliente y eso no lo desconozco, porque en el libro cuento mucho de eso, pero cosas que s&iacute; me han atravesado en mi relaci&oacute;n con la polic&iacute;a (coimas, detenciones arbitrarias, maltratos, humillaciones) pocas veces est&aacute; presente en las entrevistas, o incluso en los debates feministas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sent&iacute;s que comprender tu historia ayuda a que se dimensione la lucha de quienes ejercen el trabajo sexual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si te puede llegar a decir algo c&oacute;mo arranque yo en el trabajo sexual. Es una experiencia que yo la viv&iacute; hace 16 a&ntilde;os atr&aacute;s. No es lo mismo lo que yo pensaba de mi trabajo entonces de lo que pienso ahora. Antes desconoc&iacute;a la existencia de un sindicato y ten&iacute;a un mont&oacute;n de temor por un mont&oacute;n de cosas que siempre nos han inculcado a las mujeres sobre la calle, hablar con desconocidos, transitar el espacio p&uacute;blico, la vestimenta que se usa en el espacio p&uacute;blico. Entonces no s&eacute; de qu&eacute; vale decir por qu&eacute; empec&eacute; a trabajar de esto ya que ahora veo todo eso desde otro lugar. Quiz&aacute;s lo hice porque fue lo &uacute;nico que me qued&oacute;. A los 23 a&ntilde;os tuve otras oportunidades laborales. Un cliente me ofreci&oacute; trabajar en una empresa metal&uacute;rgica. Fui un mes y me di cuenta, a pesar de tener todo en blanco y con obra social, que tambi&eacute;n era un trabajo de mierda. Me decid&iacute; por ser trabajadora sexual porque ten&iacute;a independencia y mejores ingresos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Este momento hist&oacute;rico ayuda a un libro como el tuyo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Firm&eacute; contrato con Penguin en 2018. Hubo un mont&oacute;n de veces en los que cre&iacute; que no era el momento para mi libro. Cuando se discut&iacute;a en el Congreso la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo cre&iacute; que no era el momento de sacar el libro porque era otra la discusi&oacute;n, hab&iacute;a que lograr unidad de las mujeres, sacar esa ley y no quer&iacute;a generar tensi&oacute;n ni desviar el tema. Despu&eacute;s vino la pandemia y vino otro gobierno. Fueron otras las situaciones que atravesamos con AMMAR. En un momento fuimos reconocidas dentro del registro de trabajadores y trabajadoras de la econom&iacute;a popular y logramos una categor&iacute;a que respetaba nuestra identidad de trabajadoras sexuales. Pero ese reconocimiento dur&oacute; 5 horas y fue borrado por un lobby parlamentario. Hubo una indignaci&oacute;n de unos d&iacute;as y despu&eacute;s cada uno sigui&oacute; con su vida mientras las putas segu&iacute;amos con el problema: siendo desalojadas, sin tener para comer y sin poder ejercer nuestro trabajo. No hab&iacute;a respuesta del Estado en ning&uacute;n sentido ni pol&iacute;ticas p&uacute;blicas dirigidas a nosotras. Ah&iacute; sent&iacute; que ten&iacute;amos que poner nuestra problem&aacute;tica m&aacute;s en agenda. No s&eacute; si el libro ayuda a eso pero es una herramienta m&aacute;s en la lucha que tenemos como organizaci&oacute;n. Una lucha que ya tiene 28 a&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        																				***
    </p><p class="article-text">
        Ser parte del registro de la econom&iacute;a popular les permit&iacute;a a AMMAR ir al Estado a contarle su realidad en t&eacute;rminos m&aacute;s cuantificables y estad&iacute;sticos: poder saber cu&aacute;ntas trabajadoras sexuales hay en Argentina (tienen delegadas en todo el pa&iacute;s), qu&eacute; estudios tienen, qu&eacute; ingresos logran, qu&eacute; carga horaria de trabajo sexual llevan adelante, investigar sobre la relaci&oacute;n de trabajo sexual y acceso a la vivienda (siempre inestables, complejas, hacinadas, en casas tomadas, etc.). Estos n&uacute;meros le ayudar&iacute;an a planificar a&uacute;n mejor los distintos abordajes a las problem&aacute;ticas que siempre emergen dentro del sector del trabajo sexual. &ldquo;Nuestras vidas son muy precarias. Todo esto es desconocido por el Estado entonces no contempla con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas orientadas a nuestras realidades. Despu&eacute;s de la pandemia, la precarizaci&oacute;n de la vida de las trabajadoras sexuales se intensific&oacute; a&uacute;n m&aacute;s&rdquo;, dice Orellano.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        																				***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La dedicatoria de <em>Puta feminista</em> dice as&iacute;: &ldquo;Por las putas San Juli&aacute;n, por Ruth Mary Kelly, por Sandra Cabrera, por F&aacute;tima Olivares.&rdquo; Este recordatorio de un recorrido hist&oacute;rico de lucha, la imagen en primer plano del rostro de Georgina Orellano en la tapa del libro y esa preposici&oacute;n (&ldquo;Por&rdquo;) recuerdan inmediatamente a ese poema inaugural de Pedro Lemebel: <em>Manifiesto (Hablo por mi diferencia): </em>&nbsp;&ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; mi cara/Hablo por mi diferencia/Defiendo lo que soy/Y no soy tan raro/Me apesta la justicia/Y sospecho de esta cueca democr&aacute;tica&rdquo;. En este sentido, la reaparici&oacute;n en la mesa de novedades del libro <em>Memorial de los infiernos</em> (Alcohol &amp; Fotocopias y Viciosa Editora) de Ruth Mary Kelly (&ldquo;Aprend&iacute; duramente a ganarme la libertad. Soy una rebelde&rdquo;, dice en un momento) dialoga muy bien con <em>Puta feminista</em> porque pone en relevancia la importancia de la circulaci&oacute;n de voces que documentan el valor de la propia experiencia de los cuerpos que muchas veces son pensados por un afuera as&eacute;ptico, resguardado, seguro y desangelado. Explica Nina Le&oacute;n, performance, artista, trabajadora sexual y autora del libro <em>Puta Poeta</em>: &ldquo;Cuando podemos hablar en primera persona, cuando podemos plantear lo nuestro a partir de lo que atravesamos, a partir de nuestras vivencias, a partir de lo que nos interesa comunicar y de la manera que queremos, es cuando surge la posibilidad de llegar mejor a un mont&oacute;n de personas y hogares que de otra forma no la conocer&iacute;an de esta manera. Y adem&aacute;s es una forma de dar una batalla cultural que necesitamos las trabajadoras sexual, aparte de nuestros derechos laborales y la despenalizaci&oacute;n del trabajo sexual. Aportan much&iacute;simo estas voces para generar empat&iacute;a con un afuera que muchas veces no dimensiona el da&ntilde;o que genera que no les preocupe que un colectivo tan grande como el de quienes ejercen el trabajo sexual tenga que actuar en la clandestinidad con todo lo que eso conlleva.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        																							***
    </p><p class="article-text">
        Georgina hace poco que empez&oacute; a hacer <em>fitness</em>: &ldquo;Son tres veces por semana una hora. Y esa hora la pienso como dedicada solamente a m&iacute;. Y salgo de ah&iacute; y siento que resurjo con otra energ&iacute;a. Ah&iacute; descargo todo.&rdquo; Es extra&ntilde;o porque sonr&iacute;e mientras lo cuenta, su rostro se ilumina y de pronto se pone muy seria de nuevo y dice: &ldquo;Pero yo hice una elecci&oacute;n de vida con la militancia. Y mi mayor tiempo se lo quiero dedicar a eso. Incluso a veces siento que le decido poco y quisiera dedicarme m&aacute;s todav&iacute;a.&rdquo; Muchas noches, Georgina va a su esquina y milita ah&iacute; mismo: &ldquo;viene una compa&ntilde;era y la ayudo a sacar su DNI, viene otra compa&ntilde;era y la ayudo a conseguir vacante para el colegio de su hijo, y as&iacute; estoy en la esquina solucionando problemas en vez de atender a mis clientes.&rdquo; En ese aspecto, lo econ&oacute;mico surge constantemente en su cabeza: &ldquo;Yo tengo la AUH y tambi&eacute;n el programa Potenciar Trabajo (como lo tienen casi todas las trabajadoras sexuales), con ese dinero puedo pagarme la vivienda. Y despu&eacute;s es trabajar para la comida.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Con un hijo adolescente que se maneja relativamente solo, Georgina puede disponer mejor de su tiempo ya que antes solo trabajaba en los momentos en los que Santino, su hijo, iba a la escuela en doble escolaridad. &ldquo;A las 16 hs a m&aacute;s tardar yo dejaba la esquina porque quer&iacute;a ir a buscarlo siempre o simplemente estar con &eacute;l. Ahora hace las cosas de la casa y hasta me espera con la comida hecha&rdquo;, cuenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        																					***&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez que se atraviesa la puerta de entrada a la Casa Roja, a la izquierda, se observa un mural que ocupa toda una pared en el que est&aacute; retratada una ic&oacute;nica Isabel &ldquo;Coca&rdquo; Sarli en el centro bien alto, y a los costados: las caras de Ruth Mary Kelly y de Sandra Cabrera, &ldquo;una trabajadora sexual que fue asesinada el 27 de enero el 2004 en la terminal de &oacute;mnibus de Rosario&rdquo;, informa la p&aacute;gina de AMMAR. &ldquo;Esta es nuestra Sant&iacute;sima Trinidad y que nos protegen a todas&rdquo;, dice con respeto Georgina mientras que con una mano se&ntilde;ala la imagen y la otra, casi como acto reflejo natural, se la lleva al coraz&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        Georgina Orellano es una sindicalista que atraviesa la misma realidad que las trabajadoras que representa. &ldquo;Lo que me salv&oacute; la vida fue reconocer que no soy clase media ni quiero serlo&rdquo;, comenta como al pasar. Va solamente los mi&eacute;rcoles a la Casa Roja para tratar de resolver problemas de sus compa&ntilde;eras y los dem&aacute;s d&iacute;as hace esquina: &ldquo;Todo bien con que la gente piense que el trabajo sexual no es trabajo pero lo cierto es que existimos. Ya lo dijo el General: &rdquo;la &uacute;nica verdad es la realidad&ldquo;.&rdquo; Este posicionamiento la ubica a Orellano es una zona extraordinaria de la lucha sindical del presente: sabe exactamente qu&eacute; necesitan sus compa&ntilde;eras, qui&eacute;n es el enemigo y d&oacute;nde direccionar su energ&iacute;a. En otro aspecto, sus d&iacute;as se articulan alrededor de la familia, los modos de aprovechar el tiempo y la conquista de una mayor independencia aunque no siempre lo logre: &ldquo;Estuve en la situaci&oacute;n de tener que volver a vivir con mi mam&aacute; o parar en lo de amigas porque no ten&iacute;a c&oacute;mo pagar el alquiler. Incluso en un tiempo, me desalojaron y me tuve que ir a vivir con un cliente. Me hizo la gamba un par de meses hasta que pude ahorrar y volver a alquilar algo. Cuando empez&oacute; la pandemia estaba viviendo en un hotel por Constituci&oacute;n y mi hijo se fue a vivir con mi mam&aacute;. Despu&eacute;s, con la apertura, volvi&oacute; conmigo. Yo ahora vivo en un hotel de Constituci&oacute;n con mi hijo. En la esquina de mi casa hay trabajo sexual&rdquo;, cuenta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ser reconocida te trajo alg&uacute;n tipo de beneficio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me llevaron m&aacute;s veces en cana desde que soy trabajadora sexual y militante de AMMAR que antes cuando solo era puta callejera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es el di&aacute;logo con los movimientos feministas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Antes del 2016, en los encuentros nacionales de mujeres era imposible que nos escucharan. Y despu&eacute;s del 2016 fuimos a los encuentros, discutimos un d&iacute;a y medio con las abolicionistas, despu&eacute;s cada una volvi&oacute; a su lugar y la realidad de las putas sigui&oacute; siendo la misma. No tenemos obra social, no tenemos derechos, no nos podemos jubilar, no podemos alquilar un lugar digno, seguimos padeciendo las razzias y los maltratos policiales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te hac&eacute;s tus espacios por afuera de la lucha colectiva?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Trato. Pero cuando una elige la lucha sindical siempre va a estar el nosotras primero. <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El amor es un peligro para una trabajadora sexual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os que estoy en una relaci&oacute;n con una chica. He tenido otras relaciones con otras chicas y me ha ido para el orto, aunque sean con mujeres. Entonces yo ya no idealizo. Yo pensaba que si ten&iacute;a una relaci&oacute;n con una mujer feminista y militante iba a estar todo b&aacute;rbaro y me pas&oacute; lo mismo que con un tipo: me conoc&iacute;an como trabajadora sexual y despu&eacute;s de un tiempo les jod&iacute;a mi laburo. Todo empezaba bien y m&aacute;s tarde me sal&iacute;an con los mismos cuestionamientos de los machirulos. Por eso s&oacute;lo me gusta convivir con mi hijo. Por hasta ac&aacute; esta chica con lo que tengo una relaci&oacute;n me respet&oacute; estas cosas y toda la familia la conoce y la quiere. De todas formas tenemos nuestros tiempos, distancias y cercan&iacute;as. Esta es la soluci&oacute;n que yo encontr&eacute;. Es muy dif&iacute;cil sacarte un mont&oacute;n de cultura machista de encima porque estamos criadas bajo esa mirada del control, celos y toxicidad. Por eso me interesa mucho tener una responsabilidad afectiva y no estar dejando cad&aacute;veres en tu camino.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>WL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Walter Lezcano]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 May 2022 04:10:01 +0000]]></pubDate>
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