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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - millennials]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - millennials]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Millennials, entre la palta y un mundo en ruinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/millennials-palta-mundo-ruinas_129_12953090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df59198d-2f6f-4c97-b69d-02052a144bb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Millennials, entre la palta y un mundo en ruinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre promesas de progreso y crisis encadenadas, los millennials argentinos crecieron con la idea de que todo era posible y llegaron a la adultez en un país —y un mundo— cada vez más precario, polarizado e incierto. Entre la nostalgia, el desencanto político y la supervivencia cotidiana, una generación intenta entender qué salió mal y cómo seguir.</p></div><p class="article-text">
        Esta semana empec&eacute; a leer un libro llamado <em>&ldquo;What happened to Millennials?: In defense of a generation&rdquo;</em>, una suerte de ensayo del periodista norteamericano Charlie Wells, editor, y reportero galardonado de la agencia Bloomberg. Fue a partir de una nota que le&iacute; en el <em>Financial Times</em> en la que se hablaba de la nostalgia que sienten los millennials por los &ldquo;tiempos dorados&rdquo; de su ni&ntilde;ez o adolescencia. La periodista del diario ingl&eacute;s menciona un concierto de Back Street Boys en Las Vegas junto a sus amigas&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que tengo poca nostalgia por los a&ntilde;os noventa. Ni hablar de finales de los noventa. Ya a mediados, mis padres se hab&iacute;an mudado de Buenos Aires a Catamarca, donde me cost&oacute; encajar al principio; River, mi equipo, sol&iacute;a perder de manera frecuente con Boca (en el norte del pa&iacute;s parec&iacute;an siempre mayor&iacute;a), y el paso de la ni&ntilde;ez a la adolescencia no estaba siendo f&aacute;cil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, s&iacute; me interes&oacute; darle un vistazo al libro de Charly Wells. Muchos de los millennials estamos entrando ya en la &ldquo;segunda mitad de la vida&rdquo;, y justamente el trabajo del periodista de Bloomberg es sacar algunas conclusiones sobre esa instancia de nuestra vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wells defiende a los millennials. Primero de los ataques injustificados. El m&aacute;s notable, aquel de la teor&iacute;a de la tostada de palta que produjo un periodista australiano. Los millennials gastan un promedio de 22 d&oacute;lares en desayunos con caf&eacute; de especialidad y tostadas de aguacate; as&iacute; no hay posibilidad de comprar una casa, ni progresar&hellip; dec&iacute;a. La tesis se cae sola, pero Wells cita estudios en los que un millennial con sueldo de millennial come durante diez a&ntilde;os un desayuno frugal y tampoco puede comprar una casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, y ah&iacute; est&aacute; lo interesante del libro, cuenta todo lo que sucedi&oacute; con los millennials a nivel pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y cultural desde que nacieron. El libro hace foco en Estados Unidos. Por eso &mdash;y esto me parec&iacute;a desde mucho tiempo atr&aacute;s&mdash; lo de ponerle t&iacute;tulos a las generaciones resulta antojadizo, o una simple estrategia de marketing para hacer negocios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que pocas cosas se sent&iacute;an igual a finales de los a&ntilde;os 80 o en los 90 para estadounidenses y argentinos. No obstante, el ejercicio de Wells me permiti&oacute; pensar en nuestros millennials. &iquest;C&oacute;mo puede crecer una persona cuya ni&ntilde;ez atraviesa una hiperinflaci&oacute;n, levantamientos militares, y dos gobiernos de Carlos Menem?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wells cuenta que en los noventa, su pa&iacute;s viv&iacute;a un tiempo de optimismo sin igual. La econom&iacute;a volaba, la tecnolog&iacute;a aun parec&iacute;a algo positivo, Internet nos permit&iacute;a comunicarnos m&aacute;s (ICQ, Messenger), de pronto pod&iacute;as estar chateando con una persona de otra provincia, de otro pa&iacute;s. En ese contexto, adem&aacute;s, exist&iacute;a un consenso entre los padres de que sus hijos &mdash;los millennials&mdash;eran capaces de hacer todo y m&aacute;s. Fue una creencia propia de los baby boomers, que sobrevivieron al menos una Guerra Mundial, y los primeros a&ntilde;os de la Guerra Fr&iacute;a. Superadas esas cat&aacute;strofes hist&oacute;ricas, sus hijos pod&iacute;an (deb&iacute;an) aspirar a todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Argentina, los ochenta fueron una fr&aacute;gil recuperaci&oacute;n democr&aacute;tica despu&eacute;s de una feroz dictadura. Nadie estaba para festejar. Sin embargo, algo de lo que menciona Wells sobre el entusiasmo de los padres con el destino de sus hijas e hijos, resuena en m&iacute; un poco m&aacute;s, y quiz&aacute;s le resuene tambi&eacute;n a m&aacute;s de un lector.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Suelo hacer un chiste con comentarios que hac&iacute;a mi mam&aacute;. Cuando escrib&iacute; un simple cuento en la infancia, me propuso enviarlo a un concurso planetario de cuentos, o, directamente, al mism&iacute;simo Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Cuando escrib&iacute; un simple art&iacute;culo para el diario del colegio, me propuso escribir otro y envi&aacute;rselo al<em> New York Times</em>&hellip; Ella, como muchos otros padres, cre&iacute;an que todo era posible. No solo que lo intent&aacute;ramos. Hab&iacute;a casi un mandato no dicho de lograrlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wells sostiene que esa predisposici&oacute;n a crear en los hijos la idea de que todo &mdash;y m&aacute;s&mdash; era posible, contribuy&oacute; a que ahora, una gran mayor&iacute;a de los millennials sienta una sensaci&oacute;n difusa de fracaso, de &ldquo;al final no lo logr&eacute;&rdquo;. Otra cuesti&oacute;n que contribuy&oacute; a ese malestar fue una corriente pseudo sociol&oacute;gica promovida en Estados Unidos, fundada en la idea de que convencer a los ni&ntilde;os y adolescentes de que son brillantes y &uacute;nicos, los har&iacute;a mejores personas, m&aacute;s emp&aacute;ticos y colaborativos. Los estudios que se realizaron sobre el tema posteriormente, demostraron lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de madres, padres y crianzas. Pero lo central en el devenir de los millennials es lo que pas&oacute; a nivel econ&oacute;mico y pol&iacute;tico. Wells cita el caso de los millennials que crecieron como indocumentados en Estados Unidos; hijos de inmigrantes que llegaron al pa&iacute;s como pudieron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A finales de los a&ntilde;os 90, se cre&oacute; una corriente favorable a regularizar a inmigrantes; y, en el caso de los j&oacute;venes, a ayudarlos a cursar estudios universitarios sin que importara su condici&oacute;n de residentes. En septiembre de 2001, una legislaci&oacute;n que establecer&iacute;a beneficios para esos futuros estudiantes estuvo a punto de ser aprobada. El problema fue lo que sucedi&oacute; el d&iacute;a 11 de ese mismo mes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde los ataques a las Torres Gemelas, los estadounidenses sufrieron todo un giro cultural y pol&iacute;tico. De querer integrar a los inmigrantes, pasaron a verlos como sospechosos de terrorismo. No solo afect&oacute; a los indocumentados. A todos los ciudadanos, millennials incluidos, que debieron crecer en un mundo en el que la seguridad estaba puesta en duda, y los gobiernos pod&iacute;an permitirse el autoritarismo o el mal uso de la ley, para perseguir objetivos pol&iacute;ticos, cuando no fantasmas.
    </p><p class="article-text">
        El equivalente a las Torres Gemelas nuestras &mdash;si se me permite la analog&iacute;a&mdash; fue el 2001. Crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica sin precedentes; saqueos, protestas y decenas de ciudadanos asesinados por las fuerzas policiales. La antesala y el despu&eacute;s del estallido social del 19 y 20 de diciembre estuvieron cargados de incertidumbre, miedo, precariedad, desconfianza&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchos de nosotros est&aacute;bamos reci&eacute;n iniciando la vida universitaria. Recuerdo una noche en La Plata, cuando un grupo de amigos y yo fuimos retenidos unos minutos por dos polic&iacute;as vestidos de civil. La universidad &mdash;para aquellos que pudimos cursarla&mdash; fue una salvaci&oacute;n a pesar del contexto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; exist&iacute;a a pesar de todo, una idea de esperanza, de lucha, de construcci&oacute;n del futuro. Incluso, para algunos, todav&iacute;a era posible pensar en un trabajo que durara algunas d&eacute;cadas. No al estilo de un obrero ferroviario o un empleado de una empresa con larga trayectoria, pero s&iacute; de ser m&eacute;dico, contador, hasta periodista&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Wells cuenta que para aquellos que a&uacute;n cre&iacute;amos en los sindicatos, en las peque&ntilde;as comunidades de personas, en los grupos de ciudadanos unidos por alg&uacute;n tipo de objetivo com&uacute;n, el mundo no parec&iacute;a un lugar tan solitario en el que qued&aacute;ramos abandonados a nuestra suerte. Eso diferencia a los millennials nacidos a mediados de los 80, de aquellos nacidos a mediados de los 90. La universidad, en alg&uacute;n punto, era tambi&eacute;n parte de una cruzada colectiva. All&iacute; pod&iacute;as hacer amigos y colegas con los que trabajar&iacute;as juntos despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un abismo de diferencias con lo que se vive ahora, cuando millones de egresados no encuentran trabajo, compiten entre ellos y tambi&eacute;n contra la Inteligencia Artificial, y son testigos de un mundo acad&eacute;mico que, si no se derrumba, se transforma. &iquest;Es realmente necesario estudiar?, se pregunta algunos.
    </p><p class="article-text">
        Wells identifica un momento de optimismo renovado justo antes de las crisis del 2008. &iquest;Existi&oacute; tambi&eacute;n en Argentina? Temo hacerlo muy personal, pero recuerdo con entusiasmo el a&ntilde;o 2005-2006. Creamfields en Argentina&hellip;, la movida electr&oacute;nica, el house, los festivales a cielo abierto que congregaban miles de personas de distintos lugares y clase social. Hab&iacute;a cierta comunidad all&iacute;, una congregaci&oacute;n. 2005 fue tambi&eacute;n el a&ntilde;o en que nuestro dios nacional tuvo su inolvidable show televisivo; y a nivel musical, se consolidaron los festivales de rock: Quilmes, Pepsi, BUE; el Personal Fest&hellip; De pronto era posible ver a Jamiro Quai o a Oasis en Buenos Aires.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2006 fue tambi&eacute;n un a&ntilde;o de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, la presidencia de N&eacute;stor Kirchner hab&iacute;a devuelto cierta idea de progreso, esperanza, y algo de certidumbre; el mercado laboral estaba recomponi&eacute;ndose, la mejora en los ingresos permiti&oacute; pensar en algo m&aacute;s que sobrevivir. Algunos se embarcaron en un cr&eacute;dito hipotecario, otros viajaron por primera vez a Europa o Estados Unidos. La pol&iacute;tica pod&iacute;a ser vista todav&iacute;a como una herramienta de cambio. &iquest;Por cu&aacute;nto se extendi&oacute; ese entusiasmo?
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, no mucho. La crisis de las subprime gener&oacute; una profunda crisis econ&oacute;mica y social. De pronto, comprar una casa, ahorrar, progresar en la escala social se volvi&oacute; imposible. Para los millennials que entraron al mercado de trabajo en aquellos a&ntilde;os, ni qu&eacute; hablar. El entusiasmo personal cay&oacute; a pique, y con &eacute;l la idea de formar una familia. &iquest;Si no pod&eacute;s mantenerte en pie vos mismo, c&oacute;mo hacerlo con hijos?
    </p><p class="article-text">
        La Argentina tambi&eacute;n lo vivi&oacute;. Con su crisis inflacionaria, y el agotamiento de un modelo productivo para el que Cristina no encontr&oacute; salidas; menos Macri. Yo estaba y&eacute;ndome a Rusia en julio de 2012. Dejaba mi pa&iacute;s para entrar en una dimensi&oacute;n que ser&iacute;a imposible incluir en este relato. No obstante, ni all&aacute; lejos a medio camino de Europa y Asia, pod&iacute;a evadirse la expansi&oacute;n sin l&iacute;mites del mundo en el que vivimos hoy: individualismo, competencia a ultranza, pocos puestos de trabajo para muchas personas, y encima mal pagos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esa deriva, sin embargo, faltaba agregarle algo peor. El periodista de Bloomberg apunta a los &ldquo;norm breaker&rdquo; (rompedores de normas), cuyo m&aacute;ximo exponente es Donald Trump. Uno de los mayores desastres causados por Trump fue el de destruir los marcos usuales de debate pol&iacute;tico y tolerancia por el oponente. Los &ldquo;norm breaker como Trump &rdquo;nos polarizan, no son capaces de contenerse y respetar a las personas que ocupan un puesto de autoridad, y no respetan el resultado de las elecciones&hellip;&ldquo;, afirma Wells.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los partidos de izquierda ya dejaban mucho que desear en la defensa de los trabajadores, Donald Trump vino a romper el sistema en su totalidad. Los millennials alcanzaron sus treinta y pico, sus cuarenta y pocos, en un estado de defecci&oacute;n pol&iacute;tica significativo. De ah&iacute; la popularidad de la frase: &ldquo;&iquest;Queda alg&uacute;n adulto presente en este lugar?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Lo que Estados Unidos sufri&oacute; con Trump, Argentina lo sufre ahora con Milei. No hay mayor &ldquo;norm breaker&rdquo; en la pol&iacute;tica Argentina que el actual mandatario. Polarizaci&oacute;n, destrucci&oacute;n del debate pol&iacute;tico, noticias falsas, gritos e insultos: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el adulto en la sala? Suena hasta l&oacute;gico pretender disfrutar de un buen caf&eacute; y una tostada con palta durante algunos minutos, si no sabemos con qu&eacute; va a salir el mundo o nuestro pa&iacute;s en cuesti&oacute;n de horas, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Wells no deja pasar lo que sucedi&oacute; con el Covid, pero tampoco lo aborda demasiado porque cree que ni siquiera lo hemos empezado a digerir aun. El mundo decidi&oacute; esconderlo detr&aacute;s del ruido de las redes sociales, los medios, la discusi&oacute;n pol&iacute;tica, las guerras y la crisis econ&oacute;mica. Alg&uacute;n d&iacute;a comenzaremos a hacer el duelo, y asimilaremos lo sucedido. En el mientras tanto, no podemos desentendernos de que &mdash;ciertamente&mdash; nos ha marcado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo cierra el libro, Wells? Con esperanza, claro. Los millennials han transitado y sobrevivido a una gran serie de cat&aacute;strofes de distinta intensidad; transformaciones sociales, tecnol&oacute;gicas, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas en cierto punto in&eacute;ditas. En principio, esa acumulaci&oacute;n de experiencia los hace valiosos. En segundo lugar, dice el periodista de Bloomberg, los millennials se encuentra en permanente evoluci&oacute;n. No podemos definirlos, ni alcanzar una conclusi&oacute;n. Lo que s&iacute; podemos concluir sin miedo a equivocarnos es que con las expectativas que ten&iacute;amos, y lo que el mundo nos ofreci&oacute;, estamos bastante mejor de lo que podr&iacute;a haber sido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AF/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustín Fontenla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/millennials-palta-mundo-ruinas_129_12953090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Feb 2026 03:01:41 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bestia invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee7ec722-e25a-4616-8057-9779d71fb531_16-9-discover-aspect-ratio_default_1109035.jpg" width="592" height="333" alt="La bestia invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un mundo que busca prescindir de la inteligencia que no sirve para vender algo, el arte y el pensamiento enfocados sólo en denunciar la tragedia, y no en proponer nuevos relatos, nos aplanan y limitan. </p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil escribir sobre ciencia ficci&oacute;n (sobre todo, sobre pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n) sin hacer parecer los textos m&aacute;s aburridos de lo que son. Cualquier descripci&oacute;n de una obra de arte (y cuando una es columnista tiene que ir perfeccion&aacute;ndola en el arte de hacerlas, resumir una trama de manera tal que el lector que no ley&oacute; el libro pueda disfrutar de la columna) corre el riesgo de referirse solo a los temas, de hacer ver a la obra mucho m&aacute;s bajal&iacute;nea de lo que es: pero es peor con la ciencia ficci&oacute;n, porque encima, en el centro de las pel&iacute;culas sci-fi suelen estar las ansiedades m&aacute;s extendidas del presente. 
    </p><p class="article-text">
        Es por eso, tambi&eacute;n, que la poca ciencia ficci&oacute;n que miro tiende a ser de otras &eacute;pocas. Las obsesiones de <em>Solaris</em> me abren un poco el horizonte; las de <em>Black Mirror</em>, en cambio, siempre hablan de lo mismo de lo que est&aacute;n hablando todos en Twitter. Todo esto para decir que<em> La bestia </em>(2023), una producci&oacute;n francocanadiense de <strong>Bertrand Bonello</strong> con protag&oacute;nico de <strong>L&eacute;a Seydoux</strong> que acaba de llegar a MUBI, es una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n que habla de lo mismo de lo que est&aacute; hablando todo el mundo en Twitter, pero lo hace con tantos recursos y sutilezas que da la sensaci&oacute;n de aportar algo que no pueden dar las noticias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        El &ldquo;tema&rdquo;, para salir de eso r&aacute;pido, es la inteligencia artificial y lo que su expansi&oacute;n puede implicar para las interacciones humanas. Hay tres tiempos en la pel&iacute;cula: el presente est&aacute; situado en 2044, y Gabrielle (L&eacute;a Seydoux) tiene problemas para buscar trabajo. En este futuro cercano que ella habita, la seguridad del mundo est&aacute; garantizada por haber eliminado las chances de que personas pose&iacute;das por el miedo o la ira tomen decisiones importantes. Por eso, para tener un puesto relevante en cualquier organizaci&oacute;n, hay que atravesar un proceso de &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; que no te borra la memoria, pero s&iacute; la memoria emotiva. 
    </p><p class="article-text">
        El procedimiento hace al sujeto pasar revista de sus vidas pasadas hasta que ya no tenga relaci&oacute;n con ellas. No s&eacute; si es intencional la parodia, pero me divirti&oacute; el hecho de que escuchado a muchos terapeutas modernos post psicoanal&iacute;ticos hablar en t&eacute;rminos muy similares: la idea de la &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; parece ser que una pueda luego pasar por los momentos m&aacute;s dolorosos de su vida sin sentir nada. Esa ser&iacute;a la prueba definitiva de que tus emociones ya no te dominan, como si te hubieras convertido una cruza de cyborg con maestro zen.
    </p><p class="article-text">
        Gabrielle no quiere purificarse y quedarse sin sus emociones, y por eso est&aacute; condenada a hacer los trabajos m&aacute;s tediosos que existen; pero est&aacute; cansada, y finalmente decide probar. En el proceso se cruza con otro joven, Louis (<strong>George MacKay</strong>), que tambi&eacute;n tiene dudas. Iremos entendiendo que Gabrielle y Louis se encontraron al menos en otras dos vidas: en el siglo XIX, cuando ella era una pianista casada con un fabricante de mu&ntilde;ecas y &eacute;l un muchacho misterioso que la cortejaba, y en el a&ntilde;o 2014, cuando ella era una actriz desempleada cuidando una casa enorme en Los &Aacute;ngeles y &eacute;l un youtuber <em>incel</em> con hambre de venganza contra las rubias losangelinas. 
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, o no, creo que le da a <em>La bestia</em> una frescura a la que ninguna franquicia podr&iacute;a aspirar es su relaci&oacute;n con &ldquo;La bestia en la jungla&rdquo; de <strong>Henry James</strong>. El cuento est&aacute; protagonizado por una pareja, tambi&eacute;n, pero aqu&iacute; el protagonista es el hombre: John Marcher es una suerte de c&eacute;libe paranoico, que piensa que no debe casarse porque est&aacute; convencido de que un mal desconocido lo acecha como una bestia en la jungla; no puede enamorarse, entonces, porque condenar&iacute;a a su esposa a sufrir esa tragedia que &eacute;l no sabe cu&aacute;l es, pero eventualmente llegar&aacute;. Acerc&aacute;ndose al final de su vida (supongo que se puede spoilear un relato de m&aacute;s de cien a&ntilde;os) entiende que ese mal que tanto tem&iacute;a termin&oacute; siendo autoinflingido: lo m&aacute;s grave que le pas&oacute; fue haberse quedado, por miedo, paralizado y sin amor. 
    </p><p class="article-text">
        Es una excelente par&aacute;bola para nuestra &eacute;poca, en la que tantos problemas sociales (fundamentalmente uno muy comentado: la dificultad de millennials y centennials para hacerse adultos) se relacionan no solo con factores econ&oacute;micos, sino tambi&eacute;n con un miedo cr&oacute;nico a lo terrible que podr&iacute;a ser tomar una decisi&oacute;n sobre algo y luego tener que hacerse cargo de eso; miedo basado, en una glorificaci&oacute;n de la seguridad que nos ense&ntilde;aron desde chicos y que nos volvi&oacute; pr&aacute;cticamente incapaces de tomar riesgos, combinado con el FOMO como modo de vida. Entre el miedo a tener que hacerse cargo de una decisi&oacute;n y el terror a perderse de todas las otras cosas que uno no ha elegido, todos estamos un poco como John Marcher, cuid&aacute;ndonos de una bestia invisible sin darnos cuenta de que efectivamente existe, y es el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Es una buena par&aacute;bola, tambi&eacute;n, para el g&eacute;nero que elige la pel&iacute;cula, la ciencia ficci&oacute;n, que &uacute;ltimamente est&aacute; m&aacute;s que nunca basado en la fijaci&oacute;n de que la humanidad est&aacute; autodestruy&eacute;ndose. Me interes&oacute; mucho m&aacute;s esta veta antiparanoica de la pel&iacute;cula que su relato paranoico sobre un mundo que se extirpa las emociones, aunque en el fondo creo que hay algo bello, interesante e inteligente en la insistencia de esta pel&iacute;cula tan fragmentada de entretejer ambas narrativas. Porque las dos cosas parecen ser ciertas, y en su convivencia se cifra nuestra desgracia: es verdad que una parte del desarrollo del mundo se est&aacute; orientando a prescindir de las formas de la inteligencia humana que no sirven para vender nada, y es igualmente claro que dedicar todos los esfuerzos del arte y el pensamiento a reflexionar sobre esa tragedia en lugar de intentar construir otros relatos nos est&aacute; aplanando y atrofiando, como una bestia invisible que da pisadas gigantes.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jan 2025 03:07:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La bestia invisible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia Ficción,millennials,centennials]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La precariedad infantiliza”: por qué la generación de quienes rondan la treintena no termina de sentirse adulta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/precariedad-infantiliza-millennials-no-se-sienten-adultos_1_10871228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57bae8d9-5f09-49ca-8459-8b79da3ca6cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La precariedad infantiliza”: por qué la generación de quienes rondan la treintena no termina de sentirse adulta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando las condiciones no permiten alcanzar la ansiada independencia, seguimos descansando bajo el paraguas de la estructura familiar y sus lógicas. Así, quienes no consiguen asir en sus vidas los elementos valorables por esta estructura ven que sus ideas o formas de ser son devaluadas y con ellas, su persona misma</p><p class="subtitle">"Ahora fantaseamos con ser funcionarios": el descontento de una generación que ha desacralizado el trabajo</p></div><p class="article-text">
        Existe un limbo generacional, un lugar en el que habitamos aquellas personas que hemos crecido, pero que no nos sentimos identificadas con el sitio al que el tiempo nos ha tra&iacute;do. Es un espacio en el que el <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/isa-duque-prejuicios-generacion-z-tenia-aristoteles-juventud_128_9091278.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">adultocentrismo</a> nos impone una concepci&oacute;n vital, con sus hitos, normas y burocracia, pero en el que no todo el mundo se halla. Donde, sepas lo que sepas o hayas vivido lo que hayas vivido, siempre hay una persona con m&aacute;s edad (biol&oacute;gica o 'psicol&oacute;gica') que acaba dici&eacute;ndote qu&eacute; debes hacer con tu vida. Que sugiere que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/videojuegos/cielo-limite-tears-of-the-kingdom-entrega-ambiciosa-zelda_1_10199282.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">seguir jugando al Zelda</a> no es lo m&aacute;s id&oacute;neo o que, quiz&aacute;s, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-congelan-ovulos-han-multiplicado-30-decada-espana_1_10127106.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">congelar &oacute;vulos</a> es una opci&oacute;n que replantearse, porque puedes arrepentirte de decidir no tener descendencia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es ese lugar en el que observas que, de repente y sin saber c&oacute;mo ha pasado, hay gente mucho m&aacute;s joven que no recuerda la existencia del VHS y que te habla con un argot que desconoces. La generaci&oacute;n <em>millennial </em>(la de los nacidos entre mediados de los 80 y durante los 90) es la que ahora se ve m&aacute;s sometida a esta circunstancia. Esto provoca un desconcierto tal que, a veces, la identidad se ve deteriorada.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://docplayer.es/24516977-El-manifiesto-antiadultista-por-alexanthropos-alexgaias-17-anos.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Manifiesto antiadultista</em></a>, Alexanthropos Alexgaias (de 17 a&ntilde;os en el momento de la publicaci&oacute;n del <em>fanzine</em>) escribe: &ldquo;Les adultes y su sistema nos convierten en su propiedad privada, hasta que alcancemos la edad suficiente como para haber podido moldear nuestra visi&oacute;n del mundo con base en la suya (incluyendo sus t&oacute;picos y prejuicios)&rdquo;. Y es que, cuando las condiciones no nos permiten <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emancipacion-juvenil-espana-sube-16-primera-vez-pandemia_1_10840187.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">alcanzar la ansiada independencia</a>, seguimos descansando bajo el paraguas protector &mdash;y dominador&mdash; de <a href="https://www.eldiario.es/era/pasar-navidad-familia-elegida_1_10802752.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la estructura familiar y su l&oacute;gica</a>, da igual la edad que se tenga. Es as&iacute; como quienes no consiguen asir en sus vidas los elementos valorables por esta estructura ven que sus ideas o formas de ser son devaluadas y con ellas, su persona misma.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/C0SvRiKr_pI/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/C0SvRiKr_pI/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; 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font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/C0SvRiKr_pI/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Juan Arciniega (@4juancho8)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><h3 class="article-text"><strong>La extra&ntilde;eza de estar en un limbo generacional</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Siento que los <em>millennial</em> somos para los <em>gen Z</em> lo que los <em>boomers</em> fueron para nosotros&rdquo;, dice <a href="https://www.instagram.com/adelapordiosxd/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adela Sanz</a> (Sevilla, 1990), ilustradora conocida en redes sociales como @adelapordiosxd. &ldquo;Pero, adem&aacute;s, estamos justo en el borde del cambio: los <em>boomers</em> crecieron en un contexto social y pol&iacute;tico que les hac&iacute;a desear ciertas cosas porque en ese momento eran posibles. Nosotros crecimos con el mismo modelo de pensamiento, pero encontramos un escal&oacute;n enorme entre lo que en teor&iacute;a era deseable y lo que en la realidad es factible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; la forma en la que percibimos el cambio; en los sue&ntilde;os cuya nula materializaci&oacute;n no vimos venir, pero con los que cebaron nuestros inconsciente. &ldquo;Las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes han crecido en un mundo en el que lograr todo eso es m&aacute;s complicado y eso tambi&eacute;n ha cambiado su forma de pensar, concibi&eacute;ndolo como estructuras que no son imprescindibles y, por tanto, quiz&aacute; tampoco deseables&rdquo;, a&ntilde;ade la ilustradora. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los &#039;boomers&#039; crecieron en un contexto que les hacía desear ciertas cosas porque en ese momento eran posibles. Nosotros crecimos con el mismo modelo pero encontramos un escalón enorme entre lo que en teoría era deseable y lo que en la realidad es factible</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adela Sanz (Sevilla, 1990)</span>
                                        <span>—</span> ilustradora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La juventud y la adultez son conceptos que construimos socialmente, y se basan en variables muy concretas que consensuamos&rdquo;, explica a elDiario.es <a href="https://www.instagram.com/miriamjlas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miriam Jim&eacute;nez Lastra</a> (1997), soci&oacute;loga y polit&oacute;loga muy activa en redes. &ldquo;En este sentido, los <em>millennials</em> al crecer sienten que no est&aacute;n siendo adultos porque no est&aacute;n alcanzando las metas que se supon&iacute;an adheridas a la adultez&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa extra&ntilde;eza se incluye sentir que la vida se nos escapa de las manos y que viajamos en un flujo incesante de idas y venidas que nos hace ser observadores de nuestra propia existencia. &ldquo;Pienso que la vida me ha pasado demasiado deprisa, sobre todo tengo la sensaci&oacute;n de que nunca voy a sentirme adulta, supongo que por el concepto de 'adulto' que tengo (hijos, casa, trabajo estable). Yo sigo viviendo de alquiler, no tengo pareja ni hijos, y he cambiado dr&aacute;sticamente de rama laboral hace tres meses (de m&eacute;dica a ilustradora). He crecido con un concepto de 'adulta' que no se corresponde con la realidad social a la que puede aspirar mi generaci&oacute;n. Como una especie de disonancia cognitiva&rdquo;, comparte Adela Sanz.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/CzW5bkBtBS1/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/CzW5bkBtBS1/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/CzW5bkBtBS1/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Pablo Lluch (@pablolluch_)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        Esto convive con la llegada a un momento vital en el que presenciamos que las modas venideras son, en parte, las modas pasadas. Vivimos la vuelta de <a href="https://www.eldiario.es/era/regreso-indie-sleaze-estetica-crisis-2008_1_10778524.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">tendencias que nos producen nostalgia</a> porque evocan a una etapa de escasas cargas mientras intentamos escapar del influjo est&eacute;tico y estereotipado al que nos sometemos al ir a entrevistas de trabajo o vistiendo el uniforme de turno. &ldquo;&Uacute;ltimamente me divierte mucho subirme a estas nuevas modas y participar de la <em>performance</em> social que toque. La est&eacute;tica de los 90 que ha regresado satisface mi nostalgia <em>millennial. </em>Siento esa nostalgia generacional, pero no es un drama. Es m&aacute;s un recurso con el que sentirme perteneciente a mi generaci&oacute;n. Se relaciona con un momento en el que ten&iacute;a menos responsabilidades y estr&eacute;s&rdquo;, cuenta la ilustradora Adela Sanz.
    </p><p class="article-text">
        Se suma adem&aacute;s al nacimiento de nuevas formas de entender el mundo de la mano de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. La soci&oacute;loga Miriam Jim&eacute;nez expone que estas &ldquo;est&aacute;n en un punto de producci&oacute;n cultural de nuevas expresiones y de nuevos s&iacute;mbolos que se ponen de moda y que de hecho los <em>millennial</em>s no entienden. En redes sociales <a href="https://www.instagram.com/reel/C2Nm14KNBpH/?igsh=MTh6cmNmdWoyMmI0Mg%3D%3D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">podemos ver algunas como PEC</a> [por el culo] o La Queso [y la que soporte]&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La precariedad infantiliza y hace que las personas no puedan tener independencia en sus vidas, que es la primera característica de la adultez: poder ser autónomo y no depender de tus progenitores</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miriam Jiménez (1997)</span>
                                        <span>—</span> socióloga y politóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estas nuevas formas de expresi&oacute;n hacen a&uacute;n m&aacute;s tangible la frontera generacional, ese no sentirse joven pero tampoco del todo adulto, que es perceptible para quienes la transitan, aunque no est&aacute; delimitada en ning&uacute;n mapa. &ldquo;Lo noto much&iacute;simo. Intento mantenerme al d&iacute;a y tengo muchas amigas <em>gen Z</em>, pero me resulta imposible no sentirme desfasada. Es un tema de conversaci&oacute;n habitual en mis grupos de amigas. Lo noto en los <a href="https://www.instagram.com/p/C2PmuEqOIdh/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevos t&eacute;rminos</a>, en los gestos, y tambi&eacute;n en la actitud. Lo que m&aacute;s me llama la atenci&oacute;n de los <em>gen Z </em>/alfas son sus habilidades comunicativas en cuanto a lo emocional&rdquo;, argumenta la soci&oacute;loga.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Dificultad para emanciparse y hacer un proyecto de vida propio</strong></h3><p class="article-text">
        El problema de acceso para los j&oacute;venes a una vivienda por sus elevados precios, unido a la precariedad producida por los bajos salarios, es la gran piedra en el camino de la independencia (<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/emancipacion-juvenil-espana-sube-16-primera-vez-pandemia_1_10840187.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">solo un 16% de los j&oacute;venes est&aacute; emancipado en Espa&ntilde;a</a>, seg&uacute;n datos recientes del CJE). Muchas veces, adem&aacute;s, la persona joven se ve sometida a una convivencia con las ideas y comportamientos dominantes en un hogar que no siempre lo es, llevando a que en ocasiones deba afilar la lanza de la autodefensa cuando ve necesario proteger su espacio ideol&oacute;gico o emocional. Tambi&eacute;n vi&eacute;ndose forzada a mantener modelos de vivienda compartida, incluso en los casos en los que la persona est&aacute; plenamente incorporada al empleo, que dilatan esa sensaci&oacute;n de estancamiento.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La precariedad infantiliza y hace que las personas no puedan tener independencia en sus vidas, que es la primera caracter&iacute;stica de la adultez: poder ser aut&oacute;nomo y no tener dependencia de tus progenitores&rdquo;, dice la soci&oacute;loga Miriam Jim&eacute;nez. As&iacute;, los adultos no independientes econ&oacute;micamente son incapacitados para el sistema sociopol&iacute;tico debido a su ausencia de participaci&oacute;n en el engranaje consumista.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/C0USWn-OEfm/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/C0USWn-OEfm/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a><p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/C0USWn-OEfm/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Diario El Beber Green (@diariobebergreen)</a></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        La arquitectura de nuestra vida posee un plano prefabricado. En &eacute;l se integran los hitos que construyen el armaz&oacute;n de nuestra existencia y esto, en resumen, es la crononormatividad. El m&aacute;s extendido puede ser tener hijos o casarse. Cabr&iacute;a preguntarse cu&aacute;nta influencia tiene la crononormatividad en nuestras existencias. Sin darnos cuenta, muchas de las cosas que creemos inherentes a la vida son patrones que grupos de poder marcaron como indispensables. &ldquo;Aprendemos de la TV, de pel&iacute;culas, de series, de los libros que leemos y de lo que hemos visto tambi&eacute;n en nuestras familias, as&iacute; como en qu&eacute; puntos de sus vidas han hecho seg&uacute;n qu&eacute; cosas. Eso claramente tiene un impacto en lo que se espera que alcance la juventud&rdquo;, apunta la soci&oacute;loga Miriam Jim&eacute;nez.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tengo la sensación de que nunca voy a sentirme adulta, supongo que por el concepto de &#039;adulto&#039; que tengo (hijos, casa, trabajo estable). Yo sigo viviendo de alquiler, no tengo pareja ni hijos y he cambiado drásticamente de rama laboral hace tres meses</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adela Sanz (Sevilla, 1990)</span>
                                        <span>—</span> ilustradora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Darse cuenta de dicha crononormatividad puede parecer sencillo, pero no siempre lo es. Tampoco desprenderse de los hitos que la estructuran, ya que el peso de la culpa puede producir ansiedad, por ejemplo. Jim&eacute;nez a&ntilde;ade que &ldquo;esto depende de si te deshaces de estos por pura voluntad y, con ello, te est&aacute;s colocando en una contracultura o en una subcultura o si, por el contrario, te est&aacute;s desprendiendo de unos hitos porque tus condiciones materiales te obligan. Es decir, muchas veces nos planteamos si no queremos ser madres o es que el sistema no nos permite serlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Puede ser tambi&eacute;n que racionalmente sepamos qu&eacute; hitos no queremos cumplir, pero que el entorno en el que nos movemos no se nos deje de se&ntilde;alar por aquello que no haremos, aun a sabiendas de que no tenemos intenci&oacute;n ninguna de cumplir ciertas expectativas. En palabras de la soci&oacute;loga, &ldquo;la prueba est&aacute; en la presi&oacute;n que siguen sufriendo much&iacute;simas mujeres o parejas cuando, llegadas a una edad, se les bombardea constantemente con '<a href="https://www.eldiario.es/nidos/egoista-si-luego-arrepientes-comentarios-recibo-haber-decidido-no-madre_129_10845325.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los hijos para cu&aacute;ndo</a>' o 'el anillo para cu&aacute;ndo'. Sigue habiendo unas expectativas sociales que normalmente pone la generaci&oacute;n del <em>baby boom</em>&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No estar cumpliendo metas que creía que tenía que tener cumplidas a mi edad me produce confusión más que otra cosa. Esto es porque por un lado me agobia, pero por otro veo que todas mis amigas están igual que yo, así que no lo siento tan anormal</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adela Sanz (Sevilla, 1990)</span>
                                        <span>—</span> ilustradora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Adela Sanz, &ldquo;lograr sortear las estructuras sociales que nos ven&iacute;an impuestas es un hito en s&iacute;. Hacerlo y ser feliz, adem&aacute;s. Porque desafiar las estructuras sociales te convierte en un hereje, y normalmente la sociedad desplaza y penaliza a los herejes&rdquo;. A esto se le a&ntilde;ade un &aacute;pice de nostalgia, porque echamos de menos aquello que pudiera haber sido pero que, quiz&aacute;s, no deseamos que sea. &ldquo;No estar cumpliendo metas que cre&iacute;a que ten&iacute;a que tener cumplidas a mi edad me produce confusi&oacute;n m&aacute;s que otra cosa. Esto es porque, por un lado, me agobia; pero por otro veo que todas mis amigas est&aacute;n igual que yo, as&iacute; que no lo siento tan anormal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, un &oacute;leo de extra&ntilde;eza nos recubre cuando llegamos a una edad en la que supuestamente somos algo que no deber&iacute;amos de ser;  pero seguimos siendo. Es aqu&iacute; donde radica nuestra capacidad de detectar las exigencias exteriores y erradicarlas, creando una senda fuera de cualquier atrezo impuesto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Benítez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/precariedad-infantiliza-millennials-no-se-sienten-adultos_1_10871228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jan 2024 18:46:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“La precariedad infantiliza”: por qué la generación de quienes rondan la treintena no termina de sentirse adulta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud mental,millennials]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La narrativa tóxica de "hacer lo que te gusta" como eje de una "generación quemada" y precarizada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libro-millenials-anne-helen-petersen_1_8998362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/793631d0-2f3c-4203-b9db-a8a59e4440df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La narrativa tóxica de &quot;hacer lo que te gusta&quot; como eje de una &quot;generación quemada&quot; y precarizada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cómo el discurso sobre el éxito y la felicidad influyeron en la presión sobre los millennials. "No puedo más", de la periodista Anne Helen Petersen, es un exhaustivo análisis para ver con claridad el mundo que le ha tocado vivir a una generación marcada por la precariedad y el agotamiento.</p></div><p class="article-text">
        En 2005, <strong>Steve Jobs</strong> pronunci&oacute; uno de sus discursos m&aacute;s recordados. Fue durante la inauguraci&oacute;n del curso en la Universidad de Stanford, ante decenas de millennials que se preparaban para dar el salto de la vida acad&eacute;mica a la laboral. &ldquo;Sus trabajos van a ocupar mucho tiempo de sus vidas, y la &uacute;nica forma de sentirse verdaderamente satisfechos es hacer aquello que crean que es un gran trabajo. Y la &uacute;nica forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si a&uacute;n no lo han encontrado, sigan buscando&rdquo;. Esas fueron las palabras del cofundador de <strong>Apple</strong> frente al atril, incidiendo en una de las ideas que ha convertido a sus oyentes en una generaci&oacute;n quemada: la narrativa t&oacute;xica de &ldquo;haz lo que te gusta y no volver&aacute;s a trabajar un solo d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Miya Tokumitso, autora del libro <em>Hacer lo que te gusta y otras mentiras sobre el &eacute;xito y la felicidad</em>, se&ntilde;ala que el discurso de Jobs est&aacute; basado en la narrativa del &ldquo;trabajo amado&rdquo;. Es decir: se elimina la &ldquo;laboriosidad&rdquo; del empleo hasta tal punto que acaba condicionando el &eacute;xito y la felicidad de la persona. Hay una integraci&oacute;n trabajo-vida abocada al desgaste, aunque quienes lo padecen a veces ni siquiera lo perciben como tal.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://capitanswing.com/wp-content/uploads/Anne-Helen-Petersen-No-puedo-mas.jpg" alt="" width="200" height="100%" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Este es precisamente uno de los temas abordados en <a href="https://capitanswing.com/libros/no-puedo-mas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No puedo m&aacute;s: c&oacute;mo se convirtieron los millennials en la generaci&oacute;n quemada</em></a> (Capit&aacute;n Swing), escrito por la periodista estadounidense Anne Helen Petersen y traducido al espa&ntilde;ol por Luc&iacute;a Barahona, que procede de un art&iacute;culo viral que ha acumulado m&aacute;s de siete millones de lecturas desde su publicaci&oacute;n. Este no pretende ser un libro de autoayuda al uso ni dar una soluci&oacute;n, sino ofrecer una lente para ver con claridad el mundo que le ha tocado vivir a una generaci&oacute;n. De hecho, la firma del correo de la autora es ya una declaraci&oacute;n de intenciones sobre su postura: &ldquo;Mi jornada laboral puede no ser la suya. No sienta la obligaci&oacute;n de responder a este correo electr&oacute;nico fuera de su horario laboral habitual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La propia Helen cuenta c&oacute;mo sufri&oacute; las consecuencias de verse sobrepasada. Fue poco despu&eacute;s de perseguir historias durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, de entrevistar a los supervivientes de un tiroteo en Texas o de ir a una ciudad de Utah a escuchar a mujeres que escaparon de una secta. Nunca se detuvo porque la rueda de actualidad informativa tampoco lo hac&iacute;a. Entonces, su editor de BuzzFeed le confes&oacute; algo: &ldquo;Creo que est&aacute;s un poco quemada&rdquo;. Ella, en cambio, no lo ve&iacute;a as&iacute;. No hab&iacute;a sufrido ning&uacute;n derrumbe dram&aacute;tico ni nada por el estilo. Y opt&oacute; por continuar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos acostumbrados a seguir adelante, aunque nos sintamos cansados o enfermos. Nos dicen que lidiemos con eso, que debemos ser fuertes, ya que nuestra capacidad para avanzar es tambi&eacute;n un indicador de nuestro valor como trabajadores. Lo he visto incluso con el Covid: personas que se contagiaron y a&uacute;n as&iacute; continuaban trabajando, ya que de esta manera demostraban que eran mejores empleados&rdquo;, cuenta la periodista a <strong>elDiario.es</strong> en una entrevista por videoconferencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estar quemado es un síntoma del capitalismo, y a medida que se ha vuelto más fuerte, el agotamiento también lo ha hecho</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El desgaste profesional <em>(burnout)</em> fue reconocido por primera vez como diagn&oacute;stico psicol&oacute;gico en 1974 por Herbert Freudenberger, que lo aplic&oacute; a casos de derrumbe mental o f&iacute;sico como resultado del exceso de trabajo. Es diferente al agotamiento, porque este significa llegar a un punto a partir del cual no se puede seguir. El desgaste, en cambio, es alcanzar ese mismo punto y obligarse uno mismo a continuar.
    </p><p class="article-text">
        Existen antecedentes hist&oacute;ricos del desgaste. El &ldquo;cansancio melanc&oacute;lico del mundo&rdquo;, como lo llama el psicoanalista Josh Cohen, aparece en el Antiguo Testamento o incluso es diagnosticado por Hip&oacute;crates. A finales del siglo XIX apareci&oacute; el t&eacute;rmino de la neurastenia: pacientes que se sienten agotados por el ritmo de la vida industrial moderna. Pero &iquest;cu&aacute;ndo empez&oacute; a hablarse del agotamiento tal y como se entiende hoy en d&iacute;a? &ldquo;Estar quemado es un s&iacute;ntoma del capitalismo, y a medida que se ha vuelto m&aacute;s fuerte, el agotamiento tambi&eacute;n lo ha hecho&rdquo;, considera Helen. &ldquo;Con la llegada de la era digital, adem&aacute;s, el trabajo ha conseguido llegar a todos los rincones de nuestras vidas. No creo que los humanos est&eacute;n quemados por naturaleza, lo que nos agota es el tipo de trabajo que recompensa nuestro sistema social y econ&oacute;mico&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&ldquo;Dejen de lloriquear, millennials&rdquo;</strong></h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La periodista Anne Helen Petersen                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Dejen de lloriquear, millennials. Ustedes no saben lo que es trabajar duro&rdquo;, recibi&oacute; Helen en su correo electr&oacute;nico tras publicar un art&iacute;culo sobre el agotamiento de su generaci&oacute;n. Fue solo un email de muchos similares. La periodista cuenta que al principio esos mensajes solo lograron incrementar su ira contra los <em>baby boomers </em>(nacidos entre 1946 y 1964), que a menudo describen a sus descendientes como la &ldquo;generaci&oacute;n de cristal&rdquo;, de la &ldquo;piel fina&rdquo; o de &ldquo;los ofendiditos&rdquo;. Sin embargo, m&aacute;s tarde comprendi&oacute; que esto no era una guerra generacional: el desgaste es un s&iacute;ntoma de vivir de la sociedad capitalista moderna.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Helen, no tiene mucho sentido que los <em>boomers </em>critiquen a los <em>millennials </em>por su forma de ver la vida cuando precisamente los primeros fueron responsables de la educaci&oacute;n de los segundos. &ldquo;Somos lo que somos gracias a ellos, como un espejo oscuro en el que se ven reflejados. Pero algunos, en lugar de sentir empat&iacute;a o bondad hacia nosotros, reaccionan diciendo que eres de 'cristal', como si fueras fr&aacute;gil&rdquo;, se&ntilde;ala la periodista.
    </p><p class="article-text">
        La autora aclara que los millennials (nacidos entre 1980 y 2000) <strong>ya no son en su mayor&iacute;a una generaci&oacute;n de j&oacute;venes</strong>. Hace tiempo que muchos no intentan conseguir el primer empleo, sino organizar sus vidas con un patrimonio que, seg&uacute;n un estudio de 2018 por la Sistema de Reserva Federal de EE.UU., es un 20% menor que el de los <em>boomers</em> en el mismo momento de su vida. Pero nunca se prepararon para ello. 
    </p><p class="article-text">
        El eslogan aprendido era que a base de estudios universitarios, trabajo y esfuerzo se pod&iacute;a vencer al sistema para, al menos, vivir c&oacute;modamente. No ha sido as&iacute;. Y para la generaci&oacute;n Z (nacidos a finales de los 90), la diferencia entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica ha sido similar o incluso mayor. &iquest;De d&oacute;nde viene este sentimiento? &ldquo;Procede de una sensaci&oacute;n de inestabilidad y precariedad de los <em>boomers</em>. Cuando tienes esa mentalidad, lo que ense&ntilde;as a tus hijos desde muy peque&ntilde;os es que tienes que convertir tu vida en un curr&iacute;culum para conseguir el mejor trabajo posible y tener seguridad&rdquo;, explica la autora.
    </p><h3 class="article-text">No tiene por qu&eacute; ser as&iacute;</h3><p class="article-text">
        Pero la generaci&oacute;n no es lo &uacute;nico a tener en cuenta. Existen otros factores, como la raza, el g&eacute;nero, el lugar de nacimiento o el estatus socioecon&oacute;mico que tambi&eacute;n condicionan c&oacute;mo es esa experiencia de desgaste. Por eso uno de los aspectos fundamentales del libro de Helen, seg&uacute;n cuenta, ha sido evitar situar en el centro la experiencia millennial blanca de clase media. &ldquo;Depende mucho de cu&aacute;nta estabilidad tengas como individuo dentro de una sociedad. Si hay algo en tu vida, tu clase o tu identidad que te desestabiliza, eso es otro valor m&aacute;s dentro de la ecuaci&oacute;n econ&oacute;mica que tratas de resolver. Por ejemplo, si eres una persona negra en Estados Unidos en tu d&iacute;a a d&iacute;a tambi&eacute;n te preguntas, &iquest;por qu&eacute; la gente asume cosas de m&iacute; por el color de mi piel?&rdquo;, reflexiona la periodista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los milenials decimos que &#039;no es suficiente&#039; o que &#039;no podemos más&#039; y eso se convertirá en cambio político. Ahí está la esperanza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En su an&aacute;lisis, Helen hace hincapi&eacute; en dos elementos que seg&uacute;n ella son determinantes para entender el desgaste de los millennials en su pa&iacute;s: lidiar con la deuda de la universidad y la contrataci&oacute;n de un plan de pensiones privado. Son preocupaciones que al menos por ahora no est&aacute;n tan presentes en pa&iacute;ses como Argentina o Espa&ntilde;a. &ldquo;La deuda estudiantil en Estados Unidos es un gran obst&aacute;culo, pero solucionarla no acaba con los otros problemas. Los pa&iacute;ses pueden proporcionar redes de seguridad, y tener pensiones o sanidad p&uacute;blica es un avance enorme, aunque esto es parte de la soluci&oacute;n&rdquo;, observa la escritora.
    </p><p class="article-text">
        Al final del libro no existe una gran revelaci&oacute;n como resoluci&oacute;n al conflicto, ya que ser&iacute;a imposible e irreal, pero s&iacute; hay esperanza. Para Helen el punto de partida podr&iacute;a ser la interiorizaci&oacute;n de una simple frase: no tiene por qu&eacute; ser as&iacute;. &ldquo;Creo que los millennials somos una fuerza enorme y gran parte de la poblaci&oacute;n actual. Cuando decimos que 'esto no es suficiente o ya no puedo m&aacute;s', eso se convertir&aacute; en cambio pol&iacute;tico. Ah&iacute; est&aacute; la esperanza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JAL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/libro-millenials-anne-helen-petersen_1_8998362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 May 2022 11:20:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La narrativa tóxica de "hacer lo que te gusta" como eje de una "generación quemada" y precarizada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[millennials,Trabajo,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Con el #MeToo salimos de la opresión femenina y el silencio, pero ahora basta con el testimonio de la víctima"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/metoo-salimos-opresion-femenina-silencio-ahora-basta-testimonio-victima_130_8973754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a367368a-25fa-4d62-a851-a54868a89ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Con el #MeToo salimos de la opresión femenina y el silencio, pero ahora basta con el testimonio de la víctima&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ensayista francesa Caroline Fourest pasó por la Feria del Libro para presentar su última publicación, "Generación ofendida. De la policía de la cultura a la policía del pensamiento". Apropiación cultural, escraches, cancelaciones y la posibilidad de regular la interacción en redes sociales, en una entrevista con elDiarioAR.</p><p class="subtitle">Lecturas. - La generación ofendida</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>En mayo de 1968, la juventud so&ntilde;aba con un mundo en el que estuviera &lsquo;prohibido prohibir&rsquo;. Hoy, la nueva generaci&oacute;n solo piensa en censurar aquello que la agravia u &lsquo;ofende&rsquo;</strong>&rdquo;. As&iacute; arranca<em><strong> </strong></em><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/generacion-ofendida_1_8268153.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n Ofendida. De la polic&iacute;a de la cultura a la polic&iacute;a del pensamiento</a>, el libro de <strong>Caroline Fourest</strong>, francesa, 47 a&ntilde;os; ensayista, editorialista, directora de cine, polit&oacute;loga. M&aacute;s: lesbiana, militante feminista, antirracista. Este &uacute;ltimo ensayo -publicado por <em>Libros del Zorzal</em>- hace foco en los <strong>millennials</strong>, personas nacidas entre 1981 y 1993, es decir, aquellos que hoy rondan los 40 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su libro, Fourest se&ntilde;ala a esa generaci&oacute;n protestona: &ldquo;<strong>Ayer, los minoritarios peleaban juntos contra las desigualdades y la dominaci&oacute;n patriarcal. Hoy pelean por saber si el feminismo es &lsquo;blanco&rsquo; o &lsquo;negro</strong>&rsquo;. La lucha de &lsquo;razas&rsquo; ha suplantado a la lucha de clases. &lsquo;&iquest;Desde d&oacute;nde hablas, camarada?&rsquo;. Esta frase, que se enunciaba para hacer sentir culpable al otro en funci&oacute;n de&nbsp; la clase social, ha mutado en control de identidad: <strong>&lsquo;&iexcl;Dime cu&aacute;l es tu origen y te dir&eacute; desde d&oacute;nde puedes hablar!</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Decime qui&eacute;n te atrae f&iacute;sicamente, decime qui&eacute;n te enamora. Contame con qui&eacute;n tendr&iacute;as sexo o con qui&eacute;n te reproducir&iacute;as, que no es lo mismo. Mostrame tu ADN, busc&aacute; en la escala crom&aacute;tica cu&aacute;l es exactamente tu color de piel: <em>mhhh</em>, no s&eacute; si es tan marr&oacute;n, eh. &iexcl;Ac&aacute; tengo el cent&iacute;metro para medir tu feminismo! A ver, &iquest;es poco o mucho? A ver, &iquest;es como el m&iacute;o? Que los blancos pidan perd&oacute;n, que lo hagan llorando. Y a c&aacute;mara. <strong>Para Fourest predomina una &ldquo;tiran&iacute;a de las minor&iacute;as&rdquo;. Es una tesis, hoy, antip&aacute;tica</strong>. Para no decir pol&iacute;ticamente incorrecta. Incluso interpela al movimiento #MeToo y a la llamada &ldquo;apropiaci&oacute;n cultural&rdquo;. De eso se trat&oacute; la entrevista con <em><strong>elDiarioAR</strong></em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;nes son y qui&eacute;n cri&oacute; a la &ldquo;generaci&oacute;n ofendida&rdquo;?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hablo de los<em> millennials</em>, pero en realidad hablo de aquellos que juzgan la identidad. Quieren impedir a las personas crear, crear arte por ejemplo, bas&aacute;ndose en la identidad. <strong>Es una manera esencialista de ver el mundo que termina llegando al mismo lugar que la visi&oacute;n de los racistas</strong>. &iquest;Y qui&eacute;n la cri&oacute;? Nosotros, nosotros. Ellos son los frutos del combate que militantes como yo llevamos adelante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; los ofende?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pueden sentirse ofendidos por cualquier cosa en cualquier momento. Hay casos donde hay razones para sentirse ofendido, <em>shockeado</em>. Entiendo que reaccionen contra estereotipos, misoginia o racismo, pero la pregunta que hay que hacerse es si la reacci&oacute;n es proporcional o si no es un poco exagerada.
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                Caroline Fourest.                            </span>
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        <strong>&iquest;Y cu&aacute;l es el deseo, el anhelo, ganas de qu&eacute; tiene esta generaci&oacute;n que est&aacute; preparada para ofenderse?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ellos quieren luchar por un mundo mejor. Se llaman a s&iacute; mismos: <em>Social Justice Warriors</em>. Los <strong>&ldquo;woke&rdquo;</strong>, despiertos. La intenci&oacute;n es buena, de alguna manera est&aacute;n terminando la lucha que nosotros empezamos en cuestiones de antirracismo y de feminismo. Encuentran un l&iacute;mite cuando la lucha es sectaria, cuando los medios son identitarios e injustos, y todo se vuelve muy excesivo. Un ejemplo es el #MeToo.<strong> Con el #MeToo salimos de un siglo de opresi&oacute;n femenina y de silencio, pero ahora basta con el testimonio de la v&iacute;ctima.</strong>
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Disculparse porque uno se hizo trenzas toma tres segundos, pero no hace avanzar nada ni a nadie&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>La cantante pop Katy Perry se la pasa pidiendo disculpas</strong>. Por haber protagonizado su propio videoclip con el cabello -rubio- arreglado con trenzas. Por haber dise&ntilde;ado un calzado para una marca que se interpret&oacute; como <em>&ldquo;blackface&rdquo;</em>. Por haberse vestido &ldquo;de geisha&rdquo; en un evento. <strong>Look que fueron se&ntilde;alados como &ldquo;apropiaci&oacute;n cultural&rdquo;</strong>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; los blancos se desarman en disculpas cada vez que los acusan de tomar una caracter&iacute;stica de alguna cultura a la que no pertenecen?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son los blancos privilegiados que son culpabilizados y entonces piden disculpas por ser privilegiados<em> (N. de la R.: Caroline se r&iacute;e un poco)</em>. El caso de Katy Perry que tuvo que excusarse en una entrevista con un representante del <em>Black Lives Matter</em>&hellip; ah&iacute; s&iacute; realmente es una locura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque no hay que olvidar que<strong> el combate es luchar contra las desigualdades, no excusarse de ser privilegiado</strong>. Disculparse porque uno se hizo trenzas toma tres segundos, pero no hace avanzar nada ni a nadie. Y esto tapa un combate verdadero, que es el combate social, el m&aacute;s dif&iacute;cil de llevar a adelante.<strong> Cuando vemos multimillonarias norteamericanas poni&eacute;ndose en el lugar de v&iacute;ctimas porque no son blancas es como&hellip; f&aacute;cil.</strong> Y el mestizaje, la visi&oacute;n cosmopolita, se ve borrada por una visi&oacute;n binaria ligada a la identidad, que est&aacute; inspirada en la visi&oacute;n post segregacionista norteamericana. Como si la soluci&oacute;n fuera invertir la segregaci&oacute;n, darla vuelta. Cuando que el objetivo del antirracismo universalista es romper las barreras y mezclarnos, y llegar a un multiculturalismo mestizo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Not&aacute;s que cada vez que opinamos tenemos que aclarar desde qu&eacute; lugar lo hacemos? Yo deber&iacute;a decir &ldquo;soy mujer, blanca, heterosexual&hellip;&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Insoportable. Es insoportable. Y es lo contrario del mundo por el que hemos peleado. El objetivo universalista es que cada uno sea lo que quiera ser sin ser juzgado por su apariencia. Es juzgar a la gente sobre sus ideas y no por su identidad. <strong>Los que toman ese camino son los que sienten que no pueden argumentar con las ideas. </strong>Quieren dominar o ganar el debate sin tener una conversaci&oacute;n donde se intercambie contenido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Despu&eacute;s de 60 a&ntilde;os, el a&ntilde;o pasado cambiaron la presentaci&oacute;n de un paquete de harina que ven&iacute;a con la caricatura de una mujer negra con guantes blancos</strong>. <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/viki-donda-militares-caballos-ejercito-trolls_130_7983267.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El argumento fue que simbolizaba a una esclava sonriente. Gener&oacute; un gran debate</a>.
    </p><p class="article-text">
        No puedo opinar puntualmente por ese caso, dado que no lo conozco en detalle. Pero si ese dibujo retoma un imaginario colonial y no hay en la sociedad una representaci&oacute;n suficiente o nueva o m&aacute;s real, entiendo el cambio. Ahora cuando vemos internautas que pegan el grito en el cielo porque una cantante se hizo unas trenzas estamos en la puerta del hospital psiqui&aacute;trico&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuidado, Caroline. Los que estamos en tratamiento psiqui&aacute;trico podemos sentirnos ofendidos... </strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En serio? &iquest;Eso es posible aqu&iacute;?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Caroline Fourest.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Autonom&iacute;a, escraches y cancelaciones</h3><p class="article-text">
        <strong>Hay historia feminista en la Argentina. Ha conquistado derechos y reclama otros. Sin embargo persisten las violencias contra las mujeres. Por ejemplo en la Argentina, y en lo que va del a&ntilde;o, hay un femicidio cada 26 horas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las violencias conyugales la soluci&oacute;n pasa por la autonom&iacute;a: la autonom&iacute;a financiera pero tambi&eacute;n una autonom&iacute;a mental. Cuando visito pa&iacute;ses hispanoparlantes me da la impresi&oacute;n de que la cuesti&oacute;n de g&eacute;nero tiene mucho camino por delante. <strong>Los estereotipos son fuertes, los roles tradicionales est&aacute;n demasiado anclados incluso en gente muy educada. </strong>Esto tambi&eacute;n se refleja en la generaci&oacute;n a la que me refiero en el libro. <strong>En vez de luchar contra la violencia conyugal, van a tratar de cancelar una obra de teatro o a luchar porque una cantante se hizo trenzas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se instal&oacute; una tendencia a la que llamamos &ldquo;escrache&rdquo;, es decir, exponer al var&oacute;n que ha cometido un abuso. En algunos casos, un escrache termina en cancelaci&oacute;n, el &ldquo;escrachado&rdquo; termina retir&aacute;ndose de la vida p&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; opin&aacute;s sobre esto como militante feminista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno se llama &ldquo;guerrero de la justicia&rdquo; deber&iacute;a redoblar la defensa de aquellos que fueron acusados falsamente. Tres cuartas partes de mi vida como militante feminista estuvieron dedicadas a defender a mujeres que hab&iacute;an sido violadas y que no pod&iacute;an defenderse por el silencio. <strong>Desde #MeToo paso mi vida defendiendo a hombres o a mujeres que han sido acusados falsamente. Los dos son parte de mi feminismo porque para m&iacute; el feminismo es so&ntilde;ar con un mundo m&aacute;s justo.</strong> El #MeToo, por ejemplo, es un gran avance y un gran exceso. Hay feministas que dir&aacute;n que no hay que denunciar esos excesos para proteger al #MeToo. Yo creo que son justamente las feministas las que deben advertir esos excesos, tomar una posici&oacute;n de vigilancia, para proteger a #MeToo.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No puede haber una gratuidad del llamado al odio en las redes sociales&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>En Generaci&oacute;n ofendida propon&eacute;s regular los discursos de odio en redes sociales. &iquest;Es posible?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales vienen siendo como el <em>far west</em>, cada vez m&aacute;s violentas. Y pudimos ver c&oacute;mo ese nivel de violencia verbal termina coloreando la sociedad. Estoy a favor de la libertad de expresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n de la regulaci&oacute;n. No puede haber una gratuidad del llamado al odio. No puede confundirse libertad de expresi&oacute;n con libertad de incitar al odio o a la amenaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero, &iquest;qui&eacute;n puede fijar esas reglas? &iquest;Ser&aacute; Elon Musk?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La incitaci&oacute;n al odio en redes sociales es un problema democr&aacute;tico que no debe estar en manos de una sola compa&ntilde;&iacute;a o de un solo hombre. Pero la verdad es que hasta ahora la regla impl&iacute;cita de Twitter no la conoc&iacute;amos. Hay bots o usuarios an&oacute;nimos que pueden insultar todo el d&iacute;a que no se llaman Donald Trump. <strong>Creo que hab&iacute;a que detener a Trump cuando llam&oacute; a la guerra civil, pero hay otros </strong><em><strong>trumps</strong></em><strong> que no corrieron la misma suerte</strong>. Si la idea de Elon Musk es que no pueda haber m&aacute;s <em>bots</em>, eso puede funcionar. Quiero verlo, porque Elon Musk muchas veces no est&aacute; de acuerdo ni con &eacute;l mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te autocensuraste alguna vez a la hora de expresar una idea en redes sociales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todos nos autocensuramos y est&aacute; bien porque se llama ser civilizado. <strong>Si dij&eacute;ramos todo lo que se nos pasa por la cabeza todo el tiempo&hellip; Bueno, quiz&aacute;s ser&iacute;amos presidente de los Estados Unidos y tendr&iacute;amos el pelo naranja</strong>. La autocensura es grave cuando nos impedimos decir verdades que podr&iacute;an defender libertades. Incluso verdades que pueden doler, porque <strong>hay minor&iacute;as que act&uacute;an como censores</strong>. No estoy llamando a que alguien se exprese de manera racista o sexista, sino retenerse un poco, otra vez con la idea de civilidad. <strong>Cuando nos llamamos a silencio en contra de las libertades, esa es la autocensura que perjudica la democracia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>VDM/SH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria De Masi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/metoo-salimos-opresion-femenina-silencio-ahora-basta-testimonio-victima_130_8973754.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 May 2022 03:46:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Caroline Fourest,millennials,Generación ofendida]]></media:keywords>
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